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	<title>Aletheiaguerra &#8211; Aletheia</title>
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		<title>El hombre que bendijo las bombas atómicas</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 09:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Continuando con el post anterior, hoy es el 65º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki. Se ha contado mil y una veces lo que sucedió con ‘Fat Man’, el hermano mayor de ‘Little boy’, el ‘Muchachito’ que había arrasado tres días antes Hiroshima. ‘El Gordo’ tenía una potencia muy superior y acabó con la vida de 70.000 personas. Sin embargo, es menos conocido que el piloto del ‘Bockscar’, el B-29 que transportó el artilugio, era un católico llamado Charles W. Sweeney. Lo importante de esta historia no está en el propio Sweeney, que, como la mayoría de sus colegas, no mostró a lo largo de su vida dudas sobre su acción, sino en el sacerdote del Grupo 509, el de la bomba atómica.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">George Zabelka tenía por entonces treinta años. Como tantos otros, este joven idealista de origen austriaco se había alistado dos años antes ansioso por demostrar que podía contribuir a la defensa de los Estados Unidos. Su misión no era combatir, sino cubrir las necesidades espirituales del mencionado Grupo 509, la unidad creada en 1944 con la única misión de lanzar las bombas atómicas sobre Japón.  Como gran parte de los religiosos integrantes de las fuerzas armadas, Zabelka no veía ningún dilema moral en que un sacerdote animara al combate. Sus superiores no tenían la más mínima duda al respecto. De hecho, en una multitudinaria misa oficiada hacia el final de la guerra a la que acudió el joven capellán, el cardenal arzobispo de Nueva York, Francis Spellman, había insistido en la necesidad de continuar luchando por la libertad y la justicia. Se trataba de una ‘guerra justa’. “Es cierto, se dedicaban a matar y combatir, pero eso no me impresionaba. Yo creía que estaba perfectamente bien”, decía por entonces el padre Zabelka.</p>
<p><strong>Peregrinación a Japón</strong></p>
<p>Las convicciones del sacerdote comenzaron a tambalearse cuando supo que Nagasaki era una ciudad mayoritariamente católica. De hecho, tenía su propia catedral, la catedral de Urakami, que quedó reducida a cenizas por la explosión. Sweeney, ‘su’ piloto católico, habían matado a miles de correligionarios. Después del ataque, Zabelka pudo hablar con los supervivientes y visitar los hospitales donde agonizaban niños inocentes. “Muchos de ellos permanecían en silencio, callados por completo, sin moverse, muriendo”, observó consternado. En lugar de regresar a Estados Unidos, el atormentado sacerdote decidió quedarse en el norte de Japón trabajando como capellán. Cuando finalmente regresó a casa, nadie quería hablar de la guerra. Las atrocidades cometidas en Corea y Vietnam y el ejemplo de Martin Luther King, con el que colaboró en la lucha por los derechos civiles, le convencieron todavía más de su error. Su fe cristiana era incompatible con la guerra. Fue entonces cuando el hombre que bendijo las bombas atómicas se convirtió en un ferviente pacifista.</p>
<p>George Zabelka no fue el único hombre que se arrepintió por su participación en los bombardeos nucleares sobre Japón. Ahí están los casos mencionados en el post anterior del propio Oppenheimer, Joseph Rotblat o Leó Szilárd, pero ninguno de ellos cargaba con la responsabilidad moral de haber bendecido las bombas.</p>
<p>En 1984, el padre Zabelka viajó a Japón para hacer una peregrinación desde Tokyo a Hiroshima. El hombre que bendijo las bombas volvía para pedir perdón a los &#8216;hibakushas&#8217;, los japoneses supervivientes de los bombardeos nucleares. Durante la guerra, ni uno solo de sus sermones había condenado la muerte de civiles en los raids aéreos impulsados por los altos mandos estadounidenses. Cuarenta años después pedía perdón &#8220;por mí, por mi país y por mi iglesia&#8221;.</p>
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<div>P.D. La versión impresa de este post, con alguna pequeña diferencia, puede verse <A href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100808/mundo/bendicion-bomba-atomica-20100808.html" title="http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100808/mundo/bendicion-bomba-atomica-20100808.html" id="link_0">aquí</a> </p>
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		<title>Lo que la tripulación del &#039;Enola Gay&#039; nunca comprendió</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Aug 2010 09:05:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy es el 65º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. A las 8.15 del 6 de agosto de 1945, el ‘Enola Gay’, un enorme B-29, dejaba caer su carga sobre esta ciudad japonesa. Las cuatro toneladas de ‘Little Boy’ preñadas de uranio estallaron a unos 600 metros de altura. La bola de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Hoy es el 65º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. A las 8.15 del 6 de agosto de 1945, el ‘Enola Gay’, un enorme B-29, dejaba caer su carga sobre esta ciudad japonesa. Las cuatro toneladas de ‘Little Boy’ preñadas de uranio estallaron a unos 600 metros de altura. La bola de fuego originada con la explosión alcanzó los 370 metros de altura y una temperatura cercana a los 4.000 grados. La destrucción se extendió en un diámetro superior a los tres kilómetros. Su potencia alcanzó los 15 kilotones, el equivalente a 13.000 toneladas de TNT. 140.000 personas perecieron a consecuencia de aquella explosión. “El arma más tremenda y peligrosa de todos los tiempos”, como la calificó Einstein después de la guerra, había visto la luz. La historia de la guerra y de la humanidad habían cambiado para siempre.</p>
