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Muere Demis Roussos

2015 enero 26
por Carlos Benito

 

Hubo un tiempo en el que Demis Roussos era una presencia habitual, casi obsesiva, en la televisión española, que entonces se limitaba exclusivamente a Televisión Española, así con mayúsculas. Alguna vez he comentado que experimenté por primera vez el choque generacional cuando, al mencionar un día al cantante griego, una becaria del periódico puso una cara muy rara y preguntó quién diablos era ese tipo: ese desconocimiento habría resultado inimaginable en los cuarentones como yo, que tenemos guardado a Demis Roussos en la zona especial de la memoria reservada a las impresiones de la infancia, esas que aprovechan un cerebro casi virgen para grabarse de manera imperecedera. Allí estaba Demis, orondo y jovial, con alguna de sus impagables túnicas y su voz aguda y sentimental, entonando el «triki triki» de Velvet Mornings o cualquiera de sus otros éxitos de la época.

Más tarde, el hipermediterráneo vocalista de Alejandría perdió peso y se convirtió en un anuncio viviente para la llamada dieta disociada: cómo adelgazar comiendo, era su tentador lema. Y nosotros crecimos y (al menos algunos) remontamos su biografía hasta disfrutar de sus tiempos progresivos junto a Vangelis, en los siempre reivindicables Aphrodite’s Child. Hoy, en un día tan importante para Grecia, se ha sabido que Artemios Ventouris Roussos ha fallecido este fin de semana en Atenas, a los 68 años. Y algunos lo sentimos más de lo que podría parecer proporcional, como si se nos hubiese ido una parte entrañable de la infancia.

Este We Shall Dance le sirvió para lanzarse en solitario en 1971.

 

Canción de la semana: ‘How The Years Condemn’

2015 enero 23
por Carlos Benito

 

Esta canción la estrenó hace un par de semanas Stereogum, y me dirán con mucha razón que a ustedes qué les importa. Lo menciono porque el texto que acompañaba a la exclusiva era una reflexión muy entretenida acerca de algunas peculiaridades de Napalm Death. Porque, sí, How The Years Condemn es el tema de adelanto del nuevo álbum de Napalm Death, y ya me parece escuchar desde aquí la estampida de lectores que salen en desbandada, echando abajo las puertas del blog, tratando de ponerse a salvo de estos tremendos y temibles muchachotes.

A lo que íbamos: en Stereogum, Michael Henson se ponía a hacer cuentas y hacía hincapié en que ninguno de los miembros actuales de Napalm Death estaba en la formación original de 1981, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en la cuarta, ni en la quinta. Tenemos que esperar a la sexta formación, ya en 1987, para toparnos con el entrañable bajista Shane Embury. En cambio, frente a esa accidentada prehistoria que incluye el mítico álbum Scum, el de los temas cortos como esputos, los cuatro miembros actuales han aguantado juntitos desde 1991 y han superado episodios tan difíciles como la muerte del guitarrista Jesse Pintado. El amigo Henson aporta otro dato que me ha sorprendido mucho. Tanto, que hasta he ido a comprobarlo, y está en lo cierto: Shane Embury tiene 47 años. «¡Es tres años más joven que Eddie Vedder!», comenta. Y la verdad es que yo también lo creía bastante más viejo, supongo que por mezclar erróneamente su biografía con aquel largo y convulso primer periodo del grupo.

Nuestra canción de la semana me tiene bastante pasmado, con su brutalidad cabezona (por favor, cómo suena esa batería del arranque) y su estructura de canción más o menos convencional. Me parece alucinante y hasta ilógico que estos señores, con su historia y su mito a cuestas, sean capaces de soltar una bomba así.

 

Cosecha de enlaces: de las medallas de Extremoduro a los besugos filósofos

2015 enero 21

El tiempo pasa volando, pero volando a velocidad de cohete espacial. Parece que fue ayer (bueno, eso es mentira), pero hace ya cuatro meses que no recopilo por aquí la tradicional gavilla de cosas que he ido publicando por otras secciones del periódico: son textos de mi trabajo de verdad que tienen que ver, de lleno o un poco de refilón, con la música y la cultura pop. La mayoría son previas de conciertos que han quedado inevitablemente desfasadas, pero a lo mejor a alguien le interesa alguna. Asómense a la ventana y vean, vean lo que les traigo.

