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La taza del café

2015 enero 26
por Eduardo Angulo Pinedo

La calidad e intensidad de los alimentos en nuestra percepción de su gusto están influenciadas por el color de lo que comemos  y bebemos e, incluso, del recipiente que los contiene. As-i, por ejemplo, una bebida fría quita más la sed en un vaso azul que en uno verde, amarillo o rojo. Pues bien, nuestro psicólogo bretón Nicolas Guéguen se pregunta si el color del recipiente también cambia la percepción de la calidez de la bebida, y lo va a experimentar con café y universitarios.

Trabaja con 120 estudiantes, mitad y mitad chicos y chicas, con edades de 18 a 20 años y edad media de 18.8 años. Todos ellos declaran ser bebedores de café. En el experimento creen que van a evaluar una marca de café nueva. Entran en una habitación, que se mantiene a 23ºC, en la que hay una mesa con cuatro tazas de café de diferentes colores: rojo, azul, amarillo y verde. La bebida se sirve a 40ºC. Entre otras cosas, tienen que indicar cual de las trazas tienen el café más caliente.

El 38.3% de los voluntarios declara que el café de la taza roja es el que está más caliente. Solo el 28.3% dice que el café más caliente está en la taza amarilla; el 20.0% lo dice de la taza verde; y, finalmente, en la taza azul lo encuentra el 13.3%. No hay diferencias entre sexos.

Ya ven, hay casi cuatro veces más voluntarios que aseguran que el café más caliente está en la taza roja que en la azul. Recuerden que se daba el resultado contrario con la bebida fresca para quitar la sed, allí era mejor el vaso azul y el rojo era el que menos lo conseguía. En fin, que, para beber, el rojo es el color más cálido y el azul el más fresco.

 

*Guéguen, N. & C. Jacob. 2014. Coffee cup color and evaluation of a beverage’s “warmth quality”. Color Research and Application 39: 79-81.

Orden y desorden

2015 enero 16
por Eduardo Angulo Pinedo

Como especie nos gusta el orden, las reglas, la tradición…, bueno, nos gusta a veces y a algunos más que a otros. También nos va el desorden, saltarnos las reglas y lo poco convencional. Orden y desorden enfrentados pero, a menudo, útiles según las circunstancias pues activan mecanismos psicológicos diferentes y son beneficiosos según cómo y cuándo, como nos cuentan Kathleen Vohs y sus colegas de la Universidad de Minnesota en Minneapolis.

Este grupo organiza tres experimentos que aportan datos sobre las consecuencias del orden y del desorden. En el primero, con 34 universitarios como voluntarios, los colocan, al azar, en un despacho ordenado (mesas vacías, pareced limpias) o desordenado (todo lleno de papeles y carpetas, panel colgado de la pared con muchas notas). Permanecen en el despacho diez minutos mientras rellenan unos cuestionarios. Después se les da la oportunidad de dar algo de dinero a una ONG que proporciona libros y juguetes a niños que no los pueden tener. Y, más tarde, cuando discuten los resultados con los investigadores, se les ofrece como merienda, a elegir, una barra de chocolate o una manzana.

Los resultados son claros y muestran que el 82% de los que han estado en el despacho ordenado dan algo de dinero a la ONG, mientras que solo lo hace el 47% de los que han pasado por el despacho desordenado. Además, el 67% de los ordenados elige manzana como merienda frente al escaso 20% de los que llegan del desorden.

En resumen, el orden lleva a la generosidad y a la alimentación saludable en comparación con los que han pasado por el desorden.

En el segundo experimento, los autores, con 48 universitarios, van a estudiar la influencia del orden y del desorden sobre la creatividad. Pasan los voluntarios, como en el experimento anterior, por los ambientes ordenado o desordenado. Para medir la creatividad deben llenar un cuestionario en el que se les dice que se coloquen en el lugar del dueño de una empresa que fabrica pelotas de pingpong y que, para ampliar su mercado, está buscando para ellas nuevos usos para aumentar las ventas, y se les pide que elaboren una lista con 10 ideas sobre cómo se pueden utilizar esas pelotas.

