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Canción de la semana: ‘Saturn (version)’

2017 noviembre 17

tim-meskers-de-garden-gate-foto-shawna-fergusonEl sello/blog neozelandés The Active Listener, que ya ha salido alguna vez por aquí, confecciona unas preciosas recopilaciones de grupos contemporáneos que parecen de hace medio siglo, como si los hubieran preservado en ámbar todo este tiempo y acabaran de liberarse. Y los firmantes de nuestra canción de la semana, que abre la más reciente de esas antologías, sirven como una muestra inmejorable de esa escena melancólica y soñadora, embriagada a perpetuidad por los vapores psicodélicos. Se llaman Garden Gate, son de Filadelfia y estoy hablando de ellos en plural pero a lo mejor no debería, porque vienen a ser el proyecto personal de Tim Meskers, el señor de la foto, quizá más conocido por sus bandas Brown Recluse y White Candles.

Garden Gate editaron su álbum de debut en el verano del año pasado, pero al orfebre loco Meskers le priva lo terrorífico y le gusta celebrar Halloween con algún detallito: en 2016 fue una colección de instrumentales muy entretenidos y esta vez, un EP de tres canciones que abarcan buena parte de su terreno estilístico. Lo de Garden Gate suele ser pop barroco y retro en la línea de Jacco Gardner, con sus mellotrones (para mí, que soy un poco bruto, cualquier cosa que suene irreconocible es un Mellotron) y su abigarramiento estupefaciente, pero también extienden sus tentáculos a ámbitos amigos como las bandas sonoras italianas. El EP se abre, precisamente, en plan giallo y se cierra en la línea más habitual del grupo, pero la canción que me enamoró en el recopilatorio de The Active Listener es la intermedia, este Saturn (version) que resulta atípico por su ritmo… reggae. Sí, sí, es una especie de versión dub (de ahí el título) de un corte de pop de cámara incluido en su álbum, una cosa rara que ni siquiera sé si se puede llamar instrumental, porque no tengo claro si algunos de los sonidos son voces o no. Mejor yo me callo y ustedes se dejan llevar.

 

El día de recordar a Cancer Moon

2017 noviembre 16
por Carlos Benito

 

Jon Zamarripa y Josetxo Anitua, de Cancer Moon (foto: El Correo)

 

Será cosa de mi carácter, o quizá de mi edad, pero ayer salí un poco melancólico del pase de prensa de Atrapados por la serpiente, el documental sobre Cancer Moon que se estrena esta noche en Zinebi. Me suele pasar siempre que se habla sobre esa época del rock nacional, los últimos 80 y los primeros 90, un paréntesis en el que ya habían declinado las estrellas de la primera década pero todavía no se había codificado el indie mimético de la segunda: fue un momento mágico, como un vuelo sin red de trapecio a trapecio, en el que se produjeron algunos de los sonidos más interesantes de nuestra historia. Y los siete años de trayectoria de Cancer Moon, el periodo que forma el núcleo de la película, sirven como ejemplo particularmente ilustrativo de la ilusión y la posterior desilusión de aquella fiebre underground, aquella efervescencia tan prometedora como tozudamente minoritaria.

El documental combina declaraciones de personas cercanas a la banda con abundante material de archivo (y sorprende ver cuántas cadenas de televisión abrieron sus platós a una música tan incómoda como la de Cancer Moon) para analizar la grandeza del grupo bilbaíno, con particular atención a la figura magnética y misteriosa del vocalista Josetxo Anitua. Se ve al vocalista tímido y huidizo en las entrevistas y transfigurado en los escenarios, donde se retorcía como si estuviese vomitando mil demonios interiores y clavaba unos ojos despiadados sobre el público de las primeras filas: «Realmente te miraba», dicen en la peli, y lo certifico, porque no se me ha borrado el recuerdo de aquella mirada desde que los vi tocar en La Conti de Logroño. A través del personaje de Anitua, el documental mira brevemente más allá de la época de Cancer Moon, hacia el pasado y también hacia lo que vino después: desde unas cajas almacenadas en un camarote, donde ahora reposan sus elepés y sus casetes grabadas, hasta su suicidio en 2008, mencionado solo de pasada. Yo eché de menos en el documental algo más de contexto (social, musical y también biográfico, porque el pudor a la hora de hablar de las vidas de Anitua y del guitarrista Jon Zamarripa se ha llevado al extremo), pero soy consciente de que levantar una peli sobre un asunto de alcance tan restringido como Cancer Moon es una empresa que bordea lo heroico.

