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Canción de la semana: ‘Kenji, el robot’

2016 junio 26
por Carlos Benito

 

Kenji era un robot experimental del Instituto de Investigación Robótica Akimu que fue programado para amar y no logró entender las limitaciones de su sentimiento: acabó aprisionando en su abrazo a una de las trabajadoras del centro, la encargada de comprobar a diario sus sistemas y su software, y ese abuso obligó a desprogramarlo. La historia se reveló como pura ficción, una de esas anécdotas inventadas que cuelan como verdad en el alegre cambalache de las redes sociales, pero ha logrado perpetuarse durante años y ahora se convierte en material de partida para esta hermosa canción de Esmeraldo, un proyecto de Santiago Castillo, de los cántabros Templeton.

La canción forma parte del EP de debut de Esmeraldo, que salió en marzo, pero yo no la había escuchado hasta ahora, cuando se edita una versión física… ¡en casete! Kenji, el robot es una preciosidad que se sitúa entre la psicodelia, Aviador Dro y, yo qué sé, el Jed The Humanoid de Grandaddy, pero los otros cuatro cortes de la cinta (cómo me gusta escribir esta terminología obsoleta) completan una expedición apasionante, que Castillo grabó solo y sin planificación. “Es algo así como pop rebozado con ambient y psicodelia, con ramalazos post-punk y nuevaoleros… y una fuerte influencia de las imágenes que me marcaron en la infancia, los 80 y 90”, trata de describir el artista en Mondo Sonoro. Vamos a acompañar en el sentimiento al pobre Kenji.

 

Canción de la semana: ‘Bubbles Burst’

2016 junio 17

Antes de nada, debo reconocer que una colaboración entre Sean Lennon (el hijo de John) y Les Claypool (el líder de Primus) me inspiraba infinita pereza. Seguramente era una sensación injusta y, en el caso de Lennon, fruto del prejuicio, porque la verdad es que he seguido muy poco su carrera: más fundamentado estaba el lado Claypool del asunto, ya que Primus y, más concretamente, su bajo hiperactivo me provocaron tremendos mareos en más de una ocasión allá por los 90. El álbum que han grabado juntos como The Claypool Lennon Delirium es justamente eso, un delirio de psicodelia cósmica y bastante pasada de rosca, que se abre con El monolito de Fobos (por una gran roca que hay en la superficie del satélite marciano) y se cierra con un tema titulado En el espacio no hay ropa interior.

Pero me ha cautivado Bubbles Burst, una de esas canciones que imponen una especie de respetuoso silencio mental desde su arranque, que ya parece anunciar que se aproxima algo serio. Muy serio, aunque la letra vaya sobre Bubbles, el chimpancé de Michael Jackson: «Hinchándose a caramelos / y vestido como un dandi, / a Bubbles le trataban / como a ningún otro chimpancé, / transportado a un planeta hecho de juguetes, plátanos y juegos», dice el estribillo, con esa conclusión que me suena terriblemente triste: «Las infancias terminan y las burbujas explotan». Ocurre que Sean Lennon sabe bien de lo que habla, porque él fue uno de aquellos niños que frecuentaban Neverland en los 80 y estuvo más de una vez con Bubbles: «El lugar entero daba la impresión de encontrarse en alguna tierra fantástica de Peter Pan. Y se entendía que, cuando Bubbles se hiciese demasiado viejo, tendrían que deshacerse de él, porque los chimpancés se vuelven adultos malhumorados o peligrosos. Era algo en lo que veía reflejada toda la situación: a Michael le gustaba pasar el rato con chavales, porque son inocentes y divertidos. Después, cuando te haces adulto, es como si fueses un chimpancé: demasiado viejo para jugar más contigo», ha analizado en una entrevista con la NPR.