Pues bien, la creatividad aumenta casi un 50% con el desorden (7.9) si se compara al orden (5.6). Por tanto, el desorden favorece la creatividad.

Y, finalmente, en el tercer experimento los autores observan, con 188 voluntarios, si orden y desorden influyen en la elección de opciones clásicas o novedosas. Otra vez pasan los voluntarios por los despachos ordenados y desordenados y, después, van a comer un plato de frutas al que pueden añadir ingredientes sanos, agradables o vitamínicos, catalogados todos ellos, en dos menús que se entregan a los voluntarios, como convencionales o como novedosos. De nuevo, los ordenados eligen el menú convencional y los desordenados el novedoso.

Ya ven, los que han pasado por un entorno ordenado son sanos, generosos, poco creativos y convencionales. En cambio, los que viene de un ambiente desordenado tienden a una alimentación poco sana, son algo tacaños con los niños necesitados y gustan de las novedades.

 

*Vohs, K.D., J.P. Redden & R. Rahinel. 2013. Physical order produces health choices, generosity, and conventionality, whereas disorder produces creativity. Psychological Science DOI: 10.1177/0956797613480186

La trona

2015 enero 13
por Eduardo Angulo Pinedo

Para que la memoria funcione, por ejemplo, en el aprendizaje de palabras es importante tanto el entorno como la exploración. Así pasa con bebés tal como nos muestran Lynn Perry y su grupo, de la Universidad de Wisconsin en Madison.

Trabajan con 72 niños, la mitad niñas, con una edad media de 16 meses y medio y con rango que va de 15 meses y medio a 17 meses y medio. De los niños sabemos, a través de sus padres, si en casa comen sentados a la mesa o en una trona con su propia bandeja, y de su comportamiento con la comida, es decir, si meten la mano en ella, si hacen lo mismo con el dedo, la llevan a la boca, la examinan, la tiran, se ensucian, etcétera, vamos, lo que hacen muchos bebés con la comida si les dejan.

Los investigadores les ofrecen para que examinen, jueguen y coman, purés, mermelada, gelatinas, jugos y platos parecidos. A cada alimento los autores les asignan un nombre inventado corto y sencillo y, se supone, fácil de aprender por los niños, como kiv, lis o das. Los niños lo examinan y lo comen durante un minuto. Pasado otro minuto, se lo vuelven a ofrecer con otro aspecto y en un envase diferente. Los niños lo manosean, examinan y prueban, y los investigadores hablan con ellos para detectar si han aprendido su nombre.

Pues bien, los niños que habitualmente comen en la trona y, además, lo ensucian todo alrededor y, también, a si mismos, tocan la comida, la revuelven, se untan con ella y, a menudo, la tiran, pero, además, son los que mejor recuerdan los nombres de los alimentos. Parece que con estos juegos examinan el alimento a fondo y conocen su sabor, olor y textura, y aprenden mejor los nombres. El niño, está claro, no ensucia, más bien explora el entorno y lo que contiene. Ya ven, lo mejor para el desarrollo de su memoria es subirlo a la trona y darle de comer y, después, limpiar.

 

*Perry, L., L.K. Samuelson & J.B. Burdinie. 2013. Highchair philosophers: the impact of seating context-dependent exploration on children’s naming biases. Developmental Science DOI:10.1111/desc.12147

