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Canción de la semana: ‘Sprinter’

2015 mayo 22
por Carlos Benito

 

Yo creo que no me había puesto antes a escuchar a Torres por culpa de su nombre, que me sonaba a una mezcla de brandy y futbolista y me motivaba poco, pero he acabado picando en una canción de su segundo álbum y me he quedado enganchado. Así que, por si les pasa lo mismo, les aclararé que la estadounidense Mackenzie Scott, la chica de la foto, no se hace llamar Torres por ninguno de esos dos referentes, sino simplemente porque ese era el apellido de su abuelo materno. Vamos, que si fuese española se llamaría Mackenzie Scott Torres, pero nació y creció en Georgia, absorbiendo influencias bíblicas que afloran con bastante frecuencia en sus composiciones. En esta misma, Sprinter, que da título al álbum, aparece un cura con cierta afición por la pornografía. «Trata sobre mi amor y mi aprecio por cómo me educaron, pero también sobre mi deseo de escapar», ha explicado Torres.

El disco entero es estupendo. Pendula entre la canción oscura y el grunge de autor, con letras sobre desgarros de familia (por ejemplo, su propia condición de hija adoptada) y otras relaciones problemáticas. Mackenzie lo grabó en Inglaterra y ha contado con la colaboración de músicos ilustres: ahí están Adrian Utley, de Portishead, y dos miembros de la banda de PJ Harvey, con la que se la suele comparar una y otra vez. Ella dice que no le importa la referencia recurrente, porque le gusta mucho Polly Jean, aunque parece que sus dos grandes ídolos son Johnny Cash y St. Vincent. Que empiece el sprint.

 

Galería de reincidentes

2015 mayo 18

 

A veces se me acumulan las novedades de artistas que me gustan mucho, santos patrones de esta casa que ya no tienen cabida en nuestra bonita sección de la canción de la semana, porque ahí se sale una vez y nada más. Son músicos reincidentes en eso de la calidad, que merecerían ese pequeño protagonismo con cada disco que sacan, así que voy a repasar cuatro álbumes más o menos calentitos en plan rueda de reconocimiento.

La primera es la siempre adorable Eilen Jewell, que saca estos días Sundown Over Ghost Town. Veo que la fecha de lanzamiento anunciada es el día 26, pero aparece ya en Spotify y, de hecho, lo estoy escuchando ahora mismo. Eilen es uno de mis personajes favoritos y, si no la conocen todavía, aquí les regala un estupendo sampler de cinco canciones. Vamos con el tema de adelanto del disco nuevo, la fronteriza Rio Grande.

 

 

Warm Soda editaron a principios de este mes su tercer elepé, y yo me sigo preguntando por qué el grupo de Texas no suena en todas las emisoras y en todos los bares y en todos los coches que circulan de noche, porque sus canciones me parecen irresistibles, con esa batería cacharrera y esa depuración un poco decadente del rock and roll, tan emparentada con los Strokes. «Quiero ir rápido», cantan aquí, y verdaderamente se ventilan el tema en dos minutos.

 

 

Machaqué hasta la saciedad el álbum de debut de Jacco Gardner, el duendecillo psicodélico holandés, y de hecho lo sigo escuchando con bastante asiduidad. Ahora ya ha sacado su segundo disco, que se atiene a los parámetros del primero, una infusión melancólica de sonidos sesenteros que a menudo parece sacada de alguna recopilación de oscuridades de la época. A ver si pueden escucharlo aquí, aunque no sé ni lo que estoy insertando…

 

 

Y terminamos con The Fall, el grupo de los discos y los miembros incontables. El nuevo album hace el número 31 de los de estudio (si metemos directos y recopilatorios, la cosa se desmanda mucho) y los actuales acompañantes del señor Mark E. Smith son los que aparecen con él en la foto de arriba. The Fall son un grupo un poco impenetrable para el que resulta difícil ganar adeptos nuevos, y creo que este tema de más de diez minutos no convencerá a ningún escéptico, pero a mí me tiene entusiasmado y clamando «obra maestra» por las esquinas y las redes sociales.