Finalmente, parece obligado hablar del vídeo, que tiene indignadísimos a muchos fans de Michael Jackson. Lo protagonizan el ídolo y el chimpancé, interpretados por Noel y Michael Fielding, y viene a ser una farsa de cine mudo en la que Michael no parece muy equilibrado. «Es una manifestación oscura y cómica que surge más de la canción que de la vida real, como un reflejo de un reflejo. Creo que, como poema visual, representa algo real: Michael era solitario, era extraño y tenía intereses extraños», ha justificado Lennon. A mí me parecen imponentes tanto la canción como el vídeo, pero creo que, como de costumbre, disfruto más de la primera si no estoy viendo el segundo. Bubbles, por cierto, sigue vivo: tiene ya 32 o 33 años y reside desde 2005 en un centro de Florida dedicado a los grandes simios, donde se ha hecho muy amigo del chimpancé de Ace Ventura.

 

El viejo en la playa y la reina muerta

2016 junio 14
por Carlos Benito

 

 

El mes pasado se me pasó conmemorar el treinta aniversario del que, seguramente, es el disco más importante de mi vida. No se esperen una gran revelación o una muestra de exquisito gusto, porque el disco más importante de mi vida es un recopilatorio: en mayo de 1986 se editó Standing On A Beach, en el que The Cure repasaban su primera década, desde el pop-punk de Killing An Arab hasta el pop-pop de Close To Me, pasando por las oscuridades, las tecnificaciones y los jugueteos intermedios. Mi yo de 14 años lo compró por el final de la segunda cara, la apoteosis comercial, pero acabó enganchado irremediablemente a la primera, y creo que aquel álbum (reproducido hasta la extenuación, como era habitual en aquella época de paga escasa) decidió y orientó mis gustos posteriores. Una curiosidad: el viejo que aparecía en la icónica portada, de la que tienen un detalle arriba, era un pescador jubilado de Rye llamado John Button. Vamos a escuchar Charlotte Sometimes y seguimos debajo.

 

 

El caso es que dentro de un par de días cumple treinta años otro disco importante en mi juventud y, al menos, quería traerlo por aquí, para estremecernos todos juntos por el paso del tiempo. Se trata de The Queen Is Dead, que ha quedado como el álbum canónico de The Smiths. Lo cierto es que yo prefiero Meat Is Murder y, sobre todo, la recopilación de sencillos y grabaciones radiofónicas Hatful Of Hollow, pero a todo eso llegué retrospectivamente: descubrí a los Smiths con The Queen Is Dead y, concretamente, con su primer sencillo, que me sigue fascinando igual que entonces, cuando lo escuché por primera vez en Los 40 Principales. A lo mejor es que la sigo oyendo con los mismos oídos impresionables, pero Bigmouth Strikes Again me sigue pareciendo una canción tremendamente anómala: todo lo que hace Johnny Marr me suena distinto a otros guitarristas, pero más todavía en este tema, y recordemos que, en la letra, a Juana de Arco se le funde el walkman en la hoguera. Ah, la voz aguda y rara del fondo, aunque esté acreditada a una tal Ann Coates, es el propio Morrissey en versión trucada, y también hace coros Kirsty MacColl, aunque tengo la impresión de que lo suyo se limita al uh, uh que acompaña al solo de guitarra.

 

Canción de la semana: ‘If You Ask How I’m Keeping’

2016 junio 10
por Carlos Benito

 

 

Lo prometido es deuda: nuestra canción de esta semana no tiene nada de post-punk, y de hecho no creo que guarde ningún parentesco con nada que lleve punk o post en el nombre. Kacy & Clayton son la vocalista Kacy Anderson y el guitarrista Clayton Linthicum, dos primos segundos canadienses que facturan una música de resonancias tan antiquísimas que acaba asomando por el otro lado del tiempo y sonando gratamente contemporánea, o eso me parece a mí. Lo suyo es una mezcla de country-blues americano y folk británico, levantada a partir de las músicas que escuchan desde críos.

