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Evitar o salvar

2014 octubre 20
por Eduardo Angulo Pinedo

Donamos sangre para prevenir millones de muertes evitables. En general, las personas son generosas en su ayuda a los demás, aunque la dura crisis económica ha hecho caer las donaciones económicas. Eileen Chou y Keith Murnigham, de las universidades de Virginia en Charlottesville y del Noroeste en Evanston, nos cuentan que, en 2010, las donaciones en dinero habían caído, en Estados Unidos, un 11% en dos  décadas. Las 10 ONGs que encabezaban el ránking de las que más dinero recibían habían perdido, en conjunto, el 40% de las donaciones.

Los autores, en su investigación, parten de una intuición que convierten en hipótesis de trabajo. Estudian las campañas publicitarias pidiendo fondos de esas 10 ONGs que forman el topten y descubren que hay 6 que pierden fondos, y son las que piden dinero para “salvar” algo, vidas, niños o lo que sea, y que las restantes 4 no pierden dinero e, incluso, consiguen algo más de recaudación. Son las que piden para “evitar” algo, la muerte, la enfermedad o cualquier otra desgracia. Recauda menos “salvar” que “evitar”, intuyen Chou y Murnigham.

En su estudio, los autores escriben por correo electrónico a 3534 universitarios que viven en 19 residencias invitándoles a donar sangre. Los mails forman cuatro grupos. Dos de los grupos piden la donación de sangre para “salvar” vidas” o para “evitar” pérdidas. A su vez, cada uno de los grupos anteriores se divide en dos y, en uno de ellos, se habla de una necesidad urgente de sangre y en el último de necesidad moderada.

Las respuestas positivas son 119, es decir, el 3.8% de los alumnos están dispuestos a donar sangre. Es una cifra habitual en Estados Unidos (en nuestro entorno el porcentaje es similar, quizá un poco más alto llegando al 4%). No hay diferencias importantes entre los que han recibido los mails con las necesidades de sangre urgente y moderada. Sin embargo, los que contestan positivamente y recibieron el mail en que se pedía sangre para “evitar” males doblan a los que se ofrecen a donar sangre para “salvar” vida; los porcentajes son de 1.31% frente al 0.78% respectivamente.

Los autores sugieren que el altruismo de la donación se ve más influido por “evitar” desgracias, que podrían ser las nuestras, que por “salvar” vidas que, parece, significa que salvamos algo de otro. En fin es el altruismo egoísta.

 

*Chou, E.Y. & J.K. Murnigham. 2013. Life or death decisions: framing the call for help. PLoS ONE 8: e57351

Disparos

2014 octubre 17
por Eduardo Angulo Pinedo

Ya se sabe y es evidente que la posesión de armas aumenta el riesgo de violencia y de conductas agresivas. Incluso, nos cuenta Brad Bushman, de la Universidad Estatal de Ohio en Columbus, la presencia de armas de fuego en las películas es una causa potencial de violencia por y para los espectadores. Bushman y su grupo han publicado un estudio sobre la presencia de armas en las películas más populares y taquilleras de Hollywood.

Repasan una base de datos con 945 películas formada por los 30 films de más éxito de taquilla de cada temporada entre 1950 y 2012. Revisan las películas, las dividen en fragmentos de 5 minutos y anotan las escenas con armas que aparecen en cada uno de esos fragmentos.

En los 945 films hay un total de 17695 escenas de violencia con armas. Es más, desde 1985 y en 395 películas (el 94%) de las 420 estrenadas hasta 2012 hay, por lo menos, una escena violenta y, en total, hay 783 fragmentos de 5 minutos con armas. En esos años, las escenas con armas por fragmento casi se han triplicado y han pasado de una media de algo más de cinco a sobrepasar por poco las quince. Además, las películas en las que más han aumentado las escenas violentas son las calificadas para más de 13 años. En la actualidad, tienen más escenas violentas los films con esta calificación para adolescentes que las de adultos.

