Hace un año, Milena Busquets publicó También esto pasará, una novela de no ficción que narra las semanas inmediatamente posteriores a la muerte de la madre de la narradora, lo que le sirve para reconstruir la relación entre ambas y el vacío que su desaparición ha dejado. Sucede que la madre era Esther Tusquets, escritora y sobre todo una de las editoras más importantes del último medio siglo en España.
Ahora Eva Blanch se aproxima al mismo territorio y de similar manera: lo que cuenta en Corazón amarillo sangre azul son las últimas semanas de vida de Tusquets, lo que también la da pie para recrear algunos episodios del pasado e incluso para revisar su propia relación –la de la autora– con su marido. Su marido es, no por casualidad, el hermano de la editora, un conocido arquitecto y pintor que aquí no se llama Óscar sino Héctor. Claro que tampoco la editora se llama con su nombre. Uno de los juegos que debe hacer el lector es fijarse en las iniciales, o en variaciones simples de los nombres, para comprender a quién corresponden. Ana María Moix, por ejemplo, es Ada en este relato. Y la autora no es Eva, sino Clara.
Lo que Blanch cuenta, mezclando puntos de vista y distintos estilos (a veces la narradora se nombra a sí misma en tercera persona, como La Cuñada; otras cuenta en primera persona que se entrevista con algún personaje relevante en la vida de la editora para obtener información…) es la preagonía y la muerte de la protagonista. Y lo que aparece es una mujer libre, con un talento inmenso y una capacidad inusitada para crear el caos a su alrededor. Desde que irrumpe en casa de su hermano con un anuncio lacónico y sorprendente («Como imaginarás, he venido aquí para morir»), la vida de todos cambia y de qué manera. La narradora descubre entonces que la escritura es la única salvación –pero también puede ser la penitencia– en un mundo complejo y cruel.
Por las páginas de la novela desfilan en un atractivo desorden casas de Pedralbes, hospitales y geriátricos; criadas latinoamericanas, psiquiatras que se toman muchas confianzas, una hija –que no se llama Milena, sino Ginebra– que tiene una relación desconcertante con su madre, un hermano al borde de un ataque de nervios, unos médicos desesperados y unas amigas perplejas. Luego están la vida libre y heterodoxa de la editora, su pasión por el póker y sus sentencias sabias, como la que deja a sus allegados a modo de despedida: «Dejad en paz a los alcohólicos y no olvidéis que los cisnes cantan antes de morir».
El lector puede comparar las dos novelas sobre Esther Tusquets. Es un divertido juego literario. Corazón amarillo sangre azul no es la más condescendiente.
(Publicado en elcorreo.com)