Objetivo Cumplido

Ya os escribo desde la tranquilidad de saber que el PAKEA BIZKAIA está bien amarrado y descansa al igual que los tripulantes. Estoy contento por regresar a casa tras navegar más de 8.000 millas y estar embarcados más de 100 días. Hemos superado todas y cada una de las dificultades propias de la navegación: icebergs flotantes, brumas intensas, puertos angostos, vientos fuertes…

Es momento también de hacer balance y sentirnos satisfechos por haber cumplido todos y cada objetivo que nos marcamos antes de zarpar.  Orgullosos por haber contribuido con nuestra navegación a recordar y homenajear la odisea gestada durante siglos por nuestros arrantzales.

No quiero terminar este último blog sin agradecer a todos nuestros patrocinadores su ayuda para hacer realidad el proyecto, a todos los que nos habéis seguido que espero hayáis disfrutado y aprendido con esta expedición, a nuestras familias y amigos por su cariño a pesar de estar lejos, y por último a los medios de comunicación que habéis dado la oportunidad a la gente de “embarcarse” en el PAKEA BIZKAIA.

Mila esker

Aurrera Pakea!

PAKEA BIZKAIA llega a casa

PAKEA BIZKAIA dará mañana fin a la segunda expedición del proyecto, en esta ocasión, a Terranova. Unai Basurko y su tripulación, que navegan ahora a la altura de Asturias, llegarán mañana al Puerto Deportivo de Getxo.

Sobre las 12.15h los tripulantes saludarán bajo el Puente Colgante, para posteriormente amarrar en el pantalán de cortesía, junto a capitanía, sobre las 13.00h.

Un aurresku dará la bienvenida a los tripulantes, quienes responderán a todas las preguntas de los asistentes para narrar todo lo acontecido durante estos tres meses de expedición.

¡Estáis todos invitados!

Camino a casa

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En estos momentos navegamos ya más cerca de la costa gallega que de las islas Azores después de recorrer unas 800 millas en estos últimos 4 días de navegación. En la reunión previa que tuvimos antes de zarpar hice hincapié en que todos recordáramos  lo importante de mantenerse atentos y alertas a la navegación. En ocasiones, por ser ya las “últimas” millas o la “última travesía” dentro de una gran expedición, podemos caer en el abandono de pensar que ya estamos en casa y relajarnos. Este tipo de actitud se suele pagar en la mar al cometer errores que en otras ocasiones, nunca haríamos.

Pero una vez más toda la tripulación me ha demostrado que saben estar con la cabeza fría y el corazón caliente. Deseando llegar a casa para estar con los suyos pero concentrados en la navegación hasta que estemos amarrados. Lo pude comprobar el pasado viernes cuando al atardecer esperamos un frente frío que se acercaba rápido y amenazador por el norte. Enseguida nos pusimos manos a la obra, amarinando el PAKEA BIZKAIA para lo que pudiera venir. Cerrar escotillas, volver a revisar la estiba de la cosas, adujar cabos, aclarar la maniobra, y ya cuando el viento de 30 nudos hizo tensar la jarci, colocarnos los trajes de aguas y los arneses. Anticipándonos al viento y a la Mar, que es el gran secreto de la navegación.

Desde que zarpamos el pasado mes de mayo hemos navegado más de 8.000 millas y pasado casi 100 días embarcados visitando más de 20 puertos. Muchas experiencias vividas y muchas nuevas amistades allí por donde hemos atracado, sumados a la satisfacción de haber cumplido con todos y cada uno de los objetivos que nos marcamos antes de zarpar y que fueron estudiados durante el pasado invierno.

Es verdad que debemos seguir concentrados y atentos, saber escuchar a la mar y a nuestro velero en todo momento, pero no seriamos humanos si en esos ratos en los que estás con algún tripulante en cubierta viendo una puesta de Sol, o antes de dormirte después de una guardia mientras en el PAKEA BIZKAIA navega rápido y seguro, no dedicásemos unos minutos a pensar en volver a casa y a estar con los nuestros.

Ikusi arte

 

Regata de balleneras antiguas

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El sábado, gracias a la ayuda de nuestro “embajador en Azores” Altino, pudimos disfrutar de una vuelta por la isla de Pico, que se encuentra a tan solo 5 millas de Horta, donde seguimos amarrados.  Altino nació en un pequeño pueblo de la costa sur de esta hermosa isla y es un muy buen conocedor de todo lo que acontece en ella.

