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Un libro cada semana: ‘Las flores de Baudelaire’ de Gonzalo Garrido

2012 mayo 14
por César Coca

Otra novela ambientada en Bilbao, que ha dejado de ser un escenario exótico en la literatura de nuestros días para convertirse en algo habitual. Y si hace unas semanas hablábamos de una novela cuya acción transcurría en la Villa en los últimos días de 1914, ahora estamos en 1917. Es decir, seguimos con la Primera Guerra Mundial como fondo.

Alfredo Maldonado, un fotógrafo de prensa (publica en El Noticiero Bilbaíno, el abuelo por así decirlo de El Correo), un tipo escéptico, con problemas en sus relaciones de familia, aficionado a los toros y a coleccionar fotos de extraños crímenes, empieza a investigar qué ha sucedido en el seno de una familia de ricos empresarios de origen alemán que vive en Bilbao: la hija pequeña, una niña nacida con algunas taras genéticas, ha sido asesinada de una forma especialmente cruel y sanguinaria.

A medida que avance en su investigación, Maldonado se adentrará en una trama compleja de asuntos familiares e intereses financieros, que se cruzan una y otra vez. La investigación le servirá también para tomar -y contarnos- el pulso a una ciudad que vive un gran momento de transformación. Hay en la novela un policía severo, unos ayudantes leales, una amante discreta, un marido ajeno a la familia, un periodista escéptico, unos matones,  una guerra de fondo y algunos episodios amorosos; es decir, todos los ingredientes de una novela que busque llegar a un público amplio.

 

Las flores de Baudelaire es la primera novela de su autor y lo cierto es que no lo parece, por la soltura con que está desarrollada la narración. Garrido tiene un blog que se llama Literatura Basura en el que comenta la actualidad en el mundillo editorial.

 

Publicado el elcorreo.com

Ningún fin de semana sin música: el Concierto para trompeta y orquesta de Hummel

2012 mayo 11
por César Coca

El Concierto para trompeta y orquesta es una de sus obras más conocidas de Johann Nepomuk Hummel (1778/1837) pese a que la celebridad de este compositor se basa, sobre todo, en sus piezas para piano, solo o con otros instrumentos.

Hummel es un puente entre el clasicismo y el romanticismo. Nacido en lo que hoy es Bratislava (entonces, Presburgo, que era parte del imperio Austro-Húngaro), un repaso a su biografía muestra que estuvo relacionado con todos los grandes de la música de su tiempo. Su padre era director de la escuela imperial de música militar y dirigía también la orquesta en un teatro propiedad de Emmanuel Schikaneder, que era el empresario que encargó La flauta mágica a Mozart.

Luego, fue alumno de Mozart e incluso vivió un tiempo en su casa, siendo niño. Fue también alumno de Clementi, conoció a Haydn, que escribió una sonata para él, se relacionó con Salieri y Beethoven, fue amigo de Schubert, sustituyó a Haydn como director musical de la orquesta del príncipe Esterhazy, trabajó también en Weimar, donde tuvo un trato muy cercano con Goethe y Schiller. Y todo esto en un tiempo en que se viajaba poco y no había líneas aéreas de bajo coste.

Hummel tuvo intención de viajar a España, dentro de una gira en la que iba a mostrar sus habilidades como pianista. Pero esa gira incluía también una estancia en Francia, y justo cuando iba a comenzarla se declaró en París el régimen del terror que siguió a la Revolución francesa, y decidió quedarse en Centroeuropa.

 

Les dejo un vídeo con el tercer movimiento del concierto de Hummel. Un rondó tan alegre, con tanto ritmo, que les alegrará el día. Sin duda. La versión es de Alison Balsom.

 

Un año más, los premios Príncipe de Asturias

2012 mayo 10
por César Coca

Acaba de empezar la serie de los premios Príncipe de Asturias con el correspondiente a las Artes, que como todos ustedes saben ha recaído en Rafael Moneo. Estos galardones quieren ser algo así como los Nobel españoles, en el sentido de que se conceden en España, porque los premiados suelen tener un perfil claramente internacional. No empezaron así. Recuerden que  durante años el de las Letras, por ejemplo, se concedió a un escritor en español, con lo que se solapaba de manera más que evidente con el Cervantes.

