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Gatos

2015 febrero 28
por Eduardo Angulo Pinedo

Hace un tiempo hablamos de la domesticación de los perros desde los lobos europeos de entonces, hace unos 30000 años, y con nuestra especie en la cultura de los cazadores recolectores nómadas. Empezamos, por tanto, a conocer de vienen los perros pero de nuestra otra mascota preferida, los gatos, sabemos mucho menos. Parece que la relación con nuestra especie comenzó por su caza de roedores en los asentamientos humanos  y acabó con su adopción como mascota. En nuestros días, nos cuentan Yaowu Hu y sus colegas, de la Academia China de Ciencias de Beijing, hay unos 600 millones de gatos domésticos en todo el planeta y en todas las sociedades.

Los estudios comparativos del genoma de los gatos domésticos (Felis silvestris catus) y salvajes (Felis silvestris) actuales demuestran que son los salvajes del Oriente Próximo los más próximos a los domésticos y, por tanto, se propone que sus antecesores. La conexión conocida más antigua entre nuestra especie y los gatos salvajes está fechada en Chipre hace unos 11000 años que, además, implica que esos gatos en concreto fueron introducidos en la isla donde no existían con anterioridad. Además, también en Chipre y hace 9500 años, un gato salvaje joven fue enterrado con un hombre. Miles de años después, en Egipto y hace 5500 años, el hallazgo de los restos de un gato salvaje con fracturas curadas en sus patas delanteras demuestra que los egipcios cuidaban a los gatos aunque, por su morfología, los clasifiquemos como salvajes. Finalmente, hace 4000 años, ya hay gatos domésticos en Egipto como los que viven con nosotros . Viven en las casas, ya existe un comercio de compra, cría y venta de gatos a particulares e, incluso, se exportan a Grecia.

Como ven, en esta cronología de la domesticación de los gatos, nos faltan miles de años entre Chipre, con gatos salvajes, y Egipto, con gatos domésticos. El grupo de Yaowu Hu ha estudiado restos de gatos encontrados en el pueblo agrícola de Quanhucun, en Shaanxi, China, y fechados hace unos 5300 años, lo que los coloca, más o menos, entre las fechas mencionadas para Chipre y Egipto.

Los huesos no entran en el rango de medidas de los gatos salvajes del Oriente Próximo, origen, según los estudios del genoma, de los gatos domésticos. Son más pequeños y coinciden en tamaño con los gatos domésticos. Los isótopos que entra en la composición de estos huesos demuestran que se alimentaban de mijo, como los roedores y humanos cuyos restos aparecen en el mismo yacimiento; si los gatos se alimentan de roedores que, a su vez, comen mijo, también en los depredadores aparecen isótopos procedentes de las plantas. Los restos de cerámica demuestran que se fabricaba para evitar que los roedores comieran los alimentados almacenados.

En resumen, la proximidad con nuestra especie, la misma dieta y la presencia de roedores parecen demostrar que gatos y hombres vivían juntos. Además, el tamaño de los huesos se acerca al de los gatos domésticos actuales. Ya había comenzado o, quizá, ya se había completado la domesticación del gato.

Los depósitos de grano atraían a los roedores que, a su vez, eran la presa preferida por los gatos y, por tanto, los asentamientos humanos eran un estupendo lugar de caza. Y, además, se dejaron cuidar y querer.

Mientras que, años antes, los cazadores recolectores y el éxito de sus técnicas de caza, atrajeron a los lobos y, después, a los perros, ahora, el éxito de la agricultura y sus sistemas de almacenamiento de alimentos atrajeron a los roedores y, más tarde, a los gatos salvajes que también fueron domesticados. Así, quizá, ocurrió la domesticación de nuestras más extendidas mascotas, perros y gatos. Los perros porque aprendimos a cazar y los gatos porque aprendimos a sembrar y recoger.

