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La música en el cerebro

2014 diciembre 21
por Eduardo Angulo Pinedo

La música es universal, aparece en todas las culturas y es parte esencial y gratificante de nuestra experiencia vital. Sin embargo, nos cuentan Daniel Abrams y sus colegas de la Universidad de Stanford, se conoce poco de los sistemas cerebrales, presentes en todos los individuos de nuestra especie, que procesan e integran los estímulos musicales que nos llegan desde el mundo real. Los autores analizan las respuestas del cerebro por medio de resonancias tomadas mientras escuchan la música que, además, no deben conocer previamente al experimento.

Trabajan con 17 voluntarios, todos universitarios de Stanford, con 8 mujeres, edades de 19 a 27 años y una media de 21.3 años. Además, deben tener poca o ninguna experiencia musical. Como estímulo escuchan, durante 9.5 minutos, fragmentos de cuatro sinfonías de William Boyce /1711-1779), conocido músico inglés para los expertos y famoso en su época, al que se llamó el “Bach inglés”, pero casi olvidado en la actualidad. Su música es muy representativa de lo que ahora llamamos música clásica barroca pero con escasa difusión en estos tiempos. Los voluntarios escuchan la música de Boyce en un ambiente confortable, con auriculares y un amplificador que elimina el ruido de fondo. A la vez que escuchan se obtienen las resonancias para conocer el funcionamiento del cerebro en respuesta a la música.

Los resultados muestran que las zonas del cerebro que responden a la música son las mismas en todos los voluntarios: el cerebro medio, el tálamo, las zonas de la corteza asociadas a la audición, las cortezas parietal y frontal y las regiones del cerebro asociadas con el movimiento. Además, de al movimiento, las áreas activadas se asocian a la atención y a la memoria.

Cuando comparan la respuesta a la música de Boyce entre voluntarios, Abrams encuentra que son las zonas del hemisferio derecho cerebral, en las cortezas frontoparietales, las que se sincronizan. Son las áreas del cerebro que procesan estímulos no lingüísticos. También hay, como he dicho, activación de las zonas que controlan el movimiento y, por ello, la música provoca, de manera natural y automática, respuestas motoras como palmadas, cabeceos o pasos para seguir el ritmo.

 

*Abrams, D.A. y 6 colaboradores. 2013. Inter-subject synchronization of brain responses during natural music listening. European Journal of Neuroscience doi: 10.1111/ejn.12173

Trasnochar y calorías

2014 diciembre 18
por Eduardo Angulo Pinedo

En el entorno urbanita en que vivimos, lo que compramos es lo que comemos. O, viceversa, nuestra comida viene en las compras que hacemos. Por tanto, si queremos controlar nuestra dieta, debemos controlar los alimentos que compramos. Así cumpliremos una función social pues ayudaremos a mitigar la epidemia de obesidad que recorre la sociedad occidental, quizá uno de los problemas más de salud pública de nuestra cultura. En consecuencia, si estudiamos qué influye en nuestras compras de alimentos, podremos controlar con más eficacia nuestra dieta. Colin Chapman y su grupo, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, nos ponen en guardia ante uno de esos factores  que influye en nuestras compras. Que, por cierto, solo estudian en hombres.

Trabajan con 14 voluntarios, con una edad media de 23 años y un Índice de Masa Corporal normal de 23.4 de media. Todos duermen habitualmente 8 horas cada noche. Van a la cama entre las 22.30 y las 23.30 horas y se levantan, los días laborables, entre las 6.30 y las 7.30 horas. En el experimento tienen a la mitad de los voluntarios sin dormir durante una noche, y la otra mitad duerme como todos los días y sirve como control. A la mañana siguiente les dan 50 dólares a cada uno de los voluntarios y los mandan al super a comprar comida.

Los resultados son evidentes: los que duermen, de media, compran unos 10 kilos de comida que suponen algo más de 15000 kcal, y para los que no duermen las cifras son de algo más de 11 kilos de comida y unas 16500 kcal. Como ven, con sueño se compra un 18% más de comida que suponen un 9% más de calorías. Es mejor ir al super bien dormido.

