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Ningún fin de semana sin música: ‘Concierto para orquesta’ de Bartók

2015 abril 17

Hoy hace justo un año de la muerte de Gabriel García Márquez. Confío en que me permitan hacerle un pequeño homenaje en esta sección. Como ustedes saben, el escritor colombiano era un gran melómano, que confesaba que a lo largo de su vida había pasado muchas más horas escuchando música que leyendo. Lo primero que hizo con el talón que recibió a los pocos días de la publicación de Cien años de soledad fue comprarse un estupendo equipo estereofónico y dar un gran empujón a su colección de discos.

Sus gustos eran muy amplios y su manera de ver la música, bastante heterodoxa. En más de una ocasión dijo que el disco que se llevaría a una isla desierta sería el de la colección completa de las Suites para violonchelo solo de Bach. Sin embargo, la música que eligió, o eligieron por él, para la ceremonia de entrega del Nobel fue el Concierto para orquesta de Bartók, una de las obras que más apreciaba.
Les dejo hoy con el movimiento de esa obra que sonó en Estocolmo instantes antes de que recibiera el galardón.

Un libro cada semana: ‘Ostende’ de Volker Weidermann

2015 abril 13

En el verano de 1936 los nazis habían comenzado una persecución implacable de los judíos, amenazaban con anexionarse Austria y habían conseguido que los gobiernos europeos se arrugaran hasta el punto de hacer concesiones en un intento inútil por detener su expansión. En España, un golpe de Estado derivaba en una guerra y en Italia los camisas negras campaban a sus anchas reduciendo a su mínima expresión cualquier intento de disidencia con el régimen de Musolini.

Mientras, en la localidad costera de Ostende, un grupo de intelectuales jugaba a soñar que su mundo seguía en pie, que la civilización, el pensamiento libre, la crítica, la creatividad continuaban incólumes. Dos de ellos eran el escritor y biógrafo Stefan Zweig y el novelista Joseph Roth. Ambos austriacos, ambos judíos.

Ostende. 1936, el verano de la amistad narra la historia de la amistad de esos intelectuales, figuras de gran relevancia en la cultura del siglo XX, tan culturalmente próximos y tan lejanos en sus hábitos. A Ostende llega Roth buscando una vez más la protección –social, literaria, económica– de Zweig: ambos van acompañados por sus amantes. El biógrafo quiere escribir y recomponer su vida, un último intento antes de adentrarse en la senectud. El novelista se ha enamorado de una muchacha que por edad puede ser su hija, a la que introduce en su mundo de alcohol y depresión.
Por allí están también otros intelectuales y artistas muy conocidos: Arthur Koestler, Ernst Toller, Egon Kisch, Willi Münzenberg, James Ensor… Todos huyen de algo: del nazismo, de la pobreza, de sus propios fantasmas. Un viaje a ninguna parte porque su mundo se está desplomando y no tendrán otra vida en el nuevo.

Weidermann ha reconstruido ese último verano feliz antes de que todo acabara y recrea con buen pulso las figuras de Zweig y Roth en ese fondo de tonos suaves y cielo gris mientras se preparan los tanques. El último capítulo del libro, en el que narra lo que sucedió a todos ellos en los años inmediatamente posteriores es demoledor. Apenas ninguno llegó a viejo. La tragedia era la sombra que cubría ya el sol de Ostende.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: Danza eslava Nº 1 de Dvorák

2015 abril 10
por César Coca

Antonin Dvorák escribió la primera serie de Danzas eslavas cuando tenía 37 años y aunque su catálogo de obras ya era considerable estaba aún a la espera de un éxito que lanzara su carrera. Cuando en 1878 recibió el encargo del editor Simrock –el mismo que publicaba las piezas de Brahms; de hecho, fue este quien puso en contacto a ambos–, lo primero que hizo fue estudiar a fondo las Danzas húngaras del hamburgués.

Las Danzas eslavas –hubo una segunda colección ocho años después– no toman las melodías de forma tan directa como había hecho Brahms, pero sí recogen ritmos y formas de la música popular eslava. Así se hizo repetidamente en esos años en los que la música de marcado carácter nacionalista recibió un impulso por parte de gobiernos y grupos políticos de países que acababan de conseguir su independencia o querían consolidarla fijando también una cultura con rasgos propios.
Como sucedió con las Danzas de Brahms, Dvorák compuso inicialmente sus piezas para piano a cuatro manos pero de inmediato hizo las correspondientes versiones orquestales. Se da la circunstancia de que Brahms hizo lo propio solo con unas pocas de las suyas y otras fueron orquestadas por distintos compositores, Dvorák uno de ellos.
Les dejo con la Danza eslava Nº 1, una de las más populares. Una inyección de energía para empezar este segundo trimestre del año ahora que la semana de Pascua toca a su fin.
La versión es de Seiji Ozawa al frente de la Filarmónica de Viena.

