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¿Debe ser culta la persona que dirija un departamento de Cultura?

2014 octubre 29

Lo habrán leído ustedes en las páginas de EL CORREO: la ministra francesa de Cultura ha reconocido que no ha leído ni una página de Patrick Modiano, el escritor galo que el próximo 10 de diciembre recogerá el premio Nobel de Literatura en Estocolmo.
Cuando la Academia sueca anunció el galardón, el pasado día 9, la ministra hizo público un comunicado en el que decía: «De La Place de l’Etoile a su última novela, Pour que tu ne perdes pas dans le quartier, su obra impregnada de una dulce melancolía se aventura con una infinita poesía en los repliegues de la memoria y los meandros del recuerdo». De ese comunicado se pueden asegurar dos cosas: primera, que no lo había escrito ella. Segunda, que se podía haber dicho lo mismo con un poco menos de cursilería.
Hay que agradecer a Fleur Pellerin su sinceridad. Pero también es preciso criticar su falta de reflejos. Porque ha tenido un par de semanas para leer algo de Modiano (sus libros no tienen muchas páginas). Seguro que tiene una carga importante de trabajo, pero conocer la obra del autor que ha ganado el Nobel también forma parte de sus obligaciones. Sin olvidar que es probable que represente a Francia en la ceremonia de Estocolmo y sería un poco vergonzoso que justo ella se alineara con los presumiblemente pocos asistentes que en ese momento no habrán leído nada del galardonado.
Dicho lo cual, ¿es importante que quien está al frente de la cartera de Cultura tenga un conocimiento directo de la mejor producción cultural de su país? Pienso que no es imprescindible –no se puede saber de todo, además– pero sí muy conveniente. Hay estupendos gestores culturales que no son personas de una cultura exquisita. Y personas cultísimas cuya gestión en ese negociado ha sido un desastre absoluto. No es precisa una cultura enciclopédica, pero tampoco conviene que se noten algunas importantes carencias. El ejemplo es fundamental.

Un libro cada semana: ‘Esta es tu vida’ de José Sanclemente

2014 octubre 27

La biografía profesional de José Sanclemente es por lo menos inusual. Principal ejecutivo de uno de los mayores grupos de comunicación españoles durante muchos años, presidente de la AEDE, consultor, ahora gestor de eldiario.es, dedica su tiempo libre a escribir novelas y en ellas vuelca su amplio conocimiento del mundo de los medios. Ha creado además dos personajes condenados a entenderse –incluso, a amarse– y a trabajar unidos aunque a veces les resulte más que incómodo: son el inspector de policía Julián Ortega y la periodista Leire Castelló.

Esta es su tercera novela y en ella hallamos a Leire Castelló como presentadora del informativo matinal de una cadena de TV en la que todo gira alrededor de programas-basura, esos en los que vende intimidades ajenas a precio de menudillos y consigue a cambio suculentas audiencias y por tanto ingresos publicitarios. La novela comienza cuando una concursante de un reality-show llamado Esta es tu vida aparece colgada en la torre de un campanario de un pequeño pueblo de Barcelona. El párroco ha creído ver al mismo diablo merodeando por la iglesia momentos después del crimen.

Como es lógico, no hay intervención diabólica, sino un asesinato perfectamente planificado en cuyo origen se entrecruzan una orden religiosa creada por una persona acusada de una larga serie de abusos a menores y una multinacional productora de semillas que ha ido empobreciendo a miles de agricultores para hacerse con el monopolio del mercado. Todo ello, mientras la cadena de TV que emite el programa trata de rentabilizar el suceso haciendo una especie de programa interminable en el que se revuelve cuanto haya que revolver en busca del morbo y la audiencia.

Sanclemente ha urdido muy bien una trama en la que lo más interesante es cuanto pasa en la cadena y cuanto sucede a sus propietarios y profesionales. Hay algunos personajes que recuerdan a directivos y presentadores conocidos. Y hasta aparecen guiños del autor a su pasado y presente profesional. Todo es ficción pero no parece imposible, en absoluto, que las cosas pudieran ser así. Vean algunos programas que se emiten hoy mismo y estarán de acuerdo en esto.

