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	<title>Aletheiamundial &#8211; Aletheia</title>
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		<title>El hombre que bendijo las bombas atómicas</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 09:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Continuando con el post anterior, hoy es el 65º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki. Se ha contado mil y una veces lo que sucedió con ‘Fat Man’, el hermano mayor de ‘Little boy’, el ‘Muchachito’ que había arrasado tres días antes Hiroshima. ‘El Gordo’ tenía una potencia muy superior y acabó con la vida de 70.000 personas. Sin embargo, es menos conocido que el piloto del ‘Bockscar’, el B-29 que transportó el artilugio, era un católico llamado Charles W. Sweeney. Lo importante de esta historia no está en el propio Sweeney, que, como la mayoría de sus colegas, no mostró a lo largo de su vida dudas sobre su acción, sino en el sacerdote del Grupo 509, el de la bomba atómica.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">George Zabelka tenía por entonces treinta años. Como tantos otros, este joven idealista de origen austriaco se había alistado dos años antes ansioso por demostrar que podía contribuir a la defensa de los Estados Unidos. Su misión no era combatir, sino cubrir las necesidades espirituales del mencionado Grupo 509, la unidad creada en 1944 con la única misión de lanzar las bombas atómicas sobre Japón.  Como gran parte de los religiosos integrantes de las fuerzas armadas, Zabelka no veía ningún dilema moral en que un sacerdote animara al combate. Sus superiores no tenían la más mínima duda al respecto. De hecho, en una multitudinaria misa oficiada hacia el final de la guerra a la que acudió el joven capellán, el cardenal arzobispo de Nueva York, Francis Spellman, había insistido en la necesidad de continuar luchando por la libertad y la justicia. Se trataba de una ‘guerra justa’. “Es cierto, se dedicaban a matar y combatir, pero eso no me impresionaba. Yo creía que estaba perfectamente bien”, decía por entonces el padre Zabelka.</p>
<p><strong>Peregrinación a Japón</strong></p>
<p>Las convicciones del sacerdote comenzaron a tambalearse cuando supo que Nagasaki era una ciudad mayoritariamente católica. De hecho, tenía su propia catedral, la catedral de Urakami, que quedó reducida a cenizas por la explosión. Sweeney, ‘su’ piloto católico, habían matado a miles de correligionarios. Después del ataque, Zabelka pudo hablar con los supervivientes y visitar los hospitales donde agonizaban niños inocentes. “Muchos de ellos permanecían en silencio, callados por completo, sin moverse, muriendo”, observó consternado. En lugar de regresar a Estados Unidos, el atormentado sacerdote decidió quedarse en el norte de Japón trabajando como capellán. Cuando finalmente regresó a casa, nadie quería hablar de la guerra. Las atrocidades cometidas en Corea y Vietnam y el ejemplo de Martin Luther King, con el que colaboró en la lucha por los derechos civiles, le convencieron todavía más de su error. Su fe cristiana era incompatible con la guerra. Fue entonces cuando el hombre que bendijo las bombas atómicas se convirtió en un ferviente pacifista.</p>
<p>George Zabelka no fue el único hombre que se arrepintió por su participación en los bombardeos nucleares sobre Japón. Ahí están los casos mencionados en el post anterior del propio Oppenheimer, Joseph Rotblat o Leó Szilárd, pero ninguno de ellos cargaba con la responsabilidad moral de haber bendecido las bombas.</p>
<p>En 1984, el padre Zabelka viajó a Japón para hacer una peregrinación desde Tokyo a Hiroshima. El hombre que bendijo las bombas volvía para pedir perdón a los &#8216;hibakushas&#8217;, los japoneses supervivientes de los bombardeos nucleares. Durante la guerra, ni uno solo de sus sermones había condenado la muerte de civiles en los raids aéreos impulsados por los altos mandos estadounidenses. Cuarenta años después pedía perdón &#8220;por mí, por mi país y por mi iglesia&#8221;.</p>
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</div>
<div>P.D. La versión impresa de este post, con alguna pequeña diferencia, puede verse <A href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100808/mundo/bendicion-bomba-atomica-20100808.html" title="http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100808/mundo/bendicion-bomba-atomica-20100808.html" id="link_0">aquí</a> </p>
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		<title>El general de cinco estrellas que acabó en &#8230; una empresa de relojes</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 09:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Cualquier aficionado a la II Guerra Mundial sabe que los libros sobre la misma están plagados de historias de las grandes batallas, de acciones heroicas, de operaciones fallidas, de barbaridades sin nombre, de rivalidades incomprensibles&#8230;, de historias que, en definitiva, inflaman la imaginación del lector. Pero hay otras, más prosaicas, que no aparecen tan a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier aficionado a la II Guerra Mundial sabe que los libros sobre la misma están plagados de historias de las grandes batallas, de acciones heroicas, de operaciones fallidas, de barbaridades sin nombre, de rivalidades incomprensibles&#8230;, de historias que, en definitiva, inflaman la imaginación del lector. Pero hay otras, más prosaicas, que no aparecen tan a menudo en los libros de historia y son, cuanto menos, de lo más llamativas.  Aquí van algunos ejemplos. </p>