Alcohol y más trabajo

2015 enero 8
por Eduardo Angulo Pinedo

Este texto va de alcohol y de recordar y de lo que cuesta cuando se han ingerido bebidas alcohólicas. Ya se sabe que el alcohol es un neurotóxico y que su dependencia crónica provoca daños en el cerebro con atrofias y disfunciones relacionadas directamente con la cantidad de alcohol que se ha tomado. Como cuentan Salvatore Campanella y su grupo, de la Universidad Libre de Bruselas, el consumo cíclico de alcohol, con abstinencia durante la semana y grandes cantidades, incluso hasta la borrachera durante el fin de semana (o sea, el conocido “botellón”), afecta a cerca del 40% de los jóvenes europeos entre 18 y 24 años. Y este tipo de consumo, diferente del continuo que era mayoritario hasta hace pocos años, provoca daños cerebrales muy parecidos a los que presentan los bebedores crónicos. Campanella propone que, para completar algunas funciones cerebrales, los consumidores cíclicos, los de la borrachera del fin de semana, deben conseguir que el cerebro trabaje con más intensidad.

Trabajan con 32 voluntarios, con una edad media de 21 años, 9 son mujeres, 16 de ellos son de “botellón” y los otros 16 son controles. A la vez que hacen una tarea en el ordenador consistente en pulsar cuando reconocen un “2” o el número que se repite dos cifras después en una serie, se escanean por resonancia sus funciones cerebrales.

Tanto los del “botellón” como los controles cumplen por igual la tarea asignada y se activan las mismas zonas del cerebro. Sin embargo, en los voluntarios que beben el fin de semana la intensidad de la activación es mayor que en los controles. Cuando los autores cuantifican esta mayor intensidad encuentran que mantiene una relación positiva con la dosis de alcohol ingerida y con el número de borracheras por semana. En resumen, para cumplir la misma tarea el cerebro de los bebedores cíclicos debe trabajar más.

 

*Campanella, S. y 11 colaboradores. 2013. Increased cortical activity in binge drinkers during working memory task: A preliminary assessment through a functional magnetic resonance imaging studfy. PLOS ONE 8: e62260

Mujeres y ciencia: CSIC 2013

2015 enero 5
por Eduardo Angulo Pinedo

Es muy interesante el dossier sobre mujeres y ciencia que ha publicado el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) para el año 2013. Son muchos datos los que proporciona y aquí vamos a comentar algunos de ellos, espero que los más reveladores.

Para empezar, hay 6073 hombres y 6048 trabajando para el CSIC, o sea, cifras casi iguales con el 49.90% de mujeres y el 50.10% de hombres. Pero, según el tipo de contrato, la situación comienza a ser diferente para los dos sexos: las mujeres son el 45.32% de los funcionarios, el 39.00% de los contratos laborales fijos, y el 55.93% de los contratos laborales temporales. Por tanto, las mujeres son mayoría en el nivel de los contratos más bajos en dedicación y sueldo.

Es más, si dibujamos una gráfica representando porcentaje respecto de categoría laboral para hombres y mujeres obtenemos la que se suele llamar tipo “tijera”. Entre el personal en formación, es decir, los más jóvenes que están haciendo la tesis, las mujeres son el 58.32% y, por tanto, gran mayoría; en el post-doc, que son jóvenes en formación pero ya doctores, las mujeres son el 51.06%, solo unas pocas más que los hombres (es el cruce de las barras de la “tijera”); los llamados “Ramón y Cajal”, doctores que ya han estado un tiempo en el extranjero y han vuelto, son en un 36.41% mujeres, muchas menos que los hombres; entre los científicos titulares hay 41.02% de mujeres; entre los investigadores científicos hay un 34.38% de mujeres; y entre los profesores de investigación, la categoría más alta en la carrera investigadora en el CSIC, las mujeres son el 23.33%, la cifra más baja y, en consecuencia, el final de la “tijera”. Los porcentajes comienzan con el número de mujeres más alto en la categoría más baja y el número más bajo en la categoría más alta.

En las ocho áreas de investigación del CSIC, los hombres superan a las mujeres en todas excepto en Ciencia y Tecnología de Alimentos, con un 51.08% de mujeres. El otro extremo se da en Ciencia y Tecnologías Físicas, con un 20.98% de mujeres, seguido de Recursos Naturales con el 24.51%. Biología y Biomedicina tiene el 33.08% de mujeres.

