Faja

 

 

A pesar de los pesares y de las restricciones que impone la penosa situación económica, sigue habiendo cuerpos rebosantes, indomables, con tendencia a la expansión cárnica. La chicha, la molla, el michelín, la celulitis y las pieles de naranja no sólo se resisten a desaparecer, sino que siguen decorando nuestros cuerpos con absoluta impertinencia y una arrogancia sin límites. Combatir estos adornos adiposos se antoja inaccesible para la mayoría de los mortales, a excepción de los sacrificados pobladores de los gimnasios y de las herboristerías. El remedio pasa por el arte del disimulo; vestir a la mona de seda floja y vaporosa para que no se marquen las formas que conforman al deformado. O eso, o recurrir a la represión pura y dura y embutirnos en una faja contenedora del aliento y de lo grasiento. Hasta la fecha, la palabra “faja” tenía connotaciones destructivas para el erotismo y sus parientes, la sensualidad y la libido. Pero ahora, queridas lectoras y coquetos curiosos que observáis desde el armario, la industria textil represiva nos quiere recuperar como potenciales clientes. Se han apuntado a la moda del “eufemismo vaselina” y nos ofrecen las maravillas de la “ropa moldeadora”, que suena, indudablemente, mucho mejor que “faja”. Para incitarnos al consumo nos cuentan que hay muchas artistas, consideradas iconos sexuales, que la utilizan habitualmente. Por cierto, al hilo de los acontecimientos, no debemos confundir “moldear” con “modular”, aunque sean términos parecidos. Esto último es lo que se está planteando el Gobierno en referencia al derecho de manifestación y de reunión. Por lo visto, las ciudades se están volviendo inhabitables con tanta protesta de sus habitantes. A lo que hemos llegado; los propios habitantes logran que su hábitat sea inhabitable para ellos, ¿o será para los gobernantes? Y la solución que se plantean es, pues eso, “leyes moldeadoras” que repriman lo sobrante y lo expansivo para que parezca que hay orden en el metabolismo de la ciudad. Porque llamarlo actitud dictatorial suena a tiempos de la faja y no conviene. Pase buen día y quéjense con elegancia y sensualidad.

La voz

 

 

Por mucho empeño que luzcan Jesús Vázquez, Bisbal, Rosario, Malú y el desviador de aviones, Melendi, en apadrinar talentos de la ciudadanía, prometiéndoles un futuro lleno de galas, no hay ningún dato que indique una posible actuación más allá de la ducha de su casa. El mundo del “entretenimiento”, que es como denominan a la cultura algunos miembros del gobierno, está volviéndose inhabitable. Escasean los alimentos y vamos a terminar a taconazos, como las putas, para ver quien se sube al único escenario que quede con focos. Dicen los gobernantes que hay que reducir el gasto para salir de la crisis. La cuestión es si la salida de la que hablan está acondicionada para que pasemos todos y volvamos a ver las tinieblas, lo de “ver la luz” lo dejaremos para los constructores y los vendedores de coches. Lo más preocupante no es el robo que están cometiendo, sino la escasa sensibilidad que muestran, por ejemplo, al no permitir que las bibliotecas municipales compren libros nuevos. Pensarán: <<Si con El Quijote y la Biblia, uno ya tiene todo el saber que necesita para salir de la crisis>>. Probablemente sí, el saber universal está ya editado desde hace tiempo y no hacemos otra cosa que repetirlo una y otra vez. Pero, amigo político que me gobiernas, ya existía un gobierno anterior y tú pediste el voto para “interpretar” las leyes a tu manera y para “crear” nuevas legislaciones que te permitieran “representar” al pueblo de una manera mejor. Ya ves: querías interpretar, crear y representar, como los artistas a los que estás ahogando con la mano tozuda y la visión de un murciélago. Tu pedías tu momento de gloria, tu foco y tus aplausos, el plumaje del ego que escondías detrás de una supuesta “vocación” de servicio. Pues lo mínimos que se te puede exigir es que respetes las vocaciones de los demás. Puestos a elegir, creo que es más digno enorgullecerse y aprovecharse del talento de los artistas en los malos tiempos, que avergonzarse de ellos. A mí Paco de Lucía, por poner un ejemplo de gasto, no me entretiene: me alimenta el espíritu y me reconcilia con la humanidad, donde tú te escondes, ladrón. Pasen buen día.