 

*Bushman, B.J. y 3 colaboradores. 2013. Gun violence trends in movies. Pediatrics doi:10.1542/peds.2013-1800

 

Mosquitos de Spielberg

2014 octubre 12
por Eduardo Angulo Pinedo

Esta es una noticia breve pero que llena de alegría a los que hace unos años nos maravillamos ante los dinosaurios del Parque Jurásico de Steven Spielberg (1993). Pues bien, han encontrados unos mosquitos fósiles de hace unos 46 millones de años y se ha podido demostrar que llevan sangre en el digestivo. Ya en aquellos tiempos no había dinosaurios pues se extinguieron hace 65 millones de años. Los autores sugieren que la sangre podría ser de un ave. En fin, creo que a los forofos del Parque Jurásico no nos importa, ya tenemos el mosquito con sangre y quien sabe lo que nos depara el destino.

El grupo de Dale Greenwalt, del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, DC; encontró los fósiles en Montana y los asignó al género Culiseta. Cerca encontraron otros diez ejemplares. Cuando los analizaron con rayos X, en uno de los ejemplares detectaron una concentración muy alta de hierro en el abdomen, en la zona del digestivo. Incluso encontraron una concentración de hierro unas 10 veces más alta en la hembra que en el macho, y no hay que olvidar que en los mosquitos quien pica buscando sangre es la hembra. Por tanto, se deduce que ese hierro procede de sangre, la hemoglobina de la sangre que es la molécula que transporta el oxígeno en la sangre y que le da su característico color rojo. Además, con espectrometría detectan, en esa zona del abdomen, porfirinas que son proteínas con hierro que resultan de la degradación de la hemoglobina.

Por tanto, tenemos mosquitos con sangre, de ave y no de dinosaurio, y los autores nos anuncian que van a investigar si existen restos de ADN, con seguridad degradado e inservible para clonar. Pero, quien sabe, llamemos a Spielberg y quizá tiene alguna fantástica idea.

 

*Greenwalt, D.E. y 4 colaboradores. 2013. Hemoglobin-derived porphyrins preserved in a Middle Eocene blood-engorged mosquito. Proceedings of theNationalAcademyof SciencesUSADOI: 10.1073/pnas.1310885110

 

Oro en los árboles

2014 octubre 8
por Eduardo Angulo Pinedo

Seguro que hay más de un método para buscar oro. No todos serán, supongo, como el que aparecía en las películas del oeste en las que por mucho caminar no se encontraba con facilidad el preciado metal. Siempre era como por casualidad a pesar de que lo encontraba un buscador de oro veterano y, parecía, conocedor del asunto. Además de borrachín, condición habitual aunque no sé exactamente porque es necesaria para buscar oro. Pero lo que seguro no se les pasó por la cabeza a ninguno de ellos es buscar oro en las hojas de los árboles, tal como han hecho Melvyn Lintern y sus colegas del Centro CSIRO de Ingeniería de Ciencias de la Tierra y Recursos de Kensington, en Australia.

Como son investigadores australianos, el árbol con el que tratan es el eucalipto, su árbol más famoso. En general, nos dicen, la presencia de oro en plantas es muy baja, como de 1 o 2 ppb (partes por billón), pero Lintern propone que, en los casos en que se encuentren concentraciones más altas, quizá el árbol esta tomando el metal del subsuelo, es decir, de un posible yacimiento de oro. Para probarlo, Lintern se va a la mina de oro Freddo, en Australia Occidental.

Antes de iniciar el estudio, en otra mina, la mina Barus, en Australia del Sur, había encontrado hasta 9 ppb (partes por billón) de oro en algunas plantas, entre ellas en eucaliptos. Pero en Freddo organiza mejor la recogida de muestras. Por estudios geológicos se sospecha que en una determinada zona, de unos 100 metros de longitud y a 35 metros de profundidad, hay oro. Lintern toma muestras unos 600 metros antes y unos 600 metros después de esa zona en la que presuntamente hay oro. En total, son 1.3 kilómetros de toma de muestras. Recoge hojas, ramas y corteza de eucaliptos. Los árboles pueden ser bastante grandes, incluso de más de 10 metros de altura, y con unas raíces que pueden llegar a 35 metros de profundidad, a los estratos con oro.