 

*Chapman, C.D. y 10 colaboradores. 2013. Acute sleep deprivation increases food purchasing in men. Obesity doi:10.1002/oby.20579

Etiqueta verde

2014 diciembre 15
por Eduardo Angulo Pinedo

Lo verde está de moda, lo verde apasiona, sobre todo en alimentación y, a menudo, sin argumentos aceptables. Hay dos aspectos, nos cuenta Jonathon Schuldt, de la Universidad Cornell de Ithaca, en Estados Unidos, que muchos consumidores buscan en los envases de los alimentos que compran, y son las calorías y el contenido en grasas. Eligen según lo que pone en el envase con el objetivo final, ante todo, de que sea un producto saludable. Además, los expertos en marketing ya saben que el color influye en la elección del consumidor. Esto es lo que Jonathon Schuldt ha investigado y ahora nos cuenta.

En un primer estudio trabaja con 93 universitarios, de ellos 45 son mujeres, que se ponen ante un ordenador y se les pide que respondan a una encuesta que evalúa diferentes alimentos desde el punto de vista de la salud. Entre ellos hay una galleta en forma de barra cubierta de chocolate. En la envoltura de esta galleta pone que tiene 260 calorías. La mitad de los voluntarios, 46 en concreto, ven esta etiqueta en rojo y la otra mitad la ve en verde. La evaluación de lo saludable que es el alimento se puntúa de 1 a 9.

La etiqueta verde saca la mejor puntuación en cuanto a ser saludable con un 4.97 de media mientras que la etiqueta roja saca un 4.37. La diferencia es pequeña pero es significativa. Y no hay que olvidar que las etiquetas dicen exactamente lo mismo y lo único que las diferencia es el color.

Con ligeras variantes, Schuldt organiza un segundo estudio con 39 voluntarios, de ellos 23 son mujeres. El experimento es como el anterior pero sustituye el color rojo por color blanco y en la encuesta pregunta a los voluntarios por su interés en que la elección corresponda a un alimento saludable. Por tanto, deben puntuar a la barra de chocolate, de nuevo con el mismo texto, las 260 calorías, pero sobre color verde o sobre color blanco.

Los resultados demuestran que se puntúa más el color verde que el blanco, pero la puntuación de la verde es mayor cuanto interesado esté el voluntario en elegir un alimento saludable, es decir, cuanto más preocupado esté por su salud. Así, los más inquietos puntúan la etiqueta verde con 5.39 y la blanca con 4.20.

Ya ven, para los consumidores, aún siendo el mismo alimento y el mismo texto en la envoltura, lo verde es más sano.

 

*Schuldt, J.P. 2013. Does green mean healthy? Nutrition label color affects perceptions of healthfulness? Health Communication DOI:10.1080/10410236.2012.725270

Evolución en marcha

2014 diciembre 12
por Eduardo Angulo Pinedo

Probar la evolución en directo siempre ha sido una de las exigencias de los creacionistas. Se consigue a través del registro fósil o, simplemente, estudiando los seres vivos que viven en nuestro planeta, tal como hizo Darwin. Sin embargo, no es fácil ver funcionar a la evolución en vivo y en directo. A nuestra especie le falta tiempo de vida para hacerlo posible. Pero Richard Lenski pensó que podría conseguirlo si criaba el tiempo suficiente una especie con un ciclo vital rápido, por ejemplo, una bacteria. Con esta hipótesis comenzó hace 25 años este experimento en su laboratorio de la Universidad Estatal de Michigan en East Lansing, Estados Unidos, tal como nos lo relata Elizabeth Pennisi, periodista de la revista Science.

