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Ningún fin de semana sin música: ‘Las siete palabras’ de Haydn (versión cuarteto)

2014 abril 17
por César Coca

Una de las obras más famosas de Franz Joseph Haydn fue encargada por… la ciudad de Cádiz. Se trata de Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, título muchas veces abreviado en Las siete palabras. La pieza fue estrenada en la ciudad andaluza, probablemente en 1787, en su versión orquestal y publicada más o menos al mismo tiempo en otras dos versiones para cuarteto de cuerda y para piano, y reestrenada en Viena en 1796 como oratorio. No hay muchos trabajos en la historia de la música con tantas versiones, tan próximas en el tiempo y todas ellas a cargo de su autor. Y aunque durante muchos años hubo una notable confusión sobre el origen del encargo, parece ya bastante aclarado el asunto.

Al margen de todas esas vicisitudes históricas, la obra es extraordinaria en cualquiera de sus versiones. Y estas fechas son muy adecuadas para escuchar esta partitura de más de una hora de duración que no decae en ningún momento. Les dejo la introducción de la pieza, en la versión que a mí más gusta: la escrita para cuarteto de cuerda. Estoy seguro de que estos seis minutos les van a saber a poco y van a buscar la obra completa. Disfruten.

Un libro cada semana: ‘Días de Nevada’ de Bernardo Atxaga

2014 abril 14
por César Coca

Días de Nevada es un texto muy difícil de catalogar en cuanto a su género. Pese a ello, la explicación de su contenido es sencilla: es el relato de la estancia de un escritor y su familia en Nevada, durante más o menos un curso académico. Se trata de un trasunto más que evidente de la propia experiencia del autor, por más que su esposa y sus hijas en el libro (narra en primera persona y no llegamos a saber cuál es su nombre) no se llaman como en la vida real.

La estructura del libro parece identificarse con la de un diario: el autor va haciendo anotaciones desde el día mismo de la llegada. Ahí están sus primeros contactos con la Universidad y los residentes en la zona, las excursiones al desierto, la asistencia a mítines de Obama y Hilary Clinton -entonces en plena campaña de las primarias-, reuniones de amigos, fiestas, la desaparición del aventurero Fossett cerca de donde se encuentran, una serie de violaciones a adolescentes en la misma calle donde viven… Junto a eso, recuerdos de la adolescencia, conversaciones con la madre enferma, sueños no siempre fáciles de interpretar.

Los lectores de Atxaga notarán un cambio, una evolución en su narrativa. Si en su anterior trabajo (Siete casas en Francia) se alejaba algunos miles de kilómetros del País Vasco pero mantenía la estructura tradicional de la novela, ahora el cambio es de otro signo. Hay distancia física aunque vuelva una y otra vez a Euskadi, pero es en la estructura, en el planteamiento del relato, donde está el salto mayor. La literatura de Atxaga ha evolucionado, se ha hecho más madura y compleja.

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: Dúo de las Flores, de ‘Lakmé’ de Delibes

2014 abril 11
por César Coca

Delibes es uno de esos compositores que fuera de su país apenas son conocidos. Y lo poco que se conoce es un puñadito de fragmentos. Creo que pocos aficionados sabrían citar algún título de Delibes (por cierto, pariente lejano de Miguel Delibes) más allá de los ballets Coppélia y Sylvia y la ópera Lakmé. Pero podríamos afinar un poco más y preguntar a esos mismos aficionados si alguna vez han escuchado esas tres obras completas. No es arriesgado vaticinar una respuesta: en su inmensa mayoría, no.

Sin embargo, en su tiempo fue muy popular en toda Europa. Chaikovski, que ejerció también de crítico, apreciaba mucho su música y sus propios ballets muestran alguna influencia de la obra del francés. Todo eso es agua pasada. Hoy apenas se escucha nada de Delibes que no sean los doce o quince minutos que suman fragmentos muy concretos de esas tres obras citadas. Uno de ellos, seguramente el más conocido, es este ‘Dúo de las Flores’, de Lakmé, de gran belleza. Se lo dejo en una versión rebosante de glamour. Disfruten.

La perversión de las palabras

2014 abril 10
por César Coca

Necesitamos las palabras, no podemos vivir sin ellas, pero también es preciso que estemos de acuerdo sobre lo que significan. El problema es que muchas veces, sobre todo en el ámbito de la política, se pervierten hasta hacer que digan una cosa bien diferente de su sentido original. A veces, se manipula el significado porque un término parece capaz de revestir de nobleza cualquier cosa, y entonces se hace que encaje aunque no sea la palabra más adecuada. En otras ocasiones, una realidad gris se adorna a base de palabras hermosas a ver si así cuela como digno lo que no es más que vulgar.

