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Georges Moustaki – Le métèque (El extranjero)

2013 mayo 23

El penúltimo símbolo de la canción francesa nos ha dejado. Georges Moustaki ha fallecido en Niza a los 79 años y nos brinda la oportunidad de referirnos a su mejor obra, a su himno, expresión perenne de sentimiento de protesta.

Tuve primera noticia de ‘Le métèque’ en mis tiempos de estudiante de francés en el instituto. Descubrí el tema gracias a una joven profesora que rompía los moldes tradicionales de la enseñanza mediante la utilización de la música contemporánea. Con ella supe qué quería decir el cantautor de origen griego, gran amigo de nuestros Imanol Larzabal y Paco Ibáñez.

El tema es muy hermoso, pero no destacó por su melodía sino por su mensaje. Le métèque’, sin lugar a dudas la canción más popular del francogriego, aunque egipcio de nacimiento, reflexiona sobre la condición de un hombre en tierra extraña, aunque ésta finalmente sea la suya. Mi maestra nos lo tradujo como ‘El extranjero’, aunque matizó que realmente se refería a los foráneos mal vistos. Algo así como los ‘maketos’ de la Euskadi pretérita o los inmigrantes del Tercer Mundo llegados en los tiempos actuales.

‘Le Métèque’ y Moustaki se erigen así en los primeros símbolos de los apátridas, sin raíces, queridos en ninguna parte y siempre sospechosos. Ese personaje extraño venido de lejos que siempre causa resquemor. ¿Qué querrá? ¿Vendrá para quedarse? ¿Se llevará algo? Preguntas habituales de quienes desconfían de todo aquello que no conocen y, sobre todo, controlan.

Pero triunfa el amor, ése que a veces nos lleva lejos y otras nos fija en lugares en los que nunca pensábamos establecernos. ‘Le Métèque’ descubre unos ojos, un cuerpo, una personalidad en forma de mujer. Se lanza a su conquista, sabedor de que nunca podrá cumplir sus promesas. Sobre todo su palabra jamás podrá quedar empeñada en la certeza de que se quedará. No podrá. Está condenado a vagar.

Todo ello disfrazado de una visión vitalista de una existencia que no se amarra a ninguna patria ni a un lenguaje, salvo al de la libertad y al de la fidelidad a su propia personalidad y a la humanidad. Por lo tanto, mezcla de canción de amor y autorretrato sentimental.

Es la composición de un autor ya maduro –Moustaki contaba ya con 34 años cuando la publicó en 1969–, que no logró inicialmente alcanzar la popularidad por la vía de las listas de éxitos o la estadísticas de ventas. Pese a las aperturas conseguidas por el Mayo del 68 parisiense, todavía la canción protesta estaba mal vista incluso en las Galias, circunscribiéndose a los ambientes universitarios o a los círculos de los jóvenes más contestatarios en tiempos en que la libertad era un bien escaso.

Una maravillosa letra que sabíamos de pe a pa los estudiantes de francés de mi instituto, ya allá por finales de los setenta, se sustenta sobre un ritmo intimista y mediterráneo que claramente bebe de las fuentes musicales griegas que heredó Moustaki de sus raíces. De instrumentos de cuerda brota una melodía helena que nos describe los terrenos por los que pisa el extranjero. Así, podemos imaginarnos pequeñas islas de aguas cristalinas, plantaciones de olivos, caminos impracticables y mucho sol estival e inmisericorde en un cielo limpio.

Moustaki encarnaba al extranjero de diccionario, aunque realmente el verdadero ‘maketo’ fue su progenitor, como recordaba cada vez que en un concierto interpretaba su canción franquicia. «A mi padre, a todos los extranjeros y a todas las razas. A todas las personas, famosas o anónimas, que han contribuido a la grandeza de Francia».

‘Le Métèque’ es un himno universal, tal vez la canción más reconocida de Moustaki, un retrato preciso y delicado de melodía contenida y mediterránea.

