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Canción de la semana: ‘The Girl Who Lives On Heaven Hill’

2017 septiembre 17

 

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Estoy teniendo unas semanas bastante liadas y eso me impide atender el blog como es debido, más allá de cumplir con la disciplina de no saltarme la canción de la semana. Ni siquiera he podido despedir con un poco de decencia a una figura como Grant Hart, que falleció el miércoles en Minnesota con solo 56 años. Así que voy a hacer una pequeña cabriola en la rutina habitual y dedicaré la sección a The Girl Who Lives On Heaven Hill, mi canción favorita de Hart y también una de mis preferidas de todos los tiempos.

También su trayectoria posterior al frente de Nova Mob y en solitario es interesante, pero Hart aparece en las historias del rock, sobre todo, como parte de Hüsker Dü, trío estadounidense que reconfiguró el hardcore de sus inicios como un rock intenso y cargado de electricidad y sentimiento. Hart (en el centro de la foto) era el batería, pero también se repartía las tareas vocales y compositivas con Bob Mould, el miembro más conocido del grupo, y se da la circunstancia de que entre sus canciones, menos numerosas que las de Mould, figuran algunos de los momentos más logrados de su discografía. Es el caso de The Girl Who Lives On Heaven Hill, que está incluida en New Day Rising (su álbum de 1985, el que más me gusta de los suyos) y que, sobre esa guitarra de Mould que suena como veinte, bosqueja una historia de amor entre perdedores: la mujer que vive en una cabaña y tiene siempre una botella sobre la mesa para el narrador, que sube a visitarla. “Tiene una habitación grande que está siempre desordenada, / zapatos desgastados y un vestido desgastado, / una sonrisa desgastada que seguirá usando algún tiempo más / y un desgastado felpudo de bienvenida junto a la puerta”. Yo entendí durante mucho tiempo que la chica vivía en un lugar llamado la Colina del Cielo, pero resulta que Heaven Hill es una marca de bourbon, de modo que el título y el primer verso pueden interpretarse como que la chica en cuestión se alimenta solo de eso. Siempre me sorprende con qué feroz emoción la canta Hart.

 

Canción de la semana: ‘Basic Cable’

2017 septiembre 8
por Carlos Benito

 

Dead Heavens

 

La canción de la semana es una de esas tareas que me obligan a trabajar un poquito en vacaciones, porque escucho algún tema que me gusta y, claro, lo archivo mentalmente (bueno, en realidad lo añado a una lista de Spotify) para traerlo por esta sección. Esta vez, he acabado con tres candidatos claros: uno que podríamos definir como blues rock psicodélico, otro que tira hacia el post punk salvaje y un tercero de sedante neoclasicismo. Una mano inocente y limpia ha extraído una bolita de papel y, zas, ha tocado la primera.

Así que aquí tienen a Dead Heavens, unos neoyorquinos que canalizan a grupos como Cream, Black Sabbath o The Jimi Hendrix Experience pero vienen de universos bastante alejados de ese estilo. El líder del cuarteto es el vocalista y guitarrista Walter Schreifels, que allá por finales de los 80 tocaba y componía en los históricos jarcoretas Gorilla Biscuits (bueno, veo que sigue en ello, porque todavía existen), mientras que el guitarrista Paul Kostabi fue miembro fundador de White Zombie. Según aseguran, este nuevo proyecto surgió de una obsesión compartida por el primer álbum de Cream y el tercero de My Bloody Valentine (sí, sí, el tercero), aunque esto último no logro apreciarlo en su música, rock setentero con la cabeza muy volada. A mí me gustan mucho los bamboleos y borbotones de sus guitarras, pero creo que la clave de mi enganche ha sido esa voz casi femenina que canta sin esfuerzo aparente.

 

Algunos conciertos de septiembre

2017 septiembre 7

El grupo Proyecto Solaz, de Almería, estará en el Villa de Bilbao

 

 

Ya está, se acabaron las vacaciones, aunque algunas partes de mi organismo todavía no se han dado por enteradas. El cerebro, por ejemplo. Aun así, le he obligado a currar un poquito para buscar una selección de ocho conciertos en ocho recintos distintos. Caramba, me salen dos en Sopela, y perfectamente habrían podido ser tres.

Is Bliss (día 7, La Triangu). Al trío de Portsmouth, a tiro de ferry de Bilbao, lo definen por ahí como «shoegaze psicodélico», aunque a mí me parece que tiene bastante más de lo segundo que de lo primero. Sus canciones envueltas en neblina oriental pueden agradar a nostálgicos de los 60 más lisérgicos, a fans de los Stone Roses o, en fin, prácticamente a cualquiera, porque suenan tan amigables como prometedores.

