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Algunos conciertos de abril

2015 marzo 31

 

Quítense el capirote y váyanse de conciertos, caramba. O, aún mejor, váyanse de conciertos con el capirote puesto, que en alguna de nuestras propuestas del mes no desentonaría. Ahí van seis citas selectas para abril, el mes más cruel. Como siempre, en seis salas distintas, porque por fin nos hemos mentalizado de que el Antzoki son en realidad dos salas.

Wind Atlas (Satélite T, día 2). Empezamos con oscuridades catalanas, y les adelanto ya que acabaremos de manera parecida. Wind Atlas, que acaban de editar su segundo álbum, son un grupo barcelonés en la estela de Dead Can Dance, es decir, lo que podríamos llamar exploradores del misterio ritual por la vía melódica y orientalista. Y venden, por cierto, unas camisetas preciosas. El concierto es gratis, telonean Die Wagen y pincha el amigo DJ Buko, al que hemos pedido algo de Diamanda Galás.

Der Weg Einer Freiheit y Downfall Of Gaia (Sentinel, día 2). Les llevo de pozo a pozo: si Wind Atlas recorren la penumbra con una antorcha vacilante, estos individuos durotes y alemanes se lanzan de cabeza contra las paredes y nos cuentan sus sensaciones. Entre el black metal, el crust y todos los postalgo que ustedes quieran, estas dos bandas (más Shrapnel Meat y Mutilated Judge) prometen una de esas sesiones tan disfrutables del Sentinel, con su ambiente íntimo y su volumen ensordecedor.

Sex Museum y The Wizards (Kafe Antzokia, día 4). A alguien se le ha ocurrido aquí una suma estupenda, con un resultado tan contundente que más parece una multiplicación. Sex Museum llevan tantos años con directos arrolladores que uno se siente viejísimo al recordarlo, y The Wizards son un grupo bilbaíno al que se le ha quedado muy pequeño el calificativo de local: será una noche de invocación eléctrica al espíritu de los 70.

Kevin Junior (Colegio de Abogados, día 9). El Colegio de Abogados, siempre a su bola, se atreve a organizar un concierto en mitad de la semana de Pascua. Esa osadía ya merece un aplauso, pero es que además el protagonista del bolo (de entrada gratuita, como siempre) es un tipo la mar de interesante. Kevin Junior, a pesar de ese nombre de bachatero, es un orfebre del pop bien entendido que encabeza desde hace años The Chamber Strings y es o ha sido amigo de figuras como Epic Soundtracks, Nikki Sudden, Peter Perrett, Alex Chilton o Evan Dando, ¡casi nada! Lo tienen, todo pinturero, en la foto de arriba.

Wombat Fest (Plateruena, días 17 y 18). La promotora Wombat, que suele estar tan presente en estas selecciones mensuales, organiza su festival de dos jornadas, consagrado a las habituales extremidades. Como cabezas de cartel figuran Toundra (que, con su nuevo disco, parecen estar por todas partes) y Russian Circles, pero este no es uno de esos eventos repartidos asimétricamente entre titulares y relleno: en el cuerpo del programa bullen propuestas tan interesantes como Adrift, Jardin de la Croix o Viva Belgrado, por ponernos injustos y citar a tres.

Ciudad Lineal (piso de arriba del Antzoki, día 24). Y terminamos más o menos donde empezamos, cerrando el círculo negro, con otro proyecto barcelonés heredero de aquellas oscuridades que siguieron al punk. Ciudad Lineal son un trío tecnificado y nuevaolero que editó álbum a finales de año, con títulos de futurismo delator como Nuevo hombre, Ciudadano, Industria, Impulso o este Máquinas, de vídeo gélido y hermoso.

 

Ningún funeral sin violín

2015 marzo 30

 

Si les cansan las saetas y las bandas de cornetas y tambores, pueden complementar ese régimen sonoro de Semana Santa con un poco de violín funerario, que les aportará diversidad sin romper el tono general. El compositor británico Rohan Kriwaczek se ha convertido en el principal historiador de esta forma musical prácticamente olvidada, que durante mucho tiempo tuvo una presencia casi cotidiana en su país: en su libro An Incomplete History Of The Art Of The Funerary Violin, Kriwaczek relata cómo en el siglo XVII «cada ciudad, incluso cada pueblo, contaba con su propio violinista funerario, normalmente a tiempo parcial y encargado también del puesto de carpintero y fabricante de ataúdes». El Gremio de Violinistas Funerarios se fundó en 1580, con su lema nullus funus sine fidula (algo así como ningún funeral sin violín), y Kriwaczek cita como último representante de esta tradición a Niklaus Friedhaber, que falleció en 1915. Hoy resulta muy raro que se interpreten las piezas de autores que fueron célebres en su día, como el imponente Hieronymous Gratchenfleiss.

