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César Coca

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Ningún fin de semana sin música: Sonata para piano Nº 4 de Beethoven

Beethoven no fue exactamente un niño prodigio en lo referido a la composición. Es cierto que hay muchas obras suyas que no figuran en el catálogo general, pero la primera obra recogida por este, es decir, la que su autor consideraba merecedora de figurar como una pieza suya a todos los efectos, es de 1792-3, es decir, de cuando el compositor tenía ya 22 años. Esas primeras piezas fueron unos tríos, las tres primeras sonatas para piano y las dos primeras para chelo, un quinteto y una sonata para piano a cuatro manos. Y en 1796-7, con 26 años, da por concluida la Sonata Nº 4, una obra con la que se produce un salto muy notable respecto de todo lo anterior. No solo por la ambición de la partitura, que es algo que se comprueba desde un dato que puede no ser definitivo pero sí indica mucho: su duración. Frente a los veinte minutos de las anteriores (lo que suponía ya alargar la duración de las obras del mismo género de Mozart y Haydn), esta se prolonga hasta la media hora. No hay muchas en el catálogo de Beethoven (que incluye 32 sonatas para piano) con una duración así. La Hammerklavier, de su etapa de madurez, y nada más. Así que no debe extrañar que su autor la llamara ‘Gran Sonata’.

Al margen de su extensión, esta obra se sitúa ya en los límites del Clasicismo y apunta hacia un Romanticismo en el que Beethoven entrará de lleno en sus últimos años. Hay muchas grabaciones excelentes de esta pieza, por supuesto. Pero les propongo una en concreto porque fue la que me descubrió la obra hace ya muchos años. Al piano está Arturo Benedetti Michelangeli, un pianista singular en un gremio muy singular. Disfruten.