<p>Es bien sabido que Eisenhower, tras la guerra, fue presidente de Estados Unidos entre 1953 y 1961, pero no tanto que justo antes, entre 1948 y 1952, lo fue también de la prestigiosa Universidad de Columbia. De Bedell Smith se sabe que fue el jefe de Estado Mayor de Eisenhower y su brazo ejecutor, pero se tiende a olvidar su papel como embajador en la Unión Soviética entre 1946 y 1948 o su condición de director de la CIA entre 1950 y 1953. De Patton son bien conocidos su incontinencia verbal y sus enfrentamientos con Montgomery, pero no tanto su papel en una campaña de castigo en 1916 contra Pancho Villa o su participación en los juegos Olímpicos de 1912 (quedó, por cierto, quinto en pentatlón) ; de MacArthur se conoce su papel en la guerra del Pacífico o sus años como gobernador en Japón tras la guerra, pero no tanto que había sido el presidente del Comité Olímpico estadounidense durante los Juegos de 1928.</p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">Pero para curioso, el caso de Omar Bradley, el jefe de las tropas estadounidenses de tierra en el desembarco de Normandía, presidente del Estado Mayor Conjunto en 1950&#8230; De su prestigio habla un dato: se trata del último hombre en alcanzar el grado de general de cinco estrellas en la ejército estadounidense (antes sólo lo habían logrado George Marshall, Eisenhower, MacArthur y Henry Arnold). Pues bien, el caso es que este general de cinco estrellas acabó como presidente de&#8230; una empresa de relojes. Entre 1958 y 1971 fue el máximo dirigente de ‘Bulova’, una marca estadounidense no muy conocida ahora, pero que fue la primera en poner el mercado el reloj electrónico de pulsera. Otra muestra de su potencial es que su tecnología fue utilizada por la NASA en la carrera espacial. De hecho, la empresa de Bradley luchó con Omega por el honor de dotar a los astronautas del Apolo XI -el viaje de Armstrong, Aldrin y Collins a la Luna- de sus relojes de muñeca. </p>
<p>En 1970, Bradley participó como asesor en la famosa película ‘Patton’ , en la que presentaba a su amigo como un general tan agresivo y temible para el enemigo como difícil de manejar e incapaz de huir de la polémica para el amigo. Resulta difícil concebir este tipo de anécdotas si sólo hacemos caso de las batallas, heroicidades -reales o supuestas-, discursos grandilocuentes&#8230;, pero están ahí. Sólo hay que buscarlas.</p>
<p> P.D. Para quien le interese, la batalla de los relojes de la Luna la ganó Omega. </p>
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		<title>La historia de las 2.000 prostitutas negras que trabajaron para General Motors</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 09:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[Quien piense que este post va de sexo, tranquilamente puede dejar de leerlo. Siento la decepción, pero no tiene nada que ver con asuntos carnales. Eso sí, de hacerlo, se perderá una increíble historia: la de dos mil prostitutas negras que fueron contratadas por General Motors ¡para construir miras electrónicas destinadas a los bombarderos de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quien piense que este post va de sexo, tranquilamente puede dejar de leerlo. Siento la decepción, pero no tiene nada que ver con asuntos carnales. Eso sí, de hacerlo, se perderá una increíble historia: la de dos mil prostitutas negras que fueron contratadas por General Motors ¡para construir miras electrónicas destinadas a los bombarderos de la II Guerra Mundial!</p>
<p>Para entender cómo pudo suceder un hecho tan sorprendente, hay que dar unos pasos atrás. General Motors era ya por entonces el principal fabricante de automóviles del mundo. De la mano de su legendario presidente, <strong>Alfred P. Sloan</strong>, había logrado lo que parecía imposible: derrocar a la todopoderosa Ford, que llegó a monopolizar el mercado de los coches gracias al Ford T. El caso es que cuando estalló la II Guerra Mundial, el gobierno estadounidense pidió a GM que colaborara en el esfuerzo de guerra. Y lo hizo. Vaya que si lo hizo. Según cuenta Sloan en ‘Mis años en la General Motors’, el valor de los producido por su empresa en estos años ascendió ¡a 12 billones de dólares! También permitió que su presidente, William S. Knudsen, abandonase la empresa para planificar la producción de guerra del gobierno. El esfuerzo fue tal, que entre febrero de 1942 y septiembre de 1945 la empresa no fabricó ningún automóvil. Y para lo que aquí interesa, 113.000 de sus empleados -llegó a tener más de 600.000- fueron llamados a filas durante este tiempo.</p>
<p>Es en estas circunstancias cuando <strong>Nick Dreystadt</strong>, el director de Cadillac (la división de lujo de General Motors) decidió aceptar el reto que les planteó el gobierno estadounidense. Deberían fabricar las primeras miras electrónicas que utilizarían los bombarderos en la guerra en curso. La dirección de GM se oponía a ello. En ese momento no había en Detroit, sede de esta división, mano de obra disponible y menos todavía con ese nivel de cualificación. Sin embargo, Dreystadt insistió: “Hay que hacerlo, y si no podemos hacerlo en Cadillac, ¿quién podrá?”.</p>
<p>La decisión de Dreystadt causó sensación. Las lenguas viperinas dijeron que había instalado en Cadillac “<strong>un barrio de luces rojas”</strong>. A él, que años atrás se había ganado la admiración de Sloan al salvar Cadillac con la ayuda de los clientes negros (Peter Drucker cuenta en sus memorias que en una reunión en la que se discutía la desaparición de esta división por sus malos resultados, un joven y desconocido Dreystadt pidió diez minutos para explicar su plan de viabilidad. Éste pasaba por potenciar la venta de estos lujosos coches entre los negros ricos, que lo habían adoptado como símbolo de estatus. Una vez terminó su alocución, un alto ejecutivo le espetó que de fracasar, sería despedido. Entonces intervino Sloan, que dijo lo siguiente: “Señor Dreystadt, si usted fracasa, no tendrá trabajo en Cadillac. Cadillac no existirá. Pero mientras yo dirija General Motors, siempre habrá trabajo para un hombre que asuma responsabilidades, que tiene iniciativa, que posee coraje e imaginación. <strong>Señor Dreystadt, usted ocúpese del futuro de Cadillac. Yo me ocuparé de su futuro en General Motors</strong>.” Sloan había hablado y no había más que decir. Volvamos a la narración principal) no le hacía ninguna gracia: “Estas mujeres son nuestras compañeras de trabajo. Trabajan bien, y nosotros respetamos su labor. Sea cual fuere su pasado, tienen derecho al mismo respeto que dispensamos a todos nuestros colaboradores”.</p>
