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Carlos Benito

Evadidos

Delicia turca

Cada país flipa a su manera, y supongo que eso tiene algo que ver con las variopintas adaptaciones de la psicodelia que se hicieron fuera del mundo anglosajón. Hay colecciones enteras dedicadas a estas manifestaciones regionales (pillen cualquier volumen de la serie ‘Love, Peace & Poetry’ y alucinen por contagio) y curiosos viajes de ida y vuelta: los grupos británicos y estadounidenses se dejaban seducir por sonidos exóticos venidos de oriente, pero, a la vez, los países asiáticos recibían la influencia liberadora de unas estructuras musicales holgadas en las que cabía su propia tradición. Por lo que voy oyendo, el mayor milagro se produjo en Turquía, que aplicó al rock su eterna condición de puente entre el este y el oeste, como quien encuentra por fin una curación para su esquizofrenia cultural. Aunque me pongan caras raras, les prometo que artistas como Üc Hürel, Baris Manco o Mogollar tienen por ahí auténticas maravillas.

Pero de quien quiero hablarles hoy es de Selda, esta mujer de la foto, ya que el sello Finders Keepers ha reeditado su disco homónimo de 1976 y llevo un mes enganchado, para sorpresa de mis vecinos musulmanes del cuarto. Selda Bagcan era una cantante protesta de las de guitarra en ristre hasta que se juntó con Mogollar y derivó hacia terrenos más progresivos, con unos resultados que superan todas las expectativas, al menos las mías. Su condición de estrella es fácil de comprobar con una simple búsqueda en YouTube, aunque la mayor parte del material que aparece allí es mucho más folk y menos electrizante que el álbum que les recomiendo, relativamente fácil de encontrar en los yacimientos habituales. Si les gusta, incluso pueden hacer una rara carambola que les conduzca hasta grupos españoles como Smash, bastante cercanos a esta música.

Por Carlos Benito

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febrero 2007
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