 

Ceniza

 

 

 

Estaba yo pensando que qué a gusto se habrán quedado los teóricos y los beligerantes militantes del antitabaquismo con la muerte de Carrillo. Algunos de ellos, claro, no se me enfaden. No era normal que un señor que aprovechaba cualquier foto para reivindicar su condición de fumador, estuviera rozando el siglo de vida. No sé si quedarán comunistas, camaradas en activo, pero lo que está claro es que con la muerte de Carrillo ha desaparecido el último fumador bien visto a nivel social. Que sus restos acaben convertidos en ceniza es una metáfora perfecta de su vida. No sólo por haber sido empedernido en el fumar, también en el pensar, algo muy propio del siglo veinte, donde se vestía uno por dentro y por fuera. En el presente siglo, el veintiuno, por si está usted desubicado, se lleva más la fachada bien pintada, o tatuada para siempre, y los adentros en constante adecuación a las fluctuaciones de los mercados. O sea, que ya nadie se casa con sus propias ideas, como mucho mantenemos una convivencia abierta, de pareja liberal, <<nos aguantamos hasta que llegue otra más rentable>>. El “Homo Ambigüenensis” es el gran poblador de las cavernas actuales, con conexión a Internet y tele de plasma, pero cavernas a fin de cuentas. Un homínido capaz de parecer de varias tribus al mismo tiempo para sentirse amparado y protegido. Nadie quiere ser el último mohicano, por muy bonita que sea su banda sonora, en el rebaño es más fácil gritar sin ser visto. Y el reflejo de esta sociedad voluble y asustada lo tenemos en los políticos que nos representan como pueden. Lo bueno sería que lo hicieran “como saben”, pero esa quimera está al alcance de unos pocos privilegiados. Y entre tanta ceniza y polvo de estrellas se nos acaba el verano, querida amiga, hoy le damos la última calada a la estación de los incendios, de las medusas y de las picaduras del IVA. Mañana a las cinco menos diez de la tarde llega el otoño, nos pillará en plena siesta, como la dama de negro a Don Santiago. Y es que con una hoz y un martillo nada se puede hacer contra una guadaña afilada. Pasen buen día y perdonen por la tristeza. Volveré por soleares.

Ellas

No, querido lector intuitivo,  no voy a hablar de Igartiburu y Montero, ya son amigas, ha bajado el interés. Todos esperábamos revancha con arañazos, tirones de pelo, y nos sirvieron un cálido abrazo reconciliador. Mis letras de hoy están dedicadas a dos actrices, asquerosamente guapas, de las que hemos sabido, estos días, por sendos titulares dignos de revisión filosófica. El primero y más sorprendente es el siguiente: <<Salma Hayek: Mi marido me quiere tal y como soy>>. Sí léalo otra vez y frótese los ojos. La verdad sea dicha que desconocemos los entresijos de las relación; no sabemos si Salma tiene una halitosis de dinosaurio; si ronca o pega patadas en la cama, y ese tipo de detalles que pueden convertir una relación aparentemente idílica  en un infierno. Pero, a priori, por lo que se ve y se trasparenta, querer a Salma Hayek tal y como es, no tiene demasiado mérito. Por mucho que ella se vea rechoncha y pequeñita, me imagino que varios cientos de millones de maridos de todo el mundo también le querrían tal y como es. Yo, incluso, le perdonaría que enmoquetara las paredes o que tuviera la mesa del salón repleta de figuritas de porcelana. Por favor, no nos provoquen, que los maridos somos muy susceptibles. El otro titular que me ha estimulado informa así: <<Elsa Pataky gana a Interviú>>. La revista publicó en dos mil siete unas fotos de la actriz desnuda sin su consentimiento. La Pataky estaba posando para la revista Elle y algún fotógrafo despistado desvió el objetivo al interés general maleducado por el morbo. Una sentencia dictamina que Interviú deberá pagar doscientos cincuenta mil euros a la actriz por el robado. Algo que me parece muy bien. Lo que no me cuadra es el titular; si creemos que ganamos sólo porque cobramos le estamos otorgando al dinero  el poder de restablecer todo orden y de compensar los daños y los perjuicios. No lo tiene.  Al final, la revista paga una multa por un capricho que se puede permitir, pero el gato se lo llevó al agua sin piel. Ganar hubiera sido impedir su publicación o quitarle la cámara al fotógrafo y tirarla al mar. Pasen buen día y ganen, aunque sea dinero.

