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Suministro de agua

2016 mayo 23
por Eduardo Angulo Pinedo

En los últimos 50 años la población del planeta se ha duplicado mientras que el total de agua que utilizamos se ha triplicado. La distribución de los recursos de agua es, obviamente, desigual y, además, cuanto más agua se necesita hay más riesgo de escasez debido, sobre todo, a la mala gestión de esos recursos. Por otra parte, la sobreexplotación provoca escasez de agua y, en muchos casos, deteriora los ecosistemas, los pone en peligro e, incluso, los destruye. Algunos síntomas de esta crisis de agua potable son identificables, con causas que son factores políticos, socioeconómicos y ecológicos. El estudio de Julie Padowski y sus colegas, de la Universidad Estatal de Washington en Pullman, identifica la vulnerabilidad con cuatro categorías: dotaciones, infraestructuras, demanda e instituciones. De esta manera se pueden detectar los impactos sobre los sistemas de aguas naturales y gestionadas.

Estas categorías se representan con 19 características internas y externas. Algunas de estas 19 características son la población que demanda el agua, el agua importada y exportada, la contaminación del agua, el gasto en agua, el régimen de lluvias, la salud pública y el agua, o la corrupción.

Analizan estas características en 119 países, todos ellos con ingresos bajos per capita, siempre menos de 10725 dólares al año. Cada país presenta algún tipo de riesgo en el suministro de agua. Lo más habitual, en 44 países, es el mal funcionamiento de las instituciones oficiales encargadas de la gestión del agua, llegando a la corrupción en casi todos los casos. Hay 23 países con deficiencias en las cuatro categorías, es decir, en dotaciones, infraestructuras, demanda e instituciones. Los más vulnerables son Jordania, Yemen y Djibouti. Es sorprendente que tengan el mismo diagnóstico países de diferentes zonas geográficas y ecológicas e, incluso, diferentes condiciones socioeconómicas como, por ejemplo, Vietnam, Sri Lanka y Guatemala. No hay que olvidar que la característica fundamental es la mala gestión, incluida la corrupción.

 

*Padowski, J.C. y 4 colaboradores. 2015. Assessment of human natural system characteristics influencing global freshwater supply vulnerability. Environmental Research Letters 10: 104014

Miedo al Ebola

2016 mayo 9
por Eduardo Angulo Pinedo

La Organización Mundial de la Salud declaró el 8 de agosto de 2014 una emergencia de salud pública a nivel mundial por el brote de fiebre de Ebola en los países de África occidental. Esta epidemia ha provocado, por lo menos, 25 casos y más de 10000 muertos. En España hubo varios casos y en Estados Unidos, país del que trata el estudio que vamos a comentar, hubo dos casos importados, un muerto y dos contagios locales.

Esta investigación de Janet Yang, de la Universidad de Buffalo, trata del altruismo, del deseo de beneficiar a otras personas sin esperar nada a cambio. Y trata de la conducta de las personas que, durante la epidemia del Ebola en África, reciben a familiares o amigos procedentes de esa zona.

Trabaja del 21 de octubre al 4 de noviembre de 2014, en plena emergencia mundial, con 1046 voluntarios, la mitad son mujeres, de 18 a 91 años de edad y una edad media de 50 años. Los divide en dos grupos que leen una noticia publicada en el New York Times. El titular dice así: “El Ebola puede provocar 1.4 millones de víctimas en 4 meses, según el CDC” (Centro de Control de Enfermedades de Atlanta). La autora hace dos versiones de esta noticia. En una de ellas, que se supone debe provocar mayor temor en los lectores, añade que el CDC ha confirmado dos contagios en Estados Unidos. En la otra versión, más suave, no se incluye este párrafo.

Después los voluntarios rellenan varias encuestas sobre la importancia que dan a la noticia, si ya conocían el Ebola y sus puntos de vista sociales y culturales. Además, responden sobre el riesgo que perciben, la información que reciben, las emociones negativas que les provoca la noticia, y sus intenciones de atender a los familiares y amigos que vienen de África, es decir, su disposición a la conducta altruista de ayuda a los demás.

Como es obvio, los voluntarios que han leído la noticia que incluye los dos contagios perciben más riesgo que el resto de voluntarios. Son los que más importancia dan a la noticia y, también, son lo que tienen una intención más baja de ayudar a los viajeros de África, es decir, de mantener una conducta altruista. Además, son los que, en la encuesta sobre puntos de vista sociales y culturales, revelan una personalidad más individualista y jerárquica.

