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Algunos sonidos de noviembre

2014 octubre 30

 

Noviembre arranca por todo lo alto, con un BIME que a mí me parece la mar de interesante: artistas tan atractivos como The National, Mogwai o Billy Bragg tocan ya en noviembre, el día 1, pero no lo he incluido en la selección porque ya aparecía en la del mes pasado. Así que he optado por seis propuestas en seis locales diferentes, bastante más pequeñitos que el BEC: ya saben que aquí somos muy partidarios de las distancias cortas para esto del rock.

Årabrot, Rabbits y MoE (Orbeko Etxea, día 1). Llodio se sale del ámbito geográfico habitual en este blog, pero es que llevo dando la lata con estos tipos desde el viernes pasado, cuando los vi en el Sentinel de Erandio, y quiero cantar sus excelencias por si alguien anda con dudas de ir a verles: la actuación de los noruegos Årabrot en formación de quinteto (ellos, que son un dúo, más los tres miembros de sus paisanos MoE, lo que implica la presencia de dos baterías y hasta un gong) es una cosa impactante y gozosa, de las que dejan huella duradera en la memoria y en el oído interno. Ah, ¡también los tienen hoy jueves en Vitoria!

La Santísima Trinidad del Afterpunk (Santana 27, día 7). La verdad es que, a mí, con usar el término afterpunk ya me han ganado. Se juntan aquí tres bandas fundamentales del siniestrismo español, con nombres pintorescos y actitud insobornable: a los ilustres locales Los Carniceros del Norte se suman los barceloneses Eyaculación Post-Mortem (tengo muchas ganas de ver a estos) y los veteranísimos cartageneros Kante Pinrélico. A ver cuántos espectadores no van de negro.

Mount Salem (Crazy Horse, día 8). Desde Chicago llega este cuarteto con vocalista-teclista femenina que bebe y bebe y vuelve a beber de las fuentes de Black Sabbath y Pentagram. Guitarras pesadas, amplis vetustos, ritmos lentos, atmósferas ominosas y psicodelia ocultista. ¿Qué más se puede pedir?

Thee Eviltones (La Nube, día 8). La verdad es que la selección de este mes parece un muestrario de distintas manifestaciones de la oscuridad en la música, como si nos hubiese afectado la proximidad de Halloween. Thee Eviltones son cuatro muchachotes británicos que facturan «rock garajero posmoderno», con evidente amor por las guitarras surf y los monstruos en blanco y negro. En una de esas ofertas tan chulas que suele hacer el bar santutxí, hay entradas combinadas (diez euretes) para este concierto y el de los suecos Jetbone, que pasarán por allí el martes 11.

Sylvain Sylvain (La Ribera, día 9). El guitarrista de los New York Dolls, eterno decadente que ha sobrevivido a mil excesos, acercará su cuerpo y su leyenda hasta la orilla de la ría. Cada vez que menciono a este hombre, me acuerdo de la vez, hace ya bastantes años, que anunciaron un concierto suyo en un local insólito de las afueras de Logroño, que si no estoy equivocado había funcionado como puticlub. Mi primo, mi amigo y yo llegamos hasta allí (¿por una pista forestal?) y nos encontramos con que solo había otros dos espectadores y, por supuesto, ni rastro de Sylvain Sylvain. Esta vez, por fortuna, todo parece más normal.

Tacocat (Kafe Antzokia, día 14). A lo mejor quedo como un anormal por preferir el concierto de presentación del Bilboloop al festival mismo, pero es que tengo mucha simpatía por este cuarteto hipercolorista de Seattle, festivo y desenfadado, que ya tuvo por aquí una canción de la semana a principios de este año. No me digan que la foto de arriba no da muchas ganas de ir a verlas y a verle.

Buscando el refugio de las tinieblas después de ese breve paréntesis de exceso cromático, ahí va una de Mount Salem.