Ya saben (los interesados lo saben, seguro) que el estreno es a las 19.30 horas de esta tarde en la sala BBK, con entrada gratuita y puntualidad obligada, y que después habrá un concierto homenaje a cargo de Sonic Trash, repleto de ilustres artistas invitados que sacudirán la melancolía a guitarrazos. Hoy es el día de recordar y celebrar a Cancer Moon.

 

Canción de la semana: ‘Black Lemonade & Golden Gloves’

2017 noviembre 11
por Carlos Benito

king-cayman

 

Hay gente que no siente mucho entusiasmo hacia el concepto de one man band, por sus inevitables limitaciones y también por esa dimensión algo circense en directo, impactante al principio y un poco monótona al final. Lo sé porque a mí también me pasa, pero ese recelo (prejuicio, juicio, lo que sea) se puede aparcar sin problemas a la hora de afrontar el nuevo disco de King Cayman, el proyecto unipersonal y juanpalomero del madrileño Daniel Treviño. En vivo, el temible rey caimán adopta el reparto del trabajo habitual en estos hombres-banda, con las manos dedicadas a la guitarra, los pies concentrados en la mínima batería y la voz cantando como un animal herido. Pero, en este Death que es ya el cuarto álbum de su discografía, ha decidido prescindir de condicionantes y no se ha cortado en añadir las pistas de guitarra, voz y teclados que le hiciesen falta, como un Prince entregado a facturar “una bola de fuego de distorsión y de punk ruidoso en baja fidelidad”.

Y supongo que la idea de Prince no me ha salido por casualidad. En el disco, asombrosamente pegadizo, hay de todo: el sonido dominante es una especie de punk rock demente y maléfico, con guitarras que suenan como ciudades que se vienen abajo, pero también hay rock duro e incluso pop camuflado bajo esa distorsión asesina. Y por un montón de sitios asoma desvergonzada la música negra: especialmente, en este Black Lemonade & Golden Gloves de falsetos funkies y guitarras que explotan. Con lo que, en fin, he acabado escogiendo un tema que ni siquiera lleva batería, particularmente espartano dentro del concepto de monobanda, de manera que he logrado aparecer a la vez como prejuicioso e incoherente.

Ah, tienen a King Cayman el miércoles en el Satélite T, junto a Cecilia Payne, dentro del programa de Uni Sound Bilbao. No encontrarán mejor relación calidad-precio en toda la semana: vale, es gratis, y eso siempre ayuda en la ecuación, pero además el propio artista promete “un terremoto frenético de distorsión y sudor”.

 

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Canción de la semana: ‘Sagrada Espyral’

2017 noviembre 5
por Carlos Benito

pylar

 

Pylar son una de las criaturas más extrañas del rock nacional, un colectivo sevillano con raíces en bandas como Orthodox o Blooming Látigo que combina un sonido sin ataduras (entre el metal, el rock progresivo, el jazz y la experimentación) y una filosofía obtenida a través de una mareante cocción de saberes ancestrales y arcanos: hablamos de una banda mistérica, esotérica, alquímica, cabalística, incluso neolítica, pero que también defiende la risa como liberación del ego y preliminar necesario para esa posesión a la que aspira su música. Desde aquel Poderoso se alza en my de 2013 que fascinó al druida máximo Julian Cope, sumo sacerdote del rock oculto, su discografía erizada de íes griegas ha pasado por asuntos como la huida de la Triple Diosa Oriental (He venydo a reclamar my trono), la transmutación alquímica (la casete La gran obra, con una cara B que era un espejo de la A, es decir, el mismo tema al revés) o el simbolismo megalítico (Pyedra) hasta llegar a su nuevo álbum, A ella te conduce la sagrada espyral, que ellos describen esclarecedoramente como “una cosmogonía neolítica”. Con una rica instrumentación que incluye trompa, violín y mandolina, el disco, editado por el sello asturiano Humo, es un viaje iniciático en el que cabe krautrock cósmico, doom mutante, ritmos procesionales que desembocan en free jazz, cuerdas paganas y, como colofón final, estos nueve minutos de Sagrada espyral que arrancan con órgano litúrgico y terminan como Black Sabbath en algún caldero del infierno. Una gozada, vamos.

