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César Coca

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Un libro cada semana: ‘Madame Bovary’ de Gustave Flaubert

madame-bovaryAtención, un clásico. Para muchos, la novela perfecta. Para todos, la obra que consiguió que la narrativa en prosa se igualara en cuanto a belleza a la poesía. Madame Bovary es una de las tres grandes novelas sobre el adulterio escritas en el siglo XIX, en un período de solo 27 años. Por orden, la primera fue esta (1857), la siguió Anna Karenina (1877) y termina la serie La regenta (1884). Las tres son sencillamente extraordinarias.

Madame Bovary es una novela que merece la pena revisar y quizá el verano, donde es posible una lectura detenida, sin prisas, sea el momento adecuado. La historia de Emma Bovary, que se casa con un médico viudo y accede a una vida propia de la pequeña burguesía pero que anhela vivir un amor como los de las novelas románticas, está repleta de escenas impagables en su perfección. Y eso se refiere tanto a la aburrida vida con su esposo Charles como a las relaciones que establece primero con Rodolphe y luego con León. El relato del encuentro en la catedral entre Emma y León, cuando ella le lleva una carta en la que le dice que va a poner fin a su relación, y que termina en un interminable recorrido por las calles de Ruan dentro de un coche de caballos es, con una alta probabilidad, una de las escenas mejor escritas de la literatura universal. La habilidad de Flaubert para hacer que su narrador omnisciente se quede fuera del coche y no describa lo que sucede dentro, pero al tiempo dé todas las pistas, es enorme.

Flaubert se identificó tanto con el personaje de Emma que llegó a decir que sintió el sabor amargo del veneno en su boca mientras escribía una de los capítulos clave de la novela. Parece que la exclamación «¡Madame Bovary c’est moi!» no llegó a pronunciarla ni escribirla nunca, pero su capacidad para meterse en el personaje es admirable. Como la novela.

(Publicado en elcorreo.com)