<p>Dreystadt, acusado por los sindicatos de “amar a los negros y defender a las prostitutas”, se salió con las suya. Las mujeres, sin saber leer, lograron fabricar las miras encargadas por el ejército. ¿Cómo fue posible? No había tiempo material para que aprendieran a leer y enseñarles el manual de instrucciones, de manera que el mismo Dreystadt aprendió a fabricarlas, se grabó a sí mismo en el proceso y elaboró un sencillo sistema para que las trabajadoras supieran si estaban haciéndolo correctamente. Así fue como 2.000 prostitutas negras trabajaron en la General Motors fabricando miras para el ejército.</p>
<p>Pero la historia <strong>no tiene un final feliz</strong>. Al terminar la guerra, los trabajadores movilizados regresaron y Dreystadt no pudo evitar los despidos. “Que Dios me perdone; he fallado a estas pobres mujeres”, se lamentó en su oficina con la cabeza entre las manos y a punto de romper a llorar. Su final tampoco fue feliz. Todos esperaban que terminaría siendo presidente de la empresa, pero un cáncer de garganta acabó con su vida cuando sólo tenía 48 años.</p>
<p>P.D. El grueso de este relato procede del capítulo que Peter Drucker dedica a Alfred Sloan en su libro ‘Mi vida y mi tiempo’. El propio Sloan escribió un libro sobre su experiencia en la empresa, ‘Mis años en la General Motors’, pero en sus más de 500 páginas no menciona esta asombrosa historia.</p>
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		<title>Digan lo que digan, a los porteros les beneficia el &#039;Jabulani&#039;</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 09:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un post previo al Mundial me preguntaba si realmente los nuevos balones eran tan perjudiciales para los porteros). Las quejas de Casillas, Buffon o Claudio Bravo sobre el ‘Jabulani’ recordaban las recibidas por prácticamente todas los predecesores creados por Adidas. Por sistema, cada nuevo balón parecía ser una calamidad peor que la anterior. ¿Era [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgizqda">En un <A href="(http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/11/-que-pasa-con-balones-los-mundiales-" title="(http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/11/-que-pasa-con-balones-los-mundiales-" id="link_0">post previo al Mundial</a>  me preguntaba si realmente los nuevos balones eran tan perjudiciales para los porteros). Las quejas de Casillas, Buffon o Claudio Bravo sobre el ‘Jabulani’ recordaban las recibidas por prácticamente todas los predecesores creados por Adidas. Por sistema, cada nuevo balón parecía ser una calamidad peor que la anterior. ¿Era esto cierto? Si fuera tan claro -me pregunté-, debería haber forma de demostrar que todos esos balones eran realmente tan horrendos como denunciaban los arqueros. Dado que no hay nada peor para un portero -desde el punto de vista individual, se entiende, porque lo peor se supones que es la derrota- que recibir un gol, cabría pensar que a cada nuevo balón le corresponderían más goles encajados. Pues no. Los datos demuestran que desde 1994 se marcan menos goles en los mundiales (en Estados Unidos y Francia se marcaron 2,7 goles por partido; en Corea y Japón, 2,5, y en Alemania, 2,3. Los datos de las últimas eurocopas también mostraban esta tendencia). </p>
<p>Contra este argumento no puede argüirse un cambio en las reglas que haya beneficiado a las defensas, pues de hecho ha ocurrido todo lo contrario: la regla del fuera de juego es cada vez más permisiva, los porteros no pueden recoger las cesiones con las manos y las victorias se premian con tres puntos. El Mundial de Italia fue tan horroroso, que la FIFA se puso manos a la obra para evitar que se repitiera.</p>
<p>Con estos datos en la mano y una vez terminado el Mundial, ¿qué se puede decir del ‘Jabulani’? Las cantadas de varios porteros parecían azuzar todavía más las dudas. Parecía que esta vez sí, esta vez los porteros se quejaban con razón. “¡Dios, qué desastre este ‘Jabulani’!” Pues no. Puede que este balón haga tirabuzones en el aire y que no haya forma humana de atraparlo, pero el hecho irrefutable es que los porteros han encajado 145 goles en 64 partidos, es decir, 2,26 de media, menos que en Alemania y que en los anteriores mundiales. En definitiva, que si hay un perjudicado por el &#8216;Jabulani&#8217; y los nuevos balones no son los porteros, sino los delanteros.</p>
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		<title>España-Holanda: ojo con mentar la rendición de Breda&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Jul 2010 09:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde que se conoció la final del Mundial entre España y Holanda han empezado a aparecer en los medios todo tipo de recordatorios de enfrentamientos entre ambos países. Y cuando digo enfrentamientos me refiero a eso, a enfrentamientos literales, a la guerra pura y dura. No sé si ha sido en Telecinco, La Sexta o [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen">Desde que se conoció la final del Mundial entre España y Holanda han empezado a aparecer en los medios todo tipo de recordatorios de enfrentamientos entre ambos países. Y cuando digo enfrentamientos me refiero a eso, a enfrentamientos literales, a la guerra pura y dura. No sé si ha sido en Telecinco, La Sexta o Cuatro (he buscado el video, pero no lo he encontrado); el caso es que se ha mentado la rendición de Breda para animar el espíritu de victoria frente a los holandeses. Todo vale, supongo, para alimentar la esperanza. Lo malo es que por este rebuscar donde no se debe se cometen errores. Y mentar la rendición de Breda para ahuyentar los malos augurios no es una buena idea.</p>