<p>La bomba atómica fue el resultado de una enorme confluencia de esfuerzos. La posibilidad de que los nazis dieran con un artilugio semejante empujó a Einstein y al físico húngaro Leó Szilárd a enviar una <A href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/bf/Einstein-Roosevelt-letter.png" title="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/bf/Einstein-Roosevelt-letter.png" id="link_0">carta al presidente Roosevelt</a> instándole a impulsar el ‘Proyecto Manhattan’. Los nazis  estaban haciendo acopio del uranio de las minas checoslovacas y ello podría significar que trabajaban en un proyecto nuclear, advertían. Con Robert Oppenheimer al frente del equipo científico y el general Leslie Groves como administrador militar (las relaciones entre ellos, por cierto, no eran las mejores), muchos de los mejores científicos del mundo emprendieron la tarea de construir la Bomba. Enrico Fermi, Edward Teller, Hans Bethe, Niels Bohr (con su nombre americano, Nicholas Baker), Stanley Frankel (uno de los padres de los ordenadores), Joseph Rotblat, Robert Wilson, el prodigioso John von Neumann o el por entonces doctorando Richard Feynman  formaron parte de aquel grupo. Es curioso saber que cuando llegaron los primeros físicos teóricos a Los Alamos, no estaban listas todavía las viviendas y los dormitorios. Durante un tiempo, los físicos de la bomba atómica tuvieron que dormir&#8230; ¡en casas y ranchos alquilados!</p>
<p>Uno de los momentos más esperados fue el primer ensayo realizado con una bomba nuclear. Oppenheimer la bautizó como ‘Trinity’. Los físicos se situaron a treinta kilómetros de distancia para contemplar la explosión (otros estuvieron más cerca, a diez kilómetros, pero no vieron nada, porque les ordenaron permanecer tumbados en el suelo). Una gigantesca bola primero blanca, después amarilla y finalmente anaranjada con relámpagos en su interior surgió en el horizonte. Un minuto y medio después llegó un tremendo estruendo. “¿Qué ha sido eso?”, preguntó el periodista del New York Times William Laurence. “Eso ha sido la Bomba”, le contestó Richard Feynman. Fue entonces cuando Oppenheimer, citando la Baghavad-Gita, dijo aquello de que se “había convertido en la muerte, en el destructor de mundos”.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen">El artilugio que se lanzó el 9 de agosto sobre Nagasaky era todavía más destructivo que ‘Little Boy’. Su corazón de plutonio generó una potencia de 25 kilotones, diez más que su hermano pequeño. 70.000 personas fallecieron víctimas de su potencia. Y esto no es nada comparado con las bombas termonucleares, cuya potencia se mide en megatones y que por momentos generan temperaturas de quince millones de grados. Cuando Estados Unidos probó en 1952 este ingenio en el atolón Eniwetok de las islas Marsall, quedó literalmente vaporizado.</p>
<p><strong>¿Arrepentimiento?</strong></p>
<p>Muchos de los que participaron en el proyecto de la bomba se arrepintieron de lo que habían hecho. El propio Einstein, junto al gran lógico y filósofo Bertrand Rusell, firmó poco antes de su muerte un manifiesto advirtiendo de los peligros de aquel tipo de armamentos. Joseph Rotblat dedicó su vida a esta tarea y recibió por ello el Premio Nobel de la Paz en 1995. Oppenheimer, en su primer encuentro con Truman, le confesó al presidente que “tenía las manos manchadas de sangre” (tras la cita, Truman comentó a sus allegados que no quería “volver a ver a aquel hijo de puta”). Leó Szilárd promovió un manifiesto en pleno ‘Proyecto Manhattan’ para que aquel terrible artilugio no fuera arrojado sobre población civil. 155 científicos lo firmaron, pero no sirvió de nada. Claude Robert Eateherly, uno de los pilotos de los B-29 que formaban la flota de ataque, acabó desquiciado en un manicomio. Hasta el sacerdote que bendijo las bombas se arrepintió de su papel aquellos días (de hecho, <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/8/9/el-hombre-bendijo-bombas-atomicas" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/8/9/el-hombre-bendijo-bombas-atomicas" id="link_0">George Zabelka</a>, que así se llamaba, se convirtió en un activo pacifista, trabajó como capellán en Japón después de la guerra  y en 1984 realizó una peregrinación desde Tokyo a Hiroshima para pedir perdón a los ‘hibakushas’, los supervivientes japoneses de las bombas).</p>
<p>Sin embargo, muchos otros no lo hicieron. El piloto del ‘Enola Gay’, Paul Tibbets, nunca se arrepintió de lo que había hecho. Incluso participó en una asombrosa recreación del bombardeo que tuvo lugar en Texas en octubre de 1976 ante 40.000 enfervorizados espectadores. El Gobierno estadounidense tuvo que pedir disculpas ante Japón, hecho que Tibbets, considerado un héroe nacional, nunca alcanzó a comprender. (Curiosamente, por aquel entonces el presidente Ford y Jimmy Carter se hallaban en plena carrera por la presidencia. Una de las promesas del primero fue promover un mayor control internacional de este tipo de armamento). Los restantes miembros de aquella tripulación tampoco dieron muestras de arrepentimiento. “Cuando tienes un trabajo que hacer, simplemente lo haces”, resumió años años después Morris Jeppson, uno de los encargados del montaje del armamento. A otro, Theodore van Kirk, el único de aquellos hombre que sigue vivo, le preguntaron en una entrevista si cambió algo su vida tras Hiroshima. La respuesta fue clara: “En nada. Permanecí en el servicio militar durante un tiempo. Al salir, ingresé a la universidad y me gradué de ingeniero químico. Luego trabajé en la empresa Dupont durante 36 años. Me retiré y mi vida no cambió para nada. He tenido una muy, pero muy buena vida”.</p>
