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Ningún fin de semana sin música: Aria ‘Oh! Quante volte’ de ‘Capuletos y Montescos’ de Bellini

2016 febrero 12

Estamos en vísperas de San Valentín (el domingo es 14) y en la calle tenemos toda la parafernalia comercial de la ocasión. Hagan o no caso a la misma, como deseen. Por mi parte, voy a aprovechar la ocasión para proponerles una obra muy relacionada con la fecha: una de las arias más célebres, si no la que más, de la ópera Capuletos y Montescos de Bellini.

Bellini entra de lleno en la categoría de compositores que murieron muy jóvenes privándonos de una obra magnífica en cantidad y calidad. Cuando dijo adiós tenía solo 34 años y ya había escrito un buen puñado de óperas entre las que tres permanecen en el repertorio más habitual: La sonnambula, I Puritani y Norma. Capuletos y Montescos, cuyo libreto parte de la misma historia que había utilizado Shakespeare para su Romeo y Julieta (y que, al parecer, Bellini no llegó a conocer), no es tan conocida, pero con todo se mantiene en el repertorio aunque en un plano muy inferior. Bellini, que escribió melodías inolvidables, reservó para esta obra una de las más bellas. Vean si no esta aria, titulada Oh! Quante volte. Por cierto, que en esta obra el papel de Romeo suele estar interpretado por una mezzosoprano.

Se la dejo en la versión de Anna Netrebko. Disfruten.

Un libro cada semana: ‘Rosy & John’ de Pierre Lemaitre

2016 febrero 8
por César Coca

Las nuevas tecnologías están propiciando experimentos literarios que no son exactamente inéditos pero que sí modifican algunas convenciones de los géneros. Por ejemplo, a Pierre Lemaitre, exitoso escritor de novela negra que saltó a la fama fuera de su país con Nos vemos allá arriba, ganadora del Goncourt, le ofrecieron en 2013 escribir una novela para smartphones. Lo peculiar de la propuesta es que los capítulos debían ser muy breves, apenas tres pantallas, que al parecer es el tiempo medio de lectura tipo entre trasbordos en la red de metro de París. Con esas condiciones Joyce no habría podido escribir Ulises ni Tolstói Ana Karenina, pero por suerte ellos no estuvieron tan limitados.

Ahora bien, Lemaitre ha resuelto con brillantez los problemas estructurales que le planteaba el formato, hasta el punto de que, trasladada a libro convencional, Rosy & John resulta una novela breve escrita a un ritmo infernal, plasmado en escenas muy cortas pautadas por un reloj que marca el ritmo de la acción.

El punto de partida parece un guiño a la actualidad: una bomba explota en una calle de París donde abundan las terrazas repletas de gente que disfruta de un agradable día. La ha colocado un joven que filma la escena con su móvil y que a continuación se entrega a la Policía y pide hablar con Verhoeven, el policía que ha protagonizado una serie de Lemaitre. Es a él a quien hace una propuesta: si liberan a su madre –encarcelada–, les dan cuatro millones de euros y unos billetes con destino a Australia, revelará donde están colocadas otras seis bombas. Si no, cada día estallará una.

A partir de ahí, la Policía inicia una carrera contra el reloj, narrada casi minuto a minuto porque nadie tiene claro si se trata de un chalado, dado que el joven ha visto morir a su novia y a su jefe en extraños accidentes y está muy solo desde el encarcelamiento de su madre. Una novela que se lee de un tirón, y en este caso es literal. Dos horas –o un poco más, depende de la velocidad de lectura de cada uno– frenéticas junto al peculiar Verhoeven.

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: Sonata Op. 6 Nº 6 de Albinoni

2016 febrero 5
por César Coca

Alguna vez he comentado en este blog que es mucho más fácil que me encuentren en Venecia durante un carnaval que en Rio. Por mi debilidad respecto de la ciudad de los canales, por su historia, su cultura, su música y la fascinación que me producen esos disfraces y máscaras que proceden de la época barroca, cuando el carnaval duraba casi medio año y la ciudad era una fiesta un día sí y otro también. Tenía que ser muy interesante la vida en la República Serenísima…

Como el carnaval está aquí, mi propuesta de este viernes es una obra de un músico veneciano: Tomaso Albinoni. Un compositor peculiar, que no tuvo que trabajar para la Iglesia ni apenas estableció trato con los aristócratas de la época (alguno sí hubo) porque procedía de una familia de acaudalados comerciantes, de manera que tenía recursos económicos para escribir lo que quisiera, al margen de los encargos y obligaciones que otros músicos mucho menos afortunados tenían que satisfacer.