<p>Los Países Bajos pertenecían a los dominios del Imperio español por la herencia borgoñona de Carlos V. Hijo de Juana la Loca -de quien heredó los territorios peninsulares, americanos e italianos- y nieto de María de borgoña -de quien obtuvo Borgoña y los citados Países Bajos-, ambas ramas del imperio tenían culturas, formas de entender la religión e intereses económicos incompatibles. La guerra fue la consecuencia de esta falta de entente. Felipe II mandó a los famosos tercios a sofocar la rebelión. Por entonces, la infantería del imperio español era la más potente de Europa. </p>
<p><strong>¿Cómo se reunía a estos hombres?</strong> Había tres vías. La primera era el reclutamiento por comisión. Las autoridades concedían un permiso a los capitanes para recorrer determinadas regiones en busca de aspirantes a soldado, que recibían inmediatamente un pago en mano, albergue gratis, comida diaria y, quizás, un juego de ropa (por cierto, los soldados estaban libres de derechos señoriales, diezmos e impuestos). Para estas levas se establecía un tiempo límite de unas seis semanas y los capitanes no podían demorarse más de veinte días en cada lugar de reclutamiento. Sobrepasado ese lapso, se consideraba que desertaban más reclutas de los que se alistaban.</p>
<p>La segunda vía la conformaban los empresarios (asentistas, se llamaban) militares. A cambio de un pago del gobierno, éste se comprometía a reunir las tropas necesarias en un lapso determinado. La ventaja de este sistema era la rapidez: el empresario solía contar con una reserva de hombres dispuestos inmediatamente para ser movilizados. Según Geoffrey Parker, la comisión se utilizaba más en el territorio propio del gobierno, mientras el asiento se empleaba más fuera de las fronteras.  El último de las vías de reclutamiento es el más obvio: la obligación. Desde 1620 se obligó al servicio a los parados que estuvieran bien físicamente, bandidos y vagabundos. </p>
<p>Un aspecto curioso era el de la <strong>indumentaria</strong>. Nada tenía que ver con la uniformidad actual tan propia de los ejércitos. Por entonces, el gobierno contrataba a un asentista -esto también se hacía, por ejemplo, para cobrar impuestos: el empresario interesado adelantaba la cantidad que tenía previsto ingresar el gobierno y luego se encargaba de la recaudación, que se quedaba para sí- para que proveyera de gabanes, calzones, chaqueta, camisa, ropa interior y medias con dos únicas tallas -grande y pequeña-, pero no tenían por qué ser del mismo color. Bastaba con que los ejércitos contendientes llevasen sus signos distintivos, que en el caso español eran la cruz de San Andrés y una bufanda roja, faja o plumas en el sombrero -fijaos en el cuadro de Velázquez y veréis que cada uno viste como bien le parece-. En cuanto a las armas, el caso es todavía más curioso, pues <strong>¡eran los propios soldados los que tenían que costearse la pólvora y las municiones!</strong> En su desgargo, las autoridades alegaban que los mosqueteros y arcabuceros cobraban más que el resto de soldados (el problema era que no siempre cobraban, de ahí que los motines fueran el pan nuestro de cada día).</p>
<p>Dicho esto, volvamos al caso de <strong>Breda</strong>. Diez meses duró el asedio de las tropas comandadas por Ambrosio Spínola. La ciudad holandesa capituló el 5 de junio de 1625, una conclusión que, supongo, no agradaría en exceso a los soldados, que se llevaban parte del botín si una ciudad caía al asalto, pero no si simplemente se rendía -parece lógico que a mayor riesgo, mayor recompensa; esto ya lo hacían los romanos-. Velázquez inmortalizó el momento en su famoso cuadro. Los que traten de animar a España frente a Holanda tienen aquí un motivo de inspiración. O no. Lo que no inmortalizó Velázquez es que la ciudad volvió a manos holandesas en 1637 y que la corona española tuvo finalmente que reconocer la independencia de los Países Bajos. Por eso comentaba al comienzo de este post que la rendición de Breda no era el mejor de los ejemplos para levantar el ánimos de los forofos de ‘La Roja’.</p>
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		<title>El pasado guerrillero del patrón de Ferrari</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 09:26:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los aficionados a la Fórmula 1 seguro que conocéis a Luca Cordero di Montezemolo. Es esa figura con aspecto de dandy que preside Ferrari. Pues bien, al margen de liderar la Scuderia, ha sido presidente de la patronal italiana, hombre de confianza de la familia Agnelli -los dueños de la Fiat, la Juventus y de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_5" class="imgcen">Los aficionados a la Fórmula 1 seguro que conocéis a Luca Cordero di Montezemolo. Es esa figura con aspecto de dandy que preside Ferrari. Pues bien, al margen de liderar la Scuderia, ha sido presidente de la patronal italiana, hombre de confianza de la familia Agnelli -los dueños de la Fiat, la Juventus y de media Italia- y organizador del Mundial del 90. En definitiva, un peso pesado en el mundo de los negocios. Una fortuna de unos 400 millones de dólares dan fe de ello.</p>
<p>El caso es que su familia tiene una interesante historia detrás. Integrante de la aristocracia piamontesa, sus antecesores sirvieron durante generaciones a la casa real de Saboya. Su padre y su abuelo fueron generales en el ejército italiano, y uno de sus tíos, el almirante Giorgio Cordero dei Marchesi di Montezemolo, fue comandante de la Armada italiana durante la II Guerra Mundial. Sin embargo, la carrera más singular fue la protagonizada por otro de sus tíos, el coronel Giuseppe Cordero Lanza di Montezemolo. </p>