 

 

 

Canciones de la semana: ‘Shining Planet’ y ‘Saint Song’

2015 mayo 15

 

Que no cunda el pánico. Ya sé que con una canción de la semana basta y que el mundo no tiene ninguna necesidad de que eleve la apuesta a dos: lo hice el viernes pasado y vuelvo a hacerlo este, sí, pero no va a convertirse en una costumbre. O no creo, porque uno tiene cierta afición a llevarse la contraria a sí mismo. El caso es que llevo toda la semana en plan inmersión japonesa por culpa de Kikagaku Moyo, el grupo que grabó uno de mis discos favoritos del año pasado. Hasta hace unos días no tenía ni idea de que estos muchachos poseen su propio sello, Guruguru Brain, en el que editan principalmente a compatriotas tan embriagados de psicodelia como ellos.

La primera de sus referencias, del verano pasado, es un recopilatorio de bandas que participaron en el Tokyo Psych Fest. Aparecen algunos nombres relativamente ilustres en la escena, como Suishou No Fune, pero les he seleccionado esta excursión astral de las chicas de la foto, Fancy Numnum, tres tokiotas que facturan una especie de psicodelia electrónica con theremin. La grabación es regulera tirando a chunga, pero el tema me parece hipnótico y, curiosamente, me hace acordarme de otro de mis discos favoritos del año pasado, el de Jane Weaver. A ver qué tal les suena (seguimos debajo).

 

 

El último disco que ha editado Guruguru Brain está firmado por Sundays & Cybele, un cuarteto de Hokkaido, la isla septentrional del archipiélago, que toma su nombre de una película francesa. No me pidan muchos detalles, porque los japoneses suelen resultar un tanto confusos cuando se explican en inglés, pero entiendo que el álbum es, en realidad, la reedición de varios temas que ya publicaron hace un par de años. Y sí, ya sé que en realidad les dan igual las minucias de la discografía de estos individuos, encabezados por un tipo pinturero y huidizo que responde por Kazuo Tsubouchi. He elegido Saint Song, un tema esencialmente instrumental (aunque intervienen voces de aire tribal) con guitarras punzantes, insistentes y pegadizas. Si dejan que continúe la reproducción, comprobarán que en el siguiente corte se ponen un poco más bravos y desparramados.

 

 

Retrato del roquero decadente

2015 mayo 13

 

Hacía tiempo que quería profundizar un poquito en la figura de Peter Perrett, el líder de The Only Ones, así que me puse muy contento al saber que se reeditaba en versión actualizada The One & Only, la biografía publicada en 1996 por Nina Antonia. Los tienen a los dos juntos en la foto de arriba, de ese mismo año. Acabé de leer el libro el pasado fin de semana y he terminado sabiendo bastante más, pero también reafirmando el conocimiento basado en cuatro tópicos que tenía antes, porque Perrett es una de esas figuras que sirven como modelos casi arquetípicos de una manera de entender y vivir el rock. Su perfil químico, de hecho, excede la idea previa que suele manejarse sobre él: todos damos por hecho que es uno de los grandes consumidores de drogas de la historia del rock (y el guitarrista John Perry, con ese hueco abierto en su Stratocaster para transportar sus provisiones, le secundaba gustoso), pero el libro muestra cómo Perrett estaba metido de lleno en el lado delictivo del asunto y era un traficante que iba mucho más allá del trapicheo circunstancial y callejero. También se confirma su proverbial tendencia a lo letárgico, con esos retrasos de varias horas que sus compañeros de banda daban por hechos: Antonia cuenta con detalle el caso de una Peel Session a la que todos fueron llegando con demora calculada, para desesperación del ingeniero de sonido, pero aun así sus estimaciones se quedaron cortas y Perrett se presentó el último, cuatro horas y media tarde. Y John Perry relata aquella vez que hizo dos visitas a su casa, separadas por un plazo de seis semanas, y se lo encontró sentado en el mismo rincón del suelo: no se había afeitado, llevaba la misma ropa y no parecía haberse movido, pero había crecido el montón de papel de plata a su alrededor.

