Ir al contenido

Canción de la semana: 100 Million Miles

2017 abril 28

 

 

En este blog ya es casi una tradición que las actividades extraescolares de Jason Lytle, el líder de Grandaddy, tengan su canción de la semana. Así que, tras varios sencillos de adelanto, estaba esperando como agua de mayo el álbum de BNQT (léase Banquet), el supergrupo que han puesto en marcha miembros de Midlake con cinco vocalistas cinco, todos ellos de prestigiosas ganaderías: Ben Bridwell, de Band of Horses; Alex Kapranos, de Franz Ferdinand; Fran Healy, de Travis; el propio Eric Pulido, de Midlake, y nuestro hombre, ese Jason Lytle de melancolía inextinguible que impregna todo lo que canta. Tampoco se piensen que he ido a tiro fijo buscando las suyas, con impaciencia y cerrazón de fan… Bueno, vale, piénsenlo, pero es que además esta 100 Million Miles es la que más me gusta del lote.

Suena, como diría yo… a Grandaddy. Yo creo que, si este hombre cantase goregrind o fandanguillos de Huelva, también sonaría a Grandaddy. No obstante, se trata de una versión de Grandaddy midlakizada, con hermosos arreglos de cuerda, que de alguna manera permite apreciar mejor las raíces de Lytle en el rock setentero de acabado primoroso.

 

Un viaje por el cuarto mundo

2017 abril 27

 

 

La recopilación es un arte que no siempre recibe el crédito merecido. Es cierto que, en eso de agavillar canciones de diversos artistas, abundan los productos facturados sin vocación de trascender, sin un concepto interesante, incluso sin ningún cariño, pero una recopilación también puede servir como un mapa precioso para explorar mundos musicales que uno conoce poco. A mí me marcaron, por ejemplo, algunas de las que hizo Kevin Martin para la serie Virgin Ambient (ya lo dije hace poco por aquí), y también me impresionaron mucho algunas de la colección Late Night Tales, o las de Mary Anne Hobbs para el sello Planet Mu, o aquella de dub pasadillo de rosca que hizo Savage Pencil y que acabó (un poco absurdamente, vale) en mi minilista de lo mejor del año.

Pues bien, estas dos últimas semanas estoy plácidamente sumergido en una de esas recopilaciones sobradas de concepto, cariño e interés. Se titula Miracle Steps (Music From The Fourth World 1983-2017) y es obra de dos escoceses: uno es JD Twitch, el 50% del club Optimo (Espacio), que ya metieron un disco de varios en mis listas, y el otro el «escritor y DJ ocasional» Fergus Clark. La idea que anima el álbum es un poco enojosa de explicar y despide ese tufillo intelectualoide que puede espantar a los hipersensibles a estas cosas, pero vamos a ello con gesto audaz: lo de la música del cuarto mundo fue una formulación del trompetista y compositor estadounidense John Hassell, que venía a referirse a la combinación de la electrónica con las músicas ajenas a la tradición europea. El propio Hassell ha explorado ese terreno en gran parte de su obra y, más concretamente, en el disco en colaboración con Brian Eno que publicó en 1980, Fourth World, Vol. 1: Possible Musics.

Pues bien, Miracle Steps reúne catorce temas publicados entre 1983 y 2017 que responden de alguna manera a ese principio estilístico, con un resultado envolvente, enigmático y sugerente hasta lo embriagador. Es, cómo diría yo, lo que siempre debió ser la new age, una música que parece liberarse de las ataduras de tiempo y espacio. Además del tema de Hassell que le da título, en el lote caben los tecnificados rituales precolombinos del mexicano Jorge Reyes (el primer corte y, seguramente, mi favorito de todos), el ambient ensoñador y repetitivo de los británicos O Yuki Conjugate, el conjuro opiáceo de la iraní Sussan Deyhim (en la foto de arriba), el viaje hasta la India astral del también británico Rapoon o el aterrizaje planeador del canario Javier Segura que sirve de despedida, por enumerar unos pocos. Déjense llevar sin prisas.