Albinoni coincidió en el tiempo con un gigante: Vivaldi. Ello ha ensombrecido un tanto su obra, que sin embargo tiene un valor muy notable. En la parte instrumental de su catálogo podría decirse que sus movimientos rápidos son inferiores en ritmo, imaginación y desarrollo a los de Vivaldi, pero los movimientos lentos tienen una intensidad y emoción en muchos casos superiores. Les dejo esta Sonata op. 6 Nº 6, para violín, violonchelo y clavicémbalo. Disfruten.

Castigo para quien diga o escriba ‘interactuar’

2016 febrero 3
por César Coca

Las lenguas no son ajenas a las modas porque los hablantes las asumimos con gusto y las seguimos sin pararnos a reflexionar. De ahí que cada cierto tiempo prolifere el uso de términos que, sin ser del todo incorrectos, se extienden de tal manera que abarcan muchos más campos de aquellos que parecerían los propios, y acaban por no significar nada, de tanto querer significarlo todo.
Hace un tiempo se puso de moda el verbo crecer. Crecían las personas (y se aplicaba a casi todo, menos al primer sentido, el relativo a ganar estatura), los equipos, las organizaciones, las sociedades, las profesiones y su ejercicio… Por eso leíamos y escuchábamos una y otra vez el verbo, que sustituía a otros mucho más concretos en su significado: evolucionar, desarrollar, perfeccionar, madurar, progresar, avanzar, mejorar, ascender, agrandar, prosperar, enriquecer, medrar…
El verbo de moda ahora mismo es interactuar. Hace poco leí en un informe que el recreo es un espacio en el que los enseñantes deben lograr que los niños «interactúen». Y días atrás, en una reunión de expertos en una materia concreta, el moderador pidió a los asistentes que «interactuaran». ¿Por qué interactuar? ¿Qué se quiere decir exactamente con ello? Porque interactuar puede ser jugar, relacionarse, hablar, discutir, debatir, intercambiar, mirarse, tocarse, tener sexo, conocerse, pegarse, insultarse… y unas cuantas cosas más. ¿Por qué no concretar qué queremos decir en vez de usar un término tan ambiguo que no significa nada?
Decía García Márquez que hay unas cuantas cosas que perjudican mucho el estilo a la hora de escribir; y también de hablar, imagino. Una de ellas era «usar palabras de sociólogos». Pues bien, estoy seguro de que si hubiese alcanzado a conocer esta moda habría dictado una maldición contra quienes usan el término. Cien años de soledad como castigo para quienes digan (o escriban) interactuar, por sus daños al idioma.

Un libro cada semana: ‘Esto no es una historia de amor’ de José A. Pérez Ledo

2016 febrero 1
por César Coca

Todo empezó con Shakespeare y aquellos dos adolescentes capaces de morir por amor. Pero, sin ir tan lejos, el cine y muchas novelas, baratas y no tanto, han creado un cliché sobre el amor romántico que ha terminado por generar frustración en quienes lo persiguen sin encontrarlo, como quien camina tras un fantasma sin darle alcance. Ese es el punto de partida de esta novela de amor y humor que ha escrito José A. Pérez Ledo, guionista de programas como El hormiguero y El club de la comedia, director de espacios televisivos de divulgación científica y autor del blog Mi mesa cojea.

La novela de Pérez Ledo se centra en la peripecia de un joven periodista que se gana la vida como autor de biografías por encargo. Trabajos alimenticios en el menos noble sentido del término, encargos de los empleados de una gran empresa cuando el jefe se jubila y quieren un último acto de halago sin límites, peloteos de la peor ley.

Daniel, que así se llama, no cree en el amor, al menos en ese que pinta el cine, con violines sonando cuando los protagonistas se besan sobre un fondo dorado. Todo cambia cuando conoce a la hija díscola e independiente del empresario sobre el que tiene que escribir. Entonces, su vida se trastoca ante la mirada perpleja de amigos y exnovias, que nunca lo han visto así. En especial cuando las cosas se tuercen –siempre se tuercen, prepárense para ello– y el protagonista inicia un proceso de autodemolición que termina por ser especialmente cómico y que cualquiera que tenga más de treinta años ha vivido al menos una vez.