<p>Miembro también del ejército italiano y partícipe en la Guerra Civil española, fue la mano derecha del mariscal Badoglio en el tiempo que éste sustituyó al depuesto Mussolinni en 1943. El mariscal de campo Albrecht Kesselring, al mando de las operaciones alemanas en este frente, recuerda así al coronel en sus memorias: “Andando el tiempo, vería al coronel conde de Montezemolo, que actuaba como adjunto de Badoglio, convertido en jefe de la guerrilla antialemana” (editorial Tempus, 2009, pág. 245). Sorprendente: de ser parte activa del fascismo, se convirtió en líder del movimiento guerrillero que tanto incomodó a los nazis. </p>
<p>Esta incomodad hizo que el citado Kesselring dictara en junio de 1944 una orden para responder a la guerrilla de la manera más contundente posible: “La lucha contra los partisanos ha de llevarse a cabo con la mayor severidad y todos los medios a nuestra disposición. Respaldaré a cualquier comandante que rebase nuestra habitual contención a la hora de elegir la severidad de los métodos para combatir a los partisanos”. Llevado a la práctica, esto significó que allí donde se detectara una importante actividad guerrillera, se detendría a una parte de la población masculina, que sería fusilada en caso de detectarse casos de violencia. Además, si en algún pueblo se disparaba a sus tropas, sería inmediato pasto de las llamas y los autores de los disparos serían ahorcados públicamente. </p>
<p>Esto es precisamente lo que sucedió el 24 de marzo de 1944 en las Fosas Ardeatinas, en las cercanías de Roma, donde 335 italianos fueron fusilados como represalia a la bomba que un día antes había matado a 28 policías. Entre los ajusticiados estaba Giuseppe, al que Kesserling consideró el instigador de la guerra de guerrillas contra los alemanes. Esta represalia le supuso al mariscal la pena de muerte por crímenes de guerra en 1946, una pena que le fue conmutada por la cadena perpetua y finalmente por la libertad, en 1952, debido a su delicado estado de salud. Lo más llamativo del caso es que el mandamás alemán aseguró en sus memorias que ya esperaba la sentencia de muerte “no porque no creyera que había actuado legítimamente (según él, la responsabilidad era de las SS), sino porque dudaba del sentido de la justicia del mundo” (pág. 434)(¡!). Ver para creer.</p>
<p>Ésta es la historia que une al patrón de Ferrari con la guerrilla anti-nazi. Por cierto, su primo, Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, fue  nombrado cardenal en 2006. Es hijo del fusilado Giussepe. </p>
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		<title>¿Sabéis qué tienen que ver el padre del apartheid y Sara Carbonero?</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 10:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>John Carlin es un periodista británico que sigue el Mundial para El País. Su fama no se debe a esta tarea, sino a que su libro ‘El factor humano’ ha sido llevado con éxito al cine bajo el título de ‘Invictus’, la película sobre Nelson Mandela y la victoria sudafricana en el Mundial de rugby de 1995. Pues bien, el pasado día 15 escribió una crónica sobre la victoria de la selección holandesa frente a Dinamarca que tituló <A href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/Van/Riebeeck/Van/Persie/elpepidep/20100615elpepidep_4/Tes#" title="http://www.elpais.com/articulo/deportes/Van/Riebeeck/Van/Persie/elpepidep/20100615elpepidep_4/Tes#" id="link_0">‘De Van Riebeeck a Van Persie’</a> . Los aficionados al fútbol saben de sobre quién es Van Persie, el buen delantero zurdo del Arsenal, pero ¿quién demonios es Van Riebeeck? Ni más ni menos que el padre de la colonización holandesa de Sudáfrica, el padre de los afrikáner. ¿Qué demonios (por no decir otra cosa que empieza por ‘c’ y acaba por ‘ojones’) tienen que ver el fútbol holandés y el colonizador al margen de compartir nacionalidad? Según Carlin, su “inflexibilidad”, el primero por su insistencia en mantener su particular estilo de juego (tener el balón y atacar constantemente, para quien no le guste el fútbol); y el segundo, por su insistencia en mantener apartada a la población negra, es decir, por su racismo. ¡Ahí queda eso: para loar el juego holandés uno puede remontarse tranquilamente al creador remoto del apartheid!</p>
<p> Otro periodistas que siguen el Mundial no tienen el prestigio de Carlin, pero sí una enorme influencia. Esto se ha podido ver con la derrota de España. Se ha hablado de cura de humildad, ‘La Roja, con los pies en la tierra’&#8230;, pero rara vez han sido los jugadores quienes han dicho que iban a arrasar en el Mundial o que eran los favoritos-. Muy al contrario, han sido los periodistas quienes habían ganado antes de jugar. Sin ir más lejos, el director de Marca escribía el 14 de junio lo siguiente: “Que nos vamos a pasar por la piedra a Suiza, Honduras y Chile -a estos últimos tal vez con alguna dificultad más de las previstas- lo sabe hasta un niño de teta”. Al día siguiente de la derrota, el periódico que dirige tituló ‘¿La España de siempre?’. La pregunta que me surge es la siguiente: ¿para quién es la cura de humildad y la hora de bajar a la tierra?</p>
