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Normas asimétricas

2013 abril 28
por IÑAKI CERRAJERIA

 

 

 

MOBILIARIO  URBANO por ÁNGEL RESA

El loable impulso a la bici requiere la exigencia de que sus usuarios cumplan las normas igual que el resto

No tengo el gusto de conocer a don José Sáenz García, pero le comprendo perfectamente. Confiesa el abuelo -lo digo porque habla de sus nietos pequeños- en una carta al director publicada el jueves por este diario que el libertinaje ciclista le tiene los nervios en carne viva.. Anhela el advenimiento del verano a Vitoria -soy consciente de que la alusión estival suena a inocentada de garrafón- para ir con los chiquillos al pueblo y evitarles así males mayores ante la presunta invasión de los centauros modernos. Se queja de la impunidad de las bicis, sobre todo entre los vericuetos de nuestros parques abundantes. Y qué quieren, creo que lleva más razón que un beato desde mi ignorancia sobre su grado de santidad.

Disponer de una columna me permite comentar en plaza pública lo que otros solo pueden manifestar en círculos privados. Admito la ventaja. Pero también me expone al alud de los críticos. Reconozcan el inconveniente. Algunos de los cuales interpretarán de forma errónea una cierta manía de este juntaletras a los ciclistas. No es así. Sencillamente pienso que los partidarios de tan rápido, limpio y funcional medio de transporte han de cumplir las mismas normas que el resto. En cuanto mentas algún pero a ciertas actitudes sobre el lomo del sillín se te acusa de retrógado. Y no hay nada más justo, progresista y solidario que reclamar tratos idénticos a actuaciones similares.

Lejos de mi ánimo queda atribuirme frases geniales del surrealista guión de ‘Amanece que no es poco’, película de culto que nos une a los devotos en comunión pagana. Pero como le reprochaba en la cinta el genial Saza al escritor sudamericano que plagiaba a Faulkner, “lo tengo yo hablado con todo el pueblo”. Vamos, que existe un malestar general sobre el privilegio ciclista en Vitoria. Las sanciones no van con ellos. Inútil el empeño de los fervientes del piñón y la catalina por buscar contubernios de la ciudadanía en su contra. Apoyamos la apuesta a las dos ruedas y la habilitación de carriles para ellas. Bueno, hasta cierto punto, que los modernos bidegorris (grises, en realidad) a contrapelo de los coches incitan más al estupor que al aplauso. Esto del tráfico calmado va a acabar con nuestro sistema nervioso.

Tranquilidad, que no se escabriten los manillares. Lo que don José pide -y con él tanta gente- es el respeto a las ordenanzas y, sobre todo, al sentido común. Miro el impuesto de circulación y me ca(r)go de razones. Acaba de llegar la dolorosa por valor de 135,74 euracos y me vuelvo a preguntar sobre la opción de devolver el recibo, teniendo en cuenta que conducir por Vitoria se está convirtiendo en un programa televisivo de pruebas extremas. ¿Alguien se ha planteado en el Ayuntamiento, ávido de recaudar durante esta época funesta de ingresos para todos, la posibilidad de cobrar siquiera una tasa social por el uso urbano de la bici? ¿Y sobre la obligación de matricularlas para llevar un registro que, si resulta necesario, envíe multas por incumplimientos flagrantes?

Ya sé que queda ‘cool’ montar en bici y considerar que sobre ella puede hacerse de cada capa un sayo. Pero dejemos la pose y vayamos a la sustancia. Resulta impresentable ver ciclistas sobre las aceras de San Antonio cuando acaban de pintarles un carril exclusivo y no digo nada de las imprecaciones oídas cuando los viandantes les afean el asunto. De ciertas bocas, cuidado, que entre los de la movilidad ‘green’ los hay tan educados o más que en el resto de la ciudadanía. Como tampoco tiene un pase la vista área de ciertas calles, Olaguíbel por ejemplo. La sucesión e intersecciones de rayas sobre el asfalto recuerdan a una pista polideportiva. No sabe uno si pisa la línea de baloncesto, la de bádminton o la de fútbol-sala. Así que mete una canasta y grita ‘gooool’. Como Lewandovski. Ya veo la solicitud consistorial para organizar los Juegos Olímpicos urbanos. Y mientas, don José de la mano de los nietos y con ganas de emigrar el pueblo. Normas asimétricas.

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