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	<title>Muerte | La biología estupenda - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Por Eduardo Angulo</description>
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		<title>Muerte | La biología estupenda - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jan 2008 15:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Angulo Pinedo</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Lo que se siente antes de la muerte es una pregunta a la que nadie ha respondido  por experiencia personal. Pero qué encontramos en el cerebro justo después de la  muerte sí es una incógnita con una respuesta posible. Los componentes del <a href="http://www.psicoactiva.com/atlas/limbic.htm">sistema límbico</a>, sobre  todo la amígdala y el hipocampo, el tálamo, el cuerpo estriado, el <em>locus  ceruleus</em> y la corteza son partes del cerebro que intervienen en la  activación de funciones relacionadas con las emociones. Es en esas áreas del  cerebro donde se deben buscar cambios en la concentración de <a href="http://guiasdeneuro.com.ar/neurotrans.htm">neurotransmisores </a>en  respuesta a los estímulos que se procesan justo antes de la muerte. En suicidas  se han encontrado niveles bajos de <a href="http://www.conacyt.mx/comunicacion/revista/199/Articulos/LaSerotonina/Laserotonina01.htm">serotonina  </a>y de compuestos resultado del metabolismo de este neurotransmisor, sobre  todo en el cerebro medio. Hay pocos datos publicados, pero también se han podido  diagnosticar <em>post-mortem</em> algunas enfermedades mentales, como la <a href="http://www.psicologia-online.com/colaboradores/esther/esquizofrenia1/index.shtml">esquizofrenia</a>,  por la presencia de determinados compuestos en el cerebro.<br>
Sin embargo, no  hay estudios sobre estados emocionales intensos y de corta duración, como el  miedo, justo antes de la muerte y detectados por la presencia de  neurotransmisores y de sus metabolitos. La concentración de estos compuestos en  el cerebro “detenido” después de la muerte quizá ayude a comprender el estado  emocional del difunto. Por ejemplo, si la víctima de un crimen violento fue  consciente de que estaba en peligro su vida, se puede esperar encontrar algún  tipo de “huella dactilar” bioquímica en su cerebro que delate esa situación de  profundo estrés justo antes de morir.<br>
Uno de los neurotransmisores más  importantes ligados a la activación de las emociones es el <a href="http://www.memantine.com/es/estudios/datos_preclinicos/papel_del_glutamato/">glutamato</a>.  En uno de los escasos trabajos de carácter científico sobre la muerte, publicado  por el grupo de R. Hauser, de la Universidad Médica de Gdansk, en Polonia, se  mide la concentración de glutamato en el cerebro de ratas, estresadas o en  absoluta calma, y a continuación sacrificadas. La concentración de glutamato es  mucho más alta en las ratas estresadas. Los autores concluyen que la  concentración de este neurotransmisor puede diagnosticar <em>post-mortem</em> el  estado emocional <em>ante-mortem</em> del individuo implicado. El mismo equipo  de investigación también propone que, como pasa en las hormigas con la secreción  de <a href="http://webbook.nist.gov/cgi/cbook.cgi?ID=C2027476&amp;Units=SI">ácido  oleico </a>que actua como <a href="http://enciclopedia.us.es/index.php/Feromona">feromona </a>de que un  individuo ha muerto, en la especie humana también pueden secretarse mensajeros  con el mismo fin.<br>
Sin embargo, la muerte puede provocar respuestas  insospechadas en los moribundos. El <em>New York Times</em> del 15 de enero de  2000 informó de que los hospitales de la ciudad registraron un asombroso 50,8%  más de defunciones la primera semana de enero que la última de diciembre de  1999. El periódico sugiere que el hecho se debe al firme propósito de los  moribundos de retrasar su muerte y, de esa manera, conseguir vivir el nuevo  milenio (o eso creían, discusiones aparte de cuándo comenzaba realmente el siglo  XXI).<br>
