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Oscuridad, viento y pájaros de seda

2016 mayo 24

 

A veces reparo, con un poco de pena, en que la música de este blog es poco variada: sí, abarcamos desde la ensoñación doméstica de Sibylle Baier hasta la brutalidad asesina de Napalm Death, por poner dos ejemplos ilustrativos, así que la estrechez de miras podría resultar mucho más patológica y preocupante, pero es cierto que lo que suena aquí suele ceñirse a lo que entendemos en sentido amplio como pop y rock. Nuestra querida sección de la canción de la semana tiene buena parte de la culpa: aunque escucho otras cosas, a la hora de elegir un tema atractivo para amenizar los viernes suele imponerse la inmediatez y energía del rock.

Así que hoy vamos a echar un vistazo por las inmediaciones para escuchar tres novedades que me han gustado mucho. En realidad, el primer tema lo catalogan como jazz, pero admito (qué le vamos a hacer) que se podría incluir sin mayores dramas en la acogedora categoría de rock. El nuevo lanzamiento de la vocalista y flautista belga Mélanie de Biasio (la chica de la foto de arriba) se titula Blackened Cities (es decir, Ciudades ennegrecidas) y es un viaje nocturno y desolado de veinticuatro minutos, tan autosuficiente que la artista ha preferido editarlo como obra autónoma. Si yo condujese de noche, de vez en cuando hasta quitaría el disco de Fasenuova para poner este.

 

 

La electrónica también suele aparecer por aquí menos de lo que debería, snif. Vamos a meternos un pequeño chute con Windswept (hummm, Barrido por el viento), el tema que abre el nuevo EP del dúo canadiense Stärker, a caballo entre Berlín y Montreal. Su sello describe estos cuatro temas como «progresiones rítmicas crudas y palpitantes conectadas magistralmente con profundos drones de ambient». A mí me ha devuelto a las turbulencias enfermizas que tanto me gustaban en aquellos tiempos remotos del aislacionismo y el illbient, con esa contaminación industrial propia de la electrónica que más me atrae.

 

 

Y vamos a terminar nuestro breve itinerario en Estonia y en el folk, aunque lo que hace la violinista y vocalista Maarja Nuut tiene tanto que ver con las tradiciones ancestrales de su país (experimentó una iluminación al escuchar grabaciones de campo de los años 20 y 30, que recogían un folclore borrado por el periodo soviético) como con la disciplina mental del minimalismo y la improvisación contemporánea. Maarja, que suele usar un pedal de loops al estilo de nuestra Mursego, edita la semana que viene su segundo álbum y ha adelantado este hipnótico Siidisulis linnukene. Sé que es innecesario traducirlo, porque todos ustedes dominan a la perfección el estonio, pero el título quiere decir El pájaro con plumas de seda.

 

Canción de la semana: ‘Vicious Romance’

2016 mayo 20
por Carlos Benito

 

He llegado muy tarde a esta canción, que es de enero, y más tarde todavía a este grupo, que lleva tres años funcionando, pero les aseguro que la dicha es buena. ¿Es que acaso hay dicha mala? La banda en cuestión se llama Dark Blue y es un trío de Filadelfia con ilustres antecedentes: el líder, el cantante y guitarrista John Sharkey III, es un tipo crecido en el oi! y el street punk que después encabezó el grupo Clockcleaner, un comando de noise rock que recuperaba el hosco alboroto de aquellos 80 de Steve Albini o de Amphetamine Reptile, mientras que sus dos escuderos también han militado en bandas tan ilustres como Purling Hiss o los Ceremony hardcoretas.

Pero esos hitos del pasado mueven a confusión sobre lo que hacen Dark Blue, que no tiene mucho que ver con ninguna de las referencias. Parece que, al final de la carrera de Clockcleaner (un nombre en el que tiendo a olvidarme de la primera ele, con lo que cambia un poquillo de sentido), al amigo John le dio por cantar con una voz mucho más grave, que una compañera de grupo comparó con la de Peter Murphy y otros suelen vincular a la de Ian Curtis. El estilo vocal acabó determinando la orientación de su nueva banda, dedicada a los ritmos más lentos y a la tensión del post-punk. Vicious Romance es un ejemplo redondo de lo que son capaces de hacer, con un fondo de inquieto ruidismo que sirve de colchón de clavos para una línea vocal melódica, pausada, tristona e increíblemente pegadiza. Aclara su sello que la letra va sobre «la aceptación de decir adiós a un sueño insostenible», algo así como las pompas de jabón de la foto.

