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Francis Cabrel – La quiero a morir

2016 mayo 6

‘La quiero a morir’ es sinónimo de belleza lírica. No estoy seguro de que hoy vayamos a hablar de música poetizada o de poesía musicalizada, pero sí convencido de que su intensidad sentimental afectará a piel, sangre y huesos. Nos referimos a una de esas baladas que han pasado a la historia de los melómanos francófonos, en su versión original, y de los castellanohablantes, en la interpretación que barrió en los mercados de España y Latinoamérica a finales de la década de los setenta.

Hay pocas composiciones que describen mejor un afecto. Bien sea hacia todas las madres personificadas en la Virgen María, como defienden en la mayoría de las hipótesis sobre su dedicatoria, o bien hacia la entonces pequeña hija de Francis Cabrel o también hacia la madre naturaleza, como creen otras teorías. Incluso hay argumentaciones más arriesgadas sobre el origen de la inspiración del cantautor galo. Aquellas que sostienen que realmente se refería a las drogas, marihuana o heroína, concretamente.

Por último, la desaparecida actriz mexicana María Félix se atribuyó también ser la fuente de la inspiración de ‘La quiero a morir’. En una entrevista para la televisión azteca aseguró que el tema fue escrito por un joven amante de la época en la que vivió en París. Según la diva del séptimo arte, el autor, debido a las penurias económicas que pasaba, se vio obligado a venderlo a Francis Cabrel. Existen serias dudas sobre la veracidad de esta afirmación.

Sea cual sea la verdad –el cantante siempre ha guardado silencio, aumentando así el halo de misterio y la ambigüedad de la letra facilita diferentes interpretaciones–, lo cierto es que cada vez que se confecciona una lista de las canciones de amor más festejadas del continente europeo, ‘La quiero a morir’ forma parte de ella. Porque su poesía es interpretada por cada uno de nosotros con nuestras propias variantes. Ése es el secreto de ‘La quiero a morir’, composición abierta y subjetiva.

Pero, como somos unos románticos, quedémonos con la literalidad de la letra. Con ese amor hacia la persona que lo constituye todo para nosotros, que hace que cada mañana acumulemos fuerzas para abandonar la cama, la que nos invita a movernos, la que se ha convertido en diosa de nuestro Olimpo personal. Ella todo lo puede, es la propietaria de nuestro espacio y de nuestro tiempo. Somos esclavos consentidos de su tiranía y su belleza, de su sabiduría y de su carácter.

Nos gustan su mirada, sus palabras y sus silencios, sus reposos y sus movimientos, su risa y su llanto. Nos gusta hasta cuando nos miente. Cómo se cae y, sobre todo, cómo se levanta. Es que la vida es mejor desde que ella forma parte de nuestra existencia. Todos los días son luminosos aunque llueva. ‘La quiero a morir’ es una declaración de amor capaz de ablandar al corazón más pétreo, un desgarrador ejercicio de confesión.

No importan los obstáculos, porque ella conseguirá que todos sean sorteados gracias a un amor que atrapa. A la vez fuerte y delicado. Nuestro propio reflejo en sus ojos hace que alcancemos la eternidad, aunque el reloj sólo recoja el transcurrir de unos segundos. Un momento que queremos no acabe jamás, que no queremos que se consuma. No estamos completos sin ella. La queremos a morir.

Éxito internacional

‘Je l’aime à mourir’ lógicamente vio la luz en el mercado de nuestro país vecino del norte. Allí encandiló de Hendaya a Nomandía gracias a una letra sin igual y a los arreglos y la dirección orquestal de Glen Spreen y la realización de Jean-Jacques Souplet. En 1979 –el año de su lanzamiento– el single que incluía la canción en su cara A llegó a vender 600.000 copias en Francia, obteniendo el galardón de disco de platino. Las estadísticas se elevaron considerablemente con las adquisiciones que realizaron los admiradores del resto del mundo. Por supuesto, fue el tema con mayor repercusión en la carrera de Cabrel. Su magia, desde entonces, es universal.

Dos minutos y cuarenta y dos segundos de obra de arte bastaron para encabezar el hit parade francés durante cinco semanas consecutivas. En España la estancia en la cima de los éxitos se prolongó catorce días. Quizá fue por la sonoridad de ese bajo que secunda con fervor la guitarra o quizá por esos violines que se apoderan de la melodía a medida que avanza para convertirse finalmente en protagonistas absolutos de esta genialidad. En ella el artista genera sensaciones nada tangibles. No quiere revelarnos todo lo que esconde su mente. Nos da la oportunidad de que nosotros rellenemos los puntos suspensivos con nuestras propias sensaciones, que pongamos parte de nosotros. Una canción para dedicar a alguien con nombre y apellidos.