 

*Yang, Z.J. 2015. Altruism during Ebola: Risk perception, issue salience, cultural cognition, and information processing. Risk Analysis DOI: 10.1111/risa.12526

El mismo crecimiento

2016 mayo 5
por Eduardo Angulo Pinedo

La población mundial crece una media del 1% anual. Los crecimientos más grandes se han dado con el desarrollo de las modernas sociedades industriales y exceden, con mucho, las tasas de las poblaciones prehistóricas. Hace unos 200000 años ya hay humanos que son, en su anatomía, como nosotros. En los primeros 100000 años ya se han extendido por África en grupos pequeños y relativamente aislados. En los siguientes 60000-80000 años, quizá por cambios en el entorno, emigraron a Europa, Asia y Australia. Y hace 12000 años ya estaban en América y, por tanto, ocupaban todo el planeta.

Es el momento en que comienza el desarrollo de la agricultura, con un clima estable y templado y más dióxido de carbono en la atmósfera. La agricultura aumenta la producción de alimentos y, en consecuencia, se acelera el crecimiento de la población. La hipótesis que se plantea es que el crecimiento de la población debe ser mayor en las primeras sociedades agrícolas que en los grupos de cazadores recolectores que conviven con ellas. Jabran Zahid y sus colegas, de la Universidad de Wyoming en Laramie, se proponen probarlo con medidas de carbono 14. Las sociedades más grandes producen más artefactos y productos diversos que se datan con carbono 14 y, por tanto, a más medidas más productos y una sociedad mayor, con más población.

Los autores utilizan casi 8000 medidas de carbono 14 en poblaciones que ahora pertenecen a Wyoming y Colorado y fechadas desde hace 13000 años hasta la actualidad.

El crecimiento de la población es de 0.041%, tanto en los cazadores recolectores de Wyoming y Colorado como entre los agricultores de Europa, a partir de los 6000 años, cuando se difunde la agricultura. Solo hace 200 años, con la Revolución Industrial, la tasa se multiplica.

A partir de una población de 50000 individuos en África hace 50000 años y esa tasa de crecimiento constante de 0.041%, se puede calcular que en el año 1800, hace 200 años, tendríamos, más o menos, la población de 1000 millones que había en esa fecha.

Por tanto, no hay un cambio en el crecimiento de la población entre cazadores recolectores y agricultores cuando aparece la agricultura y conviven ambas culturas.

 

*Zahid, H.J., E. Robinson & R.L. Kelly. 2015. Agriculture, population growth, and statistical analysis of the radiocarbon record. Proceedings of the National Academy of Sciences USA doi: 10.1073/pnas.1517650112

Cambios en el entorno

2016 mayo 1
por Eduardo Angulo Pinedo

Las comunidades animales y vegetales mantienen una estructura que nos ayuda a entender su funcionamiento. Lo habitual es estudiar su composición en especies pero, recientemente, se ha detectado que muchas de esas especies aparecen por parejas, sean animal-animal, vegetal-vegetal o animal-vegetal.

Hay casos en que parece que las parejas se forman por azar o, quizá, no se ha conseguido descubrir que las agrupa. Pero otras se caracterizan por aparecer a menudo, y se les denomina como parejas agregadas, o están formadas por especies que se evitan y, entonces, se llaman parejas segregadas. Esto último ocurre cuando las especies se perjudican mutuamente (el hombre y el lobo) o prefieren hábitats distintos (la trucha y la anchoa) o, mientras una de ellas tienden a expandirse y aumentar el área geográfica que ocupa, la otra no puede hacerlo (Homo sapiens y Homo neanderthalis). Se agregan cuando se benefician una a otra (el hombre y el geranio), comparten el hábitat (la jirafa y el leopardo) o de dispersan una y otra a la vez (la patata y el escarabajo de la patata).

Pues bien, Kathleen Lyons y su grupo, con 29 investigadores de 24 instituciones de todo el mundo y dirigidos desde el Smithsonian de Washington, han reunido datos y estudiado las parejas agregadas y segregadas de los últimos 300 millones de años. Parten del hecho de que, en la actualidad, aunque se puede suponer que el número de parejas de uno y otro tipo sea más o menos el mismo, resulta que hay más parejas segregadas que agregadas. Y se preguntan por qué ocurre.