Voy a usar dos ejemplos que les van a sonar. Mucho. Uno es arrepentimiento. Hay que exigir a los presos de ETAque se arrepientan para que puedan acogerse a los beneficios… etc. Lo hemos escuchado muchas veces. Pero el arrepentimiento no se puede exigir. Es un sentimiento. Lo ha explicado Javier Marías, que algo entiende de lenguaje, en más de una ocasión. No se puede pedir a nadie que sienta pesar por algo que ha hecho, que eso es el arrepentimiento, de la misma forma que no se puede exigir a nadie que se enamore de nosotros. O que sienta compasión. Los sentimientos surgen, no obedecen a norma alguna. Así que no estaría mal que los políticos –los periodistas también tenemos alguna culpa, lo sé– dejaran de usar el término tal y como lo están haciendo.
Segundo término: equitativo. El sistema educativo vasco es muy equitativo, han repetido como una mantra quienes han estado y están al frente del Departamento correspondiente desde hace mucho tiempo. Y en realidad hablan de que las notas de los alumnos vascos son muy homogéneas o, dicho en términos estadísticos, tienen una desviación típica baja: no hay muchas calificaciones muy altas ni muy bajas. La equidad es, según el DRAE, la «disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece». Es decir, que tan equitativo puede ser un sistema que produce como resultado unas notas espectaculares y otras muy bajas como el que genera que todos obtengan entre 4 y 6. La equidad del sistema no depende de las notas. ¿Por qué se usa el término? Porque es más noble que homogéneo. La equidad es una virtud. Pero que todos los alumnos saquen notas medianillas no lo es. Aunque se quiera disfrazar. Y, en este caso, lo peor es que el término lo usan los responsables de Educación, que deberían conocer el significado de las palabras. Lo suyo no es equitativo.

Un libro cada semana: ‘El hombre sin rostro’ de Luis Manuel Ruiz

2014 abril 7

Luis Manuel Ruiz se ha labrado una merecida fama como estupendo narrador gracias a un puñado de novelas que plantean investigaciones que giran en torno a aspectos históricos, culturales y mitológicos. En esos títulos ha hecho viajar a sus personajes hasta el antiguo Egipto, la Alemania nazi, la época de Bach y otros escenarios barrocos. En El hombre sin rostro, elabora una fantasía científica ambientada en Madrid a comienzos del pasado siglo. Y añade un elemento nuevo: un humor inteligente y un punto absurdo que impregna la novela de la primera página a la última.

El protagonista de El hombre sin rostro es un periodista que ha llegado a ocupar un modesto empleo tras haber sido recadero y encargado del crucigrama y gracias a la baja de un compañero. El muchacho es torpe, muy torpe, y quiere convertirse en un reportero célebre en el campo de los sucesos desvelando el enigma que se encuentra tras las extrañas muertes de varios científicos: uno perece aplastado por el esqueleto de un dinosaurio, otro es hallado en la vía del tren con un sobre sobre su cuerpo, otro se desangra sin motivo aparente en una fiesta…

El nexo en común de todos estos científicos es un proyecto secreto en el que también ha participado un viejo sabio loco de cuya atractiva e inteligente -además de muy guerrera- hija el periodista se enamora a primera vista. El relato tiene un evidente tono de cómic en muchos momentos y avanza a través de muertes y misterios con un tono de parodia que es precisamente lo más llamativo de la novela. Luis Manuel Ruiz escribe aquí de forma completamente desinhibida. Se nota que se ha divertido mucho con las aventuras del profesor Salomón Fo, su hija Irene y el periodista Elías Arce, y caricaturizando los grandes experimentos de la literatura de ciencia ficción de hace un siglo.

No es una novela de humor, pero resulta más eficaz en ese sentido que muchas que se presentan bajo ese epígrafe. Tampoco es una novela de misterio al uso pero funciona muy bien como tal. Y ni siquiera es un relato de costumbres, aunque el panorama del Madrid de comienzos del siglo XX está estupendamente trabajado. Un hallazgo.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: ‘Primavera porteña’ de Piazzolla

2014 abril 4
por César Coca

La primavera está ya instalada de lleno. Una estación que ha inspirado a muchos poetas y de la que se dice que es el tiempo del amor aunque, como explicó con ironía Ángel González, puede que ese prestigio sea excesivo y que la etapa por excelencia para las efusiones sentimentales sea el verano. De todos modos, hay muchas obras artísticas que son deudoras de la primavera. Y otras que lo son de todas las estaciones del año, porque la naturaleza es en cualquiera de sus etapas una fenomenal fuente de inspiración.