Estooooo… ¿recuerdan que la semana pasada iniciamos una pequeña serie de mistificaciones histórico-musicales, verdad? La culpa fue de H&M y de sus bandas inventadas, tan rematadamente falsas como el violín funerario (jamás existió esa tradición) y todos sus representantes. Kriwaczek publicó su libro hace nueve años y ni siquiera su editor sospechó que se lo había inventado todo, hasta que el New York Times se puso en contacto con él para preguntarle por el tema. La tarea de nuestro travieso estudioso sigue hoy en día: a través de la web del Gremio de Violinistas Funerarios, que él mismo preside, se ofrece para tocar en sepelios y comercia con partituras y cedés. La cuestión es que la música (que supongo compuesta por él mismo) suena hermosa y evocadora, con una mezcla de aspereza folk, abandono romántico y desesperación gótica, como en esta Sombría coquetería de la muerte. A mí, de verdad, no me importaría que un tipo lúgubre con sombrero la tocase en mi funeral.

 

Canción de la semana: ‘Oak Grove’

2015 marzo 27

 

Empecé a escuchar el álbum de debut de Dorthia Cottrell sin tener la menor idea de quién es Dorthia Cottrell, y me atrajo la oscuridad a veces casi mórbida de sus canciones austeras y reconcentradas, solo voz y acústica con adornos de steel guitar y sitar. Después de pasearme varias veces por los paisajes desolados de su disco, me decidí por fin a buscar algo de información sobre la artista, y fue ahí cuando me enteré de que Dorthia es la vocalista de Windhand, el reputado grupo virginiano de doom: el salto del metal al folk puede parecer una cabriola casi temeraria, pero, en realidad, estas composiciones intimistas de Dorthia también contienen de alguna manera la psicodelia oscura de la banda madre.

Dorthia ha explicado que desde pequeña quería cantar metal, pero en su pueblito de Virginia no había gente con la que acometer un proyecto de ese tipo. Así que, con 14 años, empezó a escribir canciones acústicas acompañándose a la guitarra: después vendrían Windhand y el impacto sonoro del rock, pero para este debut en solitario ha querido recuperar algunas de sus composiciones más antiguas, que completa con sendas versiones de Gram Parsons y Townes Van Zandt. Esta faceta de cantautora le permite desnudar su voz, más expuesta y menos procesada que en la banda madre, y también canalizar algunas de sus influencias tempranas: «Siempre he sido una fan tremenda del viejo country, que formaba parte de la cultura del lugar donde crecí. La primera canción que aprendí a cantar fue Angel Flying Too Close To The Ground, de Willie Nelson, cuando yo tenía 5 años, y mi padre solía tocar la guitarra y ponerme a cantar ante sus amigos», recuerda en esta entrevista con Cvlt Nation. Y también dice: «Crecí en medio de la nada y era muy hermoso, pero también había mucho aislamiento. Hasta el día de hoy, cuando escribo canciones para mí o para Windhand, pienso que estoy sola en aquellos bosques, de noche». No parece mal entorno mental para escuchar este Oak Grove (lo que viene a ser un robledal), con su terrible último verso: «Todo mi amor se ha agotado».

 

¿Ya han escuchado a sor Anselma y los Guinness Dadaists?

2015 marzo 25

En la experimentación literaria del siglo XX, el peso de Irlanda es enorme e ineludible, con figuras tan monumentales como James Joyce o Samuel Beckett, pero en el terreno de las vanguardias musicales su contribución no es tan conocida. Un grupo de investigadores, encabezados por la compositora y cantante Jennifer Walshe, ha decidido poner fin a este vacío y rescatar del olvido las figuras más destacadas de esa tradición rupturista, con perdón por juntar dos palabras que suelen llevarse muy mal. A través de la Fundación Aisteach y de un libro recién publicado, repasan las vidas y obras de personajes alucinantes del siglo XX y de finales del XIX, como los Guinness Dadaists, un proyecto de poesía sonora que pusieron en marcha varios empleados de la cervecera allá por los años 20, o como Caoimhín Breathnach, un artista propenso a la reclusión que sometía sus grabaciones a todo tipo de perrerías y estaba convencido de que podía alterar las cintas con su mente, o como la mujer casi espectral de la foto, la carmelita sor Anselme O’Ceallaigh, organista de convento a la que se puede considerar una pionera del drone, con obras de notas interminables que servían como fondo para la oración contemplativa de las hermanas.

