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César Coca

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Las obras que no son de quienes creíamos

Ya está confirmado. El Coloso no es de Goya. Tanto ir a verlo cada vez que entrábamos en El Prado, una de esas obras que se visita siempre, ante las que uno se detiene cuando va con sus hijos (como Las Meninas y unas pocas más) para contarles que lo pintó uno de los artistas más importantes de todos los tiempos, y ahora resulta que podría ser de un artista valenciano llamado Asensio Juliá, de quien debo confesar que no había oído hablar hasta ahora.

Cada vez que una obra resulta tener un autor diferente del que estudiamos en los libros, y normalmente mucho menos conocido, es como si se viniera abajo uno de los pilares de nuestro conocimiento (poco o mucho, el que tengamos). Por eso, es probable que sigamos toda la vida hablando del Coloso de Goya, haciendo un añadido del tipo “bueno, que ya no es de Goya sino de un señor cuyo nombre no recuerdo”; de Il pastor Fido de Vivaldi (“que ya no es suyo sino de un músico desconocido llamado Chédeville”) o El lazarillo de Tormes, que para muchos seguirá siendo obra de un autor anónimo por mucho que Rosa Navarro insista en que lo escribió Alfonso de Valdés.