Shostakovich escribió un número relevante de bandas sonoras para el cine soviético. Realmente, Prokofiev y él fueron los compositores que con su trabajo dieron carácter al cine que se hizo en su país en los primeros años del sonoro. Escuchando las suites que se han elaborado con sus temas para las distintas películas se hace evidente que es muy difícil distinguir entre su música para las salas de conciertos y la escrita para el cine. En ambos casos, se trata de partituras de gran calidad, perfectamente identificables como suyas.
Creo que ya a estas alturas de estas recomendaciones para el fin de semana (van más de 500 en los últimos diez años) habrá quedado claro que Shostakovich está entre mis músicos favoritos. Pienso además que es uno de los mejores compositores de valses, a la altura de Chopin, Chaikovski y Strauss, que en mi opinión son quienes escribieron los más bellos. En el caso de Shostakovich hay uno por encima de todos: el Vals de la Suite de Jazz Nº 2, que ya ha aparecido en esta sección. Pero acabo de descubrir otro gracias a una petición que Dora Fernández de Pinedo hizo días atrás en Música a la Carta, el programa de las mañanas en Radio Clásica. Se trata del que incluyó en la banda sonora de Montañas doradas, una película que Sergei Yutkevich filmó en 1931. No he visto ese filme, así que no puedo opinar sobre él. Pero sí sobre la música: es magnífica. Y este vals es una buena muestra. Al escucharlo entenderán por qué hay un buen puñado de especialistas que creen que la música de cine, en especial la firmada por los grandes nombres del género, debe entenderse como música clásica contemporánea. Disfruten.