<p>Aquellos hombres parecieron no entender que Hiroshima y Nagasaki significaron mucho más que una ‘venganza’ por lo ocurrido en Pearl Harbour o por la terrible guerra del Pacífico. Con el poder de destrucción de aquellas bombas, la civilización misma corría peligro. Uno puede imaginarse el futuro tras una guerra convencional -todas, hasta ahora, lo han sido-, pero no tras una guerra nuclear. <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/5/3/el-nobel-fisica-deficiente-mental-comia-bares-de" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/5/3/el-nobel-fisica-deficiente-mental-comia-bares-de" id="link_0">Richard Feynman</a>, que como lo mayoría de los físicos de la Bomba celebró el éxito de su trabajo en Los Alamos, sintió una sensación muy extraña cuando regresó a la vida civil: “Mi primera impresión fue muy extraña (&#8230;) Por ejemplo, estaba sentado en un restaurante de Nueva York, y al mirar los edificios vecinos empezaba a pensar hasta qué radio causó daños la bomba de Hiroshima, y cosas por el estilo&#8230; ¿A qué distancia de aquí estaba la calle 34?&#8230; Veía todos aquellos edificios reducidos a escombros. A lo mejor pasaba por un sitio donde estaban construyendo un puente, o abriendo una nueva carretera, y pensaba: “Están locos; es que no comprenden, no alcanzan a comprender. ¿Por qué construyen cosas nuevas? Es totalmente inútil”. Esto es justamente lo que no comprendieron aquellos pilotos, la verdadera dimensión de lo que suponía la bomba atómica.</p>
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		<title>El general de cinco estrellas que acabó en &#8230; una empresa de relojes</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 09:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cualquier aficionado a la II Guerra Mundial sabe que los libros sobre la misma están plagados de historias de las grandes batallas, de acciones heroicas, de operaciones fallidas, de barbaridades sin nombre, de rivalidades incomprensibles&#8230;, de historias que, en definitiva, inflaman la imaginación del lector. Pero hay otras, más prosaicas, que no aparecen tan a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier aficionado a la II Guerra Mundial sabe que los libros sobre la misma están plagados de historias de las grandes batallas, de acciones heroicas, de operaciones fallidas, de barbaridades sin nombre, de rivalidades incomprensibles&#8230;, de historias que, en definitiva, inflaman la imaginación del lector. Pero hay otras, más prosaicas, que no aparecen tan a menudo en los libros de historia y son, cuanto menos, de lo más llamativas.  Aquí van algunos ejemplos. </p>
<p>Es bien sabido que Eisenhower, tras la guerra, fue presidente de Estados Unidos entre 1953 y 1961, pero no tanto que justo antes, entre 1948 y 1952, lo fue también de la prestigiosa Universidad de Columbia. De Bedell Smith se sabe que fue el jefe de Estado Mayor de Eisenhower y su brazo ejecutor, pero se tiende a olvidar su papel como embajador en la Unión Soviética entre 1946 y 1948 o su condición de director de la CIA entre 1950 y 1953. De Patton son bien conocidos su incontinencia verbal y sus enfrentamientos con Montgomery, pero no tanto su papel en una campaña de castigo en 1916 contra Pancho Villa o su participación en los juegos Olímpicos de 1912 (quedó, por cierto, quinto en pentatlón) ; de MacArthur se conoce su papel en la guerra del Pacífico o sus años como gobernador en Japón tras la guerra, pero no tanto que había sido el presidente del Comité Olímpico estadounidense durante los Juegos de 1928.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Pero para curioso, el caso de Omar Bradley, el jefe de las tropas estadounidenses de tierra en el desembarco de Normandía, presidente del Estado Mayor Conjunto en 1950&#8230; De su prestigio habla un dato: se trata del último hombre en alcanzar el grado de general de cinco estrellas en la ejército estadounidense (antes sólo lo habían logrado George Marshall, Eisenhower, MacArthur y Henry Arnold). Pues bien, el caso es que este general de cinco estrellas acabó como presidente de&#8230; una empresa de relojes. Entre 1958 y 1971 fue el máximo dirigente de ‘Bulova’, una marca estadounidense no muy conocida ahora, pero que fue la primera en poner el mercado el reloj electrónico de pulsera. Otra muestra de su potencial es que su tecnología fue utilizada por la NASA en la carrera espacial. De hecho, la empresa de Bradley luchó con Omega por el honor de dotar a los astronautas del Apolo XI -el viaje de Armstrong, Aldrin y Collins a la Luna- de sus relojes de muñeca. </p>
<p>En 1970, Bradley participó como asesor en la famosa película ‘Patton’ , en la que presentaba a su amigo como un general tan agresivo y temible para el enemigo como difícil de manejar e incapaz de huir de la polémica para el amigo. Resulta difícil concebir este tipo de anécdotas si sólo hacemos caso de las batallas, heroicidades -reales o supuestas-, discursos grandilocuentes&#8230;, pero están ahí. Sólo hay que buscarlas.</p>
<p> P.D. Para quien le interese, la batalla de los relojes de la Luna la ganó Omega. </p>
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		<title>La historia de las 2.000 prostitutas negras que trabajaron para General Motors</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 09:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Quien piense que este post va de sexo, tranquilamente puede dejar de leerlo. Siento la decepción, pero no tiene nada que ver con asuntos carnales. Eso sí, de hacerlo, se perderá una increíble historia: la de dos mil prostitutas negras que fueron contratadas por General Motors ¡para construir miras electrónicas destinadas a los bombarderos de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quien piense que este post va de sexo, tranquilamente puede dejar de leerlo. Siento la decepción, pero no tiene nada que ver con asuntos carnales. Eso sí, de hacerlo, se perderá una increíble historia: la de dos mil prostitutas negras que fueron contratadas por General Motors ¡para construir miras electrónicas destinadas a los bombarderos de la II Guerra Mundial!</p>