Tenemos las medallas de Extremoduro, el infierno de los Supersuckers, los espléndidos 80 de Leonard Cohen, los corazones rotos de Vixen, la sexualidad voraz de David Bowie, el casting de olas de Le llaman Bodhi, el ataque ensordecedor de los Swans, la fiebre desértica de The Handsome Family, el rock del poeta loco, los treinta años de broncas de Pimpinela, el sol sonoro de los Allah-Las, los héroes muertos de Londres, el BIME en diez canciones, las cositas curiosas de Elton John, la historia de Walter y Margaret Keane, la ascensión de John Legend, el punk reducido a cinco discos, los dos mundos de Susheela Raman, el hacha de guerra de Decibelios, el trabajo más cómodo de la NASA, los superhéroes por vocación de la Xtreme Justice League, la pasión nerudiana de Ute Lemper, la novia y los suegros de Charles Manson, el aire fresco del Bilboloop, la herencia de Sam Simon, la rabia de Stiff Little Fingers, la máquina con recambios de AC/DC, el WOP en familia, el acumulador de orgón de la Wellcome Collection, el test de fitología, la guitarra asombrosa de Andy McKee, las que dicen que son las mejores canciones del año pasado, los peligros de Vinila Von Bismark (miren, este se aplazó y se celebra el 7 de febrero en el Azkena, así que le dedico la foto, en la que tienen a Vinila amaneciendo en Vitoria), el ataúd de Lee Harvey Oswald, las nostalgias de hace un cuarto de siglo, los excesos de Javier Corcobado, la apuesta por Years & Years, la cerveza con testículos de ballena y más cerveza aún, esta vez en las venas de Tankard.

Y, por supuesto, la sección Noticias fósiles, que recopila noticias vizcaínas de hace un siglo, con el moderno sport del tiragomas, la prohibición de Fantômas, los precios aterradores de Santo Tomás y los entrañables besugos filósofos.

Canción de la semana: ’20+Centuries’

2015 enero 16
por Carlos Benito

 

Hank Sullivant, el señor de la foto, tiene una carrera rarita y una entrada en Wikipedia muy larga. Son dos caras de la misma moneda: la trayectoria de este hombre le ha acercado alguna vez a la primera fila del rock alternativo (si es que existe tal cosa), pero da la impresión de mostrarse esquivo con el protagonismo y replegarse siempre a la seguridad de sus cuarteles. El resultado es una biografía artística intermitente, como entrecortada, que arrancó hace más de diez años como bajista de The Whigs en su Athens natal (sí, la de Georgia, la de R.E.M. y los B-52’s) y le llevó a ejercer de guitarrista de directo con los populares MGMT.

Durante buena parte de este tiempo, de manera un poco subterránea, existía ya su proyecto Kuroma. Hubo un periodo, de hecho, en el que carecían de toda presencia en internet por decisión expresa de Sullivant, del que tampoco abundan las entrevistas: «Tuve la idea de hacer música comercial violenta. Pensé qué pasaría si alguien hacía este tipo de música comercial pero con un giro psicótico», explicaba sobre el segundo álbum de Kuroma. Esta primavera se editará el tercero, Kuromarama, del que ya han adelantado un sencillo adictivo de curioso vídeo. Se trata de 20+Centuries, una pieza de descocada psicodelia pop que encaja perfectamente en el universo alucinado de sus colegas MGMT. Hasta está producida por uno de ellos, Ben Goldwasser.

Con todos ustedes, el extraño bebé volador.

