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Canción de la semana: ‘Kvällar’

2017 marzo 23
por Carlos Benito

 

 

¿Tienen un minutito libre? Bueno, en realidad necesitarán ese minuto y quince segundos más para escuchar nuestra canción de la semana: Kvällar, que según el traductor sueco-español de Google quiere decir tardes, es un arrebato de punk acuciante con un estribillo que dice woo (la duración tampoco da tiempo para enrollarse mucho más) y unos ruiditos electrónicos que aportan gran distinción. Ahora querrán más información sobre el grupo, Sista Bossen, pero me ponen en un aprieto, porque tampoco me fío mucho del amigo traductor y casi todo lo que encuentro está en sueco. Les diré, eso sí, que la máquina me traduce el nombre de la banda como Jefe Final.

Sucintamente: Sista Bossen son un bienhumorado cuarteto de Malmö que pertenece a Kollektivet, un colectivo (eso lo habíamos entendido, ¿eh?) y sello discográfico con más bandas interesantes. Miren, aquí tienen a los más reposados I Am Super Ape colaborando con el mismísimo Mark Lanegan. Y aquí pueden ver el vídeo casero de nuestra canción de la semana, porque yo prefiero colgarles solo la música, en su cautivadora y atropellada brevedad.

 

Un buen montón de canciones

2017 marzo 21

 

 

Traigo aquí un montoncito de canciones, y las traigo con cierto dolor: me gustaría dedicar un post entero a cada uno de los discos de los que proceden, pero me falta tiempo, así que he pensado que al menos desparramaré estas muestras musicales sobre la mesa. Son seis, tres con vídeo y tres sin él.

Empezamos con Grandaddy, uno de mis grupos favoritos. Seguramente, el grupo más favorito que he incorporado a mis gustos una vez pasada la juventud. Ya hablamos por aquí de que Grandaddy iban a resucitar después de una década, con un disco titulado Last Place: pues bien, la resurrección anunciada se consumó a principios de mes y el álbum les ha quedado muy bien, aunque, quizá por mi pesimismo crónico en este asunto de las reuniones, lo encuentro menos redondo que los tres anteriores. Mi preferida del lote es seguramente la más triste, esta This Is The Part.

 

 

Para contrarrestar tanta melancolía, vamos a una tonadilla muy majara con un vídeo más loco todavía. Silverio, artista mexicano que tuvo por aquí canción de la semana en 2009, es un personaje impagable que atiende por Su Majestad Imperial o por el hombre de las cavernas nasales, como gusten. Ahora vuelve a las andadas con Tu casa, un nuevo himno filosófico que le sirve para derrochar su infalible sex appeal: me encanta que, en los comentarios de YouTube, haya chistosos que piden por favor la letra.

 

 

La siguiente de esta lista apresurada es Jenny Scheinman, violinista y cantautora estadounidense que también figura entre las veteranas de nuestra canción de la semana. Jenny acaba de publicar con el título de Here On Earth su banda sonora para Kannapolis, una recopilación de filmaciones de la Carolina del Norte de los años 40. Las quince piezas son encantadoras miniaturas instrumentales que parecen recuperadas de una cápsula del tiempo, como este Rowan.

 

 

Nos abrigamos, subimos un poco y llegamos a Canadá: Timber Timbre, el proyecto encabezado por Taylor Kirk, me parece una de las bandas más infravaloradas del mundo. En realidad, acabo de darme cuenta de que en esta colección de hoy abundan los artistas que merecerían mucho más reconocimiento del que obtienen. En fin, Timber Timbre editan el mes que viene su sexto álbum, Sincerely, Future Pollution, en el que siguen explorando sus oscuridades de aire cinematográfico: una vez comparé su música con un paisaje desvelado por los faros de un coche, y algo conceptualmente parecido hay en este vídeo que han hecho para Velvet Gloves & Spit.

 

 

No vídeo, vídeo, no vídeo, vídeo… Nos toca no vídeo con la hechicera Jane Weaver, la chica de la foto despeluchada de arriba del todo, autora de mi canción preferida de 2014, que sigue profundizando en su «pop psicoactivo» con un nuevo álbum previsto para mayo. Me encanta el título, Modern Kosmology, y me vuelve a atrapar esa fórmula suya que enlaza varios senderos secundarios de la historia del rock. Este es el tema de adelanto, Slow Motion.

