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César Coca

Divergencias

Bocados de realidad

Hay gente que no vive en este mundo. Personas a quienes no importa nada en absoluto lo que sucede a su alrededor. Ciudadanos con derecho a voto que no saben cómo se llama el presidente de Francia o el ministro español del Interior, que creen que Ana Patricia Botín es una cantante y Rita Barberá, una jugadora de tenis. Muchas de esas personas son jóvenes de 20 años y estudian Periodismo.

Hay pocas experiencias más desalentadoras en la vida de un profesional del periodismo y profesor de eso mismo que encontrar alumnos que reconocen sin rubor que no ven los telediarios ni escuchan los boletines de noticias en la radio y no tienen la costumbre de abrir un periódico. Jóvenes que, también sin enrojecer, confiesan que en su casa no entra nunca un diario. Me pregunto de dónde les ha surgido esa presunta vocación de periodistas, pero sobre todo me cuestiono en qué mundo académico y social vivimos.

No son preguntas retóricas; son reales porque no sé la respuesta. ¿Existen estudiantes de Arquitectura que no sientan interés por ver un edificio singular cuando visitan una ciudad? ¿Hay alumnos de Bellas Artes que jamás pisan un museo? ¿Y aspirantes a licenciados (perdón, graduados) en Filología inglesa que nunca han leído una novela de autor anglosajón? Eso sin interrogarse acerca de los padres de esos alumnos. ¿No se llevan nunca a sus hijos a hacer turismo a lugares donde admirar edificios o grandes museos, ni les dan dinero para comprarse unos libros?

Estos días en que Bolonia es ya una realidad en todas las universidades europeas conviene preguntarse cosas sencillas, previas incluso a planes de estudio nuevos, metodologías diferentes y calendarios alternativos. Cosas como si es posible entrar en la Universidad sin haber salido de una burbuja o sin conocer nada absolutamente del mundo que nos ha tocado vivir. ¿Se le puede dar un título a alguien que no sabe cómo se llama el presidente de EE UU? Sinceramente, creo que no.