 

La cinta de mil canciones

2015 enero 15
por Carlos Benito

 

¿Y ustedes cómo llamaban a las mixtapes cuando eran de verdad cintas que uno iba confeccionando cuidadosamente con el radiocasete? Porque, en fin, no creo que nadie en ese país haya usado jamás esa palabra tan antipática. En mi casa y mi cuadrilla nos referíamos a ellas como cintas de varios, para distinguirlas de las otras cintas que llevaban un elepé por cada cara y algo de relleno para aprovechar, y siempre se consideraron una de las cosas más importantes del universo: coger una casete virgen y transformarla en un objeto exclusivo para sorprender a un colega o deslumbrar a una chica (ay, qué absurda aspiración) no era algo que pudiese hacerse a lo loco. Había que elegir las canciones adecuadas, ni tan vulgares que aburriesen ni tan rebuscadas que alienasen, y también secuenciarlas con inteligencia, evitar los blancos demasiado largos al final de cada cara, rotular los títulos con buena letra, dibujar un lomo bonito… Ya saben, era como regalar una muestra mejorada de uno mismo.

Parece que, ahora, esa idea de síntesis y de buscar la esencia ya no es necesaria, porque, claro, ya no existen las restricciones de los 60 o los 90 minutos de la Basf o la TDK. Lo pensaba ayer mientras repasaba The Longest Mixtape, es decir, la mixtape más larga, esa lista con la que el artista canadiense Caribou (en la foto) ha querido dar las gracias a sus seguidores, que le han convertido en uno de los triunfadores del año pasado. Son mil temas de artistas diversos que el propio creador recomienda disfrutar en reproducción aleatoria: «No he hecho ningún intento de ordenarlos, simplemente los fui añadiendo a medida que repasaba las estanterías de mi colección de discos», aclara. Aparecen ahí muchas cosas que me encantan (solo en los treinta primeros ya están Aphrodite’s Child, My Bloody Valentine, Le Orme, Wire o el On The Road Again de Canned Heat), muchas cosas que no he escuchado nunca y muchas cosas que ni siquiera conozco, pero les diré la verdad: prefiero que alguien elija diez canciones a que elija mil. Me quedo con empeños más condensados como las selecciones de El día de, donde Los Punsetes arrancaban ayer con los Buzzcocks, pasaban por los Scorpions, Scott Walker y Hüsker Dü y acababan con John Williams. Vamos, que al final les voy a colgar esa y no la otra

 

Un viaje por el planeta fantástico

2015 enero 13
por Carlos Benito

 

Hay álbumes que da pena despiezar en canciones. Son, cómo diría yo, discos oceánicos, o quizá cósmicos, en los que gran parte del impacto consiste precisamente en perderse a través de su inmensidad, en abandonarse a cierto espíritu contemplativo y dejarse llevar con la confianza de que el viaje va a continuar sin sobresaltos. El de Noveller es de esos, hasta tal punto que, al llegar al final, uno siente la necesidad de apretar el play de nuevo para no caer bruscamente a este mundo sólido, bruto y antipático. Yo me he tirado tardes enteras escuchándolo en repeat, como si me hubiese quedado a vivir en ese Fantastic Planet, que es el título tras el que se oculta el universo hipnótico diseñado por esta mujer.

Porque Noveller es el nombre de guerra que usa la chica de la foto, Sarah Lipstate, cuando se centra en su actividad de guitarrista. Nuestra protagonista, repartida entre Nueva York y Austin, se dedica también a dirigir cortos y crear instalaciones artísticas. Como música, ha colaborado con ilustres de la vanguardia estadounidense (Carla Bozulich, Lee Ranaldo, JG Thirlwell, Ben Frost, Rhys Chatham, Glenn Branca…) y ha formado parte de Cold Cave y Parts & Labor, aunque su gran especialidad consiste en crear paisajes sonoros con su guitarra eléctrica, en solitario. «Lipstate emplea una paleta sonora tan rica que desafía al oyente a entender cómo puede alojarse en un solo instrumento manejado por una única intérprete», dicen en su sello, y tienen razón. Lo que siento es que el disco no se edita hasta finales de mes, así que solo puedo ofrecerles un fragmento, este absorbente Into The Dunes. Tómenselo como un viaje de cercanías por el cosmos.