En el ámbito de la música, los ciclos que tienen como base las estaciones también son numerosos. El más célebre es, por supuesto, el de Vivaldi. Puede que el de Piazzolla no llegue nunca a tanto, pero va ganando fama y hay ya un puñado de grabaciones que recogen estas estaciones porteñas que son bellísimas. Les dejo con la Primavera. Disfruten con este músico argentino que en vida sufrió la crítica de los tanguistas porque su música no era suficientemente popular y la de los clásicos porque se había atrevido a llevar a las salas de conciertos obras demasiado populares. Ya ven.

Las novelas vuelven a llevarse largas

2014 abril 2
por César Coca

Todo parecía conspirar para que las novelas fueran cada vez más breves. El tiempo para la lectura escasea y nos estamos acostumbrando al lenguaje fragmentado, a las frases incompletas, a las palabras que en sí mismas encierran ideas o descripciones que antes expresábamos de manera más detallada.

Algunos críticos y escritores lo anunciaron hace veinte o treinta años: en el futuro, dijeron, las novelas serán más cortas. Se acabaron los textos tipo Guerra y paz o En busca del tiempo perdido. Cuando esas novelas se escribieron, la única posibilidad de pasar el tiempo que tenía la gente era coger un novelón y devorarlo a la luz de las velas. No había TV, ni cine, ni tantos espectáculos como ahora, explicaban. Habría que añadir internet, los móviles, las redes sociales, el whatsapp, etc.
Pues bien, pronóstico errado. Desde hace tiempo se publican libros de dimensiones gigantescas, y encima tienen mucho éxito, tanto de crítica como de público. Por citar solo algunos ejemplos de los últimos meses, han llegado a las librerías Las tres bodas de Manolita (750 páginas), Bloody Miami (625 páginas), Dispara, yo ya estoy muerto (912), La buena reputación (640), La verdad sobre el caso Harry Quebert (675), Legado en los huesos (560), Doctor Sueño (610) y, en lo más alto de la tabla, Circo Máximo (1.200) y El jilguero (1.145). Libros voluminosos, que pesan mucho (en la edición en papel, claro) y que sin embargo los lectores llevan en el bolso o de la mano para leer en el metro, en un café o en cualquier rincón que permita aprovechar hasta el último minuto libre.
Esto parece contradictorio con el aire de los tiempos. Y no encuentro una explicación muy convincente, salvo aquella vieja máxima de que hay gente para todo. Pero eso no es, en sí mismo, un argumento para nada.  Parafraseando a Alonso Millán, las novelas vuelven a llevarse largas. ¿Será solo una moda pasajera?

Un libro cada semana: ‘El jilguero’ de Donna Tartt

2014 marzo 31
por César Coca

Tres novelas en treinta años no parece una gran producción. Aunque sean libros de dimensión fuera de lo normal, y con sus 1.145 páginas El jilguero lo es. Se trata de la última creación salida de la pluma de Donna Tartt, una escritora estadounidense que dio un aldabonazo con El secreto, publicada hace ahora dos décadas. Desde ese momento, Tartt ha mantenido un ritmo de producción invariable: diez años de escritura para cada una de sus novelas, acogidas con un notable éxito de crítica y ventas millonarias en el mercado anglosajón.

El jilguero arranca cuando Theo, un muchacho apenas llegado a la adolescencia, es testigo de una explosión en el Metropolitan de Nueva York. Poco antes, ha visto en una sala del museo a un anciano que va acompañado de una niña pelirroja. Será él quien, en mitad del humo, rodeado de cascotes e instantes antes de morir, entregue a Theo un anillo y un pequeño lienzo, El jilguero, pintado en el siglo XVII por Carel Fabritius. El protagonista de la historia sabrá horas después que su madre ha muerto a consecuencia de la misma explosión, lo que lo convierte en algo parecido a un huérfano, puesto que su padre ha abandonado el hogar tiempo atrás.