Maria Arnal y Marcel Bagés (día 9, Kafe Antzokia). A lo mejor soy un poco pesado con el dúo catalán, pero su cancionero entre la tradición oral y la vanguardia me parece una de las propuestas más motivantes de los últimos tiempos. Presentan su espléndido álbum de debut, 45 cerebros y 1 corazón.

Ötzi (día 13, Sarean). Ötzi son un trío californiano que ofrecerá en Sarean el primer bolo europeo de su historia. Su primer álbum, recién editado, los sitúa en el inabarcable colectivo de herederos de Siouxsie: tengo la impresión de que el legado oscuro de los Banshees sirve a menudo para apañar terribles medianías, pero no parece el caso de Ötzi, que tienen canciones muy bonitas y a veces incluso se pasean con solvencia hacia los paisajes de los Cure. Telonean Mötorastola.

Villa de Bilbao (a partir del día 14, Bilborock). Ya tenemos aquí otra edición del Villa, que hace, esperen que mire, el número 29. ¡Veintinueve! La primera semana habrá dos conciertos del apartado pop-rock, los días 14 y 15 (los de la foto de arriba son los almerienses Proyecto Solaz, que ofician en esta segunda fecha) y para el metal habrá que esperar al 22. Aquí tienen el calendario en pdf. De nada.

Las Señoritas Estrechas (día 23, Nave 9 La Nube). Las Señoritas Estrechas se llaman Dani, Diego y Ángel, para situarnos un poco, y se definen muy acertadamente como «una banda de pop disfrazada de punk». Lo suyo es punk ramoniano de la vertiente menos agresiva, con estribillos como «conviértete en una obesa conmigo» y adscrito a la cofradía de Airbag, F.A.N.T.A. o Waldorf Histeria. De hecho, acabo de ver que compartieron un concierto con estos dos últimos, en lo que viene a ser el equivalente musical a una sobredosis.

Los TexManiacs (día 29, Plaza Estación de Las Arenas). El Festival de Folk de Getxo gana incluso al Villa, porque va por su edición 33. ¡Treinta y tres! Habrá flamenco, klezmer, chaabi, música celta, fado y un montón de cosas más, pero me quedo con la banda de Max Baca, cuate de Flaco Jiménez que insufla rock and roll a la tradición texana. Su música es muy apropiada para beber, quizá demasiado. Quizá demasiado apropiada para beber demasiado, podríamos decir.

Tav Falco’s Panther Burns (día 30, Satélite T). El espigado Gustavo Antonio Falco, que ya ha cruzado la frontera de los 70, es una leyenda del underground que revisa la tradición americana en plan decadente y cabaretero. Su trayectoria irregular y extraña enlaza el blues de Memphis con el Nueva York de la no wave y la Europa portuaria.

Mars Red Sky (día 30, Plaza del Ayuntamiento de Sopela). Vamos a acabar como empezamos, en Sopela y con sonidos de cierta vocación psicodélica. El trío bordelés (cómo me gusta ese gentilicio), que tira por la facción stoner del viaje mental, encabeza el cartel del festival gratuito Inkestas, un festín de productos potentes que se completa con Adrift, Rise To Fall, Late To Scream, Knives, Wreck Totem, Conteiner, Song Of Anhubis y Baltzak.

Vamos con Ötzi y sus Charms.

 

Cerrado por vacaciones

2017 agosto 9
por Carlos Benito

Pero esto siempre está abierto:

 

Canción de la semana: 'Static'

2017 agosto 8
por Carlos Benito

El chirrido está poco aprovechado en la música. A todo el mundo se le llena la boca elogiando el Psychocandy de The Jesus And Mary Chain, pero después la mayoría de las bandas tienden a usar distorsiones más dóciles y desprecian el tozudo muro de feedback, esa alfombra amusical que se muestra indiferente a matices y cambios de acorde. A mí los chirridos me parecen la mar de estimulantes, así que me ha hecho mucha ilusión encontrármelos en esta canción de Lebenden Toten, banda de Portland (Oregón) que sabe cómo aprovechar el ruido en un contexto punk.

