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Cinco de 2015: la lista evadida

2015 diciembre 21

 

Había pensado postergar la publicación de esta lista hasta el día de los Inocentes e incluir en ella a Kendrick Lamar, Father John Misty, Tame Impala, Björk y Sufjan Stevens, porque lo cierto es que la unanimidad ecuménica de este año me tiene aburrido y un poco desengañado. No me cabe ninguna duda de que todos esos discos son buenísimos en lo suyo, pero uno afronta estas recapitulaciones de diciembre con la esperanza de toparse con algo más de variedad, de discrepancia, de sorpresa. En fin, ya se sabe que, al sumar votos de un montón de gente, el gusto individual se diluye en una especie de acuerdo de mínimos, que viene a ser la pulpa generalista. Por suerte, eso no ocurre en la lista evadida, esta charlotada personal en la que selecciono mis cinco álbumes favoritos del año: ya saben, y no haría falta que se lo recordase, que no son los mejores de nada y que a mucha gente probablemente le horroricen, pero han triunfado dentro de mi cabeza y de mi casa. Esta vez aparecen dos nombres españoles (uno es catalán y el otro andaluz), dos británicos (uno norirlandés y el otro… ni idea) y uno estadounidense, y el conjunto escora hacia lo peculiar, lo tristón y lo oscurillo. Abandonen toda alegría aquellos que crucen estas puertas.

 

Noveller – Fantastic Planet. Pocas veces he tenido tan claro en enero uno de los álbumes que iban a aparecer en la lista de diciembre: de hecho, creo que lo supe en cuanto escuché la primera canción. La yanqui Sarah Lipstate, armada con su guitarra y su gloriosa colección de pedales, envuelve al oyente en una esfera de sonido y lo lleva a flotar por el espacio, a sobrevolar geografías imaginarias, a desprenderse de las ataduras físicas y fluir con el cosmos. Llámenme Maharishi Benito si quieren, desprécienme como a un gurú new age, pero lo cierto es que casi nunca había experimentado una sensación tan clara de viaje astral con un disco. Ah, a Noveller la tuvimos en La Ribera, sola ante el peligro.

 

††† – Octagrammaton. Cómo no va a figurar en la lista esta “ofrenda al blasón de las Tres Cruces”. Recuerdo el momento asombroso en el que, picoteando músicas desconocidas por los rincones de Bandcamp, fui absorbido por el Culto de Sombra, es decir, por el dúo barcelonés que forman “el magister mindfucker Víctor S. Dvnkel y el psiconauta coagulatorio Marc O’Callaghan“. Juntos facturan himnos iniciáticos, herméticos, embriagados de ocultismo y negrura, pero a la vez pegadizos en su loca brillantez de pop condenado. Uno acaba canturreando, como si nada, versos del pelo de “tres son las calaveras que se unieron en la Alta Celda. / Triple fue la psique, triple la materia”. Ah, ††† protagonizaron en el ateneo Izar Beltz mis veinte minutos favoritos de música en directo de este año, en un concierto breve y accidentado por motivos policiales, pero de fuerza incontestable. A aquella velada corresponde la “captura fotolumínica” que encabeza el post, tomada por Kelly Schultz.

 

Girls Names – Arms Around A Vision. Me cuenta Spotify que el grupo de Belfast ha sido mi artista más reproducido de este año. Su tercer álbum es un espléndido repertorio de post-punk que logra unir con naturalidad y sin costurones unas cuantas referencias imprescindibles, desde las guitarras de New Order hasta la voz de la escuela Nick Cave, pasando por unos interludios electrónicos que algún día deberían desarrollar más allá de la miniatura. Girls Names concilian el talento para la belleza melódica con el amor por la disonancia, saben ser libres y personales sin romper en ningún momento con el pop y construyen canciones que no se agotan con facilidad.

 

Jessica Curry – Everybody’s Gone To The Rapture. El mundo de los videojuegos me resulta radicalmente ajeno, en buena medida por opción personal: sé que mi tendencia a lo compulsivo me llevaría a dedicarles demasiadas horas si les permitiese entrar en mi vida. Pero tendré que replanteármelo si resulta que entre sus bandas sonoras hay composiciones tan hermosas como esta: el juego en cuestión va sobre un pueblecito británico del que han desaparecido todos los habitantes, y Jessica Curry acompaña el misterioso desarrollo con piezas clásicas inspiradas en el bucolismo inglés. Al escucharlas, en un curioso eco del juego, uno mismo siente cómo se va disolviendo en melancolía y tristeza, sumido en una plácida poetización de la pérdida. Todos los tanatorios del mundo deberían adquirir este disco, y lo digo sin sarcasmo.

 

El Lobo en Tu Puerta – Grabaciones sumergidas 2015. El trío de Chiclana se ha bautizado con el título de una canción de Howlin’ Wolf, y es verdad que el blues constituye la columna vertebral de su sonido. Pero es un blues tan viciado y mutante, tan saturado y salvaje, tan primitivo y sofisticado a la vez, tan hibridado con otros estilos en brutal orgía, que la etiqueta casi deja de ser pertinente a la hora de catalogar al grupo: habrá aficionados al blues canónico que echen a correr ante la acometida bestial y heterodoxa de estos bárbaros del sur, que en cambio entusiasmarán a muchos oyentes que sienten indiferencia hacia el venerable género. ¡A ver si suben pronto a tocar por aquí!

 

Podrían haber entrado perfectamente en la coqueta minilista Radioactivity, Downtown Boys, Dorthia Cottrell, La Luz, The Fall, Torres, Axolotes Mexicanos, Napalm Death o Laura Cannell. Y también me han gustado mucho los discos de Robert Forster, Joanna Gruesome, Pablo Und Destruktion, Courtney Barnett, Jacco Gardner, Warm Soda, Grimes, Tom Brosseau, Eerie Summer, Hierophants, Julieta Venegas, Glaciation, Nicole Sabouné, El Twanguero, High On Fire, Nudozurdo, Eilen Jewell, Sauna Youth, Noun, Tau Cross, Corrina Repp, Arooj Aftab y Gnoomes. Vamos a despedirnos con el vídeo que tan oportunamente acaban de hacer El Lobo en Tu Puerta para Manny Pacquiao, una de esas canciones en las que se imponen por KO.

 

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