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Ningún fin de semana sin música: Suite de ‘La lista de Schindler’ de John Williams

2014 agosto 29
por César Coca

El verano toca a su fin. No la estación como tal, sino lo que significa. Este fin de semana muchos regresarán a sus casas desde sus lugares de vacaciones y el lunes estaremos todos o casi todos en nuestros puestos. A los más pequeños apenas si les queda otra semana antes de volver al colegio.

Con el período vacacional termina también este ciclo de piezas musicales interpretadas en salas de concierto pero que fueron compuestas para el cine o a partir de obras escritas para la gran pantalla. La serie no podía acabar sin incluir una obra del compositor más laureado: John Williams. En su catálogo figura un centenar largo de bandas sonoras (varias de ellas están en la lista de las mejores de todos los tiempos, según quienes se dedican a estas cosas), pero también hay un buen puñado de piezas clásicas, donde el autor ha dicho que se ha permitido una mayor experimentación.

Reconozco que lo primero que pensé cuando decidí que había que incluir a Williams en esta serie fue seleccionar una obra de cámara, que luego tuvo versión para solista y orquesta, basada en la banda sonora de Siete años en el Tíbet. Pero luego reparé en que el próximo lunes, 1 de septiembre, se cumplen 75 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Y eso merece una referencia en este blog. Así que la obra elegida es la Suite que el músico realizó a partir de la banda sonora de La lista de Schindler. Más bien, un fragmento de la misma.

Aquí tienen a Itzhak Perlman (que también lo interpretaba en la película) como solista y al mismo Williams a la batuta, en el tema más célebre de la banda sonora. Lo escucharán como no pudieron hacerlo en el filme, porque allí no suena nunca en su totalidad. He renunciado a incluir algún vídeo en el que la música se acompaña de imágenes de la película porque prefiero que aprecien la belleza y la intensidad de la pieza sin condicionantes emocionales. 

Queremos tanto a Julio

2014 agosto 26

El autor más revolucionario de la literatura en español del siglo XX no publicó su primer libro hasta los 37 años y jamás se tuvo por un profesional de la escritura. Julio Cortázar, el creador de la Maga, Oliveira y Morelli, de Lucas, los cronopios y los famas, el inventor de nuevas formas de narrar que rompen la linealidad, cumpliría cien años hoy, día 26. En uno de sus poemas más célebres escribió que solo dura la efímero pero su obra gana en peso e influencia cada día que pasa.

Nacido accidentalmente en Bruselas (su padre trabajaba en la Embajada argentina), recorrió mundo desde su infancia, vivió en el barrio bonaerense de Banfield, luego estudió Magisterio y ejerció de maestro, escribió sus primeros poemas con el seudónimo de Julio Denis y recibió una gran influencia de Borges, que se advierte con facilidad en Bestiario (1951), un primer volumen de cuentos que le dio cierta notoriedad.

Durante los años sesenta, sobre todo tras la publicación de Rayuela, Cortázar fue a su manera uno de los ejes en torno a los que giraba el boom latinoamericano. Un gigante, y no solo por sus 193 centímetros y su voz grave, que arrastraba las erres. Cuando murió, su amigo García Márquez escribió un artículo de recuerdo oportunamente titulado El argentino que se hizo querer de todos.

Cortázar hizo tantas cosas, su personalidad tiene tantas facetas, que resulta casi inabarcable. Hay un Cortázar activista político que no duda en poner su prosa al servicio de algunas causas que considera justas pero se refugia en la ambigüedad cuando sus amigos lo decepcionan; hay otro que es un músico frustrado; existe un poeta de intenso lirismo; un cuentista perturbador por su capacidad para fundir realidad y fantasía; un novelista experimental y un rebelde contra el tiempo. Era capaz de pasar un viaje en barco a través del Atlántico sin dejar de aporrear su underwood portátil y de consumir noches enteras cantando tangos como si lo hubiera hecho toda la vida.

Murió en París el 12 de febrero de 1984, a los 69 años, víctima de una leucemia, según la versión oficial. Algunas fuentes dicen que fue a causa del sida que contrajo por una transfusión de sangre. Para entonces, ya era un mito de la literatura que había dejado escrito que el silencio es «un desatador de sueños». Los sueños que oculta cada casilla de una rayuela.

(Salta por las casillas de la rayuela y descubre las múltiples facetas de la personalidad de Julio Cortázar).