Lebenden Toten sacaron su bautismo del título alemán de La noche de los muertos vivientes, aunque ellos mismos suelen alertar de que, como nombre, está mal declinado: la compañera Isabel Urrutia, de profundos saberes germánicos, me confirma que el nominativo plural de muertos vivientes es Lebende Tote. El caso es que la banda estadounidense, que empezó a comienzos de este siglo como derivación de Atrocious Madness y se muestra radicalmente reacia a toda promoción en las redes sociales, suele concentrar su música en píldoras urgentes y aceleradas, pero en Static ha decidido explorar territorios menos frecuentados. El resultado es un tema de doce minutos que más bien son dos, enlazados por un interludio ruidista: la primera parte suena a post-punk oscuro y la segunda se acerca más al estilo habitual de Lebenden Toten, pero las dos comparten una generosa capa de espuma eléctrica, salpicada de borbotones electrónicos e incluso de melodías de lo que parecen teclados. Por supuesto, tampoco faltan las cuchilladas de la voz áspera de Chanel, que es la chica de la foto de arriba. Si les quedan ganas de profundizar, como me ocurrió a mí, el sello canadiense Runstate Tapes acaba de editar una casete que combina este tema (ahí lo dividen en dos partes, una al principio de la cinta y otra al final) con una selección de cortes de su último álbum y material de un flexi compartido.

 

Algunos conciertos de agosto: especial Aste Nagusia

2017 agosto 7

 

 

En agosto, la selección de conciertos del mes se suele convertir en una selección de conciertos de Aste Nagusia. Por un lado, lo hago por comodidad: me siento incapaz de estar mínimamente al tanto de los artistas que ofrecen bolos en todas las fiestas populares repartidas por Bizkaia. Pero es que, además, la Aste Nagusia se ha convertido en un coloso musical, con una oferta abundante y variada hasta lo inabarcable. Ahí van diez propuestas personales. Como siempre, en otros tantos escenarios.

Acid Mess (día 19, Nave 9). Yo creo que el primer concierto de mis fiestas será este, media horita después del txupin, porque tengo muchas ganas de conocer el nuevo espacio festivo: la Nave 9 se encuentra al aire libre, junto al Museo Marítimo, y la gestiona la gente del Satélite T. A cargo del estreno estarán los asturianos Acid Mess con su psicodelia setentera de largo minutaje.

Art Department (día 20, Artxanda). Todavía no he subido a los Funi Sundays de Artxanda, y no creo que tampoco pueda hacerlo en fiestas, pero el cartel me parece la mar de apetecible. Está encabezado por Art Department, proyecto canadiense que fue dúo y ahora es Jonny White en solitario: lo que he oído de ellos/él me suena misterioso, sombrío, sanamente maquinal, libre de esos funkismos que me echan a perder tanta música de baile.

Amaral (día 20, Abandoibarra). Aunque les he perdido la pista en los últimos años, siempre he sido muy partidario de Amaral y su música comercial pero seria, accesible pero no barata. El mundo me parecería un lugar mucho más agradable si hubiese muchos triunfadores con su actitud. Creo que es el único concierto de la programación oficial que va a aparecer en esta selección: eso dice muy poco de la programación oficial o mucho de la programación extraoficial, como prefieran verlo.

Baccara (día 22, Pinpilinpauxa). Ya sé que con esto he perdido el poco respeto que me tenían, pero es una tradición personal pasar por alguno de los conciertos de la txosna de la Pinpi, el epicentro bilbaíno del petardeo y la purpurina. También Yurena me apetece, para qué lo voy a negar, pero el dúo Baccara son historia de la música comercial de este país y, también, un trocito importante de mi infancia. Yes, sir.

Vinagre de Moderna (día 23, Komantxe). Habrá cientos, miles, millones de conciertos de punk en los distintos escenarios de las txosnas, pero yo me quedo con esta banda femenina orgullosamente rural y desprejuiciada, que lo mismo canta a la Barik que versiona en euskera a Los Punsetes («bi zipaio herriko plazan», arranca su interpretación de Dos policías). Las arratianas cultivan una desfachatez amateur y locuela que me mola y me parece muy apropiada para las fiestas.

Vulk (día 23, Algara). Esto es tarea pendiente, aunque el concierto empieza a las dos y veinte de la madrugada y no sé si mis obligaciones familiares me permitirán cumplir. Los quince minutos que pude ver de Vulk en el Bilbao BBK Live me dejaron con muchas ganas de más, a ser posible en un entorno más íntimo: su post-punk de ortodoxia anglosajona tiene algo de viaje alucinante en el tiempo y el espacio.