Los resultados son claros. En las ramas de los eucaliptos que están lejos del oro, la concentración del metal se mantiene entre 0 y 2 ppb (partes por billón), pero en los 100 metros centrales de la toma de muestras, en la zona sobre el oro, la concentración llega a 50 ppb (partes por billón). Y esta diferencia es todavía más exagerada en las hojas donde la concentración pasa de entre 0 y 2 ppb a 90 ppb (partes por billón). Además, también descubren que, como las hojas caen a suelo y se pudren, la concentración de oro en el primer metro del suelo es muy alta y puede llegar a 180 ppb (partes por billón) mientras que al metro y medio de profundidad la concentración es poco más de 0 ppb (partes por billón).

 

*Lintern, M. y 3 colaboradores. 2013. Natural gold particles in Eucalyptus leaves and their relevant to exploration for buried gold deposits. Nature Communications DOI:10.1038/ncomms.3614

Huevos y colesterol

2014 octubre 3
por Eduardo Angulo Pinedo

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la mayoría de los países occidentales, incluida España. El desarrollo de estas enfermedades tiene múltiples causas, desde la genética hasta el ejercicio físico o la dieta, y entre los factores nutricionales, el colesterol sigue siendo la causa de un debate entre expertos que está muy lejos de llegar a un acuerdo definitivo. El colesterol forma placas en las arterias que impiden la libre circulación de la sangre y provocan infartos y derrames. Toda la discusión se centra en la relación, si existe, entre el colesterol en la dieta, el colesterol en sangre, sobre todo unido a las lipoproteínas de baja densidad (LDL) o colesterol “malo”, y las placas en las arterias. Se recomienda no consumir más de 300 miligramos de colesterol al día, aunque en la actualidad quizá, más que el colesterol en la dieta influyen más las grasas que se ingieren. De todas formas, un huevo tiene, más o menos, 210 miligramos de colesterol, es decir, algo así como el 70% de la dosis diaria recomendada. Por tanto, parecía obvio que se debe controlar el número de huevos que se toman. Y esto se ha hecho durante varias décadas: todo se reduce a prohibir el consumo de huevos a quien tiene una concentración alta de colesterol en sangre.

Sin embargo, cada vez hay más evidencias que indican que no hay relación entre la ingesta de huevos y la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Algunos de los factores de riesgo de estas dolencias ya aparecen en la adolescencia y, por ello, Alberto Soriano y su grupo, de la Universidad de Granada, han estudiado la relación entre el consumo de huevos y el riesgo cardiovascular en adolescentes.

Trabajan con 380 adolescentes de nueve países europeos que participan en el programa HELENA sobre el estilo de vida de los jóvenes de Europa. En España, los voluntarios son de colegios de Zaragoza. Tienen de 12.5 a 17.5 años, con una edad media de 14.6 años y la mitad son chicas. De 2006 a 2008 responden a varias encuestas sobre su dieta, datos físicos y sociales y se toman muestras de sangre y se mide su tensión arterial.

Los resultados demuestran que no hay relación entre el consumo de huevos y el nivel de colesterol en sangre, la tensión arterial y, en general, el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Por cierto, en España la ingesta de huevos, tanto en niños como en niñas, es inferior a un huevo por día.

 

*Soriano Maldonado, A. y 8 colaboradores. 2013. Ingesta de huevo y factores de riesgo cardiovascular en adolescentes: papel de la actividad física. Estudio HELENA. Nutrición Hospitalaria 28: 868-877.

Fertilidad en Europa

2014 septiembre 30
por Eduardo Angulo Pinedo

Es clásico, y además intuitivo, relacionar tiempo de crisis con cambios en la fertilidad. Ya Malthus en el siglo XVIII, y muchos autores después, establecieron que las crisis llevan a revisar o, por lo menos, a retrasar el tener hijos. En Europa estamos en la crisis desde 2007 y Joshua Goldstein y su grupo, del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica de Rostock, en Alemania, se proponen conocer la relación entre fertilidad y la crisis actual y, si existe la relación, en qué dirección se mueve.