La novela recorre diez años de la vida de Theo, que transcurren entre Nueva York, Las Vegas y Amsterdam. Años de amigos entrañables y complicados, de pérdidas y desarraigos, de drogas y alcohol, de aprendizaje doloroso, mentiras y pequeños triunfos. Theo va entendiendo lo que significa la palabra soledad mientras conserva el secreto del cuadro desaparecido y persigue el sueño de la niña pelirroja que acompañaba al anciano.

El jilguero es un relato en el que están presentes el culto por la belleza, las reflexiones sobre la vida y la muerte, la dificultad de hallar segundas oportunidades para hacer cuanto debió hacerse, la falsedad de tantas relaciones y de tantas vidas, el papel del azar, los miedos y la esperanza… Se trata de una novela en la que no es difícil hallar ecos dickensianos a lo largo de una narración que genera una lectura adictiva. La vida de Theo, sus amigos Boris y Andy, el viejo restaurador de muebles Hobie y Pippa, la niña pelirroja tan fuerte y tan desvalida, es un fresco que representa la sociedad contemporánea.

La descomunal novela -no solo por su dimensión- termina por hacerse tan corta que el lector siente que se acabe. Con esto, está todo dicho.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: ‘Invitación a la danza’ de Weber

2014 marzo 28
por César Coca

Carl Maria von Weber es uno de esos ejemplos de músicos muertos a edad temprana que dejan una obra que podría haber sido mucho más larga y profunda. Le sucedió como a Mozart (con quien estaba emparentado por vía conyugal), Schubert y tantos otros. En su caso, además, se añade la circunstancia de que vivió a la sombra de algunos de los más grandes, lo que siempre dificulta mucho la comparación. Coincidir en el tiempo con Beethoven y Schubert (como haberlo hecho con Mozart o Bach) supone colocar el listón a una altura inaccesible para un compositor, por mucho talento que tenga.

Sin embargo, han llegado hasta nosotros unas cuantas obras de Weber que bien merecen dedicarles algo de atención. Una de ellas, mi propuesta para este viernes, es esta Invitación a la danza, que adquirió una mayor celebridad gracias a la orquestación de Berlioz. Ahora que la primavera ya está aquí, con su tiempo imprevisible y la explosión de la naturaleza que ya se observa en el campo, esta música tan rítmica y optimista seguro que les gusta. Disfruten.

Un libro cada semana: ‘CeroCeroCero’ de Roberto Saviano

2014 marzo 24
por César Coca

Después de haber investigado a las diversas mafias italianas, Roberto Saviano ha decidido seguir la ruta de la cocaína, en un viaje que en algunos momentos conduce al lector por un mundo de lujo y glamour y en otros es un verdadero descenso a los infiernos.

CeroCero Cero es, de alguna manera, la continuación lógica de sus libros anteriores, porque las conexiones entre las mafias y el mundo de la droga son enormes. Este libro indaga en todo ello, trasladando al lector de un lado al otro del Atlántico, y haciendo desfilar a una enorme cantidad de personajes, muchos de ellos de sobra conocidos.

Sin embargo, lo que diferencia a este libro de otros anteriores de Saviano es su irrupción en el texto. Una irrupción que, además, tiene una enorme carga dramática pese a que describe las cosas con la frialdad de un notario. Lo que sucede es que habla de su propia vida, de sus reflexiones sobre si merece la pena adentrarse en lo peor de las sociedades, en un mundo guiado por la obtención de la máxima cantidad de dinero, sin que importen nada en absoluto las vidas humanas. Incluida, claro está, la del propio Saviano, que en un momento del texto se autodefine como “un patético ser humano que ha sobrestimado sus fuerzas” y que continúa investigando para “huir de todo consuelo” y “decretar la inexistencia absoluta de cualquier bálsamo para la vida”.

Cuando se sabe cómo vive Saviano, cómo le resulta imposible -probablemente sea así para el resto de sus días, y solo tiene 34 años- mantener una relación afectiva o de amistad normal, cómo cuando quiere ver a su madre debe organizar un operativo similar al que exige el desplazamiento de un jefe de Estado, esas palabras adquieren un sentido nuevo. Saviano ha confesado unas cuantas veces en los últimos años que se arrepiente de haber empezado a escribir sobre la Camorra. Ya no hay vuelta atrás. Cuando explica mirando a los ojos a su interlocutor que sabe que un día la Camorra llegará hasta él, es imposible no sentir un escalofrío. Salvemos a Saviano. Leámoslo.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

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