 

Canción de la semana: 1969

2017 abril 22
por Carlos Benito

 

 

Hay muchos grupos que se declaran eclécticos y proclaman su vocación de no encasillarse, pero esas palabras se quedan en una tonta broma ante la existencia de los noruegos Ulver, en cuya producción hay desde una misa neoclásica hasta versiones de rock psicodélico, pasando por bandas sonoras ambientales para películas, exploraciones electrónicas, folk escandinavo o improvisación de vanguardia. Y, por supuesto, están sus orígenes, la etiqueta que los sigue marcando cuando se acercan ya al cuarto de siglo de trayectoria: Ulver fueron uno de los grupos cruciales del black metal escandinavo, aunque, de sus tres discos adscritos al género, uno era blasfemamente acústico. Yo he disfrutado especialmente con dos de sus álbumes: el esencial Nattens Madrigal de 1997, una razia de metal rabioso y crudo con sonido voluntariamente áspero, y el Childhood’s End de 2012, en el que versionan con respeto y acierto temas sesenteros de bandas como The Pretty Things, The 13th Floor Elevators, The Left Banke o The Electric Prunes. Porque Ulver, lobos en noruego, siempre han sido tipos listos y con buen gusto.

Aquella manada que aullaba black metal se define hoy como colectivo experimental, y es cierto que gran parte de sus últimos discos tienden hacia la vanguardia, a veces un poco antipática. Pero en su nuevo álbum, The Assassination Of Julius Caesar, han prescindido de coartadas culturetas (al menos, en el sonido, porque las letras y la inspiración son otro cantar) y se han centrado en facturar un repertorio entero de pop electrónico, apto para esos fans de Depeche Mode que sufrirían una apoplejía si fuesen sometidos a dos minutos de Nattens Madrigal. La canción que más me gusta es este 1969: reconozco que esperaba que se tratase de una versión del clásico de los Stooges, pero no, qué va, se titula así porque su letra son unas cuantas pinceladas acerca de la descomposición del sueño hippie, del desengaño que fundió en negro una década que había ido llenándose de color. En los versos no faltan referencias a los Beatles vía Charles Manson (el estribillo es un “helter skelter” que rompe la tonalidad de la canción), a Polanski (“we all must carry Rosemary’s baby”), a los Stones (“let it bleed”, dicen por ahí) y también al ocultista Anton LaVey. “Había una casa en el 6114 de la calle California”, concluye la letra, y sí, en esas señas de San Francisco se alzaba la Casa Negra, sede de la Iglesia de Satán de LaVey. A lo mejor, pese a los bandazos estilísticos, en el corazón lobuno de Ulver sigue quedando un rinconcito un poco black metal.

 

Guardar

Guardar

Guardar

Achicando canciones

2017 abril 19

 

 

La actualidad musical me parece cada vez más inabarcable, acongojante en su inmensidad, y reconozco que a veces acabo presentando canciones nuevas como quien achica agua de un bote, en plan urgente y sobrepasado. Pero se trata de novedades de artistas a los que aprecio mucho, que ya han tenido por aquí su canción de la semana, así que me parecería mal no dar cuenta de sus actividades. De hecho, yo creo que estos lotes de santos patrones del blog acabarán por convertirse en una sección mensual fija. Allá vamos…

Empezamos con los catalanes Maria Arnal y Marcel Bagés, activistas de la tradición oral que me dejaron pasmado hace un año con su intensa revitalización de materiales olvidados y que esta semana editan por fin su primer álbum, 45 cerebros y 1 corazón. Lo han presentado con esta preciosa composición propia en castellano, que tiene vídeo y todo.

