Buena parte de mi consumo televisivo está marcado por mi condición de padre. A uno no le queda otro remedio que hacerse experto en pérfidas creaciones animadas como La princesa Sofía (sí, soy capaz de cantar el himno de Encantia, qué pasa), La Doctora Juguetes o Callie en el Oeste, aunque también es verdad […]