Porque, en estos tiempos en los que cualquier modernete barbudo presume de haber grabado su disco en una remota cabaña de los bosques, Kacy & Clayton representan la ruralidad genuina y extrema: proceden de una región aislada al sur de Saskatchewan, donde los ranchos distan muchos kilómetros unos de otros. A Clayton le gusta recordar que la tienda de discos más cercana quedaba a cinco horas de coche, de manera que los dos primos tuvieron que construir su identidad musical a retazos, a partir de los materiales que les iban saliendo al paso: la casete de la Carter Family del abuelo o los desgastados discos de country de un paisano un poco sentimental. Para ensayar, tenían que conducir sin carné hasta la casa del otro, y también sus primeros conciertos estuvieron marcados por las circunstancias: a falta de salas y clubes, lo suyo eran las sesiones de los domingos por la tarde en los geriátricos. «Muchas de nuestras canciones se inspiran en viejas historias de nuestra familia: la soledad y el aislamiento, la enfermedad y la muerte. Las historias son a menudo trágicas, pero están contadas con cariño», explican los primos.

A lo mejor les he asustado con tanta rusticidad y tanto tradicionalismo. Pues no se pongan a la defensiva, porque If You Ask How I’m Keeping suena así de preciosa, lista para que alguna serie adorne con ella su banda sonora.

 

Los sonidos más molestos de la música

2016 junio 8
por Carlos Benito

 

Ponerse a confeccionar una lista de los sonidos más irritantes de la música es una empresa osada. Lo sé porque algunos de mis ruidos favoritos (la voz de Mark E. Smith, los chirridos de The Jesus And Mary Chain, los samples caseros de Sigue Sigue Sputnik) molestan inexplicablemente a buena parte de la humanidad. La BBC se ha lanzado audazmente a ello y ha elaborado un catálogo de diez de esos sonidos que sirven de «barrera de acceso» a ciertas músicas: cautivan a los fans, mientras los demás los perciben como si fuesen «uñas sobre una pizarra».

En la selección aparecen algunos ruidos que no me molestan especialmente: los alaridos al estilo death metal suenan con cierta frecuencia en mi casa, poseo un bonito ukelele y he desarrollado bastante tolerancia hacia los solos masturbatorios de guitarra, algo que en mi juventud me revolvía las tripas y el oído interno. En otros casos, el problema me parece más bien de dosificación y oportunidad: el autotune (esa afinación artificial de la voz que hizo popular Cher y se ha vuelto omnipresente) no me molesta especialmente, a menos que se aplique a algún engendro de reggaetón romántico e hiperglucémico, y la pedal steel guitar me parece agradable a menos que tenga que escucharla como instrumento solista durante hora y media, en cuyo caso, más que irritarme, me sedará plácida e irremediablemente. Menos mal que en la lista figuran dos de mis monstruos personales. Uno son los parlamentos de los raperos al comienzo de las canciones, esas parrafadas con las que intentan simular que están improvisando en una ronda callejera. Y el otro, el otro, es el horror definitivo: el slap bass, esa técnica percutiva para tocar el bajo que la BBC compara con «eructos de rana» y que tiene su ejemplo más terrorífico en este caballero del vídeo de abajo y su grupo, Level 42. Para mí, este es el sonido de las pesadillas.

 

Canción de la semana: ‘Mink Coats’

2016 junio 3
por Carlos Benito

 

A lo mejor estoy demasiado post-punk últimamente. Eso no es malo, creo que incluso puede resultar beneficioso para la salud mental, pero no querría volverme monotemático y cerril, y me temo que voy camino de ello: Alaric, Dark Blue y Primetime, firmantes de nuestras tres últimas canciones de la semana, tiran todos más o menos por la misma vereda, o por veredas muy cercanas, y nuestros invitados de hoy tampoco andan demasiado lejos. Prometo que la semana que viene tendremos un poco de variedad: jota, black metal, violines cinemáticos o folk de Belice, quién sabe.

