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Monstruos en TV: dentro y fuera de la pantalla

2015 marzo 25

Hay programas de televisión que crean monstruos. Lo hacen porque los necesitan, porque esos espacios carecen de sentido sin ellos. Por eso deben buscar gente dispuesta a mostrar sus intimidades, humillarse en vivo agigantando sus miserias, convirtiendo la nada más absoluta en el eje de horas y días completos de programación. Monstruos que luego alargan su presencia en la pantalla desfilando por otros programas de la cadena o su grupo, degradándose un poco más si es posible, una vez que han convertido sus vidas en pienso compuesto. Estoy seguro de que no necesitan que les dé ejemplos.
Pero creo que no hemos reparado lo suficiente en un efecto de tanta basura televisiva: la creación de nuevos monstruos al otro lado, frente a la pantalla. Gente sin educación ni sensibilidad, seres que no solo desprecian cuanto ignoran –como dijo el poeta– sino que además desprecian a quienes desean saber. Tipos –verán que me resisto a hablar de personas– indignos que muestran a la menor oportunidad lo bajo que se puede caer.
Todo esto está relacionado con lo que sucedió ayer a consecuencia del retraso en la emisión de Mujeres, hombres y viceversa. La dirección de la cadena decidió prolongar el programa de Ana Rosa Quintana para seguir informando del accidente aéreo. Pues bien, algunos cabreados espectadores mostraron su protesta por el retraso del inicio del gran programa con comentarios del estilo de «pues me parece fatal que no pongan #myhyv por un accidente, no es mi culpa que sean tontos y se estrellen», «si el avion sastrellao algo abra echo xDDD k ponga ya #myhyv anda», «ogala caiga un abion en la casa dl cabron k a exo k kiten el programa #myhyv», y otras aún más sutiles. Mentes así son, entre otras cosas, producto de algunos programas televisivos. Verdaderos homínidos.

Un libro cada semana: ‘Aquello estaba deseando ocurrir’ de Leonardo Padura

2015 marzo 23
por César Coca

Muchos lectores conocerán a Leonardo Padura por sus novelas del detective de la Policía llamado Mario Conde. Este libro no pertenece a esa serie: es una recopilación de cuentos con personajes diversos, todos ellos afectados de un mal llamado melancolía.

En Aquello estaba deseando ocurrir, encontramos a un periodista que termina una estancia en Angola –donde también estuvo el autor cuando ejercía de reportero para Juventud Rebelde– y quiere pasar unas horas en Madrid antes de regresar a La Habana, para ver un cuadro de Velázquez; a una mujer al borde de la vejez que acude a un taller literario impartido por un joven escritor; a unos muchachos dados al exceso de alcohol que no dudan en recurrir a la violencia; a un cubano que pasa unos días en Italia y, camino de Venecia –conocer la ciudad de los canales es su gran sueño– se encuentra con una mujer con la que vive una apasionada historia de amor; a un joven estudiante embriagado por la presencia de una cantante de boleros… y así hasta completar la colección.

En todos los cuentos, pero de manera especial en los ambientados en Cuba, Padura transmite una sensación de enorme sensualidad. En sus relatos, se percibe el salitre del mar, el olor y el sabor del ron, la densidad de la nube de humo procedente de un habano, el sudor en medio de una sesión de sexo desenfrenado, la música dulce de los boleros.

Su escritura tiene la potencialidad de lograr que el lector se instale en la Rampa y vea caminar a sus personajes rumbo a un cabaret o dispuestos a comerse un helado en Copelia. Esa capacidad de sugestión, de situar al lector frente a la escena, es la gran virtud de estos relatos que muestran a un escritor que domina a la perfección la técnica. Pero que no hace alardes de virtuosismo porque no es esa su manera de contar. Un Padura en dosis pequeñas y concentradas.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: ‘Minueto’ de Boccherini

2015 marzo 20
por César Coca

En el siglo XVIII vivieron en Madrid dos grandes músicos italianos: Doménico Scarlatti y Luigi Boccherini. Es una lástima que durante casi todo el XIX la capital de España tuviera mucho menos atractivo para los creadores de otras tierras, al menos en el ámbito musical. Este fin de semana les propongo una obra del segundo de estos compositores, que pasó en Madrid la mayor parte de su carrera y que se sitúa estéticamente entre un barroco ya en el ocaso y el clasicismo cuyos representantes mayores son Haydn y Mozart.