 

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Concierto para violonchelo y orquesta de Schumann

2014 octubre 24

Hay un mito muy extendido: que los artistas en general son personas de vidas complicadas, siempre con un pie en la locura porque la creatividad lo exige. El mito ha tenido éxito enorme en algunas épocas, porque además se alimenta de casos reales muy conocidos. Da igual que la gran mayoría de los artistas y creadores de todas las épocas hayan tenido vidas bastante convencionales, esos casos no cuentan. Solo lo hacen los extraordinarios. Es lógico que así sea: a todos nos interesan mucho más esas biografías plagadas de excesos y delirio. Y, para quienes no tenemos talento artístico, es un consuelo: a cambio, mantenemos más o menos nuestro equilibrio psíquico, pensamos. En fin, qué les voy a contar.

Uno de los casos con los que se ha alimentado ese mito es el de Schumann, que como ustedes saben murió cuando llevaba un par de años en un sanatorio psiquiátrico, donde fue ingresado después de un intento de suicidio y tras haber dado con anterioridad numerosas señales de que algo en su cabeza se había roto. Una de las últimas grandes obras de Schumann (un compositor culto, interesado por la poesía y la literatura en general, buen conocedor de cuanto se hacía en el campo artístico en su tiempo) es este Concierto para violonchelo y orquesta que hoy les propongo. Una de las últimas grandes en el sentido de obras de grandes proporciones y ambición, porque este concierto no es lo último de su catálogo pero a partir de él no se encuentran apenas obras de relieve.

En este concierto, compuesto cuando tenía 40 años, están todos los elementos característicos de la música de Schumann: la riqueza melódica, el salto de la alegría al drama, un alto grado de complejidad en el desarrollo de los temas… Es decir, el Romanticismo en estado puro, antes de que, dentro de su lógico proceso evolutivo, se mezclara con elementos procedentes del nacionalismo y otras corrientes. Les dejo la versión de Jacqueline Du Pré, junto a la New Phlharmonia Orchestra dirigida por Daniel Barenboim. Disfruten.

Un libro cada semana: ‘Demonios familiares’ de Ana María Matute

2014 octubre 20
por César Coca

Ana María Matute dejó una novela sin terminar. Es esta. La suerte es que la autora barcelonesa corregía el texto con todo detalle a medida que avanzaba, de forma que el original estaba prácticamente listo para publicar… salvo que no no había sido acabado.

¿Tiene importancia ese no-final? A la vista del resultado, no. Aunque sea involuntario, parece uno de esos desenlaces abiertos que dejan a la imaginación del lector la resolución de algunos problemas y el futuro de un puñado de personajes. La trama es sencilla: Eva es una adolescente que, cuando la novela arranca, lleva un año en un convento, a la espera de convertirse en novicia. Su padre es un coronel veterano de la guerra de África que está impedido, en una silla de ruedas. Viven en una gran casa de un pueblo dominado por algunos caciques –su progenitor es uno de ellos– junto a la mujer que la crió tras la muerte de la madre en el parto y un criado-ayudante para todo.

La muchacha es rescatada del convento al inicio de la Guerra Civil. Para entonces ya había decidido que no se haría novicia y al regresar a casa no solo descubre la trinchera afectiva que se ha abierto entre unos vecinos y otros por razones políticas, sino que conocerá historias que sucedieron en su familia antes de que ella naciera y que condicionan su presente. Además de eso, hay una amiga con un problema grave y un muchacho herido al que deben esconder para evitar que caiga en manos enemigas.