<p>Para entender cómo pudo suceder un hecho tan sorprendente, hay que dar unos pasos atrás. General Motors era ya por entonces el principal fabricante de automóviles del mundo. De la mano de su legendario presidente, <strong>Alfred P. Sloan</strong>, había logrado lo que parecía imposible: derrocar a la todopoderosa Ford, que llegó a monopolizar el mercado de los coches gracias al Ford T. El caso es que cuando estalló la II Guerra Mundial, el gobierno estadounidense pidió a GM que colaborara en el esfuerzo de guerra. Y lo hizo. Vaya que si lo hizo. Según cuenta Sloan en ‘Mis años en la General Motors’, el valor de los producido por su empresa en estos años ascendió ¡a 12 billones de dólares! También permitió que su presidente, William S. Knudsen, abandonase la empresa para planificar la producción de guerra del gobierno. El esfuerzo fue tal, que entre febrero de 1942 y septiembre de 1945 la empresa no fabricó ningún automóvil. Y para lo que aquí interesa, 113.000 de sus empleados -llegó a tener más de 600.000- fueron llamados a filas durante este tiempo.</p>
<p>Es en estas circunstancias cuando <strong>Nick Dreystadt</strong>, el director de Cadillac (la división de lujo de General Motors) decidió aceptar el reto que les planteó el gobierno estadounidense. Deberían fabricar las primeras miras electrónicas que utilizarían los bombarderos en la guerra en curso. La dirección de GM se oponía a ello. En ese momento no había en Detroit, sede de esta división, mano de obra disponible y menos todavía con ese nivel de cualificación. Sin embargo, Dreystadt insistió: “Hay que hacerlo, y si no podemos hacerlo en Cadillac, ¿quién podrá?”.</p>
<p>La decisión de Dreystadt causó sensación. Las lenguas viperinas dijeron que había instalado en Cadillac “<strong>un barrio de luces rojas”</strong>. A él, que años atrás se había ganado la admiración de Sloan al salvar Cadillac con la ayuda de los clientes negros (Peter Drucker cuenta en sus memorias que en una reunión en la que se discutía la desaparición de esta división por sus malos resultados, un joven y desconocido Dreystadt pidió diez minutos para explicar su plan de viabilidad. Éste pasaba por potenciar la venta de estos lujosos coches entre los negros ricos, que lo habían adoptado como símbolo de estatus. Una vez terminó su alocución, un alto ejecutivo le espetó que de fracasar, sería despedido. Entonces intervino Sloan, que dijo lo siguiente: “Señor Dreystadt, si usted fracasa, no tendrá trabajo en Cadillac. Cadillac no existirá. Pero mientras yo dirija General Motors, siempre habrá trabajo para un hombre que asuma responsabilidades, que tiene iniciativa, que posee coraje e imaginación. <strong>Señor Dreystadt, usted ocúpese del futuro de Cadillac. Yo me ocuparé de su futuro en General Motors</strong>.” Sloan había hablado y no había más que decir. Volvamos a la narración principal) no le hacía ninguna gracia: “Estas mujeres son nuestras compañeras de trabajo. Trabajan bien, y nosotros respetamos su labor. Sea cual fuere su pasado, tienen derecho al mismo respeto que dispensamos a todos nuestros colaboradores”.</p>
<p>Dreystadt, acusado por los sindicatos de “amar a los negros y defender a las prostitutas”, se salió con las suya. Las mujeres, sin saber leer, lograron fabricar las miras encargadas por el ejército. ¿Cómo fue posible? No había tiempo material para que aprendieran a leer y enseñarles el manual de instrucciones, de manera que el mismo Dreystadt aprendió a fabricarlas, se grabó a sí mismo en el proceso y elaboró un sencillo sistema para que las trabajadoras supieran si estaban haciéndolo correctamente. Así fue como 2.000 prostitutas negras trabajaron en la General Motors fabricando miras para el ejército.</p>
<p>Pero la historia <strong>no tiene un final feliz</strong>. Al terminar la guerra, los trabajadores movilizados regresaron y Dreystadt no pudo evitar los despidos. “Que Dios me perdone; he fallado a estas pobres mujeres”, se lamentó en su oficina con la cabeza entre las manos y a punto de romper a llorar. Su final tampoco fue feliz. Todos esperaban que terminaría siendo presidente de la empresa, pero un cáncer de garganta acabó con su vida cuando sólo tenía 48 años.</p>
<p>P.D. El grueso de este relato procede del capítulo que Peter Drucker dedica a Alfred Sloan en su libro ‘Mi vida y mi tiempo’. El propio Sloan escribió un libro sobre su experiencia en la empresa, ‘Mis años en la General Motors’, pero en sus más de 500 páginas no menciona esta asombrosa historia.</p>
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		<title>El pasado guerrillero del patrón de Ferrari</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 09:26:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los aficionados a la Fórmula 1 seguro que conocéis a Luca Cordero di Montezemolo. Es esa figura con aspecto de dandy que preside Ferrari. Pues bien, al margen de liderar la Scuderia, ha sido presidente de la patronal italiana, hombre de confianza de la familia Agnelli -los dueños de la Fiat, la Juventus y de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_5" class="imgcen">Los aficionados a la Fórmula 1 seguro que conocéis a Luca Cordero di Montezemolo. Es esa figura con aspecto de dandy que preside Ferrari. Pues bien, al margen de liderar la Scuderia, ha sido presidente de la patronal italiana, hombre de confianza de la familia Agnelli -los dueños de la Fiat, la Juventus y de media Italia- y organizador del Mundial del 90. En definitiva, un peso pesado en el mundo de los negocios. Una fortuna de unos 400 millones de dólares dan fe de ello.</p>
<p>El caso es que su familia tiene una interesante historia detrás. Integrante de la aristocracia piamontesa, sus antecesores sirvieron durante generaciones a la casa real de Saboya. Su padre y su abuelo fueron generales en el ejército italiano, y uno de sus tíos, el almirante Giorgio Cordero dei Marchesi di Montezemolo, fue comandante de la Armada italiana durante la II Guerra Mundial. Sin embargo, la carrera más singular fue la protagonizada por otro de sus tíos, el coronel Giuseppe Cordero Lanza di Montezemolo. </p>
