"¿Las habéis visto?" | Divergencias - Blog elcorreo.com

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César Coca

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“¿Las habéis visto?”

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“¿LAS HABÉIS VISTO?”



Mi amigo Jon me contó el otro día una historia, que, a su vez, se la había relatado una una amiga suya, cooperante vasca en Guinea Ecuatorial. Se trata, por lo tanto, de una narración de segunda mano, pero que, presuntamente está basada en hechos reales.

Hace unas semanas, la cooperante hizo un viaje en todoterreno por Guinea que debía durar una horas pero se convirtió en una odisea de tres días. Durante la travesía, sus acompañantes trabaron confianza con ella y , tras superar los recelos que podrían tener hacia un extranjero, hablaron del animismo y de sus creencias. En un momento dado atravesaron un camino que discurría junto a un lago. Mientras circulaban por la orilla del pantano, sus nuevos amigos guardaron silencio. Cuando ya se habían alejado, uno de ellos le preguntó:

– «¿Las has visto?».

– «¿Si he visto a quiénes?»

– «A ellas»

– «¿A quiénes?»,  insistió la cooperante.

Durante unos segundos nadie le respondió.

– «A las sirenas», dijo por fin uno de los pasajeros.

–  «¿Qué sirenas?»

– «Las sirenas. Estaban allí. En el lago».

– «No, no he visto nada».

– «Ya».

– «¿Pero que habéis visto?»

– «A las sirenas. Viven allí, en el lago. Pero es muy peligroso pararse a verlas».

Las sirenas siempre me remiten a Ulises, a la Odisea y a ese viaje de retorno a casa a lo largo de Mediterráneo. Y en ese antiguo libro, una de las muchas cosas que sorprende es el concepto de hospitalidad. Cuando el trágico Ulises llega al país de los feacios es un náufrago, sediento, harapiento, cansado y arruinado. Pero el rey Alcinoo, la Sacra Potestad, le colma de honores, le invita a un banquete, le baña, le hace dormir en su casa,  y, al final, le regala una copa de oro para que, cuando regrese a su hogar, a Itaca, beba en ella y recuerde el trato que recibió.

Miles de años después, muchos de los compatriotas de aquellos guineanos que mantienen la creencia en las sirenas han emprendido un viaje similar al de Ulises, no para volver a su hogar, sino para no morirse de hambre en casa. Y en vez de una copa de oro reciben disparos, palizas, vallas metálicas y cuchillas afiladas. Nuestro concepto de hospitalidad es doloroso.

PD:

Nadie sabe cuándo ni dónde nació o murió Homero, luego es imposible celebrar su milenio ni su bimilenio, ni nada. Debería ser una buena excusa para conmemorar todos los años al poeta ciego.

¡Ah! Homero nunca hubiese ganado El Premio. Y eso dice mucho de qué va El Premio.

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