Utilizan los datos de fertilidad, entre 2001 y 2010, del Eurostat, y las cifras del paro como indicador de la crisis, entre 2000 y 2010, de la OCDE. Relacionan paro y fertilidad entre sí y con la edad a la que se tienen el primero, segundo y tercer hijo.

Los datos demuestran que hay un impacto negativo del paro sobre la fertilidad y, además, el impacto es mayor en los tramos de edad de los jóvenes, hasta los 24 años. Este se confirma con los nacimientos del primer hijo, con la mayor caída de la fertilidad en 24 años.

En cuanto a las diferentes regiones de Europa, la mayor caída de la fertilidad y, de nuevo, hasta los 24 años, se da en el sur de Europa, incluyendo España, y en el centro y este de Europa. Son las zonas que más fuerte sufren la crisis y donde el paro es mayor. En España, la fertilidad crecía lentamente hasta 2008 y, desde ese año hasta 2011, desciende con lentitud, a la vez que el paro ha aumentado considerablemente. El descenso de la fertilidad en cuatro años ha sido del 12.8%.

En resumen, los autores calculan que el aumento del 1% en el paro supone un descenso del 0.1% en la fertilidad como media para toda la Unión Europea, y del 0.3% en el sur de Europa.

 

*Goldstein , J.R. y 3 colaboradores. 2013. Fertility reactions to the “Great Recession” in Europe: Recent evidence from order-specific data. Demographic Research 29: 4.

La tele y el semen

2014 septiembre 26
por Eduardo Angulo Pinedo

Recuerden que ya hemos hablado del descenso en la calidad del semen en muchos países occidentales y del animado debate sobre las causas. Audrey jane Gaskins y su grupo, de la Universidad de Harvard, nos recuerdan que una de las posibles causas es, en nuestra adelantada sociedad, la disminución de la actividad física y el consiguiente aumento del sedentarismo. Aunque hay que tener en cuenta que el ejercicio físico excesivo provoca una bajada de los niveles de testosterona y la disminución de la calidad del semen, como ocurre en ciclistas y en atletas de largas distancias.

Por otra parte, Gaskins nos recuerda que una de las consecuencias, o quizá de las causas, del sedentarismo es el cada vez mayor tiempo que dedicamos a ver la televisión. Y, por ello, se plantean investigar si existe una relación, en hombres jóvenes y sanos, entre la calidad de su semen y el tiempo que permanecen ante la tele.

Trabajan con 189 universitarios voluntarios, de 18 a 22 años y edad media de 19.6 años. El estudio se hace en el curso 2009-2010 y se les pide que digan el número de horas por semana al ejercicio físico y el número de horas por semana que dedican a ver la tele, todo ello durante los últimos tres meses. Además, entregan muestras de semen para analizar su calidad, como es habitual, con el número de millones de espermatozoides por mililitro y el porcentaje de espermatozoides móviles y de morfología normal.

Las horas por semana dedicadas a las actividades físicas van de 5 a 14, con una media de 8.25. A ver la televisión dedican de 4 a 20 horas por semana, con una media de 14 horas. En cuanto al semen, el número medio es de 53 millones por mililitro, con un rango de 21 a 96; la movilidad media es del 60%, con rango del 50% al 70%; y las formas normales son el 8.5%, con rango de 5% al 12%.

Después del análisis estadístico de los datos, Gaskins concluye que existe una relación entre el número de espermatozoides y la actividad física. Por ejemplo, el 25% de los voluntarios que más ejercicio hacen (15 o más horas por semana), tienen un 73% más de espermatozoides que los que menos ejercicio hacen (5 o menos horas por semana).

También las horas ante la televisión se relacionan con el número de espermatozoides y los hombres que la ven, más de 20 horas por semana, tienen el esperma un 44% menos concentrado.

Ni la movilidad de los espermatozoides ni el porcentaje de formas normales se relacionan con la actividad física ni con las horas dedicadas a la televisión.

Para los autores no es la televisión la que disminuye la calidad del semen (aunque sería curioso si se pudiera demostrar que lo fuera), sino que el tiempo que se dedica al aparato no se invierte en actividad física y, como decía antes, calidad del semen y actividad física moderada sí están relacionadas.