Boccherini era un estupendo violonchelista. Algunos de sus conciertos figuran en el repertorio de todo intérprete de ese instrumento. Pero su aportación mayor a la música fue una colección impresionante de quintetos, en los que sustituía la segunda viola por otro chelo. En total, dejó 124, que destacan por la finura de su trabajo, por una elegancia que parece sencilla de tan fácil de asimilar que resulta. El más célebre es el que contiene la Música nocturna de las calles de Madrid (op. 30), un movimiento que ha sido muy usado en el cine, como por ejemplo en la película Master and commander. El fragmento que les dejo aquí no es tan conocido, pero también les sonará. Se trata del Minueto del Quinteto op. 11 Nº 5.

Disfruten.

Jorge Javier, no pongas tus manos sobre Pérez Galdós

2015 marzo 18

Tenía intención de escribir un post sobre los restos de Cervantes y su presunta identificación. Todavía estoy preguntándome si el resultado, esa alta probabilidad de que los huesos del nicho pertenezcan al esqueleto del hombre que escribió el Quijote, ha merecido tanto revuelo y tanto gasto. A la vista de los minutos de telediario –aquí y fuera– y de las páginas de periódico –aquí y fuera, también–, se diría que sí. Pero no estoy seguro, porque no creo que aporte nada a su figura ni a su obra, ni que aumente la lectura de esta. Pondré un ejemplo muy conocido: ¿resta algún valor, algún mérito, alguna celebridad a Mozart que esté enterrado en una fosa común? ¿Se escucharía más (aún) su música si mañana aparecieran sus restos? Vamos, que creo que para este viaje no hacían falta alforjas. Ni merecía la pena el viaje. Habría sido mejor emplear ese dinero en una campaña de fomento de la lectura, pero eso no habría permitido salir en la foto a la alcaldesa de Madrid. Y no solo a ella.
Dicho lo cual, me centraré en el tema que quiero comentar. Se trata de la reacción de Jorge Javier Vázquez a las críticas que el pasado sábado hizo Arturo Pérez-Reverte de su programa, Sálvame. En una entrevista televisiva, el escritor dijo que el pueblo español es «cerril y prefiere Sálvame a Salvados. Quien es analfabeto hoy es porque quiere, quien ve Sálvame en vez de Salvados es porque quiere, nadie le obliga, ahora es voluntario».
A Jorge Javier Vázquez no le ha gustado nada y ha dicho con tono despectivo que si la crítica la hubiese hecho Marcel Proust, todavía, pero que quién es Pérez-Reverte. Hasta aquí, un duelo de espadas –Jorge Javier, como Pérez-Reverte te conteste, ya puedes ir buscando un refugio antinuclear– en el que no pienso meterme. Ambos son muy dueños de batirse al sol. O a la sombra.
Pero es que Vázquez ha dicho que Sálvame es como una novela de Pérez Galdós con el lenguaje del siglo XXI. Y verán, llegados a este punto, es seguro que el escritor canario se habrá removido en su tumba pero no podrá contestar al director de ese gran programa que deberíamos ver todos.  ¿Sálvame como Pérez Galdós?
Qué quieren que les diga. Creo que Jorge Javier se ha quedado corto. ¿Quién fue Pérez Galdós? Podía haberse tirado un largo y haber dicho que Sálvame es como Tolstói, y que los amores de Belén Esteban son como los de Anna Karenina, solo que en vez de arrojarse al paso del tren se ha hecho la cirugía plástica. O podría haberse puesto más francés, y asegurar que sus tertulianos son como algunos personajes de Los miserables. O que Yola Berrocal es la versión moderna de Esmeralda. Por qué no.
Permítanme parafrasear el título de un extraordinario relato de Manuel Vicent: Jorge Javier, no pongas tus manos sobre Pérez Galdós.