 

 

Aberri Txarrak contra el faxismo

2014 octubre 28

 

A ver quién es el listo capaz de poner en duda que Aberri Txarrak, más allá de la gracieta que confunde a Google y todo, es un buen nombre para un grupo: Malas Patrias, casi nada. Se trata de la nueva banda de Aitor Ibarretxe, de Lendakaris Muertos, y comparte con estos la facilidad para moverse por la vida como un elefante en una cacharrería, o como cuatro elefantes en una cristalería, o como una manada completa de elefantes locos bailando pogo sobre un campo minado. Se describen como «un punki de postal, un jebi de tapadillo, un inmigrante ilegal y un mercenario de cantautores» y relatan así la génesis de su proyecto: «Intentando invocar al espiritu de Iosu Expósito vía ouija, contactaron con Telesforo Monzón. Este les conminó a acometer una misión que solo ellos podían resolver con éxito. Eso sí, en el idioma del diablo, por si acaso… Telesforo, vía ‘ouifi’, les tarareó varias canciones en vascuence cavernícola del siglo XIX. Estas cuatro ratas de ciudad, con su nefasto euskera batua de primero de parvulitos, empezaron a adaptar el mensaje al lenguaje del siglo XXI».

El primer resultado de sus desvelos es un EP de tres canciones en las que lengua y concepto se dan de puñetazos, un nahaste-borraste semántico de resultados descacharrantes. Aquí pueden escuchar Traveloak («Helena joan da…») y aquí, Straight Ez («ez duzu ikusi nahi Espartaco…»), oportunamente subtituladas. Para insertar en el post les he reservado la composición que da título al disco, con vídeo y todo: nada menos que PNV Faxista, una acalorada protesta por la tozudez del nacionalismo vasco en defender la tecnología obsoleta. Y, si alguien se incomoda, que les mande un fax, a ser posible bilingüe.

 

Canción de la semana: ‘Girl Seizure’

2014 octubre 24

 

Hay discos que llegan como caídos del cielo. Uno de mis álbumes preferidos de este año es el último de los canadienses Timber Timbre, favoritos de esta casa (y de otras) que merecen mucha más repercusión, porque su folk gótico, cinematográfico y envolvente da sopas con honda a muchos colegas de más renombre. El caso es que, dentro de ese disco, me fascinó desde el principio el tema instrumental Resurrection Drive Part II, pese a que el cantante Taylor Kirk siempre ha sido la espina dorsal del grupo: la música se emancipaba ahí de la voz y nos transportaba en un viaje nocturno, sugerente y un poco inquietante. Yo no tendría ningún problema en pasar horas enteras escuchando esa pieza.

Y, de pronto, resulta que Simon Trottier y Olivier Fairfield, escuderos de Kirk en Timber Timbre, tienen su propio proyecto consagrado a los instrumentales, que realmente viene a ser una extensión de ese corte que me entusiasmaba. Se hacen llamar Last Ex y su origen está en un proyecto fallido del grupo nodriza: su banda sonora para la película de terror Last Exorcism II, finalmente desechada. Los dos compinches de Last Ex han desarrollado aquellas composiciones en un álbum enigmático, reverberante y atmosférico, con sus ritmos alemanes y sus teclados italianos, que además incluye la primera parte de la gloriosa Resurrection Drive, como si fuese una precuela que despeja incógnitas. En realidad, se trata de uno de esos discos que conviene escuchar enteros, explorando todos sus rincones, pero he decidido seleccionar el corte Girl Seizure. ¿La razón? Fundamentalmente, que le han hecho este bonito vídeo, capaz de transformar toda esa carga misteriosa en un auténtico mal viaje.

 

Como una monja, como una virgen

2014 octubre 21
por Carlos Benito

 

Hay tantos concursos de talentos (musicales, gastronómicos, lo que sea) que las productoras tienen que esmerarse un poco para que sus ganadores no se pierdan inmediatamente por el desagüe del olvido colectivo. En la edición italiana de La Voz tuvieron una ocurrencia resultona: tiraron por la senda católica y apostólica, que siempre es una opción muy italiana, y proclamaron ganadora del concurso a Cristina Scuccia, una joven ursulina siciliana que se pasó dos años de noviciado trabajando con los pobres de Brasil. ¡Una monja, claro que sí! Y uno se imagina a esos mismos cerebros de la industria dándole vueltas a cuál debería ser el sencillo de presentación de sor Cristina, para redondear el efecto.

Así que aquí tienen a la hermana entonando con mucho convencimiento Like A Virgin, de Madonna. En su primer álbum también versiona temas de Pink, de Cyndi Lauper, de Keane o de Coldplay, pero lógicamente tiene un poco más de chicha una canción cuyo estribillo dice: «Como una virgen a la que tocan por primera vez». La monja, por cierto, asegura que en la elección de material no hay «nessuna volontà di provocare o di scandalizzare», ninguna voluntad de provocar ni de escandalizar, y describe el hit de Madonna como «una canción sobre la capacidad del amor para hacer nuevas a las personas». Lo mismo ya están estudiando las discografías completas de Las Vulpess y NunSlaughter, para subir el listón en posteriores lanzamientos.