<p>Miembro también del ejército italiano y partícipe en la Guerra Civil española, fue la mano derecha del mariscal Badoglio en el tiempo que éste sustituyó al depuesto Mussolinni en 1943. El mariscal de campo Albrecht Kesselring, al mando de las operaciones alemanas en este frente, recuerda así al coronel en sus memorias: “Andando el tiempo, vería al coronel conde de Montezemolo, que actuaba como adjunto de Badoglio, convertido en jefe de la guerrilla antialemana” (editorial Tempus, 2009, pág. 245). Sorprendente: de ser parte activa del fascismo, se convirtió en líder del movimiento guerrillero que tanto incomodó a los nazis. </p>
<p>Esta incomodad hizo que el citado Kesselring dictara en junio de 1944 una orden para responder a la guerrilla de la manera más contundente posible: “La lucha contra los partisanos ha de llevarse a cabo con la mayor severidad y todos los medios a nuestra disposición. Respaldaré a cualquier comandante que rebase nuestra habitual contención a la hora de elegir la severidad de los métodos para combatir a los partisanos”. Llevado a la práctica, esto significó que allí donde se detectara una importante actividad guerrillera, se detendría a una parte de la población masculina, que sería fusilada en caso de detectarse casos de violencia. Además, si en algún pueblo se disparaba a sus tropas, sería inmediato pasto de las llamas y los autores de los disparos serían ahorcados públicamente. </p>
<p>Esto es precisamente lo que sucedió el 24 de marzo de 1944 en las Fosas Ardeatinas, en las cercanías de Roma, donde 335 italianos fueron fusilados como represalia a la bomba que un día antes había matado a 28 policías. Entre los ajusticiados estaba Giuseppe, al que Kesserling consideró el instigador de la guerra de guerrillas contra los alemanes. Esta represalia le supuso al mariscal la pena de muerte por crímenes de guerra en 1946, una pena que le fue conmutada por la cadena perpetua y finalmente por la libertad, en 1952, debido a su delicado estado de salud. Lo más llamativo del caso es que el mandamás alemán aseguró en sus memorias que ya esperaba la sentencia de muerte “no porque no creyera que había actuado legítimamente (según él, la responsabilidad era de las SS), sino porque dudaba del sentido de la justicia del mundo” (pág. 434)(¡!). Ver para creer.</p>
<p>Ésta es la historia que une al patrón de Ferrari con la guerrilla anti-nazi. Por cierto, su primo, Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, fue  nombrado cardenal en 2006. Es hijo del fusilado Giussepe. </p>
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		<title>¿Sabíais que el hijo de Rommel fue alcalde de Stuttgart durante 22 años?</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 10:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El día 6 de junio de 1944, Rommel se había reunido con su Lucie, su esposa, para celebrar el 50º cumpleaños de ésta. El mariscal le había comprado un par de zapatos en Francia como regalo. Por supuesto, no tenía la menor idea de que los aliados habían emprendido el desembarco en la madrugada de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El día 6 de junio de 1944, Rommel se había reunido con su Lucie, su esposa, para <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" id="link_0">celebrar el 50º cumpleaños de ésta</a>. El mariscal le había comprado un par de zapatos en Francia como regalo. Por supuesto, no tenía la menor idea de que los aliados habían emprendido el desembarco en la madrugada de aquella jornada; sus previsiones indicaban que ese movimiento no llegaría hasta el día 20 aproximadamente.  La pareja tenía un hijo, Manfred, que por entonces tenía 15 años. Dadas las urgencias militares de los nazis, un año antes se había incorporado al Ejército del Aire (Luftwaffe). </p>
<p> La carrera del ‘zorro del desierto’ estaba a punto de dar un giro radical. El 20 de julio de ese año, unos militares intentaron acabar con la vida de Hitler, pero fracasaron. Era la famosa ‘Operación Walkiria’. Rommel fue acusado de participar en el complot. Su segundo, Hans Speidel, estaba al tanto de todo y solía referirse a Hitler como ‘el cabrón del Berghof’ -el refugio de montaña del Führer-. El caso es que el mariscal fue obligado a suicidarse. Y Manfred estaba allí.</p>
<p>¿Qué fue de él? Es cierto que su padre es uno de los pocos militares nazis no denostados por la historiografía, pero no lo es menos que era uno de los favoritos de Hitler, que se inclinó por su estrategia antes que por la de Von Runstedt. Perfectamente pudo su hijo verse marcado por el pasado de su legendario padre. Pero no sucedió así. Integrado en la CDU, comenzó una carrera política que le llevaría a la alcaldía de Stuttgart en 1974. Permaneció en el cargo hasta 1996. De su éxito habla también que se pensó en él como candidato a la Cancillería de la Alemania Federal. ¡Un Rommel, canciller de Alemania! </p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen"><br />
Durante estos años, protagonizó varios actos de gran carácter simbólico. Recibió la medalla de los amigos de Jerusalén de manos de Teddy Kollek, alcalde durante 28 años de la Ciudad Santa ; estrechó la mano de David Montgomery, el hijo del mariscal que luchara contra su padre, y en 1994 estuvo en París en la el Día de la Fiesta Nacional francesa. Cuando dejó la alcaldía, fue nombrado coordinador de la cooperación franco-alemana. En la actualidad, el Parkinson le mantiene postrado en una silla de ruedas. ¿Quién podía imaginar que aquel chaval de 15 años allá por 1944, con su padre muerto por las órdenes de Hitler y con una posguerra durísima por delante, acabaría siendo alcalde de Sttutgart durante 22 años y recibiría una medalla de amistad de los israelíes? </p>