 

*Hu, Y. y 7 colaboradores. 2013. Earliest evidence for comensal processes of cat domestication. Proceedings of the National Academy of Sciences USA DOI: 10.1073/pnas.1311439110

Crisis, salud y Google

2015 febrero 26
por Eduardo Angulo Pinedo

Está bien documentada la relación entre los malos tiempos en la economía y una peor salud en la población. Sin embargo, conseguir los datos y establecer resultados, asunto siempre urgente para establecer soluciones, es complicado y lleva tiempo. Se necesitan meses y, a menudo, años para completar estos estudios. Por ello, Benjamin Althouse y sus colegas, del Instituto Santa Fe, en Nuevo México, proponen que se den aprovechar las posibilidades que ofrece internet y, en concreto, el buscador Google. En su estudio, intentarán averiguar los cambios en el interés por la salud de los ciudadanos en lo que se llama la Gran Recesión (“Great Recession”) entre diciembre de 2008 y 2011. Analizan las búsquedas en Google en relación con la salud.

Con los datos anteriores a 2008 hacen una proyección del número de búsquedas que debía haberse hecho hasta 2011 y, después, con el número real de búsquedas hasta ese año calculan la diferencia. Separan las 100 búsquedas con más diferencias entre las que se habían hecho y las que se suponía que se deberían haber cuantificado, unen esas búsquedas por temas y analizan el resultado final.

Las búsquedas que más han aumentado respecto del número previsto, es decir, los temas que revelan que más ha crecido el interés de las personas son los síntomas de úlcera de estómago con un 22% de aumento, y el dolor de cabeza con un 193%. Siguen la hernia, con el 37%; el dolor en el pecho, con el 35%; y las arritmias, con el 32%. También suben alrededor de un 19% los dolores de espalda, estómago, articulaciones y la caries. En total, estas 100 búsquedas de aumento destacable suponen 205 millones de entradas.

 

*Althouse, B.M. y 4 colaboradores. 2014. Population health concerns during the United States’ Great Recession. American Journal of Preventive Medicine 46: 166-170.

Algunos enloquecen

2015 febrero 25
por Eduardo Angulo Pinedo

La Organización Mundial de la Salud afirma que más de un tercio de cualquier población estudiada experimentará algún desorden mental en algún momento de su vida. Como ejemplo nos sirven Brasil con el 36% de la muestra, Canadá con el 37.5%, Alemania con el 38.4%, Holanda con el 40.9% o Estados Unidos con el 48.6%. En España y en 2013, el porcentaje es del 25%. El trabajo que vamos a repasar viene de Taiwán y está liderado por Chung-Liang Lin, de la Universidad Nacional Dong Hwa de Hualien. En aquel país, los números para los desórdenes mentales comunes, como depresión o ansiedad, se han doblado entre 1990 y 2010, pasando del 11.5% de la población al 23.8%. Según los autores, las fechas coinciden con el aumento del paro en los 90 y la crisis económica global de los 2000. Uno de los factores que pueden ser la causa del aumento, y los autores lo plantean como hipótesis de inicio del estudio, es la volatilidad de los mercados financieros.

Toman datos de los sistemas nacionales de salud que incluyen al 99.6% de la población, unos 21 millones de personas. Estudian sus tasas de hospitalización y las causas que les llevan a los centros. Hay 468555 pacientes que lo hicieron por enfermedad mental entre enero de 1998 y diciembre de 2009. Supone, más o menos, unos 107 ingresos diarios de media. Por otra parte, los autores toman las cotizaciones de la Bolsa de Taiwán a partir de su índice TAIEX (equivalente a nuestro IBEX).

Para los autores, están relacionadas las cotizaciones en bolsa con los ingresos hospitalarios por enfermedad mental. La caída del índice TAIEX (está alrededor de los 8500 puntos) en un día, y más si continua en días sucesivos, aumenta los ingresos en los hospitales. Una caída de 1000 en el TAIEX sube los ingresos en un 4.71%. Una caída del 1% en el TAIEX en un solo día, aumenta los ingresos en el 0.36%. Si también cae al día siguiente hay que añadir un 0.32% más. Y si cae por cinco días consecutivos, el aumento total de ingresos llega al 1.6%.

Estos aumentos en varios días afectan, sobre todo, a los hombres de edades entre 45 y 64 años. En cambio, las caídas en un día afectan al grupo de edad de 35 a45 años.