 

 

Los siguientes son Milk Music, de quienes prácticamente me había olvidado en los cuatro años transcurridos desde esto. El grupo de Olympia (Washington) tiene costumbre de tomarse su tiempo para hacer las cosas, así que habrá que celebrar que se hayan animado por fin a lanzar álbum nuevo. A mí me siguen recordando al rock alternativo más pasado de rosca de los 80, con desprecio por los estribillos y demás convenciones. No hay más que escuchar cómo acaba este tema.

 

 

Keaton Henson, ese hombre tan británico y huidizo, siempre al borde del colapso emocional, es una presencia fija en el blog desde hace mucho tiempo. El día de Jueves Santo difundió de improviso una canción nueva, este Epilogue que empieza como una de sus características baladas sufrientes al piano y concluye en un éxtasis de cuerdas, con una letra planteada a modo de brindis y un vídeo de viaje entre tinieblas. Muchos fans ya lo están interpretando como una despedida.

 

 

Al otro lado del Atlántico, en Rhode Island, los amigos Downtown Boys han fichado por Sub Pop, así que a partir de ahora dispondrán de un altavoz más potente para sus diatribas revolucionarias en español indignadísimo y casi indescifrable. El primer fruto de esta nueva alianza se titula Somos chulas (no somos pendejas) y es «una declaración sobre la capacidad para descolonizar el propio pensamiento y sobre la importancia de desaprender sin miedo las maneras en que la supremacía blanca condiciona a la gente». Casi na’.

 

 

Nos quedamos en aquella orilla del océano, pero un poco más al sur. La dominicana Rita Indiana, chozna de un prócer de la Guerra de la Restauración (je, je, desde que descubrí esa palabra, estaba deseando usarla), es una artista fascinante que se reparte entre la literatura y la música: en esta segunda faceta, su combinación de lírica y rítmica es capaz de dotar de contenido profundo a estilos habitualmente livianos. ¡Si hasta me llevó a meter un merengue en el blog! La nueva, El castigador, es una especie de gospel caribeño que clama contra la corrupción. Ah, tienen a Rita en la foto de arriba.

 

 

Y acabamos en el pozo lóbrego de los franceses Aluk Todolo, el trío instrumental de rock oculto, que ha editado una recopilación de cosas que tenían guardadas en sus archivos. Viene a ser una limpieza del pozo séptico en la que desentierran restos tan tóxicos como este tema.

 

Canción de la semana: ‘Wawa By The Ocean’

2017 abril 16

 

Al fin y al cabo, esta sección se llama canción de la semana, así que las piezas que la protagonizan suelen atenerse al formato convencional de canción, con su minutaje más o menos breve y su estructura más o menos tarareable. Pero hay un montón de música que se queda fuera de esas coordenadas, por mucho que estiremos de ellas para despojarlas de su previsibilidad y su antipático rigor, y esta semana vamos a prescindir del molde habitual y nos vamos a hacer una escapadita de diez minutos y medio por la obra de Mary Lattimore, una arpista estadounidense que amplía con efectos electrónicos las posibilidades de su instrumento de 47 cuerdas. Mary, que ha colaborado con gente como Jarvis Cocker, Sharon Van Etten, Meg Baird, Kurt Vile o Thurston Moore y ha formado parte de proyectos como The Valerie Project (miren, hablamos de ellos por aquí), acaba de mudarse de Filadelfia a Los Ángeles, un cambio de escenario que conmemora recopilando a modo de álbum seis composiciones grabadas entre 2011 y 2016.

El tema que abre la recopilación es este Wawa By The Ocean, que empieza con aire de canon clásico y después juega con una melodía sencilla y repiqueteante, que se llena de ecos y va acercándose al oyente y apartándose de él. De alguna manera, el tratamiento electrónico potencia las cualidades ensoñadoras que siempre se han atribuido al arpa, ya saben, del salón en el ángulo oscuro y de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo y tal y tal. Pero no se asusten y déjense llevar por esta música paciente que, pese a su tono contemplativo, está dedicada a una tienda abierta las 24 horas.