El vídeo, eso sí, resulta un poco menos estimulante que aquel inolvidable original de Madonna.

 

«¿Por qué está tan enfadado este muchacho?»

2014 octubre 19

 

 

Siempre se dice que el punk trató de recuperar la excitación y la urgencia del rock and roll original, perdidas en el accidentado camino que llevaba de los 50 a los 70. Ya saben: se trataba de apostar por las canciones de dos minutos y pico frente a las largas exploraciones instrumentales, de primar los estribillos memorables sobre los solos de batería, de prestar más atención a la emoción que a la técnica. Hemos escuchado esta cantinela mil veces, pero no tenemos tantas ocasiones (o, al menos, yo no las he tenido) de saber qué pensaban al respecto aquellos músicos originales a los que supuestamente se reivindicaba, los pioneros que pusieron en marcha el asunto del rock y que en los 70 andaban ya talluditos.

Por eso me ha llamado la atención esta página del fanzine Jet Lag que está circulando por internet desde hace tiempo, pero que yo no conocía hasta esta misma semana. En 1980, los responsables de la publicación convencieron al mismísimo Chuck Berry (a quien tienen arriba retratado por el compañero Javier Mingueza) para que les reseñase brevemente unos cuantos discos, con unos resultados frescos y curiosos. Les traduzco cinco de sus comentarios.

Sex Pistols – God Save The Queen: «¿Por qué está tan enfadado este muchacho? El trabajo de guitarra y la progresión son como los míos. Buen backbeat. No logro entender la mayor parte de la letra. Si vas a enojarte, al menos deja que la gente sepa por qué te has enojado».

The Clash – Complete Control: «Suena como la anterior. Los ritmos y los acordes encajan bien. ¿El chico este andaba mal de la garganta cuando grabó la voz?».

The Ramones – Sheena Is A Punk Rocker: «Un buen temilla marchoso. Estos chicos me recuerdan a mí mismo cuando empezaba, yo también sabía solo tres acordes».

Talking Heads – Psycho Killer: «La cancioncita es funky, eso está claro. Me gusta mucho el bajo. Es una buena mezcla y fluye realmente bien. El cantante parece sufrir un caso grave de pánico al escenario».

Joy Division – Unknown Pleasures / Wire – I Am The Fly: «Así que esto es lo que llaman moderno. No es nada que no haya oído antes. Suena como una vieja jam de blues de las que montaban BB y Muddy en el backstage del viejo anfiteatro de Chicago. Los instrumentos pueden ser diferentes, pero la experiencia es la misma».

También me encanta, por cierto, su última respuesta en la entrevista que acompaña a las críticas, cuando le preguntan qué piensa de las versiones que otros han grabado de sus canciones. «Me gustan algunas versiones de los Beatles y unas pocas más, pero no las escucho todas, porque -guiña un ojo- todos sabemos quién es el que las toca mejor, ¿a que sí?».

Escuchemos la canción del dolor de garganta…

 

Canción de la semana: ‘I Still Dream Of The ’90s’

2014 octubre 17
por Carlos Benito

 

Hoy nos salimos un poco de las sendas más transitadas por este blog, para que nos dé un poco el aire y se nos ventilen las ideas. I Still Dream Of The ’90s abre el primer álbum de St. Lenox y quizá provoque en ustedes la misma mezcla de atracción y desconcierto que suscitó en mí: la voz poderosa y maleable me hizo pensar en gente como Stevie Wonder o CeeLo Green, mientras que la estructura de la canción, con sus bases de gospel sintético casero, me trajo a la cabeza, por alguna razón, a Prince. La sensación de extrañeza, de preguntarme de dónde diablos sale esta gente, se fue acentuando a medida que avanzaba el disco y aparecían arreglos a medio camino entre la música clásica y el trip hop, mientras esa voz seguía cantando con aplomo y suficiencia de veterano.