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		<title>Los preocupaciones de &#039;Ike&#039; Eisenhower</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jun 2010 10:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy se cumple el 66º aniversario del desembarco de Normandía. Al mando de aquella gigantesca operación estaba el general Dwight ‘Ike’ Eisenhower. Su historial militar no era especialmente brillante antes de la II Guerra Mundial (al contrario que MacArthur, por ejemplo, que fue el encargado del frente japonés), pero fue el elegido por Rooselvet y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_1" class="imgcen">Hoy se cumple el 66º aniversario del desembarco de Normandía. Al mando de aquella gigantesca operación estaba el general Dwight ‘Ike’ Eisenhower. Su historial militar no era especialmente brillante antes de la II Guerra Mundial (al contrario que MacArthur, por ejemplo, que fue el encargado del frente japonés), pero fue el elegido por Rooselvet y el general Marshall para dirigir la ‘Operación Overlord’, que así se denominó al desembarco.</p>
<p>Es difícil imaginar la presión que tuvo que soportar aquel hombre durante aquellos días. En primer lugar, se suele olvidar que dos millones de soldados americanos fueron trasladados a una Inglaterra que sufría restricciones en el abastecimiento de alimentos y combustible. Como señala en su ‘Cruzada en Europa’,<strong> “cada soldado americano empeoraba las condiciones de vida” del Reino Unido</strong>. Para atenuar en lo posible los inevitables roces, el ministro de Información inglés, Mr. Brendan Backen, pidió a la población que acogiera a los militares lo mejor que pudieran. Al mismo tiempo, los norteamericanos repartían folletos entre sus soldados explicándoles cómo debían comportarse. Una de las medidas que se adoptaron fueron los fines de semana de convivencia, en los que las familias inglesas acogían a los soldados para mejorar así sus relaciones. Otra fueron los pubs, donde ingleses y norteamericanos acercaron posturas gracias a las cervezas.</p>
<p>Otro problema fue el de la <strong>seguridad</strong>. Cualquier fuga de información en lo relativo a la invasión comprometía el esfuerzo y las vidas de miles de soldados. A este respecto, Eisenhower se mostró implacable. Ya durante la invasión del norte de África, todo su Estado Mayor (incluidos los chóferes) fue investigado sin saberlo. Sin embargo, el caso más espectacular afectó al general de división Henry Miller, quien durante una fiesta comentó que el Día D sería antes del 15 de junio. ‘Ike’ fue implacable: degradó a Miller al grado de coronel y le envió de vuelta a Estados Unidos sin atender a los ruegos del que había sido compañero en sus años de estudio en West Point.</p>
<p>Un tercer problema fue el de los egos militares. <strong>Patton y Montgomery</strong> le dieron no pocos dolores de cabeza a Eisenhower. Al primero, durante la invasión de Sicilia, no se le ocurrió otra cosa que abofetear a un soldado que estaba en un hospital al considerar que estaba fingiendo ‘psicosis de guerra’, una enfermedad en la que Patton no creía. El incidente tuvo una gran repercusión y Eisenhower tuvo que obligar a su amigo a pedir disculpas. Más adelante, durante los preparativos de la invasión de Normandía, le pidió que se mantuviera alejado de la prensa dada su incapacidad para controlar su verborrea. Fue inútil: al poco tiempo la volvió a ‘armar’ con una explosivas declaraciones sobre la colaboración que deberían mantener Estados Unidos e Inglaterra tras la guerra (Patton era un furibundo anticomunista).</p>
<p>En cuanto a Montgomery, era un hombre con un ego gigantesco y no dado a acatar órdenes. Su victoria sobre Rommel no hizo sino acrecentar todavía más su autoestima. En la operación de Normandía, se empeñó en ser el líder de las tropas terrestres y en avanzar casi directamente hacia el corazón de Alemania. ‘Ike’ tuvo que frenarle una y otra vez. Sin embargo, el gran problema surgió con la ofensiva alemana de las Ardenas. Los nazis contraatacaron por el centro de una línea aliada que iba desde la costa hasta Suiza. En esa zona estaban los norteamericanos, con problemas de abastecimiento. Fue el último gran contraataque nazi y Montgomery acusó más o menos veladamente a los norteamericanos del mismo. Como es normal, a Patton y Omar Bradley no les hizo mucha gracia las palabras de ‘Monty’.</p>
<p>Pero lo más llamativo de todas las dificultades a las que tuvo que hacer frente no tuvieron que ver con la guerra, sino con <strong>De Gaulle</strong>. El orgullo francés había quedado más que humillado. Era la tercera vez en setenta años que los alemanes les pasaban literalmente por encima y ahora dependían por completo del suministro de los americanos. Marc Bloch, un conocido historiador que participó en la guerra, afirmó que la victoria alemana había sido una “victoria intelectual”; ambos bandos combatían en dos eras diferentes y “los alemanes avanzaban más deprisa de lo que parecían las normas de urbanidad”. </p>
<p>Lo de De Gaulle llegó a ser realmente irritante tanto para Roosevelt y Eisenhower como para Churchill. Ya en 1942, con la invasión de África, los británicos insistieron en que los franceses no participaran en la operación. Tiempo atrás una operación en Dakar había fracasado -creían los ingleses- por alguna indiscreción francesa. En lo personal, Roosevelt no soportaba la altanería del general francés y la esposa de Churchill llegó a decir a De Gaulle que “no odiara más a sus amigos que a sus enemigos”. Eisenhower también reconoció que su relación con el francés nunca llegaron al grado de cordialidad. En lo relativo a la propia invasión, De Gaulle rechazó realizar una alocución conjunta con ‘Ike’ al pueblo francés. ¿Por qué? El general galo se había autoproclamado el líder de la Francia libre, pero los norteamericanos se resistían a considerarle como tal; al fin y al cabo, nadie le había votado. </p>
<p>Los problemas con De Gaulle continuaron más adelante. La toma de Stuttgart fue un ejemplo de ello. La ciudad fue tomada por tropas francesas, pero los norteamericanos la necesitaban para abastecerse. Por cuestiones de orgullo, los galos se negaron a cederla. ¿Qué hizo Eisenhower? Amenazar con cortar el suministro a los franceses. Problema resuelto.</p>