Me ha sorprendido la cantidad de nombres de la aristocracia del rock que tuvieron contacto directo con The Only Ones, un grupo que parecía destinado a comérselo todo y se disolvió en una nebulosa opiácea. Por el libro asoma de pronto gente como David Bowie, Marc Bolan, Robert Plant, Freddie Mercury, Keith Richards (iba a producirles, y resulta tragicómico el encuentro de Perrett y el stone para tocar juntos, que degeneró en un festín de drogas), los Who, Malcolm McLaren o, por supuesto, Johnny Thunders, hermano espiritual de nuestro protagonista en sus hábitos, en su estética decadente y también en cierto planteamiento anacrónico para aquellos tiempos de punk. Y, hablando del punk, en cierto momento sale Sid Vicious, que daba la lata a Thunders para que le dejase tocar con él y Perrett en The Living Dead: lo consiguió en un concierto, pero, como en realidad no tenía ni idea de manejar debidamente un bajo, se lo desconectaron del ampli. No se dio cuenta de que no sonaba nada hasta la cuarta canción.

Llama mucho la atención la singular organización doméstica de Peter Perrett, que durante un tiempo convivió en la misma casa con su esposa, la paciente y eterna Zena, y su amante, la posesiva y tempestuosa Lucinda. A la segunda está dedicada esta canción que les cuelgo, una de mis favoritas de los Only Ones. El libro, por cierto, reivindica las versiones que grabaron para las Peel Sessions, menos frágiles que las oficiales, y creo que tiene toda la razón. Escuchemos la maravillosa música de Perrett, Perry y compañía.

 

Canciones de la semana: ‘Dancing In The Dark’ y ‘Fireproof’

2015 mayo 8

 

Hoy tenemos un minifestival de versiones, con dos composiciones bien famosas de artistas popularísimos, para que luego digan que aquí solo suenan cosas raras. Las he emparejado porque las descubrí a la vez, porque las edita el mismo sello (Don Giovanni Records) y, en fin, porque he sido totalmente incapaz de decidirme por una. Después de mucho sopesarlo, me he dado cuenta de que lo ideal es combinar ambas en forma de artefacto explosivo, ya que comparten cierta vocación de descolocar a los biempensantes.

Dancing In The Dark, seguro que se lo esperaban, es el exitazo de Bruce Springsteen que abrió el camino para el álbum Born In The USA. A mí con Springsteen me pasa como con Queen, que suelen gustarme más sus intentos más poperos, así que esta canción se cuenta entre mis favoritas de su producción, pero creo que no importa mucho la opinión que se tenga del original a la hora de afrontar lo que hacen Downtown Boys. Este sexteto de Rhode Island, incendiario y revolucionario en inglés y en castellano, define lo suyo como «fiesta de baile punk con saxofón», así que ya se imaginarán que el resultado no queda muy cerca de Springsteen. Eso sí, se han molestado en aclarar que admiran sinceramente al amigo Boss: «Sus letras son poesía que comunica la desesperación y el deseo de luchar», ha elogiado la vocalista Victoria Ruiz, que es la chica que se desgañita en la foto de arriba. Seguimos tras el vídeo, o tras la imagen fija.

 

 

¿Y qué, ya saben de quién es el original de Fireproof? Curiosamente, por esas tonterías de quedar bien, puede haber quien no lo sepa y finja que sí y también quien sí lo sepa y finja que no, porque se trata de un tema incluido en el cuarto álbum de One Direction: de hecho, es la canción que regalaron durante 24 horas a través de su web, con un total de 1,1 millones de descargas en ese plazo. Ahora la ha versionado Mitski, una cantautora afincada en Nueva York con una admirable afición por las guitarras salidas de madre, y lo ha hecho con la intención expresa de derribar prejuicios: «No estoy de acuerdo con el elitismo de la música indie, que se considera a sí misma más seria o inteligente que el pop comercial. Ese pensamiento a menudo no tiene que ver con la composición o las motivaciones políticas de la música, según suele argumentarse, y sí con su producción, su estética. Aquí está una canción de pop comercial que me gustaba y que he grabado con una estética de rock indie. ¿Es más inteligente ahora?». Estaré podrido de prejuicios, pero lo cierto es que yo la prefiero así.