Son ya 58000 generaciones de la bacteria Escherichia coli las que han crecido y almacena Lansing en su laboratorio. Es el resultado actual, que no el final, del cultivo que inició en 1988 con 12 cepas idénticas de la bacteria. Han pasado por sus 4000 frascos de cultivo unas 1014 células  (100.000.000.000.000) y, cada 75 días, congelaba uno de esos frascos y lo guardaba para estudios futuros. Por ejemplo, si detectaba un cambio podía volver hacia atrás y ver cuando se había producido.

Uno de los cambios más espectaculares que se produjo en el cultivo es la disminución en el tiempo de cada generación, o sea, que la bacteria cada vez se divide más rápido, en concreto, 1.7 veces más rápido que las cepas originales. Si al principio necesitaban una hora, en los últimos cultivos les basta con algo menos de 40 minutos. En los 25 años que lleva funcionando el cultivo, lo conseguido equivale a un millón de años de evolución en homínidos.

Hay más cambios y hacia la generación 6500, cuando se llevaban unos tres años de cultivo, aparecieron dos Escherichia coli diferentes. Una de ellas era de menor tamaño y formaba colonias pequeñas y otra de más tamaño con colonias grandes. Los científicos supusieron que una de ellas terminaría con la otra pero no ocurrió así y ambas siguen conviviendo.

Otro cambio fue que en seis de las cepas originales apareció un defecto en la reparación del ADN cuando sufría algún daño. De nuevo, la hipótesis de los científicos resultó errónea. Pensaron que era un defecto genético importante que llevaría a esas seis cepas a la desaparición. Resultó lo contrario pues no reparar el ADN provocó que las cepas tuvieran una tasa de mutaciones mayor y a evolucionar con rapidez.

Los medios de crecimiento llevaban glucosa como fuente de energía y citrato para mantener el entorno adecuado para el crecimiento de las bacterias. Y apareció una mutación que provocó que las Escherichia coli se alimentaran de citrato y no de glucosa. El resultado de esta mutación fue que la reproducción se aceleró.

Como decía, Escherichia coli ha crecido y se ha reproducido durante 58000 generaciones en un ambiente estable y, sin embargo, no ha parado de evolucionar. . Por lo menos para estas bacterias la evolución no tiene fin, siempre está en marcha y no acaba nunca.

 

*Pennisi, E. 2013. The man who bottled evolution. Science 342: 790-793.

La vida y el móvil

2014 diciembre 9
por Eduardo Angulo Pinedo

Los estudiantes de hoy en día son la vanguardia de la primera generación que ha crecido en la era digital. Son lo que se llama “nativos digitales”. Para ellos, es una norma cultural la inmersión en la tecnología digital en su vida diaria. Y son los móviles, con sus múltiples conexiones y su uso continuo, los que facilitan la integración de la tecnología y el modo de vida. Son, además de “nativos digitales”, jóvenes hiperconectados. Por tanto, son la población ideal para investigar las relaciones entre el uso del móvil y los efectos que provoca en sus usuarios. Es lo que han iniciado Andrew Lepp y sus colegas de la Universidad Estatal de Kent en Ohio, Estados Unidos.

En un primer estudio relacionan el uso del móvil con la actividad física, el sedentarismo y el estado cardiorrespiratorio de los jóvenes. Trabajan con 49 estudiantes, de ellos 27 son mujeres, con edades de 18 a 21 años, que dan sus datos de peso, altura, grasa corporal, actividad física y consumo de oxígeno como marcador de las funciones cardiorrespiratorias, además de una estimación del tiempo que dedican cada día al uso del móvil, incluyendo el número de llamadas y de mensajes que envían.

La media diaria del uso del móvil es de 299 minutos, casi 5 horas. El número de mensajes enviados es, también como media, de 214, y las llamadas realizadas llegan casi a 8. Los resultados indican que el uso del móvil se relaciona negativamente con el consumo de oxígeno de forma que, a más uso del móvil menos oxígeno consumido, es decir, peor estado cardiorrespiratorio. Según las respuestas de los estudiantes, aquellos que usan más el móvil (con 840 minutos al día, más de 12 horas) son conscientes de que con ello adoptan conductas sedentarias como, por ejemplo, ver la televisión. Por el contrario, los que usan poco el móvil (101 minutos al día, algo más de hora y media), aseguran que se conectan con grupos de amigos que les llevan a hacer ejercicio físico.