Como dato adicional que demuestra que esta situación viene de antiguo, se puede añadir que la edad media del personal científico del CSIC es de 51.39 años, con 51.95 años para los hombres y 50.35 años para las mujeres.

 

*CSIC. 2014. Informe mujeres investigadoras 2013: Mujeres y Ciencia. CSIC. Madrid. 24 pp.

Esa guitarra

2015 enero 2
por Eduardo Angulo Pinedo

Manda la música en nuestra cultura, en todas las culturas, y, además, en el cerebro y en el corazón. La música es, por tanto, importante en nuestras vidas. Y Nicolas Guéguen se pregunta, como tantas otras veces y por muchas cuestiones, si la música, siendo tan importante, no tendrá algún papel en la función más importante que cumplimos desde nuestra biología y según manda la teoría de la evolución, es decir, la reproducción. Y, para empezar desde el principio, Nicolas Guéguen se pregunta si la música influye de alguna manera en la selección de pareja.

Como siempre en Guéguen, su estudio es muy sencillo y en la calle. Participan 300 chicas de 18 a 22 años que pasean por una calle comercial de una ciudad de unos 70000 habitantes. Es un sábado soleado, por la tarde, al principio del verano. Un chico de unos 20 años, evaluado previamente como muy atractivo, se acerca a las chicas que encuentra y que pasean solas y les dice como se llama, que la chica les parece bonita pero que tienen que ir a trabajar. Añaden que, si le dan su número de teléfono, más tarde le llamará para salir a tomar una copas. El chico atractivo lleva una guitarra acústica al hombro o una bolsa de deportes o nada.

Pues bien, el 31% de las chicas dan su número de teléfono al chico de la guitarra, el 14% al que no lleva nada, y el 9% al de la bolsa de deportes.

Parece, por tanto, que la música, aunque sea imaginada para el futuro, juega un papel en la selección de pareja.

 

*Guéguen, N., S. Meineri & J. Fischer-Lokou. 2013. Men’s music ability and attractiveness to women in a real-life courtship context. Psychology of Music DOI: 10.1177/0305735613482025

El corazón de la música

2014 diciembre 30
por Eduardo Angulo Pinedo

No solo tenemos la música en el cerebro, para sentirla y comprenderla, también nos llega al corazón. Como dicen Björn Vickhoff y sus colegas, de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, la música y, en concreto, el canto, sobre todo en un coro, provoca nuestro bienestar. Proponen que, como ya sabemos, respiración y ritmo cardíaco están relacionados, y cantar en un coro implica un control estricto de la respiración que se hace más lenta y, en consecuencia, también cambia el ritmo cardíaco.

Trabajan con un coro de 15 chicos y chicas de 18 años que interpretan tres piezas: el himno religioso “Fairest Lord Jesus” (en sueco “Härtig är jorden”), el “Om” típico de la meditación, y el mantra “Just Relax”. El ritmo cardíaco se toma por medio de clips en las orejas y, en cinco de los miembros del coro, también se registra la frecuencia y profundidad de la respiración.

Los resultados demuestran que la estructura del canto, la respiración y la frecuencia cardíaca están relacionadas. El corazón de los miembros del coro se acelera o desacelera simultáneamente tanto al cantar el himno religioso como con el mantra, y no se coordinan con el “Om” de la meditación.

Los autores proponen que la disciplina que implica el canto en un coro influye en el ritmo respiratorio y este, a su vez, controla el ritmo cardíaco. Además, proponen la hipótesis de la influencia del canto coral en el funcionamiento del nervio vago que, por su parte, relaciona el bulbo raquídeo con muchas de las vísceras del cuerpo, entre ellas, las que intervienen en la respiración. Y, además, el nervio vago también interviene en las emociones y en la comunicación con otros, todo ello esencial para la actividad del coro. Es una hipótesis y queda mucho por hacer.