Un libro cada semana: ‘Todo lo que hay’ de James Salter

2014 agosto 25

A los 87 años y tras más de tres décadas alejado de la novela, James Salter publicó esta novela que llegó a las librerías españolas la pasada primavera. Para muchos, será un descubrimiento porque Salter no fue nunca, ni siquiera en su país, un autor de grandes ventas ni muchedumbres de lectores. Pues bien, este libro demuestra que quedan grandes autores por salir a la luz, descubrimientos pendientes por muy al día que el aficionado esté o crea estar.

La novela comienza con la experiencia de Philip Bowman, el protagonista, en la Segunda Guerra Mundial. El relato bélico termina muy pocas páginas después para dar paso a una serie de escenas, a veces con cierto aspecto fragmentario, en las que el narrador va contando cómo Bowman encuentra trabajo como editor en un sello de tamaño medio pero con gran prestigio por el valor de sus publicaciones. El protagonista se convierte pronto en un profesional respetado, que viaja a reuniones y encuentros literarios en Estados Unidos y Europa mientras enlaza episodios sentimentales que siempre comienzan con un deslumbramiento y tienden a terminar con dolor o al menos con extrañeza.

Hay un aire a lo Scott Fitgerald en no pocas escenas, en esos diálogos entre gente brillante que a veces juega a la frivolidad como forma de protegerse, de tapar sus propias carencias o sus debilidades. Y mientras Bowman envejece, es el propio mundo del libro el que va perdiendo importancia, el que deja de ser el Olimpo que fue en los años cincuenta para convertirse en algo más mundano y menos exquisito.

Salter escribe con un vigor insólito en un autor de su edad y un estilo llamativo por su desnudez. Hay un puñado de homenajes en el texto –como una referencia a Philip Roth y su ciudad de nacimiento– y unas cuantas referencias literarias que harán las delicias de los aficionados. Todo lo que hay es más que una magnífica vía de entrada a un autor que merece ser leído. Es, sobre todo, una estupenda novela.

 

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Suite de ‘La strada’ de Nino Rota

2014 agosto 22

Penúltima entrega de esta serie veraniega que se ha centrado en obras creadas para o alrededor del cine. Y ha llegado el turno de uno de los compositores mayores del llamado séptimo arte: se trata de Nino Rota. Su nombre adquirió celebridad gracias a su trabajo cinematográfico, pero es autor de un amplio catálogo de obras clásicas que incluye óperas, sinfonías, ballets, conciertos para varios instrumentos solistas y un puñado de piezas para piano.

Rota fue el compositor de la mayor parte de las bandas sonoras de las películas de Fellini, aunque algunas de sus obras más conocidas no sean de filmes suyos. Me refiero, por ejemplo, a la música de Romeo y Julieta de Franco Zefirelli y las dos primeras entregas de El Padrino, de Francis Ford Coppola.
Mi propuesta para este fin de semana es la Suite que realizó a partir de la música de La Strada. Hay fragmentos con tono de marcha, otros claramente burlescos y, para arrancar, un solo de trompeta con una de esas melodías inolvidables que escribía Rota. Disfruten.

El éxito eterno de la novela negra

2014 agosto 20

«Pon un crimen en la primera página». Esa es una de las recomendaciones básicas para quien quiere escribir una novela con el afán de que alguien la lea. En las viejas escuelas de Periodismo se decía que había que poner el muerto en la primera línea, y debía entenderse lo de muerto en un sentido a veces metafórico: podía ser un muerto real, pero también una huelga, un acuerdo entre partidos, un decreto aprobado por el Gobierno o la sorpresiva llegada a nuestra ciudad de un cantante con millones de fans.

Estrictamente, una novela no tiene por qué entrar en el género negro porque tenga un crimen en su arranque, pero una de las características básicas de ese género precisamente es que haya un crimen muy pronto: en la primera página o como mucho en el primer capítulo. Algo que parece muy simple pero que no lo es, y que podría pensarse que termina cansando al lector. De eso nada. La novela negra no decae nunca. Antes lo contrario, en este momento tiene más tirón del que ha tenido jamás.
Por si las listas de libros más vendidos no fueran suficiente para probarlo, hay más indicios. Uno de ellos tendría por sí mismo suficiente fuerza probatoria: apenas hay casa editorial de una cierta relevancia que no tenga un sello especializado y eso sin contar con que los autores de mayor calidad son publicados generalmente fuera de ese circuito, marcando así una diferencia que en otros países no está tan clara. Incluso un sello tan literario como Salamandra prepara el lanzamiento de su serie Black para dentro de muy pocos días.
A la tradición anglosajona dentro del género, sin duda la más importante, se han ido añadiendo otras, con lo que se multiplica la oferta casi hasta el infinito: hay ya series de novelas negras escandinavas (incluso con especificidades nacionales, como esa corriente islandesa), griegas, chinas, francesa –por supuesto–, italiana… Vamos, como la ONU.
La novela histórica fue dueña de las listas de ventas durante dos décadas. Hoy parece agotada o al menos debilitada ante el nuevo empuje del género policial, que siempre está ahí, que parece no perder jamás el favor del público lector, del más veterano y el más joven. Lo más curioso del asunto es que también hubo una época dorada del cine negro y ahora escasea en las carteleras y no es una garantía para la taquilla. Quizá porque hay demasiadas series de TV que han venido a suplantar a ese cine de aroma clásico. ¿Tendrá también la novela negra su propia derivada?

