Como estoy dos semanitas de vacaciones, he dejado programados cuatro posts con canciones elegidas aleatoriamente. Como siempre, vamos. La primera no podía ser más breve: en 42 segundos, Tony Molina plantea lo que parece un himno de indie rock clásico, al estilo de Dinosaur Jr, y lo deja así, planteado, porque el hombre se nos va al cabo de cuatro versos y un solo de guitarra. El álbum entero, editado en febrero, es así, con un solo tema por encima del minuto y medio, cinco que rebasan por poco el minuto y seis que se quedan por debajo de esa marca. Lo alucinante es que buena parte de esos bosquejos contienen material de sobra para bordar canciones convencionales, pero Tony Molina viene de la escena hardcore de California (forma o ha formado parte de bandas como Ovens o Caged Animals) y es un activista de la brevedad. «Siempre he escrito canciones cortas, supongo que es más fácil», dice.
Aprieten el play, cierren los ojos y déjense transportar por el vibráfono hasta los manglares de las Bahamas, que es donde está Bimini, según la Wikipedia. O, mejor aún, no cierren los ojos y así podrán ver en acción a Ìxtahuele, un trajeado quinteto sueco que se ha propuesto recuperar lo que se llamó exotica, esa música de raíz jazzística que triunfó en los 50 y los 60 con sus aromas agradables de culturas lejanas. Ìxtahuele rinden culto a Martin Denny, Arthur Lyman, Frank Hunter o Lex Baxter y aspiran a «proporcionar la banda sonora perfecta» para un itinerario por «remotas islas exóticas, tierras perdidas y ciudades antiguas». El verdadero viajero de sofá, afirman, no puede conformarse con Hawái, sino que «también ha de ir al Amazonas, Micronesia, Oriente Próximo, el Caribe e Indochina». Su álbum Pagan Rites viene a servir de billete sonoro hacia esos destinos, con cóctel de bienvenida como el de la foto.
Claro que a lo mejor he escogido esta canción simplemente porque dentro de un rato me cojo quince días de vacaciones, y me ha llegado la hora de soñar con los dioses de piedra de Bimini o, al menos, con el sofá.
A algunos viejales nos parece que fue anteayer, pero han pasado ya 27 años desde el momento de éxito de Sigue Sigue Sputnik, así que un montón de gente no tendrá ni idea de lo que se esconde tras esas misteriosas palabras. Hombre, a lo mejor algún joven los conoce como productores de Fangoria, pero me imagino que esa tesis equivale a acumular antigualla sobre antigualla y no nos conduce a nada bueno. En fin, Sigue Sigue Sputnik fueron una de esas anomalías que se daban en la música comercial de los 80: un grupo diseñado para conseguir la imagen más chocante del mercado, con una formación en la que abundaban los pintamonas y figurantes, pero también con un tipo detrás que venía de Generation X y sabía lo que hacía. Muchos los consideran pura mercadotecnia, pero me hace gracia que el resultado sonoro de esa supuesta estrategia fuese una especie de versión alienígena de Suicide, como si eso garantizase de alguna manera el éxito que acabaron consiguiendo.
Tony James, el cerebro del asunto, ese tipo que venía de Generation X, lleva unos meses recapitulando la historia de los vistosos SSS. Ha rebuscado en casa de sus padres, ha desempolvado diarios y acaba de concluir el repaso, en el que aparecen cuestiones tan interesantes como el importante papel que tuvo en el grupo su amigo Mick Jones, el de los Clash: fue él quien regaló a Tony un sintetizador PR01 y también quien le consiguió su llamativo space bass: «Mick llegó con un regalo , nos había comprado la guitarra –relata–. Como siempre, me asombró la generosidad de mi amigo. Pinté las palabras ‘Elvis 1990’ en la guitarra y así nació el legendario space bass. Por desgracia, el mito decía que, cuando tocábamos en directo, el bajo secuenciado estaba grabado, porque nadie podía creerse que se pudiese tocar físicamente ese sonido. Pero lo hacía yo, y es esa guitarra la que dispara el bajo sintetizado: creedme, es increíblemente difícil de tocar, porque tienes que golpear cada nota perfectamente y tocar diez milisegundos por delante del ritmo». En la foto tienen a Tony con su cacharro. Y, por cierto, Mick Jones y él han acabado compartiendo proyecto como Carbon/Silicon.
Pero es que, además, el repaso tiene regalo: además de papelotes amarillentos, el bueno de Flash Tony ha desenterrado grabaciones y las ha colgado generosamente en SoundCloud, en descarga libre. Aquí tienen 43 cortes de Sigue Sigue Sputnik en versión bruta, sin cortar, como un rockabilly demente tocado en algún garaje de Venus. A modo de muestra, bien vale Outa Space Kid.