 

Guardar

Guardar

El DJ se viene arriba

2017 abril 10
por Carlos Benito

 

 

El mundanal ruido llega a los sitios más inesperados. Está uno, por ejemplo, en el campo base del Everest, pensando en sus cosas elevadas de alpinista, cuando de pronto aparece por allí el discjockey Paul Oakenfold con una hilera de porteadores y una recua de yaks, provisto del equipo necesario para montar una fiesta por todo lo alto (era inevitable, lo siento). «Estamos haciendo pruebas de sonido, todo el mundo está entusiasmado por aquí», ha declarado el artista a The Guardian, aunque la foto de arriba, de su sesión del jueves pasado en el pueblo de Pheriche, tampoco transmite exactamente una idea de febril excitación y desmelene: creo que Oakenfold está acostumbrado a que su público vibre un poco más al escuchar la música.

Pero bueno, él se lo ha buscado: el DJ inglés ha subido al campo base para celebrar el 30 aniversario de su recordado viaje a Ibiza, que sirvió como detonante del llamado Segundo Verano del Amor, es decir, el recordado periodo británico del acid house, el éxtasis y las raves. Sí, yo también llevo un rato dándole vueltas a la lógica que enlaza las Pitiusas con el Himalaya, pero tal vez ese aparente absurdo solo enmascare una genialidad, así que fingiré que lo entiendo. Lo de mañana en el Everest será «la fiesta a mayor altitud» que se ha celebrado jamás, a 5.380 metros sobre el nivel del mar, y Oakenfold ha aprovechado la caminata de diez días para impregnarse de ritmos de Nepal, así que a lo mejor a su vuelta inicia un tercer verano del amor inspirado en canciones como esta de Bishnu Majhi & Dipak Pariyar Palpali featuring Sarika KC & Raj.

 

Canción de la semana: ‘Le goût du chagrin’

2017 abril 6

 

 

Si no falla mi francés de EGB (y no falla, porque está asesorado por un docto diccionario online), el título de nuestra canción de la semana significa El sabor de la tristeza, pero no se esperen alaridos de desesperación y venas abiertas, porque hablamos aquí de una tristeza civilizada y muy francesa. Louise Thiolon es una cantautora de Niort (en mitad del lado suroeste del hexágono) que trabaja como logopeda en París, toca el piano, la guitarra y el charango y ha ejercido durante cinco años como vocalista de Cars On Rooftops, un grupo de folk-rock con letras en inglés. Ahora debuta en solitario con esta canción de hermosos arreglos acústicos y estribillo tarareante que, lo sé, podría servir para uno de esos anuncios de cerveza que tanto me espantan, pero por alguna razón me suena cautivadora y sobrada de encanto. Será por esa trompa y ese melófono tan simpáticos, o quizá por ese francés del que, maldita EGB, no entiendo casi nada.

 

Las tortugas tienen las patas cortas

2017 abril 5
por Carlos Benito

 

 

 

El formato de disco sencillo, con sus restricciones temporales, tal vez no fuese lo más apropiado para un grupo como los alemanes Can: su música se agigantaba a base de repetición y mutación, de manera que catorce minutos de Mother Sky siempre resultarán más satisfactorios que seis. Pero parece que a ellos les molaban los singles y, de hecho, hicieron versiones recortadas de varias de sus mejores canciones para embutirlas en un vinilo de siete pulgadas. Ahora, todos esos sencillos se recogerán en un recopilatorio austeramente titulado The Singles, que editará en junio el sello Mute.