 

Coches contra reposacabezas

2016 mayo 17
por Carlos Benito

 

 

Cuando he leído que Ric Ocasek, el líder de The Cars, había obligado a abortar el lanzamiento de un disco de Car Seat Headrest, he pensado que lo había hecho por el nombre. La verdad es que a mí también me da ganas de impedir de algún modo la existencia de un grupo llamado Reposacabezas de Asiento de Coche (bueno, como no son malos, me conformaría con obligarles a rebautizarse), pero me parecía un poco demencial que el señor Ocasek se hubiese mosqueado por la simple coincidencia en el rollo automovilístico. Al fin y al cabo, hay o ha habido grupos llamados Boy Hits Car, Luxury Car, Dogs Die In Hot Cars, The Green Car Motel, White Car, Race Car Riot, Car Bomb, Car Commercials, Carsick Cars, Space Car, Japanese Car Crash, Mexican Car Chase, Cars Can Be Blue, Four Car Garage o Follow That Car, y lo sé porque acabo de buscarlo en Spotify. Incluso había unos The New Cars, aunque esos sí podían molestar a Ocasek porque venían a ser los Cars sin él.

Pero resulta que, vaya por Dios, el conflicto no ha sido a causa del nombre. El disco de Car Seat Headrest, que es el proyecto del virginiano Will Toledo, incluía una canción titulada Just What I Wanted/Not Just What I Needed, que arrancaba con la inconfundible introducción del clásico de los Cars Just What I Needed y acababa con un fragmento de esa misma canción. Según ha explicado Toledo, su sello (Matador) gestionó la licencia en su momento: «No estábamos marcándonos un Banksy ni obrando en ignorancia de la ley, sino que creíamos realmente que teníamos ese asunto resuelto hace meses», ha dicho. Pero la semana pasada, con las copias en formato físico ya fabricadas para el lanzamiento de este viernes, Ric Ocasek dijo de pronto que «prefería que su trabajo no se incluyese en la canción». Así que ahora tienen que retirar todos los discos, destruirlos y fabricar otra remesa que incluirá una nueva versión del tema, retitulado simplemente Not What I Needed. Por supuesto, lo que ha conseguido Ric es que todos estemos escuchando ahora, aunque sea en versión maqueta, una canción que seguramente no habría llegado jamás a nuestros oídos. La tienen aquí abajo.

Dos añadidos. Por si alguien lo está pensando, sí: en la foto de arriba, Will Toledo se puede dar cierto aire a un Ocasek mejor alimentada. Y en A.V. Club apuntan que los Cars fusilaron la famosa intro de un tema de Ohio Express, y no les falta razón.

 

Canción de la semana: ‘Wreckage’

2016 mayo 13

 

Me ilusionaba pensar que Alaric a lo mejor se llamaban así por el rey visigodo Alarico, primo, cuñado y antecesor de Ataúlfo, o quizá por Alarico II, esposo de Teodegonda y padre de Gesaleico, pero resulta que no. Dice el cuarteto de Oakland (California) que se colocó ese bautismo en homenaje a un amigo difunto, «hambriento de vida y fascinado por la muerte». Lo cierto es que la referencia al bárbaro pasado europeo cuadraría bastante bien con su post-punk belicoso, hosco y tenso, heredero directo de la oscura devastación de Killing Joke, pero qué le vamos a hacer, nos tendremos que conformar con la realidad.

Estos muchachos poco sonrientes se separaron, se volvieron a juntar y acaban de editar su segundo álbum, End Of Mirrors. Parecen estar particularmente apreciados en ciertos ambientes metaleros, y es cierto que su sonido linda de algún modo con algunas corrientes avanzadas del género, al igual que con el crust y demás ramificaciones agónicas del punk, pero esencialmente se trata de un grupo siniestro. Y uso adrede el término ochentero, sobre todo después de leer una crítica (positiva) que los describe como «música nocturna para punks de edad avanzada». En sus mejores momentos, los protagonistas de la música son una batería y un bajo que bailan en torno al eje de la canción como en una danza de guerra, desconfiando de la franqueza directa del rock and roll y atacando la canción desde ángulos imprevistos. Este Wreckage es un excelente ejemplo: uno puede imaginarse a las huestes de Alarico I devastando Tracia, Fócida y Beocia. Ay, qué bien viene la Wikipedia para escribir estas mingadas.

