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César Coca

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Los Templarios mataron a Kennedy

El 23 de noviembre de
1963, al día siguiente del asesinato de  Kennedy en la plaza
Dealey de Dallas, la Policía encontró una cruz roja pintada en el mismo
lugar donde había sido tiroteado el presidente. Uno de los agentes sacó
una foto del dibujo y la envío por correo a la comisión Warren. La
instantánea, sin embargo, nunca llegó a su destino y el funcionario
murió en un inexplicable accidente de tráfico. La fotografía acabó de
manera misteriosa en las manos un historiador de Harvard que reconoció
el signo templario. Curiosamente, aquella imagen se la hicieron llegar
el mismo día en que discutía con su ayudante si hacer público que el
rostro de Lee Harvey Oswald, el supuesto asesino del presidente,
aparecía en el cuadro del Greco, El entierro del Conde Orgaz. Es uno de
los bienaventurados que adoran a Jesús. El historiador desapareció esa
noche y su cuerpo fue encontrado dos días más tarde en Rosswell, Nuevo
México. La ayudante, una rubia, joven, atlética, etc…, llegó
enseguida a una conclusión: los templarios son parte de una raza
extraterrestre que desde hace miles de años ordena los destinos del
mundo. Acompañada de un aviador apuesto, elegante, atlético, etc…
prometió desenmascararlos.


Gran parte de las novedades que se
pueden encontrar en las librerías se alimentan de este humus delirante.
Complós de opereta, misterios de la historia, sectas, cuadros
enigmáticos, los agujeros de la religiones, etc… Nadie duda de que
estas obras pueden proporcionar un buen rato de lectura (lo que ya es
bastante) y de que, a veces, su trama está más trabajada que la de
algunas creaciones que se consideran serias. Pero creo que el éxito de
estos libros se debe a un estado de ánimo global, a la atmósfera
siniestra que impregna los comienzos de un siglo XXI enloquecido y
brutal. Después de todo, ante un mundo tan ilógico y peligroso como el
que nos ha tocado vivir, imaginar que existe una mente malvada detrás
de todos los males tiene un efecto balsámico, casi anestesiante. En
determinadas circunstancias, la creencia en las conspiraciones, -uno de
los ejemplos del pensamiento fácil-, se puede convertir en un Nolotil
para la conciencia.

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