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El hombre de los ochocientos plátanos

2017 marzo 13

Hay discos peligrosos para la salud psíquica, cuya escucha puede derivar con cierta facilidad en obsesión. Y está claro que The Velvet Underground & Nico, el legendario álbum del plátano, es uno de los más temibles: no hay que buscar demasiado para dar con personas atrapadas para siempre en ese universo musical de inflexiones germánicas, engañosa dulzura, sombras morbosas y amor por los extremos. En realidad, uno puede quedarse a vivir dentro de The Velvet Underground & Nico y no le faltará prácticamente de nada, porque el disco viene a ser un botiquín completo de remedios para cuerpo y mente, empezando por Sunday Morning, bálsamo para las resacas del domingo y las tristezas de cualquier otro día, y acabando por European Son, un estupefaciente que nunca deja de hacer efecto. Pero la relación del neoyorquino Mark Satlof con este disco va un poquito más allá de lo habitual: el hombre posee ochocientas copias de la edición original, lo que equivale al 1% de las fabricadas en Estados Unidos en los dos primeros años desde su lanzamiento. Se podría decir que es un coleccionista de disco.

Lo cuenta la NPR en un reportaje para celebrar que, ayer, el álbum cumplió cincuenta años. Satlof, a quien apodan Mr Bananas, es el orgulloso propietario de prensados en mono, versiones promocionales y, por supuesto, todo tipo de portadas alternativas, con plátano y sin plátano, aunque le faltan los carísimos acetatos. «Sí, es algo obsesivo, pero, de alguna manera, cada uno de ellos es una obra de arte de Warhol. Y cada uno es único por el tratamiento que le han dado los anteriores dueños», explica, enamorado de esas huellas, garabatos e incluso boquetes que dan cuenta de la azarosa historia de cada ejemplar. Lo curioso es que, pese a tener en casa cientos de copias de la carpeta original, en la que el plátano se podía pelar, Satlof nunca se ha dado el gusto de quitarle la pegatina a ninguna de ellas. Mi hija, en cambio, sintió la imperiosa necesidad de hacerlo cuando tenía 3 años con la caja Peel Slowly And See, donde se había retomado aquella bonita ocurrencia bananera: esperemos que, al menos, eso le haya creado un vínculo de por vida con canciones tan maravillosas como esta.

 

elcorreo.com

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