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	<title>Un regalo para Magonia | Divergencias - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Por César Coca</description>
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		<title>Un regalo para Magonia | Divergencias - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Nov 2005 18:20:34 +0000</pubDate>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><img src="/divergencias/files/Aguillo_03.jpg"></p>
<p><font size="2"><span style="font-family: arial;">Estoy disfrutando leyendo al Gobernador de <a href="http://blogs.elcorreo.com/magonia">Magonia</a><br>
y a sus detractores a cuenta de lo ‘Cuarto milenio’ y el pueblo maldito<br>
de Ochate. Conozco ese lugar y allí he vivido un momento cumbre del<br>
absurdo que paso a regalar a lectores de Gámez.</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">Hace unos quince años, un sábado por<br>
la noche, me mandaron a hacer el típico reportaje simpático sobre un<br>
akelarre que habían montado en el pueblo de Aguillo, al lado de Ochate,<br>
el de las ruinas malditas y el ovni de Treviño. Cuando llegué a la<br>
aldea con mi boli y mi libretica corrí a buscar a los organizadores de<br>
aquella historia y me llevaron a la casa del alcalde. En una especie de<br>
txoko estaban terminando de cenar el primer edil, el famoso Prudencio<br>
Muguruza y el ‘fakir Kirman’. Sí, me lo presentaron como el ‘fakir<br>
Kirman’. Prudencio Muguruza, que estuvo realmente amable, no paraba de<br>
hablar de energía, de una noche única, de que puede pasar de todo, de<br>
que igual vemos otro ovni, etc… En cuanto al hombre que me<br>
presentaron como ‘fakir Kirman’, era un catalán que se fumó uno de los<br>
puritos que yo llevaba mientras se bebía el pacharán casero del alcalde<br>
y comía leche frita empapada en canela. Me empezó a hablar de lo bien<br>
que se llevan vascos y catalanes pero cuando se acabó el purito se<br>
calló para seguir comiendo y bebiendo.</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">Del alcalde he olvidado el nombre<br>
pero no su cara de susto. Me pareció una buena persona a la que habían<br>
convencido para organizar aquello y de repente descubre que nada es<br>
como le habían contado. Lo cierto es que me miraba sin ninguna<br>
confianza. Más que mirarme me vigilaba. Creo que pensaba algo así: «Si<br>
un periodista viene hasta el pueblo, algo de serio tiene que tener<br>
esto. Pero igual es una astracanada, como imagino que va a ser después<br>
de lo que he oído en la cena, y seguro que el tío va y lo larga en el<br>
periódico. Aunque puede ser peor. Si el tío también se cree estas<br>
historias de energía y esas gansadas, vamos dados». .</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">Entonces nos llevaron al prado donde<br>
se iba a celebrar el akelarre. Era una noche oscura y para iluminar el<br>
camino, que atravesaba barrancas y bosques, habían colocado una<br>
interminable hilera de camping gas. La verdad es que la campa estaba<br>
llena de gente. Había muchos vecinos de la comarca, bien provistos de<br>
botellas de vino, y unos seres muy extraños. Iban vestidos con túnicas<br>
blancas y nos miraban como si fuésemos unos ignorantes, unos profanos<br>
incultos. Se me olvidaba algo muy importante. Había que pagar entrada.<br>
Si no aflojabas la pasta, no podías usar la senda iluminada, algo que<br>
aquella noche cerrada no parecía muy recomendable. </span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">Nada más empezar la actuación, el<br>
‘fakir Kirman’ se subió a un escenario vestido con una túnica negra y<br>
empezó a recitar una especie de conjuro. Entre sus manos sujetaba una<br>
espada toledana y a sus pies tenía un enorme caldero de estaño.<br>
Mientras soltaba su letanía no paraba de meter y sacar la espada del<br>
caldero. Luego explicó, para los que todavía no lo habían entendido,<br>
que se trataba de un rito de fertilidad. Recuerdo que a mi lado había<br>
un hombre que gritó: «¡Esta noche se van a quedar embarazadas hasta las<br>
piedras¡».</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">El evento continuó con unas extrañas<br>
danzas de los individuos de las túnicas y con algunas exhibiciones del<br>
fakir Kirman, que se dedicaba a hacer esos números de hipnotismo en los<br>
que uno piensa que el hipnotizador y su presunta víctima se conocen<br>
desde el colegio. Entre el público empezaba a hacer efecto el alcohol y<br>
más que un akelarre, aquello parecía un botellón. </span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">Entonces pasaron cosas. A eso de la<br>
una de la madrugada empezaron a escucharse unos aullidos tenues, una<br>
especie de gemidos lejanos que surgían del escenario. Nos acercamos a<br>
ver qué ocurría y entonces vimos a una pareja que se había escondido<br>
debajo del escenario y se dedicaba a sus intimidades. Escuché como ella<br>
le preguntaba a su compañero: «¿Seguro que no no ve nadie?»</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">Eso no fue todo. A la hora de<br>
marcharse comenzaron los problemas. Habían robado todos los camping gas<br>
que iluminaban el camino así que no había manera de encontrar la senda<br>
de regreso. La gente – convenientemente calentada por la<br>
bebida- andaba sin rumbo por el monte, intentando iluminarse con<br>
mecheros mientras no paraban de escucharse gritos de auxilio y el<br>
sonido de personas rodando por el suelo o rompiéndose el tobillo. Yo<br>
también me caí un par ce veces ante de volver al pueblo. Nada más<br>
llegar  me encontré con el alcalde.</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">– «¿Has visto el caldero?», me preguntó con cara de malas pulgas.</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">– «Sí, en el escenario».</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">– «No, joder. Después del rito. Es que era de mi familia y me lo han robado».</span><br style="font-family: arial;"><br style="font-family: arial;"><span style="font-family: arial;">No, no lo había visto. Me largué a<br>
toda prisa de allí. Años más tarde, Iker Jiménez escribió un libro<br>
sobre el pueblo maldito. No se si habló del momento en el que los ovnis<br>
abdujeron el caldero y los camping gas.</span></font></p>
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