Hacía mucho tiempo que no tenía una semana en blanco en el blog, algo que siempre me da un poco de vergüenza, pero qué le vamos a hacer: he andado bastante ocupado con otras tareas, así que saltaremos con brío de canción de la semana a canción de la semana. Nuestros protagonistas de hoy proceden de Austin, Texas, aunque nadie lo diría: no tienen nada que ver con la majadería más o menos clínica de las bandas que, para mí, definen la condición de austinés, como los 13th Floor Elevators o los Butthole Surfers (que eran de la cercana San Antonio pero fueron mudándose por casas de Austin y su entorno). Los Black Books parecen gente de orden, sensata y amante de una belleza más convencional: son un quinteto que tiene su germen en una banda de jazz de instituto y practica una especie de pop psicodélico con envoltorio de lujo, gracias a la presencia de dos teclistas en su formación. Les han comparado con Arcade Fire, Band Of Horses o incluso The Flaming Lips, a los que han teloneado, pero a mí su álbum de debut me hace pensar sobre todo en unos Grandaddy menos extravagantes.
El disco está lleno de estupendas canciones de lírica agridulce, pero desde la primera escucha destaca The Big Idea, para la que han confeccionado un vídeo tremendamente personal, que a unos les parecerá conmovedor y a otros, un dislate fuera de lugar. ¿Mi opinión? La verdad es que cada vez soy más troglodita y no me suelen gustar los videoclips, porque me parece que, ante todo, distraen de la música. Ugh.
Su nombre puede despistar un poco (prejuicios, prejuicios), pero Hanni el Khatib es un músico californiano, apasionado del skate y practicante de un garaje infeccioso y pegadizo. Acaba de editar su segundo álbum, producido por Dan Auerbach, de los Black Keys, y quizá su evidente gancho pop tenga que ver con el hecho de que parece mucho menos cerril que otros garajeros: «Intento no imponer constricciones ni directrices a mi música. Tengo un gusto amplio y variado y creo que sería estúpido limitarme solo por el hecho de que tiendo a hacer música tradicional basada en la guitarra», se explica en Amoeba este hombre de ascendencia palestina.
Family es una dosis adictiva de su arte, pero además está ilustrada con imágenes singulares y tarantinescas. El director Nick Walker se refiere a su creación como «el vídeo del Wild Asian Motorcycle Sex Gang»: una pandilla de asiáticos y asiáticas en motocicletas, con tatuajes, en bragas y gayumbos, haciendo el cabra por esos mundos de Dios. Y con estrellitas en los pezones de las chicas y final de pulpo a la brasa. Seguro que les gusta, ¿verdad?
Empieza junio, aunque nadie lo diría viendo este tiempo miserable de invierno perpetuo. Aquí tienen la selección de seis conciertos en seis salas de Bilbao y alrededores (bueno, en cinco salas y en una plaza guipuzcoana), aunque antes de ponernos a enumerar quería recordar dos citas vitorianas, una pequeñita y otra bastante grande: el día 14, el Ibu Hots recibe al inquieto dúo neoyorquino Blues Control, y los días 28 y 29 ya saben que se celebra el Azkena Rock Festival, con The Black Crowes, The Smashing Pumpkins, The Gaslight Anthem y compañía. A ver si para entonces ha asomado ya el sol.
Kristonfest (Santana 27, día 15). El cónclave stoner celebra una nueva edición con un cartel que promete riffs monumentales, bajos pesados y vuelos mentales. Hay dos grupos estadounidenses (Clutch y los instrumentales Karma To Burn), uno sueco (Truckfighters) y otro inglés (Orange Goblin, que a mí son los que más me motivan del lote).
Andoaingo Rock Jaialdia (Plaza Navarra de Andoain, día 15). Se sale de nuestro ámbito habitual, pero es que uno no se encuentra todos los días un cartel así y además… ¡gratis! De abajo arriba, y siguiendo con los bamboleos geográficos, están los guipuzcoanos Mushroom Caffeine, los británicos The See See, los franceses The Buttshakers, los australianos DM3 y dos cabezas de cartel que son santos patrones de este blog: la vivaracha Eilen Jewell, nacida en Ohio, USA, y los adictivos The Undertones, nacidos en Derry, Irlanda del Norte. Viene a ser la felicidad garantizada.
Carminho (Sala BBK, día 19). En España le han colgado la coletilla de ‘esa chica portuguesa que hizo un dúo con Pablo Alborán’, pero Maria do Carmo Carvalho Rebelo de Andrade es ya una estrella del fado gracias a sus dos álbumes, en los que también deja algún hueco a la música brasileña. Admito que a mí el fado me produce una extraña fascinación, por esa manera de cantar con aparente facilidad lo que suena dificilísimo.