Revisan los fósiles de 88 yacimientos y 38 conjuntos actuales de mamíferos y 42 de plantas. Los datos demuestran que las parejas agregadas suponían el 72% del total durante más de 100 millones de años y caen hasta el 42% hace unos 6000 años, y estos porcentajes llegan hasta la actualidad. Es hace unos 6000 años cuando la agricultura se extiende por todo el mundo y, por ejemplo, llega a Norteamérica. A la vez, por las mismas fechas crece la población de nuestra especie.

Para los autores es nuestra especie la que cambia el entorno. Quizá contribuye el aumento en la caza y en la recolección de alimentos salvajes, la domesticación de animales y plantas, los cambios en el uso del suelo, el aumento del control del fuego, el aumento de la fragmentación del hábitat, y el transporte deliberado o accidental de especies más allá de su rango geográfico natural de dispersión.

 

*Lyons, S.K. y 28 colaboradores. 2015. Holocene shifts in the assembly of plant and animal communities implicate human impacts. Nature doi: 10.1038/nature16447

El ecologista volador

2016 abril 16
por Eduardo Angulo Pinedo

Cualquiera que haya leído “No impact man”, del periodista neoyorquino Colin Beavan (y, si no lo ha leído, se lo recomiendo), sabrá que hay muchas personas muy seguras de sus ideas pero poco fieles a ellas en sus catos. Y sermonean y reprochan a los demás porque no hacen lo que, por cierto, ellos mismos tampoco hacen. El equipo liderado por Seonaidh McDonald, de la Universidad Robert Gordon de Aberdeen , en Escocia, se propone investigar esta inconstancia en cuanto a convicciones y conductas con un caso concreto, el uso del transporte aéreo por quienes se declaran consumidores “verdes”.

Casi 3000 millones de personas viajan en avión cada año, con un crecimiento de un 5% anual. Cada vuelo en un avión supone un fuerte impacto ambiental con emisión de dióxido de carbono. Sin embargo y aunque es conocido el perjuicio para el ambiente, no parece existir un propósito de cambio de conducta respecto al uso del transporte aéreo para viajar. Es más, en investigaciones de los últimos años se ha encontrado que los viajeros más “verdes”, los que se declaran más preocupados por el ambiente, son los más frecuentes en los viajes a larga distancia. Y los investigadores del grupo de McDonald entrevistan 29 viajeros consumidores “verdes” para conseguir de primera mano relatos y datos cualitativos con el objetivo de utilizar sus resultados, ya que son un grupo que pertenece a una Facultad de Economía,  para elaborar campañas de marketing que pretenden cambios en la conducta.

Después de las entrevistas detectan  cuatro estrategias que los consumidores “verdes” declaran para explicar su conducta. En primer lugar, está lo que ofrece el vuelo ya que las alternativas, sea barco, tres o autobús, son caras, lentas y casi igual de perjudiciales para el ambiente, según sus declaraciones. En segundo lugar, se sienten obligados por el contexto, como puede ser la lejanía con la familia algún negocio o acontecimiento importantes. Además  está lo que llaman “identidad personal”, es decir, las experiencias vitales y la ampliación de horizontes que se consiguen en los viajes aéreos son demasiado importantes como para dejarlos de lado. En tercer lugar, declaran que se proponen cambiar otras conductas para compensar el daño al ambiente con el viaje en avión. Por ejemplo, usar más la bicicleta o utilizar el compostaje con la basura orgánica. Y, finalmente, algunos afirman que dejarán de volar.

En conclusión, como se proponía el grupo de McDonald, quizá conocer estas estrategias de los consumidores “verdes” respecto al transporte aéreo ayude al desarrollo de planes de marketing que consigan cambiar no solo su conducta sino también la de los vendedores de vuelos.

 

*McDonald, S. y 4 colaboradores. 2015. Flying in the face of environmental concern: why green consumers continue to fly. Journal of Marketing Management 31: 1503-1528.

El sueño del cazador

2016 abril 11
por Eduardo Angulo Pinedo

Se dice que fue la invención de la luz eléctrica, seguida por la radio, la televisión, internet y tecnologías relacionadas, además del incremento del consumo de cafeína, las que han acortado nuestro tiempo de sueño desde los niveles naturales hasta nuestra conducta actual. Esta reducción del tiempo dedicado a dormir se ha relacionado también con la obesidad, desórdenes emocionales y otros síndromes, y todo ello a pesar de que esta conducta comenzó hace poco tiempo, hacia 1880. Por otra parte, todas estas suposiciones se hacen aunque no conocemos con exactitud cuánto dormían nuestros antepasados antes de la era moderna.