Así, después de cruzar en el Ferry y disfrutar en la cabina de mando de una buena conversación con su capitán, llegamos al puerto de la Magdalena, donde nos dedicamos a recorrer la isla en coche. Es curioso como uno se acostumbra enseguida a no usar el coche y el día que vuelves a subirte a uno parece que vas en una nave espacial, pues como en muchas islas ocurre, aquí también se conduce  rápido, como si la isla se fuera a acabar.

Visitamos la fábrica de las ballenas, donde hasta los años 80 se seguía procesando el aceite y la carne de los cachalotes. Es diferente a la que pudimos ver en Horta, en esta aún perdura el olor a grasa y motores.

Con lluvia persistente pero con calor tropical seguimos nuestro camino disfrutando de la zona de plantaciones de vino con pequeñas casas al borde del mar, construidas con piedras negras volcánicas de la zona, donde antiguamente se trabajaba y guardaba el vino que allí se cultiva. A mediodía llegamos a nuestro principal destino, un pequeño pueblo de la costa que se llama Lajes do Pico. Los azórenos han sabido conservar las cosas más importantes de su época de cazadores de ballena sin tener que seguir manteniendo la muerte de estos maravillosos mamíferos marinos. Así, cada verano se celebra en esta localidad una fiesta tradicional en la que se realiza una regata a vela en balleneras antiguas y otra a remo. Son unas embarcaciones de casco de madera, de un diseño rapidísimo que despliegan mucha vela y provienen de diferentes islas. La rivalidad entre las tripulaciones se puede sentir ya desde que las canoas se encuentran en los muelles.

Eolo no acompañó, ya que soplaba un viento flojo del suroeste, pero permitió la celebración de la regata que como casi cada año ganó una ballenera de la isla de Fayal. Casi 30 embarcaciones daban un precioso colorido al puerto, mientras la gente aplaudía por igual a cada uno de ellas a su llegada al puerto.

Ya de regreso hacia el puerto donde nos esperaba el barco que nos llevó a Horta, Altino nos dijo que íbamos a ver el pueblo más bonito de Azores. San Mateo, son unas pocas casas muy cerca del mar y donde Altino comenzó  su relación con el océano Atlántico. Nos contaba con ilusión “aquí nos bañábamos de niños y luego agarrados a una madera nadábamos hasta el faro…”

La Isla de Horta

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Navegando siempre existen puertos y lugares que son especiales cuando amarramos nuestro barco, y sin duda, Horta, donde ahora nos encontramos,  es uno de ellos. Diferente y especial por encontrarse en mitad del Océano Atlántico y ser por ello un lugar de paso de navegantes de todas partes del Mundo.

Cuando se llega navegando hasta estos muelles existe una vieja costumbre que consiste en pintar el nombre del velero en el suelo, pared, o escaleras. Podemos ver dibujos de hace más de 30 años ya descoloridos, mezclados con algunos pintados esta última temporada.  Es difícil calcular cuántos hay pero son miles, y  encontrar un hueco libre para hacer el nuestro es tarea complicada. De todas formas, no dudéis que lo encontraremos.

Otra de las costumbres instauradas en Horta es el Peter Café sport. Un bar que también da de comer, regentado durante más de tres generaciones por la misma familia, donde cada navegante deja su bandera, pegatina o trozos de vela.  Hoy día ya existen congeladores en muchos veleros que permiten llevar carne a bordo, pero hace años el reencuentro con un hermoso filete y unas patatas fritas después de cruzar medio océano era algo que nunca olvidabas.

Son barcos y navegantes que casi todos tienen una bonita historia que contar los que amarran aquí. Ayer mismo apareció en nuestra proa un pequeño velero de unos 8 metros, y no por ello menos bonito. A bordo, una chica francesa, como no, Luz se llama. Me acerco a ayudar a amarrar y sonriente me dice en “portuñol” que salió de la costa bretona hace ya más de un año y que todavía no se plantea abandonar estas islas. “Hoy igual voy a Pico a conocer”… Hoy a primera hora le vemos alejarse despacio sin hacer ruido… Ha prometido seguirnos a través de la web así que para Ella nuestros mejores vientos.

