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César Coca

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Un libro cada semana: ‘Poesía completa’ de Jorge Luis Borges

borgesJorge Luis Borges y Pablo Neruda nacieron con solo cinco años de diferencia. En 1899 el primero; en 1904, el segundo. Publicaron sus primeros libros de poesía a una edad relativamente próxima: a los 19 el chileno, a los 24 el argentino. Y, sin embargo, qué distancia entre esos primeros poemas. Porque donde Neruda habla de amores apasionados –que alcanzarán su cénit en Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado a los 20–, Borges es elusivo y busca otras musas.

No es casual, no puede serlo, que su primer poema publicado se titule La Recoleta, por el famoso cementerio de Buenos Aires, y que termine hablando de sus propias y futuras cenizas. Y aunque en ese poemario hay amor, es difícil hallar en él rasgos de la pasión encendida que acompaña siempre a las relaciones juveniles. Así, en Ausencia, puede pensarse que se refiere a la de una joven, pero también puede ser la de un amigo, incluso la de un familiar querido. Y es verdad que en Sábados escribe que «Sobrevive a la tarde/ la blancura gloriosa de tu carne./ En nuestro amor hay una pena/ que se parece al alma.// Tú/ que ayer sólo eras toda la hermosura/ eres también todo el amor, ahora». Pero también lo es que hay algo de etéreo, de escasamente carnal en ese poema.

La reedición de la Poesía completa de Borges permite conocer mejor esta faceta del autor, que cubre más de sesenta años: los transcurridos entre Fervor de Buenos Aires, el libro al que pertenecen los poemas citados, y Los conjurados, de 1985, solo un año antes de su muerte. Aquí el lector encuentra textos en los que están sus preocupaciones de siempre: los espejos, los laberintos, la memoria, la sustancia de que estamos hechos los humanos. Son más prosa que verso, páginas de poesía que parecen cartas o alegatos, o reflexiones de un anciano ciego que ve más que nadie. Y que entiende mejor y antes que los demás eso que ahora algunos llaman ‘la batalla del relato’. Lo dice en ‘Todos los ayeres, un sueño’: «El pasado es arcilla que el presente/ labra a su antojo. Interminablemente».

(Publicado en elcorreo.com)