Para aclarar algo este enigma, Gandhi Yetish y sus colegas, de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, han buscado etnias que, en la actualidad, tienen un comportamiento de cazadores recolectores, como aquellos de nuestros antepasados que dormían, obviamente y hace miles de años, sin la interferencia de la luz eléctrica. Encuentran tres grupos que cumplen estos requisitos: los Hadza, en el norte de Tanzania, cerca del ecuador, que bien en bosques y sabanas; los San, del desierto de Kalahari, que viven al sur del ecuador (por cierto, con un genoma extraordinariamente variable, ¿nuestro centro Vavilov?); y, finalmente, los Tsimane de Bolivia, que también viven al sur del ecuador y son cazadores aunque también siembran pequeñas huertas.

En los tres grupos y después de analizar los horarios de 94 personas en n total de 1165 días, encuentran que el tiempo entre echarse a dormir y levantarse es parecido, entre 6.9 y 8.5 horas, y el que se duerme realmente es de 5.7 a 7.1 horas. Aún con pequeños fuegos, van a dormir entre 2.5 y 4.4 horas después de ponerse el sol. En el grupo más cercano al ecuador, los Hadza, no hay cambios estacionales en el tiempo para dormir. Los dos grupos más lejanos, con estaciones, duermen entre 53 y 56 minutos más en invierno. Los autores concluyen que estos horarios no cambian mucho de los registrados en las sociedades con luz eléctrica.

Casi no echan la siesta y, en todo caso, lo hacen los San en verano y con una duración media de 32 minutos en un día de cada cuatro. Tampoco hay insomnio más allá del 2.5% de los individuos, muy lejos del 10%-30% de las sociedades industrializadas.

Y hablando de insomnio y según un estudio reciente de la evolución del sueño en primates, incluyendo nuestra especie, publicada por David Samson y Charles Nunn, de la Universidad de Carolina del Norte, somos los que menos tiempo dedicamos al sueño, una media de 8 horas frente a las 10 horas de los macacos, las 12 horas de los chimpancés o las 17 horas de los lémures, entre otros.

Además, hemos cambiado la distribución de las horas de sueño a lo largo del día. Las sociedades humanas tradicionales tienen un sueño en periodos, a la noche y en la siesta e, incluso, hay algunas que dividen la noche en dos tiempos de sueño. En cambio, las sociedades industrializadas, con un entorno controlado y con oscurecimiento artificial, duermen en un solo periodo, aproximadamente desde las 22.30 hasta las 6.00 horas.

Y, además, nuestra especie es la que tiene, durante el sueño, el mayor porcentaje de fase REM respecto del total. En comparación con las otras especies de primates analizadas es casi del 25%. La fase REM es la que mantiene el cerebro más activo, se capta información del entorno y paraliza la respuesta muscular. Se llama REM por “Rapid Eye Movement”, es decir, por el movimiento rápido de los globos oculares debajo de los párpados.

Por tanto, nuestra especie duerme menos tiempo pero su sueño es de mayor calidad con un funcionamiento más activo del cerebro. Para Samson y Nunn, estos cambios del tiempo total de sueño y de la duración de la fase REM son consecuencia del desarrollo evolutivo del cerebro e indispensables para la evolución de nuestra especie. En definitiva, hemos cambiado cantidad de sueño por calidad de sueño.

 

*Samson, D.R. & C.L. Nunn. 2015. Sleep intensity and the evolution of human cognition. Evolutionary Anthropology 24: 225-237.

*Yetish, G. y 8 colaboradores. 2015. Natural sepes and its seasonal variations in three pre-industrial societies. Current Biology doi: 10.1016/j.cub.20156.09.046

Cera de abejas

2016 abril 8
por Eduardo Angulo Pinedo

Las presiones de todo tipo que sufren las abejas, por pesticidas, parásitos, depredadores y enfermedades, han conseguido que seamos conscientes de su importancia económica y del papel esencial que tienen en la agricultura. La asociación de las abejas con nuestra especie está documentada, por ejemplo, hace casi 5000 años en imágenes en Egipto, o todavía más atrás en el tiempo, en dibujos en cuevas o en cera de sus panales encontrada en excavaciones anteriores a la agricultura. Pero, desde los cazadores recolectores y hasta los testimonios de Egipto y durante 10000 años, la abeja es invisible cuando la agricultura y la ganadería se extienden por Eurasia. Por ello, 64 investigadores (entre ellos Lydia Zapata y Alfonso Alday, de la UPV/EHU en Vitoria-Gasteiz), de 51 instituciones de todo el mundo se han unido para seguir el rastro de la cera que producen las abejas para sus panales, muy estable por estar determinada genéticamente, y con un fórmula compleja fácil de reconocer por análisis químico. Los autores buscan los restos de cera en las vasijas de cerámica encontradas en los yacimientos y que suponen se han utilizado para extraer y almacenar la cera.