El premio de los dioses

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Hay días y noches en las que los elementos y los Dioses parecen juntarse para ponerse de acuerdo en premiar a los navegantes, como si les admitieran en ese Mundo tan exigente que es la Mar a veces. Estos últimos tres días a bordo del PAKEA BIZKAIA están siendo sin duda como os cuento.

Para que se den las circunstancias idóneas para la navegación necesitamos los siguientes ingredientes:

Temperatura exterior aproximada de 25 grados que, con la ayuda de la brisa marina, dan la sensación térmica perfecta, por lo menos, para los que no hemos nacido en Sevilla o en Kuala Lumpur. La temperatura justa para que a la noche refresque unos 4 grados y tengamos que ponernos un chubasquero pero podamos seguir con traje de baño. Y que nos permita dormir bien dentro, no como cuando cruzas el Ecuador y dentro del velero puede hacer 35 grados noche y día.

En cuanto a la temperatura del Mar, que algunos se preguntarán para que es importante, deciros que cuando alguna ola salta un poco de más, o vas a proa a filmar o a adujar cualquier cabo que ande suelto, es diferente sentir en tu piel el agua a 25 grados, como ahora, que hacerlo a 1 o 2 grados como estaba en Groenlandia mientras navegábamos cerca de los hielos.

El viento ideal es diferente dependiendo del tipo de velero o de nuestro plan de navegación. Así , para esta travesía desde Terranova hasta Azores, el mejor que hemos podido sentir en nuestras velas y escotas es este suroeste de casi 20 nudos mantenidos que ha soplado día y noche sin parar. Ni más fuerte ni más flojo y además del ángulo perfecto, justo de la aleta de estribor, que para que me entendáis, es entre la oreja y la nuca cuando vas al timón. Se trata de un viento que permite navegar al PAKEA BIZKAIA con toda su vela desplegada, con una exactitud y estabilidad de rumbo  trazada con tiralíneas.  Este viento esta creado por una borrasca que se desplaza más de 500 millas al norte, por lo que el tiempo es soleado y digamos que nuestra siempre “alarma de mosca detrás de la oreja sobre qué será aquella nube o baja el barómetro” está plácidamente adormecida.

Con esta intensidad de viento la mar que nos acompaña es casi inapreciable con altura de ola inferior a un metro, ayudando a navegar y permitiendo una vida cómoda en la cabina una vez termina tu guardia. Digamos que tienes que andar agarrándote a cada paso  y sujetando la taza de té con una mano mientras con el pie izquierdo abres el cajón de los cubiertos.

Como os decía, debe ser cosa de los Dioses que esto suceda de vez en cuando, si no, no se comprende que mientras el Sol se va a descansar, comience a despuntar por el este una luna llena, roja e inmensa que acompaña el saltar de unos delfines en la proa.

Pero no crean que la navegación es siempre como les cuento hoy, llevamos más de 7.400 millas navegadas en los últimos  casi tres meses y esta viene siendo  con diferencia la mejor navegación a bordo del PAKEA BIZKAIA.  Ya a tan solo 15 millas de nuestra proa por encima del azul intenso que nos ha acompañado  estos días  divisamos la isla de Flores en el Archipiélago de la Azores.

Parece que hasta tiene buen final, ya os contaré.

Agur Ternua

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Os escribo desde la mesa de cartas del PAKEA BIZKAIA, un rincón del barco lleno de aparatos de navegación como el GPS, Plotter, compás, indicadores de viento y velocidad, etc…  Hay otros que sirven para comunicarnos con tierra, como son los teléfonos por satélite, varias radios de VHF para hablar con otras embarcaciones o estaciones costeras y la radio de onda corta para escuchar noticias o hablar con nuestro amigo Rafael del Castillo quien desde la comodidad de su sillón en las islas Canarias, ayudado por sus ordenadores, nos informa de la previsión meteorológica puntual cada noche.