 

*Lin, C.-L., C.-S. Chen & T.-C. Lin. 2014. Do stock prices drive people crazy? Health Policy and Planning doi: 10.1093/heapol/czu.007

Riesgos inaceptables

2015 febrero 23
por Eduardo Angulo Pinedo

Así de primeras, seguro que no hay muchos que piensen que nuestras hormonas afectan a los mercados financieros. La crisis que vivimos tiene mucho que ver con el comportamiento de los brókers y los gurús de los mercados y, hay que aceptarlo, la conducta y las hormonas están estrechamente relacionadas. Nuestro mundo ha cambiado, o así lo parece en la sociedad en que vivimos, y las emociones hormonales que sentíamos hace miles de años ante, por ejemplo, el ataque de un dientes de sable se repite ahora por las fluctuaciones erráticas e imprevisibles de los valores que cotizan en los mercados. Y las hormonas, ante una emoción semejante, responden igual que ante el dientes de sable. Lleva unos años estudiando esta relación John Coates, de la Universidad de Cambridge.

Hace un tiempo encontró que el nivel de testosterona por la mañana predecía si el día sería provechoso para el bróker.  Siguió a 17 de ellos, que manejaban entre 100000 y 500000000 de libras, durante ocho días consecutivos, y les tomaba dos muestras de saliva cada día, a las 11.00 y las 14.00 horas, es decir, antes y después de la jornada laboral. Tienen entre 18 y 38 años y una edad media de 27.6 años. Además, al acabar el trabajo se anota su índice de ganancias y pérdidas que calcula de manera automática su sistema informático.

Pues bien, los brókers tienen más testosterona, tanto a la mañana como a la tarde, los días en que ganan más que su media del mes anterior y, por el contrario, menos testosterona si sus ganancias son menores que su media del mes anterior. Según Coates, cuando el mercado está difícil, la testosterona empuja a tomar riesgos que, al acabar el día, son ganancias. Es, para Coates, necesaria la testosterona para que el bróker sea valiente.

El grupo de Coates acaba de publicar un trabajo parecido al anterior que trata del cortisol, nuestra hormona del estrés. Dice, de nuevo, que el riesgo es inherente a las actividades de nuestra especie y, en concreto, en la economía y las finanzas. Es más, hay estudios económicos que tratan del riesgo en las finanzas y lo consideran un rasgo estable de la personalidad y la conducta de los bróker. Sin embargo, como dice Coates, la toma de riesgos fluctúa y, a veces, se toman y, en otras ocasiones, se evitan, tal como nos enseña la experiencia de la conducta humana. Propone que el cortisol, la hormona del estrés, aumenta con el mercado volátil y que, quizá, este cambio hormonal afecta a la toma de riesgos de los bróker.

Trabajan con 36 voluntarios, de ellos 16 mujeres, y con edades de 20 a 36 años. Durante ocho días les inyectan hidrocortisona, la forma comercial del cortisol, hasta que, en el último día, el cortisol en saliva ha subido un 69%, porcentaje muy parecido al 68% que es el que se encuentra en los bróker en días de tensión y estrés.

Para detectar los cambios en la toma de riesgos, los voluntarios, día a día, juegan en el ordenador a una lotería que ofrece dos posibilidades, una con dos premios grandes y otra dividiendo la cantidad a ganar en tres premios. Está claro que es más fácil que toque algo en la lotería con tres premios que en la de dos, aunque la cantidad sea menor. Por tanto, elegir la de tres premios supone menos riesgo de no ganar que elegir la de dos premios, aunque en esta se gana más.

Los resultados dicen que a más cortisol en la saliva, es decir, según van pasando los ocho días de inyecciones de hidrocortisona, menos riesgos se toman y se elige más la lotería de los tres premios. Y el cambio se da igual en hombres que en mujeres. Ahora, según Coates, vemos como el aumento del estrés, es decir, del cortisol, disminuye la toma de riesgos y, quizá, como ocurría con la testosterona, lleva a las pérdidas en los mercados.

 

*Coates, J.M. & J. Herbert. 2008. Endogenous steroids and financial risk taking on a London trading floor. Proceedings of the National Academy of Sciences USA 105: 6167-6172.