Wojciech Kopczuk y Joel Slemrod, de la Oficina Nacional de  Investigación Económica, de Cambridge, Massachusetts, se preguntaron, a raíz de  esta noticia, si el momento de la muerte puede ser, de alguna manera, una  decisión consciente y, más en concreto, si esta decisión se puede basar en  razones económicas. Para verificar la hipótesis, Kopczuk y Slemrod estudiaron,  en las bases de datos de la Hacienda de Estados Unidos, la fecha de la muerte y  su relación con el pago de impuestos y los cambios de legislación que suponían  que vivir algo más o algo menos afectaba a la cantidad a abonar al fisco. Los  autores concluyen que, en primer lugar, hay personas que sobreviven, aunque sea  sólo un poco más, si con ello enriquecen a sus herederos. En segundo lugar, es  posible que por motivos económicos quizá no se retrase la muerte sino, más bien,  la fecha oficial de inscripción de la muerte en los registros. Y, finalmente,  afirman que lo que encuentran es retraso en la fecha de la muerte, nunca  adelanto, y sugieren que quizá tras ello se esconde, aunque sea parcialmente,  una decisión de lucha contra la muerte.<br>
Si el no pagar impuestos consigue que  nos empeñemos en no morir, qué no se podrá conseguir con el sexo. George Davey  Smith y su equipo, de la Universidad de Bristol, estudiaron la relación entre el  sexo y la muerte, relación tan querida y debatida por sabios y poetas desde la  más remota antigüedad. Lo hicieron a partir de los datos de 918 hombres de la  aldea de <a href="http://www.caerphilly.gov.uk/home/index.htm">Caerphilly</a>,  en el sur de Gales, y encontraron que la mortalidad era un 50% menor en el grupo  con mayor frecuencia de orgasmos, siempre según sus propias declaraciones.  Tengan en cuenta los lectores que una frecuencia alta de orgasmos es de dos o  más por semana, y una frecuencia baja es menos de uno al mes. Analícen ustedes  su propia conducta, y pongan remedio si les apetece.</p>
<p>*Changeux, J.-P.  1985. <em><a href="http://www.iberlibro.com/">El hombre neuronal</a></em>.  Espasa Calpe. Madrid. 366 pp.<br>
*Gos, T. &amp; R. Hauser. 1996. Evaluation of  the emotional state shortly before death – science fiction or a new challenge?  <em>International Journal of Legal Medicine</em> 108: 327-328.<br>
*Hauser, R.,  T. Gos, M. Krzyzanoswki &amp; E. Goyke. 1999. The concentration of glutamate in  cerebral tissue as a factor for the assessment of the emotional state before  death. A preliminary report. <em>International Journal of Legal Medicine</em>  112: 184-187.<br>
*Hauser, R., M. Wiergowski, T. Gos, M. Marczak, B. Karaszewski  &amp; L. Wodniak-Ochocinska. 2005. Alarm pheromones as an exponent of emotional  state shortly before death – Science fiction or a new challenge? <em>Forensic  Science International</em> 155: 226-230.<br>
*Hershey, Jr., R.D. 2000. <a href="http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9C05E5D9103AF936A25752C0A9669C8B63&amp;sec=&amp;spon=&amp;pagewanted=print">Rise  in death rate </a>after New Year is tied to the will to see 2000. <em>The New  York Times</em> January 15.<br>
*Hölldobler, B. &amp; E.O. Wilson. 1996. <a href="http://www.iberlibro.com/">Viaje a las hormigas</a>. Crítica. Barcelona.  216 pp.<br>
*Kopczuk, W. &amp; J. Slemrod. 2001. Dying to save taxes: evidence  from estate tax returns on the death elasticity. <em>NBER Working Paper  Series</em> 8158. 30 pp. <a href="http://www.nber.org/papers/w8158">http://www.nber.org/papers/w8158</a><br>
*Smith,  G.D., S. Frankel &amp; J. Yarnell. 1997. <a href="http://www.bmj.com/cgi/content/full/315/7123/1641">Sex and death: are they  related</a>? Findings from the Caerphilly cohort study. <em>British Medical  Journal</em> 315: 1641-1644. </p>
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