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Canción de la semana: ‘Masterpiece’

2016 septiembre 30
por Carlos Benito

 

Nuestra canción de esta semana debería haber aparecido por aquí en primavera, que es cuando se editó el disco homónimo que la contiene, pero se cruzó alguna otra cosa y se fue pasando el momento. Quizá al principio me pareció demasiado clasicota, no sé: el caso es que dejé marchitarse la flor de la novedad. Y después, cada vez que la escuchaba, me arrepentía de no haber destacado por aquí un tema tan redondo y tan precioso. En agosto, grabaron una miniactuación para los Tiny Desk Concerts de la NPR, que son mi canal de YouTube favorito, y la canción les quedó tan bien que pensé en rescatarla con aquella excusa. Y, ahora, acaban de incluir una impecable versión acústica como cara B de su nuevo sencillo, así que ya me he hartado de darle la espalda: con ustedes, Masterpiece, de Big Thief, una de las canciones más bonitas del año.

El cuarteto neoyorquino es esencialmente la banda de Adrianne Lenker, una cantautora de Minnesota que estudió en Berklee y antes grababa en solitario, aunque en la fórmula de Big Thief también tienen bastante importancia los solos a borbotones de Buck Meek. En Masterpiece, sobre unas guitarras que siempre me hacen pensar en Neil Young, Lenker canta a una amiga que murió, o eso creo entender. Ya puestos, escuchen también la siguiente canción del lote, Vegas, que también me gusta un montón: lo mismo la acabo colgando por aquí dentro de medio año.

 

Lemmy ya es estatua

2016 septiembre 28

En los comienzos del rock, nadie habría previsto que, algún día, esos tipos que berreaban y sacudían la pelvis adquirirían la respetabilidad necesaria para convertirse en escultura. Pero el mundo ha acabado lleno, quizá demasiado, de estatuas de roqueros: hace unos años me tocó seleccionar unas cuantas para un reportajito y me sorprendió la abundancia y variedad de material. También me llamó la atención, hablando en general, su impactante fealdad, con la de Bob Marley en Kingston y la de Kurt Cobain en Aberdeen como ejemplos particularmente estremecedores. Es un poco triste darle un buen meneo a la historia de la música popular para acabar inmortalizado en forma de monumental engendro.

El caso es que Lemmy, el difunto líder de Motörhead, también cuenta ya con su estatua. Se ha financiado a través de crowdfunding, está hecha de bronce y presenta una ventaja con respecto a otras: la han colocado en un bar, lo que parece más congruente con el personaje que una plaza pública con columpios y bancos para jubilados. Está, en concreto, en su local favorito, el mítico Rainbow Bar & Grill de Los Ángeles, donde Lemmy se pasaba las horas muertas bebiendo Jack Daniels con cola y jugando a la máquina de póker: le gustaba tanto el videojuego de marras que, en los últimos días de su vida, se lo colocaron al lado de la cama. A algunos fans no les ha convencido del todo esa rara garita en la que le han colocado, rebautizada ya como «la ducha», pero hay un detalle todavía más cuestionable: la estatua se basa en una foto clásica de Lemmy, obra de Robert John, pero… ¡le han quitado el cigarrillo!

 

 

Canción de la semana: ‘Death And The Lady’

2016 septiembre 23

 

 

Shirley Collins lleva treinta y ocho años sin sacar un disco, pero da la impresión de que ese silencio artístico, forzado por una disfonía que en ocasiones le impedía incluso hablar, no ha hecho más que acrecentar su leyenda. Es un tópico aburrido escribir que Shirley es la gran dama del folk inglés, así que mejor usaremos la fórmula de su discípulo y colaborador David Tibet: «Es la reina secreta y verdadera de Inglaterra». El caso es que, como ya adelantamos por aquí, a sus 81 años se ha lanzado inesperadamente a grabar un álbum del que ha adelantado un par de canciones, y su nueva versión de Death And The Lady, una balada tradicional que ya registró en un disco de 1970, me tiene fascinado y atrapado en un bucle obsesivo.

Death And The Lady relata el encuentro de una mujer con un anciano calvo, de barba gris y ropas arcillosas. «Me llamo Muerte», dice el viejo, que ha venido a llevársela con él. La mujer intenta convencerle de que le permita vivir unos cuantos años más, le ofrece a cambio joyas y otras riquezas, pero la Muerte no se presta al banal regateo. La canción es preciosa en sí, pero gana en gravedad y trascendencia cuando la interpreta una mujer de la edad de Shirley Collins, con esos espectaculares arreglos de guitarra que de pronto parecen campanas tocando a muerto y, muy especialmente, con ese vídeo firmado por Nick Abrahams, una reflexión visual sobre lo transitorio de esta vida. Las imágenes, abundantes en simbología de inspiración pagana, son tan sugerentes que mi hija de cinco años acabó preguntándome de qué iba la canción. Le dije, claro, que del paso del tiempo, sin spoilers sobre el final inevitable de esta historia.