Es curioso que los que usan poco el móvil consideren mayoritariamente que el móvil, a través de sus amigos, promueve su actividad física y, por el contrario, los que usan mucho el móvil son conscientes de que ello les priva de la actividad física. En resumen, los que usan poco el móvil hacen más ejercicio, tienen menos conductas sedentarias y mejor funcionamiento cardiorrespiratorio con un mejor consumo de oxígeno.

En el segundo estudio, Lepp y su grupo relacionan el uso del móvil con las notas académicas, la ansiedad y la satisfacción vital de 536 estudiantes, de ellos 370 son mujeres. Los voluntarios responden a encuestas sobre información personal (sexo, edad, peso, altura,…), satisfacción vital, ansiedad y uso del móvil y se recogen sus notas del expediente académico.

La media del uso del móvil es de cerca de 300 minutos al día, como en el estudio anterior, con un máximo en 915 minutos al día (más de 15 horas), y el envío de mensajes con una media de 77 al día con el máximo en 450. Los resultados demuestran una relación negativa entre el uso del móvil y las notas, es decir, a más móvil peores notas. Además, el uso del móvil se relaciona positivamente con la ansiedad y, por ello, a más móvil más ansiedad. Y, por otra parte, la ansiedad se relaciona negativamente con la satisfacción vital, o sea, a más ansiedad menos satisfacción vital.

Por tanto, a más uso del móvil hay peores notas, más ansiedad y menos satisfacción vital. Y hay que añadir, con los resultados del primer estudio, que peor ajuste cardiorrespiratorio, menos ejercicio físico y más sedentarismo.

 

*Lepp. A. y 4 colaboradores. 2013. The relationship between cell phone use, physical and sedentary activity, and cardiorespiratory fitness in a sample of U.S. college students. Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity 10: 79.

*Lepp, A., J.E. Barkley & A.C. Karpinski. 2014. The relationship between cell phone, academic performance, anxiety, and satisfaction with life in college students. Computers in Human Behavior 31: 343-350.

Orina llena

2014 diciembre 7
por Eduardo Angulo Pinedo

Más de 3000 compuestos, nada menos que más de 3000 compuestos, 3079 en concreto, han encontrado en la orina humana Souhaila Bouatra y sus colegas, de la Universidad de Alberta en Edmonton, Canadá. Es el resultado final de siete años de exhaustivos análisis y de revisiones de la literatura publicada sobre este asunto.

Utilizan varias técnicas de análisis para estudiar 22 muestras de orina de voluntarios sanos y encuentran esos 3079 compuestos que decía antes. Entre ellos hay muchos que ya se sabía que aparecían en nuestra orina como, por supuesto, la urea o el ácido úrico, la acetona, el etanol, las cetonas, la cafeína, el ácido cítrico, glucosa, aminoácidos como la glicina o la alanina, el neurotransmisor dopamina o, como es normal en nuestra sociedad, el ácido salicílico, o sea, la aspirina.

En fin, 30179 compuestos. De ellos, 72 proceden de las bacterias, 1453 del propio cuerpo, 2282 de la dieta, drogas, cosméticos o del entorno. No los sumen, el total es superior a 3019 porque algunos aparecen en varias categorías.

Todo ello es lo que se denomina metaboloma, es decir, como se define habitualmente, es el “conjunto dinámico de moléculas y elementos químicos presentes en un organismo vivo, bien sintetizados por el propio organismo o bien incorporados desde el exterior y que reflejan el estado metabólico de un sistema vivo”. El metaboloma es muy dinámico y cambia constantemente según el estado y las circunstancias del organismo. En 2007, en el primer esquema publicado de nuestro metaboloma se identificaron más 2500 metabolitos, 1200 principios activos y 3500 compuestos procedentes de la dieta. Pues bien, todos estos compuestos se reúnen en356 clases químicas diferentes y, de ellos, 230 ya están en la orina. Es más, en este trabajo de Bouatra se encuentran en la orina 480 compuestos que ni siquiera, hasta ahora, se habían detectado en la sangre.