 

Un pequeño bloque musical

2015 mayo 5

 

Buena parte de mi consumo televisivo está marcado por mi condición de padre. A uno no le queda otro remedio que hacerse experto en pérfidas creaciones animadas como La princesa Sofía (sí, soy capaz de cantar el himno de Encantia, qué pasa), La Doctora Juguetes o Callie en el Oeste, aunque también es verdad que paso día y noche dando gracias al cielo porque ya pasó la época de Dora la Exploradora, esa enloquecedora tortura para adultos. Pues bien, en esa dieta tan poco recomendable, que para colmo es reiterativa hasta la memorización, se ha abierto últimamente un pequeño resquicio placentero. Sí, lo admito, hay un espacio infantil que espero todos los días con ilusión: se titula Big Block Singsong y se ha convertido, probablemente, en mi programa musical favorito de la televisión actual. También es verdad que no veo otro, ni sé siquiera si hay alguno más en la parrilla.

Big Block Singsong tiene un título la mar de descriptivo. Son bloques con cara, algo así como ladrillos de colores que entonan canciones de menos de dos minutos con letra edificante. Como lo emite Disney Junior, yo pensaba que se trataría de un subproducto de alguna gran corporación, pero resulta que es el esfuerzo artesano de dos cuarentones canadienses que fueron juntos al instituto: Warren Brown se ocupa de los dibujos y Adam Goddard compone e interpreta las canciones, que suelen gustarme mucho, con sus códigos prestados del country, el funk, el hip hop, la música disco, el tecnopop, el music hall, el glam o lo que se tercie. A menudo me hacen pensar en las miniaturas de They Might Be Giants, y alguna vez incluso me han recordado a los Kinks, pero claro, a lo mejor mi mente está todavía dañada por la exposición prolongada a La casa de Mickey Mouse. Porque esa también tiene tela y puede conducir a cualquiera al psiquiátrico, por mucho que su tema central sí sea de They Might Be Giants.

 

Canción de la semana: ‘Gone’

2015 mayo 1
por Carlos Benito

 

Bienvenidos, amantes del virtuosismo, las canciones con largos desarrollos y la música afrontada con circunspección casi religiosa. Y, ahora, ya se pueden ir marchando todos, porque lo que tenemos hoy viene a ser el extremo opuesto de todo eso: una suma de urgencia, frescura y descaro instrumental que da ganas de ponerse a dar botes por las calles. La firman Abjects, un trío londinense que bebe del punk sesentero, el garaje y demás músicas energéticas e inmediatas y después reprocesa sus ingredientes para elaborar himnos tan efectivos como este Gone, una bonita despedida a esos chicos del pasado que solo sirven de diana para dardos. Ah, la cantante y guitarrista (cómo me gustan las Vox, por cierto) se llama Noemí y es española, lo que justifica que en su aún breve discografía aparezcan temas en castellano como Aburrido o la acuciante Ratrace.

Action!

 

Algunos conciertos de mayo

2015 abril 30

 

Más que algunos, este mes los conciertos son muchos. No suele gustarme alargar la lista más allá de seis o siete citas, porque al fin y al cabo se trata de hacer una selección, pero esta vez me he ido hasta ocho y aún me he quedado con la rabia de dejar fuera conciertos que podrían haber entrado, sin romper siquiera la norma sagrada de no repetir sala: cosas como GBH en el Stage, Paul Collins Beat en el piso de arriba del Antzoki (o, quizá, Rafael Berrio en ese mismo espacio), Los Suaves despidiéndose en Santana 27 o Akauzazte haciendo el bruto en el 30 aniversario del Xurrut. Pero bueno, ahí les van ocho cosas la mar de majas:

Homenaje a Cohen (Kafe Antzokia, día 2). El Izar & Star cierra temporada con un tributo a Leonard Cohen, en el que Doctor Deseo, Audience y MobyDick se atreverán a medirse con sus canciones. Para muchos se trata de material sagrado, así que hay mucha curiosidad por comprobar qué hacen con él.