Veo, por cierto, que esta es ya la tercera banda de Oakland con canción de la semana, tras esta y esta.

 

Canción de la semana: ‘Sleep When Dead’

2016 mayo 6
por Carlos Benito

 

A Giant Dog son reyes del orden alfabético y de la frase desconcertante: de no estar prevenido, cualquiera miraría de manera un poco rara a quien dijese que ha comprado entradas para ver a un perro gigante. Además de eso, también son una de las muestras recientes más admirables de la escena de Austin, esa ciudad con superproducción de músicos un poquito grillados. Así presenta al quinteto su nuevo sello, Merge: «Sus canciones están hechas por y para los perdedores, los freaks y los inadaptados. Para los solitarios. Para los salidos terminales. Para los que se beben hasta el agua de los floreros y los amantes de la fiesta. Ninguna banda habla mejor a los corazones de los holgazanes, los que están quemados, los roqueros, los zorrones y los raritos», con perdón por los apaños un poco osados en la traducción.

Publicar en Merge ha supuesto un bienvenido ascenso de categoría para esta curiosa pandilla, encabezada por la enérgica y descarada Sabrina Ellis, cuya energía en directo la ha llevado a ser comparada con un Iggy sin amojamar. Pero la nueva dignidad no parece haberles cohibido en exceso: los sencillos de adelanto sonaban más que prometedores (ya lo dijo el blog hermano Velvety) y el álbum, editado hoy mismo, supera las expectativas, con quince cortes de rock frenético y gozoso, cómodamente instalado entre el punk, el garaje y el glam. Resulta particularmente memorable la apabullante andanada inicial de cuatro canciones, en la que se incluye mi favorita, esta pegadiza y casi hardrockera Sleep When Dead.

 

Algunos conciertos de mayo

2016 mayo 2

 

 

Bienvenidos a mayo. Aquí tienen una bonita selección de ocho conciertos (como siempre, en ocho salas distintas) en la que caben británicos, italianos, australianos, neozelandeses, portugueses, japoneses, canadienses, franceses, estadounidenses, madrileños y asturianos. Hay surf, fado, punk, rap, folk, sesenterismos, setenterismos, música con juguetes y… ¿no wave progresiva polinesia? Bueno, eso no. O a lo mejor sí.

Accidente (7 Katu, día 7). El quinteto madrileño, al que tienen en el marco incomparable de la foto de arriba, combina unas letras rebeldes y activistas con una música extrañamente pegadiza, aunque no sé si les gustará mucho que les aplique la palabra pop. Caramba, de las nueve referencias que enumeran en su Facebook solo conozco las dos últimas, Minor Threat y los Clash. Accidente estarán en el gaztetxe de Ronda presentando su nuevo álbum, Pulso, que por supuesto se puede descargar por la patilla aquí o aquí. Telonean Mármol.

The Barracudas (Satélite T, día 8). Se prevé fiestón por todo lo alto en la sesión vermú dominical del Satélite con los Barracudas, Ba-ba-rra-rra-cu-cu-da-da, los surfistas del Támesis que lograron que una introducción chorra a una canción suya valiese más que la discografía entera de otros grupos. Habrá energía incontenible, habrá melodías irresistibles y, bueno, habrá también sabrosos comestibles. Completan el cartel sus paisanas The Priscillas.

Radio Days (La Nube, día 10). Seguro que ninguno de los que estuvimos allí hemos olvidado el concierto que dieron estos italianos en el local santutxí hace dos años casi justos, porque la cosa no pudo ser más divertida: primero, por su primoroso tratamiento de la herencia beatle, y después, por esa ruleta que acarrean de aquí para allá y que sirve para decidir qué versiones tocan. El amigo Cubillo narró aquí aquel concierto bellissimo.