Un libro cada semana: ‘Entre culebras y extraños’ de Celso Castro

2015 abril 6
por César Coca

La muerte del padre. Pocos temas tan poderosos en la historia de la literatura, desde el mismo Génesis. Con esa imagen tan intensa arranca la novela de Celso Castro, un autor gallego que será poco conocido para la mayoría de los lectores. Entre culebras y extraños ofrece una magnífica oportunidad de acabar con ese desconocimiento.

El protagonista es un adolescente enfermizo, débil, lector impenitente de los filósofos más pesimistas, incapaz de adaptarse a la vida real. Su mundo es una amalgama de pensamientos profundos que espantan a sus amigos –mucho más interesado en el sexo, el alcohol, el deporte, la fiesta y la holganza–, miedo a suspender las asignaturas de ciencias y carencia del menor proyecto de futuro. Todo ello, impregnado de un egoísmo a veces arrollador.

Con una madre desubicada, una hermana problemática y unos amigos que con frecuencia son más extraños que los desconocidos, su único asidero es una novia con quien tiene una relación intermitente y confusa, sobre todo después de un descubrimiento que acontece a mitad de la novela.

Castro escribe con un lenguaje preciso, descarnado, sin ningún adorno. Parece un relato oral e incluso en varios momentos el protagonista-narrador se dirige a un interlocutor desconocido que escucha en silencio. Entre culebras y extraños es un libro que, sin ser de lectura difícil, exige un pequeño esfuerzo por parte del lector. Pero merece la pena. El vacío en el estómago que dejan algunas páginas es una sensación que desconocen quienes leen solo literatura de consumo.

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: ‘Maddalena ai piedi di Cristo’ de Antonio Caldara

2015 abril 3
por César Coca

Ustedes saben que suelo aprovechar algunas ocasiones señaladas del calendario para proponer música adecuada a las mismas. En esta sección ya hemos escuchado en años anteriores algunas pasiones, y esta vez me permito traer hasta aquí un oratorio dedicado a uno de los, para mí, más fascinantes personajes del Nuevo Testamento: María Magdalena.

La obra se titula Maddalena ai piedi de Cristo, fue escrita hacia 1700 y es de Antonio Caldara. Se trata de un compositor muy prolífico nacido en Venecia en 1670, por tanto un año antes que Albinoni y ocho antes que Vivaldi. Trabajó un tiempo en Barcelona, donde estrenó la primera ópera que pudo escucharse en esa ciudad y luego se instaló en Viena. Allí residió hasta el fin de sus días. Este oratorio lo escribió en Roma, aunque hay algunas versiones que apuntan a Venecia. En todo caso, antes de su estancia en la ciudad condal. Los críticos dicen que se trata de una obra poco innovadora. Da igual. Tiene momentos (muchos) de una belleza estremecedora. Les dejo el fragmento titulado Per il mar del pianto mio, en la versión de Hana Blažíková (hasta donde he podido averiguar, la fecha de 1713 que aparece en el título del vídeo no es correcta).

Consideraciones religiosas aparte, este fragmento les va a emocionar. Disfruten.

José María Martín Patino, in memoriam

2015 marzo 30



Hace año y medio, mientras José Luis Nocito fotografiaba a Basilio Martín Patino en su casa de Madrid, frente a la catedral de la Almudena, la esposa del director contaba que solo unos días antes había fallecido una hermana monja que él tenía. Y añadía un comentario que había hecho otro hermano, José María: «Los Martín Patino nos estamos extinguiendo». Ayer, pocas horas antes de cumplir 90 años, murió José María Martín Patino, jesuita, mano derecha del cardenal Tarancón, presidente de la Fundación Encuentro y una de las figuras más relevantes de la Transición.
Del jesuita Martín Patino se ha contado casi todo acerca de su tarea en la sombra en los escenarios más trascendentes de los años sesenta, setenta y ochenta: él fue quien, a partir de las ideas que le dio Tarancón, escribió la famosa homilía de la misa de la coronación del Rey Juan Carlos; él quien negoció con el Gobierno muchas de las grandes reformas de esos años en las que la Iglesia tenía un papel; quien facilitó encuentros y pactos. La discreción fue una de sus grandes virtudes; la habilidad para alcanzar puntos de acuerdo, su mayor aptitud.
Lo entrevisté por última vez a comienzos de la primavera de 2011, para la serie Toda una vida. Nos dedicó siete horas de su tiempo, un verdadero regalo para una persona que mantenía una actividad insólita a su edad –acababa de cumplir 86 años–. Recordaré siempre su agilidad mental, su capacidad de análisis y algunas anécdotas impagables que contaba de los tiempos difíciles de la Transición, de la duquesa de Alba y Jesús Aguirre –cuyo matrimonio ofició y a cuyo palacio fue más de una vez para celebrar la Misa del Gallo–, de Suárez y Carrillo, de Tarancón y Rouco. Comimos en un restaurante italiano donde lo conocían y luego paseamos por el Retiro. Hacía frío y llevaba un gorro de piel que había comprado en la Unión Soviética cuarenta años antes. Incluso se subió a una barca del estanque para hacer unas fotos. No temía a la muerte. Solo confiaba en que le diera tiempo para terminar un libro sobre el cardenal Tarancón.
Me pregunto si Pablo Iglesias o alguien de Podemos habló alguna vez con Martín Patino sobre la Transición. Si no fue así, es una pena. Pocos como él conocían lo que realmente pasó en ese tiempo en que se puso en pie el sistema democrático. Conocer la intrahistoria, lo que no está en los libros ni en su momento se publicó en los periódicos, ayuda a entender por qué las cosas se hicieron de una forma concreta. Descanse en paz José María Martín Patino.