 

 

Y terminamos el selecto picoteo con otra obsesión conocida de un servidor: British Sea Power están de vuelta al fin con el álbum Let The Dancers Inherit The Party, que se publicará el último día de este mes. Siempre los califico de excéntricos, imprevisibles y cosas así, pero a la vez son maravillosamente fiables, con una reconfortante consistencia en sus lanzamientos. En realidad, acaban de sacar canción nueva, pero prefiero colgarles la anterior, Keep On Trying (Sechs Freunde), porque el vídeo es… ¿excéntrico e imprevisible, podríamos decir?

 

Canción de la semana: ‘O Death’

2017 marzo 17

 

 

Para Diamanda Galás, conceptos como moderación o contención vienen a ser como estacas clavadas en el pecho. Diamanda, bruja favorita de esta casa, ha basado su estilo en la catarsis vocal, con interpretaciones que más parecen exorcismos: en vez de cantar sobre el sida, la tortura o la locura, tres de sus temas favoritos, da la impresión de que le están saliendo directamente por la boca, como si fuesen la propia materia de la que están fabricadas sus canciones. La artista californiana, de familia griega procedente de Anatolia, vive la música a la manera de una posesión, con resultados espeluznantes que evidentemente no son para todos los públicos.

Diamanda llevaba unos cuantos años sin editar nada, pero este mes vuelve por partida doble, con un álbum en directo y otro que reúne versiones de standards. Para presentarlos ha elegido esta interpretación de O Death, tema tradicional americano que parece creado especialmente para nuestra protagonista, ya que (en la línea de aquel maravilloso Death And The Lady que tuvimos por aquí hace unos meses) recrea una conversación de la Muerte con la persona cuya vida se dispone a segar. Si han escuchado alguna versión de este tema, como la de Ralph Stanley que aparece en la película O Brother, Where Art Thou?, recordarán un bonito blues ajustado a la tradición, pero, por supuesto, la Galás lo ha diamandizado hasta transformarlo en un sufriente purgatorio de diez minutos. Sé que a muchos les va a espantar, pero no me negarán que una charlita con la Muerte debe de parecerse más a esto que a una tranquila canción de porche. Ah, aunque parezca mentira, lo que van a escuchar está grabado en directo, y al final la artista se dio cuenta de que las teclas del piano habían quedado manchadas de sangre: «Me había roto las uñas, todas ellas. Nunca en mi vida había disfrutado tanto de una actuación», ha comentado a Rolling Stone.

(ah, si son suscriptores del periódico, pueden leer este texto más largo que publiqué ayer sobre la jovial Diamanda en nuestra revista de música).

 

El hombre de los ochocientos plátanos

2017 marzo 13

Hay discos peligrosos para la salud psíquica, cuya escucha puede derivar con cierta facilidad en obsesión. Y está claro que The Velvet Underground & Nico, el legendario álbum del plátano, es uno de los más temibles: no hay que buscar demasiado para dar con personas atrapadas para siempre en ese universo musical de inflexiones germánicas, engañosa dulzura, sombras morbosas y amor por los extremos. En realidad, uno puede quedarse a vivir dentro de The Velvet Underground & Nico y no le faltará prácticamente de nada, porque el disco viene a ser un botiquín completo de remedios para cuerpo y mente, empezando por Sunday Morning, bálsamo para las resacas del domingo y las tristezas de cualquier otro día, y acabando por European Son, un estupefaciente que nunca deja de hacer efecto. Pero la relación del neoyorquino Mark Satlof con este disco va un poquito más allá de lo habitual: el hombre posee ochocientas copias de la edición original, lo que equivale al 1% de las fabricadas en Estados Unidos en los dos primeros años desde su lanzamiento. Se podría decir que es un coleccionista de disco.

Lo cuenta la NPR en un reportaje para celebrar que, ayer, el álbum cumplió cincuenta años. Satlof, a quien apodan Mr Bananas, es el orgulloso propietario de prensados en mono, versiones promocionales y, por supuesto, todo tipo de portadas alternativas, con plátano y sin plátano, aunque le faltan los carísimos acetatos. «Sí, es algo obsesivo, pero, de alguna manera, cada uno de ellos es una obra de arte de Warhol. Y cada uno es único por el tratamiento que le han dado los anteriores dueños», explica, enamorado de esas huellas, garabatos e incluso boquetes que dan cuenta de la azarosa historia de cada ejemplar. Lo curioso es que, pese a tener en casa cientos de copias de la carpeta original, en la que el plátano se podía pelar, Satlof nunca se ha dado el gusto de quitarle la pegatina a ninguna de ellas. Mi hija, en cambio, sintió la imperiosa necesidad de hacerlo cuando tenía 3 años con la caja Peel Slowly And See, donde se había retomado aquella bonita ocurrencia bananera: esperemos que, al menos, eso le haya creado un vínculo de por vida con canciones tan maravillosas como esta.