 

*Gaskins, A.J. y 5 colaboraciones. 2013. Physical activity and television watching in relation to semen quality in young men. British Journal of Sports Medicine doi:10.1136/bjsports-2012-091644

Almendras saladas

2014 septiembre 23
por Eduardo Angulo Pinedo

Dedicado a la Señora Carmen, en agradecimiento por sus riquísimas (y saludables) almendras saladas

 

Picar algo de vez en cuando ya se ha convertido en una parte importante de los alimentos que ingerimos. Y va en aumento según nos cuentan Richard Mattes y su grupo de la Universidad Purdue de West Lafayette, en Estados Unidos. Las últimas encuestas publicadas, de 2006, revelan que el 97% de los estadounidenses toma, por lo menos, un snack al día y que lo habitual es picar, de media, 2.2 snacks por día. Se ha pasado de un picoteo de 165 calorías al día en 1977 a 264 calorías en la actualidad.

Uno de los picoteos más típicos son las almendras saladas, ricas en nutrientes como grasas monosaturadas, magnesio, proteínas, vitamina E y fibras pero, también, muchas calorías con un alto contenido y un exceso de sodio. Estudiar los efectos que producen las almendras saladas como snack es una línea de investigación para el grupo de Richard Mattes.

En un primer trabajo, trabajan con 24 voluntarios que toman almendras saladas todos los días durante diez semanas y dejan de tomarlas durante las siguientes diez. Se les toman datos de peso, altura, Índice de Masa Corporal (IMC), metabolismo, grasa corporal, ejercicio físico y dieta. Los resultados demuestran que después de las diez semanas tomando almendras no hay cambios en el peso, en el IMC o en la grasa corporal total y abdominal.

Poco después, Mattes inició otro estudio para controlar mejor la ingestión de las almendras saladas. Intervinieron 137 voluntarios, con 89 mujeres, de 18 a 60 años, con una edad media de 30 años y, además, parte de ellos con peso normal y un IMC entre 18 y 25 y otra parte con sobrepeso y obesos, con un IMC mayor que 27. Se dividen en cinco grupos para el experimento que dura cuatro semanas. Uno de los grupos no toma almendras y funciona como control; y los otros cuatro grupos toman 45 gramos de almendras (más o menos unas dos docenas de almendras) en el desayuno o en la comida o a media mañana o a media tarde. En los voluntarios se toman datos como la altura, el peso, el IMC, el diámetro de la cintura, la presión sanguínea, la grasa corporal y un análisis de sangre completo incluyendo azúcar y colesterol. Además, se les pregunta por el apetito que sienten y si se sienten llenos o con hambre.

Los resultados muestran que disminuye el azúcar en sangre y aumenta la vitamina E y las grasas monosaturadas. Además, la toma de almendras saladas, sobre todo como snack a media mañana o media tarde, no afecta al peso de los voluntarios que, además, declaran que se sienten saciados y no tienen hambre. Según Mattes, esta es la razón de que las almendras saladas, a pesar de sus calorías, no provoquen un aumento de peso. Los voluntarios, al sentirse llenos, comen menos y regulan su peso sin ser conscientes de ello.

 

*Hollis, J. & R. Mattes. 2007. Effects of chronic consumption of almonds on body weight in healthy humans. Bristish Journal of Nutrition 98: 651-656.

*Tan, S.Y. & R. Mattes. 2013. Appetitive, dietary and health effects of almonds consumed with meals or as snacks: a randomized, controlled trial. European Journal of Clinical Nutrition 67: 1205-1214.

Los muertos del New York Times

2014 septiembre 19
por Eduardo Angulo Pinedo

Los obituarios en la prensa son un recurso fácilmente analizable para conocer la vida y la muerte de las personas. Lo habitual es que traten de los famosos con éxito en su vida profesional o personal. Catherine y Richard Epstein, de las universidades de Queensland en Brisbane y de Nueva Gales del Sur en Sydney, se plantean si una vida exitosa implica una vida más corta o más larga, o si distintas profesiones suponen diferentes causas de muerte. Para encontrar una primera respuesta analizan los obituarios del New York Times que, según la descripción del propio periódico, están dedicados a “los famosos, los influyentes, los inconformistas”.

