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Cinco de 2014: la lista evadida

2014 diciembre 24

 

Con esto de las listas pasa como con las cenas de Nochebuena, que está uno a punto de explotar y aparece la madre con algún postrecito especial. Aquí igual: después de atiborrarles bien de listas ajenas de lo mejor del año, hasta que ya no eran capaces de distinguir ni los sabores sonoros de cada una, les saco a la mesa la mía propia. Venga, háganle un huequecito, que es corta y está hecha con mucho cariño. Como siempre, bla bla bla bla, diré que estos cinco discos no son los mejores del año, por el sencillo hecho de que ningún disco lo es, y que yo no he escuchado ni la décima parte de la música editada desde enero, por la sencilla razón de que nadie lo ha hecho. Esto es lo que más me ha gustado a mí, los peces más sabrosos que he logrado capturar en medio del tsunami en el que se ha convertido la oferta musical. Se reparte la cosa entre el Reino Unido (dos), España, Canadá y Japón, y como de costumbre es un poco variadita.

 

Los Ganglios – Lubricante
A lo mejor hay gente a la que le parece poco serio colocar este disco encima de un trono anual, con elegante cojincito de terciopelo. Qué le vamos a hacer: por usar una palabra muy ganglionar, en todas partes hay babiecas. Lubricante es uno de los pocos álbumes a los que he dedicado entrada específica, así que más o menos lo tengo todo dicho: las letras del trío extremeño-sueco son una cosa de tremendo mérito, hilarante a veces, inquietante otras, pero a mí me gusta poner el acento sobre las melodías y los arreglos, porque tengo la sensación de que todo el mundo estaría celebrando su talento compositivo si no fuese por ese cegador sentido del humor.

 

Jane Weaver – The Silver Globe
He de reconocer que este álbum también aparecería aquí aunque solo contuviese una versión larga de Argent, el tema hipnótico y asombroso que da el pistoletazo de salida. Pero el resto del repertorio mantiene el nivel, la capacidad de sorpresa y ese tono de conjuro de bruja buena, o de pócima confeccionada con ingredientes muy pensados: la cantautora británica logra combinar rock espacial de los 70, electrónica añeja, sonoridades de nueva ola y folk de voces cristalinas como si fuese lo más natural del mundo. Ah, es la chica de la foto de arriba.

 

Godflesh – A World Lit Only By Fire
Uno se tira años y años despotricando sobre los grupos que se reúnen, afeándoles la costumbre de destrozar su legado con material nuevo, perfeccionando cada vez más esa actitud de hosco cascarrabias, para que luego vengan dos durotes de Birmingham y le hagan admitir que, bueno, puede haber excepciones a la regla. Godflesh llevaban trece años en paradero desconocido, mientras su líder Justin K Broadrick se dedicaba a otros proyectos, pero han apretado el interruptor y su máquina monstruosa de hacer ruido se ha puesto en marcha sin problemas, dispuesta a machacar lo que haga falta. Qué gusto reencontrarse con ese metal industrial que nadie logra copiar bien, con esas canciones obsesivas hasta la crueldad y con esas bases de groove mutante que reivindican el papel del otro miembro del dúo, el bajista G.C. Green.

 

Timber Timbre – Hot Dreams
Con los años, la música de la banda canadiense ha ido ganando en sofisticación sin perder nada de su tono nocturno, misterioso, inquietante, como unos faros de coche que van desvelando un entorno plagado de vagas amenazas. La comparación puede parecer chorra, pero juro que este disco me da ganas de conducir de noche, y eso que jamás he conducido de noche. Soy un pesado y voy a decir lo mismo que hace cinco años: no entiendo por qué Taylor Kirk y sus muchachos no asoman en los puestos de cabeza de más listas, cuando encajan tan bien en lo que tanto parece gustar por ahí. Ah, el disco se puede complementar con el que han sacado Last Ex, el proyecto de dos de los instrumentistas de Timber Timbre.

 

Kikagaku Moyo – Forest Of Lost Children
Reconozco que últimamente tengo un ramalazo setentero que me pierde. Me crié a base de música de los ochenta, así que, en cierto modo, ir para atrás me resulta más moderno, más innovador y más gratificante que ir hacia delante. Bueno, a lo mío: los tokiotas Kikagaku Moyo, con sus pintas felicísimas y su revelador sitar, podrían pasar por una parodia de la psicodelia más positiva si no fuese porque lo que suena es muy serio. Si no fallan mis cuentas, Kodama es la canción que más veces he escuchado este año. Tantas, que he logrado al fin memorizar el nombre del grupo sin tener que consultarlo cada vez que lo quiero escribir.

 

Podían haber entrado perfectamente en la lista Ex Hex, Hildur Guðnadóttir y  Jessica Lea Mayfield. Y también me han gustado mucho, esperen que mire, los discos de Antiguo Régimen, Susanna y Jenny Hval, The Paperhead, The Budos Band, Web Of Sunsets, Fenster, Punch,, The Wounded Kings, Occultation, Waldorf Histeria, American, Goat, Jose Domingo, FKA twigs, Tired Tape Machine, Trust, Buzzcocks, Wyatt Blair, Shy Boys, Luluc, Verma, Joel Gion…

Hala, vámonos de viaje con Timber Timbre. Feliz Navidad a todos.

 

elcorreo.com

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