Los premios tienen ya 30 años así que podemos pensar que están consolidados. Otra cosa es que exista una gran coherencia interna en el palmarés, algo que es por lo menos discutible en alguna de las modalidades. Todos los galardones de este tipo, y aquí por supuesto se incluyen también los Nobel, tienen sus pecados veniales y hasta mortales si se examina la lista de distinguidos con una cierta perspectiva histórica. Pero algunas decisiones tomadas por los jurados del Príncipe de Asturias han sido desconcertantes. Por centrarnos solo en los relativos a ámbitos de la cultura, todavía hay quien sigue sin recuperarse del galardón de la Concordia concedido en 2003 a la escritora J.K. Rowling. Y el de las Letras del año pasado para Leonard Cohen también es discutible, con la gran cantidad de grandísimos escritores que hay que aún no lo han recibido.

Lo que sucede es que muchos premios, y los Príncipe de Asturias están en ese grupo, requieren cada año de una dosis de glamour. Seguramente así se explican algunas decisiones de los jurados. Si en vez de examinar la lista de galardonados por especialidades, cogemos los premios año a año, vemos enseguida dónde está ese glamour. No es un criterio válido desde el punto de vista de la cultura, pero es el aire del tiempo que nos ha tocado vivir.

Un libro cada semana: ‘Aquella edad inolvidable’ de Ramiro Pinilla

2012 mayo 7
por César Coca

Un nuevo título de este escritor vizcaíno de 88 años, que cuenta una historia que no puede estar más de actualidad. En su novela relata la peripecia de Souto Menaya Botas, un jugador del Athletic que marcó un gol fundamental para la victoria sobre el Real Madrid en la final de Copa de 1943 pero que luego quedó cojo por una lesión y tuvo que dejar el fútbol. Menaya pasó por todas las penalidades porque no podía volver a su antiguo oficio (albañil) y nadie parecía capaz de ofrecerle un trabajo que pudiera hacer sentado. Hasta que finalmente se dedicó a cerrar los sobres que llevaban los cromos de las colecciones de Fher, colecciones en las que también trabajaba el propio Pinilla.

Lo que nos cuenta el autor parece hoy inverosímil. Un jugador que duda sobre si debe fichar por el Athletic (jugaba en el Arenas de Getxo) porque le van a pagar, y eso no entra en sus ideales. Si le dan la oportunidad de jugar en el equipo de sus amores, en su verdadera religión, él no puede cobrar por ello. Un equipo en el que hasta no mucho tiempo antes los jugadores se pagaban las botas, el uniforme y los desplazamientos…

Pinilla nos muestra la vida sencilla de la Euskadi de esos años, cuando la gente humilde se desahogaba con su equipo y se proyectaba en los éxitos del mismo. Un club gestionado por la clase alta de la ciudad y su entorno y que parecía ser el único refugio de los nacionalistas ante la represión desatada por Franco. No han pasado tantos años desde entonces (Zarra acababa de fichar por el club), desde los años de esas alineaciones que han pasado a la historia, y sin embargo parecen relatos de otro mundo. Parece de otro mundo el ambiente de los jugadores en los entrenamientos, las conversaciones de padres e hijos en las comidas familiares, el espíritu de los amigos de las estrellas del fútbol, la actitud de los presidentes y directivos.

Aquella edad inolvidable es un relato melancólico pero al tiempo irónico sobre un tiempo en el que el fútbol era aún un deporte. Por cierto, no busquen en las alineaciones del Athletic a Souto Menaya porque es invención de Pinilla. Y el gol de la final de 1943 lo metió Zarra. Pero el autor consigue aquí contarnos verdades y mostrarnos ambientes reales a partir de un personaje y una situación falsos. Como diría Vargas Llosa, es la verdad de las mentira. Algo que está solo al alcance de los buenos escritores.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: la Sonata Primavera de Beethoven

2012 mayo 5

Parece que por fin ha llegado la primavera, así que es el momento oportuno para escuchar la Sonata para violín y piano Nº 5 (subtitulada precisamente así, Primavera) de Beethoven, compuesta entre 1800 y 1801. Se trata de una de las grandes obras del compositor para esta combinación instrumental de violín y piano y es, junto a la Kreutzer, la más conocida de la colección. Está compuesta casi al mismo tiempo que la Sinfonía Nº 1, lo que revela que Beethoven ensayó primero con las sonatas para piano y para violín y piano, antes de entrar en obras de mayor dificultad.

En esta primera etapa de su producción, Beethoven tiene un estilo fresco, ligero, heredero claramente de Mozart y Haydn. Es la época en que aún no se ha convertido en un tipo arisco. Pocos años antes de emprender esta obra, había propuesto matrimonio a Magdalena Willman, pero ella no aceptó. Fue el primero de una serie de romances, en general con mujeres de la nobleza y en algún caso con  casadas. En años posteriores, Beethoven cosechó un rechazo tras otro. A veces, por la diferencia de clase. Otras por el temor de ellas ante la figura de un hombre que ya en 1801 estaba gravemente preocupado por su creciente sordera y que incluso había pensado en el suicidio, según dejó escrito en el Testamento de Heiligenstadt, terminado apenas unos meses después.