 

La asimetría sentimental

2016 septiembre 20
por Carlos Benito

 

Rara vez encuentro el tiempo para comentar las novedades de artistas que ya han aparecido alguna vez por aquí, quizá por miedo a acabar hablando siempre de mis diez o doce preferidos, pero da la casualidad de que dos santos patrones de este blog acaban de sacar nueva referencia y de que, además, mis canciones favoritas de los respectivos discos comparten cierto terreno temático. Las dos hablan de lo que podríamos llamar asimetría sentimental, de cómo, tras una separación, las mentes y las vidas de una pareja no suelen divergir al mismo ritmo. Así que allá vamos.

El primero de los artistas es Keaton Henson, un hombre marcado por una ruptura sentimental, hasta el punto de que se hizo músico por la necesidad de dar salida a su dolor tras aquella amarga experiencia. El británico Henson, con la estampa de hidalgo sufriente que ven en la foto, es un tipo hipersensible y muy dado a quitarse el caparazón en público y exponer temerariamente sus zonas blandas. Su nuevo álbum, Kindly Now, incluye la canción Old Lovers In Dressing Rooms, en la que cuenta la visita a camerinos de su antigua novia. «No tengo mucho que decir, / ‘he pensado en ti todos los días’, / y ella parece decepcionada / cuando le digo que sigo sin ser feliz», canta el bueno de Keaton, que nunca ha sido el más alegre de su manzana. Termina así: «‘¿Me quisiste tal como lo has escrito?’. / ‘Bueno, me temo que sí, me temo que sí’. / Y ella sonríe y dice que tiene que marcharse. / Me quedo solo y en silencio / hasta que vienen a decirme que tengo que irme, / que hay gente a la que debo saludar». Es una de esas canciones que conviene escuchar mientras se lee la letra.

 

 

Un tono un poco diferente adoptan Comando Suzie en Fotos, la canción que abre su nuevo miniálbum, Principios y salidas. Me veo obligado a recordar de vez en cuando que el proyecto del barcelonés Raúl López es uno de los mejores grupos de este país, con su costumbrismo contemporáneo envuelto en tecnopop: nadie ha reflejado mejor la capacidad de las redes sociales para ratificar y magnificar la propia soledad. «Te va mejor que a mí, / lo he visto en Instagram», arranca en este tema, con un estribillo hiperpegadizo y esa mezcla tan suya de autoconmiseración y autoironía. Ah, tiene vídeo: mi hija de cinco años sigue empeñada en que la roca es una montaña entera y que «el chico es un gigante».

 

Canción de la semana: ‘Mr. Apples’

2016 septiembre 15
por Carlos Benito

 

 

Basta un segundo, medio segundo, un par de centésimas para sentirse a gusto en la nueva canción de Madness: ese piano nos va llevando de la mano por territorio conocido, como cuando volvemos de un viaje largo y examinamos las habitaciones de casa para comprobar si todo está bien. Y todo está bien, muy bien: Mr. Apples encajaría sin mayor problema en los álbumes gloriosos de los Madness de los 80, cuando el cantante Suggs y compañía dieron forma a uno de los mundos más reconocibles y amigables de la música de la época, con su mezcla de ska caribeño e inglesidad autoirónica. Madness siempre supieron ser chispeantes, pero también melancólicos, y a veces incluso se las arreglaban para transmitir las dos sensaciones a la vez.

En Mr. Apples, adelanto del álbum que publicarán en octubre, nos presentan a un personaje, el tal Manzanas, un recto caballero que de noche se pierde en busca de juego y quién sabe qué más vicios. «De día, es un pilar de la sociedad y tiene muy claro cómo debería comportarse la gente. Es estricto, moralista, sermoneador. Pero, cuando el viejo sol se pone, se va a la parte equívoca de la ciudad. Nos preocupamos por él, es un chico muy travieso», ha glosado Suggs. ¡Venga ese piano!

 

¡Resucitó el abuelo!