 

*Bouatra, S. y 18 colaboradores. 2013. The human urine metabolome. PLOS ONE 8: e73076

Whisky

2014 diciembre 1
por Eduardo Angulo Pinedo

Sentir lo que sentimos es más complejo que la simple entrada en el cerebro de la información que nos llega de los cinco sentidos. Primero, no es habitual que, cualquiera que sea el estímulo, active uno de los sentidos y, más bien, lo haga con varios. Y, en segundo lugar, la información que llega al cerebro activa determinadas zonas, según el sentido estimulado, y que, a menudo, procesen además otros sentidos. Por ejemplo, si degustamos un vino, en principio debería llegar al cerebro la información del gusto pero, todos lo sabemos, también llega el olfato, la visión y el tacto e, incluso, múltiples informaciones del entorno también influyen en la sensación total que nos produce el vino que estamos bebiendo. Todo esto quizá ya lo conocemos y lo hemos sentido, pero es ante todo experiencia personal. Ahora, con Carlos Velasco y sus colegas, de la Universidad de Oxford, vamos a probarlo con un par de experimentos científicos en el que vamos a dar whisky a unos voluntarios y nos van a contar lo que sienten.

En un primer estudio, para detectar si el entorno influye en la degustación del whisky, montan un experimento en el laboratorio con 18 voluntarios, entre ellos 12 mujeres y una persona que no especifica sexo, con edades de 23 a 65 años y edad media de 34.7 años. Todos toman cuatro tragos de whisky escocés de malta, sin mezclar, con el 40% de alcohol y a 19ºC de temperatura, y después responden aun cuestionario sobre lo que han bebido. Según beben, en la sala se proyecta un video que se espera cree el ambiente adecuado: herboso, con unas imágenes de césped; leñoso, con tablas de madera; y fresco con proyección de color rojo que, en estudios previos, se ha demostrado que provoca esa sensación.

Los resultados demuestran que el entorno influye en lo que se siente durante la degustación. Así con el video herboso, con mucho césped, lo más puntuado en el whisky, más del 25%, es el sabor a hierba. Con el video fresco, de color rojo, la frescura del whisky es lo mejor puntuado. Y con las tablas de madera en el video, el sabor leñoso sube un 20% más que el resto de los aromas.

En el segundo experimento los autores aprovechan una feria sobre degustación de whisky celebrada en Londres para conseguir una mayor participación, hasta 441 voluntarios, con 165 mujeres y 26 personas que no indican el sexo. Además, en las instalaciones de la feria crean tres ambientes que buscan las mismas sensaciones que en el primer estudio, es decir, herboso, leñoso y fresco. La sala herbosa tiene tumbonas, césped y luz verde; la sala fresca tiene las paredes rojas y unos pocos adornos; y la sala leñosa tiene paredes y sillas de madera (y, no queda claro por qué, un montón de relojes de pared).

Los resultados confirman el primer estudio. En la sala verde, herbosa, el sabor a hierba se puntúa hasta un 30% más que los otros sabores. La frescura gana en la sala roja, con un 20% de ventaja. Y, finalmente, en la sala leñosa, el sabor a madera gana con casi un 40% de ventaja.

Ambos experimentos demuestran una influencia significativa del entorno multisensorial sobre el resultado final que se obtiene de algo tan simple y habitual como es beber cuatro tragos de whisky.

 

*Velasco, C. Y 3 colaboradores. 2013. Assessing the influence of the multisensory environment on the whisky drinking experience. Flavour 2: 23.