 

Canción de la semana: ‘Somebody’

2017 marzo 10
por Carlos Benito

 

 

Se me ha pasado por la cabeza decir que he elegido este tema para conmemorar el Día Internacional de la Mujer: al fin y al cabo, las propias autoras, el trío Dream Wife, la describen como «una balada para mujeres que explora la experiencia de vivir en un cuerpo femenino dentro de nuestra sociedad». Pero no, la verdad es que no la he escogido por eso, aunque voy a aprovechar la ocasión para comentar una cosita sobre la escasez de artistas femeninos en muchos festis: no soy muy amante de las cuotas, pero a la vez me sorprende un montón que sean necesarias, porque la mayoría de los grupos nuevos que me gustan cuentan con mujeres entre sus miembros, y no hay más que repasar las canciones de la semana para comprobarlo. O, simplemente, fijarse como muestra en nuestras protagonistas de hoy, Dream Wife, un trío inglés con vocalista islandesa que nació como proyecto artístico (de Bellas Artes, quiero decir) y ha acabado como banda auténtica de lo que podríamos llamar party riot grrrl.

Yo me enganché a ellas a finales del año pasado a través de su actuación para la KEXP, en particular por culpa de esta canción. Desde entonces estaba esperando alguna novedad suya para traer por aquí su pop saltarín, de juguetones acompañamientos a la guitarra, y por fin ha llegado el momento. En aquel miniconcierto ya tocaban Somebody, que esta semana ha salido como sencillo y que podría definirse como una colisión entre Ilegales y No Doubt. Sí, lo primero es broma, pero yo pienso siempre en Jorge Martínez y compañía cuando escucho el arranque de la canción.

 

La estrella negra de Bilbao

2017 marzo 10
por Carlos Benito

 

Me ha entristecido mucho el desalojo de Izar Beltz, el ateneo libertario del barrio de Irala. No conozco los detalles, esos entresijos que deciden el futuro de todo local ocupado, pero aun así he experimentado el cierre como una pérdida cultural y también personal, ya que el ateneo se había convertido en uno de los lugares más entrañables de mi geografía sentimental bilbaína. Y eso que les aseguro que no soy de frecuentar gaztetxes y similares, por dos razones: por un lado, muchos de ellos hacen gala de una ideología avasalladora y cerril que hace que me sienta excluido, como un visitante indeseado y desagradable; por otro, suele ocurrir que sus propuestas culturales me parezcan conservadoras, vulgares y, en dos palabras, mortalmente aburridas. Pues bien, las veces que he ido a Izar Beltz (creo que han sido cuatro, tampoco se piensen que formo parte de la familia) he experimentado las sensaciones contrarias: la gente del ateneo siempre me pareció acogedora e inclusiva (vale, en eso a lo mejor influye que sintonizo doscientas mil veces más con el anarquismo que con el nacionalismo) y su agenda cultural solía estar bien abastecida de citas estimulantes (ya saben que esto suele ir de música, así que me refiero a los conciertos que presencié y a algunos que me perdí). Guardo con mimo en la memoria la actuación de los catalanes †††, el segundo paso por el ateneo de los valencianos Antiguo Régimen y también el desparrame demente de quince minutos de los rusos Eaglehaslanded.

No voy a lanzarme a contraponer aquí la cultura desde arriba, promovida por las instituciones, y la cultura desde abajo, que brota de la gente, porque eso conduce a menudo a la conclusión falaz de que son incompatibles. Me parece estupendo y casi increíble que la Alhóndiga organice conciertos de gente como Corcobado, pero creo que lugares dinámicos y autogestionados como Izar Beltz también son necesarios o, por lo menos, convenientes, si es que queremos una cultura vital y con capacidad de sorpresa. Vale, sí, al final no voy a poder evitar el tópico: cada vez tengo cerca de casa más bares de cartón piedra donde tomarme unas tapas globalizadas, pero ya han caído dos de los locales donde he visto conciertos más interesantes en los últimos años, Izar Beltz y el Sentinel de Erandio.