2016 septiembre 12
por Carlos Benito

 

 

Eso de que un grupo se reúna después de unos cuantos años y decida grabar canciones nuevas suele inspirarme un incómodo malestar. Hay casos, como el de los Pixies, que casi me hacen sentirme enfermo: pueden ponerse a la cola y llamarme fundamentalista si quieren, pero detesto que una banda que cerró su historia con brillantez decida sabotear su legado a base de añadidos mediocres. Pero, ya que están a la cola, pueden llamarme también contradictorio y todo lo que se les ocurra, porque aquí estoy, tan contento, escuchando los primeros frutos de la reunión de mis muy admirados Grandaddy. Se me ocurre, como disculpa, que el líder del grupo californiano, Jason Lytle, ha logrado mantener un nivel admirable en su carrera posterior, sea en solitario, al frente de Admiral Radley o a medias con Aaron Espinoza, por citar tres formatos que han tenido por aquí su correspondiente canción de la semana. Grandaddy también la tuvieron, aunque fuese después de muertos, y la regla de no repetir nunca artista me ha impedido dar ese trato honorífico al que probablemente es mi tema favorito del repertorio de este hombre.

El caso es que, diez años después de su disolución, Grandaddy han difundido dos temas del que va a ser su próximo álbum. Se titulan Way We Won’t y Clear Your History y suenan a purito Grandaddy de corazón melancólico. Abajo les va uno, el más brioso, y aquí tienen el otro, una de esas baladas como de maquinaria obsoleta que siempre han bordado.

 

Canción de la semana: ‘Honeycomb’

2016 septiembre 9
por Carlos Benito

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La escueta biografía oficial de Kadhja Bonet dice que nació en 1784, pero se la ve tan lozana en las fotos que sospecho que ese dato es mentira, je, je… En realidad tendrá veintitantos, aunque, si juzgamos por sus discos, perfectamente habría podido nacer allá por 1940 y vivir intensamente los años 60, porque la joven californiana recupera una forma de hacer música que se ha vuelto infrecuente, con un pie en la sensualidad de las baladas soul, otro en la delicadeza de la bossanova y, ejem, quizá un extraño tercer pie en el sofisticado salón de algún arreglista francés: las suyas son canciones de aire clásico, con vocación de estándar y elegantes adornos de cuerda y viento. Y Honeycomb es la muestra más redonda de su talento, con su combinación de violines orientalizantes y banda sonora de James Bond: es tan perfecta que hasta me ha obligado a echar un vistazo por ahí, no fuese a tratarse de una versión.

De Kadhja se sabe poquito. «Se mantiene bastante callada, por no decir un poco misteriosa, al tratar sobre la historia de su vida», admiten en Fat Possum, el sello que va a lanzar el mes que viene su primer álbum. Sí ha confirmado que tiene formación clásica, y de hecho ella misma suele tocar casi todo lo que suena en sus canciones, muy en particular el violín, la viola y la flauta. Honeycomb sirve como adelanto de ese debut, aunque en realidad es una canción de hace un año y ya apareció en un minielepé: incluso tiene vídeo, pero se lo voy a enlazar en vez de insertarlo, porque Vimeo casi siempre me da problemas. Ahora, sírvanse un cóctel rico y disfruten.

 

Canción de la semana: ‘Hell Beach’

2016 septiembre 2

Tiene narices recuperar esta sección después de un mes de ausencia estival y elegir una canción de hace treinta años, pero cuento con un par de excusas: en vacaciones he escuchado poquísima música nueva, en una especie de depuración mental (bueno, en realidad ha sido porque no me ha quedado otro remedio), y llevo buena parte de la semana repasando a los australianos Scientists, sobre los que he publicado una cosita en la revista musical para suscriptores. A mí los Scientists me han gustado siempre, pero hasta ahora no había llegado a hacerme una idea clara de su discografía, un poco enrevesada y confusa: parece que, en buena medida, eso se debe a que una compañía se dedicaba a contraprogramarlos, relanzando material viejo cada vez que ellos publicaban algo nuevo. Ahora, el sello de reediciones Numero Group ha sacado al mercado una bonita caja de cuatro cedés que recopila su material de estudio junto a una selección de cortes en directo. Se titula A Place Called Bad y supongo que costará un pastizal (a ver, cuarenta y cuatro euros en Amazon), pero la tienen toda ordenadita en Spotify.

Los Scientists protagonizaron una de las evoluciones más interesantes de la época, porque empezaron con un power pop efervescente y vitalista (ahí están las inmediatísimas Frantic Romantic y Last Night) pero muy pronto cambiaron como si se hubiesen caído al fondo de un pozo: su estilo se volvió amenazador, obsesivo, mórbido, rabiosamente oscuro, sobre unas bases rítmicas que a menudo coqueteaban con lo industrial. Mis piezas favoritas de su producción son el minielepé Blood Red River, de 1983, con seis canciones como seis soles negros, y los asombrosos sencillos que sacaron por aquella época, con himnos como Swampland o We Had Love. Pero, como siempre tiro de las mismas, hoy he decidido que sería buen plan prolongar mis vacaciones en la playa del infierno.

