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César Coca

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Ningún fin de semana sin música: Sinfonía Nº 3 de Bruckner

Sin duda es una de las obras que presenta una mayor complejidad a la hora de estudiar las versiones existentes. Me refiero a la Sinfonía Nº 3 de Bruckner: el perfeccionismo obsesivo de su autor, combinado en una dosis de locura con una inseguridad igualmente enfermiza, tuvo como resultado sucesivas versiones, borradores y ediciones posteriores, hasta el punto de que es habitual perderse a la hora de tratar de averiguar qué se está interpretando en una sala  de conciertos o en un álbum discográfico. Un dato lo explica a la perfección: más allá de cuestiones relativas a las distintas opciones de tiempos tomadas por los directores, de unas versiones a otras llega a haber en torno a 25 minutos de diferencia.

Todo en esta pieza parece sumergido en la bruma y la leyenda: su dedicatoria a Wagner, confusión previa incluida por parte de ambos -al parecer, debida a un consumo inmoderado de alcohol-; el fracaso sin paliativos el día del estreno, con el público vaciando la sala y hasta algunos instrumentistas abandonando apresuradamente sus lugares en la orquesta; las sucesivas revisiones parciales y totales de la obra; la confusión y pérdida de algunos manuscritos…

Sin embargo, estamos ante una obra mayor, ante la sinfonía que realmente inicia el ciclo que va a situar a su autor entre los grandes compositores del género. ¿Inferior a las Nos. 4, 7 y 8? Sin duda. Pero que esté por debajo de esos grandes templos sinfónicos no significa que sea una obra menor. Se la dejo en la versión de un gran bruckneriano: Günter Wand, con la Sinfónica de la NDR. Disfruten.

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