Cuatro canciones de The Fall

2017 marzo 6
por Carlos Benito

 

 

Mark E. Smith, el señor de la camisa blanca en la foto, ha cumplido los 60 este fin de semana, y la red se ha llenado de playlists para celebrarlo. A lo mejor les parece exagerado lo que digo, porque seguramente me he pasado un pelo, pero es cierto que los fans de su grupo, The Fall, son gentes particularmente obsesivas y autorreferenciales, provistas de un poderoso sentimiento de comunidad que se alimenta del hecho de ser incomprendidos por el resto del mundo, así que estos días andan confeccionando listas y más listas para festejar, con la excusa del cumple, la mera existencia y pertinacia de la banda. Miren, esta de The Quietus ha quedado especialmente detallada y reflexiva. El caso es que yo también soy un poco fan de The Fall: no puedo proclamarme fan del todo porque eso requeriría trabajar a tiempo completo, ya que la discografía de estos tipos es inabarcable y confusa, y también por el pequeño detalle de que no suelo entender ni papa de las proclamas que vocifera el amigo Smith, que canta en inglés norteño pero para mí lo mismo podría estar empleando un dialecto del lituano.

Los seguidores de The Fall tendemos a ponernos un poco pesados con el proselitismo, aun conociendo las escasas posibilidades de éxito: los rasgos estilísticos que definen al grupo desde finales de los 70 suelen resultar especialmente antipáticos para el oyente desprevenido. The Fall, sí, suenan cerriles, hoscos, obtusos, amusicales, monótonos y abruptos, pero esos rasgos se vuelven increíblemente adictivos cuando el cerebro decide sintonizar con lo suyo. Así que no se van a librar de mis cuatro canciones favoritas de The Fall, que resultan más asequibles que las de otros porque, digan lo que digan los fallólogos de tendencia dura, yo prefiero su etapa más comercial, cuando formaba parte del grupo la entonces esposa de Mark, Brix Smith. Por eso vamos a arrancar con un tema de su séptimo álbum de estudio, de 1984, que también fue el primero que yo me compré: The Wonderful And Frightening World Of The Fall se abre con este impetuoso Lay Of The Land y su cabalgada de bajo y batería

 

 

El siguiente disco de The Fall, This Nation’s Saving Grace, es mi favorito de toda su carrera. Leo en la Wikipedia que, según el Guardian, aquí el grupo estaba “operando en los límites del mainstream”, aunque me temo que escuchado desde el presente suena irremediablemente marciano. Podría haber elegido sin problema cinco temas de este álbum para mi selección, e incluso ahora sigo con dudas: en realidad, la canción de The Fall que más a menudo me viene a la cabeza es Paintwork, una extraña miniatura con interferencias, pero al final he optado por la monumental I Am Damo Suzuki, el tributo de Mark E. Smith a uno de sus grupos favoritos, Can. La propia composición aplica las enseñanzas de los visionarios alemanes (y de su vocalista japonés, claro, que por algo sale mencionado en el título).

 

 

Ahora vamos a saltar hasta 1991, una fase de The Fall que muchos críticos suelen despreciar, porque suena más tecnificada y comercial, siempre que entendamos este último término de manera absolutamente extraviada. Yo tengo debilidad por Shift-Work, un disco que se suele poner a parir, relegado habitualmente a la cola de sus ránkings: quería colgar el tema que lo abre, So What About It?, pero la única versión que encuentro parece grabada en una fosa abisal, así que vamos con el corte siguiente, Idiot Joy Showland, que siempre he entendido (erróneamente, quizá) como una mofa de la escena musical. “Hey, vamos, cantantito, / enséñanos tu casa / y enséñanos la polla”, dice en una estrofa.

 

 

Y, como prueba de la envidiable salud artística de la banda, vamos a concluir con una muestra de su trigésimo álbum de estudio, el último larga duración hasta el momento, que los muestra encerrados en el mismo mundo extravagante e inagotable que crearon hace más de cuarenta años: The Fall son un grupo autosuficiente capaz de mantener hasta los diez minutos una canción como Auto Chip 2014-2016 y dejarte con ganas de que durase diez minutos más. Felicidades por eso, Mark, y también por los 60.

