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Canción de la semana, edición vacaciones: ‘Codo’

2015 agosto 27

 

Estas vacaciones me he entregado a un trip nostálgico un poco temerario: he pasado más tiempo de lo habitual en casa de mis padres y me he dedicado a desenterrar objetos de mi juventud, en plan arqueología del cuarto de los trastos. Entre las piezas recuperadas figura la primera casete que grabé de la radio, una Basf Chromdioxid II de 60 minutos fechada en 1983, que contiene un batiburrillo confuso y un poco sonrojante. Se abre con el Words de FR David (esa no la grabé de Los 40, sino de un single que misteriosamente se compró mi primo Ramón) y después va dando tumbos por nombres como Gonzalo (sí, el Quién piensa en ti que fue a la OTI aquel año), Olé Olé (Dame) o Diseño (Problemas no). Les destaco lo más cuestionable, porque siempre es sano para quitar vergüenzas, pero también hay canciones que quizá les parezcan más defendibles: el Víctimas del desamor de Vídeo, el Thriller de Michael Jackson, el Candy Girl de New Edition, el Karma Chameleon de Culture Club, el Playback Fantasy de O’gar o el You’re Lookin’ Hot Tonight de Barry Manilow, qué cosas.

El caso es que el primer tema de la segunda cara es Codo, la canción con la que voy a concluir este picoteo agosteño. Estamos ante uno de los grandes éxitos del pop en alemán y también ante uno de los hits más improbables de la escena europea: lo firmaban DÖF, es decir, Deutsch-Österreichisches Feingefühl (la Sensibilidad Germano-Austriaca, nada menos que un choteo a costa de mis admirados DAF), pero, por alguna razón enigmática, en lugares como España se publicó acreditada a los dos líderes de esa formación, Tauchen-Prokopetz, como si eso fuese a resultar más comercial. Yo, en la Basf Chromdioxid, escribí trabajosamente Dawsen Prokofsets, que era lo que creía entender a los locutores de Radio Rioja. Los austriacos Manfred O. Tauchen y Joesi Prokopetz eran o son comediantes y cabareteros, y la canción debe de tener intención humorística, con su letra sobre un extraterrestre jovial y amoroso, pero entenderán que yo no pillaba absolutamente nada del texto: aún hoy me hace gracia tonta que la Wikipedia destaque “su pegadizo estribillo Und ich düse-düse-düse im Sauseschritt”. En cambio, la música me parecía fascinante, con sus frases robóticas, sus soñolientas voces femeninas y ese tono juguetón tan característico (eso, por supuesto, lo descubriría mucho después) de la nueva ola germánica.

Ya que me estoy enrollando más de lo habitual, añadiré dos datos de trivia ocupacerebros. Las chicas de DÖF (su mitad alemana) eran las hermanas Annette e Inga Humpe, dos figuras de la escena berlinesa de la época. A Annette, que había encabezado la banda Ideal, nos la encontramos también haciendo los coros en otro de los contados éxitos globales de la Neue Deutsche Welle, el Da Da Da de sus amiguetes Trio. Y, sí, existe un parecido bastante sospechoso entre una de las melodías de Codo y el tema central de la serie Buffy Cazavampiros, aunque los autores de este, Nerf Herder, aseguraron en su momento que jamás habían oído hablar de esos austriacos marcianos llamados Tauchen-Prokopetz.