<p> Otro periodistas se han lanzado raudos al ‘análisis’. ¿Qué ha podido pasar? ¿Cómo ha sido posible este desastre? Ramón Besa, reciente ganador del Premio Internacional de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán y defensor del fútbol de toque en sus crónicas del Barça y de la selección, “reflexiona” sobre las alternativas de España cuando los delanteros no aciertan y concluye que<A href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/Faltan/arietes/sobran/porterias/elpepidep/20100618elpepidep_4/Tes" title="http://www.elpais.com/articulo/deportes/Faltan/arietes/sobran/porterias/elpepidep/20100618elpepidep_4/Tes" id="link_1"> “por más recursos que tenga, la selección depende de los goles de Villa”</a>. Su jefe de Deportes en El País, José Sámano, considera que <A href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/campeones/levantan/elpepidep/20100618elpepidep_1/Tes" title="http://www.elpais.com/articulo/deportes/campeones/levantan/elpepidep/20100618elpepidep_1/Tes" id="link_2">es hora de la selección demuestre “carácter”</a>. Para decir que un equipo depende de que sus delanteros metan goles y de tener carácter para hacer frente ante las adversidades no hace falta esperar a caer por sorpresa ante Suiza en el   primer partido de un Mundial. Esto le sucede a (casi) todos los equipos, no sólo a España. En otras palabras, esto no merece ninguna tesis doctoral en forma de artículo.</p>
<p> Estos son algunos ejemplos de noticias del Mundial elaboradas por periodistas de prestigio. Luego está el resto, que elucubra por ejemplo sobre la influencia de Sara Carbonero sobre Iker Casillas -a mi me parece que la chica hace su trabajo muy bien. ¿Qué culpa tiene ella de ser tan guapa?-. Así, de forma insospechada, se llega del padre de los afrikáner a la periodista de Telecinco. Moraleja: cuidado con hacer caso de lo que leemos; malo es escribir sinsentidos, pero peor es creérselos.</p>
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		<title>¿Qué pasa con los balones de los mundiales?</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jun 2010 09:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya está aquí el Mundial. Dentro de todo el aluvión de noticias me ha llamado la atención, por repetitivas, las críticas de los porteros al ‘Jabulani’, el nuevo balón de Adidas. Casillas, tras el error ante Arabia que costó el 0-1, dijo que “era como un balón de playa”. Hoy aparece un artículo en El [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya está aquí el Mundial. Dentro de todo el aluvión de noticias me ha llamado la atención, por repetitivas, las críticas de los porteros al ‘Jabulani’, el nuevo balón de Adidas. Casillas, tras el error ante Arabia que costó el 0-1, dijo que “era como un balón de playa”. Hoy aparece un <A href="http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100611/deportes/mas-futbol/enemigo-delanteros-20100611.html" title="http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100611/deportes/mas-futbol/enemigo-delanteros-20100611.html" id="link_1">artículo en El Correo</a>  que habla sobre este tema, así que podéis leer en él todas las críticas vertidas sobre él. Sin embargo, me gustaría contar aquí algunas detalles que no he podido explicar en dicho artículo.</p>
<p>Todo aquél que siga el fútbol sabe que esto sucede siempre que hay un nuevo balón. Pasó con los modelos de Adidas de la Eurocopa de 2008, del Mundial de 2006, del 2002 y de 1994. También sucedió cuando la liga española se pasó a Nike en 1996. Por entonces, algunos jugadores del Athletic como Carlos García u Óscar Tabuenca se quejaron del nuevo esférico. Pensando en ello, me pregunté si habría alguna manera de demostrar si los porteros estaban en lo cierto. No hay mayor perjuicio para un portero que recibir un gol, de manera que parece lógico pensar que deberían encajar más goles a medida que la tecnología hacia de los balones su mayor enemigo. ¿Es esto cierto? Pues no; de hecho, pasa justo lo contrario. Desde 1994, cuando se marcaron 2,7 goles por partido, la media ha bajado de forma constante hasta los 2,3 de Alemania (para los amantes de la estadística, en Francia se marcaron 2,7 y en Corea y Japón, 2,5). Algo similar ocurre con las eurocopas. Es cierto que en 2008 se marcaron más goles que en 1996 (<span style="letter-spacing: 0.0px color: #333233">2,48 frente a 2,06), pero desde el torneo disputado en Bélgica y Holanda el promedio ha descendido de 2,78 a los</span><span style="letter-spacing: 0.0px"> </span></p>
<p>Podría pensarse que el reglamento pudiera haber beneficiado a las defensas en lugar de a los ataques durante este tiempo, con lo que el factor del nuevo balón quedaría diluido. Tampoco. Desde el Mundial de 1990, uno de los peores que se recuerdan por la racanería de lo allí visto, todas las normas han beneficiado al juego ofensivo: la imposibilidad de los porteros de recoger una cesión con la mano, el fuera de juego posicional y los tres puntos por victoria son pruebas de ello. (No he podido encontrar la referencia, con lo que hablo de memoria: en el Mundial de Italia, en caso de duda, el árbitro debía pitar fuera de juego; visto lo que se vio entonces, la regla cambió en las siguientes competiciones y se estableció que en tal situación, el juego debía continuar, es decir, el beneficiado era siempre el atacante).</p>
<p>En definitiva, puede que los nuevos balones hagan efectos, sean más pequeños o sean “una vergüenza”, como dice Buffon, pero los datos demuestran que se marcan menos goles. Aunque parezca sorprendente, los grandes perjudicados no son los porteros, sino los delanteros.</p>
<p>P.D. Buscando datos sobre el tema, encontré una <A href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/BUSQUETS/_CARLOS_/FUTBOLISTA/ADIDAS/nueva/bola/va/elpepidep/19940907elpepidep_4/Tes/" title="http://www.elpais.com/articulo/deportes/BUSQUETS/_CARLOS_/FUTBOLISTA/ADIDAS/nueva/bola/va/elpepidep/19940907elpepidep_4/Tes/" id="link_0">noticia publicada por El País el 7 de septiembre de 1994</a> . En él, Carles Busquets, el ‘mítico’ portero sin manos que tuvo el Barça gracias a Cruyff, se justificaba de una ‘cantada’ contra el Sporting en el balón con que se jugaba. Se trataba del ‘Questra’, el balón de Adidas para el Mundial de 1994. No recuerdo la jugada, pero sí otras como aquella ocasión en que se metió con el balón en la portería en un partido de Champions contra el Galatasaray o aquella otra contra el Racing en el que hizo un despeje a la nada. Sin embargo, el más impactante fue un partido de la Recopa de 1996-97. El Barça de Robson y Ronaldo se enfrentaba al AIK Solna en el Camp Nou. Sergi le cedió el balón y después pasó lo que pasó. Os dejo el video para que os sorprendáis. Lo mejor fue la justificación: “No le vi venir” (El delantero, por cierto, era un tal Pascal Simpson, un jugador sueco nacido en Togo que debía medir aproximadamente 1,90)</p>