Mucha tecnología a bordo que nos ayuda enormemente a navegar, pero, que si hacemos la prueba, podríamos ir apagando uno por uno y el PAKEA BIZKAIA seguiría navegando hacia el destino, quizás con menor precisión, pero sin mayor problema. De esta forma era como navegaban de vuelta a casa los arrantzales, que después de seis meses pescando bacalao y cazando ballenas iniciaban como nosotros el regreso a casa. Ayudados tan solo por el Sol, la estrellas y la Luna. Esperando que los vientos predominantes del oeste les empujaran hacia Europa. Algunos con las bodegas llenas de aceite de ballena, y bacalao. Otros con menos fortuna, pero imagino que todos con ganas de regresar a sus hogares escapando del durísimo invierno en las costas de Ternua y Labrador, antes de que el hielo les impidiera hacerlo atrapándoles con sus garras blancas hasta el próximo verano.

El sábado iniciamos el regreso con esta primera etapa que nos llevará hasta las islas Azores, situadas en latitud 39 norte y longitud 30 oeste, a unas 1.200 millas de  St. John´s. En las primeras 200 millas debemos estar muy atentos ya que navegaremos en la zona de los Grandes Bancos de Terranova. La niebla, la posible mala mar y la presencia de pesqueros, así como de alguna plataforma petrolífera hacen que debamos reforzar nuestra atención en las guardias.

Por el momento parece que hemos acertado con el día elegido para zarpar. A pesar de soplar poco viento, la visibilidad es muy buena, más de 30 millas y la mar en calma. Aunque aquí las condiciones pueden cambiar en 5 minutos. Nuestro objetivo más inmediato es dejar por popa estas aguas de tan solo 60 a 100 metros de profundidad para unirnos a la corriente del Golfo que vuela hacia casa sobre fondos de más de 2.000 metros, transportando todo el calor del Caribe hacia nuestra costa de Bizkaia.

Esta tarde hemos disfrutado de uno de esos espectáculos que de vez en cuando te regala la mar y la navegación. Varias familias de orcas se han acercado hasta menos de un metro del velero y nos han acompañado durante un buen rato. No os he dicho que entre todos estos aparatos de la mesa de cartas por la escotilla de estribor asoma ahora una luna llena enorme en un cielo totalmente despejado. En una luna más estaremos en casa.

Hurrengorarte.

Últimos preparativos

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El mal tiempo sigue siendo constante estos días amarrados en St. Johns. Dicen los locales que el peor verano que recuerdan. Tristemente a veces tan similar a los nuestros en Euskadi. Una lluvia fina como nuestro txirimiri, acompañado por un viento fresco  que sopla desde el norte día y noche.

Todos los días estudio y compruebo el parte meteorológico buscando una puerta de buen viento para poder zarpar rumbo a Azores. Parece que nuestro día puede ser este mismo sábado. Pronostican vientos del SW que espero nos ayuden a dejar en un par de días la complicada zona de los Grandes Bancos. Son unas 300 millas de poca profundidad y con muchos pesqueros trabajando que nos obligarán a estar muy atentos en las guardias.

A nuestro favor contamos con que los icebergs parece que ya solo se encuentran por encima de nuestra latitud, por lo que es muy poco probable tengamos dificultades con ellos. Lo que es casi seguro es que nos siga visitando  “la señora niebla”. Aquí la bruma se forma en más del 20% de los días. A nadie a bordo nos gusta su presencia y cuando desaparece respiramos tranquilos.

Una vez que ya decidimos que será este sábado cuando zarpemos comienzan a bordo los preparativos para afrontar la travesía. Debemos llenar los depósitos de gasoil por si el anticiclón nos deja sin nada de viento, algo muy probable cuando se navega hacia las Azores en verano. Ir a la compra. Aunque todavía tenemos alimentos desde Bilbao a bordo siempre hace falta fruta y verdura fresca. Para evitar que las olas que golpean en proa dañen el ancla también lo hemos estibado bajo cubierta. Nuestro práctico auxiliar “tximbito” descansa amarrado y desinflado encima de la cabina. Mañana dedicaremos a hacer agua (aguada) y dar un último repaso a todo el Pakea Bizkaia.

Por proa nos espera una navegación de  1.200 millas aproximadamente hasta la isla de Flores, al oeste del archipiélago de las Azores. Si los vientos son propicios espero que nos lleven en una semana más o menos.

No puedo despedirme sin volver a pensar en cómo era la vuelta de nuestros arrantzales en el siglo XVI. Algunos con las bodegas llenas de saín de ballena que les reportaban numerosas ganancias a su regreso a casa. Quizás, otros con menos suerte, y por tanto con un invierno difícil que afrontar por proa. Nosotros y el Pakea Bizkaia no llenamos nuestro barco con riquezas como aquellas, pero sí nos volvemos con muchísimas experiencias positivas que queremos compartir con toda la gente a nuestra llegada a Bizkaia.