 

Canción de la semana: ‘Rot Inside’

2015 enero 9

 

Nadie diría que la canción de esta semana resulta de la colisión de dos bandas que nunca habían trabajado juntas. Por un lado están Halasan Bazar, trío con base en Copenhague formado por un danés, un noruego y un británico, que describe vagamente lo suyo como «country garajero». Por otro, los franceses Tara King th. (sí, las dos últimas letras y el punto forman parte del nombre, no es que se me haya ido el dedo), que practican un pop barroco de aire cinematográfico y corazón psicodélico. Resulta que las dos bandas editan con el mismo sello de California, Moon Glyph, y el capo de la discográfica se empeñó en que debían grabar algo juntos y revueltos.

Así que, después de intercambiar unas cuantas ideas por internet, allí estaban los dos grupos: enclaustrados en una discoteca setentera de Le Chambon-sur-Lignon, al sureste de Francia, con la incertidumbre de si sus formas de ser y sus estilos artísticos realmente combinarían bien. Y parece que el jefe tenía razón, porque se lo pasaron pipa («viviendo y tocando, cantando, bebiendo y bailando juntos en glorioso aislamiento, entre la nieve y las bolas de espejos») y grabaron un disco interesante y la mar de coherente. Destaca esta pieza irresistible, que se beneficia de combinar la voz masculina de Halasan Bazar y la femenina de Tara King th., con un resultado que remite inevitablemente a los duetos de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, quizá contagiados de la fiebre desértica de Handsome Family y del sustrato gótico de Rowland S. Howard y Lydia Lunch, que también se dedicaron lo suyo a revisar a Lee y Nancy. Eso sí, aseguran Halasan Bazar que el final de la canción no tiene nada que ver con la herencia de los 60 y se basa directamente en Gangsta’s Paradise.

 

Algunos conciertos de enero

2015 enero 5

 

No sé si es que enero viene ligero de conciertos o si, más bien, ocurre que a la gente ni se le pasa por la cabeza actualizar sus agendas hasta que está bien entrado el año nuevo, pero el caso es que mi papelito de apuntar convocatorias interesantes sigue muy vacío a estas alturas. Sí, uso un folio doblado por la mitad, qué pasa. Eso sí, entre esas escasas anotaciones aparecen unas cuantas cosas muy atractivas, así que ahí van, según nuestra tradición, cinco conciertos en cinco salas distintas

Izar & Star 50 (Kafe Antzokia, día 9). Después del homenaje a Lou Reed del pasado enero, parece que lo de empezar el año con una sesión especial de Izar & Star va a convertirse en una tradición. En esta ocasión, el Joseba B Lenoir Trio y Napoka Iria unirán fuerzas para medirse con Neil Young & Crazy Horse, The Fakeband se sumergirán en The Last Waltz, The Allnighters se atreverán con Dr. Feelgood y, en lo que supone un plato fuerte para mi corazón de fan, Javier Corcobado y su Euskal Band rendirán tributo a algunos grandes crooners. Ya saben que Corcobado, después de más de cincuenta mudanzas por el ancho mundo, lleva unos cuantos años viviendo por aquí.

Harsh Toke y Comet Control (Satélite T, día 13). A ver si por fin me acerco por el nuevo local de Deusto para disfrutar de esta sesión guitarrera de aire más o menos stoner. Creo que ejercen de cabezas de cartel los canadienses Comet Control, los de la foto de arriba, pero lo cierto es que a mí me apetecen más los otros, los yanquis Harsh Toke, unos tipos que se dejan arrastrar por las guitarras y se desparraman más allá del formato convencional de canción.

Cuello (Xurrut, día 16). Escuché bastante el primer álbum de Cuello, grupo valenciano que puso en marcha José Guerrero, de Betunizer, para entregarse a la alquimia inagotable de combinar melodía y fiereza instrumental. Se trata de un grupo con un punto anómalo (se llaman Cuello, caramba, y tienen temas con títulos como Te vas de lado siempre o el fundamental Te veo sin valorarte) que se concreta en una personalidad muy marcada en la voz y las letras, algo que se echa de menos en otros proyectos supuestamente cercanos en estilo.