Sin embargo, se puede afirmar que el canto en un coro supone la coordinación del ritmo respiratorio y de la frecuencia cardíaca de los cantantes.

 

*Vickhoff, B. Y 8 colaboradores. 2013. Music structure determines heart rate variability of singers. Frontiers in Psychology doi: 10.3389/fpsyg.2013.00334

El recuerdo de la música

2014 diciembre 23
por Eduardo Angulo Pinedo

Recordamos canciones, recordamos la música que una vez escuchamos en situaciones y hechos concretos, y esa música nos trae a la memoria que pasó entonces. Es lo que los expertos, como Amee Baird y Séverine Samson, de las universidades Macquarie y Lille, respectivamente, llaman MEAMs, o sea, en inglés Music Evoked Autobiographical Memories, es decir, “Memorias Autobiográficas Evocadas por la Música”. Sin embargo, estas investigadoras dan un paso más allá y estudian estas MEAMs en pacientes con daños cerebrales.

Los enfermos son cinco, tres de ellos con daños cerebrales traumáticos, dos en accidente de tráfico y el tercero por caída de un edificio, y dos por daños por hipoxia, uno por un ataque al corazón y el otro por intento de ahorcamiento. Son cuatro hombres y una mujer, de 25 a 60 años, y solo uno de ellos tiene experiencia musical.

Escuchan las canciones que fueron número 1 entre 1960 y 2010, y declaran si las conocen, su título, quien las canta, año y qué recuerdos le trae, o sea, que MEAMs le evoca.

El enfermo número cinco, con daños cerebrales por hipoxia por intento de ahorcamiento, declara que no recuerda nada. El resto de los pacientes recuerda y hay tres de ellos con datos autobiográficos extensos y detallados. El número cuatro nos puede servir de ejemplo.

Es un hombre, de 60 años de edad, y con daño en el cerebro por un accidente de tráfico. El control de sus recuerdos lo ejerce su propia esposa. Hay cinco canciones que le traen recuerdos. En primer lugar, “Bette Davis eyes”, de 1981 e interpretada por Kim Carnes. Recuerda que la oía en la radio y que le gustaba a su mujer. La siguiente en la lista es “Hey Jude”, de 1968 y de los Beatles, aunque el paciente la recuerda de un concierto de los “Ten Tenors”. En tercer lugar aparece “Physical”, de 1982 y de Olivia Newton-John, que le recuerda lo feliz que ha sido por vivir con su mujer. Después, en cuarto lugar, está “I want to hold your hand”, de 1964 y de nuevo de los Beatles, que le hace afirmar qué grandes son los de Liverpool e, incluso, asegura que sería capaz de dibujar a Paul McCartney. Y, para terminar, en quinto lugar está “I will always love you”, de 1993 y de Whitney Houston, que otra vez le lleva a afirmar lo feliz que ha sido con su mujer y le trae recuerdos felices.

Con este enfermo número cuatro y los otros tres que responden a la música, casi siempre con recuerdos felices relacionados con personas queridas, se puede afirmar, como hacen los autores, que la música es útil como herramienta pata el tratamiento que ayude a recobrar la memoria a enfermos con daños cerebrales.

 

*Baird, A. & S. Samson. 2013. Music evoked autobiographical memory after severe acquired brain injury: Preliminary findings from case series. Neuropsychological Rehabilitation doi: 10.1080/09602011.2013.858642

La música en el cerebro

2014 diciembre 21
por Eduardo Angulo Pinedo

La música es universal, aparece en todas las culturas y es parte esencial y gratificante de nuestra experiencia vital. Sin embargo, nos cuentan Daniel Abrams y sus colegas de la Universidad de Stanford, se conoce poco de los sistemas cerebrales, presentes en todos los individuos de nuestra especie, que procesan e integran los estímulos musicales que nos llegan desde el mundo real. Los autores analizan las respuestas del cerebro por medio de resonancias tomadas mientras escuchan la música que, además, no deben conocer previamente al experimento.