Angelina Jolie

2014 noviembre 28
por Eduardo Angulo Pinedo

Fue el 14 de mayo de 2013 cuando la actriz Angelina Jolie, en un artículo de opinión en el New York Times, anunció que se había sometido a una doble mastectomía como medida preventiva contra el cáncer de mama. Explica como su madre murió a los 56 baños de cáncer de mama y como ella misma lleva un gen mutado, el BRCA1, que supone un riesgo elevado de contraer la enfermedad. Este gen, cuando funciona bien, dirige la síntesis de una proteína que promueve el arreglo de mutaciones en el ADN. Cuando muta, la proteína no funciona, las mutaciones en el ADN no se reparan y alguna de ellas puede llevar al cáncer de mama (también aumenta el riesgo de cáncer de ovario). Cuenta que sus médicos le han dicho que tiene un 87% de riesgo de desarrollar este cáncer y que los que llevan el BRCA1 mutado como ella, tienen, solo por esta mutación, un riesgo del 65%. Después de la doble mastectomía, el riesgo ha bajado al 5%.

Como nos cuentan Dyna Borzekowski y su grupo, de la Universidad de Maryland en College Park, la decisión y el tratamiento de la actriz están justificados pero no todos los datos han llegado al gran público. Por ejemplo, uno de los objetivos del artículo de Angelina Jolie es promover que todas las mujeres puedan hacer el análisis genético necesario para detectar la mutación en el gen BRCA1 y evitar riesgos de contraer el cáncer. Para ello, el análisis debería ser menos costoso, unos 3000 dólares, para conseguir que sea más accesible. Según la investigación de Borzekowski y sus colegas, esta propuesta casi no ha llegado a la opinión pública. Veámoslo en detalle.

Los autores han promovido una encuesta sobre el artículo de la actriz, en Estados Unidos y a través de internet, a la que han respondido 2572 personas, con 1335 mujeres, y todos mayores de 18 años. La encuesta se colgó en internet en junio de 2013, unas tres semanas después de la publicación en el New York Times del artículo de Angelina Jolie.

Los resultados muestran que tres de cada cuatro encuestados están enterados de la doble mastectomía de la actriz, pero menos de la mitad entienden el riesgo que tiene de contraer el cáncer de mama. Es más, solo el 7.8% entienden lo que es y significa la mutación en el gen BRCA1.

En resumen, saber de Angelina Jolie y de su historia no mejora el conocimiento del público sobre el riesgo de desarrollar cáncer de mama, y esto ocurre a pesar de que era uno de los objetivos esenciales del artículo de la actriz. Está claro, proponen los autores, que estas noticias de salud de los famosos ayudan a promover buenas conductas en cuanto a la salud pero, para que sean verdaderamente efectivas, deben ir acompañadas de opiniones y explicaciones claras de expertos. Solo así ayudarán al público a tomar las decisiones adecuadas. Angelina Jolie publicó, con buena intención, su artículo en el New York Times, pero, según la noticia se extendía y pasaba de medio a medio, iba perdiendo, en general, contenido, y acabó siendo un titular sobre la doble mastectomía de la actriz. Según la encuesta de Borzekowski, solo el 3.4% de los que responden había leído el artículo original de Angelina Jolie en el New York Times, y más del 80% se había enterado en televisión y en programas de entretenimiento.

 

*Borzekowski, D.L.G. y 4 colaboradores. 2013. The Angelina effect: immediate reach, grasp, and impact of going public. Genetics in Medicine doi: 10.1038/gim.2013.181

*Jolie, A. 2013. My medical choice. New York Times May 14.