 

Canción de la semana: ‘Snakes Vs Rats’

2017 marzo 4

 

 

Los dos señores de la foto a lo mejor no son el tipo de personas a las que uno desearía enfrentarse en una reunión de vecinos, pero se trata de leyendas en lo suyo. Y lo suyo son dos senderos artísticos muy diferentes que, a la vez, presentan evidentes paralelismos: como analiza Ninja Tune, el sello que edita su colaboración, ambos “han estado explorando y distorsionando sus respectivos géneros durante más de veinte años y en ese tiempo han definido y redefinido lo que significa heavy”. A la izquierda, con su eterna combinación de visera y capucha, tenemos al británico Kevin Martin, que en su carrera de mil alias, proyectos y colaboraciones (The Bug, Techno Animal, King Midas Sound, GOD, Ice, The Sidewinder…) ha establecido inesperados enlaces entre géneros como la música industrial, el free jazz, el ambient o el metal extremo, utilizando como amalgama una mutación monstruosa del dub jamaicano. Además, y eso quiero resaltarlo porque es como entró en mi vida, es el responsable de algunas de las recopilaciones más fascinantes que conozco: en los 90 compiló unos cuantos títulos para la serie Virgin Ambient, entre los que figuran los reveladores Isolationism y Macro Dub Infection.

A la derecha, en fin, está el estadounidense Dylan Carlson, conocido popularmente en su calidad de amigo de Kurt Cobain (y también, sí, de hombre que compró el arma con la que se mató el líder de Nirvana), pero importante en realidad por haber sido uno de los grandes innovadores del rock de guitarras, al que empujó hasta un territorio donde deja de estar claro si sigue siendo rock. Al frente de su proyecto de “ambient metal” Earth, el barbudo y patibulario Dylan tuvo la visión de una música colosal, repetitiva y ralentizada, como si cada acorde pesase toneladas y se desplazase con dificultad, aunque en los últimos tiempos ha dulcificado su propuesta hacia un rollo más contemplativo, más entroncado de alguna manera en la tradición, más (digamos) bonito. Dylan y Kevin, Kevin y Dylan, The Bug y Earth, ya habían colaborado en alguna ocasión, y ahora lanzan un álbum conjunto al que sirve de adelanto este Snakes vs. Rats, que a mí me hace pensar en unos Godflesh tardíos reducidos al esqueleto rítmico: de casualidad no tiene nada, porque el líder de Godflesh, Justin K. Broadrick, es el cómplice habitual de Kevin Martin en varios de sus proyectos.

 

Algunos conciertos de marzo

2017 febrero 28

 

 

Marzo viene cargadísimo y me ha obligado a dejar un montón de cosas en el tintero, que mira que es un sitio triste. Me refiero a artistas como Långfinger, los suecos que se aventuran hasta el Adimusik de Portu, o los granadinos Trepàt, que estarán en el Shake!, o el internacional toledano Víctor Herrero, que traerá sus experimentaciones de guitarra al Kremlin, o los Encuentros Electroplásticos del Sarean, o el asturiano hiperpop y megafolk Rodrigo Cuevas, que pondrá al Antzoki a bailar el ritmo del Verdiciu… Pero tengo que imponerme un máximo, y creo que ocho citas en ocho salas distintas se acercan ya a los límites de eso que llamamos selección.

Rata Negra (Arana Taberna, día 4). También se aventura por el callejero de Portugalete el nuevo grupo de Violeta, la cantante de Juanita y los Feos: como no sé si ha quedado lo suficientemente claro, a lo mejor tengo que repetir que han sido uno de los mejores grupos españoles de la última década, hala. Ahora, con el trío Rata Negra, su voz punzante sigue entonando esas canciones oscuras y ácidas marca de la casa, pero quizá en una versión más punkizada.
Actualización: acaban de cancelar el concierto por problemas de «logística en forma de camas».

Les Luthiers (Euskalduna, días 6, 7 y 8). Siento ponerme lúgubre, pero el grupo argentino lleva medio siglo de escenario en escenario y las implicaciones de esa veteranía extrema están claras: cada oportunidad de verlos de nuevo es un tesoro que hay que aprovechar, para tener el consuelo del recuerdo cuando los echemos de menos, como nos ocurre ya con Daniel Rabinovich. Traen su antología ¡Chist!, que incluye (sí, sí) su eterna La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa.

Novedades Carminha (Kafe Antzokia, día 10). Su visita junto a Lie Detectors fue el concierto en el que mejor me lo pasé el año pasado, y eso que les faltó bastante volumen. Los gallegos siempre han servido como excelente materia prima para la fiesta, pero en su último álbum han conseguido redondear su propuesta con un repertorio imprescindible, que se pega al cerebro y sacude las articulaciones. ¡Dame veneno!