 

Canción de la semana, edición vacaciones: ‘Rue des Tempêtes’

2015 agosto 21

 

Hay un documental sobre The Young Gods que se titula Pioneros solitarios, y ciertamente el grupo suizo podría hablar largamente sobre los sinsabores de adelantarse a lo que, pocos años más tarde, se convertiría en una moda. De hecho, como ocurre con muchos visionarios, los Young Gods no solo hicieron las cosas antes, sino que también las hicieron mejor, con una libertad y una falta de clichés que después se echarían en falta en quienes se subieron en marcha al tren de las tendencias. Allá por la segunda mitad de los ochenta, el trío encabezado por el poderoso vocalista Franz Treichler era una baza garantizada para sorprender al prójimo desprevenido: solo había que poner temas como este Rue des Tempêtes y, a continuación, explicar que la formación de la banda constaba de un cantante, un teclista y un batería, y que esas acometidas de guitarras (o, en otros temas, esos estruendos orquestales) eran cosa de la electrónica.
The Young Gods, cuyo bautismo rinde tributo a un epé de los Swans, formaban parte de la avanzadilla de aquello que se dio en llamar rock industrial, aunque su receta compleja incluía ingredientes como cabaré berlinés de entreguerras, chanson, electrónica ambiental y clásica contemporánea. Uno tiene la sensación de que nunca se les reconoció debidamente su mérito, ensombrecido por el éxito arrollador y global de nombres como Nine Inch Nails, Marilyn Manson o, en ámbitos más restringidos, Ministry: la Wikipedia recuerda cómo, cuando David Bowie tuvo un nuevo ramalazo vanguardista a mediados de los noventa, se vio obligado a aclarar que su principal influencia en aquella fase no había sido su compañero de gira Trent Reznor, sino unos tales Young Gods.
Rue des Tempêtes pertenece a su segundo álbum, L’eau rouge, que se editó en 1989 y se suele considerar la pieza más lograda de su discografía: la canción sirve como muestra perfecta del dramatismo, angustioso a veces, y la fuerza arrolladora que sabe canalizar la banda suiza. Y hablo de ellos en presente porque continúan en activo, con el mismo vocalista y el mismo teclista que entonces. “Es la Calle de las Tempestades, y tengo una cita allí”.

 

Algunos conciertos de agosto (edición especial Aste Nagusia)

2015 agosto 17

 

Estoy pesadito con las ediciones especiales, vive Dios, pero a principios de mes me di cuenta de que la inmensa mayoría de los conciertos que iba a seleccionar correspondían a la Aste Nagusia, así que pensé que era mejor ceñirse a esos nueve días de desenfreno y zapatillas sucias. Como a casi todo el mundo, a mí también me parece bastante birrioso el programa oficial de este año, pero, por fortuna, cada vez abundan más las propuestas alternativas para que cada cual pueda confeccionarse unas fiestas a medida. He mantenido la norma sagrada del blog de no repetir escenario: me han salido dos citas del programa oficial, dos de las txosnas y tres de la iniciativa privada. Y queda bien variadita la cosa.

Los Suaves (sábado 22, Abandoibarra). Sé que hay gente que ve a Los Suaves como una abominación, una fea apoteosis del viejunismo y el merchandising propio: mi primo, sin ir más lejos, les aplicó recientemente el adjetivo “execrables”, y lo hizo, además, tres veces seguidas y en mitad de un concurrido bar heavy. Pero yo tengo al grupo orensano en gran estima, he machacado algunos de sus discos (bueno, me temo que eran casetes grabadas) y creo que siempre hay que reivindicar la lírica derrotista y necrocéntrica de Yosi. Además, es su (segunda) despedida de Bilbao, así que no faltaré. Y lo más divertido es que mi primo tampoco.

MoonShakers y Adam Giles Levy (martes 25, Bilborock). Lo ideal en la muestra de rock local es acudir a todos los conciertos que se pueda, porque es el entorno con mejor ambiente de todas las fiestas: creo que, a estas alturas de la historia, ya no procede evocar aquellos tiempos de la plaza de Unamuno que me cautivaron cuando me mudé a Bilbao, pero, glups, me temo que acabo de hacerlo otra vez. En fin, había que seleccionar algún concierto y me he quedado con este, que junta un poco contra natura el rock de herencia sesentera de las MoonShakers con las canciones atmosféricas e intimistas de Adam Giles Levy, elegante británico trasplantado a Getxo.

