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Las visiones del bicho raro (un texto repescado)

2018 enero 2

Kevin Martin (The Bug)

 

 

Si organizamos los estilos musicales en uno de esos gráficos con forma de arco iris, con el ambient más atmosférico en uno de los extremos y el metal más desquiciado o el jazz más disonante en el otro, Kevin Martin sería el visionario tozudo que se empeña en cerrar el círculo por la zona oscura, tratando de llenar de sonidos toda esa región imaginaria en la que todavía no hay nada. El músico y productor británico lleva veinticinco años dando forma a híbridos para los que existían pocos precedentes, como un científico obsesionado por engendrar criaturas quiméricas y lanzarlas al mundo: el resultado son extrañas grabaciones para el baile apocalíptico, o incómodas mutaciones del reggae, o paisajes desolados de dureza industrial, todos ellos con rasgos en común como la pasión desbordada por los sonidos graves (muuuuy graves) y el volumen ensordecedor.

La carrera de Martin (quizá más conocido por uno de sus alias, The Bug, el bicho) es una densa maraña de proyectos y colaboraciones: completar su discografía como músico ya serviría de entretenida afición para toda una vida, pero a eso hay que sumarle sus remezclas para artistas como Thom Yorke, Grace Jones, Primal Scream o Beastie Boys, por citar cuatro ejemplos dispares. La trayectoria de nuestro hombre (con su gorra de béisbol, la capucha puesta y el gesto hosco) presenta puntos de contacto con el free jazz, el metal extremo y la música industrial, pero el aglutinante de todo ello siempre ha sido el dub, la versión hipnótica y estupefaciente del reggae jamaicano: en los 70, algunos productores de la isla caribeña se dieron cuenta de que, al prescindir de la pista vocal y añadir efectos de estudio, las canciones se metamorfoseaban y podían prolongarse hasta el infinito. Martin, criado en el post-punk, descubrió el dub poco después de mudarse a Londres a principios de los 90, cuando asistió a una batalla de sound systems, y ya nunca se ha sacudido la fascinación por el concepto mismo y por los bajos que hacen temblar el corazón. En cierto modo, se podría decir que las modas han seguido algunos de los senderos que él exploró: el dubstep comparte buena parte de sus presupuestos y le ha aportado imprevistos compañeros de viaje, aunque la conexión no deja de ser circunstancial y Martin prefiere seguir desafiando las expectativas.

Su nueva referencia como The Bug es un álbum en colaboración con otro visionario, también enamorado de las frecuencias más bajas: Earth es el proyecto instrumental del estadounidense Dylan Carlson, pionero de un rock repetitivo y lento hasta lo tectónico que en los últimos tiempos ha evolucionado hacia una revisión contemplativa de los sonidos americanos. «Son como maestros pintores que exploran un mismo asunto a lo largo del trabajo de su vida», describe a Martin y Carlson el sello Ninja Tune, que edita el disco. Snakes vs Rats ha servido como tema de adelanto: debajo del vídeo, vamos a repasar cinco etapas del itinerario artístico de Kevin Martin.

 

 

GOD

Fue su primera banda, «un intento de fusionar noise rock y free jazz», según ha resumido el propio Martin en una entrevista con Los Angeles Times. El resultado se aproximaba mucho al sonido de la no wave neoyorquina y sus secuelas más aventuradas, con una formación que acabó incluyendo a tres bajistas, dos baterías, varios percusionistas africanos, dos guitarristas, tres saxofonistas, un intérprete de viola eléctrica y el propio líder, que «gritaba y tocaba el saxofón». GOD editaron dos álbumes con temas como este, en el que colabora el mismísimo John Zorn, el gran pope de la vanguardia estadounidense.

 

 

Techno Animal

El cómplice más habitual de Kevin Martin es otro personaje peculiar del underground británico: Justin K Broadrick pasó fugazmente por Napalm Death (toca en la primera cara de su debut, el mítico Scum, disco fundacional del grindcore) y es conocido, sobre todo, como líder de Godflesh, quizá la banda que mejor ha entendido las posibilidades de alear el metal con la música industrial. Broadrick aparecía ya en el segundo disco de GOD y ha puesto en marcha varios proyectos junto a su amigo Martin, como Ice, Curse Of The Golden Vampire, The Sidewinder o los más exitosos, Techno Animal, una bestia biomecánica que se alimentaba de ambient, ritmos industriales, hip hop y, cómo no, mucho dub.

 

 

 

The Bug

Durante mucho tiempo, Kevin Martin no prestó atención al dancehall electrónico jamaicano, centrado como estaba en sonidos más añejos y menos acuciantes. «Yo era un gilipollas del reggae, un estúpido esnob blanco que pensaba que el dub era el único reggae guay y que otras cosas eran mierda por definición. Me costó un poco sintonizar los oídos con el ragga y el dancehall digital», ha explicado a Bomb. Eso sí, su conversión al estilo derivó en una chifladura que le llevó a crear en 1997 The Bug, que viene a ser su visión personal y contaminada del dancehall, en la que cuenta con la colaboración de varios vocalistas.

 

 

King Midas Sound

En activo desde 2007, este proyecto junto a los cantantes Roger Robinson y Kiki Hitomi suele destacar dentro de la producción de Kevin Martin por su sutileza, un valor que no se puede predicar muy a menudo de nuestro protagonista. King Midas Sound se ha descrito como una variante gélida y tecnificada del lovers rock, el reggae romántico influido por el rhythm and blues, aunque algunos de sus lanzamientos más recientes se alejan de esa cómoda etiqueta: en unas ocasiones han escorado hacia el territorio más intimidante y abrasivo de The Bug y en otras, como su colaboración con el austriaco Fennesz, tienden hacia el ambient.

 

 

Recopilaciones

En los años 90, Kevin Martin se encargó de seleccionar el contenido de cuatro recopilatorios de la serie Virgin Ambient, y el resultado fueron discos absorbentes e iluminadores, que incluían algunos de sus proyectos junto a temas de otros artistas afines a sus planteamientos. Isolationism, en concreto, guiaba al oyente en un viaje alucinante por los rincones más oscuros de la música ambiental, donde cabían desde nombres cercanos al rock (Disco Inferno, Labradford, Seefeel…) hasta veteranos de la composición y la improvisación de vanguardia (Paul Schütze, AMM, David Toop…), pasando por el propio compilador y sus colegas bajo distintas máscaras (Scorn, Lull, Final…). Lo ideal es escucharlo a oscuras y, como todo lo de Martin, con el volumen bien alto.

 

 

(publicado originalmente en la revista Musi-K)

elcorreo.com

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