Ya se supondrán, por las referencias que he citado, que me imaginaba a un vocalista negro, pero no: St. Lenox es el proyecto de Andy Choi, un estadounidense de origen coreano al que tienen por duplicado en la foto de arriba (bueno, él dice que uno de los dos es su gemelo, quién sabe). Choi estudió violín en la prestigiosa Juilliard School y tiene una historia juvenil como concertista premiado, pero la verdad es que resulta difícil hallar trazas de ese pasado en su música actual, que quizá remita más a su amor declarado por el karaoke. En I Still Dream Of The ’90s, Choi evoca los noventa desde su coche volador, con citas a la URSS, Kosovo, la Guerra del Golfo o el problema del año 2000. «Tomé la forma de la canción de Walk On The Wild Side, de Lou Reed -explica en una entrevista con Korean Indie-. La letra es lo que llaman un monólogo interior, sobre la vida en el Midwest en los noventa, desde el punto de vista de alguien del futuro lejano. Quería escribir una canción pop». A mí, desde luego, sí que me suena pop, raramente comercial, aunque nunca he sido el mejor juez para esas cosas.

 

De la bolsa de plástico a la tapa dura

2014 octubre 15
por Carlos Benito

La verdad es que han tardado mucho. La editorial Faber publica mañana un bonito volumen que recopila escritos de Ian Curtis, tanto letras de Joy Division –algunas de ellas, reproducidas también en su versión manuscrita– como otras piezas que dejó por ahí a su muerte. Y sí, me sorprende que hayan tardado tanto: en mayo se cumplieron 34 años del suicidio de Curtis, que se mató cuando tenía 23, y a lo largo de este periodo de tiempo su mito ha ido agigantándose como solo sucede con los artistas difuntos, cuya leyenda no tiene que asimilar ya las ocurrencias y los disparates propios de los vivos. El libro, en elegante tapa dura, se titula So This Is Permanence (como el primer verso de 24 Hours, una de mis canciones favoritas de Joy Division, que a su vez son uno de los dos o tres grupos clave de mi vida) y ha sido seleccionado por el periodista musical Jon Savage y la propia viuda de Ian, Deborah Curtis, que se ocupa del prólogo.

La participación de Deborah, protagonista a su pesar del himno Love Will Tear Us Apart, ha dotado de cierto interés añadido a los artículos de presentación del libro, en los que ella está evocando al primer Ian que conoció: nos hemos acostumbrado a ver a Joy Division con esa estética suya tan sobria y gris, como de la RDA, pero Deborah evoca a un Ian que «llevaba maquillaje de ojos, vaqueros ceñidos y una cazadora de piel sintética». Por lo visto, el hombre también tenía la costumbre de cargar con una bolsa de plástico en la que transportaba sus escritos, algo que siguió haciendo cuando Joy Division empezaron a despuntar. Deborah se muestra convencida de que a su marido le ajustaba mucho mejor el traje de literato que el de rockero: «Crecimos viendo programas de pop en la tele –ha declarado al Guardian–. La faceta de estrella del rock era parte de aquella era y la poesía se consideraba pasada de moda. Ponerle música parecía una progresión lógica, pero no creo que la fama y la vida en la carretera fuesen mucho con él. Creo que habría seguido escribiendo aunque no quisiese actuar más y, a los 40 o los 50, probablemente habría escrito un libro estupendo».

Así que esto es la permanencia…

 

Canción de la semana: ‘Argent’

2014 octubre 10

 

La británica Jane Weaver se lanza en Argent a una de esas extrañas colisiones de géneros que acaban resultando increíblemente naturales, fluidas, lógicas. El resultado viene a ser como si Neu! se pusiesen a tocar folk, o como si el primer Mike Oldfield versionase el Mother Sky de Can, pero los ocho minutos del tema no solo dan para melodías contemplativas y bases de propulsión imparable: también hay, por ejemplo, un inesperado solo de saxofón, que es uno de los toques que han aportado a Argent los australianos Cybotron, mítico grupo de space rock que yo creía disuelto en el éter. El conjunto me parece hipnótico y cautivador: miren que la canción es larguísima, pero aun así me deja siempre con ganas de que siga y siga y siga y siga. Menos mal que, a base de reproducciones en bucle, he logrado extenderla más allá de la media hora.

Argent pertenece al sexto álbum de Jane Weaver, cuya carrera no controlo nada, y lo mejor es que mi enganche me ha llevado a escuchar algunos de los anteriores y también me han gustado un montón. Leo que está casada con Andy Votel, cabeza del sello Finders Keepers, del que hemos hablado por aquí más de una vez, y desde luego comparte con él ese gusto por rebuscar y reutilizar las perlas que han quedado olvidadas en los márgenes de la corriente principal del rock. Creo que me he hecho fan.