(La foto que ilustra este post es de José Luis Nocito. Está hecha en el Retiro, durante el paseo del que hablo líneas arriba, y lleva el gorro de piel comprado en la URSS).

Un libro cada semana: ‘La lengua de los secretos’ de Martín Abrisketa

2015 marzo 30
por César Coca

Los grandes hechos históricos son fuente inagotable de relatos porque hay muchos asuntos que contar, y sobre todo porque hay muchas miradas distintas sobre los mismos acontecimientos. Por eso, es muy probable que la Guerra Civil española siga siendo tema de interés novelístico dentro de unas décadas, incluso cuando se hayan superado los cien años desde su finalización.

Lo que Martín Abrisketa ha escrito es otra novela sobre la Guerra Civil, pero una novela muy especial. Se trata del relato de la peripecia de un niño, el padre del autor, que ya nonagenario es uno de los últimos supervivientes de aquel drama que aún está en situación de poderlo contar. A través del relato de Abrisketa conocemos el sitio de Bilbao, los bombardeos, la huida de niños –y adultos– hacia ninguna parte, el traslado de tantos menores a Francia y otros países que los acogieron con generosidad, el duro regreso a casa. Y, junto a todo ello, el hambre, la muerte, el dolor de la separación, la violencia sin sentido, incluso la violencia entre quienes estaban en el mismo bando.

Lo que cuenta el autor es terrible. Qué guerra no lo es. Pero al adoptar la mirada de un niño travieso, ingenuo y dado a la fantasía, el relato adquiere un vuelo diferente. Hay un tono en el que el lector puede encontrar un regusto a Atxaga y quien sea más aficionado al cine hallará no lejano a La vida es bella. Seguramente no es casualidad. Abrisketa se declara lector y admirador del autor de Obabakoak por un lado y por otro su mundo profesional está en lo audiovisual y confiesa que narra como si estuviera haciendo una película, de ahí que el filme de Benigni no sea algo ajeno.

La novela está escrita con el corazón, y es algo más que una expresión tópica. Al contar la historia de su padre, Abrisketa lo ha convertido en su héroe y al tiempo le ha dado las gracias por ser como es. Hay una gran sensibilidad en el texto y un maravilloso manejo del lenguaje infantil. El lector repasa los diálogos y verdaderamente escucha a unos niños. Con su ingenuidad, su lógica aplastante y su surrealista sentido del humor. Y con sus secretos.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Concierto para piano Nº 4 de Rubinstein

2015 marzo 27

Muchos países tienen un siglo de oro en lo que a cultura se refiere. No siempre coincide con una etapa de pujanza económica y política, pero se da así con frecuencia y tiene sentido: una sociedad desarrollada cuida de sus artistas y de su producción, y eso genera resultados. El siglo XX, por ejemplo, vio un dominio casi absoluto de EE UU en cualquier ámbito artístico: hubo grandes pintores, escritores, arquitectos, músicos… El XIX fue extraordinario para la literatura en Francia, para la ópera en Italia y para el sinfonismo centroeuropeo. Y en el caso de Rusia, fue fantástico para la literatura y la música. El enorme impulso que dieron al país los zares en el XVIII –empezando por construir una nueva capital en San Petersburgo con la ambición de superar a cualquier otra ciudad del mundo– se plasmó en una cultura propia singular, con una personalidad muy acusada.