Es con mi facha de extranjero,
de judío errante y pastor griego
con mis cabellos al azar
y con mis ojos medio abiertos
que hablan de mares y desiertos
y que te invitan a soñar

Es con mis manos de farsante,
de embaucador y de feriante
que en los jardines va a robar
y con mi boca que ha bebido
y que ha besado y que ha mordido
sin apagar su sed jamás.

Es con mi facha de extranjero,
de judío errante y pastor griego,
de vagabundo y de ladrón
y con mi piel que se ha quemado
bajo ese sol y se ha entregado
a los mil juegos del amor

Y con mi pecho que ha sentido
del corazón cada latido
y lo ha sabido hacer callar,
con mi alma enferma que no espera
ni purgatorio que la quiera
para poderla así curar

Es con mi facha de extranjero,
de judío errante y pastor griego
con mis cabellos al azar,
que vengo a ti, mi dulce amiga,
gran manantial en mi fatiga
tus veinte años a buscar
y yo seré, si lo deseas,
príncipe azul con tus ideas

Igual que tú puedo soñar
y detener cada momento,
parar el sol, parar el viento,
vivir aquí la eternidad.
así contigo he de lograr
vivir aquí la eternidad.
igual que tú yo sé soñar

VERSIONES

La también cantautora MARINA ROSSELL realizó un disco con versiones de Moustaki. La catalana, por supuesto, no se olvidó de ‘Le métèque’.

El director de orquesta galo PAUL MAURIAT instrumentalizó el tema.

El italiano ROBERTO FERRI firmó un revisión interesante.

PAUL DARAICHE tampoco se pudo resistir a aportar su visión.

Con ritmo totalmente rumbero la interpreta el español MANUEL MALOU, antiguo componente de Los Golfos.

El carismático rapero JOEY STARR adaptó el tema universal de Moustaki e incluso actuó con él.

Por último, como rareza, la VERSIÓN EN CATELLANO interpretada por el propio Moustaki.

GEORGES MOUSTAKI, bautizado en Alejandría como Yussef Mustacchi, nos ofreció a lo largo de toda su vida la oportunidad de disfrutar de canciones que al encanto propio del idioma francés unían su magistral voz, la magia especial de la música y el mensaje de un hombre polifacético, rodeado de un halo de bohemia.

Tras beber de la misma fuente de inspiración de Georges Brassens y Edith Piaf –dicen que la adopción del nombre de Georges es un homenaje al primero–, desarrolló su propio mundo creativo para hacernos llegar obras como la mencionada ‘Le métèque’, ‘Milord’, ‘Sarah’, ‘Ma solitude’, ‘Il est trop tard’, ‘Ma liberté’, ‘La longue dame brune’, ‘L’homme au coeur blessé’, ‘Il y avait un jardin’, ‘La mer m’a donné’, ‘Le temps de vivre’ o ‘Joseph’.

El hecho de que creció en un ambiente de mezcla de razas y lenguas –su padre hablaba cinco idiomas y su madre seis– diseño su multiculturalidad. Su familia procedía de Corfú, la isla helena a la que el dios del mar Poseidón llevó a su amada tras raptarla. Pero pronto se trasladaron a Egipto, donde estudió en el Liceo francés.

Durante su adolescencia abandonó el amparo de su familia y se trasladó a París. Allí tuvo contacto con Brassens, Piaf, Montand o Barbara, que le animaron a escribir sus propias canciones, que siempre se han dedicado a describir su experiencia vital. Antes fue periodista, camarero y cantante de temas ajenos en locales de la bohemia del momento.

Siempre alejado de las leyes del mercado discográfico y fiel a su estilo, llegó a despreciar muchas de las obras que salían de su mente. De esos escrúpulos se beneficiaron otros artistas como Dalida, Montand, Colette Renard, Michèle Arnaud y Serge Reggiani, que cosecharon grandes éxitos con temas que Moustaki nunca quiso incorporar a su repertorio.

  • julian

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