Fuzz (martes 25, Kafe Antzokia). El Antzoki nos trae a la estrella internacional de la Aste Nagusia: Ty Segall, el hiperactivo multiinstrumentista californiano que recupera en su proyecto Fuzz la electricidad peligrosa y las emanaciones embriagadoras de finales de los sesenta y principios de los setenta, con influencias como Black Sabbath, Stooges o Blue Cheer. Son los señores peludos de la foto de arriba y tuvieron canción de la semana en esta casa. Telonean Inoren Ero Ni, con su post hardcore siempre alérgico a lo fácil.

Chimo Bayo (martes 25, Pinpilinpauxa). La Pinpi es un paraíso de la purpurina y la diversión sin prejuicios. Sus responsables nos regalaron el año pasado la memorable visita de Los Ganglios y, para este, han disparado una andanada mortífera que incluye a Ojete Calor, Leticia Sabater, Mamá Ladilla y el icónico Joaquín Bayo, mito de la ruta de bakalao y la electrónica bailable de finales de los ochenta y principios de los noventa. Supongo que algunos lo disfrutarán irónicamente, pero creo que no hace falta coartada chanante para apreciar sus himnos más durillos de electronic body music, tan emparentados con Front 242. ¿Vendrá con armadura galáctica?

Horn Of The Rhino y Anestesia (miércoles 26, Algara). La primera vez que vi a Horn Of The Rhino en directo (entonces se llamaban simplemente Rhino) fue precisamente en una Aste Nagusia, hace ya ocho años, como teloneros de los australianos Grey Daturas. La potencia de los bilbaínos y la intensidad mareante de los antípodas (y digo lo de mareante en sentido literal, porque salimos tambaléandonos) sumaron un concierto inolvidable. Este año el rinoceronte embestirá en Algara junto a los eternos Anestesia, tan noqueantes como siempre, y los jóvenes y también guipuzcoanos Voltaia.

Brighton 64 (sábado 29, Satélite T). En cuestión de meses, el local de Deusto se ha convertido en uno de los referentes imprescindibles de la escena bilbaína, y para su primera Aste Nagusia han preparado un menú tan sabroso y exquisito como los que suelen proponer para jamar. He dudado y sigo dudando qué noche destacar (Sex Museum, Nuevo Catecismo Católico…), pero creo que es de ley subrayar la presencia de los barceloneses Brighton 64, nombre mítico para todos los mods y también para algunos que jamás han pertenecido a la atildada tribu. Aquellos tiempos no volverán, como dice su canción, pero ellos siguen aquí. Completan el cartel los Lie Detectors.

Bilbao Deathfest (sábado 29, Baratz). Concluimos el repaso con una iniciativa gloriosamente idealista, hasta el punto de coquetear con el absurdo: Brutal Arratia Records organiza en el bar de Iturribide un festival de metal extremo que se extenderá desde las dos de la tarde hasta la una de la madrugada. Participan quince bandas (Mutilated Judge, Anthropomorphic, Sorgerth, Früst, los veteranos El Kaso Urkijo, Scrotovarios…), lo que significa que vendrá a haber tantos músicos como miembros del público, ya que solo se han puesto a la venta cincuenta entradas. No me digan que no es alucinante y, con perdón, romántico. Los antepenúltimos de la velada serán estos verracos llamados Görrinerh, reyes del goregrind berciano.

 

Canción de la semana, edición vacaciones: ‘Goodbye’

2015 agosto 14

En mi lista de canciones que habrían sido un éxito si el mundo tuviese algo de oído, ocupa un lugar destacado este Goodbye de los estadounidenses Silver Scooter, a quienes podríamos también englobar en alguna categoría especial, como la de grupos con demasiadas gafas para triunfar. En realidad, el álbum entero (The Blue Law, de 2001) se habría merecido una relevancia mucho mayor que la que consiguió, porque el cuarteto de Texas se las arregló para abrir fuego con esta pequeña maravilla y, después, mantener un nivel que no defraudaba en ningún momento: de hecho, he estado a punto de elegir para esta sección de repesca vacacional algún otro corte del disco, como Albert Hall, Dirty Little Bar, The Lonely Singer o Crash, aunque al final he vuelto a sucumbir a la fascinación melancólica de Goodbye, con esa letra mínima sobre marcharse a vivir a otra ciudad.