En la web se pueden escuchar algunas grabaciones de estos artistas que han sobrevivido al tiempo y el abandono. Y también puede leerse, si uno llega a darse cuenta, el texto que avisa de que todo esto es pura ficción, un juego basado en la pregunta «¿y qué habría pasado si…?». La vida, por cierto, tiene estas cosas: mi intención era contarles todo esto ayer, pero se cruzó en mi camino la historia sobre las bandas imaginarias de H&M, otro ejercicio de fantasía retrospectiva. A lo mejor acabo haciendo una semana temática, porque hay por ahí otra historia de este tipo que me encanta.

Las bandas de moda que nunca existieron

2015 marzo 24
por Carlos Benito

Qué rabia nos da a todos que las grandes cadenas comerciales vendan camisetas de los Ramones, AC/DC, Metallica y compañía, ¿verdad? La industria de la moda siente cierta fascinación por la iconografía rockera y no puede contenerse a la hora de vampirizarla, con el efecto un poco absurdo de que acaba vendiendo símbolos a gente que no los entiende. Parece que, ahora, la cadena H&M da el paso definitivo, con una colección que bucea en las catacumbas del metal extremo para rescatar a unas cuantas bandas de culto ultraminoritario, como los franceses Lany, los alemanes Grey, los impronunciables finlandeses Motmros o los pioneros del «metal hippie cósmico» estadounidense Mystic Triangle. Ah, y también los mexicanos Mortus, que según su ficha en Discogs editaron en 1999 un sencillo con los temas Viva la cabra, Pene de mi padre y El diablo quiere helado.

El problema más evidente, claro, es que ninguna de esas bandas ha existido jamás, por mucho que una rápida búsqueda en la red nos brinde un montón de información sobre ellas. El asunto resulta muy confuso, y de hecho he tenido que editar este post porque yo mismo lo había entendido mal: las prendas metaleras con bandas imaginarias existen y pueden comprarse en la web de H&M, pero todo ese aderezo supuestamente promocional de referencias en internet, falsas discografías y demás no tiene nada que ver con la empresa sueca, cuyos responsables deben de estar alucinando ante la aparición de todo ese background imprevisto para unos nombres inventados: según las últimas indagaciones, sería la iniciativa de unos bromistas muy trabajadores camuflados como Strong Scene Productions. Y digo que estamos ante gente trabajadora porque, bueno, no solo se han molestado en diseminar por todas partes perfiles de las bandas y referencias a sus trabajos, sino que también nos ofrecen… su música. Escuchen abajo, por ejemplo, a Mortus, el chingón grupo de culto que nunca existió, recuperado de la nada para las prendas de H&M.

Entre los pranksters que han montado todo este lío para mofarse de la iniciativa de la marca, destaca un miembro de Finntroll, que este finde han pasado por Bilbao. Dice que su propósito es demostrar que «no se puede comercializar una subcultura sin conocer de verdad todos sus aspectos».

 

Canción de la semana: ‘Tiroteo’

2015 marzo 20

 

Me estoy dando cuenta de que llevo una semana la mar de electrónica, pero con bastante variedad en el menú. Por un lado, está el disco de Supergrupo del que ya hablamos el otro día, con sus desenfadadas mutaciones tecnopop. Por otro, una conversación con el compañero Julio Arrieta me ha llevado a repasar dos clásicos que tiran a lo progresivo y que siempre me han entusiasmado: el Spiral de Vangelis (del 77, ahí con el punk) y el Zoolook de Jean Michel Jarre (del 84, este me lo compré en vinilo en su momento). Y, finalmente, tenemos el recopilatorio en el que viene incluida nuestra canción de la semana: The Past Is Now Part Of My Future celebra el vigésimo cumpleaños de Self, fanzine consagrado a la electrónica que nació en 1995, desapareció en 2000 y resucitó inesperadamente hace un par de años.

