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Canciones de la semana: ‘I Feel Love’ y ‘Der Leiermann’

2012 mayo 18

 

En esta ocasión, la canción de la semana viene marcada por la actualidad, ya que entre ayer y hoy han muerto dos intérpretes legendarios en sus respectivos géneros. Me refiero, claro, a Donna Summer y Dietrich Fischer-Dieskau, la diva disco bostoniana y el venerable barítono alemán. No les ocultaré que de los dos sé lo básico, pero también se da la circunstancia de que ambos tienen una grabación que he machacado bastante en mi vida. Es más, se trata de dos canciones casi opuestas en su atmósfera y en el efecto que causan en el oyente, así que me ha parecido buena idea juntarlas en un homenaje conjunto.

Son elecciones obvias. Por un lado, el I Feel Love de Donna Summer, aunque quizá sería más justo decir «de Donna Summer y Giorgio Moroder», porque las bases enteramente electrónicas creadas por el productor convirtieron este tema en algo revolucionario. David Bowie ha contado cómo reaccionó Brian Eno al escucharlo: «Un día, en Berlín, Eno entró corriendo y dijo: ‘He oído el sonido del futuro’. Puso ‘I Feel Love’, de Donna Summer, y dijo: ‘Es esto, no busques más’». Es justo lo que se pretendía con esta canción: el álbum que la contiene está planteado como un viaje musical desde los años 40 hasta ese extravagante porvenir de máquinas y amor de pocas palabras. El interludio que empieza a los tres minutos suena marciano incluso hoy, así que a lo mejor todavía no hemos llegado al futuro que atisbaron Donna y Giorgio.

 

 

El difícil nombre de Dietrich Fischer-Dieskau se me quedó grabado de chaval, de tanto oírlo pronunciar con reverencia en lo que entonces se llamaba Radio 2. En este vídeo grabado en 1990 lo tienen interpretando la última canción del ciclo Winterreise de Schubert: Der Leiermann, que unos traducen como El organillero y otros, como El intérprete de zanfona. El narrador, al término de un viaje en el que ha conocido el amor, el desengaño y la soledad, pasa frente a un músico que pide limosna. Nadie echa dinero a este hombre, ni siquiera le escuchan, y hasta los perros le gruñen y le persiguen, pero él sonríe y sigue tocando. Hay quien debate sobre si se trata de un final esperanzador o si el músico representa la muerte: a mí, desde luego, esta música siempre me ha sonado a lo segundo.

 

De Chuck Berry a Pulp

2012 mayo 17

 

 

«Como sabe cualquiera que haya visto Alta fidelidad, a todo el mundo le gusta una buena lista», dicen los chicos del NME, que están confeccionando una serie de rankings con las cien mejores canciones de cada década desde los 50. En realidad, como sucede siempre que estas cosas se deciden mediante votación, se están eligiendo las canciones sobre las que existe mayor consenso, y por eso las listas se van volviendo más discutibles a medida que avanzan en el tiempo y entran en terrenos que todavía no se han asentado: las de los 50 o los 60 son lotes de vacas sagradas a los que resulta difícil poner objeciones, a menos que uno sea un conocedor en profundidad de la época, pero las de los 80 o los 90 (la siguiente aún no ha salido) son objeto de indignada controversia, porque todo el mundo parece echar en falta algo y creer que sobra mucho.

Les copio abajo los cinco primeros puestos de cada lista, aunque aquí pueden consultarlas enteras. Son anglocéntricas y reduccionistas, como la propia revista que las publica, y a mí me han ido confirmando lo que ya sabía: que mis décadas favoritas son los 80, porque en su mayor parte los viví con pleno aprovechamiento, y los 70, porque simplemente me gustan, o al menos me gusta mucho una parte de ellos. De los 60 y los 50 sé poco, lo compruebo una vez más y lo admito con gran sentimiento, y los 90 son para mí la década perdida: ¡qué indiferente me deja el 80% de esa lista! ¿Y cómo puede ser que R.E.M., y más en concreto el Losing My Religion de R.E.M., no aparezca hasta el número 49? A modo de desagravio, tienen a Michael Stipe en la foto de arriba, tomada por Ignacio Pérez en el concierto de San Sebastián de 1995.