Ryanair

¿De qué país va a ser reyes el Príncipe Felipe y la Princesa Letizia? He estado viendo las fotos de posado que han publicado los medios de comunicación, y me han entrado las dudas. Hagan la prueba. Tan rubios, tan guapos, tan sonrientes, tan en su peso, parecen príncipes de un país nórdico de esos que sólo salen en las noticias cuando tiene un volcán en erupción o cuando un chalado se lía a tiros con todo un pueblo. También podrían ser, perfectamente, los protagonistas de una película de domingo por la tarde; la clásica familia feliz que a la vuelta de los primeros anuncios ya tiene un problema de salud importante, o un fantasma que se aparece en el espejo del cuarto de las niñas. Ese es otro tema que me indigna, ¿no tiene bastantes connotaciones negativas la tarde del domingo como para animarla con bodrios melodramáticos de serie b? Que me despisto, al lío. Pues eso que tenemos unos príncipes demasiado perfectos como para que trasmitan ilusión, garra monárquica, apego a la corona. Si al menos el sofá donde descansan y supuestamente hacen zapping tuviera unas manchas de Ketchup o migas, sería otra cosa. Tampoco es cuestión de imitar a la familia real británica, que no hacen más que enseñar los pezones por las revistas. Por cierto, eso es algo que me llama la atención – no el pezón de Catalina – no, lo sencillo que es acceder a la intimidad de esta gente que se supone que están custodiados por una tropa de James Bonds. O eso, o es que son unos exhibicionistas reprimidos, que mucho me temo que “agua lleva” el río que tanto suena. Ah, ya, ¿que por qué el título de Rayanair? Por llamar la atención de ustedes, sin más; puro morbo. Aunque, a estas alturas del día, malo será que otro avión de dicha compañía no haya tenido que dar algún susto a los pasajeros. Yo lo tengo claro, el éxito de la tele, ahora mismo, sería un programa concurso en el que gente con miedo a volar tuviera que coger diez aviones seguidos de la compañía irlandesa. Presentado, eso sí, por Anne Igartiburu y Mariló Montero, tan guapas, tan sonrientes, tan princesas ellas, tan del norte. Pasen buen día y no me digan Diego donde dije digo.

Mono

Han descubierto una nueva especie de mono africano, en la República Democrática del Congo. El simio en cuestión ha sido bautizado como “Cercopithecus lomamiensis”.  Pasaré por alto la primera sensación que he tenido al ver la foto del macaco, que me ha recordado al Ecce Homo de Borja después de la restauración. Iker Jiménez con este indicio de fenómeno se montaría dos o tres programas y volvería a desempolvar lo de las caras de Bélmez, pero yo lo voy a dejar aquí. El tema del mono me interesa por otra cuestión de índole filosófico. A mi estilo, de taberna, ya me conocen. Este pobre monito, hasta hace poco, era libre de verdad, libre de nosotros y de nuestro conocimiento; libre de nuestra manera de gestionar los recursos naturales. Era un inclasificado, un mono y punto pelota. Se dedicaba a sus cosas de mono, que son, como bien sabemos sus parientes evolucionados, comer, saltar de rama en rama y tocarse la cola. No difieren mucho sus hábitos a los nuestros, por cierto. Lo curioso del caso es que existía sin que lo supiéramos, a escondidas de nuestra ciencia que todo lo controla. ¿Ahora será mejor su existencia? Esa es la pregunta. Hombre, a algún miembro de los nuevos monos ya le caerá un dardo sedante y será inspeccionado con detenimiento en nuestro hábitat de laboratorios. Malo será que no le pongan un chip para saber cuales son sus movimientos; son peajes de la fama. No basta una foto del naturalista paparazzi de turno, si tienes nombre y apellidos en latín te mereces un documental y alguna que otra jaula en los zoológicos más prestigiosos del mundo. Eso es existir para nosotros: estar controlado. Bienvenido monito nuevo al circo mediático. Un aviso para los animales que todavía estéis por descubrir: salir de noche, no parezcáis extraños, comportaos como miembros de especies conocidas, ya sabéis, nada de exhibiciones de plumajes raros ni sonidos estridentes. Estaría bien que el día del fin del mundo, saliera un bicho y dijera: ¡Y nadie se ha enterado que estábamos aquí, toma ya! La verdad es que gracias al mono he podido evitar el tema del independentismo catalán, menudo marrón hay ahí. Pasen buen día.