Acaban en nueve

2014 noviembre 25
por Eduardo Angulo Pinedo

La utilización de precios de venta acabados en 9 como, por ejemplo, 399 en vez de 400 o, incluso, 390 o 395, es una práctica comercial habitual que apareció hace más de un siglo. Debe de funcionar pues se sigue usando lo que significa que, en la práctica, se vende más con el 9 que con números redondos, y bien que lo saben los expertos en ventas. Su empleo es persistente y sistemático, sobre todo en época de rebajas, en el comercio y en la publicidad. Sin embargo, no está muy claro por qué funciona tan bien. Como no podía ser de otra manera, este asunto de los precios terminados en 9 ha llamado la atención de nuestro experto psicólogo de cabecera el bretón Nicolas Guéguen, de la Universidad de Bretaña del Sur en Vannes.

Nos cuenta que hay muy pocas investigaciones sobre el precio en 9, desde las pioneras en 1936 hasta solo un trabajo publicado en la última década. Por tanto, propone que, en primer lugar, hay que probar que con los precios en 9 se vende más. Y, si es así, ya veremos más adelante que procesos psicológicos subyacentes en los compradores permiten explicar esta eficacia del 9 en las ventas.

Guéguen trabaja con dos chicos y dos chicas, de 19 a 21 años, que van de puerta en puerta vendiendo pastelitos artesanales, en paquetes de media docena, en beneficio de una ONG que compra juguetes para niños de familias con dificultades. Los precios varían y acaban en 9 o son números redondos. Contactan con 508 adultos, de ellos 327 son mujeres, de 25 a 65 años, y les ofrecen los pastelitos de 11 a 12.30 y de 16.30 a 19.30. Los resultados demuestran que las ventas aumentan casi un 20% con los precios terminados en 9. Así Guéguen considera demostrada, con este grupo y con esta técnica de ventas, la eficacia en las ventas de los precios en 9.

Unos años más tarde, Guéguen publicó otro trabajo sobre los precios terminados en 9 pero ahora en un comercio, en concreto en una pizzería. Es un local que se encuentra en una población de Bretaña no muy grande, con unos 2000 habitantes. El local es pequeño, con 22 plazas de asientos y una carta con 5 pizzas, 4 platos de carne, 3 de pescado y 4 ensaladas. Guéguen elige como material de estudio la segunda pizza más vendida, la llamada Pizza Valencenia.

Durante dos semanas, la carta pone todas las pizzas a 8.00 € y mantiene el resto de precios como siempre. Las siguientes dos semanas, la carta tiene todas las pizzas a 8.00 € menos la Valencenia que está a 7.99 €. Y las últimas dos semanas del estudio todas las pizzas están a 7.99 €.

No hay diferencias de elección entre las cartas de las primeras y de las dos últimas semanas, cuando todos los precios son iguales. En cambio, en las segundas dos semanas, la pizza a 7.99 se elige más que las  que tienen el precio en 0. Las cifras son que las primeras dos semanas eligen esta pizza el 16.47% cuando vale 8.00 €, en las terceras dos semanas, a 7.99 €, es el 18.32%, y en las dos semanas centrales, con la Valencenia la única a 7.99 €, la eligen el 25.51%. Y esto ocurre aunque el número de clientes que pide pizza es prácticamente el mismo con las tres cartas.

Ahora queda encontrar el por qué de esta eficacia. Hay quien ha propuesto que no es que el precio en nueve aumente las ventas de cada producto concreto sino que, más bien, aumenta el número de clientes. Son compradores que, sin ser conscientes de ello, se sienten satisfechos pues, cuando compran y en su gran mayoría, pagan con el dinero para el precio redondo y, por tanto, todos reciben las vueltas. Así, salen de la tienda con la sensación de haber recibido algo, contentos y dispuestos a volver. Sin embargo, quizá esta hipótesis pudo ser válida hace un siglo, cuando se inventó lo del precio en 9, pero ahora con el pago con tarjetas de crédito pierde su justificación. Tiene que existir otra justificación que, Guéguen nos dice, queda para un estudio en el futuro.

Guéguen también sugiere que, cuando el precio baja del número en 0 al número en 9, compramos mucho más de este aunque la bajada sea mínima porque, en el cerebro, lo traducimos a la unidad. Por ejemplo, en las pizzas, el precio de 7.99 € se traduce en 7.00€ mientras que el 8.00 € sigue siendo 8.00€.

