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Un libro cada semana: ‘El héroe discreto’ de Mario Vargas Llosa

2013 septiembre 16

La primera novela de Vargas Llosa tras el Nobel (El sueño del celta había sido escrita antes del anuncio del galardón) es un regreso al Perú contemporáneo, que ahora vive un período de auge económico tras décadas de postración y miseria. El héroe discreto cuenta dos historias paralelas que terminan uniéndose en la última parte de la narración: la de un pequeño empresario de Piura, Felícito Yanaqué, dueño de una compañía de transportes, y la de Ismael Carrera, presidente de una importante aseguradora de Lima. El primero sufre un intento de extorsión y el segundo el acoso de dos hijos inútiles y derrochadores que están esperando como hienas la muerte de su progenitor para gastarse la herencia.

Por la novela pasan personajes conocidos de los lectores. Uno de ellos es el sargento Lituma, protagonista de la novela con la que ganó el Planeta (Lituma en los Andes) y secundario en algún texto anterior. Otro es don Rigoberto, el refinado erotómano de Elogio de la madrastra y Los cuadernos de don Rigoberto, que comparece de nuevo con su esposa Lucrecia y su hijo Fonchito. Lituma será quien investigue la extorsión a Yanaqué y don Rigoberto ejerce de mano derecha de Carrera.

Hay en el libro un tono de comedia que se va adentrando poco a poco en el drama, como ya ocurría en Travesuras de la niña mala. Porque en el Perú de la prosperidad no se han abolido tampoco las traiciones ni las deslealtades y siguen existiendo los amores desinteresados y los de pago. Los dos protagonistas –que, en puridad, lo son Yanaqué y don Rigoberto– son esos héroes discretos del título que cumplen con su obligación sin esperar nada a cambio, solo por mantener su dignidad, por seguir en pie donde otros se han puesto de rodillas.

Las dos historias se desarrollan en capítulos alternos hasta que confluyen en una sola. La maestría de Vargas Llosa como narrador no necesita ser destacada, ni su soberbio manejo del lenguaje, esta vez pródigo en expresiones locales, algunas de enorme fuerza expresiva. Hay un cierto tinte crepuscular al fondo de la novela ya habitual desde las Travesuras. El héroe discreto deja en el lector el buen sabor de boca de la auténtica literatura.

 (Publicado en elcorreo.com)

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