Un libro cada semana: ‘Réquiem habanero por Fidel’ de J.J. Armas Marcelo

2014 agosto 18

Walter Cepeda, un oficial de la Seguridad cubana ya retirado, recibe en la madrugada una llamada de su hija. Esta, que trabaja como bailarina en una sala de Barcelona, le pregunta si es cierto el rumor que se extiende por entre la colonia cubana en España: que Fidel ha muerto. Cepeda no puede confirmarlo pero mientras van transcurriendo las horas repasa la historia de la revolución de los barbudos, que empezó poniendo a Cuba en el centro de la política mundial.

J. J. Armas Marcelo cierra con esta novela una trilogía que arrancó con Así en La Habana como en el cielo y continuó con El Niño de Luto y el cocinero del Papa. Como en aquellos libros ya lejanos (han pasado trece años desde el segundo volumen), el escritor canario muestra un excepcional manejo del idioma, lo que incluye no pocos cubanismos introducidos en el momento oportuno, y no con calzador como sucede en otros textos. En este libro, aún más que en los anteriores, la realidad se entremezcla con la ficción de tal forma que únicamente los lectores que conozcan en profundidad la intrahistoria de Cuba en el último medio siglo serán capaces de discernir qué es verdad y qué pura creación literaria.

Réquiem habanero por Fidel cuenta a su manera los episodios más brillantes y algunos de los más sórdidos de la Revolución: desde las disputas entre los hermanos Castro y el Che Guevara sobre el rumbo a seguir en los primeros tiempos del nuevo régimen hasta la visita del Papa Juan Pablo II, pasando por el caso Padilla y el fusilamiento de Arnaldo Ochoa y Tony de la Guardia, dos héroes con cuyas muertes se taparon asuntos feos del funcionamiento del Ejército cubano al tiempo que se cortaba de raíz la posibilidad de una perestroika en la isla. O al menos así lo cuenta Armas Marcelo.

No se puede negar al autor de esta novela –convertido él mismo en un personaje secundario de la trama– un conocimiento profundo de la vida en el país ni un solvente manejo de las herramientas literarias. Que nadie espere un juicio en blanco y negro sobre Fidel: el protagonista ha visto muchas cosas que no le han gustado, demasiadas, pero sigue fiel a los principios de la Revolución. Aunque su relato termine por disolver los últimos restos del aura que un día tuvo para mostrar que el castrismo es hoy poco más que una caricatura.

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

Ningún fin de semana sin música: Suite de ‘La batalla de Stalingrado’ de Khachaturian

2014 agosto 15
por César Coca

A finales de los años cuarenta, Aram Khachaturian recibió el encargo de escribir la música para un filme que debía narrar la batalla de Stalingrado, considerada la más brutal de la historia por el número de víctimas: más de dos millones de muertos contando soldados y civiles. La película fue dirigida por Vladimir Petrov en 1949 y más tarde el compositor utilizó la banda sonora para unir algunos fragmentos, desarrollar otros y suprimir unos cuantos y con todo ello hacer una suite destinada a sonar en las salas de concierto.

El resultado es esta pieza intensa, salvaje en algunos momentos, llena de ritmo, dramática. Añadan los adjetivos que deseen. No es la obra más interpretada de un autor (comparada con algunos fragmentos de los ballets Gayaneh y Spartacus, la música para la obra escénica Masquerade o algunos de sus conciertos, apenas es conocida) que aparece cada vez con más frecuencia en los programas de las orquestas, aunque sigue lejos de la popularidad de algunos de sus paisanos. Pero creo que merece la pena escucharla.

Los best sellers de la playa (edición 2014)

2014 agosto 13
por César Coca

Hay varias cosas que no pueden faltar en este blog: las quinielas de los premios literarios, la propuesta de lectura semanal, la música clásica de cada viernes… y la entrada anual con mi particular encuesta sobre las lecturas de la playa.