En total, los autores analizan 6400 vasijas de 166 yacimientos situados desde Portugal e Irlanda al oeste hasta Israel y Turquía al este, y desde Suecia y Finlandia al norte hasta Túnez, Argelia e Israel al sur. Los más cercanos a nuestro entorno son el yacimiento de Mendandia en Treviño, Los Cascajos en Los Arcos en Navarra, Kobaederra en Ereño en Bizkaia, y Atxoste en el sur de Álava. Se han analizado 130 vasijas de estos yacimientos y no se ha encontrado cera por lo que no sabemos la fecha en que el cultivo de abejas llegó a la Península. Los 166 yacimientos analizados están fechados entre hace 7000 y 2000 años, en el intervalo de tiempo en que aparecieron la agricultura y la ganadería en Europa y se extendieron hasta las costas atlánticas.

Los resultados demuestran que el uso de la cera de las abejas viene desde hace, podemos suponer, unos 9000 años la utilizaron los primeros agricultores y ganaderos de Oriente Próximo. Los restos más antiguos de cera se han encontrado en yacimientos de Turquía y Europa central, con fechas alrededor de los 7000 años.

 

*Roffet-Salque, M. y 63 colaboradores. 2015. Widespreed explotation of the honeybee by early Neolithic farmers. Nature doi: 10.1038/nature15757

¡Qué viejo soy!

2016 marzo 29
por Eduardo Angulo Pinedo

Cada uno de nosotros llevamos encima según pasa el tiempo cada vez más como un peso, los años, nuestra edad objetiva, nuestro DNI que no perdona y solo cambia para aumentar. Pero, como afirman Dana Kotter-Grühn y sus colegas, de la Universidad Duke en Durham, Carolina del Norte, también es importante, esencial incluso, nuestra edad subjetiva, la que sentimos que tenemos. Es el componente central en la percepción que tenemos de cada uno de nosotros, de nuestra edad y de lo viejos que podemos llegar a sentirnos. Es decir, está la edad que cada uno tiene y está la edad que cada uno cree que tiene que, además, tiende a pensar que es la que los demás le atribuyen.

Además, la edad subjetiva se relaciona con el bienestar, la salud y, en último término, con la longevidad. Pero sabemos poco sobre esa edad subjetiva, la edad que sentimos, y sobre sus cambios a corto plazo, cada día o, quizá, hasta cada hora, con variaciones que dependen de circunstancias de la vida diaria que influyen en como nos sentimos, más jóvenes o más ancianos.

El grupo de Kotter-Grühn investiga si la edad sentida cambia cada día en personas de edad, los cambios diarios en la salud, el estrés o los afectos, y, finalmente, si los cambios en la edad subjetiva y en la salud, el estrés o los afectos siguen una secuencia temporal, o sea, si unos cambios provocan otros, o viceversa.

Trabajan con 43 voluntarios, entre ellos 39 mujeres, de 60 a 96 años, y una edad media de 74.6 años. Durante nueve día y al final del día contestan cada jornada a varios cuestionarios sobre sus datos personales, la edad que sienten, su salud, el estrés y los afectos. Al final, los investigadores tienen 337 cuestionarios a evaluar.

Cuando los problemas de salud, el estrés o los afectos negativos superan la media de todo el grupo, los voluntarios se sienten más viejos. Cuando estos factores negativos están por debajo de la media, se sienten hasta 15 años más jóvenes de media y, por el contrario, si los factores negativos exceden la media, se sienten solo 13 años más jóvenes; pierden hasta dos años de edad subjetiva. Más en concreto, los malos sentimientos bajan la cifra de años menos de 14.9 a 12.5 años. O sentir dolor baja la edad subjetiva de 14.7 años menos a 13.1 años menos.

Y, como ven, los ancianos siempre se sienten más jóvenes y lo que ocurre es que, si las cosas van mal, sienten algunos años, un par de ellos, más viejos. Los autores no consiguen establecer una secuencia temporal y sentirse mal un día no implica que al día siguiente se sentirá uno más viejo o, al contrario, sentirse uno más viejo un día no supone que al día siguiente su salud sea peor.