Silver Scooter eran algo así como unos New Order del rock americano, con la misma tristeza agridulce y cabizbaja, pero engarzada en otra tradición. Al frente estaba el cantante y guitarrista Scott Garred, un hombre de voz muy personal que se gana la vida como terapeuta musical para pacientes psiquiátricos: estuvo trabajando bastante tiempo en el Oregon State Hospital, donde se rodó Alguien voló sobre el nido del cuco. El álbum que nos ocupa fue el tercero y último que grabó con Silver Scooter, pero después ha editado un montón de referencias bajo el nombre de Super XX Man, un proyecto cambiante que hace dos o tres años se llevó a su nuevo lugar de residencia, Melbourne.

“I wanna live in another town…”.

 

Canción de la semana, edición vacaciones: ‘Control’

2015 agosto 7

 

Estoy en unas vacaciones particularmente catatónicas. A diferencia de otros años, ni siquiera he dejado nada programado para aliviar el encefalograma plano del blog. Pero, como no tengo ningún plan ambicioso que me impida actualizar esto de cuando en cuando, espero aprovechar los viernes para colgar alguna cancioncilla curiosa que no haya aparecido nunca por aquí: seguramente serán cosas inactuales, como la de hoy, que hace cuatro años supuso un inesperado cruce entre el hip hop sudafricano y el post punk británico.

Serán prejuicios tontorrones y desfasados, claro, pero uno no se espera que un rapero de Soweto haga una versión de Joy Division: eso es Control, una interpretación muy personal y bailable de She’s Lost Control complementada con un vídeo de lo que podríamos llamar gótico africano. La firma Spoek Mathambo, un premiado artista y productor (actualmente liado con su proyecto Fantasma) que da las gracias “a la energía y el sentimiento del house sudafricano” y “al asombroso legado que han dejado Joy Division”. Abran paso al hombre del megáfono.

 

Canción de la semana: ‘Flower Of Laughter’

2015 julio 31
por Carlos Benito

Una de las cosas más grandes de la música es que, a veces, una canción que parece ajena a tus intereses se te mete en las profundidades de la cabeza y, por razones misteriosas, hace vibrar esos resortes que desencadenan el entusiasmo y la adicción. En principio, era muy improbable que yo me pusiese a escuchar al canadiense Marker Starling, ya que en las descripciones de su obra aparecen elementos disuasorios (para mí) como lounge pop o referencias a Steely Dan, que son cosas que siempre me han dejado bastante frío. Pero, de alguna manera, se coló en mi dieta musical este Flower Of Laughter que abre su último álbum, y de ahí pasé al disco completo, editado hace ya cuatro meses, y se ha convertido en mi banda sonora de la última semana. Así que aquí lo tienen, cómo no.

Marker Starling (que en realidad se llama Chris A. Cummings) ha grabado, durante buena parte de su carrera, con el nombre de Mantler, y suelen cobijarlo también bajo el amplio paraguas de la baja fidelidad: es cierto que en el pasado se dedicaba a tocar su piano Wurlitzer acompañado por una caja de ritmos y vestido con alguno de sus chocantes trajes (el blanco, el rosa, el negro), pero, en este álbum, lo de baja fidelidad parece una broma, porque es un alarde de instrumentación suntuosa y arreglos cuidadísimos. Por encima se pasea la voz melancólica, delicada y dúctil de Marker Starling, que a menudo me hace pensar en Robert Wyatt. A ver si les pasa como a mí y les abre alguna puerta nueva del gusto. O, quién sabe, a lo mejor esa puerta ya la tienen abierta de par en par.