 

Algunos conciertos de septiembre

2016 septiembre 1

 

Aquí me tienen, recién llegado de vacaciones y con tres o cuatro kilos más, intentando orientarme en la agenda musical de septiembre. A bote pronto, me han llamado la atención estos siete conciertos en otros tantos recintos diferentes, según manda la tradición del blog.

Mujercitas Terror (día 10, Beleza Malandra). El trío argentino, protagonista de la sombría foto de arriba, emprende una gira española y europea que recalará en el local de Bermeo y también en Vitoria y Tolosa. Por la imagen y por el nombre ya se pueden imaginar que no son la alegría de la huerta: lo suyo está entre el indie oscuro y el post-punk más oscuro todavía, pero suena saludablemente intenso y limpio de tópicos.

Villa de Bilbao (a partir del día 15, Bilborock). Todos los años sufro por no poder bajar al Villa de Bilbao, que es incompatible con mis horarios laborales. El formato del concurso, con sus conciertos breves, reconcentra lo bueno y hace llevadero lo malo, con lo que se sitúa muy cerca de la perfección. Y el programa incluye jornadas tan espectaculares como la del día 22, con Franco, The Limboos y My Expansive Awareness (actualización: vaya, parece que han cambiado el calendario).

Izar & Star: Nirvana, 25 años de Nevermind (día 15, Kafe Antzokia). Yo no fui muy fan de Nevermind en su día, porque me mosqueaba lo que veía como una explotación y vulgarización de los hallazgos de los Pixies, pero la edad me ha vuelto comprensivo y benévolo y he acabado escuchándolo un montón, aunque no tanto como In Utero. El ciclo Izar & Star arranca su séptima edición conmemorando los 25 años del «último revolcón del rock», como describe uno de los grupos participantes, los navarros Monte del Oso. Junto a ellos estarán Nevada y Tooth, que anuncian lo que se está preparando como algo «muy serio, muy bonito y muy ruidoso».

Pablo Und Destruktion (día 16, calle Pedro Ibarretxe). La Fnac bilbaína celebra su décimo aniversario con un concierto callejero (a ver, ¿cuántos de ustedes saben ubicar Pedro Ibarretxe?) que arrancará a las 16.30 horas con Shinova y culminará a las 20.00 horas con WAS. Claro que aquí vamos a destacar lo de enmedio, el relleno amargo del sándwich, que será la nueva visita del apocalíptico y visionario Pablo García. A él le toca a las 18.00. Sería una manera perfecta de celebrar el día de mi cumpleaños si no me pillase, ay, trabajando.

You Am I (día 16, Satélite T). La banda australiana, que ya ha superado el cuarto de siglo de historia, es una máquina infalible de rock y power pop: este queso gruyer emmental que tengo por memoria ha logrado preservar el estupendo recuerdo de un concierto suyo en el Kafe Antzokia, hace ya demasiados años. Así que no quiero ni pensar lo que será verlos en las distancias cortas y el ambiente celebratorio del Satélite deustoarra. Un lujo.

Flamingods (día 28, piso de arriba del Antzoki). Mira que son una cuadrilla rara estos tipos multinacionales. La génesis del grupo estuvo en Bahréin, en el dormitorio de su fundador, que estableció una peculiar alianza a través de internet con los otros miembros: grabaron su primer álbum sin llegar a juntarse nunca. Y, luego, está su sonido, una curiosa reelaboración de la psicodelia étnica con pasajes de sobrecarga percutiva y una particular obsesión por los instrumentos más raros. Hay que verlo.

Uxía y Narf (día 30, Teatro Campos). Estos dos clásicos de la música gallega se han unido en el disco Baladas da Galiza imaxinaria, una fusión intimista de sus mundos en la que exploran piezas de sus respectivos repertorios y canciones nuevas. Y, a base de austeridad instrumental y de aromas africanos y brasileños, logran ofrecer una mirada nueva a la Galicia eterna y sus nostalgias. Vale, a lo mejor influye que mis ocho días de vacaciones en el Lugo profundo me han sabido a poco: ¡quiero más pulpo!

Me imagino que a algún lector le habrá intrigado el nombre de los maños My Expansive Awareness. Pues nada, aquí los tienen.