LETRA

Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán
y hoy soy el guardián de sus sueños de amor
La quiero a morir

Podéis destrozar todo aquello que veis
porque ella de un soplo lo vuelve a crear
como si nada, como si nada
La quiero a morir

Ella borra las horas de cada reloj
me enseña a pintar transparente el dolor
con su sonrisa

Y levanta una torre desde el cielo hasta aquí
y me cose unas alas y me ayuda a subir
a toda prisa, a toda prisa
La quiero a morir

Conoce bien cada guerra
cada herida, cada sed
conoce bien cada guerra
de la vida y del amor también

Me dibuja un paisaje y me lo hace vivir
en un bosque de lápices se apodera de mí
La quiero a morir

Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamás
como un hilo de seda que no puedo soltar
no quiero soltar, no quiero soltar
La quiero a morir

Cuando trepo a sus ojos me enfrento al mar
dos espejos de agua encerrada en cristal
La quiero a morir

Sólo puedo sentarme, solo puedo charlar
sólo puedo enredarme, solo puedo aceptar
ser sólo suyo, sólo suyo
La quiero a morir

Conoce bien cada guerra
cada herida, cada sed
conoce bien cada guerra
de la vida y del amor también

Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán
y hoy soy el guardián de sus sueños de amor
La quiero a morir

Podéis destrozar todo aquello que veis
porque ella de un soplo lo vuelve a crear
como si nada, como si nada
La quiero a morir

VERSIONES

La obra original, bajo el título ‘JE L’AIME À MOURIR’, es, a mi entender, mejor que la que Francis Cabrel grabó en castellano. Además, su letra se corresponde en escasa medida con la difundida para el público hispanoparlante.

SHAKIRA actualizó el tema en 2011, volviéndo a elevarlo hasta el número uno de las listas de éxitos galas. Permaneció en la cima durante siete semanas, superando al original de Cabrel. La colombina ofreció una versión bilingüe –castellano y francés– en sus conciertos en ciudades de habla gala –Francia y Suiza– dentro de la gira que realizó aquel año por Europa.

Una de las interpretaciones más sentimentales fue la que realizó el difunto MANZANITA. A diferencia de la original, su tono es creciente. La voz y la entonación del malagueño es impactante, aunque ya para entonces su salud comenzaba a ser endeble.

El crooner catalán SERGIO DALMA, especializado en reinterpretar clásicos del pop, no desaprovechó la oportunidad de ofrecer su visión de ‘La quiero a morir’. Lo hizo en 2005 con dudoso éxito, en mi opinión.

SERGIO VARGAS acercó ‘La quiero a morir’ al merengue dominicano

Para los que quieran conocer otras revisiones pueden recurrir a las que realizaron Jackito, Alliage, Carole Ferederiks, Marc Antoine, Muchachito, Camilo Sesto, Daniel Betancourt, Quentin Mosimann, Dark Latin Groove (DLG), Giselle, Raphael, Niña Pastori, Jarabe de Palo y Alejandro Sanz, María Carrasco, Nicola di Bari, Joaquín Sabina, Manu Chao, Don Tetto, Conchita, Forraje, Puchero del Hortelano, Gustavo Botero, Pelaos con Salsa o Lenka Filipová-Zamilovaná.

BIOGRAFÍA

FRANCIS CABREL es un baladista, un romántico, un lírico y en esa esfera ha trazado toda su carrera. Nació el 23 de noviembre de 1953 en Astaffort, en el sur de Francia, en el seno de una familia originaria de Italia. Aunque comenzó a componer a los dieciséis años, cuando estaba en el instituto, su debut profesional llegó cuando contaba con dieciocho. Sin embargo, por aquella época tuvo que compaginar la música con otros oficios, como el de dependiente de una zapatería.

Dejó los estudios obnubilado por Bob Dylan, Neil Young y Leonard Cohen, sus tres grandes ídolos. Sus primeros escenarios fueron bares y pubs, por donde dio tumbos como guitarrista del grupo Ray Frank et les Jazzmen, que más tarde pasó a llamarse Les Gaulois.

Transcurrieron varios años hasta que logró emprender una trayectoria en solitario tras presentar varias composiciones de matiz político a un concurso de cantautores celebrado en Toulousse. Allí fue descubierto por un cazatalentos, que se lo llevó a París y lo convirtió en un autor romántico.

Su trabajo discográfico inicial apareció en 1977, titulado ‘Petite Marie’. Pero su primer impacto en las listas llegó en 1979, con la canción ‘Les chemins de traverse’. A continuación publicó ‘Je l’aime à mourir’ y ya nada fue igual. El disco de platino que premió sus ventas cambió su vida. Desde entonces su caminar artístico ha girado en torno a este tema, aunque después compuso otras grandes obras.

elcorreo.com

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