Pero, de momento, Casper Skulls hacen post-punk, para qué vamos a darle más vueltas. Son un cuarteto canadiense, de Toronto, juvenil por su breve trayectoria y por la insultante edad de sus miembros, pero su bautismo se inspira en un seudónimo que compartían los vetustos Richard Hell y Tom Verlaine. Qué bonita es la alianza entre generaciones. Este Mink Coats (iba a decir abrigos, pero veo que puede significar simplemente pieles de armiño) es el adelanto de su nuevo EP y está inspirado en la figura de Rob Ford, controvertido y toxicómano alcalde de Toronto que falleció hace un par de meses.

 

Algunos conciertos de junio

2016 mayo 31

 

Siempre digo que esta selección mensual abarca Bilbao y alrededores: como me parecería un poco ofensivo considerar a Vitoria un aledaño de la capital vizcaína, no incluyo en la listita de junio el Azkena Rock Festival, aunque doy por hecho que todo el mundo lo tiene muy presente. ¿Mi favorito del cartel de este año? Los Scientists, por supuesto. Y ahora vamos con ocho conciertos en ocho salas distintas de Bizkaia, tal como manda nuestra pequeña tradición. Me temo que la cosa, este mes, ha quedado una pizca viejuna. Bueno, no nos engañemos, ha quedado extremadamente viejuna.

Susan Santos (Cotton Club, día 3). El blues no es lo mío, nunca lo ha sido y me temo que nunca lo será, pero me ha sorprendido y me ha dado muy buena espina el cuarto disco de Susan Santos, que por lo que veo es un nombre que ya habría conocido de antes si estuviese al tanto del venerable género. Susan, pacense y zurda, lo presentará en acústico.

Pistones (Stage Live, día 4). Sé que lo que voy a decir sonará herético y superfluo, pero no he podido evitar pensarlo mientras repasaba temas de Pistones, y voy a soltarlo porque soy así de suicida: me gustan más que esos 091 que tanto entusiasman al roquerío. Los Pistones dejaron algunas de las canciones más bonitas de los 80 españoles, pero fueron un grupo con mala suerte que no logró desplegar todo su potencial (comercial, quiero decir) y ha quedado un poco borroso en las historias de la época. Tantos años después, estarán en Bilbao junto a otros veteranos, los Brioles.

Os Mutantes (Kafe Antzokia, día 9). Claro que, para visita tardía, la de Os Mutantes: el legendario grupo brasileño debuta en Bilbao cuando se cumplen cincuenta años de su formación (¡50!), aunque es cierto que en medio hubo veinticinco de hueco inactivo. Queda solo un miembro original, el guitarrista Sérgio Dias, pero esperemos que eso no sea obstáculo para reproducir su mágica locura, una exuberante psicodelia tropical que convierte a muchos supuestos experimentadores actuales en párvulos pedantes y aburridos.

Nina Hagen Band (festival Music Legends, Sondika, día 11). Sí, quizá al Music Legends se le vaya un poco la mano en lo añoso de sus artistas, pero supongo que eso forma parte del plan. Lo que no tengo del todo claro es que a los fans de Los Lobos, Graham Nash, Jethro Tull y compañía les mole Nina Hagen, la extravagante alemana de voz operística que está celebrando los 45 años (¡45!) de disparatada carrera. A mí es lo que más me motiva del lote. La vetusta foto de arriba, por cierto, es la amiga Nina en La Casilla en 1986, pero tampoco se crean que ha cambiado tanto.

Northern Psycho Fest (Txarraska, día 11). Los organizadores del festival psychobilly han tenido la malísima suerte de que sus cabezas de cartel, Phantom Rockers, suspendiesen la gira europea a dos o tres semanas de la cita. Pese al duro revés, la cita en Basauri promete una noche frenética de cincuenteo demenciado por la influencia punk, con un cartel nacional en el que figuran Smell Of Kat, Psycho Tendencies, Pànic, The Weapons y Ponyboy Punkat.