 

Años 50:
1. Chuck Berry – Johnny B Goode
2. Elvis Presley – Hound Dog
3. Jerry Lee Lewis – Great Balls Of Fire
4. Little Richard – Tutti Frutti
5. Howlin’ Wolf – Smokestack Lightnin’

Años 60:
1. The Beatles – A Day In The Life
2. The Ronettes – Be My Baby
3. The Beach Boys – Good Vibrations
4. The Jimi Hendrix Experience – All Along The Watchtower
5. The Shangri-Las – Leader Of The Pack

Años 70:
1. Sex Pistols – God Save The Queen
2. Fleetwood Mac – Go Your Own Way
3. The Clash – London Calling
4. David Bowie – Heroes
5. The Ramones – Blitzkrieg Bop

Años 80:
1. New Order – Blue Monday
2. Joy Division – Love Will Tear Us Apart
3. The Smiths – How Soon Is Now
4. Talking Heads – Once In A Lifetime
5. The Specials – Ghost Town

Años 90:
1. Pulp – Common People
2. Nirvana – Smells Like Teen Spirit
3. Suede - Stay Together
4. Radiohead – Paranoid Android
5. Manic Street Preachers – Motorcycle Emptiness

Justin el duro

2012 mayo 16

 

No, no teman, no vamos a analizar la figura de Justin Bieber. O a lo mejor, ya que estamos, sí que lo mencionamos un poquillo, aunque no sea para hablar exactamente de música: Forbes acaba de publicar su lista de cien famosos más influyentes y el chaval, de 18 años, aparece el tercero, con unas ganancias de 43 millones de euros a lo largo del año pasado y una cartera de inversiones en tecnología que la propia revista considera digna de elogio. Bieber ha metido pasta, por ejemplo, en Spotify, de manera que indirectamente le he beneficiado al escuchar en esa plataforma el nuevo álbum del Justin al que me refería en el título: Justin K. Broadrick.

Justin, nuestro Justin, es un músico de larga trayectoria que bebe del metal extremo, el punk extremo y la electrónica extrema, con resultados que a veces han resultado paradójicamente asequibles. Fue guitarrista de Napalm Death (su guitarra suena en la primera cara del mítico Scum) y a lo largo de los 90 pilotó Godflesh, una bestia biomecánica que ampliaba o rebasaba los límites del metal por el lado de las máquinas y lo industrial. A mí, Godflesh me impresionaron mucho en su momento, tal vez demasiado, y a partir de ahí me dediqué a seguir en lo posible la ramificada carrera de este tipo, en la que destacan nombres como Techno Animal (un dúo de electrónica y hip hop mutante que sacaba tremendo partido a los graves) y Jesu (su proyecto principal de los últimos años, en el que tanta barbaridad acumulada le lleva a una rara quietud contemplativa de voces limpias). Un servidor también tiene por ahí cedés de cosas como The Sidewinder o Final, otras travesuras del buen Justin.

Ahora el hombre está de vuelta como JK Flesh, un seudónimo de los tiempos de Techno Animal, y resulta que han catalogado lo suyo con la modernísima etiqueta de post dubstep, aunque él mismo explica que se limita a «explorar de nuevo el lado brutal de la electrónica». El álbum ha recibido el bello título de Posthuman y es, por supuesto, una monstruosidad de ritmos maquinales y bajos subsónicos sobre los que se van colando efectos, guitarras deformes y voces sufrientes: vamos, una pesadilla de las suyas, que mi ordenador es incapaz de reproducir sin distorsionar los graves. Ah, Justin K. Broadrick también aparece en una lista, aunque para su desgracia no sea la de Forbes: ante el pasmo del propio músico, la revista Spin le ha colocado en el puesto 34 de los cien mejores guitarristas de todos los tiempos, con alabanzas a su «oído único para la cacofonía». Claro que hay algo más que nuestro protagonista comparte con el otro Justin: los dos están condenados a encontrarse siempre con gente cerrada que dice que lo suyo no es música.

 

Canción de la semana: ‘Anchor’

2012 mayo 12
por Carlos Benito

 

Me dice Last.fm, el meticuloso contable de lo que reproduzco en el ordenador, que esta semana he escuchado nueve veces el nuevo álbum de Tu Fawning, titulado A Monument. Nueve es un montón para los tiempos que corren, al menos en mi caso, y además se trata de nueve escuchas de pe a pa, de la primera canción a la última, del inicio de Anchor al final de Bones. Recurro al argumento cuantitativo porque, la verdad, me resulta muy difícil explicar cómo suenan Tu Fawning, un cuarteto mixto de Oregón al que ni siquiera conocía antes de esta fiebre que me ha dado por ellos. Tienen algo de folk, algo de vanguardia y algo de góspel (esto último no se me habría ocurrido si no lo hubiese leído por ahí, pero me parece verdad), demuestran una habilidad prodigiosa para sonar siempre atípicos y, en fin, creo que han firmado mi disco favorito de lo que va de año.

