Un libro cada semana: 'El precio del silencio' de Juan Infante | Divergencias - Blog elcorreo.com

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César Coca

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Un libro cada semana: ‘El precio del silencio’ de Juan Infante

silencioLa novela negra vive en el País Vasco una época dorada. Los autores locales se incorporaron al boom un poco tarde pero en los últimos años son muchos los que publican relatos ambientados en ciudades y pueblos de Euskadi, con ertzainas y peculiares investigadores tratando de resolver asuntos que van de los asesinatos en serie a las mafias y de la corrupción al abuso infantil. El abogado Juan Infante lleva desde la pasada década profundizando en el género y aportando un elemento diferenciador: un sentido del humor un tanto gamberro que alivia la brutalidad de algunas de las cosas que cuenta.

En El precio del silencio, Infante regresa al personaje de Lucía Gorostiola, la joven hija de un capo de la mafia local, objeto de un secuestro en el que tuvo que participar Tomás Garrincha. El suceso terminó con sangre y generó gran cabreo de dos ertzainas, que vieron cómo tanto la muchacha como el citado investigador se iban de rositas pese a sus no pocas culpas en todo lo ocurrido. Pues bien, ahora el padre de Lucía ha muerto –un infarto– y la joven, que está terminando la carrera de Derecho en Madrid, regresa a Bilbao y pide consejo a Garrincha sobre qué hacer. Su padre le ha dejado una gran fortuna y un negocio bastante floreciente pero peligroso porque la Ertzaintza no se ha olvidado de lo que pasó.

Ese es el punto de partida de esta novela en la que el humor está presente en unas cuantas situaciones y sobre todo en detalles como ciertos nombres de personajes. Hay un ertzaina que se llama Kepa Ketón, otra agente de nombre Bienvenida que es conocida por todos como Ongi Etorri y un inverosímil apunte sobre una inspectora del mismo cuerpo policial que tiene en su mesa de trabajo una bandera de Israel. Infante aporta datos sobre locales de moda en Bilbao, la manera de trabajar de los agentes de los futbolistas –incluidos los fondos de inversión que son los propietarios de sus derechos– y fiestas a las que acuden deportistas de moda y que convierten a Sodoma y Gomorra en lugares de vida recatada.

(Publicado en elcorreo.com)