Los autores obtienen los datos de 1000 obituarios consecutivos publicados en el periódico en 2009 y 2010. Se apunta la ocupación del difunto así como la causa de la muerte, aunque a veces el obituario no proporcione indicaciones muy concretas.

Algo más del 80% de los obituarios se refieren a hombres, con una edad media de 80.3 años para los hombres y de 78.8 para las mujeres. Más mujeres que hombres mueren antes de los 70 años, con un 24% frente al 17%. Las causas de muerte son la edad, con el 32%, el cáncer, con el 26.5%, las enfermedades cardiovasculares, con el 16.5%, causa no especificada, con el 12.5%, enfermedad respiratoria, con el 3.5%, y neurodegenerativa, con el 2.5%. Estas causas son similares en hombres y en mujeres.

Sin embargo, hay dos curiosas diferencias entre sexos: las deportistas mujeres mueren más, el 38% del total de fallecidas, que los deportistas hombres, con el 18.4%. O, quizá, es que al New York Times le interese más publicar el obituario de las mujeres famosas por el deporte que el de los hombres deportistas. Algo parecido ocurre con los hombres religiosos y académicos pues mueren más, con el 26.7%, que las mujeres religiosas y académicas, con el 12.3%.

Los que mueren más jóvenes son los actores y deportistas, con una edad media de 77.2 años, y los creativos, con 78.4 años. En cambio, son más longevos los académicos, con 81.7 años de media, y los políticos y militares, con 83 años. Las muertes en los más jóvenes se asocian con accidentes, y muerte a los 66.8 años de media, infecciones, con 68.6 años, y cáncer, con 73 años.

 

*Epstein, C.R. & R.J. Epstein. 2013. Death in The New York Times: the price of fame is a faster flame. QJM: An International Journal of Medicine DOI: 10.1093/qjmed/hct077

Subestimar calorías

2014 septiembre 15
por Eduardo Angulo Pinedo

A menudo nos equivocamos al estimar las calorías de los alimentos que comemos. Casi siempre por ignorancia, a veces porque conviene, y la equivocación, además, es sorprendentemente grande. Jason Block y su grupo, de la Facultad de Medicina de Harvard, salen del laboratorio a los restaurantes del entorno con el objetivo de averiguar si también subestimamos el contenido calórico de los alimentos cuando comemos fuera de casa y, por si fuera poco, en los restaurantes más populares de Estados Unidos, los catalogados como de comida rápida.

Los autores encuestan a los clientes que comen o cenan en restaurantes de cinco cadenas muy conocidas – McDonald’s, Burger King, Wendy’s, KFC y Subway – en cuatro ciudades del nordeste de Estados Unidos – Boston, Springfield, Providence y Hartford -. Las encuestas se hacen en 2010 y 2011. Para los adultos y los niños en edad escolar se elige la hora de la cena, cuando los padres acompañan a los niños, entre las 17 y las 19 horas, en 42 restaurantes y con un total de 269 visitas. Para los adolescentes se encuesta a la hora de la comida a la salida del instituto, entre las 14.00 y las 16.30 horas, en 47 restaurantes y con un total de 356 visitas. En resumen, participan en el estudio 1877 adultos, 1178 adolescentes y 330 niños en edad escolar.

La media de las calorías ingeridas, según todas las encuestas, es de 836 en adultos, 756 en adolescentes y 773 en niños. Al menos dos tercios de los encuestados subestiman las calorías ingeridas y casi, para una cuarta parte, la diferencia a la baja es de 500 calorías. La media de la caída de las calorías ingeridas es de 175 en adultos, 259 en adolescentes y 175 en niños. Además, cuantas más calorías tiene el menú elegido más se subestima el contenido calórico real.

 

*Block, J.P. y 6 colaboradores. 2013. Consumers’ estimation of calorie content at fast food restaurants: cross sectional observational study. British Medical Journal doi:10.1136/bmj.f2907

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