Esta es Anchor. Ya saben, la primera del álbum. Y, mientras escribo esto, voy avanzando en la décima escucha.

 

Iggy rompe con todo

2012 mayo 11
por Carlos Benito

 

 

El nuevo disco de Iggy Pop es una cosa rompedora de verdad. A lo mejor, al leer esta frase, alguien se imagina un artefacto de ruidismo ensordecedor, brutal y asesino, pero eso no resultaría tan sorprendente: al fin y al cabo, vendría a ser una puesta al día de los presupuestos con los que empezó hace cuarenta y tantos años la carrera de este señor. Lo que ha hecho Iggy en Après es reconvertirse en crooner afrancesado, con un disco de apacibles versiones de clásicos en el que aparecen referencias tan inesperadas como Harry Nilsson, Edith Piaf, Georges Brassens, Henri Salvador, Cole Porter o Frank Sinatra, además de los Beatles y Yoko Ono, que a lo mejor encajan mejor con nuestra idea de Iggy. En realidad, el álbum se puede ver como continuación de aquel Preliminaires que editó en 2009, inspirado en la obra del escritor Michel Houellebecq.

A mí la cosa no me parece tan desastrosa como podría temerse. De hecho, la primera canción me ha gustado mucho, a lo mejor porque (sabrán disculparme) no la conocía: se trata de Et si tu n’existais pas, de Joe Dassin, un estadounidense afincado en Francia que tuvo bastante éxito en los 70. Pero a la discográfica de Iggy, Virgin/EMI, no le ha hecho ninguna gracia la deriva estilística del abuelo del punk: simplemente ha rechazado el álbum, de modo que ahí tienen al bueno de Iggy, con sus 65 recién cumplidos, lanzado a la autoedición a través de comercios digitales. «Me echan de todos los sellos –dijo ayer en París durante la presentación del disco, a la que corresponde la foto de arriba, de François Guillot para AFP–. ¿Qué ha hecho por mí ninguna compañía discográfica, aparte de humillarme y atormentarme y hundirme?». Cómo se pone, y eso que canta La vie en rose.

Les pongo el enlace en Spotify de Et si tu n’existais pas en versión Pop.

 

Los Beatles, caros y difíciles

2012 mayo 11
por Carlos Benito

 

Los Beatles son uno de esos grupos que definen una época: en una película o una serie de televisión, basta con que empiece a sonar una de sus canciones para saber en qué momento se sitúa la acción. Pero… ¿recuerdan cuándo fue la última vez que escucharon a los Beatles en un producto audiovisual? La verdad es que yo no era consciente de esa rareza, pero estos días se está hablando mucho de que la serie Mad Men ha incluido en uno de sus capítulos un tema de la banda de Liverpool (compuesto por los Beatles y también interpretado por ellos, se entiende, no por The Cloning Electronic Orchestra From Outer Space) y la gente que sabe está tratando el asunto como algo excepcional.

Según explica el New York Times, la compañía Apple es tremendamente exigente a la hora de licenciar su producto estrella: su máximo responsable ha admitido que, en los cinco años que lleva en el cargo, es la primera vez que los Beatles suenan en una serie de televisión. Matthew Weiner, el creador de Mad Men, tuvo que traicionar sus principios y enviarles el guion para que le diesen el visto bueno. Y, por supuesto, la broma costó a la productora 250.000 dólares, una cantidad abultada pero no tan disparatada como podría parecer: en 2010 se publicó que el programa de entrevistas Tonight Show había pagado medio millón de dólares para que su propia banda pudiese despedir a Tom Hanks con una interpretación de Lovely Rita, en alusión a su esposa, Rita Wilson.