(hay una versión más larga de este texto, pero me temo que es solo para suscriptores del periódico).

 

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Algunos conciertos de noviembre

2017 octubre 31

myrkur

 

En estas últimas semanas, me ha tocado viajar unas cuantas veces a Barcelona, y siempre iba con la ilusión de pillar conciertos interesantes. Pues bien, mis expectativas acababan defraudadas: yo no sé si no supe dar con las agendas adecuadas, pero el caso es que me he quedado con la impresión de que la escena bilbaína (y hablo de una ciudad muchísimo más pequeña) está más viva que la barcelonesa, más llena de las propuestas que a mí me interesan. Y ahora me enrosco un poco más la boina y paso a enumerar once citas en once escenarios diferentes. Creo que la selección mensual nunca había sido tan extensa, así que trataré de compensar con comentarios más breves.

The Pinheads (día 2, La Triangu). No sé si viajarán todos desde Australia, pero The Pinheads son siete tíos que combinan con gracia antípoda diversos estilos mayormente sesenteros. Insisto, son siete y son australianos, así que me parece sencillamente imposible que den un mal concierto. Además hacen vídeos chulos.

The Routes (día 7, Nave 9). Estos son tres, un combinado de dos japoneses y un inglés, y tampoco destacan precisamente por lo progresista de su planteamiento: lo suyo es garaje con fuzz zumbante, como si acabasen de salir un poco mareados de un túnel del tiempo. Ah, la esposa japonesa del líder, que es el londinense, se llama Yoko Ono. En serio.

Corcobado (día 12, Satélite T). Corcobado fue un músico muy importante en mi juventud, lo suficiente como para que siga poniéndome nervioso, en plan fan tontuelo, cada vez que lo localizo entre el público de un concierto: los últimos, los de The Limiñanas y Einstürzende Neubauten. Ya saben que nuestro señor oscuro se ha afincado en el agro vizcaíno y toca mucho por aquí, pero hay que intentar verlo siempre: iba a decir que esta es la primera oportunidad que tengo de asistir a un concierto suyo antes de comer, pero no, ya hizo una matinal de versiones en el Tegobi.

Brusque Twins (día 12, MEM Exhibition Hall). El MEM alcanza su edición número 16, repleta de propuestas muy extrañas y aún más estimulantes, tanto musicales como artísticas. Seguramente he elegido la más accesible dentro de un lote de sonidos con tendencia a lo áspero: Brusque Twins son un dúo de Montreal que practica un pop electrónico oscuro pero mayormente amigable. También es matinal, así que, ay, coincide con Corcobado: como diría alguna revista de tendencias, los domingos por la mañana son los nuevos sábados noche. Ah, el Exhibition Hall de marras está en la Plaza de la Cantera y aquí pueden descargar el catálogo enterito del MEM.

Eilen Jewell (día 15, Kafe Antzokia). Tengo debilidad por Eilen Jewell: me encanta su música, me encantan sus presentaciones en chispeante castellano y me encanta también su guitarrista, al que dediqué un post en tiempos remotos (miren, aquí está). Tras una ausencia más larga de lo normal, por esas cosas de la maternidad, la kalimotxera de Idaho viene presentando su disco de versiones de blues y R&B. La verdad es que importa muy poco lo que haga, porque es infalible.

Master (día 16, Stage Live). Los estadounidenses Master, con el barbudísimo Paul Speckmann al frente, son unos pioneros del death metal activos desde mediados de los 80. Y esa condición primeriza se nota y se agradece, porque su sonido crudo y cazurro lleva aún clara la huella prehistórica de bandas como Venom o Motörhead, sin las sofisticaciones que otros grupos traerían más tarde al estilo. Telonean los belgas Dehuman y los locales Sönambula.

Duel (día 17, La Nube). Desde luego, este mes nadie podrá acusarme de ir de modernillo, porque esto parece un apocalipsis retro: Duel son de Austin, Texas, y hacen rock setentero de guitarras muy pesadas y vuelo psicodélico, como si fueran un eslabón olvidado de la protohistoria del metal. ¡Si hasta diseñan las portadas de los discos como si estuviesen desgastadas!