King Coya & Queen Cholas (día 24, Plaza de los Tres Pilares). Sé que la cumbia suscita reacciones adversas en algunos oyentes, y que la cumbia electrónica ha provocado más de una muerte súbita de rockistas, pero a mí me resulta muy interesante la combinación de maquinitas agresivas y folclorismos sudamericanos. King Coya, desde el norte de Argentina, será una de las estrellas del festival gratuito Electropical, y además estará acompañado por las vistosas bailarinas Queen Cholas. Si lo prefieren sin Cholas o no quieren trasnochar, lo tienen horas antes en Marzana 16.

Pájaro (día 24, Satélite T). Tres veces ha venido Pájaro al Satélite y tres veces me lo he perdido. Y aquí les anuncio una cuarta que también me perderé, porque a estas alturas de las fiestas ya no estaré en Bilbao. Con Pájaro (ya saben, el sevillano Andrés Herrera Ruiz) me encuentro en la extraña situación de ser un converso sin haberlo visto jamás: me han contado tantas maravillas, y lo ha hecho además tanta gente tan distinta, que lo recomiendo sin ninguna duda.

Dethlirium (día 25, Bilborock). Ay, no, que me he equivocado antes: esto también forma parte del programa oficial. La muestra de rock local es un tesoro de la Aste Nagusia del que tenemos que estar muy orgullosos. La idea es pasarse por Bilborock siempre que se pueda, pero, puestos a recomendar, me lanzo a lo más brutillo: el trío Dethlirium, formado el año pasado por gente de bandas como In Thousand Lakes o Dabelyu, practica un metal bastante bestia que en algunos pasajes abraza el death y el black.

Biznaga (día 26, Kafe Antzokia). Hay pocas maneras mejores de despedir las fiestas que un concierto de estos madrileños, que ocupan con comodidad y convicción el hueco existente entre el afterpunk de Parálisis Permanente y los himnos coreables del RRV. También les tocó cerrar las actuaciones del último Bilbao BBK Live y algunos bajaban diciendo que habían sido lo mejor del festi. Ah, Biznaga son los señores yacentes de la foto de arriba: espero que ustedes no acaben las fiestas así.

Pásenlo muy bien. Les dejo con Vinagre de Moderna.

 

Canción de la semana: ‘Two Man Gang’

2017 agosto 4
por Carlos Benito

 

 

Si repasamos la trayectoria de los miembros de Les Big Byrd, la banda sueca que firma nuestra canción de la semana, nos encontraremos con un surtido poco habitual de estilos. Sus miembros han militado en grupos de éxito como los garajeros Caesars (yo no creía conocerlos, pero claro que sí, y seguramente ustedes también) o los grunges Fireside, pero también en proyectos de black metal y de electrónica, por ejemplo. Y el currículum de su miembro más conocido, Joakim Åhlund, incluye una imponente sarta de colaboraciones como compositor y videógrafo, en la que aparecen figuras como Sia, Robyn, Chrissie Hynde, Iggy Pop o Refused.

Pero no tengo claro si todo ese amasijo brinda muchas indicaciones sobre el estilo de Les Big Byrd, que es una especie de pop psicodélico sobre ritmos motóricos (¿podemos decir krautpop?) entroncado con los momentos más contemplativos de los Caesars. A mí Two Man Gang me suena cósmica, como una excursión sideral hacia las explosiones luminosas de las guitarras, que por algún motivo me hace acordarme de esta otra canción de la semana de hace un par de años, pero no me pregunten de qué va, porque la letra es en sueco. Y el vídeo no es precisamente de los que aclaran las cosas, mejor lo ven…

 

Canción de la semana: 'A Seat Amongst God And His Children'

2017 julio 28

Dice la tradición que el violonchelo es el instrumento que más se parece a la voz humana. Ya me gustaría ver la reacción general si su sonido saliese de la boca de alguien, pero es cierto que su expresividad parece remitir de manera particularmente directa a nuestras propias emociones, hasta el punto de que lo personalizamos con cierta facilidad: a veces da la impresión de que el propio chelo se entristece o se encoleriza, como un ser animado de carácter inestable y propenso al extremismo. En nuestra canción de la semana, que de canción no tiene mucho, el amigo chelo pasa por estados de humor bien dispares: al principio está más bien melancólico, evocador, meditabundo, con esa tendencia suya a coquetear con el silencio, pero a eso de los dos minutos se pone terrible, arremete contra todo y da un poco de miedo.