<p><object width="480" height="385" style="border-top-width: 0px; border-right-width: 0px; border-bottom-width: 0px; border-left-width: 0px; border-style: initial; border-color: initial; background-image: none; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: initial; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; "><param  name="movie" value="http://www.youtube.com/v/7lbvzvS0lAo&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;"></param><param  name="allowFullScreen" value="true"></param><param  name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed  src="//www.youtube.com/v/7lbvzvS0lAo&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object></p>
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		<title>¿Sabíais que el hijo de Rommel fue alcalde de Stuttgart durante 22 años?</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 10:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El día 6 de junio de 1944, Rommel se había reunido con su Lucie, su esposa, para celebrar el 50º cumpleaños de ésta. El mariscal le había comprado un par de zapatos en Francia como regalo. Por supuesto, no tenía la menor idea de que los aliados habían emprendido el desembarco en la madrugada de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El día 6 de junio de 1944, Rommel se había reunido con su Lucie, su esposa, para <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" id="link_0">celebrar el 50º cumpleaños de ésta</a>. El mariscal le había comprado un par de zapatos en Francia como regalo. Por supuesto, no tenía la menor idea de que los aliados habían emprendido el desembarco en la madrugada de aquella jornada; sus previsiones indicaban que ese movimiento no llegaría hasta el día 20 aproximadamente.  La pareja tenía un hijo, Manfred, que por entonces tenía 15 años. Dadas las urgencias militares de los nazis, un año antes se había incorporado al Ejército del Aire (Luftwaffe). </p>
<p> La carrera del ‘zorro del desierto’ estaba a punto de dar un giro radical. El 20 de julio de ese año, unos militares intentaron acabar con la vida de Hitler, pero fracasaron. Era la famosa ‘Operación Walkiria’. Rommel fue acusado de participar en el complot. Su segundo, Hans Speidel, estaba al tanto de todo y solía referirse a Hitler como ‘el cabrón del Berghof’ -el refugio de montaña del Führer-. El caso es que el mariscal fue obligado a suicidarse. Y Manfred estaba allí.</p>
<p>¿Qué fue de él? Es cierto que su padre es uno de los pocos militares nazis no denostados por la historiografía, pero no lo es menos que era uno de los favoritos de Hitler, que se inclinó por su estrategia antes que por la de Von Runstedt. Perfectamente pudo su hijo verse marcado por el pasado de su legendario padre. Pero no sucedió así. Integrado en la CDU, comenzó una carrera política que le llevaría a la alcaldía de Stuttgart en 1974. Permaneció en el cargo hasta 1996. De su éxito habla también que se pensó en él como candidato a la Cancillería de la Alemania Federal. ¡Un Rommel, canciller de Alemania! </p>
<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_0" class="imgcen"><br />
Durante estos años, protagonizó varios actos de gran carácter simbólico. Recibió la medalla de los amigos de Jerusalén de manos de Teddy Kollek, alcalde durante 28 años de la Ciudad Santa ; estrechó la mano de David Montgomery, el hijo del mariscal que luchara contra su padre, y en 1994 estuvo en París en la el Día de la Fiesta Nacional francesa. Cuando dejó la alcaldía, fue nombrado coordinador de la cooperación franco-alemana. En la actualidad, el Parkinson le mantiene postrado en una silla de ruedas. ¿Quién podía imaginar que aquel chaval de 15 años allá por 1944, con su padre muerto por las órdenes de Hitler y con una posguerra durísima por delante, acabaría siendo alcalde de Sttutgart durante 22 años y recibiría una medalla de amistad de los israelíes? </p>
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		<title>Los preocupaciones de &#039;Ike&#039; Eisenhower</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jun 2010 10:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jon Garay</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy se cumple el 66º aniversario del desembarco de Normandía. Al mando de aquella gigantesca operación estaba el general Dwight ‘Ike’ Eisenhower. Su historial militar no era especialmente brillante antes de la II Guerra Mundial (al contrario que MacArthur, por ejemplo, que fue el encargado del frente japonés), pero fue el elegido por Rooselvet y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/aletheia/wp-content/uploads/sites/7" id="img_1" class="imgcen">Hoy se cumple el 66º aniversario del desembarco de Normandía. Al mando de aquella gigantesca operación estaba el general Dwight ‘Ike’ Eisenhower. Su historial militar no era especialmente brillante antes de la II Guerra Mundial (al contrario que MacArthur, por ejemplo, que fue el encargado del frente japonés), pero fue el elegido por Rooselvet y el general Marshall para dirigir la ‘Operación Overlord’, que así se denominó al desembarco.</p>