Kristonfest (Santana 27, días 13 y 14). El festival dedicado al stoner y guitarreos limítrofes se extiende este año a dos jornadas. El primer día ejercerán de cabezas de cartel los británicos Uncle Acid & The Deadbeats, especializados en perpetuar el reverso oscuro del verano del amor, esa semilla tenebrosa de finales de los 60 de la que nació el protoheavy. Y el segundo día oficiarán los australianos Wolfmother, creadores de algunos de los himnos más perdurables del rock de este siglo. El resto del estimulante cartel lo tienen aquí.

Ilegales (Kafe Antzokia, día 14). Si es que uno no sabe ya qué decir sobre Jorge Martínez y sus secuaces. ¿Que sus cuatro primeros álbumes son seguramente la mejor tanda de discos de un grupo de rock español? ¿Que son el grupo de su generación que mantiene mejor forma en sus nuevos lanzamientos? ¿Que tienen el directo más inapelable de este país? ¿Que Jorge deja en evidencia al 99% de los guitarristas? ¿Que da las mejores entrevistas? Bah, para qué voy a repetir esa sarta de obviedades. A mí, solo el escuchar estas dos canciones (y, en especial, el momento mágico en el que pasan de una a la otra) ya me merece el precio de la entrada.

Celeste Rodrigues (Sala BBK, día 18). Respect, como dicen los guays, que doña Celeste tiene 93 años y sigue cantando por los escenarios del mundo, defendiendo su concepción tradicionalista del fado sin dejarse abrumar por la sombra colosal de su hermana Amália. «Cuando se es hermana de lo máximo, resulta difícil ser alguien», ha dicho en una entrevista este tesoro nacional portugués.

Kaiola Festibala (Torrezabal Kultur Etxea, día 28). En cuanto lo vi, me dio buena espina el cartel de este festival, porque de todos los nombres solo conocía a Mursego, que me parece una embajadora inmejorable para cualquier cosa, pero especialmente para una «propuesta diferente» como la que aspiran a plantear los organizadores. En el teatro de Galdakao se juntarán el folk misterioso de la canadiense Ora Cogan, el rap anómalo del estadounidense Oddateee, los experimentos con juguetes del japonés Asuna y los viajes mentales de los franco-vascos Dual-Split. ¡Y es gratis!

Orchestra Of Spheres (piso de arriba del Antzoki, día 31). El grupo neozelandés es esencialmente excéntrico: sus miembros emplean alucinados nombres artísticos, lucen pintas demenciales y tañen instrumentos construidos por ellos mismos. Musicalmente, no hay quien los acote más allá de apuntar que están obsesionados por el groove, esa cualidad de la música que hace latir el cerebro y menear los pies: en su lista de influencias caben ritmos como el kuduro, el kwaito, el shangaan electro, el mbalax o la no wave progresiva polinesia, que lo mismo existe y todo.

Aquí tienen a estas singulares criaturas de las antípodas…

 

Canción de la semana: ‘Dame veneno’

2016 abril 29

 

Lo reconozco: cuando leí que el nuevo álbum de Novedades Carminha iba a ser «más sexy y fresco» y que buscaba recuperar «el espíritu de los discos hechos para bailar en clubes», di por hecho que me iba a gustar menos que los anteriores. Mi imagen mental inmediata fue un montón de mods meneando sus cuerpos sin perder la elegante compostura, y ya sé que los mods no tienen nada de malo, pero a mí siempre me han inspirado bastante prevención. Lo siento, mods. El caso es que algo de eso hay, y sin duda Campeones del mundo molará a esa tribu de la que acabo de hacerme tan amigo, pero lo importante es que también me mola un montón a mí: el trío gallego se ha marcado un lote de canciones divertidísimo y pasmosamente variado, que lo mismo remite a los 60 más bailongos que a los 80 más desinhibidos, todo ello con esas letras suyas que clavan el costumbrismo y bordan el lenguaje vistoso. ¡Incluso versionan una cumbia peruana, los tíos!