30 Aniversario de Metallic’ko Leather (días 17 y 18, Hika). La tienda de chupas la va a liar parda durante dos noches en el ateneo ribereño. Enumero: Sonic Trash, Killing Calacas, los británicos Raw Fun, Hombre Lobo Internacional (todos estos son el primer día), J.O.E., Psycho Tendencies, los franceses Sonic Angels, Artemio Enemigo (sí, sí, el de «no protejas tu medio, protégelo entero»), el australiano Chris Masuak y los británicos Atomic Suplex. Bufff, centrémonos en estos dos últimos: Masuak, canadiense de nacimiento, es historia viva del rock australiano (Radio Birdman y New Christs, por citar un par de sus grupetes) pero ahora reside en Viveiro, provincia de Lugo, y ha editado junto a sus Viveiro Wave Riders un precioso álbum de power pop, mientras que Atomic Suplex son unos dementes londinenses que hacen garaje extraviado, reverberante y con saxofón. Y decía yo que iba a ser breve.

Pan Total (día 18, La Ribera). Me hace mucha ilusión ver a unos paisanos de Logroño triunfando por ahí, entre las hornadas indies. Pan Total han editado este año su álbum de debut, tras ganar el admirable concurso Autoplacer, y hacen post punk de la vertiente juguetona e ingenua, con teclados y pareados como «los chinos prefieren a Engels y nosotros a Marx, / tiene bigote y barba además». Es gratis y a medianoche.

Myrkur (día 23, Santana 27). Ya sé que Myrkur es solo la telonera de Sólstafir, pero es que yo a estos los he oído poco y no me han dicho mucho, y mira que es raro con lo que me tira lo islandés. El gran acontecimiento en mi entorno es la visita de Myrkur, es decir, la vocalista y multiinstrumentista danesa Amalie Bruun, controvertida reina de lo que podríamos llamar black metal transversal. Yo estoy muy a favor de esta mujer que ha logrado ensanchar las fronteras del estilo: es la que nos saluda en la foto de allá arriba con su runa artesanal.

Elena Setién (día 23, piso superior del Kafe Antzokia). Prácticamente no he escuchado a Elena Setién, pero sé que cuenta con una larga carrera en el jazz y ahora ejerce de cantautora indie, así que confío en que su experiencia le permita hacer justicia al material que va a tener entre manos en esta cita del ciclo Izar & Star: nada menos que Nico y The Velvet Underground, lo que implica interpretar algunas de las canciones más maravillosas de la historia del rock. Si tienen dudas, hagan como yo y escuchen esto.

Vamos con Chris Masuak y su Brujita

 

Canción de la semana: ‘Vampire Again’

2017 octubre 29

marlon-williams

 

La primera vez que escuché esta canción de Marlon Williams, allá por el verano, me quedé convencido de que iba a arrasar: clásica y a la vez personal, elegante y con un punto misterioso, lo tenía todo para convencer a cualquiera. Como creo que eso no ha sucedido (o a lo mejor sí, y no me he enterado, porque la verdad es que nunca sé bien qué está triunfando), he decidido traerla por aquí aprovechando que un título sobre vampiros y un vídeo repleto de terroríficos ataques de un no muerto siempre encajan en vísperas de Halloween. De hecho, la canción está inspirada en la noche del 31 de octubre del año pasado: cuenta Marlon que decidió acudir a un concierto de la orquesta de la Ópera de Los Ángeles, que ponía música en directo a la peli Nosferatu, y que se vistió para la ocasión con el disfraz más terrorífico que pudo apañar. Cuando llegó a la fiesta, descubrió que los señores iban de esmoquin y las señoras con traje de fiesta, así que optó por atenerse a su indeseado papel de outsider y se sentó en el suelo a disfrutar de la película, supongo que con el gesto sombrío de un vampiro disgustado.

Ocurrió, ya lo hemos dicho, en Los Ángeles, pero Marlon procede de un pueblito costero de Nueva Zelanda. Es hijo de un músico punk con sangre maorí y una pintora, luce ese nombre en homenaje a Brando, tiene formación clásica y es un artista renombrado y premiado en su país. Yo no lo conocía de nada antes de esta canción, así que le di un tiento a su producción anterior, un disco de debut mucho más apegado a la tradición country: yo creo que en Vampire Again, adelanto de lo que será su segundo álbum, ha dado un salto de gigante. O un ambicioso vuelo de murciélago, lo que quieran. “Soy un vampiro otra vez y vengo a por ti…”.