Esto no es una historia de amor es una novela con numerosas referencias, directas e indirectas, a Woody Allen, que se convierte en un retrato de la generación que, teniendo más medios que nunca en la Historia para comunicarse, más dificultades encuentra para hacerlo. Imposible leerlo sin que aflore la sonrisa y una sensación de complicidad con el autor.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Trío para piano Nº 1 de Mendelssohn

2016 enero 29
por César Coca

A Mendelssohn, un compositor de familia rica, culto, afortunado en el amor, amigo de un puñado de artistas de gran talento, dotado él mismo para las artes más allá de la música, solo le faltó una cosa para tener una vida perfecta. O quizá dos: una habría sido que esa misma vida hubiese sido más larga, porque murió con solo 38 años. La otra, que no hubiese tenido que sufrir, en vida y mucho más allá de su muerte, la ola de antisemitismo que inundó Europa hasta una época bien reciente.

Porque cuesta creer, pero Wagner lo ninguneó por su origen judío, y luego su nombre se cayó de los carteles cuando los nazis llegaron al poder. De esa manera este compositor que encarna el Romanticismo más puro casi mejor que ningún otro, que redescubrió a Bach y promovió a los compositores de su tiempo, hubo de ser rescatado él mismo. Autor de un interesante catálogo sinfónico, un extraordinario concierto para violín, unas obras para piano solo muy estimables y un puñado de hermosas canciones, dejó también algunas partituras de cámara muy bellas. Quizá la mejor sea este Trío para piano Nº 1. Se lo propongo para este fin de semana en una versión de lujo: con Anne-Sophie Mutter al violín, André Previn al piano y Lynn Harrell al chelo, en una grabación realizada en la sala Brahms del Musikverein de Viena, menos conocida que la sala Dorada pero no menos bella.

Un libro cada semana: ‘Los tres violines de Ruven Preuk’ de Svenja Leiber

2016 enero 25
por César Coca

Existen muchas novelas que narran historias de músicos con talento desbordante, a veces con éxito y otras sin él, pero siempre personalidades avasalladoras. Lo que la alemana Svenja Leiber cuenta es bien diferente: la peripecia de un modesto violinista que sale de su casa para aprender con maestros tan modestos como él mientras busca la manera de ganar unos marcos para sobrevivir. La novela comienza poco antes de la Primera Guerra Mundial, cuando Ruven Preuk es apenas un niño, y termina en 1975, cuando el personaje se asoma ya a la ancianidad y comienza a despedirse de cuantos han compartido trayecto con él.

Un trayecto que nunca es fácil cuando se ha nacido en el seno de una familia con muy pocos recursos. Preuk no dispone de los mejores profesores, ni tiene un gran instrumento a su disposición para tocar. Cosecha más de un fracaso cuando trata de acceder a un puesto en una orquesta y algo parecido sucede en su vida amorosa. Y, además, un accidente le causa una cojera que no le impedirá participar en la Segunda Guerra Mundial y sufrir heridas de consideración.

La lucha de Preuk es la de cualquier ser humano que quiere cumplir un sueño. Pero muchos de los obstáculos que encuentra son superiores a sus fuerzas y llega un momento en que se cansa de luchar. Entonces se convierte en una sombra de sí mismo, en un viejo violinista que ya ni siquiera es un artista honrado pero sin relieve, sino una caricatura, una sombra de una insignificancia. Además, forma parte de una generación sacrificada: la de quienes lucharon por una causa en la que no creían, se dejaron la sangre en ella, y a su regreso a casa vivieron el rechazo de aquellos que se sumaron con entusiasmo a la misma y el de quienes la combatieron en la clandestinidad. A Preuk todo le llega demasiado tarde o demasiado pronto. Y eso es siempre el camino más seguro hacia la infelicidad.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: ‘Invierno porteño’ de Piazzolla

2016 enero 22
por César Coca

Astor Piazzolla hizo su particular homenaje a Vivaldi al escribir Las cuatro estaciones porteñas, unas piezas que se interpretan con formaciones distintas, que van desde el piano al trío, el pequeño grupo de cámara y la orquesta sinfónica. Da igual la plantilla de intérpretes que se utilice. Si se hace bien el resultado es siempre espléndido porque se trata de unas obras bellísimas.

Piazzolla, que durante un tiempo tuvo que soportar que el sector más conservador del tango lo tildara de traidor y los puristas de la música clásica lo vieran como un advenedizo, es a estas alturas una de las figuras esenciales de la música del siglo XX. Pocos como él han sabido integrar el folclore en la mejor tradición de la cultura occidental, elevando el tango a una categoría musical antes desconocida. Compuso muchas obras, algunas de las cuales son prácticamente desconocidas fuera de su país, pero hay un puñado de ellas que han alcanzado la celebridad. Este Invierno porteño es una de ellas. Les sugiero que lo escuchen contemplando la lluvia desde la ventana, y viendo cómo la gente corre a refugiarse o camina con prisa bajo su paraguas. Qué poder evocador. Les dejo una versión con el propio Piazzolla. Disfruten.