Un libro cada semana: ‘Hombres buenos’ de Arturo Pérez-Reverte

2015 marzo 16
por César Coca

Arturo Pérez-Reverte acaba de publicar una novela que puede explicarse muy bien enunciando una contradicción: es la que menos responde a lo que el tópico de quien no lo tiene muy leído entiende que es la tendencia general de su obra y es a la vez la más cercana a una de las grandes preocupaciones, si no la mayor, de su autor. Si el tópico es que Pérez-Reverte es un escritor que basa sus textos en la aventura y la acción, con profusión de duelos y persecuciones, ya sean a caballo o en zodiac, Hombres buenos es una novela que se sale por completo de ese patrón. Pero si nos atenemos a la continua aparición en sus textos –artículos y novelas– del debate entre la razón y los prejuicios, entre los hombres de ciencia y progreso y quienes defienden las tradiciones solo por el hecho de serlo, esta es la más revertiana de sus novelas.

El argumento es sencillo: a finales del siglo XVIII, la Academia envía a dos de sus miembros a París con el objetivo de adquirir la Encyclopédie. Mientras preparaban el viaje, otros dos académicos se ponen de acuerdo para tratar de impedir que el viaje de sus compañeros se vea culminado por el éxito. Lo curioso es que uno de los saboteadores es lo que ahora llamaríamos de extrema derecha y el otro, de extrema izquierda. El primera no desea que las ideas renovadoras lleguen a España. El segundo teme que sean mal interpretadas.

Lo que cuenta la novela es el viaje y la posterior búsqueda en París de una colección completa de la magna obra, en su primera edición. Por supuesto, la sombra del mercenario contratado por los saboteadores está siempre tras los dos académicos.

Hay poca acción en el libro y lo que domina es el debate de las ideas. Uno de los académicos es el bibliotecario de la institución, un hombre afable, religioso y prudente, que teme que la Ilustración termine por causar no pocos males; el otro es un marino que dejó los mares hace tiempo para dedicarse a escribir sobre la técnica de la navegación. Ambos confrontan sus ideas y también lo hacen con los colegas franceses que se van encontrando, así como con otros personajes históricos, como el conde de Aranda.

Hablan del mundo que les ha tocado vivir, pero no es difícil hallar ecos de hoy mismo, y más concretamente de la España de nuestros días. En la lucha entre una época que se desploma y la nueva que está a la espera, con sus incertidumbres, sus víctimas inocentes y no poca sangre inútil vertida en el tránsito, está la metáfora de este tiempo de confusión. No es difícil hallar similitudes entre la voz de don Pedro Zárate, el marino retirado que encarna el sentido del deber, el escepticismo a veces doloroso, la idea de lo que es honorable referida solo a uno mismo y su concepto de progreso, con la del autor.

Narra todo eso Pérez-Reverte y al tiempo cuenta cómo elaboró la novela, cómo se documentó y resolvió algunos problemas: lo mismo cuando tiene que imaginar un duelo que cuando calcula el tiempo necesario para ir de Bayona a París. No faltan las conversaciones con otros académicos de hoy y con especialistas en esa época histórica. Francisco Rico protagoniza una de las escenas más divertidas, sobre todo cuando se cruza una referencia a su aparición frecuente en las novelas de Javier Marías. Sin embargo, el lector no debe caer en la trampa de pensar que cuanto narra el autor en esas páginas es del todo real. De hecho, cuando habla de las novelas que ha publicado se refiere a ellas con títulos falsos, lo que da una pista de que las fronteras entre realidad y ficción no están nunca tan claras como puede parecer.

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: ‘Peer Gynt’ de Grieg

2015 marzo 13
por César Coca

Hubo un tiempo ya lejano en el que TVE emitía películas clásicas que organizaba en ciclos. Aquello era una verdadera escuela, no de hacer cine sino de aprender a verlo, porque los ciclos tenían una notable coherencia: por género, director, temática, intérpretes… Allí, los de mi generación vimos muchas películas desde los inicios del sonoro (y aún antes, me acuerdo de que muchos sábados daban series completas de filmes de Chaplin) hasta el arranque de los años sesenta. Eso incluía el mejor cine negro americano, los grandes musicales, un lote enorme de westerns, los filmes de la época dorada de Hitchcock, las comedias vitriólicas de Billy Wilder y las elegantes y sofisticadas de Stanley Donen, los dramas de Douglas Sirk y las películas atormentadas de Nicholas Ray. También aparecían por allí De Sica, Rossellini, Truffaut y otros, pero menos.