Kikagaku Moyo (piso de arriba del Antzoki, día 21). Este mes, el Antxiki tiene programados un montón de conciertos que me interesan: podría haber recomendado perfectamente a Parquet Courts o a Los Hermanos Cubero, y de hecho los recomiendo, pero estaría feo no destacar a los tokiotas Kikagaku Moyo después de la chapa que he dado con ellos. Su primer álbum acabó en la minilista evadida de lo mejor de 2014 y ahora acaban de sacar el segundo, que ahonda en su decidido viaje en el tiempo hacia el corazón del sol psicodélico.

Those Pretty Wrongs (Colegio de Abogados, día 29). Tres palabras del soneto 41 de Shakespeare dan nombre al dúo de Jody Stephens (batería de Big Star) y Luther Russell (líder de The Freewheelers), que se han aliado para confeccionar canciones preciosas, a la vez melancólicas y buenrollistas, con esa perfección en las melodías y los arreglos que las convierte en clásicos inmediatos. Para conmoción de los fetichistas, hasta han usado las guitarras del difunto Chris Bell.

Scorpions (Bilbao Arena, día 30). Scorpions vuelven en la gira de su quincuagésimo aniversario (sí, sí, ¡50!) y supongo que debería aprovechar para reivindicar alguna cosa rara, o abominar de las baladas ochenteras, o yo qué sé, pero es que basta mirar cualquier setlist reciente para darse cuenta de que esto es un derroche de temazos. Y las baladas también me gustan, claro. Telonean los suecos Sabaton.

Les dejo con Pistones y Lo que quieras oír.

 

Canción de la semana: ‘Pervert’

2016 mayo 27
por Carlos Benito

 

 

A veces reservamos el concepto de música pegadiza para canciones convencionales, quizá incluso facilonas, de clara melodía y estribillo muy marcado, pero hay regiones más áridas del rock donde también funciona ese gancho mental, ese resorte que se mete en la cabeza y se reactiva una y otra vez de manera automática. Quiero decir con esto que, a mí, nuestra canción de esta semana me parece tremendamente pegadiza, aunque su apariencia inicial pueda resultar hosca y poco amigable: «If I’m a pervert, then you’re a stain on my dirty mind» (si yo soy una pervertida, entonces tú eres una mancha en mi mente sucia), dice la letra, y la manera en la que cantan esa frase ya me parece más pegadiza que muchos números uno.

Pervert abre el nuevo EP de Primetime, un cuarteto londinense que cultiva un rock punkarra, atropellado y alborotador, que a veces parece coquetear con el caos pero siempre sale bien librado. Supongo que lo de pensar en las Slits, en las Au Pairs o en alguna riot grrrl tiene que ver con el hecho de que Claudia, Flora, Lucy y Maria sean mujeres, porque lo cierto es que también pueden evocar a The Fall, Art Brut o Half Man Half Biscuit. La letra, por supuesto, tiene un propósito burlonamente feminista, al reflejar la sexualidad impaciente y grosera de un salido que, por mucho que lo cante una chica, suena masculinísimo. Y, como poseídas por esa urgencia, hay que ver todo lo que les da tiempo de hacer en menos de dos minutos.

 

Oscuridad, viento y pájaros de seda

2016 mayo 24

 

A veces reparo, con un poco de pena, en que la música de este blog es poco variada: sí, abarcamos desde la ensoñación doméstica de Sibylle Baier hasta la brutalidad asesina de Napalm Death, por poner dos ejemplos ilustrativos, así que la estrechez de miras podría resultar mucho más patológica y preocupante, pero es cierto que lo que suena aquí suele ceñirse a lo que entendemos en sentido amplio como pop y rock. Nuestra querida sección de la canción de la semana tiene buena parte de la culpa: aunque escucho otras cosas, a la hora de elegir un tema atractivo para amenizar los viernes suele imponerse la inmediatez y energía del rock.

