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Carlos Benito

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Pro-Doherty

 

Las estrellas del rock ya no son lo que eran. En los sesenta y los setenta se dedicaban a devastar habitaciones de hotel, exhibirse con groupies y cultivar todos los vicios de manera casi heroica, pero hoy en día llevan vida de ejecutivos y, a algunos, incluso les proponen para el Nobel de la Paz. Parece que el único que se toma en serio lo del sexo, las drogas y el rock and roll es Pete Doherty, ya saben, ese chico con cara de botarate alucinado que sale más en las páginas de sucesos que en las de cultura. ¿Se han parado a pensar qué vida más rara debe de llevar? Yo creo que se le ha quedado esa mirada de pez de tanto fluctuar entre ambiente y ambiente, del rockerío al modelaje, del lumpen a la jet, del calabozo a la entrega de premios, hasta el punto de que él mismo no parece saber a qué atenerse. Mi historia favorita de Doherty es la de la fiesta que organizó en su piso nuevo la pasada Nochevieja: cobró diez libras a cada asistente, les vendó los ojos para llevarlos al sarao y les requisó los móviles, las cámaras y… ¡los zapatos! Y lo mejor es que, a muchos, todavía no se los ha devuelto. En su cabeza, todo eso es lógico.

Lo que pasa con Doherty es que, de tanto verlo en fotos policiales con alguna lesión facial, nos estamos olvidando de que es músico. Me consta que algún compañero bloguero tiene archivado el concierto de los Libertines en el Azkena de Bilbao como uno de los mejores que ha visto en su vida. Yo no llego a tanto, pero la verdad es que fue divertidísimo: los tipos, con todo el aspecto de estar radicalmente borrachos, lograron mantener el inestable equilibrio de su actuación -y de sus cuerpos- sin que todo se desbaratase. Eso tuvo mucho mérito. Los dos álbumes de los Libertines, tan distintos el uno del otro, me parecen excelentes, y ahora estoy escuchando un acústico de Doherty (supuestamente descargable en formato torrent de su página oficial, aunque a mí no me funciona y lo he tenido que buscar por ahí) que recuerda a malditos mucho más ilustres, como Alex Chilton o Johnny Thunders. Ya saben, gente frágil y politoxicómana. Lo que no acabo de entender es por qué Doherty, en vez de rodearse de la aureola oscura de estos mitos del rock, mueve más bien a mofa.

Por Carlos Benito

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marzo 2006
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