Sonic Beat Explosion (Satélite T, día 6). Este mes abunda el guitarreo hiperenergético en distancias cortas, como el que desencadenará en el local de Deusto este cuarteto alemán. Nadie podrá acusarles jamás de modernos, pero su intensidad parece la mar de prometedora en directo, con las vibraciones sacudiéndonos las vísceras.

MONO y Helen Money (Sonora, día 8). He dudado, porque la sala de Erandio programa tres conciertos que me resultan muy atractivos (los otros dos son los de God Is An Astronaut y Melechesch), pero al final me he quedado con esta sobredosis instrumental a cargo de los preciosistas japoneses y la cruda chelista de Chicago. Sí, la telonera ha tenido bastante peso en la elección: denle una oída a su nuevo disco, a medias con Jarboe, la dama oscura de Swans.

Hidrogenesse (Alhóndiga, día 15). Huy, ¡si he puesto Alhóndiga y no Azkuna Zentroa! En fin, ya me acostumbraré. El dúo barcelonés siempre ha ejercido cierta fascinación sobre mí, aunque a veces escapan a mi torpe comprensión, y sus conciertos me parecen la mar de divertidos y estimulantes. Seguro que hasta logran vencer la frialdad natural de la Azkúndiga.

The Curse (La Nube, día 19). Lean, lean lo que hemos dicho hace unas líneas sobre Sonic Beat Explosion, porque también puede valer perfectamente para este cuarteto de Estocolmo. Siempre acabo con la misma conclusión: ver a bandas internacionales de este pelaje en un garito íntimo como La Nube es un placer, un lujo, lo mejor del rock and roll.

Munlet (Basauri, día 23). Ya sé que el MAZ está repleto este año de vacas sagradas, desde Burning hasta Mike Farris pasando por Ordorika, pero la parte de mí que piensa como un padre (es decir, el 95% de mi cerebro) es muy parcial a favor del TxikiMAZ, la fiesta matinal y gratuita para familias con cachorros. Este año, además, ofician Munlet, que son muy simpáticos y me gustan mucho, y la cita se redondea con un repaso a la historia del rock a cargo de Dino Velvet. Por la tarde, también en la calle y también gratis, estarán Tulsa y Señores, y nada impide que los pequeñuelos asistan también a este concierto para mayores.

Nudozurdo (Back Room, día 23). El trío madrileño ha mudado de estilo en su nuevo álbum y suena ahora más sintético y menos rabioso, como si hubiese cambiado de carril para pasar de lo siniestro a lo nuevaolero, pero sobreviven su identidad singular (esa voz…) y su aire inquietante. Los tienen, por cierto, entre la espesura de la foto de arriba. Telonean Yellow Big Machine.

Scott McCaughey (Colegio de Abogados, día 27). Por primera vez en su larga carrera, el bueno de Scott emprende una gira en solitario, que aprovechará para repasar su largo cancionero (ya saben, Young Fresh Fellows, The Minus 5…) y para inflarse a pimientos de Padrón, que dicen que son su comida favorita. Es gratis, como siempre en el colegio.

Hala, vamos a ver el vídeo extraño que les ha hecho a Hidrogenesse el ilustre bilbaíno José Luis Rebollo, ese hombre también conocido como Madelman, Madel o Chico.

 

Canción de la semana: ‘Aey na balam’

2015 abril 24
por Carlos Benito

 

Hablar de la música en plan medicinal, como bálsamo para las preocupaciones y los agobios de esta vida tan ajetreada, es una cosa muy new age y un poquito repugnante. Pero la verdad es que me cuesta describir lo que hace Arooj Aftab sin mencionar de alguna manera su efecto terapéutico: sus canciones abren un paréntesis en el que la artista impone sus propias reglas acerca de ritmos, melodías, duraciones y sonoridades, y el oyente que se presta a ese orden de cosas acaba experimentando una benéfica sensación de hipnosis y paz. Y den gracias a que me he cortado en el último momento, porque iba a añadir que provoca también cierta elevación del espíritu. Ups.