Algunas constantes de la literatura de Matute están aquí muy presentes: ese estilo limpio, por momentos inocente, con el que narra; esa visión externa de la Guerra Civil que convierte el conflicto en algo mucho más profundo que una contienda militar; esa imagen no siempre optimista de los vínculos de sangre; esa integración tantas veces conflictiva de las mujeres en un mundo dominado por hombres…

En la edición de Demonios familiares hay un detalle que emocionará a los amantes de la literatura: son esas páginas que reproducen el original. Ahí está el texto mecanografiado por la autora y sus correcciones a mano. Leer esos párrafos, ver lo que escribió y cómo cambió algunas cosas, es casi como haber estado junto a Ana María Matute mientras trazaba la historia de Eva.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: ‘Pasacalle’ de Haendel/Halvorsen

2014 octubre 17

Si ustedes han visitado la Abadía de Westminster saben que una de las tumbas más impresionantes de las que allí se encuentran es la de Haendel, un músico alemán de nacimiento que terminó nacionalizándose inglés y convirtiéndose, seguramente, en la mayor figura de la música que ha producido su obra en ese país. Haendel practicó todos los géneros y es autor de un catálogo impresionante.

Para hoy les propongo una pieza que ha adquirido celebridad en una versión que debe mucho a un compositor imagino que desconocido para la mayoría de ustedes. Yo empiezo por admitir que no he escuchado nada suyo a excepción de este trabajo y de otro arreglo de la Sarabande del mismo Haendel. Se trata de Johan Halvorsen y la partitura escogida es su arreglo para dúo de violín y viola (aquí sustituida por el chelo) del Pasacalle de la Suite HWV 432.

Les dejo una versión a cargo de dos músicos jóvenes que a mi juicio son excelentes. De Julia Fischer ya les he hablado alguna ocasión en este mismo blog. Junto a ella está el violonchelista Daniel Muller-Schott. Disfruten.

¿Cambio de rumbo en el premio Planeta?

2014 octubre 16

Han pasado apenas nueve horas desde que se anunció el ganador del premio Planeta, el de mayor cuantía por un solo libro de las Letras en español. El primer análisis que puede hacerse de los nombres del ganador (Jorge Zepeda) y la finalista (Pilar Eyre) es que el premio parece haber cambiado de rumbo. El dúo de este año tiene un aspecto diferente al de ejercicios anteriores. Es cierto que se trata de un hombre y una mujer, lo que ya viene a ser un clásico del galardón, y que ella es una periodista especializada en temas vinculados a la Casa Real, lo que la sitúa más o menos en la estela de algunas otros galardonados. Es en el nombre y la trayectoria del ganador donde se aprecian los mayores cambios.

Veamos: es el primer mexicano que ha recibido el premio. Solo son siete los latinoamericanos que se lo han llevado desde que se concediera por primera vez, en 1952. Alguien pensará que Planeta necesita aumentar sus ventas en América latina, después de que el premio haya perdido parte de su empuje comercial en España. Puede ser. Lo que sucede es que el ganador no responde al patrón habitual. Zepeda es un periodista especializado en asuntos políticos, que dirige y ha dirigido publicaciones impresas y digitales y ha escrito sobre el oscuro y denso mundo de la corrupción en su país. Hace un año publicó una novela titulada Los corruptores que va precisamente de eso. Un libro escrito con el buen pulso y el sentido del ritmo que caracterizan a un periodista experimentado, con dominio de su oficio. Una novela, hay que añadir, muy inquietante por lo que revela sobre el funcionamiento del aparato político en su país. Cuando apareció ese libro, tuve una larga conversación con Zepeda en la terraza del Hotel de las Letras de Madrid. Esta fue la entrevista. Al acabar, mientras recogía mis cosas y bajábamos hasta el vestíbulo me fue contando que estaba escribiendo otra novela con los Azules, los mismos personajes de Los corruptores, y que en esta ocasión estaba ambientada en parte en España. Esa era justo Milena y el fémur más bello del mundo, con la que ha ganado el Planeta.