*Kandasamy, N. Y 8 colaboradores. 2014. Cortisol shifts financial risk preferences. Proceedings of the National Academy of Sciences USA DOI: 10.1073/pnas.1317908111

La comida y los americanos

2015 febrero 19
por Eduardo Angulo Pinedo

Es interesante conocer los hábitos de alimentación de los estadounidenses pues, sea más o menos cierto, tengo la sensación de que lo que allí empieza aquí acaba llegando. En el número de enero de Food Technology, Elizabeth Sloan, editora de la revista, nos describe los hábitos alimentarios en Estados Unidos durante 2013.

La principal conclusión de su repaso es que los estadounidenses están cambiando sus prioridades y conductas en cuanto a lo que comen y con quien, donde y cuando lo hacen. Por ejemplo, el primer criterio para elegir lo que comen es, obviamente, que el sabor sea agradable y así lo cita el 89% de los consumidores. Le sigue el precio, esencial para el 71%, que sea saludable para el 64%, que se consiga con facilidad para el 56%, y que se considere sostenible para el 36%. El precio ha subido en importancia para los encuestados desde el 64% hasta el 71% en 2013, y lo mismo ocurre con la sostenibilidad que pasa de 20% al 36%. La crisis y el cuidado del medio ambiente también han llegado a los consumidores estadounidenses.

Estos son los datos que Sloan destaca pero hay otros que se pueden resumir de esta manera: en un solo día comen y beben una media de 14 productos diferentes que van desde sándwiches a patatas o desde leche a café o bebidas gaseosas.

El 24% de los que nacieron en los sesenta y el 45% de los nacidos después de 1980 siguen alguna dieta especial como, por ejemplo, sin gluten o vegetariana.

Son los que tienen 30 años los que más comen, no en cantidad sino en frecuencia, a lo largo del día. Así, el 12% desayuna fuerte, el 16% come algo media mañana, el 15% almuerza, el 17% merienda, el 18% cena e, incluso, el 20% encuentra tiempo y lugar para tomar algún aperitivo nocturno. En general, el 30% de los encuestados nunca perdona un desayuno fuerte.

Los emparedados son algo más de la mitad de lo que los estadounidenses comen al día. El 20% toma uno al día, el 41% come dos, el 24% tres, el 13% cuatro, y el 4% come cinco o más.

Interesan sobre todo los sabores fuertes como picante, ahumado o muy condimentado. Los sabores ácido y amargo cada vez se eligen más. En consecuencia, se buscan salsas cada vez más fuertes, con mostaza, chiles, cayena o pimientos picantes. Y, en la misma línea, gustan los quesos fuertes o curados como el gouda, el brie, queso azul, de cabra o los típicos curados del Mediterráneo. Y más del 50% de los consumidores ya ha aprendido a buscar variedades concretas de aceite, queso o chocolate.

Por otra parte, el 73% de los encuestados toma alimentos preparados y consumidos en el hogar, un porcentaje que ha subido ligeramente desde el 70% de 2008. Aunque también es cierto que esta dieta casera se complementa con alimentos preparados comprados por algo más del 50% de los estadounidenses. Perros calientes, sándwiches y pizzas es lo que más se come de estos alimentados preparados.

 

*Sloan, A.E. 2014. What, when and where America eats. Food Technology 68 (1)

Infeliz comida rápida

2015 febrero 14
por Eduardo Angulo Pinedo

Hay quien dice, y lo asegura y lo deja por escrito, que vivimos en una cultura impaciente que busca rapidez o, más bien, incluso inmediatez en todo lo que hacemos. Y, añaden como aviso, que quizá estas ansias de inmediatez nos impiden ser felices porque no nos da el tiempo suficiente para saborear experiencias placenteras. Por buscar algún dato que avale esta intuición de lo que nos pasa, Julian House y su grupo de la Universidad de Toronto, han organizado unos cuantos experimentos para observar cómo los símbolos de esta cultura acelerada, en este caso y en concreto, de la comida rápida, influyen en nuestra percepción de la belleza y de la música.

En un primer estudio con 280 voluntarios, de ellos 166 son mujeres, con edades de 22 a 50 años y edad media de 36.5 años, encuentran una relación entre la tendencia al desánimo, después de responder a una encuesta online sobre emociones, y la existencia en las cercanías de su domicilio, localizado mediante el código postal, de establecimientos de comida rápida. Cuando la media de la presencia de establecimientos de comida rápida está entre 1.5 y 2, los voluntarios empiezan a presentar síntomas de desánimo.

