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José Luis Bilbao, en el reino de Heidi

  

He podido leer que el Diputado General de Bizkaia, José Luis Bilbao, ha manifestado su envidia por los escoceses, en relación al reconocimiento británico de su derecho a decidir; obviamente, por no ser este el caso de los vascos en España.

 

           Como lo comprendo casi todo y estamos acostumbrados a la grandilocuencia de este político, no le he dado mayor importancia. Además, en la mente de un nacionalista, es lógico que este sea un querer prioritario en su vida pública, por no decir el primero. Más aún, aunque me moleste reconocerlo, este es su sueño primordial en toda circunstancia.

           ¿Por qué me molesta reconocerlo? Tiene que estar uno a cubierto de muchas contingencias en la vida para –en plena crisis y con necesidades de primer orden sin cubrir en muchos vascos que me rodean y con los que hago vida- el político último y más responsable de atender a esa gente en Bizkaia, vuelva al derecho a decidir como una preocupación de primer orden en su vida.

 

           Me molesta mucho la gente que en esas posiciones de poder –y reclamando lo que es legítimo- no añade una y mil veces que le preocupa y da envidia ¡antes y más! terminar justamente con la exclusión de los más vulnerables. Hay vascos que están  al límite, que solo la solidaridad de gente cercana los lleva hasta fin de mes, que no pueden adquirir ni lo imprescindible para los niños… hablo de calefacción, hablo de material escolar, hablo de ropa, hablo de una ayuda extraescolar, hablo de gafas… hablo de lo más elemental… Pero estos politicos siguen en su máxima responsabilidad, envidiando el derecho a decidir. Yo me moriría recortando ayudas sociales de emergencia, y dándole a la karraka política.

 

           Y voy a ser duro en este post en un blog perdido, donde solo algunos amigos llegarán hasta aquí. Si algo reprocho a las asociaciones de víctimas del terrorismo, es que no han dicho una palabra de denuncia y solidaridad con nadie que no sea su causa. Yo les expreso la mía sin reservas morales ni políticas. No considero la ideología política para respaldar su derecho a memoria, dignidad y justicia de forma inequívoca y plena. Pero eso de que en la vida social, laboral y política de este país, cada grupo maltratado se junte para defender su causa en justicia, y corte de manera absoluta con cualquier reconocimiento de causa ajena, me duele.

 

           Ya sé que lo de las víctimas es distinto a todo lo demás -porque como escribe muy bien Savater- lo son por causa del terrorismo contra sus personas y su libertad, y no de una injusticia de la democracia. Pero defiendo que todos los grupos sociales están obligados a reconocer y denunciar que aceptan como propio el sufrimiento de los más vulnerables a manos de cualquier injusticia social; venga esta inequidad de las personas, venga de las estructuras más infumables; y que reclaman justicia elemental para esas causas. Es que, si no, hay un punto de egoísmo extremo en la defensa de cada causa social justa, y ya no es lo mismo. La credibilidad también se quiebra por aquí.

 

           Pero yo hablaba del político José Luis Bilbao, – y otros tantos en la política y en las responsabilidades sociales- que viven en el mundo particular de  Marco y Heidi, socapa de coherencia nacionalista (o religiosa) o de la ideología que sea.

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