Me ha costado decidirme por una canción, porque lo cierto es que el disco no tiene desperdicio. Tras una dolorosa criba, logré reducir las candidatas a dos: la adictiva De vuelta de todo, con esos versos memorables que dicen «ahora eres un triste, / ya nada te emociona, / todo lo que te enseño ya lo viste en Barcelona» (y con una música que, por alguna razón, siempre me hace acordarme de Farmacia de Guardia), y la que tienen en el título del post, Dame veneno, que seguramente será la menos representativa del tono general del álbum. Pero qué quieren, me resulta imposible resistirme a un tema que de alguna manera hibrida a Los Chunguitos y Suicide: lo de Los Chunguitos ya saben por qué, a menos que sean de otro planeta (o de otro país, vale) y no hayan escuchado jamás el hit imperecedero Dame veneno, que en realidad no tiene nada que ver con la canción de Novedades Carminha más allá de la cita juguetona, y lo de Suicide se hace evidente en cuanto empieza a sonar el asunto, con ese rockabilly mutante, acuciante y malhablado. Ah, la letra incluye una referencia cultural que resultará indescifrable para los no gallegos: «El cuerpo me pide Pucho Boedo», canta el vocalista Carlangas. Pues bien, Pucho Boedo, mito del noroeste, era este señor.

Los bilbaínos ya deberían saber que, mañana sábado, Novedades Carminha oficiarán en Santana 27 junto a Lie Detectors, Los Paniks y los insignes pinchadiscos locales Lo + Bravo, en la fiesta de cuarto aniversario del club HeyHeyMyMy. Es el arranque de la gira de presentación de Campeones del mundo, que con la potencia del directo se tiene que convertir por fuerza en una bomba. Allí estaremos, viendo bailar a los mods.

 

Que viva Europa

2016 abril 28
por Carlos Benito

 

Hace unos días, a cuenta del fabuloso nuevo álbum de Cate Le Bon, aludí una vez más por aquí al cuelgue que parece intrínseco a tantos músicos galeses. Pues bien, Gruff Rhys es algo así como el sumo sacerdote de esa chaladura psicodélica, adorable y fecunda. Ha dado sobradas muestras de ello al frente de Super Furry Animals y en el resto de ramificaciones de su carrera, y vuelve a demostrarlo con su último lanzamiento: a ver si se puede emprender un proyecto más extravagante que el de componer, grabar y difundir una sentida canción de amor a la Unión Europea. La ha titulado I Love EU, aprovechando la feliz circunstancia de que las siglas suenan igual que el you de otros amores más cotidianos, y la dedica a la «mujer idealista de 60 años» que en su opinión es la comunidad. «Del Danubio al Severn y al Sena, / me estás volviendo loco», canta el tío, para pedir el voto europeísta en el referéndum sobre el Brexit. La letra, bien surtida de despreocupados ripios, menciona la pasta, las baguettes, las castañuelas e incluso Maastricht, y concluye con una frase demencial que en el vídeo requiere sus correspondientes notas a pie de página: «Me quieres aunque soy vegetariano, republicano galés y mediterráneo».

A través de un texto, Rhys ha expuesto su visión de la UE como un club estupendo, y dice club en el sentido nocturno y juerguista de la palabra. «Está todavía en construcción, tiene algunos problemas estructurales serios y algunos altavoces han reventado, pero Conny Plank y Marlene Dietrich lo están arreglando en estos momentos. El portero intenta mantener a la gente fuera, pero hay un enorme espacio interior que podría albergar a un montón de los que hacen cola. Este fin de semana, sus pistas de baile acogen el Euro Classics Weekender. Tocan Daft Punk, Kraftwerk, Giorgio Moroder y Black Box. Mañana estarán Abba, Brigitte Fontaine y Can. El domingo por la tarde tocarán Sade, Stereolab, New Order y Technotronic, mientras Andy Votel y Mina Minerva preparan una temporada de electro báltico para el mes que viene. Picasso se ocupa de los visuals e Ibiza es la parte al aire libre, donde se congregan los fumadores».

 

Canción de la semana: ‘Tragic Alert’

2016 abril 22

 

 