Una de las películas que recuerdo de la adolescencia fue M, el vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang. No la he vuelto a ver, pero tengo muy nítida la imagen del asesino paseando de noche por la ciudad mientras silba un fragmento de Peer Gynt de Grieg. En concreto, uno de la primera suite titulado En la gruta del rey de la montaña, que termina en un verdadero clímax orquestal. Aquí se lo dejo en la versión de la Filarmónica de Berlín dirigida por Neeme Järvi. Disfruten.

Santa Teresa, 500 años

2015 marzo 12
por César Coca

El próximo día 28 se cumplirán 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, probablemente la española más importante a lo largo de la Historia. Con ese motivo, Territorios, el suplemento cultural de EL CORREO, publicará este sábado un número especial de 20 páginas dedicado a analizar su enorme figura desde todos los ángulos. Eso incluye los espirituales, por supuesto, pero también los culturales, porque fue una escritora de gran relieve. La primera también en lengua española.

En el suplemento se analiza vida de la santa, el tiempo que le tocó vivir, sus acompañantes, su legado espiritual, su obra literaria incluida la traducción al euskera, sus representaciones gráficas e incluso la cocina de su época porque estaba muy preocupada por la dieta de los conventos. No falta tampoco una visión femenista de su trayectoria, la referencia a la conmemoración en la ciudad de Ávila y en otras como Alba de Tormes, y una entrevista con el director de la Fundación que ha organizado los actos. Hay artículos del vicario general de los Carmelitas, la cantante y musicóloga Sonnia Rivas-Caballero y la escritora y conferenciante Asunción Aguirrezabal, que ha escrito mucho sobre la santa abulense. Hemos hecho un enorme esfuerzo en este suplemento y estoy seguro de que, al margen de sus creencias religiosas les va a gustar.

Un libro cada semana: ‘El año que duró dos segundos’ de Rachel Joyce

2015 marzo 9
por César Coca

Algunas novelas destacan por la sencillez de su estilo, por la capacidad para contar una historia sin hacer grandes alardes ni en el uso del lenguaje ni en estructuras complejas que requieren de mucho esfuerzo del lector. En el fondo, no hay nada más difícil que la sencillez, porque detrás de ella, por debajo de ese lenguaje tan transparente que parece de cristal, siempre se encuentra un trabajo enorme. El que hay en esta novela titulada en castellano El año que duró dos segundos y en inglés Perfect. Y cabe decir que, en este caso, el título de la traducción es mejor que el original.

Esos dos segundos son los que se añadieron al año 1972 por uno de esos ajustes en la hora que es preciso hacer cada cierto tiempo. Y justo en esos dos segundos, o en el instante en el que el muchachito protagonista de la novela cree que se han añadido esos dos segundos, su madre arrolla con su coche a una niña. Byron, que así se llama el chico, va en el automóvil, un lujoso jaguar, junto a su hermana pequeña. La madre los lleva al colegio y como han salido tarde de casa han tomado un atajo poco recomendable.
Lo que sucede es que la madre no se entera de que ha golpeado a una niña que iba en bicicleta y sigue su camino. Byron tampoco le dice nada y se limita a comentarlo a su mejor amigo, James. Durante semanas, los dos leen los periódicos en busca de la noticia de un accidente, sin hallar referencia alguna. Hasta que un día Byron habla con su madre, le cuenta lo sucedido y, entonces, ella decide visitar a la familia de la niña e identificarse como la autora del atropello. Sucede que la niña está bien y en su casa no sabían nada del incidente. Sin embargo, en ese preciso instante, la vida de Byron, sus padres y su hermana empieza a deslizarse por una peligrosa pendiente.
Joyce construye el relato en dos planos temporales: el primero es el situado en los meses de verano de 1972, justo tras el atropello; el segundo está más o menos en la actualidad, y el protagonista absoluto es Jim, un hombre con una grave discapacidad intelectual que, ya en la cincuentena, se gana la vida limpiando las mesas en una cafetería. Las dos historias se unen en las últimas páginas de la novela para dar pie a un desenlace sorprendente y amargo.
El año que duró dos segundos es una novela sobre la infancia y sus temores y la edad adulta y sus fantasmas. Sobre cómo hay personas que abusan de otras sin el menor remordimiento y personas incapaces de hacer frente a su propio desvarío. Un relato suave en su arranque, que se recrea en los detalles de la vida cotidiana de una familia burguesa y se va endureciendo a medida que pasan las páginas. Como la vida misma.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Concierto de Brandemburgo Nº 4 de Bach