 

 

 

¡Otra ronda de The Pogues!

2015 julio 28
por Carlos Benito

 

En cierto modo, los Pogues son el grupo ideal para lanzar su propio whiskey (ya saben, con grafía irlandesa), porque al fin y al cabo llevan décadas ingiriendo cantidades desmesuradas de ese licor: del mismo modo que otros han convertido la decadencia yonqui en parte de su estética roquera, la banda angloirlandesa se ha convertido en todo un símbolo del rock borrachuzo, aunque ellos siempre hayan reconocido lealmente que los Dubliners pimplaban bastante más. Pero, en cierto modo, a los Pogues también se les puede reconocer cierta capacidad disuasoria sobre los efectos del alcohol: muy pocos fans querrán acabar pareciéndose a su abotargado vocalista, Shane MacGowan, aunque también es cierto que su materia prima de partida no era precisamente privilegiada.

El caso es que ya podemos empapuzarnos todos con el nuevo whiskey The Pogues, elaborado por West Cork Distillers y presentado en una elegante botella negra. Dicen que tiene un sabor «malteado y floral» con notas de chocolate y cítricas, aunque echo en falta el comentario de cata del propio Shane, que seguro que suena menos convencional. Para redondear la experiencia, es fácil encontrar una buena banda sonora…

 

Canciones de la semana: ‘Detroit’ y ‘Santa Teresa’

2015 julio 24

 

Procuro estar atento todos los años al concurso de maquetas Autoplacer, porque el criterio del «lúcido jurado independiente» suele parecerme acertado (vamos, que les gustan cosas que también me gustan a mí) y porque siempre me descubren grupos que desconocía. En la edición de este año, por ejemplo, abundan los sonidos vinculables de manera más o menos estrecha al post-punk, como los propios ganadores, mis paisanos (de Logroño) Pan Total. El segundo premio se lo han llevado cinco bandas, en plan avalancha hacia el éxito global: Igor, Hielo en Varsovia, Matarse en la Castellana, Muerte Mortal y Salfumán. ¿Que alguien se siente un poco culpable por no tener ni repajolera idea de quiénes son todos estos ruidosos individuos? No sé si servirá de consuelo, pero yo estoy en las mismas y solo había escuchado a uno. Bueno, a algunos sigo sin haberlos escuchado todavía, porque en mitad del proceso me he enganchado en bucle a uno de los participantes.

Parece que lo hago por llevar la contraria, pero el caso es que el grupo que firma nuestras canciones de la semana no ha quedado entre los ganadores, aunque sí se ha colado entre los finalistas, ese top 15 repleto de propuestas interesantes. Se trata de Piedad Os Lo Ruego, un «dúo de tres» formado por La Leti y El Morata, que han grabado su primer EP en colaboración con Juan, de Axolotes Mexicanos. Por no saber, no sé ni de dónde son: supongo que de Madrid, porque el único concierto que han dado hasta ahora tuvo lugar en Lavapiés. Al principio iba a colgarles la primera canción, ese Detroit de calles desoladas que recuerda bastante a Los Punsetes. Después decidí que mejor optaba por la segunda, la asombrosa Santa Teresa y su ruta vaticana del bakalao. Pero, como me encantan las dos, son muy distintas y no suman más de cuatro minutos, he decidido enchufarles ambas. ¡Éxtasis!

Actualización: de León, son de León.

 

 

 

R.E.M. contra R.E.M.

2015 julio 23
por Carlos Benito

No sabía hasta hoy que, una vez, se celebró un concierto en el que compartían cartel dos grupos llamados R.E.M. La historia me ha parecido tan bonita que algo, en el doble fondo de mi mente, me dice que tiene que ser mentira, pero la ha contado en varias ocasiones uno de sus protagonistas, que a la sazón ha sido también durante muchos años redactor jefe de Wired, así que vamos a darle una pizquita de crédito.

