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César Coca

Divergencias

Los problemas de Marina Castaño

Hace un par de días hubo una manifestación de vecinos de Padrón (La Coruña) quejándose de lo que a su juicio es un expolio del patrimonio de la Fundación Camilo José Cela, que preside su viuda, Marina Castaño. Al parecer, Castaño ha llegado a un acuerdo con la Xunta para trasladar a Santiago parte de los documentos que están en Padrón, lo que no ha gustado lo que se dice nada en el pueblo.

La Fundación atraviesa una gravísima crisis económica, debida a una reducción de las ayudas públicas y una caída dramática del número de visitantes. De lo primero poca culpa tiene Castaño y el equipo que dirige. De lo segundo, la tiene toda. Porque la crisis no explica descensos tan fuertes de visitantes: en su mejor momento, tuvo 16.000 anuales, ahora no llega ni de lejos a los 3.000. Ningún museo, por ejemplo, ha sufrido una caída similar.

Si a eso se junta que según una sentencia judicial Castaño y la Fundación tienen que pagar más de 5 millones de euros al hijo de Cela, se llega a la conclusión de que la viuda del escritor se enfrenta a una situación de enorme dificultad. En el pueblo no la quieren y exigen que renuncie al cargo de presidenta de la Fundación. Parece próximo el último capítulo de una historia que lleva muchos años teniendo una apariencia muy turbia. Porque recordarán ustedes que cuando el Nobel murió, después de haber hecho donaciones, cambios de testamento y otras operaciones similares, estaba prácticamente en la indigencia. Cosa que, evidentemente, nadie se creía dado su elevadísimo caché. Porque la línea de texto del autor de La Colmena salía a millón. Pero ya ven, ahora no queda nada. O eso parece.