Al Jourgensen es uno de esos muchos artistas que han condenado a sus seguidores a la decepción, porque resulta muy improbable que alcance de nuevo el nivel de aquel disco de 1992 que se ha dado en llamar Psalm 69, aunque en realidad se titulaba ΚΕΦΑΛΗΞΘ. Ya sé que hay quienes prefieren los dos inmediatamente anteriores, pero yo soy muy fan de ese álbum, déjenme con mis obsesiones. Nuestro hombre y su grupo, Ministry, alcanzaron ahí una cumbre del metal industrial, aunque la etiqueta jamás me ha convencido demasiado cuando se les aplica a ellos: las nueve canciones del disco sacaban el máximo partido a las guitarras y la electrónica como herramientas para la brutalidad, según fórmulas diversas e imaginativas que nunca se ajustaban demasiado a los cánones (bastante más aburridos) del metal tecnificado. ¡Qué variado, qué bueno y qué pasado de rosca es ese disco! Con el tiempo, Ministry se me fueron haciendo repetitivos, incluso un poco cargantes en la obsesión de Jourgensen por el sarcasmo político, aunque siempre se agradecía su facilidad para fabricar canciones que más parecen apisonadoras.

Ahora, este apóstol del exceso acaba de estrenar proyecto nuevo, Surgical Meth Machine, después de dar carpetazo a Ministry a raíz de la muerte de su cómplice Mike Scaccia. El álbum, editado esta semana, no es ni mucho menos Psalm 69, pero sí me da la impresión de que Jourgensen se ha venido arriba con el cambio: los temas de la andanada inicial suenan todavía más salvajes que su habitual desparrame, aunque al final se modera con una versión de Devo y algunos guiños hacia los inicios de Ministry como proyecto de tecnopop oscurillo. He seleccionado Tragic Alert, donde la materia prima quizá tenga más que ver con el hardcore que con el metal, pero me ha condicionado lo que está disponible en abierto: en realidad, habría preferido alguno de los cortes donde las bases se acercan al abuso rítmico del techno más monomaniaco.

Mientras leía sobre Jourgensen para una cosita que publiqué ayer en la revista musical para suscriptores, me enteré, por cierto, de que seguramente tiene algo de vasco. Ya sabía que es nacido en La Habana: su familia se exilió a Miami con el castrismo y Al (cuyo nombre original es Alejandro Ramírez Casas) habló solo español hasta que su jovencísima madre se casó con el noruego Jourgensen. En sus memorias cita a su abuelo, el prestigioso veterinario cubano Julio Brouwer, innovador de la inseminación vacuna (a la familia también pertenecen el guitarrista Leo Brouwer y la compositora Ernestina Lecuona), y veo por ahí que el segundo apellido de aquel hombre ilustre era Etchecopar. Digo yo que alguna porción de vasquidad habrá por ahí.

 

Adiós a un símbolo

2016 abril 21
por Carlos Benito

 

Empiezo a temer que a lo mejor acabamos este año sin ninguna de las estrellas que alegraron nuestra juventud. Al principio la noticia parecía un poco cogida con alfileres, pero la mánager ya ha confirmado que Prince ha muerto a los 57 años en su casa de Minneápolis. Pocas carreras tendrán altibajos tan extremos como la suya, marcada por aquel anonimato voluntario al que le llevó su enfrentamiento con la industria, cuando decidió identificarse simplemente con un símbolo, pero antes de aquel folletín del que nunca llegó a recuperarse había lanzado una de las andanadas de álbumes más asombrosas de la historia del rock. ¡Qué década de los 80 tuvo Prince! Daba la impresión de que podía hacer una canción magistral con cualquier cosita: le bastaban un ritmo y un par de adornos, como en Kiss o Alphabet St., para confeccionar artefactos irresistibles, de efecto inmediato. Y, cuando ponía a trabajar a pleno rendimiento a todo su ejército de vistosos asalariados, los resultados eran arrolladores.

Prince era el geniecillo juguetón, el duende pícaro y autosuficiente, el creador sobrado capaz de regalar a otros canciones como Nothing Compares 2 U o Manic Monday. Nos gustaban sus solos de guitarra que cortaban la respiración, sus títulos plagados de cuatros y doses, su procacidad sexual, su excentricidad estética… Y, para qué vamos a negarlo, también nos fascinaban sus protegidas, esa constelación de mujeres que orbitaba siempre a su alrededor: uno se imaginaba la vida en Paisley Park como un derroche versallesco de placeres, que hasta debía de hacer tolerable la saturación de púrpura. Prince, el hombre que parecía no envejecer, también nos ha dejado en 2016. Y, caramba, con ese empeño policial que ponía en retirar todo lo suyo de las redes sociales, qué difícil va a ser ilustrar con vídeos el dolor por este muerto.

 

elcorreo.com

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