The Abyssinians (Sonora, día 20). El mítico y talludito trío vocal jamaicano ofrecerá en la sala de Erandio su único concierto en España. Están en el negocio desde 1968 y su primera canción fue Satta Massagana, un tema con título en amhárico que habría de convertirse en uno de los himnos del movimiento rastafari. En la formación actual estarán dos de los miembros originales, Donald Manning y Bernard Collins, junto a David Morrison.
Svper y Austin TV (Kafe Antzokia, día 21). El restaurante Ambigú celebra su décimo aniversario con un concierto a precios populares en el local de enfrente. Tocarán los mexicanos Austin TV, un comando enmascarado que se dedica al rock instrumental (los tienen, con favorecedor atuendo, en la foto de arriba), y los barceloneses Svper, que son Pegasvs después de cambiarse el nombre por motivos legales. Su álbum de debut me gustó mucho desde el principio, pero un año después me gusta aún más.
Eagle Twin (Sentinel, día 23). El dúo de Utah se entrega a una orgía de riffs profundos y reverberantes que, según dicen, adquiere pleno sentido en directo, cuando Gentry Densley y Tyler Smith pueden derramar su magma sónico directamente sobre el público. Son colegas y colaboradores de Sunn 0))), a veces practican una especie de throat singing y llevan las guitarras afinadas más graves que un bajo. ¿Qué más se puede pedir?
Les iba a colgar una canción de Eagle Twin, pero me voy al otro extremo de la selección: aquí tienen a Carminho con su sofisticado vídeo para As pedras da minha rua, su versión de un fado clásico de Fernanda Maria.
Lo prometido es deuda: con una semana de retraso, asoman las cabezas por aquí Savages, un grupo que ha despertado una expectación quizá un poco exagerada entre los medios aficionados a la novedad. Y eso que su sonido no parece precisamente nuevo. Savages son un cuarteto femenino londinense que retoma las estrategias del post-punk y recuerda poderosamente a Siouxsie & The Banshees, tanto en la voz y la manera de cantar de Jehnny Beth como en la arquitectura de canciones como I Am Here, con sus tambores rituales, su bajo serpenteante y esa guitarra que acecha en las sombras hasta que le llega el momento de actuar. Savages cultivan, además, cierta estética global que les lleva a mostrarse serias hasta la hosquedad, retratarse en severo blanco y negro, vetar el uso de teléfonos en sus conciertos (para hablar y también para sacar fotos, algo que aplaudo) y citar solo referencias literarias en el apartado de influencias de Facebook: «PKD (Philip K. Dick, supongo), Mary Shelley, JG Ballard, Kurt Vonnegut, Ray Bradbury».
Claro que, si el sonido de este vídeo en directo es verdaderamente lo que se oyó en el concierto, tal vez la expectación no sea tan exagerada.
Resulta que hoy se celebra el Día Mundial del Gótico, o de lo Gótico, y no nos referimos a las catedrales y los arcos apuntados sino a lo otro, ya saben, a la tribu o comunidad o estética o filosofía de vida o como lo quieran llamar. «Es una fecha en la que la escena gótica celebra su propia existencia, y también una oportunidad para lograr que el resto del mundo aprecie su presencia», explican los promotores de la celebración anual, que arrancó el 22 de mayo de 2009 y tiene como logotipo ese smiley tan majo con los ojos sombreados. La idea de estos británicos es que, hoy, los simpatizantes de esta corriente hagan un hueco especial a lo gótico en su vida, que presionen a las emisoras de radio para que pinchen alguna canción afín (admiten siniestros de la vieja escuela como los Cure, Siouxsie o Sisters Of Mercy), que celebren noches góticas en los pubs de sus ciudades. Y, en caso de ser almas atormentadas que no salen a la calle ni tienen amigos, que «se vistan con sus mejores galas y bailen por su cuarto las canciones góticas que suenan en su cabeza».
Nunca he sido muy tribal, pero el siniestrismo ochentero es lo que más cerca ha estado de captarme para su causa y todos los góticos que he tratado son gente encantadora, afable y con un admirable sentido del humor: no nos vamos a poner filosóficos a estas alturas, pero la conciencia permanente de la muerte puede volvernos tremendamente vitalistas. Así que en Evadidos vamos a celebrar el World Goth Day con el She’s In Parties de Bauhaus, con sus tinieblas cinematográficas y su regeneradora influencia del dub jamaicano.