 

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El pionero reincidente

2017 octubre 23

Los obituarios, a veces, tienen algo de reprimenda: nos hacen darnos cuenta de la atención desmedida que prestamos a gente de poco interés y lo inadvertidas que nos han pasado algunas personas extraordinarias. A mí me ha pasado esta semana al toparme en The Times con una semblanza de Hedley Jones, músico e inventor jamaicano fallecido a primeros de septiembre, cuando solo le faltaba un par de meses para cumplir los 100. ¿Que quién era este tipo? Si les sirve de consuelo la ignorancia compartida, yo solo conocía su nombre, porque tengo la tonta costumbre de consultar los centenarios inminentes y me había topado con el suyo, previsto para el 12 de noviembre. Ahí acababa mi relación con él y con sus actividades.

hedley-jones-caribben-quarterly¡Y hay que ver todo lo que hizo este hombre! Le dio tiempo a trabajar de corrector en el periódico Jamaica Times y a destacar como astrónomo, con telescopios fabricados por él mismo, pero su presencia en este blog se debe a su condición de pionero de la guitarra eléctrica. Hedley (a quien tienen aquí al lado, en una vetusta foto del Caribbean Quarterly) empezó construyéndose un chelo a los 14 años, para acompañar los servicios en la iglesia, y también se hizo un ukelele y un banjo, con fines más mundanos, pero lo más importante es que, en 1940, lo teníamos en una fotonoticia del Daily Gleaner con su «guitarra automática», una guitarra eléctrica de cuerpo macizo que, cómo no, se había manufacturado él mismo. La fecha es importante, porque por aquel entonces Les Paul andaba todavía con sus experimentos para llegar a un intrumento más o menos similar.

Nuestro hombre también estuvo en el origen de los sound systems, esos imponentes equipos de sonido que atruenan Jamaica con unos graves que sacuden los órganos internos: Hedley regentaba un negocio de reparación de radios con una sección de venta de discos importados, y se dio cuenta de que los amplificadores disponibles estaban pensados para la voz y se cargaban los graves y los agudos. Así que puso manos a la obra y se hizo uno que potenciase todo el espectro. Según contó en una entrevista transcrita aquí, un sábado de 1947 se puso a «demostrar su estruendo» con discos de Pérez Prado y le robó casi todo el público al ilustre Tom Wong, que pinchaba casi enfrente. Wong se presentó en la tienda el lunes por la mañana para encargarle un equipo tan portentoso como el suyo.

Ah, Hedley Jones también fabricó e instaló los primeros semáforos de Jamaica. Él mismo se quejaba, hace una década, de lo rácana que era la posteridad: «Solo los más viejos saben lo que hice. Todos los que saben de mí tienen más de 60».

 

 

Canción de la semana: ‘El Paso Dyatlov’

2017 octubre 20
por Carlos Benito

futuro-terror

 

Hace ya unos cuantos años que el post punk oscuro, lo que en su momento solíamos llamar afterpunk, vuelve a estar extrañamente de moda. Digo extrañamente porque, durante mucho tiempo, el estilo parecía restringido a cerrados reductos tribales, como un feo vicio que no se podía integrar en la corriente principal del rock, y ese aislamiento lo condenaba a menudo al cliché y el abuso de parafernalia. Ahora, en cambio, grupos como nuestros protagonistas de hoy, el trío alicantino Futuro Terror, tienen visibilidad fuera de los viejos nichos (qué palabra más adecuada) y son celebrados por cierta modernidad. Me alegro un montón, porque al fin y al cabo es mi rollo, si es que tengo alguno.