Uno de los mayores misterios de su vida está en la carta a la Amada Inmortal, que ha dado pie a todo tipo de elucubraciones. La carta es de 1812 y según las últimas versiones iba a dirigida a Antonie Brentano, una mujer casada y con hijos de la que se alejó para no causar problemas mayores. En todo caso, hay una película bastante aceptable que aborda ese tema de la carta y que nos permite escuchar música de Beethoven. Que no hace falta disculpa para ello, pero nunca viene mal.

 

(Les dejo la Sonata Primavera. La versión es de Anne-Sophie Mutter y Lambert Orkis)

 

Una novela de Salva Robles

2012 mayo 4

He comentado alguna vez que pocas cosas me alegran más que el hecho de que mis amigos y compañeros publiquen libros. Pertenezco a una generación para la que, todavía, el libro de siempre es un objeto de culto. Por eso, escribir uno es para mí una de las cosas más importantes que un ser humano puede hacer.

Esto viene a cuento de que Salvador Robles, compañero de toda la vida en El Correo, publica una novela. Salva (me perdonarán la confianza pero es que siempre lo llamamos así) ha escrito un montón de libros de géneros diversos. En todos ellos hay un notable componente ético en sus propuestas, una gran preocupación por los valores esenciales del ser humano.

La novela que ahora publica se titula ‘El último día, el primero’ (Editorial Paréntesis) y será presentada en sociedad el próximo lunes día 7, a las 19 horas, en la librería Elkar de la calle Licenciado Poza, 14, en Bilbao.  Intervendrá la escritora y editora Beatriz Celaya y el actor Xabier Xalabardé leerá algunos fragmentos. Luego, el autor hablará de Adrián Valle Rubio, su personaje, y de su peripecia vital. Me parece que la presentación es un buen plan para el lunes, y la lectura del libro, para toda la semana.

Los efectos beneficiosos de la crisis

2012 mayo 3
por César Coca

Hagamos un ejercicio de optimismo. La crisis tiene algo positivo. ¿Seguro? Yo, al menos, he encontrado algo bueno: el estupendo cine clásico que dan en TV desde que producir basura propia es tan caro que no puede asumirse el gasto así como así, comprar malas series extranjeras no compensa en términos de audiencia y hacer documentales, reportajes y entrevistas solo es algo que se pueda abordar de vez en cuando. Llegados a ese punto, muchas cadenas han optado por emitir películas de los años sesenta, setenta y hasta ochenta. Y de esa forma tenemos una programación como hacía tiempo que no se veía en la tele.

En los últimos días, hemos podido ver, gratis, Ben Hur, El club de los poetas muertos, Solo ante el peligro, Sonrisas y lágrimas, Todos los hombres del presidente, Gallipolli, Philadelphia, El resplandor, Valor de ley, Network, y así decenas y de filmes. Cine clásico que era lo que veíamos en nuestra juventud. Lo que nos permitió, sin necesidad de deuvedés (que entonces no había) ni de ir a la filmoteca, conocer el mejor cine de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Pues ahora pasa lo mismo. De esa forma, nuestros hijos pueden conocer esos filmes y nosotros podemos revisarlos. Y descubrir con gozo que siguen siendo tan buenos como antes.

Solo nos falta que lo ordenen de alguna manera. Que hagan ciclos. ¿Recuerdan ustedes los ciclos de cine francés, o negro, o de espías, o de directores, actores o productores, que veíamos en lo que entonces era el UHF? Pues el día que a alguna cadena se le ocurra hacer ciclos coherentes con todo ese material (el interés se da por supuesto) van a hacer un ejercicio de difusión cultural de primer orden y además van a tener audiencias notables. Con muy poco gasto, por otra parte. ¿No les decía que la crisis tiene cosas buenas?

Un libro cada semana: ‘El país del dinero’ de Pedro Ugarte

2012 abril 30

Pedro Ugarte es bilbaíno, ha escrito cinco novelas, media docena de libros de relato, varios poemarios… Así que no es un recién llegado, ni mucho menos, a la literatura. Su novela transcurre en una ciudad que no se nombra pero de la que se dan pistas suficientes para saber que se trata de Bilbao. El protagonista es hijo de una familia que en otro tiempo fue adinerada pero que la mala gestión de sus negocios, la suerte adversa o las circunstancias en general han llevado hasta el borde mismo de la ruina. Es abogado y trabaja para un amigo, otro hijo de familia pudiente que en este caso ha conseguido a lo largo de varias generaciones aumentar sus propiedades y su poder.