El resultado es que Tomorrow Never Knows suena en Mad Men. Puede parecer una elección singular dentro de un catálogo rebosante de melodías más populares, pero Weiner lo tenía muy claro: «La cuestión con esta canción en particular era que los Beatles, a lo largo de su intensa existencia, estuvieron constantemente ampliando los límites, y yo quería mostrar cuánto se alejaron de la cultura que les rodeaba. Esa canción, para mí, es revolucionaria». Ciertamente, podría estar grabada ayer, o mañana. Aquí abajo la tienen subida a YouTube por el usuario mac3079b, que no sé si habrá abonado los tropecientos quintillones de petrodólares correspondientes, pero ha logrado mantenerla ahí más de un año.

 

 

 

Laura Jane Grace

2012 mayo 9

 

El rock, o mejor aún digamos la música moderna, es un terreno propicio para las conductas liberales y las vidas sin ataduras, pero aun así no se puede decir que abunden los músicos transexuales. Así, a bote pronto, a mí se me vienen a la cabeza Wendy Carlos (cuando aún editaba como Walter Carlos, incluso tuvo que pegarse unas patillas postizas para parecer un hombre en las fotos), Jayne County (antes Wayne, autora de la canción Man Enough To Be A Woman) y el muy admirado en este blog Genesis P-Orridge, al que no aplico el femenino porque creo que lo suyo es algo todavía más complicado, ya que se sometió a un proceso para asimilarse estéticamente a su esposa y formar juntos un ser único de naturaleza «pandrógina» (Lady Jaye fallecio en 2007 en brazos de su «otra mitad»). Una búsqueda superficial me da otros nombres, como el grupo de death metal Cretin, el dúo Coyote Grace, The Cliks o Mina Caputo, de Life Of Agony, que es la única que me sonaba de estos cuatro.

A la breve nómina se suma ahora el líder y vocalista de Against Me!, Tom Gabel, que anuncia en Rolling Stone su decisión de vivir como mujer y llamarse Laura Jane Grace. El tatuado cantante del grupo de Florida seguirá casado con su esposa: «A mí, lo que más me asustaba sobre este asunto era cómo iba a aceptar ella la noticia, pero ha sido asombrosa y supercomprensiva», afirma. No tengo muy claro si este proceso resultará más sencillo de lo habitual o todavía más difícil cuando el protagonista es una estrella del rock, pero Gabel parece tener asumido que vivirá «momentos embarazosos que no van a ser divertidos». Les dejo con Against Me! y su vídeo para Stop!, cuya letra dice: «Detente, tómate algún tiempo para pensar, date cuenta de lo que es importante para ti: tienes que tomar una decisión seria».

 

Canción de la semana: ‘One Of Our Girls Has Gone Missing’

2012 mayo 4

No hace falta mucho para que me dé el ramalazo ochentero, y esta semana han coincidido la lista de mejores canciones de los 80 del NME (¿soy quizá el único a quien How Soon Is Now? le parece de lo más sosillo que grabaron los Smiths?) y la primera remesa de discos de John Peel de la que hablábamos anteayer, en la que abunda la década en cuestión. Como resultado, llevo un par de días repartido entre New Order y el único álbum de AC Marias, uno de los miserables dos que poseo de esa balda inaugural de John Peel, así que me he decidido a endosarles como canción de la semana el tema que da título a este disco no muy recordado.

AC Marias fue el proyecto de Angela Conway, bautizado con sus iniciales y su segundo nombre. La chica supo rodearse de ilustres como Bruce Gilbert (de Wire), Barry Adamson (de Magazine, entre otros) y Rowland S. Howard (de The Birthday Party) para grabar una música rara, de corazón frío, rítmica y etérea a la vez, de la que seguramente se podría decir que se adelantó a su tiempo: no tengo muy claro yo esto de adelantarse y atrasarse, pero sí me da la sensación de que hay grupos posteriores que, cuando quieren ponerse experimentales, siguen a prudente distancia modelos como este.

Se me olvidaba, The Quietus ha puesto al sufrido David Stubbs a reseñar los cien discos de John Peel. Del que nos ocupa escribe: “Todo el mundo debería poseer al menos un álbum de AC Marias, y ayuda que en realidad solo haya uno”.