Futuro Terror ocupan en el espectro post punk un segmento próximo al de Biznaga, por el evidente predominio de lo punk sobre la languidez y también por su adictivo ramalazo pop: algunas de sus canciones podrían definirse, por su estructura y su melodía, como power pop oscuro. Este verano han editado en BCore su segundo álbum, Precipicio, que pasa en un suspiro y lleva justo en la mitad del tracklist las dos canciones que más me gustan: la urgente Urgentes y este El Paso Dyatlov (en YouTube le quitan el artículo al título, no sé), que a mí siempre me hace pensar en los Gabinete Caligari de Cómo perdimos Berlín, supongo que por el medio tiempo y por esa narración a pinceladas de un hecho inquietante del pasado. Futuro Terror cantan aquí, como no, sobre el famoso incidente del Paso Diatlov, la misteriosa muerte de nueve excursionistas en los Urales, ocurrida en febrero de 1959. No sé a qué espera Iker Jiménez para llevarlos a actuar en la nave del misterio.

Y miren qué bien: tenía elegida la canción desde la semana pasada y, justo este martes, han colgado el vídeo.

 

Delorean revisan a Laboa

2017 octubre 17
por Carlos Benito

Delorean van a publicar a mediados del mes que viene su álbum de revisiones de Mikel Laboa, del que ya se puede escuchar un adelanto aquí. Aprovechando que el Urumea pasa por Donostia, he decidido rescatar un artículo publicado hace año y medio en nuestra revista de música para suscriptores, en el que Guillermo, miembro de la banda, elegía sus cuatro canciones favoritas del mítico cantautor y añadía un bonus track. Aquello venía a cuento de la presentación de sus versiones en el Arriaga de Bilbao, pero esa parte me la he cargado para no inducir a error. Y ya siento incluir temas de Spotify, pero es que no están en YouTube.

………………..

delorean-y-mikel-laboaEn principio, las músicas de Mikel Laboa y Delorean pueden parecer separadas por un abismo estilístico y generacional, por mucho que el cantautor donostiarra fuese un hombre abierto a enriquecer sus canciones con el aire fresco de las influencias ajenas. Pero, de manera inesperada, el grupo zarauztarra se cruzó hace dos años con la obra de Laboa, cuando los organizadores de los premios donostiarras Adarra, que iban a reconocer al añorado músico, les encargaron cerrar el acto de entrega en el Victoria Eugenia con un espectáculo basado en su obra: Delorean aceptaron el reto y se zambulleron a fondo en la discografía de Laboa, desde sus trabajos más cercanos a la tradición folk hasta su faceta más vanguardista, con aquellas extrañas piezas en las que hacía añicos todas las convenciones sin miedo a desconcertar a su público. Aquella recontextualización, que envolvía la inconfundible voz de Laboa en la instrumentación electrónica del grupo, fue todo un éxito.

No es, ni mucho menos, la primera vez que músicos más jóvenes se miden con las creaciones de Laboa, un gigante de la música vasca que, pese a su estatus de tótem, siempre favoreció con su actitud este tipo de confianzas. Hace veinticinco años, por ejemplo, se mostró satisfecho de cómo había quedado Txerokee, el disco en el que le rendían tributo bandas de rock como Su Ta Gar, Negu Gorriak o M-ak, y más recientemente, con el cantautor ya fallecido, ha habido homenajes como Txinaurriak, en el que participaron Berri Txarrak, Lisabö o Atom Rhumba. ¿Qué tiene Laboa que lo hace más próximo que otros cantautores a la gente del pop y el rock? «Pues no lo sé -admite Guillermo Astrain, de Delorean-. De primeras, su obra no me parece muy accesible en términos de música pop. Su música y su voz tienen algo incómodo e imprevisible; es angustiosa, rabiosa, triste… Es verdad que hay artistas como Anari o la gente de Lisabö explorando esas emociones con éxito, pero desconozco sus influencias. Nosotros conocíamos sus canciones más populares, pero nunca nos habíamos sumergido en su obra hasta ahora y es cierto que hay algo primitivo y básico en sus interpretaciones que se siente cercano. Tal vez su lenguaje es más emocional y visceral que el de otros cantautores».

Guillermo se ha prestado a seleccionar sus cuatro canciones favoritas de Mikel Laboa, a las que ha añadido un bonus track. Allá van…

 

Ama hil zaigu (Bat hiru, 1974)

«Fue probablemente la primera composición de Mikel Laboa que escuché de manera consciente o voluntaria. Fue a través de una versión de estudio publicada por el grupo donostiarra Le Mans (Jonathan Jeremiah EP, 1996). Es una canción supertriste, con una melodía preciosa y una letra breve pero demoledora. Apenas cuatro frases para presentar un bucle absurdo y contradictorio entre la vida, el trabajo y la muerte».