El segundo experimento, con 250 voluntarios, de ellos 170 mujeres y edad media de 34.3 años, que observan, divididos en cuatro grupos, imágenes de envases de comida sin marca o de McDonald’s, o imágenes anodinas (una taza de café), o imágenes de la naturaleza calificadas como bellas. Después, todos ellos se califican a sí mismos entre 1 y 7 según lo felices que se sienten.

Los voluntarios del grupo que ha visto las fotos bellas de la naturaleza son más felices (5.16) que los del resto de los grupos que no las han visto (4.43). Y los que, además de las fotos bellas, han visto los envases de comida de McDonald’s son menos felices (4.86) que los que han manejado envases sin marca (5.45). Es decir, la comida rápida no afecta tanto a la felicidad como a la posibilidad de disfrutar de un estímulo placentero, en este caso las fotos hermosas.

El último experimento es parecido al anterior sustituyendo las fotos bellas por música hermosa, los primeros 86 segundos del “Dúo de las Flores” de la ópera “Lakmé” de Léo Delibes. Los resultados son similares y, de nuevo, la exposición a los envases con marca McDonald’s entorpece la experiencia agradable de “oler las rosas”, como dicen los autores, dejándose llevar por el “Dúo de las Flores”. Incluso hay signos de impaciencia en los voluntarios cuando escuchan el fragmento de la ópera.

 

*House J., S.E. DeVoe & C.-B- Zhong. 2013. Too impatient to smell the roses: Exposure to fast food impedes happiness. Social Psychological and Personality Science DOI: 10.1177/1948550613511498

Mac vs. PC

2015 febrero 11
por Eduardo Angulo Pinedo

Es uno de los debates más duros, enconados y perdurables de la era de la informática. De la informática del ordenador personal, debo precisar. Además, una polémica que es tan popular como académica y típica de círculos informáticos exclusivos y, también, de cualquier usuario mínimamente interesado en estos asuntos. Es Mac vs. PC. Hay partidarios convencidos e, incluso, fanáticos de cada uno de estos ordenadores, y lo son tanto del hardware como del software. Quién gana por ahora nadie lo sabe o, mejor, si tenemos en cuenta lo que dicen los partidarios con vehemencia, ganan todos. Jeffrey Navid y Amy Pastva, de la Universidad St. John’s de Queens, en Nueva York, se preguntan si este fanatismo a ultranza por uno u otro sistema se basa en alguna característica peculiar de la psicología de los seguidores de cada sistema.

Trabajan con 108 universitarios de primer año, de ellos 80 son mujeres, a los que al entrar en la universidad se les da un ordenador personal para sus trabajos académicos, y se les da a elegir entre un Mac y un PC. Además, los autores les pasan una encuesta sobre su personalidad en relación con los cinco grandes rasgos que la componen según los expertos en psicología: extraversión, apertura a la experiencia, responsabilidad, amabilidad e inestabilidad emocional o neuroticismo.

Los resultados de la encuesta demuestran que en la elección del tipo de ordenador no influye el sexo y la raza. Tampoco hay diferencias en los cinco grandes rasgos de la personalidad que se relacionen con la elección de ordenador. Por tanto, todo tipo de personas tienen o Mac o PC.

En general, los usuarios de Mac destacan su diseño y que les parecen juveniles y excitantes. Los del PC, en cambio, destacan que su ordenador está bien de precio y que es bueno para jugar. Tanto los usuarios de Mac como los de PC destacan en sus ordenadores, cada uno del suyo, que son fiables, buenos para trabajar en casa y para navegar por internet, y de uso fácil.

En la elección de uno u otro sistema influye, sobre todo, el precio para el PC y estilo para el Mac. En general, los que tienen Mac se identifican más con lo que significa que los que tienen PC.

 

*Nevid, J.S. & A. Pastva. 2014. “I’m a Mac” versus “I’m a PC”: Personality differences between Mac and PC users in a college simple. Psychology and Marketing 31: 31-37.