Pues aquí va.
Una primera anotación: como ya ha sucedido en alguna ocasión desde que hago este repaso por los libros que veo en mi paseo matutino por una larga y poblada playa del Mediterráneo, apenas he encontrado este año libros que dominaran claramente. Hablo, como siempre, de títulos en español y por supuesto en edición en papel. Para averiguar qué leen los lectores de libros digitales debería preguntárselo, y no lo hago. Solo observo. Por cierto, que aunque se ven más que hace unos años, esos libros digitales que tan frecuentes son en el metro tienen una presencia muy reducida en la playa.
Vamos con los títulos. Con mucho menor peso que La verdad sobre el caso Harry Quebert el año pasado, los ganadores de la edición 2014 son Ciudades de papel de John Green y La mirada de los ángeles de Camilla Läckberg, por este orden. A partir de ahí, he visto más autores repetidos que libros repetidos. Son los siguientes (y aquí ya el orden no significa nada):
- Gabriel García Márquez: sus libros más célebres estaban en primera línea de playa, sobre todo Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada y El amor en tiempos del cólera.
- John Verdon: sus novelas policiacas siguen interesando como lectura al borde del mar. Sorpresa:  Sé lo que estás pensando ha sido la más vista este verano pese a que es la más antigua.
- Dolores Redondo: a la espera de la publicación de la terceraparte de su serie del Baztán, las dos primeras continúan siendo populares entre los lectores.
- Arturo Pérez-Reverte:  El francotirador paciente  y varios alatristes.
- David Safier:  Una familia feliz y algunos otros.
- Julia Navarro, Ken Follett, Anna Gavalda…

Una circunstancia llamativa: entre los lectores en francés, la popularidad de Pierre Lemaitre este verano me ha resultado muy llamativa. Lo curioso es que Nos vemos allá arriba, con la que ganó el último Goncourt, no ha sido ni de lejos el libro preferido en la playa. Sus novelas policiacas son mucho más populares. Por cierto, que Vestido de novia, publicada por este autor en 2009, aparecerá en español el próximo otoño.

¿Y cuáles han sido los libros más populares en su playa?

Un libro cada semana: ‘Transatlántico’ de Colum McCann

2014 agosto 11

Colum McCann es un escritor irlandés no demasiado conocido aún por aquí aunque ha ganado numerosos e importantes premios y es autor de una novela notable titulada Que el vasto mundo siga girando. En Transatlántico cuenta historias de varios personajes enlazados entre sí –a veces de manera un tanto tangencial– cuyas vidas discurren de mediados del siglo XIX a la actualidad.

El título procede de esas historias que enlazan dos mundos: el más reducido de Irlanda, una Irlanda azotada por la violencia, aunque sea de signo diferente, y América. El primer capítulo que narra la peripecia de los dos pilotos que inauguraron los vuelos por el Atlántico sin escalas –desde Terranova a Irlanda, precisamente– tiene el evidente valor simbólico de realizar físicamente ese viaje que en otros casos se realiza digamos fuera de plano.
El símil cinematográfico viene a cuento porque el libro tiene no poco de sucesión de escenas: aquí dos pilotos congelados sobre un frágil avión en mitad del océano; allí, un activista negro que viaja desde Boston a Dublín para dar testimonio de libertad; más allá un senador en mitad de los Acuerdos de Viernes Santo, que (casi) cerraron décadas de violencia infernal en el Ulster.
McCann escribe con frases muy cortas, en un estilo que podríamos llamar impresionista y que tiene una fuerza enorme. A través de personajes de todos los niveles sociales y de edades muy diferentes retrata una época, con sus sueños colectivos y sus temores individuales. Un autor que merece la pena descubrir.

 

 

(Publicado en elcorreo.com)

 

 

Ningún fin de semana sin música: Concierto para piano y orquesta de Nyman

2014 agosto 8
por César Coca

Seguimos con el ciclo sobre conciertos relacionados con el cine, y este viernes les propongo una obra mucho más reciente.

Michael Nyman es un compositor con un enorme capacidad creativa que ha mostrado en los campos más diversos. Uno de ellos es el cine. De hecho, se ganó una gran popularidad precisamente a raíz de escribir la banda sonora de la película El piano. Las imágenes de un instrumento abandonado en la playa, que el personaje interpretado por la actriz Holly Hunter trata de salvar, tienen una fuerza extraordinaria.

A partir de la banda sonora, Nyman escribió un concierto completo, que es un ejemplo claro de esa corriente musical llamada minimalismo, porque parece casi imposible hacer media hora de música con tan pocos materiales. Sin embargo, Nyman lo consigue, y la pieza tiene su atractivo, aunque puede sonar un poco repetitiva.

elcorreo.com

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