Sospecho que salvo para un puñado de aficionados a la novela negra, el nombre de Zepeda decía poco o nada hasta anoche. De ahí que muchos entiendan que es una sorpresa que haya resultado el ganador. No he leído el libro premiado, claro está, pero estoy seguro de que será una novela con un nivel mayor a no pocas de las premiadas en años anteriores. Eso no obsta para que sus ventas, al menos en España, no sean mejores. Ese es otro tema, como bien saben. Pero el Planeta parece haber cambiado algo el rumbo y les confieso que me gusta más este que el inmediatamente anterior.

Un libro cada semana: ‘Lo que a nadie le importa’ de Sergio del Molino

2014 octubre 13
por César Coca

Pocas novelas de la literatura española contemporánea tienen un comienzo tan sugerente como esta. Un arranque donde el abuelo del narrador, literalmente al borde de la muerte, dice a su esposa, con la que ha compartido décadas de convivencia rutinaria, sin sobresaltos, tan áspera y confiable como algunos paisajes: «Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos».

¿Qué hay tras esa frase? El muchacho que era entonces el narrador se puso a investigar en la vida de su abuelo y el resultado es esta novela dura en su contenido y brillante en cuanto al estilo, que mezcla géneros, tritura el tiempo y sorprende por la aparente naturalidad del resultado. Sergio del Molino, que ya había impresionado a los críticos con La hora violeta, describe aquí lo mismo la batalla del Ebro –entremezclando planos, uniendo el relato de aquel episodio atroz con su propia visita a los escenarios bélicos– que la oscura vida de su abuelo como dependiente en un gran almacén de Madrid. Allí transcurrió su vida: amable, sereno, leal a la empresa y siempre temeroso de que un día sorprendieran a alguno de sus familiares tratando de llevarse algo sin pagar.

En Lo que a nadie importa hay además una pintura de Madrid, el de la interminable postguerra y el de ahora mismo. No hay tanta diferencia. En las páginas que describen la ciudad y sus ambientes se percibe un eco umbraliano que el autor reconoce sin dudar. Se escucha también en la capacidad para disparar frases como sentencias, en describir una escena con un solo adjetivo.

Sergio del Molino ha escrito una novela llena de las referencias culturales que lo han alimentado pero que puede leerse dejándolas a un lado. El personaje discreto y temeroso del hombre que al jubilarse se retira al pueblo del que nunca se sintió parte y se mimetiza con él tiene tanta fuerza que se entiende que el autor diga que, de no haber existido ese abuelo, quizá nunca se habría convertido en escritor.

 

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Estudio op. 8 Nº 12 de Scriabin

2014 octubre 10
por César Coca

¿Alguna vez se ha imaginado un montaje multimedia en lo alto de la cordillera del Himalaya, con música, luces y aromas? Supongo que le parecerá cosa de locos, pero un compositor ruso llamado Alexander Scriabin ya había diseñado algo así hace un siglo. Por supuesto, no llegó a verlo hecho realidad.

Scriabin era un creador genial a quien conviene despojar de unas cuantas cosas y quedarse solo con su obra. Seguidor de las doctrinas de la teosofía que en su tiempo causaron furor, con una capacidad para la sinestesia que le hacía ver las notas musicales con distintos colores, eterno buscador de nuevas formas y sensaciones hasta el extremo de estudiar de qué manera podían liberarse aromas en una sala de concierto a medida que avanzaba la interpretación de las piezas… Todo eso era este compositor ruso vinculado por lazos familiares a Mólotov, que dio nombre a eso que ustedes saben. Pero lo más importante es que se trata de un músico innovador y un gran pianista pese a tener unas manos muy pequeñas, que dejó un puñado de obras muy interesantes aunque no demasiado populares en el sur de Europa.

Les dejo una miniatura de enorme interés, creo yo. Se trata del Estudio op. 8 Nº 12, interpretado nada menos que por Vladimir Horowitz, ya octogenario en el momento de este recital.

Van a disfrutar mucho. Se lo aseguro.