Testigo de una vida

2015 febrero 8
por Eduardo Angulo Pinedo

A menudo no es fácil reconstruir la historia vital de una especie. Saber qué le ha ocurrido desde el nacimiento hasta la muerte, qué ciclos vitales ha seguido y en qué tiempos que pueden ir de segundos a siglos, qué daños ha sufrido, qué tóxicos han cambiado su existencia, en fin, qué vida ha llevado, saber todo esto y más es difícil y laborioso. Ayudan las estructuras que duran toda la existencia del individuo, como los huesos, las conchas de los moluscos o los troncos de los árboles que, de esta manera, se convierten en testigos de una vida. O, como nos cuentan Stephen Trumble y sus colegas, de la Universidad Baylor de Waco, en Texas, la cera de los oídos de las ballenas azules (Balaenoptera musculus).

Como todos los mamíferos, esta ballena también sintetiza cera en el conducto externo del oído para protegerlo de la posible entrada de sustancias extrañas. En nuestra especie también ocurre, como es sabido, y esa cera ya se ha utilizado para detectar los contaminantes de nuestro entorno. Algo así han hecho Stephen Trumble y su grupo con la cera del oído de la ballena aunque con una diferencia importante: la cera de esta especie no se expulsa, se mantiene en el conducto desde el nacimiento hasta la muerte y su tamaño crece con el trascurso del tiempo hasta formar un enorme tapón. Por tanto, el análisis por capas de esta cera nos dará una imagen de lo que le ha ocurrido a la ballena durante su vida.

El tapón de cera que estudia Trumble procede de un macho de ballena azul que murió en 2007 al chocar con un barco cerca de Santa Barbara, en California. La ballena medía 21.2 metros de longitud y el tapón de cera del conducto de su oído 25.4 centímetros. Trumble, que asignó a la ballena una edad de unos doce años y medio, cortó el tapón de cera en 24 secciones. En esos cortes, analizó hormonas como el cortisol para el estrés, la testosterona para el crecimiento y la madurez sexual, varios contaminantes orgánicos y mercurio.

El cortisol, hormona que marca el estrés, es mínimo a los 6-12 meses de edad y máximo después de los 10 años, con cifras seis veces mayores que las iniciales. Las concentraciones de testosterona sugieren que la madurez sexual se alcanza entre los 9 y los 10 años, con cifras muy altas que van desde los 230 picogramos (billonésima parte de un gramo) por gramo hasta los 93000 picogramos por gramo en la madurez.

También analizan la presencia de 42 contaminantes orgánicos, con 20 pesticidas y 22 PCBs y compuestos cercanos. De todos ellos, 16 aparecen en concentraciones muy bajas pero el resto están presentes toda la vida de la ballena e, incluso, hay algunos que aparecen a tan baja edad que demuestran su trasferencia de la madre al ballenato al nacer. Como ejemplo nos puede servir la presencia de DDT en concentraciones relativamente altas desde una edad muy temprana a pesar de que la ballena a crecido en un entorno en que el DDT está prohibido hace muchos años.

Y el mercurio también se encuentra en el tapón de cera desde el nacimiento, con una media de 14 nanogramos (milmillonésima parte del gramo) por gramo y un máximo de 20.8 microgramos (millonésima parte del gramo) por gramo, y con dos picos a lo largo de la vida, a los 5-6 años y a los 10-11 años.

Ya ven, como demuestran Trumble y sus colegas, la cera de los oídos de las ballenas nos sirve para reconstruir el perfil químico de su vida y nos desvela los cambios en el estrés que ha sufrido, cuando alcanza la madurez sexual y la presencia de contaminantes en su entorno.

 

*Trumble, S.J. y 4 colaboradores. 2013. Blue whale earplug reveals lifetime contaminant exposure and hormone profiles. Proceedings of the National Academy of Sciences USA doi: 10.1073/pnas.1311418110

El jardín más atractivo

2015 febrero 3
por Eduardo Angulo Pinedo

Nos gustan los jardines más hermosos, los que combinan adecuadamente especies, colores y fragancias. Para algunos jardineros, profesionales o aficionados, contribuye a la belleza de los jardines el que atraigan a la fauna, en particular, a las aves y a los insectos. Entre estos últimos, por su función y aportación a la biodiversidad, destacan las abejas y otras especies atraídas por las flores. Mihail Garbuzov y Francis Ratnieks, de la Universidad de Sussex en Brighton, Inglaterra, han estudiado el atractivo que para estos insectos tienen varias plantas con flores que con frecuencia se utilizan en los jardines.

