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Todos queremos ser Amy

2013 enero 27
por IÑAKI CERRAJERIA

 

Mobiliario urbano por Ángel Resa

Todos queremos ser Amy

La semana de ‘La Escopeta Nacional’ incluye la buena nueva del pacto presupuestario en Vitoria

Los tiempos no están como para cabrearse con la empresa, que bastante contento debe andar uno manteniendo dignamente el empleo en un país que suma seis millones de parados. Pero claro, leo que Amy Martin cobra 3.000 euros por artículo y ante semejante pastizal cualquier soldada suena a broma de mal gusto. Busco el teléfono de la Fundación Ideas para postularme como amanuense en los temas que quiera, desde el desarrollo de la berza hasta la reproducción por esporas. Pero no me atrevo, a ver si alguien tira de la manta más tarde y los compañeros de oficio maltratados me señalan como un vendido al mejor postor.
No satisfecha la cursiosidad sobre la, de pronto, célebre escritora, me anudo con dos vueltas el pañuelo al cuello y encajo los guantes en la mano. Joder, vaya día, llueve en horizontal por empuje del viento, como cuenta mi cuñado que cae el agua en Donostia. Me encamino hacia la Casa de la Cultura que rinde tributo a Ignacio Aldecoa. En el ordenador que facilita las búsquedas tecleo ‘Amy Martin’. Nada, no hay rastro. Lástima porque me encantaría leer a alguien que, por dinero, debe redactar mejor que los más insignes autores. Aprovecho para patear la biblioteca en obras, tal vez como metáfora de que la cultura se encuentra en permanente reconstrucción.
La sala donde hojear y ojear periódicos se ve bien poblada de gente, mayoritariamente hombres ociosos, que sujeta ejemplares marcados en la mitad con el listón de madera que desvelaría el cante jonde de llevárselos por la cara. En la pared, un enorme reloj circular que cuadra en cualquier estación de ferrocarril. Un piso más arriba, estudiantes de ambos sexos y señores talluditos se entregan en un ambiente de calma al alimento del espíritu. Siempre me he sentido tentado de escribir sobre la atmósfera tranquila a media mañana de este edificio bastante transitado en el parque de La Florida.
Pues nada, a ver si en algún otro lugar alguien me da razón de Amy. Aprovechando que debo comprar una agenda -antes las regalaban a pares, con la crisis se han convertido en objetos de lujo- me acerco a una librería enorme del centro. Estos locales tienen la ventaja de que permiten curiosear volúmenes sin alguien asomado al hombro. Miro por orden alfabético para detenerme en la M. Marías (Javier), Mendoza (Eduardo), Montero (Rosa), Muñoz Molina (Antonio)… Quizá me la haya saltado. No. Ninguna obra de Martin descansa en posición vertical dentro del rectángulo que le correspondería.
O sea que hay truco encerrado, que en todas las siglas cuecen habas. Dicen que Bárcenas se lo ha llevado crudo porque de dónde amasa un tipo veintidós millones de euros depositados, curiosamente, en Suiza. Informan que los hijos de Pujol no caminan descalzos por la vida ya que, presuntamente, tienen el riñón cubierto con cuentas en paraísos fiscales y naturales. Cuánto hedor, ¿no? Pero me consuelo con alguna buena nueva que afecta a Vitoria, como el acuerdo presupuestario para dotar de estabilidad a un Ayuntamiento habitualmente ingobernable, una corrala de vecinos al patio asomados que se gritan de todo menos qué bonito eres. Bien parece el pacto si sirve para que esta capital olvide por un año el inmovilismo y se permita a sí misma avanzar.
Lo siento, pero no se me van de la cabeza los honorarios de Amy Martin. A 3.000 euros la pieza me veo tomando el vermú con Bárcenas tras una quedada telefónica desde la sede de la fundación socialista Ideas. Pregunto al aire de Twitter, a la nube informática donde todo se aloja, si podría cobrar esa pasta con la simple firma de la nueva celebridad. Una amiga del alma me responde en Facebook que pruebe, otro cachondo se descojona literalmente y un tercero me envía una oferta difícil de rechazar. “Sí, pero tienes que afeitarte la perilla”. Por tres mil del ala pierdo la identidad y me quito hasta las cejas.

elcorreo.com

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