Detrás de Un asiento entre Dios y sus hijos se encuentra Alder & Ash, un proyecto traducible por Aliso y Fresno (dos maderas utilizadas en la fabricación de instrumentos de cuerda, imagino que también de violonchelos) que sirve de máscara artística al esquivo quebequés Adrian Copeland. El hombre, que según veo por ahí también es chef vegano, lo mismo toca a Bach que se lía con su pedal de loops y crea estas acongojantes y absorbentes expediciones sonoras, reunidas en dos álbumes: el recién estrenado se titula Clutched In The Maw Of The World y busca «purgar demonios con una paleta sonora destructiva y perturbadora», alejada de la relamida belleza de tantas composiciones neoclásicas para chelo. El propio artista reconoce su propósito de tirar anzuelos hacia escenas como el noise, el doom o el black metal, una vocación hacia la brutalidad ecuménica que aplaudimos desde aquí.

Ah, todo lo que suena es chelo.

 

La mujer que da vueltas para siempre

2017 julio 27
por Carlos Benito

 

 

Si no recuerdo mal, el primer textito sobre música que publiqué fue un artículo bastante engreído sobre los Cocteau Twins que salió en la revista de mi instituto, el Hermanos D’Elhuyar de Logroño. En aquel tiempo andaba yo muy obsesionado por el grupo escocés, o quizá debería decir que estaba muy obsesionado por su quinto álbum, Blue Bell Knoll: fue el primero de los suyos que me compré y, como ocurre tantas veces con los discos que nos descubren el mundo de un artista, sigue siendo mi favorito casi tres décadas después. Me recuerdo escuchándolo en bucle (o sea, levantándome una y otra vez del sofá para darle la vuelta al vinilo, porque los bucles de entonces imponían cierta actividad física) y perdido en esa música envolvente y embriagadora, para la que -eso ya lo he escrito por aquí– ni encontraba ni encuentro referencias apropiadas.

El domingo pasado, Elizabeth Fraser, la hechicera gorjeante que cantaba en los Cocteau Twins, superó su aversión a las apariciones públicas y compareció en una sala del Royal Albert Hall para discutir Blue Bell Knoll con su devoto admirador John Grant. Arriba los tienen juntos, en la ilustración de Carole Condé. The Quietus publica una reseña del evento que me ha devuelto de un empujón a aquellos tiempos, como al parecer le ha sucedido a la propia Elizabeth: «He escuchado el disco por primera vez en años y he llorado. ¡Me ha parecido tan bonito!», admite. En la conversación, habla del lenguaje inventado en el que escribía sus letras («no esperaba que se convirtiera en una experiencia tan satisfactoria, al principio era solo una táctica de escape», dice) y también de estos títulos desconcertantes que a mí tanto me fascinaban de adolescente: Ella Megalast Burls Forever, por ejemplo, estaba inspirada por su suegra, la madre de su entonces compañero de banda y pareja Robin Guthrie («era una mujer bastante grande, tanto en términos de personalidad como de físico, y era muy alegre y ágil: tuve esta visión de ella girando y girando para siempre, eternamente»), mientras que Athol-Brose es un brebaje escocés preparado con whisky y miel («tomé un montón de eso»). Claro que eso último lo habría podido descubrir entonces si hubiese existido internet.

Ya se habrán dado cuenta de que esta entrada, en realidad, es una burda excusa para colgarles un cachito de Blue Bell Knoll. En concreto, el último cachito del disco, el que sonaba antes de levantarse para volver al principio de este universo autosuficiente. Giren como derviches con la madre de Robin Guthrie.

 

Canción de la semana: 'La patrulla Águila'

2017 julio 22
por Carlos Benito

La verdad es que, solo con el nombre, Los Esmiz ya me tenían medio ganado. Ya saben que smith significa herrero; pues bien, Los Esmiz es el proyecto de los hermanos Tomás y Santi Herrero, que definen lo suyo como “electrónica aleatoria acelerada”. Según cuentan, su álbum Mar Mayor se grabó este mismo mes “en un apartamento de La Manga del Mar Menor”, buscando inspiración en el peculiar cosmos veraniego de la zona. El resultado son seis exploraciones mayormente instrumentales de extensión muy variada, entre las que llama la atención de manera inevitable nuestra canción de la semana.

Y aquí es donde llego a territorio peliagudo, porque no sé muy bien cómo describir La patrulla Águila. Digamos que es la exposición poética de un suceso imaginario. O la visión alucinada de una posibilidad macabra. O una postal apocalíptica enviada desde Murcia. El caso es que este recitado cargado de ecos y de humor negrísimo, sobre unas bases de engañosa melancolía, me tiene un poco obsesionado desde la primera vez que lo escuché. ¿Preparados para despegar?

 

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