 

 

Los discos de John Peel

2012 mayo 2
por Carlos Benito

 

 

A todos nos gusta husmear en discotecas ajenas, pero el placer adquiere una nueva dimensión si hablamos de la colección de John Peel, el legendario discjockey radiofónico fallecido en 2004. El hombre tenía en casa más de 26.000 elepés, 40.000 sencillos y miles de cedés (parece que este formato interesaba menos a quienes se molestaron en hacer la cuenta), seleccionados con las miras abiertas de par en par que siempre le caracterizaron: ya saben que hablamos de un tipo capaz de pinchar seguidos a Lee Scratch Perry y Napalm Death, pero no como un alarde de eclecticismo, sino como la cosa más normal y lógica del mundo. Desde hace un tiempo está en marcha el proyecto de recopilar en la red los pormenores de esa vasta discoteca, una tarea exigente que ayer dio sus primeros frutos: cada semana aparecerán aquí los cien primeros discos de cada letra, porque Peel era un hombre organizado que se manejaba bien con el orden alfabético, de manera que tenemos ya esa primera entrega de la A, desde The A’s hasta Adam & The Ants.

Cada disco va acompañado de su ficha y, cuando es posible, de un enlace para oírlo en Spotify. Lo más entretenido, por supuesto, es comprobar cuántos de los cien tenemos (glups, creo que me quedo en dos, y eso que en esta remesa hay artistas tan populares como ABBA o AC/DC), además de asombrarnos ante nuestra inabarcable ignorancia: antes he estado escuchando a Abstürzende Brieftauben, uno de tantos grupos de la colección de los que jamás había oído hablar, bautizados así a modo de parodia de Einstürzende Neubauten. Y ahora me he puesto con Amp Studio, de los que aún no sé nada más que el nombre…

Algunos sonidos de mayo

2012 mayo 1

 

 

Será el efecto del primer día de sol tras un mes de lluvia, pero la verdad es que me ha salido una selección de conciertos la mar de rara, sin representantes de lo que podríamos llamar el rock más convencional. Estupendo, ¿no? Ahí les van cinco citas en cinco salas distintas, con unos bonitos comentarios abiertos para que cada cual proponga otras majaradas que le apetece ver.

Russian Circles y Deafheaven (Azkena, viernes 11). Tengo la sensación de que Russian Circles, el primero de los dos grupos de Chicago que aparecen en esta lista, se han convertido en estrellas del underground, porque me los encuentro citados por un montón de sitios. Y están muy bien, pero, si les soy sincero, los que a mí me atraen de verdad son los californianos Deafheaven, una de esas bandas que estiran las costuras del black metal (falso black metal, puntualizarán algunos) para hacer hueco a su infinita melancolía. Hala.

Tortoise (Sala BBK, domingo 13). También vienen de Chicago los padres del post rock, a los que siempre reprocharé la chapa infinita que dieron con ellos algunos medios guays a mediados de los 90. Ya sé que no es culpa suya: ellos se limitaron a combinar en una lenta batidora los sonidos que les gustaban (rock progresivo, jazz, dub…) y dejar que el resultado les llevase por parajes poco transitados. Desde luego, la Sala BBK parece el lugar ideal para seguirles en el viaje.

La Casa Azul e Hidrogenesse (Santana 27, sábado 19). Me pasa un poco lo mismo que antes: La Casa Azul son cabeza de cartel en este concierto, y su hiperactivo pop tecnificado siempre merece la pena, pero yo tengo debilidad por Hidrogenesse, Carlos Ballesteros y Genís Segarra, de quienes me fascina hasta el aspecto. Son los de la foto de arriba, claro. Me estoy dando cuenta, por cierto, de que a lo mejor esta lista no es tan dispar: ¿no podrían encajar Russian Circles, Tortoise y los Hidrogenesse más germánicos en un concierto?

Rabih Abou-Khalil & Mediterranean Quintet (Teatro Campos, jueves 24). Tardé un poco en caer, porque no es tan fácil recordar el nombre de este libanés virtuoso del oud, pero resulta que yo escuché mucho dos de sus álbumes hace unos años, incluso los destaqué entre los discos inactuales que más me gustaron en 2007. Es atmosférico jazz árabe, con un pie en el folclore y otro en la vanguardia.

Ariel Ardit & Orquesta Típica (Arriaga, jueves 31). No todos los días tenemos la oportunidad de escuchar a un cantante como Ariel Ardit, impecable en sus hechuras ortodoxas, acompañado por una orquesta típica de piano, tres violines, viola, cuatro bandoneones y contrabajo. ¿No se acelera ya su corazón tanguero?   Como pueden imaginar, este bonito tachón significa que el concierto ha sido cancelado.

Les dejo con Rabih Abou-Khalil, en una fantástica sucesión de solos sobre su Lewinsky March.