<p>Es difícil imaginar la presión que tuvo que soportar aquel hombre durante aquellos días. En primer lugar, se suele olvidar que dos millones de soldados americanos fueron trasladados a una Inglaterra que sufría restricciones en el abastecimiento de alimentos y combustible. Como señala en su ‘Cruzada en Europa’,<strong> “cada soldado americano empeoraba las condiciones de vida” del Reino Unido</strong>. Para atenuar en lo posible los inevitables roces, el ministro de Información inglés, Mr. Brendan Backen, pidió a la población que acogiera a los militares lo mejor que pudieran. Al mismo tiempo, los norteamericanos repartían folletos entre sus soldados explicándoles cómo debían comportarse. Una de las medidas que se adoptaron fueron los fines de semana de convivencia, en los que las familias inglesas acogían a los soldados para mejorar así sus relaciones. Otra fueron los pubs, donde ingleses y norteamericanos acercaron posturas gracias a las cervezas.</p>
<p>Otro problema fue el de la <strong>seguridad</strong>. Cualquier fuga de información en lo relativo a la invasión comprometía el esfuerzo y las vidas de miles de soldados. A este respecto, Eisenhower se mostró implacable. Ya durante la invasión del norte de África, todo su Estado Mayor (incluidos los chóferes) fue investigado sin saberlo. Sin embargo, el caso más espectacular afectó al general de división Henry Miller, quien durante una fiesta comentó que el Día D sería antes del 15 de junio. ‘Ike’ fue implacable: degradó a Miller al grado de coronel y le envió de vuelta a Estados Unidos sin atender a los ruegos del que había sido compañero en sus años de estudio en West Point.</p>
<p>Un tercer problema fue el de los egos militares. <strong>Patton y Montgomery</strong> le dieron no pocos dolores de cabeza a Eisenhower. Al primero, durante la invasión de Sicilia, no se le ocurrió otra cosa que abofetear a un soldado que estaba en un hospital al considerar que estaba fingiendo ‘psicosis de guerra’, una enfermedad en la que Patton no creía. El incidente tuvo una gran repercusión y Eisenhower tuvo que obligar a su amigo a pedir disculpas. Más adelante, durante los preparativos de la invasión de Normandía, le pidió que se mantuviera alejado de la prensa dada su incapacidad para controlar su verborrea. Fue inútil: al poco tiempo la volvió a ‘armar’ con una explosivas declaraciones sobre la colaboración que deberían mantener Estados Unidos e Inglaterra tras la guerra (Patton era un furibundo anticomunista).</p>
<p>En cuanto a Montgomery, era un hombre con un ego gigantesco y no dado a acatar órdenes. Su victoria sobre Rommel no hizo sino acrecentar todavía más su autoestima. En la operación de Normandía, se empeñó en ser el líder de las tropas terrestres y en avanzar casi directamente hacia el corazón de Alemania. ‘Ike’ tuvo que frenarle una y otra vez. Sin embargo, el gran problema surgió con la ofensiva alemana de las Ardenas. Los nazis contraatacaron por el centro de una línea aliada que iba desde la costa hasta Suiza. En esa zona estaban los norteamericanos, con problemas de abastecimiento. Fue el último gran contraataque nazi y Montgomery acusó más o menos veladamente a los norteamericanos del mismo. Como es normal, a Patton y Omar Bradley no les hizo mucha gracia las palabras de ‘Monty’.</p>
<p>Pero lo más llamativo de todas las dificultades a las que tuvo que hacer frente no tuvieron que ver con la guerra, sino con <strong>De Gaulle</strong>. El orgullo francés había quedado más que humillado. Era la tercera vez en setenta años que los alemanes les pasaban literalmente por encima y ahora dependían por completo del suministro de los americanos. Marc Bloch, un conocido historiador que participó en la guerra, afirmó que la victoria alemana había sido una “victoria intelectual”; ambos bandos combatían en dos eras diferentes y “los alemanes avanzaban más deprisa de lo que parecían las normas de urbanidad”. </p>
<p>Lo de De Gaulle llegó a ser realmente irritante tanto para Roosevelt y Eisenhower como para Churchill. Ya en 1942, con la invasión de África, los británicos insistieron en que los franceses no participaran en la operación. Tiempo atrás una operación en Dakar había fracasado -creían los ingleses- por alguna indiscreción francesa. En lo personal, Roosevelt no soportaba la altanería del general francés y la esposa de Churchill llegó a decir a De Gaulle que “no odiara más a sus amigos que a sus enemigos”. Eisenhower también reconoció que su relación con el francés nunca llegaron al grado de cordialidad. En lo relativo a la propia invasión, De Gaulle rechazó realizar una alocución conjunta con ‘Ike’ al pueblo francés. ¿Por qué? El general galo se había autoproclamado el líder de la Francia libre, pero los norteamericanos se resistían a considerarle como tal; al fin y al cabo, nadie le había votado. </p>
<p>Los problemas con De Gaulle continuaron más adelante. La toma de Stuttgart fue un ejemplo de ello. La ciudad fue tomada por tropas francesas, pero los norteamericanos la necesitaban para abastecerse. Por cuestiones de orgullo, los galos se negaron a cederla. ¿Qué hizo Eisenhower? Amenazar con cortar el suministro a los franceses. Problema resuelto.</p>
<p>A Eisenhower le exasperaba “la hipersensibilidad y extraordinario tesón de De Gaulle en asuntos que para nosotros carecían de trascendencia”. El dichoso orgullo. Ya lo dijo sir Alan Brooke, jefe del Estado Mayor imperial: “¡Dios Santo, qué difícil es hacer una guerra e impedir que las consideraciones de orden militar no se vean afectadas por la gran cantidad de intereses personales y por la estupidez política que todo ello conlleva!”. Aquel 6 de junio, mientras <A href="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" title="http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/6/4/y-rommel-pensando-el-cumpleanos-su-mujer" id="link_0">Rommel pensaba en el cumpleaños de su mujer</a> , Eisenhower tuvo que olvidarse de que su hijo se graduaba en West Point. Bastante tenía con la guerra y con lo que no es la guerra. </p>
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