Chimo Bayo (Anaconda, día 10). No sé cuál es ahora mismo la consideración crítica oficial de Chimo, el bakalao gigante del ochentozoico, pero me parecería muy hipócrita reivindicar a Front 242 y despreciar a nuestro hombre. Los belgas, de hecho, aparecen mencionados en su biografía de prensa, junto a otros artistas quizá inesperados como Bauhaus y Joy Division. Llevo cuarenta o cincuenta páginas de su novela (No iba a salir y me lie, uno de los mejores títulos de la historia) y parece que va de unos nostálgicos que tratan de resucitar el hedonismo bakaladero: pues bien, Anaconda no parece mal sitio para ese empeño, y menos un rato después de bailotear con Novedades Carminha.

The Black Bullets (La Nube, día 15). Tras el sobresalto de Bayo, vamos a rematar la lista en plan rockista. Las Balas Negras londinenses son uno de esos grupos extranjeros que emprenden una gira inconcebible por la España profunda (hey, van a tocar en Maliaño, Allariz, Arévalo y Plasencia, nada menos) y consiguen llegar hasta el local de Caserío Landaburu, en el cogollo de Santutxu. Su GPS va a acabar echando humo. El caso es que suenan arrolladores, en plan punk and roll de guitarras saturadas y voz conservada en diversos alcoholes.

Zig Zags (Beleza Malandra, día 17). Me alegro por los bermeanos (que, por cierto, suelen tener una envidiable agenda de rock en directo), pero un desmotorizado como yo contempla con cierta tristeza la lejanía del concierto de Zig Zags, banda californiana que tiene la promoción hecha desde el día que acompañaron a Iggy Pop en un sencillo. Y sí, sí, también tienen asegurado su pedigrí underground desde que grabaron con Ty Segall. Aunque, en realidad, su rock duro de corazón punk, o quizá sea al revés, tampoco necesita muchos certificados de autenticidad y poderío: basta darle al play para comprobarlo.

The Real Kids (Satélite T, día 30). Claro que, si hablamos de pedigrís, aquí hay un tipo que empezó por lo más alto, o tal vez sea más exacto decir que empezó por la parte más baja de lo más alto: John Felice fue miembro de los Modern Lovers y roadie de los Ramones, así que solo le falló para redondear currículum aquella prueba que hizo para entrar a los New York Dolls. Fundó los Real Kids en 1972, de modo que estrictamente se trata de un grupo prepunk, pero entendieron todo aquello mucho mejor que un montón de alelados crestudos.

Fuzz In The City (Hika, días 31 de marzo y 1 de abril). No voy a ir de guay y decirles lo mucho que conozco a los grupos del festi fuzzero bilbaíno, porque en su inmensa mayoría me resultan infinitamente ajenos, como de costumbre. Pero hablamos de una de esas convocatorias en las que ese detalle se vuelve indiferente: la eficacia de sus sonidos primitivos y desaforados está siempre garantizada. Esta vez, las estrellas internacionales del asunto son Los Infartos desde Italia, The Shook Ups desde el Reino Unido y The Scumbugs desde Noruega, que son los insectos garajeros de la foto de arriba.

Tomen una andanada de Black Bullets:

 

Canción de la semana: ‘Search For Your Love’

2017 febrero 24
por Carlos Benito

 

Es un hecho científico que cualquier estilo musical suena más interesante cuando se interpreta en Gales. Reconozco que no he explorado el flamenco galés, pero seguro que también se les ocurre algo brillante que hacer con una bulería o una seguiriya. En esencia, mis galeses favoritos (desde los siempre añorados Gorky’s Zygotic Mynci hasta mi actual ídola Cate Le Bon, pasando por nombres oscuros como Y Niwl y estrellas de talento inagotable como Super Furry Animals) muestran una facilidad pasmosa para inyectar en cualquier música el veneno de la psicodelia, ese toque embriagador que te distancia de la prosaica realidad y te lleva la cabeza a volar por ahí.

Gulp aplican esa receta a un pop que podríamos llamar convencional, o que al menos lo sería si no hubiese pasado por sus manos. El dúo, afincado en Cardiff, está formado por el bajista de los superpeludos, Guto Pryce, y la vocalista escocesa Lindsey Leven, enraizada en el folk. Ellos han descrito lo suyo como «psychedelic space disco» o «garage space pop», y las etiquetas se adaptan bastante bien a este nuevo sencillo, Search For Your Love, un adictivo medio tiempo que parece planear sobre los 80, los 70 y los 60 hasta sonar intemporal, o quizá sea mejor decir contemporáneo. De hecho, la canción podría pincharse en un club galáctico del sistema Trappist-1, quizá al final de la madrugada, aunque en realidad está grabada en una granja galesa. Tampoco hay tanta diferencia.

 

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