Nuestro hombre, Chris Anderson, tocaba el bajo en una banda de Washington DC inspirada en el sonido nervioso de Gang Of Four. Se llamaban R.E.M. y, al parecer, eran bastante buenos: tenían ya preparado su primer EP cuando se enteraron de que otro grupo se había puesto el mismo nombre. Esos tipos inoportunos procedían de Athens, Georgia, y también acababan de grabar su primer sencillo, con una canción llamada Radio Free Europe. El lanzamiento de los dos discos estaba previsto para la misma semana de 1982, que también es casualidad, y al propietario del 9:30 Club de Washington se le ocurrió montar una batalla de bandas restringida a los dos R.E.M., es decir, un concierto para solucionar el lío del nombre: decidirían el orden sobre el escenario a cara o cruz, y el ganador podría seguir llamándose R.E.M. y, además, decidir el nuevo bautismo del perdedor.

Les tocó abrir a los R.E.M. locales, que quedaron muy contentos de su actuación. Se sentían triunfadores, pero… «Entonces subieron los otros R.E.M. Creo que la primera canción que hicieron fue Radio Free Europe: la multitud se quedó callada, las bocas se abrieron y, cuando tocaron el último acorde, la sala explotó», relata Anderson, que identifica a Mike Mills como el miembro de R.E.M. que eligió su nuevo nombre. A partir de entonces se llamaron Egoslavia, y el blog The Thing On The Doorstep acaba de colgar un ripeo de su único álbum, que llevaba la bonita portada que ven arriba.

Y a mí que el nombre de R.E.M. siempre me ha parecido horrible…

 

Canción de la semana: ‘Hangmans Hyll’

2015 julio 17
por Carlos Benito

 

A lo mejor no tienen ni la más remota idea de lo que es una cruz de tau. Yo, desde luego, no lo sabía: también llamada cruz de San Antonio, es una cruz en la que el palo vertical no sobresale por encima del travesaño horizontal, y tiene por tanto forma de T, o de tau griega. Parece que los romanos utilizaron cruces así, y de hecho son relativamente habituales en la iconografía cristiana, pero la cruz de tau es conocida sobre todo como símbolo de la orden franciscana. Y, a partir de ahora, también como la banda que ha unido al cantante y bajista de Amebix y el batería de Voivod, es decir, el inglés Rob Miller y el canadiense Michel Langevin. O, si preferimos usar sus apodos, The Baron y Away.

Tau Cross es, por tanto, la colisión de dos bandas veteranas y muy prestigiosas, pero funciona sobre todo como vehículo de expresión para Miller, un tipo peculiar que se gana el sustento fabricando espadas en la isla escocesa de Skye. Su álbum de debut explora los vínculos que emparentan el metal pesado con la tradición folclórica británica: hay voces rasposas a lo Motörhead, riffs ominosos a lo Black Sabbath y una influencia muy evidente de Killing Joke, pero también remansos acústicos y una poética que remite a las corrientes ocultistas de la vieja Inglaterra. Esta Hangmans Hyll, por ejemplo, trata sobre… ejem… el semen de los ahorcados y las brujas que lo recogían para usarlo en sus pociones mágicas. Curiosamente, es uno de los dos cortes que Tau Cross han decidido dejar fuera de la versión en vinilo, pero ha acabado convirtiéndose en el favorito de muchos de sus seguidores: «Es una canción completamente lineal. En realidad, no sucede nada en absoluto, es solo una secuencia de acordes que dan vueltas y vueltas y vueltas por lo que parece una puta eternidad», ha resumido, con cierta sorpresa, el propio Miller, que como publicista parece no tener precio. A mí me enganchó desde el primer momento, aunque reconozco que es una de esas fascinaciones que en algunos momentos coquetean con el rechazo.

 

 

 

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