Uno de los compositores más relevantes por su influencia en la segunda parte del siglo XIX, aunque hoy sea muy poco interpretado en la Europa occidental, es Anton Rubinstein. Él y su hermano Nikolai fueron extraordinarios intérpretes y pedagogos. Ambos crearon conservatorios y formaron a los mejores músicos de su tiempo. Anton, además, desarrolló una notable carrera como compositor, en la que destacan cinco conciertos para piano. Para este fin de semana he elegido el Nº 4, que tiene todas las características de la música rusa de ese tiempo: pasión, melodías muy marcadas, exigencia de un virtuosismo al límite de las posibilidades del intérprete, combinación de la tradición romántica con elementos del folclore local, etc.
Este concierto no está al nivel del primero de Chaikovski, ni del segundo o el tercero de Rachmaninov. No se trata de eso. Pero es una pieza muy atractiva que estoy seguro que les va a gustar.

Monstruos en TV: dentro y fuera de la pantalla

2015 marzo 25

Hay programas de televisión que crean monstruos. Lo hacen porque los necesitan, porque esos espacios carecen de sentido sin ellos. Por eso deben buscar gente dispuesta a mostrar sus intimidades, humillarse en vivo agigantando sus miserias, convirtiendo la nada más absoluta en el eje de horas y días completos de programación. Monstruos que luego alargan su presencia en la pantalla desfilando por otros programas de la cadena o su grupo, degradándose un poco más si es posible, una vez que han convertido sus vidas en pienso compuesto. Estoy seguro de que no necesitan que les dé ejemplos.
Pero creo que no hemos reparado lo suficiente en un efecto de tanta basura televisiva: la creación de nuevos monstruos al otro lado, frente a la pantalla. Gente sin educación ni sensibilidad, seres que no solo desprecian cuanto ignoran –como dijo el poeta– sino que además desprecian a quienes desean saber. Tipos –verán que me resisto a hablar de personas– indignos que muestran a la menor oportunidad lo bajo que se puede caer.
Todo esto está relacionado con lo que sucedió ayer a consecuencia del retraso en la emisión de Mujeres, hombres y viceversa. La dirección de la cadena decidió prolongar el programa de Ana Rosa Quintana para seguir informando del accidente aéreo. Pues bien, algunos cabreados espectadores mostraron su protesta por el retraso del inicio del gran programa con comentarios del estilo de «pues me parece fatal que no pongan #myhyv por un accidente, no es mi culpa que sean tontos y se estrellen», «si el avion sastrellao algo abra echo xDDD k ponga ya #myhyv anda», «ogala caiga un abion en la casa dl cabron k a exo k kiten el programa #myhyv», y otras aún más sutiles. Mentes así son, entre otras cosas, producto de algunos programas televisivos. Verdaderos homínidos.

Un libro cada semana: ‘Aquello estaba deseando ocurrir’ de Leonardo Padura

2015 marzo 23
por César Coca

Muchos lectores conocerán a Leonardo Padura por sus novelas del detective de la Policía llamado Mario Conde. Este libro no pertenece a esa serie: es una recopilación de cuentos con personajes diversos, todos ellos afectados de un mal llamado melancolía.

En Aquello estaba deseando ocurrir, encontramos a un periodista que termina una estancia en Angola –donde también estuvo el autor cuando ejercía de reportero para Juventud Rebelde– y quiere pasar unas horas en Madrid antes de regresar a La Habana, para ver un cuadro de Velázquez; a una mujer al borde de la vejez que acude a un taller literario impartido por un joven escritor; a unos muchachos dados al exceso de alcohol que no dudan en recurrir a la violencia; a un cubano que pasa unos días en Italia y, camino de Venecia –conocer la ciudad de los canales es su gran sueño– se encuentra con una mujer con la que vive una apasionada historia de amor; a un joven estudiante embriagado por la presencia de una cantante de boleros… y así hasta completar la colección.

En todos los cuentos, pero de manera especial en los ambientados en Cuba, Padura transmite una sensación de enorme sensualidad. En sus relatos, se percibe el salitre del mar, el olor y el sabor del ron, la densidad de la nube de humo procedente de un habano, el sudor en medio de una sesión de sexo desenfrenado, la música dulce de los boleros.

Su escritura tiene la potencialidad de lograr que el lector se instale en la Rampa y vea caminar a sus personajes rumbo a un cabaret o dispuestos a comerse un helado en Copelia. Esa capacidad de sugestión, de situar al lector frente a la escena, es la gran virtud de estos relatos que muestran a un escritor que domina a la perfección la técnica. Pero que no hace alardes de virtuosismo porque no es esa su manera de contar. Un Padura en dosis pequeñas y concentradas.

(Publicado en elcorreo.com)

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