Orthodox y Dead Neanderthals (Sentinel, día 27). Yo recomendaba este concierto por Orthodox, la banda sevillana que partió de las oscuridades del doom nazareno y no tardó en aventurarse por los vericuetos de una vanguardia aún más oscura. Pero es que, además, ahora mismo estoy experimentando mi primer contacto con Dead Neanderthals, dúo holandés de saxo y batería que practica un free jazz brutal, demencial, animal, neandertal. En este preciso momento, llevo ya cinco minutos sometido al inmisericorde holocausto de estos sujetos, y es solo el comienzo de un tema que dura cuarenta minutos y treinta y cinco segundos. En directo, tiene que ser un espectáculo, con el pequeño inconveniente de que el espectador puede acabar sordo o muerto.

Bryan Estepa (Colegio de Abogados, día 28). Demasiadas veces me pasa desapercibida la modélica programación del Colegio de Abogados, pero esta vez me he enterado a tiempo de la visita de Bryan Estepa, un australiano de origen filipino especializado en la orfebrería más fina del power pop. Viene con disco nuevo, pero yo voy a aprovechar para colgar un tema suyo de hace unos añitos que siempre me entusiasmó….

 

Canción de la semana: ‘Un cajón para dos’

2015 enero 2

 

Nadie podrá acusar a Los Románticos de Zacatecas de jugar al despiste con su nombre. Son evidentemente románticos, y de hecho consideran que “romancear con la novia” es una de las funciones primordiales de sus canciones, y proceden de Zacatecas, tirando para el norte de México, aunque se establecieron hace tiempo en la capital federal. Acaban de editar su tercer álbum, después de un primero más baladístico y un segundo en el que “era un poquito guarachiento el cotorreo”, y su propósito ha sido equilibrar sus dos tendencias. O eso dicen, porque está claro que a los apuestos miembros del cuarteto (Manzanas, Güicho, Toño y Gerber) les priva utilizar un sonido de guitarras en primer plano que matiza bastante su propensión a la dulzura poética. También son un poco obsesivos en lo lírico, capaces de armar una canción con un par de estrofas repetidas una y otra vez, hasta conseguir perversos artefactos que se memorizan a la primera escucha. El ejemplo máximo es seguramente Mi niña, que abre el disco nuevo, pero yo siento debilidad por este Un cajón para dos y su amor desbordado, absoluto y un poco majara: “Cuando me toque partir, / sé que vas a estar aquí, / juntito a mí, mi amor, / en un cajón para dos”.

 

Veinte canciones (más una) de 2014

2014 diciembre 30
por Carlos Benito

 

Me he resistido con todas mis fuerzas para no añadir más basurilla retrospectiva al mundo, porque bastante lo hemos contaminado de listas a lo largo de las últimas semanas, pero al final he sucumbido: he acabado juntando veinte canciones (más una) en una playlist de YouTube. No pretendo afirmar que sean las mejores del año, y de hecho ni siquiera puedo decir que sean mis favoritas (me he puesto la condición de que tengan vídeo, o algo parecido a un vídeo, y eso ha acabado dejando fuera incluso mi canción preferida de 2014), pero sí que me han gustado todas mucho y forman una sesión chulilla. Abundan las mujeres, hay bastante ramalazo psicodélico y el tono general tiende hacia lo oscurillo y lo lánguido, aunque me he limitado a canciones más o menos convencionales: vamos, que pueden pinchar sin miedo, porque al final he eliminado el Brando de Scott Walker con Sunn O))), aunque se ha colado una cosilla de Jenny Hval y Susanna que también tiene lo suyo. Me temo que el conjunto no vale para animar cotillones de Nochevieja.

La bola extra es la última, claro, una joya desternillante de hace unos años que por fin se ha editado este. Y los de la foto de arriba son Luluc, que han firmado unas cuantas canciones preciosas. A ver si a ustedes les funciona bien el asunto, porque a mí me está dando cantidad de problemas: avanza a trompicones, se queda congelado, se salta canciones…

 

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