El cedé, editado por el nuevo sello Nøvak, viene a ser un paseo por diversas ramificaciones del género, desde el pop oscuro (no podía faltar, en un disco titulado con un verso de Joy Division) hasta planteamientos más abstractos. Y Tiroteo pertenece al primer grupo: de hecho, sirve como remate para una fantástica andanada de cuatro canciones de aroma más o menos siniestrillo, en la que está precedida por cortes de los amigos GG Quintanilla, Medievo y Comando Suzie. La firman Breton Armada, los muy respetables e ilustres señores de la foto: nada menos que Big Toxic (al que la mayoría tenemos presente por sus colaboraciones con Fangoria) y Lucho Prosper (de Oviformia SCI y Heroica, además de compositor de algunos de los himnos más populares de Fangoria). Veo que Tiroteo está colgada en YouTube desde hace año y medio, y eso me hace preguntarme por qué diablos he tardado tanto en enterarme de la existencia de algo tan bonito. Que empiece ya…

 


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No se vende el tecnopop

2015 marzo 18

 

Hay un nuevo supergrupo llamado Supergrupo. En realidad no es tan nuevo, pero alguien ha debido de pensar que, cuando tienes entre manos un supergrupo, lo mejor es dejar las cosas claras desde el nombre: Supergrupo es como se llama ahora la suma de Aviador Dro, L-Kan y La Monja Enana, una alianza ya veterana que debutó hace más de una década con un disco conjunto de compadreo intergeneracional. Ahora, los miembros de este ejército mutante regresan de la hibernación para cumplir su misión sagrada: «Salvar al mundo de los indies, de los hashtags, de los gintónics con cosas, de las grasas saturadas, de los diyeis, de nosotros mismos».

Supergrupo suma once miembros y su álbum recién salidito, Crisis en autonomías infinitas, viene a ser como una orgía desprejuiciada de gente flexible y promiscua, en la que unos cantan alegremente temas de otros y se van colando canciones nuevas y unas cuantas versiones de corrales ajenos: de Leño, de Parálisis Permanente, de los Who, de Michael Nyman. A bote pronto, mi tema favorito del disco es Fortaleza, con su melancolía existencial a lo New Order, pero no me resisto a colgarles su adaptación del No se vende el rock and roll de Rosendo y los suyos. Aquí se ha transformado en No se vende el tecnopop, y soy consciente de que a algunos lectores tradicionalistas les provocará ronchas y picores. Los hay que no lo pueden entender.

 

Canción de la semana: ‘Entre ruinas’

2015 marzo 13
por Carlos Benito

No esperen que les cuente muchos detalles de la canción de esta semana, porque yo mismo no tengo mayor idea de lo que es y estoy trabajando con suposiciones y tanteos. Procede de una maqueta firmada por Eddy Vortex que está datada el mes pasado en Bilbao. El único Eddy Vortex al que localizo es Mikel Biffs, miembro de los históricos Pop Crash Colapso y Safety Pins que ha utilizado ese seudónimo en algunos proyectos, así que doy por hecho que se trata de él. Y también me imagino que estamos ante grabaciones recientes, aunque el estilo remita de manera inevitable al afterpunk ochentero: tiene cierta lógica si pensamos que Pop Crash Colapso surgieron de proyectos anteriores más cercanos a la escena siniestra. Pero, claro, a lo mejor me estoy equivocando en todas mis cábalas. El caso es que las siete canciones de Demoxx están muy bien, pero desde el primer momento me cautivó especialmente Entre ruinas, con su pegadizo estribillo de romanticismo apocalíptico que debería sonar en la Taberna Tuercebotas (esta mención traída por los pelos es en realidad una sincera recomendación hostelera). Ah, en los comentarios me chivan (y es verdad) que el vocalista es el mismísimo Txarly Usher.

Tengo la impresión, por cierto, de que el afterpunk ochentero español se está reivindicando mucho últimamente fuera del estricto círculo tribal. La herencia de grandes bandas como Parálisis, los primeros Gabinete, Décima Víctima, Seres Vacíos o Alphaville revive en nombres actuales y transversales como Biznaga, los más veteranos Juanita y los Feos (y su proyecto paralelo Rata Negra), Antiguo Régimen o Violeta Vil. Y cómo me alegro.

Demos (o Demoxx) un paseo entre ruinas…

 

África en do

2015 marzo 12

 

Iba a decir que In C es una de las piezas clásicas más populares de la segunda mitad del siglo XX, pero me imagino que eso de la popularidad hay que entrecomillarlo o ponerlo en cursiva cuando hablamos de composición contemporánea. Tampoco se me ocurren tantas obras de ese medio siglo que hayan logrado atravesar la frontera del público entendido (pienso, por ejemplo, en la tercera sinfonía de Górecki, especialmente en su segundo movimiento), a menos que incluyamos en el lote las bandas sonoras. Pero bueno, a lo que iba: no es que la pongan en supermercados y bares de pintxos, pero ciertamente el In C de Terry Riley, una composición que cumplió cincuenta años en 2014, se sigue interpretando con frecuencia en entornos muy diversos, incluidos algunos que no tienen tanto que ver con la música culta. Por ejemplo, el grupo japonés de psicodelia majara Acid Mothers Temple & The Melting Paraiso U.F.O. se atrevió a grabar una bonita versión de veinte minutos.