Algunos se refieren a la música de Arooj Aftab como neosufí, ya saben, como una actualización de la rama mística del islam que tantos españoles descubrimos gracias a Franco Battiato. Arooj procede de Lahore, y en ocasiones sus rizos melódicos pueden recordar al qawwali de Nusrat Fateh Ali Khan y compañía (al menos, a nuestros oídos europeos, simplistas e ignorantes), pero lo suyo es un planteamiento mucho más intimista, contenido y jazzístico, sin esas explosiones de poderío torrencial que caracterizaban al difunto mito pakistaní. La vocalista, que estudió en Berklee y vive en Estados Unidos, acaba de editar su álbum de debut, Bird Under Water, una miniatura de cinco canciones en las que se hace acompañar por un conjunto básico de contrabajo, guitarra y percusión, con ocasionales arreglos de acordeón, sitar, trompeta y bansuri. «Espero conseguir un sonido que sea música del mundo, pero no música del mundo de Starbucks», resume la artista, con un poquito de mala leche hacia tanto exótico de pega que anda canturreando por ahí. Lo ideal es escuchar el disco entero, pero les he seleccionado Aey na balam, con su sitar, su punto aflamencado y su cambio de ritmo a mitad de vuelo.

 

 

 

Lou y ‘Lulu’

2015 abril 20
por Carlos Benito

 

La inclusión, o introducción, o como se diga de Lou Reed en el Rock And Roll Hall Of Fame (con eso de hall, yo me lo imagino como un recibidor de abuela repleto de retratitos enmarcados) ha dado pie para recordar su figura y hablar un poco sobre él. Su hermana Merrill, por ejemplo, ha escrito una semblanza con la que pretende corregir algunos errores y enderezar algunos mitos sobre la infancia y juventud del difunto Lou: en particular, se refiere al tratamiento de electroshock que, según se ha publicado más de una vez, buscaba corregir sus tendencias homosexuales. «Mis padres eran muchas cosas, pero no eran homófobos», descarta Merrill, que en su repaso de aquellos años plantea una explosiva mezcla de chaval problemático y depresivo, familia «ansiosa y controladora» y aliño de drogas y rock and roll.

Pero lo más curioso de este protagonismo póstumo del músico neoyorquino ha sido que, en fin, nos ha permitido saber cuál cree David Bowie que es la obra maestra de Lou Reed. Y no, no se ha inclinado por las desoladoras profundidades del alma de Berlin, ni tampoco por el glam callejero de Transformer, en el que algo tuvo que ver él mismo. A Bowie, el que le parece un disco redondo y una pasada de verdad es Lulu, el disco que firmaron a medias Lou Reed y Metallica, que dio lugar a algunas de las críticas más brutales de la historia del rock. Lo ha contado Laurie Anderson, la viuda: «Después de la muerte de Lou, David Bowie me dijo: ‘Escucha, este es el trabajo más grande de Lou, esta es su obra maestra. Espera y verás, va a ser como Berlin, hará falta un poco de tiempo para que todo el mundo se ponga al día’». La propia Laurie, que en su momento no apreció mucho este singular trabajo, lo contempla ahora como un momento crucial y morrocotudo: «He estado leyendo las letras y es tan feroz… Está escrito por un hombre que entendía el miedo y la rabia y el veneno y el temor y la venganza y el amor. Y es rabioso. Cualquiera que haya escuchado a Lou cantar Junior Dad nunca olvidará la experiencia de esa canción, arrancada de la Biblia. Esto era rock and roll llevado a niveles enteramente nuevos». ¿A alguien le apetece emprender la reevaluación de Loutallica? Seguro que algunos estarían más dispuestos a probar lo del electroshock, pero, por si acaso, ahí les va…

 

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