<p>A Eisenhower le exasperaba “la hipersensibilidad y extraordinario tesón de De Gaulle en asuntos que para nosotros carecían de trascendencia”. El dichoso orgullo. Ya lo dijo sir Alan Brooke, jefe del Estado Mayor imperial: “¡Dios Santo, qué difícil es hacer una guerra e impedir que las consideraciones de orden militar no se vean afectadas por la gran cantidad de intereses personales y por la estupidez política que todo ello conlleva!”. Aquel 6 de junio, mientras <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" id="link_0">Rommel pensaba en el cumpleaños de su mujer</a> , Eisenhower tuvo que olvidarse de que su hijo se graduaba en West Point. Bastante tenía con la guerra y con lo que no es la guerra. </p>
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		<title>Y Rommel pensando en el cumpleaños de su mujer</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jun 2010 10:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Dentro de dos días se conmemora el 66º aniversario del desembarco de Normandía, el comienzo del fin para los nazis en Europa occidental. Se ha contado cientos de veces la heroicidad de lo logrado aquel día; cómo miles de soldados -literalmente cagados de miedo y vomitándose encima- desembarcaron en la costa francesa; cómo Churchill, con [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen">Dentro de dos días se conmemora el 66º aniversario del desembarco de Normandía, el comienzo del fin para los nazis en Europa occidental. Se ha contado cientos de veces la heroicidad de lo logrado aquel día; cómo miles de soldados -literalmente cagados de miedo y vomitándose encima- desembarcaron en la costa francesa; cómo Churchill, con su habitual tendencia a los actos grandilocuentes e inútiles, insistió en presenciar la hazaña desde un barco cercano (Eisenhower tuvo que prohibírselo terminantemente); cómo los aliados trasladaron diques artificiales a través del canal para construir puertos; cómo tuvieron que preparar el abastecimiento de unas tropas que consumían entre 600 y 700 toneladas de provisiones al día por división; cómo Eisenhower fumaba cuarenta cigarrillos Camel al día para aplacar la tensión de los preparativos&#8230;</p>
<p>Los alemanes sabían que algo se estaba ‘cociendo’ en Inglaterra. Era difícil no sospechar algo así con dos millones de soldados aliados reunidos en el sur de la isla. El problema era saber cuándo y dónde iban a dar el paso decisivo. Al mando de la defensa se encontraba Erwin Rommel, el ‘zorro del desierto’. Este hombre se había hecho famoso por humillar una y otra vez a los comandantes ingleses en las arenas del norte de África. Tan es así, que cuando Montgomery se hizo con el mando en la zona, el general Freyberg, al mando de las tropas neozelandesas, le obsequió con el siguiente recibimiento: “Lo siento mucho por usted. Esto es una sepultura de tenientes generales. Ninguno aguanta aquí más de unos meses”. Rommel se convirtió en la obsesión de Montgomery. De hecho, éste tenía en su camión de campaña -como consecuencia de una de sus muchas rarezas, no tenía un cuartel de mando como tal- un cuadro del alemán, al que de vez en cuando miraba y se preguntaba qué estaría haciendo en ese momento su archienemigo. Además, tenía dos perros. A uno le llamó Rommel; al otro, Hitler.</p>
<p>Los nazis no tenía demasiado claro cómo hacer frente a la invasión. Rommel y Hitler apostaron por la ‘Muralla del Atlántico’, una gran barrera preñada de minas, alambradas, nidos de metralletas y fortificaciones cercana a la costa que contaría con el apoyo de fuerzas acorazadas incrustadas en la misma línea del frente. Sin embargo, generales de la talla de Guderian (el ideólogo de los panzer) o Von Rundstet, inmediato superior de Rommel y el militar alemán más respetado por los aliados, preferían alejar las tropas acorazadas para que pudieran desplazarse a conveniencia. En definitiva, se trataba de una disputa entre la guerra de posiciones y la de movimientos. ¿No era Rommel un maestro en la segunda? Sí, pero las derrotas en África e Italia le habían convencido de que la superioridad aérea aliada impediría el desplazamiento de los panzer en la batalla. Finalmente se impuso su opinión, con el resultado ya conocido.</p>
<p>Aquellos días de junio fueron especialmente calurosos en el sur de Inglaterra y el norte de Francia. Mientras Eisenhower se esforzaba por aplacar las tiranteces entre Montgomery y Patton -sería difícil saber cuál de los dos era más bocazas-, Rommel trabajaba intensamente en la ‘Muralla del Atlántico’. Estaba convencido de que los aliados desembarcarían en la zona de Calais, por ser la zona más cercana al desembarco y porque permitía el paso hacia el corazón de Alemania. No sabía que “el día más largo” -así lo bautizó el mismo- estaba tan próximo. ¿Sabéis que tenía previsto ‘el zorro del desierto’ para aquel 6 de junio de 1944? Ir a Alemania para pasar el día con Lucie, su mujer. Justo ese día cumplía cincuenta años.</p>
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		<title>El Nobel de la paz va a la guerra</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Dec 2009 10:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[La semana pasada Obama anunció el envío de 30.000 soldados más a Afganistán para tratar de poner solución al avispero talibán allí asentado. &#8220;El Nobel de la Paz anuncia dos años más de guerra&#8221;, tituló &#8216;Público&#8217; en su portada con la intención de destacar la aparente contradicción de los términos. ¿Aparente? Sí, porque puede ocurrir [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_3" class="imgcen">La semana pasada Obama anunció el envío de 30.000 soldados más a Afganistán para tratar de poner solución al avispero talibán allí asentado. &#8220;El Nobel de la Paz anuncia dos años más de guerra&#8221;, tituló &#8216;Público&#8217; en su portada con la intención de destacar la aparente contradicción de los términos. ¿Aparente? Sí, porque puede ocurrir que para defender la paz haya que recurrir a la guerra. Me explico.</p>