 

 

Txoria txori (Bat hiru, 1974)

«Sería raro no mencionar la canción más popular de su obra. Por lo visto, es una adaptación de un poema, y me parece curioso que represente tan bien ese universo de tristezas, contradicciones y paradojas, tan presente en su obra. No tengo ni idea de cuándo la escuché por primera vez, tal vez en el cole, en la calle, en la tele… Parece que siempre estuvo ahí, pero tiene un mensaje tan potente que cada vez que la escucho tengo la triste sensación de haberla olvidado».

 

 

Komunikazio-Inkomunikazio. Lekeitio 5. 1976/7 (Lau bost, 1980)

«Seguramente la pieza musical más loca que conozco. Una guitarra en un lado, un micrófono en el otro, Mikel Laboa paseándose de un lugar a otro, alternando idiomas, inventando palabras, versioneando canciones populares, sampleando arreglos corales, recitando, conversando con seres imaginarios. Un auténtico caos llevado a otro nivel al calcarla en directo. Una locura muy pensada».

 

 

Denbora galduaren bila (Doneztebe) (Sei, 1985)

«Es la única canción de Laboa que sé tocar con la guitarra. Muy fácil técnicamente, pero con una progresión imprevisible, casi improvisada, que cuesta memorizar. Siendo una pieza instrumental, el título ya dirige la escucha hacia un estado melancólico. Compuesta prácticamente con dos acordes e interpretada solo con una guitarra. Me encanta tocarla».

 

 

Txinaurria (Gernika Zuzenean 2, 1999)

«Esta la descubrí hace poco. Para variar y contextualizar más esta entrevista, me hace gracia incluir una pieza reinterpretada en directo bajo su dirección. La verdad es que no soy fan de todas sus colaboraciones, pero esta es tan libre (ambient, con texturas electrónicas, efectos…) que me parece un ejemplo de valentía y generosidad a la hora de replantear y renovar un repertorio de manera colaborativa. Me permite creer que hay lugar para nuestra revisión».

 

Canción de la semana: ‘Shut Your Bleeding Gob You Git’

2017 octubre 15

mick-troubleA los fans de Television Personalities nunca nos han faltado territorios adyacentes que explorar: Ed Ball, cofundador de la banda junto al líder Daniel Treacy, también puso en marcha grupos como O Level, Teenage Filmstars o The Times, que compartían el mismo pop vulnerable y un poco atolondrado y la misma ingenuidad nostálgica. Y, como hace años perdí bastante tiempo escuchando esas ramificaciones (bueno, lo invertí, porque son todas una maravilla), me quedé estupefacto el mes pasado al escuchar el EP de Mick Trouble, a quien su sello presenta como una figura perdida y olvidada de aquella escena, un “lost punk troubadour” que estuvo a punto de ganar el premio gordo pero se extravió por el camino y acabó mudándose a Los Ángeles. Las cuatro canciones del disco son estupendas y remiten inevitablemente a los primeros Television Personalities, con aquel encanto inmune a los defectos de afinación o sincronización. Qué diablos, las supuestas carencias conseguían que sus canciones sonasen todavía más prodigiosas.

Detallaba el sello, Emotional Response, que el máster del EP se había encontrado debajo de una lata de galletas en el sótano de Mick Trouble, y con esa floritura novelesca ya permitía imaginar que todo era en realidad un fake muy bien hecho. Detrás de Trouble se esconde un artista contemporáneo, el estadounidense Jed Smith, que emprendió el proyecto de grabar una serie de “clásicos perdidos” con un sonido capaz de confundir a cualquiera. Desde luego, en las cuatro canciones de este disco lo ha bordado: podía haber elegido cualquiera, pero me quedo con este Shut Your Bleeding Gob You Git (algo así como, ejem, Cierra la maldita boca, idiota o Cierra tu puta bocaza, gilipollas), la más larga del lote y también la cara A del test pressing (falsísimo, claro) que apareció en Discogs.

Qué buena ocasión, por cierto, para escuchar un rato a O Level, Teenage Filmstars y The Times.

 

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