Tupper


                                                                                                                                                       

Si el genial William Shakespeare levantara la cabeza y volviera  a menear su magistral pluma, sin lugar a dudas, cambiaría algunos pasajes de sus obras para actualizarlas a estos viejos tiempos que estamos sobreviviendo. Entre las muchas posibilidades cabría la siguiente: “Tupper o no Tupper, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma, sufrir los injustos precios de la hostelería o cocinar en casa y llevar consigo el alimento para llegar a fin de mes?” El Tupper se ha convertido en un símbolo de las clases medias, bajas y subterráneas. No lo digo por el último episodio de “lanzamiento de” contra la Presidenta de la Comunidad de Madrid. El Tupper vendría a ser como la caja fuerte de los pobres; un cofre de plástico donde viajan los tesoros del ciudadano medio, que no otros que los restos de la comida que sobró del día anterior. Garbanzos con chorizo, ensalada de pasta, brócoli hervido, o los clásicos filetes empanados que harán las delicias del currela de turno en su receso para manducar. Pero el Tupper es algo más que un envase que nos permite ahorrar dinero a la hora de comer. Es una reserva emocional de los sabores del hogar y una declaración de sanas intenciones en época de severas dietas. Ay ese Tupper de frutitas al asalto de una talla menos. Ya existen militantes del Tupper, personas que podrían pagarse su menú del día, pero prefieren oler y degustar  el guiso propio, con su sabor de hogar, algo muy gratificante en medio de la despiadada jornada laboral. La mejor creación de Adrià no tiene nada que hacer contra unas albóndigas con tomate, cocinadas por tu madre, recalentadas en el microondas de la oficina. En un Tupper, además de la comida, van el cariño, las manías y la cultura gastronómica de cada familia. Perfectamente envasados al vacío popular, con el único conservante que supone el haber cerrado la tapa con fe. Qué momento más entrañablemente cotilla es ese en el que los reojos van escrutando los Tupper de los compañeros de comida pobre, en busca de otras intimidades. No desestimemos el poder de la cultura Tupper: <<yo me lo guiso, yo me lo llevo, yo me lo como>>. Pasen buen día.

 Un abrazo de oso panda a todos los que por aquí paséis.

Prueba

Estoy probando el editor nuevo… uno, dos, tres, sí, sí, ¿se me oye?

Redes

Buenos días, hermanos. Quiero aclarar, antes de nada que los artículos que escribo nacen fruto de sensaciones, de puntos de vista parciales que me llaman la atención y decido compartir para ver si coinciden con las sensaciones de algunos lectores. El objetivo es hacer cosquillas y jugar con las razones para poder relativizar, que es la antesala del humor. No pretendo sentar cátedras ni aleccionar. Lo digo, porque la semana pasada perdí un trabajo, tres días de actuación, porque los paleontólogos se han enfadado conmigo y me han considerado “persona non grata”, vamos que no quieren que entre en su universidad, que es donde tenía que realizar mi trabajo. Por cierto, impidiendo a otras personas que pudieran disfrutar de la actuación. Bueno, no voy a revolver el asunto de los huesos de los dinosaurios y la visión popular, desde mi punto de vista simpática, que intenté emplear en el “artículo bomba”. Estoy seguro que si lo mismo lo dice Buenafuente en un monólogo de los suyos, el mismo paleontólogo que se sintió ofendido conmigo, se hubiera reído en su sofá y hubiera dicho: <<qué cabrón el Andreu, si tiene razón>>. Sin más. Quería aclarar todo esto, porque el artículo de hoy, es eso, un punto de vista más de los que puedo tener a cerca del Twitter, pero no quiere decir que sea contrario al uso de esa tecnología. JODER, ES QUE NOS OBLIGAN A PEDIR PERDON ANTES DE NACER. POOOOR COMENTARLO.