<p>Max Weber distinguió en &#8216;El político y el científico&#8217; dos tipos de ética, la de la convicción y la de la responsabilidad. El mejor ejemplo de la primera lo encarna Jesús, que en el sermón de la montaña abogó por poner la otra mejilla ante las agresiones de sus enemigos. Convencido de la bondad de su ideario, de sus convicciones, optó por defender la paz con la paz, apostando por la no agresión frente a la agresión fueran cuales fueran las consecuencias. Por el contrario, la ética de las responsabilidades tiene en cuenta las consecuencias que se derivan de las acciones. Uno tiene sus convicciones, sí, pero puede suceder que por mantener su ideario hasta el último término éstas sean menoscabadas. Esto es precisamente lo que no puede permitirse un político. ¿Qué sucedió en los prolegómenos de la II Guerra Mundial, cuando se cedió ante Hitler y sus pretensiones sobre los sudetes y Austria? El eternamente criticado primer ministro inglés, Neville Chamberlein, trató de defender la paz con el apaciguamiento, pero fracasó estrepitosamente. Su intención, qué duda cabe, era bienintencionada, pero los resultados fueron nefastos. Convicción frente a responsabilidad</p>
<p>Y es que si se acepta la definición weberiana de que la política es &#8220;la lucha por el poder&#8221; y tiene como característica fundamental &#8220;el monopolio de la violencia&#8221;, es evidente que quien entre en política no encontrará en ella &#8220;la salvación de su alma&#8221;. La política consiste en tomar decisiones pensando en las consecuencias de las mismas. Por eso no necesariamente es contradictorio defender la paz yendo a la guerra.</p>
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		<title>El Athletic y la ONU</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2009 10:22:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Que el Athletic es una religión en Vizcaya no es nada nuevo. La fiebre despertada por la final de Valencia es la muestra más reciente de ello, pero es difícil olvidar el fervor que produjeron las victorias de los años ochenta, que elevaron a la gabarra a la categoría de leyenda rojiblanca. Sin embargo, más [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_2" class="imgcen"><IMG title="http://www.canalathletic.com/copa-del-rey/finales-de-copa-anteriores/index-finalesperdidas.html" href="http://www.canalathletic.com/copa-del-rey/finales-de-copa-anteriores/index-finalesperdidas.html" src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Que el Athletic es una religión en Vizcaya no es nada nuevo. La fiebre despertada por la <A href="http://www.canalathletic.com/noticias/2009-03-30/otras-entradas-para-copa-20090330.html" title="http://www.canalathletic.com/noticias/2009-03-30/otras-entradas-para-copa-20090330.html" id="link_0">final de Valencia</a> es la muestra más reciente de ello, pero es difícil olvidar el fervor que produjeron las victorias de los años ochenta, que elevaron a la <A href="../aletheia/2009/3/27/-por-rio-nervion-subia-gabarra-" title="http://blogs.elcorreodigital.com/aletheia/2009/3/27/-por-rio-nervion-subia-gabarra-" id="link_0">gabarra</a>  a la categoría de leyenda rojiblanca. Sin embargo, más atrás en el tiempo, se descubren hechos si cabe más sorprendentes. Y es que el Athletic ha sido capaz de competir incluso con la firma de la Carta de las Naciones Unidas. Lo nunca visto.</p>
<p> Resulta que el 25 de junio de 1945 el Athletic ganó la final de la Copa del Rey al Valencia. El partido fue muy emocionante y hubo que esperar al minuto 90 para que Iriondo marcase el gol de la victoria. Era el 3-2 y el partido pasaría también a la historia porque en él se produjo un hecho insólito: Zarra fue expulsado por primera y única vez en su carrera. Como era de esperar, los periódicos vizcaínos -en este caso, El Correo- reflejaron al día siguiente la importancia del hecho como merecía. Pero es que ese día 26 de junio coincidió con la firma de la Carta de la ONU en San Francisco, un hecho capital para un mundo que acaba de salir de la II Guerra Mundial. </p>
<p>La creación de una institución de gobierno de nivel global suponía un paso adelante para superar el fracaso que había supuesto la Sociedad de Naciones. Truman, recién elegido presidente de Estados Unidos tras la muerte de Franklin D. Roosevelt, garantizaba que su país no se apartaría de tan importante iniciativa en esta ocasión. Pero el Athletic es el Athletic y el corazón de la portada de aquel día se lo llevaron los leones.</p>
<p><strong>Otras coincidencias</strong></p>
<p>Ésta es la más curiosa de la coincidencias entre el Athletic y hechos históricos. La  I Guerra Mundial combatió por el protagonismo en las portadas con la victoria  copera de los leones frente al Madrid de Santiago Bernabéu (sí, el que después sería presidente fue jugador del equipo blanco) en 1916. Años después, en 1942, los combates en Sebastopol tuvieron como rival a la final que el Athletic perdió con el Barcelona. Eso sí, ni siquiera el Athletic pudo con el Régimen franquista: la visita del ministro de Gobernación a Vizcaya se llevó el protagonismo del día.</p>
<p>Particular fue la portada del 29 de mayo de 1950. El día anterior, Zarra marcó cuatro goles al Valladolid para lograr la Copa. Pero es que ese día se hablaba de un célebre caso de espionaje, el protagonizado por el doctor Fuchs, que ejerció de espía para la Unión Soviética tras haber participado en el desarrollo de la bomba atómica en el Proyecto Manhattan. Tampoco la Guerra Fría pudo con los leones.</p>
<p>Son estos algunos de los ejemplos que se podrían poner sobre el peso que el Athletic tiene en Vizcaya. Así, las colas por la final de Valencia no deberían sorprender tanto si se tiene en cuenta que ni siquiera la instauración de la ONU logró restar protagonismo a los leones.</p>
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