 

Algunos conciertos de Aste Nagusia

2016 agosto 19

 

 

Un año más, la selección de conciertos de agosto se convierte en un especial Aste Nagusia, o quizá debería decir un microespecial, porque no pasa de ser una minimísima selección de la inmensa cantidad de música que nos proponen las fiestas. Son los siete conciertos (como siempre, en otros tantos recintos distintos) que más me motivan en estos días locos que se nos vienen encima. A pasarlo bien.

Malevaje (día 20, Satélite T). Como dicen los responsables del local de Deusto, es un lujo empezar las fiestas con los mejores tangueros del hemisferio norte. Antonio Bartrina y sus muchachos (en la foto) son la facción porteña y portuaria de la movida madrileña, una anomalía canalla y sentimental que, al contrario que tantos compañeros generacionales, jamás pasará de moda. Ya saben que en el Satélite hay un montón de cosas bonitas: de hecho, dan ganas de quedarse veinticuatro horas allí dentro (bueno, veintisiete o así) para ver a Señor No el domingo por la mañana y a Manolo UVI y Toni Metralla y los Antibalas el domingo por la noche.

Viva Bazooka y Spencer Salmon (día 20, Kremlin). El Kremlin ha organizado un interesante programa de conciertos y Djs (¡gratis total!) que se abre con los instrumentales marcianos del dúo Viva Bazooka y el “rock australiano” de Spencer Salmon, un cuarteto que aglomera a Joseba B Lenoir, Mikel (Sexty Sexers), Ilargi (Perlak) e Iñigo (Blaka) y que supongo (espero) homenajea en su bautismo a Kim Salmon y Spencer P. Jones.

Gerente y Franco (día 22, Bilborock). En realidad, lo suyo es acudir a Bilborock todas las tardes que se pueda, porque la muestra de rock local es lo mejor de todo el programa oficial de fiestas, pero el formato de esta sección nuestra obliga a elegir alguna de las fechas, así que me quedo con la más popera del lote, para que no digan que siempre tiramos a lo bruto. Las canciones bonitas de Gerente y el baile irónico de Franco prometen una estupenda velada de corte moderno.

Jacco Gardner (día 22, Stage Live). Solo le he visto en directo una vez, en el Antzoki, y reconozco que aquel concierto fue una pequeña decepción, pero me siguen fascinando los discos de este duendecillo holandés de 28 años que vive anclado espiritualmente en el final de la década de los 60, entre humos y aromas de embriagadora psicodelia pop. Así que habrá que darle otra oportunidad: es gratis, como toda la programación de Stage Live, y telonean Leun.

Baccara (día 23, Pinpilinpauxa). Vale, vale, reconozco que lo mío con Baccara tal vez sea una especie de trauma infantil: una de las integrantes originales del dúo era de Logroño, como yo, así que se les prestó una atención especial en aquella ciudad tan huérfana de estrellas. Y qué quieren, sus himnos satinados y calenturientos siempre me han gustado mucho. Hey, si hasta fueron canción de la semana. Imagino que la que viene a la Pinpi es la otra fundadora, María, con su actual compañera: veo, por cierto, que estos días están actuando en Rusia, para que luego haya quien se mofe de la programación apabullante de esta txosna.

Crazy Cavan & The Rhythm Rockers y Charlie Hightone & The Rock-It’s (día 27, Kafe Antzokia). El Antzoki y su reverso txosnero, Algara, siempre contribuyen a insuflar a la Aste Nagusia un poco de ese rock que las autoridades le niegan con cabezonería. Para el último finde de fiestas traen a los míticos Crazy Cavan & The Rhythm Rockers, teddy boys galeses que llevan más de cuarenta años rocanroleando con frenesí. Con ellos estará la prestigiosa banda de Charlie Hightone y un plantel de dicjockeys encabezados por Chulina Diablo.

MxAxRxIxJxAxIxAx Fest (día 27, detrás de Kaskagorri). Me encantan las convocatorias excesivas de la promotora Brutal Arratia Records, que se ha montado un fin de fiestas extremo y desbordante a continuación de los fuegos artificiales del sábado. Tocarán nada menos que nueve bandas, incluidos los bestiajos norirlandeses Deathbus y Necrofuck. Completan el extenuante programa los navarros No Sanctuary, los alaveses Katar, mis paisanos riojanos Kartuman Destroyer & Los Esstramonio y los vizcaínos Mutilated Judge, Shrapnel Meat, Dora la Exploradroga y Sönambula. Desde el punk hasta el goregrind, no faltará de nada.

Y ahora, vamos a dejarnos llevar por una de las ensoñaciones retro del amigo Jacco.

 

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