Ayuda a esa perdurabilidad que In C, puntal del minimalismo, sea una pieza flexible por definición: está escrita para un número indeterminado de intérpretes que pueden alargarla o acortarla cuanto gusten, hasta el punto de que, como suele decirse, podría prolongarse hasta el infinito si hubiese músicos dispuestos a hacer turnos. Se compone de 53 frases musicales repetidas al albedrío de los intérpretes, que ni siquiera deben (de hecho, no deben) pasar de una a otra al unísono e incluso están facultados para saltarse alguna. Y, de fondo, un do insistente hasta lo obsesivo (In C se traduce como En do) marca un pulso que suele aproximar esta pieza al krautrock y la psicodelia espacial. Ahora que Terry Riley está a punto de cumplir los 80, su obra más conocida se ha editado en una versión inesperada: Africa Express, el proyecto encabezado por Damon Albarn, ha enrolado a un montón de músicos africanos y a figurones del rock como Brian Eno o Nick Zinner para grabar In C Mali, con su buena provisión de marimbas, balafones y koras. El resultado es hipnótico y, en cierto modo, supone un retorno a las raíces, porque las estructuras repetitivas de la música africana sirvieron de inspiración al compositor.

Aquí tienen In C Mali, en directo, en un vídeo interactivo. Otra cosa es que les funcione tanta interacción.

 

El difícil cruce de Naranjo y Manzanera

2015 marzo 9

 

Tiene cierta lógica que Naranjo y Manzanera no se lleven del todo bien, porque al fin y al cabo uno es una rutácea y el otro una rosácea. Una vez dicha la tontería botánica, saltemos a la música, porque con Naranjo y Manzanera nos referimos a Mónica y Phil, la diva de la voz incontenible y el guitarrista de Roxy Music. Los caminos de ambos se cruzaron allá por los tiempos de Sobreviviré, la versión del Fiume azzurro de Mina, producida por el británico, y hasta ahora el hombre no había hecho mucho recuento de aquella colaboración. Bueno, hace cinco años comentó en El País que la voz de Mónica le había parecido «un instrumento increíble».

En el último número de la revista Uncut, Manzanera, a quien tienen en la foto de arriba, protagoniza una sección en la que un artista se somete al interrogatorio de los lectores y de algunos colegas. David Gilmour (sí, el de Pink Floyd, aquí hay nivelillo) le pregunta si alguno de los incontables artistas a los que ha producido le ha derrotado. Y no puedo resistirme a copiar la respuesta íntegra, aunque sea un poco larga: «Me resulta bastante difícil producir a divas. Recuerdo a Mónica Naranjo, que era número uno en España y Sudamérica. Yo tenía que hacer tres canciones con ella. En aquel tiempo, mi estudio estaba en construcción, así que instalé una cabina de voces en el piso de abajo, con los trenes pasando por fuera. Ella, recién salida de álbumes con ventas millonarias, llegó a Kilburn Lane y todo tenía una pinta un poco chunga. Yo le dije: ‘No te preocupes, simplemente entra ahí y estará bien’. En unas horas, habíamos construido el tema y sonaba fantástico. Dije: ‘Bueno, eso es todo, ¡ya está hecho!’. Bueno, dice Naranjo, no puede ser, ha sido demasiado rápido. Así que alquila un estudio puntero en el lago de Lugano. Vamos allí con su esposo, el típico coproductor que estaba un poco mosqueado porque el trabajo lo hacía yo y no él. Todos los días, ella volvía a cantar su parte. Estábamos en hoteles separados, con vistas al lago, y yo me aburría a muerte. Un día el marido me llamó y me dijo que a ella no le apetecía grabar. Y contesté: ‘¿Sabéis qué? No me apetece hacer vuestro disco, voy a llamar a un taxi y me largo al aeropuerto. Hacedlo vosotros. Buena suerte. Adiós’. Me largué, fue un momento liberador. Intentaron hacerlo por su cuenta durante meses, pero al final editaron la versión que habíamos grabado aquí, en el piso de abajo. Fue un éxito enorme».

La verdad es que les quedó bien…

 

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