¡ME CAGO EN LA PUTA! (MIRA, AHORA SALE LA BESTIA, OTRO PUNTO DE VISTA)
Twitter

Dícese de una red social que vomita improntas cortas, pequeñas descargas de conciencia, y que está a punto de convertirse en una secta. Una de las amenazas que asociábamos todos al futuro, en su vertiente más despiadada derivada de los avances de la tecnología, era la de que acabaran por leernos la mente. Porque todos damos por hecho que los demás ámbitos de nuestra vida privada son susceptibles de no ser tan privados como nos gustaría. Nuestros datos circulan por mercados que desconocemos; nuestra gente de confianza puede dejar de serlo en cualquier momento; nosotros mismos podemos renegar de nuestros actos. Hasta ahora, sólo había una zona que se mantenía inaccesible al juicio de los demás: nuestros pensamientos. Son esas criaturas, en ocasiones bestias, que alimentamos y engordamos para que un día vean la luz pública y se materialicen en una palabra, o en una acción. No todos valen, los hay que mueren dentro de los confines de la mente porque sacarlos supondría poner en riesgo nuestra integridad, nuestra seguridad, o atentarían directamente contra la imagen que de nosotros se tiene. Pues bien, el futuro ese que tanto temíamos ha llegado. Y no ha hecho falta una sofisticada máquina conectada con unos electrodos a las sienes, ni un aparato de ondas, ni nada por el estilo. Ha sido mucho más sencillo: se llama Twitter. Es la posibilidad de expresar lo primero que te viene a la cabeza desde donde estés y colgarlo en la red a través del teléfono, del ordenador, y pronto, seguro, desde cualquier electrodoméstico del hogar. Claro, que te puedes contener y no hacerlo, pero la droga debe enganchar, sobre todo cuando te contabilizan los adeptos que esperan tu ocurrencia con la boca abierta como polluelos en un nido. Y luego pasa lo que pasa, cuando hay una amnistía constante de los pensamientos: las torpezas, las malas interpretaciones, las disculpas y las condenas. ¿Estamos tan solos que necesitamos que los demás sepan qué estamos pensando en todo momento? ¿La fama está tan vacía de contenido como parece? ¿Llegaremos a hablar de “pensamientos basura” y “pensamientos elaborados”? Pasen buen día.

A 11 del 4

Hola hermanos, buceando por los Faacebuques de mis amigos he encontrado estas fotos que me han hecho recordar que todo tiene un principio. Es mi primer grupo de teatro ESCEFRENIA (Javi Merino, Pablo Arocena y yo) Hacíamos humor mudo y fue el detonante de una carrera que me ha llevado hasta escribir estas lineas. Mi edad, 18, un nene con los pantalones grandes.

Además del momento nostálgico, os dejo el artículo de hoy.

Pinchazo

Ya me llega el calor que se desprende del frotamiento de las manos de las empresas farmacéuticas. Para el dos mil doce, o sea, para pasado mañana, se espera la vacuna contra el tabaquismo. Para algunos será el fin del mundo; si es que los aztecas tenían razón. Es cierto que el mundo se acabará en dos mil doce, pero por partes y por barrios, que se lo digan a Zapatero, que cerrará su chiringuito por esas fechas. Pues eso, que dentro de una añito y pico, pico, o mejor dicho pinchazo. Porque, parece ser que la esperada vacuna se administrará en una sola dosis, un picotazo de jeringuilla pasiva y se acabaron las toses, los olores, la fatiga y las discusiones con los fanáticos defensores de los espacios sin humos. Sin entrar a valorar la vacuna a nivel científico, que no es el día, me gustaría contaminar este lunes con algunas reflexiones que brotan con vigor a cerca de este tema, como los capullos de una hortensia. La primera me lleva a la sospecha. Es curioso que para algunas dolencias se necesite estar enganchado a un medicamento, ser dependiente de un fármaco de por vida, y para esta, porque el tabaquismo está considerado como una enfermedad, con un pinchazo baste. Será casualidad, dejémoslo ahí. De ahí, me voy a las posibles amenazas que se nos vienen encima. Si consiguen cambiar nuestros hábitos tan solo dándonos un pinchazo, y permitimos esa manera de actuar, ¿no estamos abriendo la puerta a una manipulación de nuestra salud mental y física? ¿Conoceremos vacunas para cambiar de opinión? Y lo que es más terrorífico, ¿nos las habrán suministrado ya en algún alimento de los que consumimos habitualmente? Y para concluir con mi serie de pronósticos lunáticos, haré la pregunta del millón, o sea de los seis mil euros: Si es cierto que con un pinchazo se quitan las ganas de fumar para siempre, ¿soportará este sistema de educados inquisidores que exista gente que quiera fumar? Me magino a fumadores pasivos cargados de jeringuillas y persiguiendo a los que todavía apuestan por el humo para clavárselas en misión humanitaria. En fin, que cuando está de que sí, acaba siendo que sí. Pasen bue día.

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