Así que hoy vamos a echar un vistazo por las inmediaciones para escuchar tres novedades que me han gustado mucho. En realidad, el primer tema lo catalogan como jazz, pero admito (qué le vamos a hacer) que se podría incluir sin mayores dramas en la acogedora categoría de rock. El nuevo lanzamiento de la vocalista y flautista belga Mélanie de Biasio (la chica de la foto de arriba) se titula Blackened Cities (es decir, Ciudades ennegrecidas) y es un viaje nocturno y desolado de veinticuatro minutos, tan autosuficiente que la artista ha preferido editarlo como obra autónoma. Si yo condujese de noche, de vez en cuando hasta quitaría el disco de Fasenuova para poner este.

 

 

La electrónica también suele aparecer por aquí menos de lo que debería, snif. Vamos a meternos un pequeño chute con Windswept (hummm, Barrido por el viento), el tema que abre el nuevo EP del dúo canadiense Stärker, a caballo entre Berlín y Montreal. Su sello describe estos cuatro temas como «progresiones rítmicas crudas y palpitantes conectadas magistralmente con profundos drones de ambient». A mí me ha devuelto a las turbulencias enfermizas que tanto me gustaban en aquellos tiempos remotos del aislacionismo y el illbient, con esa contaminación industrial propia de la electrónica que más me atrae.

 

 

Y vamos a terminar nuestro breve itinerario en Estonia y en el folk, aunque lo que hace la violinista y vocalista Maarja Nuut tiene tanto que ver con las tradiciones ancestrales de su país (experimentó una iluminación al escuchar grabaciones de campo de los años 20 y 30, que recogían un folclore borrado por el periodo soviético) como con la disciplina mental del minimalismo y la improvisación contemporánea. Maarja, que suele usar un pedal de loops al estilo de nuestra Mursego, edita la semana que viene su segundo álbum y ha adelantado este hipnótico Siidisulis linnukene. Sé que es innecesario traducirlo, porque todos ustedes dominan a la perfección el estonio, pero el título quiere decir El pájaro con plumas de seda.

 

Canción de la semana: ‘Vicious Romance’

2016 mayo 20
por Carlos Benito

 

He llegado muy tarde a esta canción, que es de enero, y más tarde todavía a este grupo, que lleva tres años funcionando, pero les aseguro que la dicha es buena. ¿Es que acaso hay dicha mala? La banda en cuestión se llama Dark Blue y es un trío de Filadelfia con ilustres antecedentes: el líder, el cantante y guitarrista John Sharkey III, es un tipo crecido en el oi! y el street punk que después encabezó el grupo Clockcleaner, un comando de noise rock que recuperaba el hosco alboroto de aquellos 80 de Steve Albini o de Amphetamine Reptile, mientras que sus dos escuderos también han militado en bandas tan ilustres como Purling Hiss o los Ceremony hardcoretas.

Pero esos hitos del pasado mueven a confusión sobre lo que hacen Dark Blue, que no tiene mucho que ver con ninguna de las referencias. Parece que, al final de la carrera de Clockcleaner (un nombre en el que tiendo a olvidarme de la primera ele, con lo que cambia un poquillo de sentido), al amigo John le dio por cantar con una voz mucho más grave, que una compañera de grupo comparó con la de Peter Murphy y otros suelen vincular a la de Ian Curtis. El estilo vocal acabó determinando la orientación de su nueva banda, dedicada a los ritmos más lentos y a la tensión del post-punk. Vicious Romance es un ejemplo redondo de lo que son capaces de hacer, con un fondo de inquieto ruidismo que sirve de colchón de clavos para una línea vocal melódica, pausada, tristona e increíblemente pegadiza. Aclara su sello que la letra va sobre «la aceptación de decir adiós a un sueño insostenible», algo así como las pompas de jabón de la foto.

 

elcorreo.com

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