A mí esto de anunciar lanzamientos discográficos no me suele hacer mucha gracia, pero me he sentido obligado a mencionarlo al ver que el tema de adelanto es Turtles Have Short Legs, una de las canciones más marcianas (y menos conocidas) de la carrera de Can. Y es marciana, precisamente, porque de alguna manera intenta sonar comercial, pero comercial según el criterio un poquillo desviado de nuestros protagonistas: el resultado es todavía más extravagante que su producción habitual, con unos tecladitos juguetones e insistentes y un Damo Suzuki que vocea sus ocurrencias con la habitual entrega orate. Las tortugas tienen las patas cortas fue su tercer sencillo, grabado en las sesiones de Tago Mago y editado en 1971, según detallaba hace unos años la imprescindible Dangerous Minds. Este sábado, por cierto, tendrá lugar en Londres uno de los eventos centrales de las celebraciones por el cincuenta aniversario de Can: Irmin Schmidt (el teclista) dirigirá a la London Symphony Orchestra en la presentación de Can Dialog, una pieza que ha compuesto a medias con Gregor Schwellenbach y en la que cita varios pasajes del grupo. A continuación, actuarán The Can Project, un grupo efímero impulsado por Thurston Moore (Sonic Youth) en el que figura Malcolm Mooney, el otro vocalista de Can.

Pero a lo que íbamos…

 

Algunos conciertos de abril

2017 marzo 31

 

 

Hace un par de semanas habría dicho que abril tenía una pinta muy sosa, pero lo cierto es que se ha animado con unos cuantos conciertos la mar de estimulantes. Vamos con ocho propuestas en ocho recintos diferentes, a las que pueden sumar alegremente el Fuzz In The City que termina hoy.

Blood Quartet (Shake!, día 1). El Cuarteto de Sangre (en la foto) es un proyecto del trompetista estadounidense Mark Cunningham, que se ganó un puesto fijo en la historia del rock como miembro de MARS, una de las bandas clave de la explosiva y fugaz no wave neoyorquina. Cunningham vive desde hace mucho en Barcelona y se ha aliado con el trío local Murnau B para confeccionar música libre, exploratoria y cinematográfica. Telonean Magmadam, siempre ajenas a toda vulgaridad.

Kvalvika y Sail Hatan (Sarean, día 6). Reconozco que lo primero que me llamó la atención de este concierto fue el nombre de Sail Hatan, con ese travieso juego de iniciales, pero sé poco más de él: explica la sala que es un mamífero, que bajará de las montañas y que usa «cajas de ritmos y pedales de distorsión para rockear duro», o sea que bien. En cuanto a Kvalvika, es el proyecto del eibarrés David Barba, que utiliza grabaciones de campo realizadas en Islandia para crear un sugerente ambient electrónico.

Sangre de Muérdago (La Karpintería, día 8). Si la combinación Eibar-Islandia tiene su punto sorprendente, tampoco está nada mal el enlace Galicia-Leipzig. Sangre de Muérdago son un proyecto de neofolk con base en la ciudad alemana que pretende recuperar el corazón mágico de la tradición gallega: utilizan instrumentos acústicos y aspiran a sonar pretecnológicos (o postecnológicos, quizá), con un espíritu que se puede emparentar con el black metal, al que está vinculado el líder Pablo C. Ursusson. El punto iniciático y casi ceremonial del concierto se redondea con las características del piso de la calle Cortes, de aforo limitadísimo. Telonea el guitarrista canadiense Nathanael Larochette, que tiene muy buena pinta. (actualizado: el concierto no se celebrará finalmente en La Karpintería; los promotores están buscando un local alternativo).

Rubi (Satélite T, día 8). Allá por los 80 todos (o, al menos, muchos) andábamos enamoriscados de Rubi, con sus piernas tan largas, sus faldas tan cortas y sus canciones de puro caramelo. Y con aquel encantador acento argentino, claro, que tratábamos malamente de remedar siempre que cantábamos la inmortal Yo tenía un novio (que tocaba en un conjunto beat). Bueno, esa y todas las demás. Pues sí, Marité Campilongo, que así se llama en realidad, repasará en Deusto sus éxitos, como quien regala golosinas a niños un poco creciditos.