Son todo hipótesis y queda mucho por aclarar de los mecanismos psicológicos que llevan al éxito de los precios terminados en 9.

 

*Guéguen, N. & C. Petr. 2005. Prix à terminación “9” et influence du comportament d’achat. La Revue des Sciences de Gestion 214-215 : 55-61.

*Guéguen, N. y 3 colaboradores. 2009. Nine-ending prices and consumer’s behavior : A field study in a restaurant. International Journal of Hospitality Management 28: 170-172.

Juguetes de género

2014 noviembre 21
por Eduardo Angulo Pinedo

Época de fiesta, de familia, de regalos, y de anuncios de estos regalos, anuncios que nos informan de lo que hay y de lo que se quiere vender. Sobre todo tratan de juguetes (y de colonias), para unos y para otras. A pesar de que nuestra cultura afirma que busca la igualdad entre sexos, siempre hay algún detalle que nos muestra que queda mucho por hacer. Por ejemplo, y ya hemos hablado de ello, esa leyenda de que las mates no son para chicas. O, en esto de los anuncios de juguetes, que nos presenten valores y conductas asociadas exclusivamente a uno o a otro sexo. Esther Martínez y su grupo, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, han estudiado desde una perspectiva de género los anuncios que, sobre juguetes, aparecen en televisión en Navidad.

La muestra es de 595 anuncios, recogidos en TVE1, TVE2, Telecinco, Antena 3, Cuatro, La Sexta, Boing y Disney Channel, entre octubre y enero de 2009, 2010 y 2011. De cada anuncio se construye una ficha que incluye el tipo de producto que se anuncia, el género representado, mensaje y valores, voz en off, acciones representadas y la interacción entre personajes.

La mayoría de los anuncios entran en una de estas cinco categorías: muñecas y accesorios, figuras de acción, juegos de mesa, películas y vehículos a escala. Todos los años lo más anunciado son las muñecas, y en el periodo estudiado aumentan los anuncios de figuras en acción, juegos de mesa y películas, y disminuyen los vehículos a escala.

La perspectiva de género cambia y, en parte, es hacia una mayor igualdad aunque es necesario un estudio más extenso en el tiempo y en contenidos. En 2009, los anuncios solo con niñas son los más numerosos, con el 36% frente a solo con niños, con el 28%, y con los dos sexos, también con el 28%. En 2010, el porcentaje de anuncios con ambos sexos sube hasta el 40%. También suben los anuncios sin actores, hasta el 19%, lo que se interpreta como una tendencia hacia la neutralidad. Sin embargo, en el 85% de los anuncios de muñecas hay chicas y, si hay chicos, como ocurre en el 19%, siempre están junto a las niñas.

En cuanto a los valores representados en estos anuncios, aunque hay algunos que se asocian a los dos sexos, lo habitual es que se diferencien claramente para los niños y las niñas. Así, por ejemplo, la belleza aparece en casi todos los anuncios de muñecas mientras que solo aparece en el 2% de los que se refieren a vehículos a escala. O más de la mitad de los anuncios que tratan de desarrollo físico o de habilidad están dirigidos a niños. O el valor y la fuerza que aparecen en el 20% de los anuncios de vehículos a escala o en el 72% de los que presentan figuras en acción pero solo en el 0.6% de los que se refieren a muñecas. Incluso la competencia entre personajes varía, con el 94% asociada a chicos y el 1.2% a chicas.

En resumen, para chicos, en figuras en acción y vehículos a escala sobre todo, hay competencia, individualismo, habilidad, desarrollo físico, creatividad, poder y fuerza. Y para chicas y en los anuncios de muñecas, hay belleza y maternidad.

 

*Martínez, E., M.A. Nicolás & A. Salas. 2013. La representación de género en las campañas de publicidad de juguetes en Navidades (2009-12). Comunicar nº 41: 187-194.

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