‘Mi lucha’, aburrido y risible

2016 enero 19
por César Coca

Estos días aparece en las librerías alemanas un volumen que no es precisamente una novedad pero que ha sido acogido con una expectación superior a lo último del más célebre de los novelistas. Se trata de Mein Kampf  (Mi lucha) de Adolf Hitler, que ha quedado libre de derechos. Se ha realizado una edición crítica en la que distintos especialistas desmontan los argumentos y la falsedad de no pocos hechos citados por el autor para avalar sus ideas.

Como saben, Hitler empezó a escribir el libro mientras cumplía condena en la cárcel tras el fracasado intento de golpe de Múnich. El paso por prisión del futuro führer debió de ser bastante cómodo: recibía continuas visitas de sus admiradores y el régimen de su estancia era más próximo al de un hotel de medio pelo que al de una cárcel convencional. La primera edición salió a la calle el 18 de julio de 1925. Luego se publicó un segundo tomo. A partir de la llegada al poder de los nazis, a comienzos de 1933, se convirtió en un best seller, circunstancia a la que ayudó no poco que fuera prácticamente de lectura obligatoria y que se extendiera la costumbre de regalarlo a las parejas cuando contraían matrimonio. El resultado económico fue que Hitler se convirtió en millonario a cuenta de los derechos de autor, para que luego digan que no se puede vivir de la escritura.
Ironías aparte, entiendo, pero solo relativamente, los temores que en algunos ambientes ha suscitado la publicación de la obra en Alemania. ¿La razón? Que el libro es aburrido y confuso, la argumentación muestra una desconcertante debilidad, los hechos en los que se apoyan muchas ideas son tan manifiestamente falsos que dan risa y la opinión general que tiene el autor sobre la ciudadanía no puede ser más pobre. Dicho de otra manera: a mí me molesta que el autor de un libro me tome por tonto y trate de convencerme a base de seudorrazonamientos más simples que el mecanismo de un sonajero. Y encima, trufados de falsedades. Eso es exactamente lo que pasa una página sí y otra también en este libro.
Se preguntarán si lo he leído o hablo de oídas. Lo he leído. Tuve que hacerlo cuando preparaba mi tesis doctoral. Les aseguro que estaba deseando terminarlo porque me pareció insufrible. Si realmente hay muchos en Alemania que podrían ser convencidos por ese texto es que en aquel país tienen un problema. Grave.

Un libro cada semana: ‘¡Llegaron!’ de Fernando Vallejo

2016 enero 18
por César Coca

Fernando Vallejo es un escritor de biografía singular (renunció a la ciudadanía colombiana por la mexicana, pero luego trató de recuperarla; fue un pianista excelente; ha dirigido películas y levanta oleadas de polémica allá donde va), que ha publicado un puñado de libros caracterizados por un lenguaje descarnado, la dureza en el tratamiento de los temas y su crítica durísima de la Iglesia y los sucesivos gobiernos de Bogotá.

En ¡Llegaron! se produce un importante cambio de registro. El título es el grito que daban en la casa de sus abuelos cuando veían aparecer en la última curva del camino el vehículo en el que llegaba la familia, que era un microcosmos completo: una veintena larga de hijos, tías, tíos y otros parientes. Vallejo recurre a una larga y desprejuiciada conversación con un vecino de asiento durante un vuelo entre México y Colombia para ir contando, con numerosas digresiones, la historia de esa familia tan numerosa que ni el narrador alcanza a conocer a todos sus miembros.

El relato, enloquecido por momentos, utiliza el humor como carburante para avanzar. La crítica mordaz y la sátira llegan a todos y a todo. No se salvan la Iglesia –por supuesto– ni el Papa Francisco, como tampoco se libran Octavio Paz, Jorge Luis Borges y García Márquez, Air France, Avianca y la lista completa de los presidentes colombianos, el feminismo lingüístico, la RAE, el rey Juan Carlos y hasta el mismo Dios. Desde la perspectiva del narrador a punto de entrar en la ancianidad, el relato de los años lejanos de la infancia y la juventud adquiere un tono dorado que siempre deviene en caricatura en cuanto irrumpe en la página la broma mordaz o el juego de palabras de efecto disolvente. Vallejo se transforma. Sus temas habituales –la homosexualidad, la violencia, la corrupción, la religión– se mantienen, pero tratados de otra manera.

(Publicado en elcorreo.com)

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