 

 

Ellos se juntan

2014 octubre 9
por Carlos Benito

 

La verdad es que, a nuestros protagonistas de hoy, yo me los imaginaba más enfrentándose en un ring que colaborando. En una esquina, Holly Johnson, que al frente de Frankie Goes To Hollywood se encumbró como uno de los reyes del pop de plástico de los 80. En la otra esquina, Vangelis, cuya larga carrera se mueve entre el rock progresivo, la electrónica y la composición contemporánea, con un puesto particular en la historia como autor de bandas sonoras (Blade Runner, cómo no, pero también Carros de fuego y un montón más). El icono gay y el ermitaño barbudo parecen representar dos maneras incompatibles de ver la música, pero el caso es que se les puede escuchar juntos en Europa, el tema que da título al nuevo álbum de Holly.

La colaboración viene de lejos, porque Vangelis y Holly Johnson grabaron la canción en 1990, cuando el esquivo griego convocó al vocalista a su estudio subterráneo de París, situado en un búnker de la Segunda Guerra Mundial. También andaban por allí Roman Polanski, que supuestamente iba a dirigir el vídeo, y su esposa Emmanuelle Seigner, cuya misión era bailar ante las cámaras. Todos esos buenos propósitos quedaron en agua de borrajas, pero Holly Johnson ha tenido guardada hasta ahora la cinta con la canción. Hace un par de años decidió editarla comercialmente y logró lo más difícil, que fue contactar de nuevo con Vangelis y convencerle para aportar unos toquecitos más al viejo tema. «Añadió sus famosos sonidos de sintetizador -ha explicado el cantante británico a Digital Spy-. Hay incluso un trozo ahí, justo antes de que entre la voz, en el que hace nuuuuuoh y es igual que Blade Runner. En el estudio, podría haberme muerto en ese preciso momento».

Creo que, si pinchan aquí, podrán escuchar el tema, aunque se supone que es de acceso restringido. Tengo la impresión de que Johnson gana el combate a los puntos, porque a Vangelis se le reconoce sobre todo en eso, en los ruiditos llegados de viejos futuros.

Cierra el Umore Ona

2014 octubre 6
por Carlos Benito

 

Dicen por ahí que la noche de Bilbao se muere, pero hasta hoy yo no había experimentado esa tendencia como una pérdida personal: llevo veinte años viviendo aquí y, más o menos, podía hacer la misma ruta de bares que cuando llegué, con la diferencia de que en aquellos tiempos de juventud era una peregrinación habitual y en cambio, ahora, cargado de años y obligaciones, se ha convertido en una expansión esporádica y excepcional. En esas salidas habituales de antaño y en estas ocasionales de hoy, que a veces se desmadran más de lo debido por ese carácter inusual, siempre ha sido una escala inevitable el Umore Ona, refugio rockero de la calle Esperanza que lo mismo servía para la cerveza tranquila, que para el desmelene exaltado, que para descansar de las txosnas en Aste Nagusia (y acabar quedándose allí toda la noche), que para ver conciertos en mínimo comité. El Umore incluso había conseguido superar eso tan difícil del cambio de gerencia, con lo raritos que nos ponemos todos cuando nos tocan nuestros bares preferidos y con lo que nos gustaba a todos Xuxo, nuestro Keith Richards particular.

Pero parece que se acabó el Buen Humor. “Nos vemos en la necesidad de tener que tirar la toalla y cerrar la puerta del Umore. No hay posibilidad de adecuarse a lo que nos están pidiendo. El local no está adaptado a la normativa de ruidos de Medio Ambiente y desgraciadamente no nos queda otra salida”, han explicado sus responsables en un comunicado. Siempre decimos lo mismo, pero en este caso tal vez tenga más sentido aún que en otros: el cierre de un bar como el Umore va mucho más allá del desarraigo emocional y el éxodo de su clientela, obligada a buscarse otro sitio que habitualmente es peor, y en realidad supone una pérdida cultural para Bilbao, que se ve privado de una parte importante de su historia (ya saben que en el Umore es crucial en la saga Platero y Tú-Fito-Extremoduro) y de un núcleo muy activo de su tejido social. Qué triste todo. Me van a permitir que arrime el ascua a mi sardina y despida al Umore con uno de mis grupos favoritos: al fin y al cabo, la letra de esta canción adornaba la barra desde la reforma, y es el local donde más veces los he escuchado.

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