Eligen 32 variedades de 19 especies de plantas populares en los jardines por sus flores o por su follaje, por que se obtienen con facilidad y florecen en julio o agosto, los meses con mayor actividad de las abejas y de otros insectos polinizadores. Entre las plantas elegidas destacan 13 variedades de lavanda, conocida por atraer a las abejas, borraja, orégano, geranio, dalia y así las 32 variedades. Plantan las 32 variedades en cuadros de 1×1 metros, 2 para cada variedad, y en dos círculos concéntricos, el interno con 12.2 metros de diámetro y el externo con 19.2 metros. La plantación se hizo en 2011 y en 2012. Los insectos que se acercan a cada cuadro de cada variedad se cuentan durante 13 días en 2011 y 12 días en 2012, siempre con buen tiempo, procurando hacerlo con rapidez, casi siempre en menos de 10 segundos por cuadro.

Cerca del 84% del total de insectos censados son abejas, con el 28% de Apis mellifera, nuestra abeja doméstica. A distancia están las moscas que se alimentan del néctar de las flores, del grupo de los sírfidos, con el 8.5%, y las mariposas con el 2%.

La planta que más insectos atrae es el agastache, muy olorosa y con presencia habitual en los jardines. A las abejas les atraen las variedades de lavanda y la borraja. Para los autores es evidente que todas las variedades ensayadas atraen insectos, aunque unas más que otras, con diferencias que llegan hasta las 100 veces de algunas plantas respecto de las otras. Este atractivo también cambia de año como se observa por las plantaciones hechas en 2011 y 2012. Por tanto, hay mucho margen para planificar un jardín con plantas que atraigan insectos polinizadores. Y recomiendan plantar lavanda, mejorana, dalias de flores abiertas, algunos alhelíes, y evitar el pelargonio como la variedad que menos insectos atrae.

 

*Garbuzov, M. & F.L.W. Ratnieks. 2013. Quantifying variation among garden plants in attractiveness to bees and other flower-visiting insects. Functional Ecology DOI: 10.1111/1365-2435.12178

La taza del café

2015 enero 26
por Eduardo Angulo Pinedo

La calidad e intensidad de los alimentos en nuestra percepción de su gusto están influenciadas por el color de lo que comemos  y bebemos e, incluso, del recipiente que los contiene. As-i, por ejemplo, una bebida fría quita más la sed en un vaso azul que en uno verde, amarillo o rojo. Pues bien, nuestro psicólogo bretón Nicolas Guéguen se pregunta si el color del recipiente también cambia la percepción de la calidez de la bebida, y lo va a experimentar con café y universitarios.

Trabaja con 120 estudiantes, mitad y mitad chicos y chicas, con edades de 18 a 20 años y edad media de 18.8 años. Todos ellos declaran ser bebedores de café. En el experimento creen que van a evaluar una marca de café nueva. Entran en una habitación, que se mantiene a 23ºC, en la que hay una mesa con cuatro tazas de café de diferentes colores: rojo, azul, amarillo y verde. La bebida se sirve a 40ºC. Entre otras cosas, tienen que indicar cual de las trazas tienen el café más caliente.

El 38.3% de los voluntarios declara que el café de la taza roja es el que está más caliente. Solo el 28.3% dice que el café más caliente está en la taza amarilla; el 20.0% lo dice de la taza verde; y, finalmente, en la taza azul lo encuentra el 13.3%. No hay diferencias entre sexos.

Ya ven, hay casi cuatro veces más voluntarios que aseguran que el café más caliente está en la taza roja que en la azul. Recuerden que se daba el resultado contrario con la bebida fresca para quitar la sed, allí era mejor el vaso azul y el rojo era el que menos lo conseguía. En fin, que, para beber, el rojo es el color más cálido y el azul el más fresco.

 

*Guéguen, N. & C. Jacob. 2014. Coffee cup color and evaluation of a beverage’s “warmth quality”. Color Research and Application 39: 79-81.

elcorreo.com

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