Buena proa, buen viento y estrella clara

Unai

BACALAO AL PIL PIL

foto unai

Estos últimos días hemos disfrutado de nuestra estancia en Placentia, en la costa oeste de la Península de Avalon, en Terranova. Curiosamente este pueblo debe su nombre  a su semejanza con nuestra villa marinera de Plentzia.

Los arrantzales vascos usaron su playa para pescar y secar bacalao ya desde comienzos del siglo XVI. Parece ser que ya en aquel tiempo la ría con los meandros rodeada de montes les recordó a Plentzia.

Pero la historia, como siempre, es más complicada y los franceses llegaron unos cien años más tarde y  le cambiaron el nombre. Tuvieron que ser los ingleses un siglo después quienes  recuperaran su nombre original.

Por este motivo hemos llevado a bordo desde Plentzia una bandera de la villa y una placa que resume esta bonita historia con un texto de la enciclopedia canadiense para que sea colocada en algún lugar del puerto. Y cerramos, o ampliamos así la larga labor que el Capitán Sabino Laucirika inició hace diez años. Debemos agradecer a Sabino su esfuerzo y empeño en que la historia sea escrita como realmente ocurrió, sin caer en el olvido.

Ayer ya por fin remitió el temporal que ha estado soplando con fuerza en Terranova los últimos días y que hemos esquivado con acierto. Siempre es mejor estar en puerto y desear estar navegando que estar navegando y desear estar en puerto.

Zarpamos rumbo al Sur de Terranova en nuestro camino hacia su capital, St Jonhs, navegando con vientos de popa hasta un pequeño pueblo pesquero. Trepassey está situado justo en el último resguardo antes de la encarar la costa norte. Debemos esperar a que calme la mar de 5 metros que el viento fuerte de estos días atrás ha generado.

Aprovecho para cocinar un bacalao al pil pil que degustamos con alegría a pesar de que tengo que reconocer que… ¡Está salado! Me han faltado un cambio de agua más y otras ocho horas. ¡Si mi amigo Aitor Elizegi estuviera a bordo esto no habría ocurrido!

Os seguiremos contando

Unai

GEROARTE ST PIERRE!

Os contaba el pasado domingo que estábamos amarrados en Sant Pierre y de la importancia de las primeras sensaciones cuando llegas a un puerto o país nuevo. Ahora os escribo ya después de haber disfrutado y compartido tres días con la maravillosa gente de este lugar perdido en mitad del sur de Terranova.

Desde el pasado siglo XVI y hasta hace ahora poco más de 20 años, Sant Pierre et Miquelon han servido de base para la flota pesquera de gran parte del mundo, incluida la flota vasca para llevar a cabo la pesca, sobre todo, del bacalao. Viendo fotos de la época de mayor esplendor, con un puerto abarrotado de bergantines de pesca, podemos llegar a imaginar el movimiento económico y social que generaba en estas islas.

Y como no puede ser de otra forma, nos han regalado dos bacalaos salados enormes, de un tamaño difícil de ver hoy día. Tiempo atrás era un alimento que no podía faltar a bordo, debido a su poder de conservación y su enorme aportación de proteínas.

Hemos tenido también la oportunidad de compartir buenos momentos con la comunidad vasca que aún perdura en Sant Pierre. Visitando la Euskal Etxea, incluso jugando algún partido de trinquete. Fuimos invitados por “Txetxo” un arrantzale de Pasaia que lleva más de 40 años viviendo aquí.  Homenajeándonos con una cena que nos acompañará en el resto de las guardias que quedan por hacer.  Eskerrik asko “Txetxo”!.

Ya hoy se han acercado varias personas a darnos el último abrazo. Hemos zarpado hoy mismo, ya que parece que vienen días con vientos muy fuertes del NE. Desde el muelle junto al faro se despiden del Pakea Bizkaia, gesto que nos emociona a bordo.

Arriamos la marinera y bonita bandera de Sant Pierre para guardarla con cariño.

Gero arte Sant Pierre!

Unai

elcorreo.com

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