Es imposible, por lo menos para un servidor, no sucumbir a los encantos de un bufet de hotel. Me refiero al bufet de los desayunos, con sus tarritos de mermelada, sus bollitos, las tostadas, toda la lencería harinosa y esa ley de la selva; lévantate cuantas veces quieras, hasta hartar. Me miraban las piezas de […]