Trabajan con 17 voluntarios, todos universitarios de Stanford, con 8 mujeres, edades de 19 a 27 años y una media de 21.3 años. Además, deben tener poca o ninguna experiencia musical. Como estímulo escuchan, durante 9.5 minutos, fragmentos de cuatro sinfonías de William Boyce /1711-1779), conocido músico inglés para los expertos y famoso en su época, al que se llamó el “Bach inglés”, pero casi olvidado en la actualidad. Su música es muy representativa de lo que ahora llamamos música clásica barroca pero con escasa difusión en estos tiempos. Los voluntarios escuchan la música de Boyce en un ambiente confortable, con auriculares y un amplificador que elimina el ruido de fondo. A la vez que escuchan se obtienen las resonancias para conocer el funcionamiento del cerebro en respuesta a la música.

Los resultados muestran que las zonas del cerebro que responden a la música son las mismas en todos los voluntarios: el cerebro medio, el tálamo, las zonas de la corteza asociadas a la audición, las cortezas parietal y frontal y las regiones del cerebro asociadas con el movimiento. Además, de al movimiento, las áreas activadas se asocian a la atención y a la memoria.

Cuando comparan la respuesta a la música de Boyce entre voluntarios, Abrams encuentra que son las zonas del hemisferio derecho cerebral, en las cortezas frontoparietales, las que se sincronizan. Son las áreas del cerebro que procesan estímulos no lingüísticos. También hay, como he dicho, activación de las zonas que controlan el movimiento y, por ello, la música provoca, de manera natural y automática, respuestas motoras como palmadas, cabeceos o pasos para seguir el ritmo.

 

*Abrams, D.A. y 6 colaboradores. 2013. Inter-subject synchronization of brain responses during natural music listening. European Journal of Neuroscience doi: 10.1111/ejn.12173

Trasnochar y calorías

2014 diciembre 18
por Eduardo Angulo Pinedo

En el entorno urbanita en que vivimos, lo que compramos es lo que comemos. O, viceversa, nuestra comida viene en las compras que hacemos. Por tanto, si queremos controlar nuestra dieta, debemos controlar los alimentos que compramos. Así cumpliremos una función social pues ayudaremos a mitigar la epidemia de obesidad que recorre la sociedad occidental, quizá uno de los problemas más de salud pública de nuestra cultura. En consecuencia, si estudiamos qué influye en nuestras compras de alimentos, podremos controlar con más eficacia nuestra dieta. Colin Chapman y su grupo, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, nos ponen en guardia ante uno de esos factores  que influye en nuestras compras. Que, por cierto, solo estudian en hombres.

Trabajan con 14 voluntarios, con una edad media de 23 años y un Índice de Masa Corporal normal de 23.4 de media. Todos duermen habitualmente 8 horas cada noche. Van a la cama entre las 22.30 y las 23.30 horas y se levantan, los días laborables, entre las 6.30 y las 7.30 horas. En el experimento tienen a la mitad de los voluntarios sin dormir durante una noche, y la otra mitad duerme como todos los días y sirve como control. A la mañana siguiente les dan 50 dólares a cada uno de los voluntarios y los mandan al super a comprar comida.

Los resultados son evidentes: los que duermen, de media, compran unos 10 kilos de comida que suponen algo más de 15000 kcal, y para los que no duermen las cifras son de algo más de 11 kilos de comida y unas 16500 kcal. Como ven, con sueño se compra un 18% más de comida que suponen un 9% más de calorías. Es mejor ir al super bien dormido.

 

*Chapman, C.D. y 10 colaboradores. 2013. Acute sleep deprivation increases food purchasing in men. Obesity doi:10.1002/oby.20579

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