Para pensar:
“Tomar los avances científico-tecnológicos como el mal o la causa que nos conduce a la catástrofe de nuestra especie es según mi punto de vista un error”, me reprocha un lector.
Pero yo no digo eso. Digo que hacer eso sin alguna referencia ética absoluta (incondicional), nos pierde como civilización, y a mi juicio, muchas veces, lo hacemos en la política y tambien en la ciencia. Esta es la discusión
Otro me dice, “El progreso es por definición progreso”. Yo le digo, “no, no es cierto, puede ser retroceso; no lo sabemos previamente y desde su lógica científica”; necesitamos saber de la dignidad humana integral, en comunidad de vida con todo lo creado, y discernirlo éticamente. Otra vez la ética.
Nunca desde fuera y aparte; siempre desde dentro, como compañía en la interdisciplinariedad de los saberes; una ciencia humana más, que acompaña a todas ellas, con la pregunta, ¿qué es de lo humano, de la dignidad humana de todos, y especialmente de los más débiles, en esta conquista científico-técnica, y, por tanto, progreso? Esto es lo que os pregunto. Y ella añade, “y ayudadme a desvelar mejor qué es esa dignidad”. Es un diálogo crítico y una compañía.
El problema aañadido, hoy, se refiere a cómo fundamentar esa ética de lo humano incondicional, (la dignidad), y compartirla todos, y respecto de todo lo creado, y hacerlo sin un fundamento absoluto como algún “Dios”. Esta es la discusión filosófica contemporánea, en plena crisis, que, a mi juicio, y a la medida de los humanos, puede responderse por una ética laica, (y no sólo por la religiosa, desde la fe), y que sectores de la teología católica, la mayoría, consideran que no.
Y dan, entonces, un paso más: se necesita de Dios y del Dios de Jesucristo; aquí está su Iglesia para hacerlo. Creo que es un abuso epistemológico. Y se presta al abuso real.
Pero no hay que despreciarlo en términos de “fundamentalismo”, sino tratarlo en términos argumentados. Mostrar lo que dice la fe, como fe, y lo que alcanza la razón, como razón, y sumar sabiduría, sin sustituirse ni evitarse. Paz y bien.