 

*Kotter. Grühn, D., S.D. Neupert & Y. Stephan. 2015. Feeling old today? Daily health, stressors, and affect explain day-to-day variability in subjective age. Psychology & Health 30: 1470-1485.

Olor a sándalo

2016 marzo 18
por Eduardo Angulo Pinedo

Hace unos meses se habló, y mucho, de los cítricos y el cáncer aunque, en realidad, el estudio en que se basaron aquellos comentarios trataba de un a esencia, la citronela, con olor a limón, extraída de la planta Cymbopogon citratus, que inhibía el crecimiento de células tumorales aisladas y cultivadas en el laboratorio. Queda mucho, por tanto, mucho para una aplicación directa a la cura del cáncer.

Un resultado curioso de aquel trabajo era que las células tumorales, para detectar la citronela en el medio de cultivo, utilizaban un receptor situado en su membrana, receptor que era exactamente igual al receptor olfatorio situado en las células del epitelio olfatorio de la nariz que, por supuesto, nos permite oler la citronela y asegurar que huele como los cítricos. O sea, que las células tumorales también “huelen” la citronela, si se puede decir así.

Unos meses antes de esta publicación, el mismo grupo de la Universidad del Ruhr en Bochum, Alemania, liderado por Hanns Hatt, había publicado un estudio sobre el Sandalore, aroma sintético similar al que se aísla el árbol del árbol del sándalo (Santalum albun), originario de loa India e introducido en otras partes del mundo, sobre todo en América. Los autores añaden el Sandalore al medio de cultivo de queratinocitos humanos, las células que forman nuestra piel.

En unas horas, la presencia de Sandalore en el medio activa el metabolismo de los queratinocitos con la misma reacción que tienen en la piel cuando se inicia la curación de una herida. La división celular aumenta en un 32% y, después de cinco días, también aumenta la migración en un 40%. Tanto aumento del número de queratinocitos como el movimiento son procesos típicos de la curación de heridas en la piel.

Además, en segundo lugar, tal como ocurría en el estudio con la citronela, los queratinocitos se activan a través de un receptor de la membrana, también olfatorio, es decir, típico de las células sensoriales olfatorias del epitelio de la nariz. En el llamado OR 2AT4.

 

*Busse, D. y 12 colaboradores. 2014. A synthetic sandalwood odorant index wound-healing processes in human keratinocytes via the olfactory receptor OR2AT4. Journal of Investigative  Dermatology 134: 2823-2832.

El origen del perro

2016 marzo 11
por Eduardo Angulo Pinedo

Ocurrió, por lo que sabemos, hace unos 15000 años cuando nuestros antepasados domesticaron al perro (Canis lupus familiaris) a partir del lobo gris de Eurasia (Canis lupus). Ahora existen unas 400 razas de perros catalogadas, la mayoría seleccionadas en Europa en los últimos dos siglos y, además, perros mezclados adaptados a vivir con la especie humana. En un estudio publicado hace unos meses se presentó el estudio genético de fósiles de perros y lobos fechados hasta hace unos 36000 años. Con los resultados obtenidos, se afirmaba que el perro había sido domesticado en Europa hace 9000 años. Ahora, Laura Shannon y su grupo (28 investigadores de 25 instituciones de todo el mundo), de la Universidad Cornell de Ithaca, en Estados Unidos, publican el resultado del análisis genético de 5392 perros actuales de 38 países de todo el mundo, incluyendo 549 perros mezclados.

Buscan, como es habitual en estos estudios, la zona con la mayor variabilidad genética como posible origen del perro, lo que se denomina el centro Vavilov. Descubren que la variabilidad genética aumenta según la zona de recogida de muestras se acerca a Asia Central, en China entre el Nepal y Mongolia. Y, por el contrario, según las muestras se alejan de esta zona la variabilidad genética disminuye.

Según este estudio, el perro se extendió, desde el Asia Central, primero hacia el este y, posteriormente, hacia el oeste. La variabilidad genética es similar hasta la India y Vietnam por el este y hasta Egipto por el oeste. Después, va disminuyendo, siendo la llegada del perro más reciente en el Pacífico y en América, en ambos casos con origen europeo.

 

 

*Shannon, L.M. y 27 colaboradores. 2015. Genetic structure in village dogs reveals a Central Asian domestication origin. Proceedings of National Academy of Sciences USA doi: 10.1073/pnas.1516215112

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