La novela relata el mundo en el que se mueven esos dos personajes. Un mundo de negocios sin dueño, porque las propiedades han sido transferidas a una maraña de sociedades opacas para evadir impuestos, repleto de señoritos amorales acostumbrados a hacer su voluntad sin que nada se atraviese en su acción. En ese mundo aparece una mujer joven de clase baja, una peluquera que ha llegado a relacionarse con ese entorno porque en un momento fue la novia de uno de esos pijos que son amigos de los protagonistas.

Tenemos así dos universos distantes: el que domina y el que acepta resignado el dominio. El que manda y el que es mandado. El que aporta el brillo y el que hace el trabajo oscuro. O el trabajo, simplemente. En este libro hay caricatura del poder del dinero, de los especuladores y los ricos sin alma ni sentido de la realidad, de los depredadores sexuales y el propio sistema que consiente la existencia de todo ello. Hay también corrupción y pelotazos urbanísticos, políticos iletrados y populistas de manual. Y hay un sentido narrativo muy estimable, una capacidad para seducir con las palabras digna de un buen escritor.

 

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: ‘Après un rêve’ de Fauré

2012 abril 28
por César Coca

Après un rêve de Fauré es una de esas piezas breves cargadas de lirismo y melancolía, una canción que suele interpretarse en muchas versiones (escrita para voz y piano, hay versiones para todos los instrumentos, algunas incluso más escuchadas que el original) y muchas veces como propina de un concierto o recital.

Fauré es un músico muy apreciado en Francia pero menos conocido fuera, aunque la difusión de su obra va en aumento. Su formación estuvo vinculada a la Iglesia y trabajó como organista en varios templos importantes de ciudades francesas. La primera de ellas fue Rennes, donde el párroco y el obispo se pusieron en su contra. Primero porque aprovechaba el sermón (esos minutos en los que la liturgia no contempla el uso de música) para salir a la calle a fumar un pitillo, y luego porque un día se presentó a la misa mayor a tocar el órgano ataviado con el traje con el que había acudido a una boda el día antes y se había pasado la noche en la juerga posterior.

Fauré tuvo una vida amorosa bastante complicada. Estuvo casado y tuvo amantes, alguna muy oficial, pues vivía en un piso que él le pagaba y tuvo hijos con ella, a los que trataba con toda normalidad como padre.

Su música es propia de un tardorromanticismo y preludia el impresionismo que desarrollarán sobre todo Debussy y Ravel. Sus obras más famosas son el Requiem, la Pavana y esta canción. Y una anécdota: Fauré fue organista de la Madeleine, esa iglesia con aspecto de templo griego que está junto a la plaza de la Concordia, al final de la impresionante Rue Royal. Y lo fue también en la iglesia de Saint Sulpice, la segunda mayor de la ciudad, tras Notre Dame, y donde ocurre una escena clave de El código Da Vinci, de Dan Brown; esa iglesia que ahora visitan muchos turistas y en la que el párroco se ha visto obligado a poner un cartel diciendo que nada de lo que Brown explica que hay en ella es cierto.

 

Les dejo una versión para violín y piano, con el gran Nathan Milstein al violín y Leon Pommers al teclado.

El arte y las atrocidades

2012 abril 27
por César Coca

Ayer se cumplieron 75 años del bombardeo de Gernika. Una atrocidad. No voy a detenerme en el hecho histórico en sí, suficientemente analizado y del que se ha hablado estos últimos días en todas partes (Por si no lo vieron, les recomiendo este magnífico especial). Pero sí voy a referirme al papel que el arte juega tras una barbaridad así. Un papel de defensa de la libertad y la memoria de las víctimas, de homenaje y reparación siquiera moral, de denuncia y protesta.

Los hechos más terribles de la historia de la humanidad son un alimento inagotable para los artistas, que encuentran en ellos material para obras imperecederas. Gernika, el horror nazi, los gulags, las matanzas de las dictaduras en tantos sitios, el apartheid, han generado cuadros, obras musicales, películas, poemas, novelas. Y así la conciencia de lo ocurrido se ha extendido y multiplicado, ha llegado hasta gente que sin esa producción artística quizá nunca hubiera tenido noticia de esos hechos.

Gernika es historia. Pero es también conciencia en todos nosotros cada vez que escuchamos la ópera  de Escudero o la partitura de Sorozábal, o cuando vemos el cuadro de Picasso, por poner solo algunos ejemplos. Las muertes son irremediables. Ninguna de las víctimas volverá a la vida. Ninguno de sus familiares olvidará el dolor sentido. Al menos nos queda el arte.