2015 marzo 6
por César Coca

Empieza hoy el Musika-Música, una verdadera inmersión en la clásica. Creo que sería imperdonable no recordar aquí y ahora el papel que Iñaki Azkuna jugó para poner en marcha en Bilbao la franquicia que había triunfado en Nantes con una filosofía peculiar. En el Euskalduna se notará, y mucho, su ausencia. Los habituales a los conciertos del festival no olvidaremos al alcalde haciendo cola como uno más para entrar en la sala y luego sentado en el patio de butacas, saludando a unos y otros, y muy concentrado una vez que se apagaban las luces y empezaba a sonar la música.

Con seguridad, este festival no es su legado más importante. Pero creo que era uno de los más queridos. Por eso, sería imperdonable que, unos por otros, lo dejaran morir o lo bajaran de división. La Diputación foral ya se desentendió del mismo hace unos cuantos años. Esperemos que los nuevos regidores de la ciudad no cometan el mismo error.

La propuesta musical de hoy enlaza directamente con el Musika-Música. Les dejo con el tercer movimiento del Concierto de Brandemburgo número 4 de Bach. Si la memoria no me engaña, creo que esta música sonaba de fondo en un viejísimo anuncio televisivo de una firma fabricante de sábanas o mantas. Disfruten.

Sokolov, en disco y en Bilbao

2015 marzo 4

Apenas llevamos dos meses de 2015 y por Bilbao y, por extensión, por Euskadi, ha pasado un montón de estupendos pianistas de varias generaciones distintas. Sin afán de hacer el censo completo, han estado Yuja Wang y Judith Jáuregui, como representantes de la última hornada; Gabriela Montero, en la edad intermedia; y ahora llega Grigory Sokolov, un gigante que se suma a Elisabeth Leonskaja –que estrictamente no ha pasado, porque vive en San Sebastián durante este semestre– dentro del grupo de quienes tienen ya a su espalda una carrera de casi medio siglo.

Sokolov es noticia aquí por dos motivos: su concierto del sábado en la Sociedad Filarmónica de Bilbao y la publicación de un nuevo disco. Tan novedosa es una cosa como la otra, porque ni Sokolov viene todos los días por la Villa ni publica discos con facilidad. De hecho, hacía veinte años que no lanzaba ninguno.
En su recital en la Filarmónica, interpretará la Partita Nº 1 de Bach, las sonatas Nº 7 de Beethoven y op. 143 de Schubert, y los Seis momentos musicales de este último.
El álbum ( The Salburg Recital, sello Deutsche Grammophon) recoge una actuación en el festival de la ciudad natal de Mozart, el 30 de julio de 2008. En el programa, las sonatas K. 280 y 332 de Mozart, y en la segunda parte los 24 Preludios de Chopin. Las propinas, como siempre generosas: dos mazurkas del polaco, dos poemas de Scriabin, Les Sauvages de Rameau y una coral de Bach.
La personalidad de Sokolov es compleja y eso se muestra a la perfección en todos los aspectos del disco: primero porque ha tardado más de seis años en autorizar la publicación de un álbum pese a que la grabación se había realizado pensando en ello. Segundo, porque su repertorio está probado al límite: de hecho, cada temporada recorre el mundo interpretando durante seis meses el mismo programa y cambiando solo una parte durante los seis restantes. Así que cuando tocó en Salzburgo estas piezas de Mozart y Chopin las había estudiado hasta el milímetro.
Se nota. En el disco hay una verdadera sensación de ingravidez. Como si Mozart y Chopin, sus sonatas y sus preludios, flotaran en el aire; como si la música estuviese suspendida en la nada y cada nota fuera cayendo con lentitud sobre el oyente. Cada compás, casi cada acorde, parece irrepetible en sus manos. Como si esa música no fuera a sonar nunca más.
Los melómanos vascos están de enhorabuena. Este fin de semana tienen una fiesta, el Musika-Música, y un oficio casi religioso: el recital de Sokolov. Vivir para escucharlo.

(Les dejo dos minutos de Sokolov: su interpretación de Les Sauvages de Rameau).

elcorreo.com

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