Ya hablamos del té, de la planta de la que procede, de sus diferentes variedades y preparaciones y, en concreto, del té verde. Ahora toca hablar del té negro. Tiene el mismo origen que el verde sólo que pasa por una fermentación larga de las hojas. Aproximadamente, el 72% de la producción total de té mundial es de esta variedad. Parte de los componentes del té verde desaparecen durante la fermentación, pero el té negro siguen llevando una gran concentración de polifenoles antioxidantes, sobre todo los llamados flavonoides.
Recientemente, Yu-Wen Huang y sus colegas, de la Universidad Rutgers de Piscataway, en Estados Unidos, han estudiado los efectos contra la obesidad del té negro. Han trabajado con ratones de laboratorio a los que han alimentado con dietas pobre y rica en grasas, con el 5% y el 20.7% de aceite de aceite de maíz, durante diez semanas. A las dietas se añade o no, en los controles, el 0.2% de extracto de té negro. Al terminar el experimento, el peso de los ratones que han tomado el extracto de té negro es igual que el de los ratones con la dieta baja en grasas, pero es casi un 40% menor que el de los ratones que han tomado la dieta rica en grasas. También la grasa acumulada disminuye entre un 24% y 46.5%, según la zona del cuerpo, en los animales que han tomado el extracto de té negro.
En parecidas fechas, Carrie Ruxton, de Comunicaciones Nutricionales de Cupar, en Gran Bretaña, publicó una revisión de varios trabajos sobre los efectos en la salud del té negro que habían aparecido entre 2004 y 2009. Como era de esperar, destacó mucho la función que, desde el punto de vista de la salud, tienen los flavonoides como antioxidantes. Resumiendo mucho el trabajo de síntesis de Ruxton, hay que destacar la relación del consumo de té negro con la prevención de enfermedades del corazón. En estudios de laboratorio también se ha demostrado que tienen propiedades anticancerígenas, pero este aspecto hay que probarlo también en estudios clínicos. Algo parecido ocurre en relación con las enfermedades que provocan una disminución de la capacidad cognitiva; algo hay, pero faltan estudios más extensos. Y ya hemos hablado de su efecto en relación con la obesidad. Según Ruxton, para conseguir estos efectos beneficiosos se deben consumir entre una y ocho tazas de té al día (cinco a seis de esas tazas grandes con asa).
*Huang, Y.-W., Y. Liu, S. Dushenkiv, C.-T. Ho & M.-T. Huang. 2009. Anti-obesity effects of epigallocatechin-3-gallate, orange peel extract, black tea extract, caffeine and their combinations in a mouse model. Journal of Functional Foods doi:10.1016/j.jff.2009.06.002
*Ruxton, C.H.S. 2009. The health effects of black tea and flavonoids. Nutrition & Food Science 39: 283-294.
*Sharangi, A.B. 2009. Medicinal and therapeutic potentialities of tea (Camellia sinensis L.) – A review.Food Research International 42: 529-535.