
Si les gusta el jazz y la fotografía, no deben perderse la exposición de Javier Mingueza en el museo Artium de Vitoria. Bueno, y si no les gusta ni una cosa ni otra, tampoco deben perdérsela. Nunca verán nada igual. Háganme caso.
Cada una de las 45 fotografías de la exposición es pura mística. Si el
jazz es el arte de la improvisación y por ello está repleto de momentos
irrepetibles, Javier ha sido capaz de captar cada uno de ellos. Son
imágenes del instante del instante, emoción condensada. A veces,
mirando las fotos parece que un acorde invisible abandona el papel y se
te mete entre las orejas. Tienen tanta energía que si uno se queda
contemplándolas mucho tiempo y empieza a pensar en el momento en que se
tomaron, se puede escuchar música. Y eso es magia.

Pero además, muchas de las instantáneas de Mingueza son la mejor forma
de entender el esfuerzo necesario para crear una obra de arte. Miren el
rostro de Miles Davis agotado tras su actuación, recostándose en la
pared del ascensor de su hotel, mientras espera que la puerta se cierre
y le devuelva a su habitación. Sólo hace falta ver su cara para
entender qué es lo que ha sucedido unos minutos antes. El maestro ha
sacado todo lo que llevaba, ha vendido su alma al diablo y ha
convertido su sangre en compases. Y ahora ya no tiene fuerzas ni para
caminar. Afortunadamente, Javier estaba allí para que ya nunca
más podamos olvidar esa imagen.
O Raquel Ferrer mordiéndose el labio mientras escucha la banda, o el
organista Jimmy Smith, en un montaje soberbio, vigilando al joven
guitarrista Mark Whitfield. Javi ha captado a la perfección la
intensidad de la mirada, la concentración del viejo músico mientras
espera que su alumno se mantenga a la altura del concierto. Y Mark,
entregado, se agita sin dejar de tocar la guitarra.

Para captar esos momentos tan tremendos, tan llenos de arte, hay que
ser un artista. Y Javier lo es. Sólo alguien enamorado como él de la
música y la fotografía sería capaz de cazar esos instantes. Por eso les
aconsejo que no se pierdan la exposición. No lo lamentarán.