Últimas apuestas sobre el Nobel

2014 octubre 8
por César Coca

El juego de las apuestas sobre el Nobel es realmente divertido, porque si se sigue con atención parece bastante evidente que los movimientos no responden a ningún otro criterio que no sea las preferencias de los apostantes. O las campañas que, según dicen algunos, se hacen incluso en ese ámbito para tratar de convencer a los miembros de la Academia sueca.

Hoy hace una semana me permitía hacer una quiniela y no la cambiaré al hilo de los nuevos favoritos de los apostantes. No lo haré porque sería oportunista y porque no me creo nada sobre esos movimientos. Pero sí quiero informarles de cómo se va moviendo ese capítulo líquido de los favoritos… para quien razonablemente no tiene dato alguno sobre los nombres que los académicos tienen sobra la mesa. Recordarán que hace unos años hubo un movimiento extraño en las casas de apuestas, y la figura ascendente fue justo el ganador del premio. Desde entonces, la Academia sueca parece impermeable y nunca quien figuraba como máximo favorito el día antes se ha llevado el galardón.

De ser así, Thiong’o no tiene ninguna posiblidad porque tras unos días en que ha dejado a Murakami el liderazgo de las apuestas ha vuelto al primer puesto. Ninguno de los dos ha cambiado su cotización comparándola con la del miércoles pasado. Suben en las preferencias de los apostantes Assia Djebar (ha pasado de 14/1 a 10/1), Joyce Carol Oates (de 16/1 a 12/1), Milan Kundera (de 25/1 a 16/1) y Ko Un (de 33/1 a 25/1).

Por el contrario, pierden posiciones Ismail Kadaré, que ha pasado de cotizar 10/1 a literalmente desaparecer de la lista, Svetlana Alexievich (cae de 6/1 a 10/1), Adonis (de 10/1 a 16/1), Philip Roth y Peter Handke (de 12/1 a 16/1) y Peter Nadas (de 14/1 a 20/1). Son los movimientos más llamativos en cuanto a cifras, pero me parece que lo más significativo es que si hace una semana solo había una mujer en los cinco primeros puestos (Alexievich, en tercer lugar tras Thiong’o y Murakami), ahora están Djebar en el tercero, la citada Alexievich en el cuarto y Joyce Carol Oates en el quinto.

Mañana, a la una en punto, Peter Englund nos sará la solución.

Un libro cada semana: ‘Nunca ayudes a una extraña’ de J.M. Guelbenzu

2014 octubre 6
por César Coca

José María Guelbenzu ha creado uno de los personajes más interesantes de la novela policial española: la juez Mariana de Marco, que protagoniza ya la séptima novela de una serie que nació como un divertimento y se ha ido consolidando con cada entrega.

Tras Muerte en primera clase, que hizo un homenaje más que evidente a Agatha Christie y se llevó a la protagonista hasta un crucero por el Nilo, Guelbenzu vuelve a situar a la juez en la localidad de G., a orillas del Cantábrico. Ahora debe investigar qué se esconde tras lo que parece un suicidio, que se ha producido horas después de que un periodista de paso por la ciudad auxilie a una mujer que acaba de ser violada. Mariana de Marco ha de indagar en el mundo subterráneo de tres familias muy relevantes en la ciudad, que esconden secretos y miserias en abundancia. Lo hace ayudada por el periodista que se ha visto involuntariamente implicado en el asunto y que tiene un interés propio porque se ha enamorado de la juez.

La novela cumple con todos los rituales del género y retrata a un periodista a la vieja usanza, de los que investigan sobre el terreno y se lanzan tras las pistas para intentar comprender el asunto en toda su complejidad. Ahí está también la juez, a quien esta vez el autor no enredará con ningún hombre peligroso pero la colocará en cambio ante la coyuntura de seguir viviendo sola y con aventuras ocasionales, como decidió hace algún tiempo, o entregarse a una relación distinta. Intriga de la buena, retratos psicológicos interesantes y la buena escritura que siempre ofrece Guelbenzu. Estos son los ingredientes de Nunca ayudes a una extraña.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

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