Sonic Avenues (La Nube, día 11). Tengo una debilidad, como cantaba Machín: si algo me recuerda a los Buzzcocks, me tiene ganado de partida. Y la primera canción del último disco de estos canadienses, que era también la primera canción que yo escuchaba de ellos, suena a Buzzcocks que es una gloria. Lo mejor es que el resto del álbum mantiene el nivel y diversifica el estilo, con estribillos que prometen un concierto memorable.

Harsh Toke (Groove Shake!, día 16). A Harsh Toke los vimos hace un par de años en el Satélite y el amigo Cubillo acabó destacándolos como uno de los mejores conciertos de 2015. «Amalgamaban el heavy metal cabalgador, el éxtasis lisérgico, el doom caótico, el rock espacial, el stoner contemporáneo o el prog-rock dadaísta», describió, sin saber que me estaba quitando trabajo para dos años después. Lo de harsh toke, por cierto, es el nombre en slang de la calada de porro que te hace toser, y su concierto en Portu Bilbao encabeza el Psych Skate Fest, cuyo cartel se completa con Atavismo y Joy.

Erik Voeks & The Spanglish Settlement (Colegio de Abogados, día 27). Vuelve Voeks, un australiano afincado en Estados Unidos y especializado en deliciosas canciones de power pop, redondas y relucientes, de esas que le hacen a uno preguntarse por qué diablos el tío no es más conocido. Escuchen, por ejemplo, esta preciosidad y apunten ya la cita en su calendario.

Ash Borer (Baserri Antzokia, día 27). La banda estadounidense es una de las revelaciones del metal de esta década, presencia habitual en las listas más interesantes de lo mejor de cada año gracias a un black metal atmosférico, envolvente, que absorbe al oyente y lo va encapsulando en oscuridad. Me desconcierta un poco que toquen en el Baserri de Derio, detrás del antiguo seminario, aunque supongo que a la vez tiene cierta lógica underground. Abrirán fuego Vanum, banda hermana (siamesa, porque creo que comparten un miembro) que trafica con sonidos similares.

Vamos con Sonic Avenues y su infeccioso Future.

 

Guardar

Guardar

Canción de la semana: ‘As The Sun Goes Down’

2017 marzo 31

 

 

El rock australiano suele tener unas señas de identidad inconfundibles, aunque admito que yo siempre he experimentado ciertas dificultades a la hora de explicarlas, más allá de decir que buena parte de la música de la isla parece basarse en una especie de blues deforme y viciado. Esa mutación se reconoce fácilmente en el guitarreo salvaje de espíritu punk, pero también en baladas como nuestra canción de la semana: ni siquiera hace falta que abra la boca la vocalista para sentirse transportado al otro lado del planeta. Y, en cuanto empieza a cantar, la melodía y la estructura del tema recuerdan poderosamente a uno de mis ídolos antípodas, Rowland S. Howard, si bien en una versión menos oscura y narcotizada.

Y resulta que la cosa tiene sentido. As The Sun Goes Down abre el álbum de debut de EWAH & The Vision Of Paradise, un cuarteto con base en Tasmania (ya saben, la islita que parece caérsele a Australia por el sureste) encabezado por la cantante y guitarrista EWAH, anteriormente conocida como E-wah Lady. Y resulta que EWAH ha teloneado tanto a Rowland como a su hermano pequeño Harry Howard, así que de alguna manera se cierra el círculo. Nuestra protagonista ha vivido bastantes años en Melbourne y desarrolló allí su carrera en solitario, pero ahora ha regresado a Tasmania, el lugar donde transcurrió su infancia, y ha puesto en marcha este proyecto en el que «coexisten lo etéreo y lo siniestro, que se encuentran en algún extraño lugar crepuscular». A mí me parece que han grabado un discazo: ya lo he metido en la cesta de los candidatos a la minilista de fin de año.

 

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.