Lo prometido es deuda. Nada más llegar a casa, ya por la noche, encendí mi PS3 y, como por arte de magia, apareció en su menú de servicios online el deseado logotipo de Home, la nueva red social destinada a usuarios de la plataforma de Sony que comenzaba ayer su andadura en período de pruebas. Así que, ilusionado, me dispuse a descargar la beta de 77 megas de nada. Tras este necesario paso, la actualización comenzó a instalarse mientras un letrero me advertía de que el invento iba a “reservarse” unos 3 gigas de disco duro para poder acceder al nuevo paraíso virtual de la multinacional nipona. A partir de ese momento, la “casita” ya no me pareció tan mona. De inmediato, pensé en la gracia que le iba a hacer a los poseedores de una consola de 40 gigas que verán cómo se le está quedando pequeña entre instalaciones de juegos, demos y algún que otro extra más o menos lúdico. Esto cada vez se parece más a un ordenador, reflexioné resignado.
Pues bien, sin necesidad de reiniciar la consola, de la pantalla en blanco surgió un logotipo gigante de Home y debajo un cuadro de diálogo invitándome a conectarme al nuevo servicio online. No había forma. Al cuarto intento, salió el típico mamotreto de condiciones para disfrutar de esta red social y que venía a decir que Sony podía hacer lo que le diese la gana con ella y que uno no puede decir ni pío. Lo de siempre, vamos. Tras darle a aceptar, qué remedio, la consola volvió a intentar entrar en el Matrix de la multinacional nipona. Tampoco había forma. Al final, salió otra vez el mencionado pliego contractual y, de nuevo, volví a dar mi conformidad, obediente como un corderito. Daba igual. Seguía sin poder entrar en la tierra prometida. Y al final, después de casi una docena de intentos, la odiosa casa se difuminó y dio paso a un cuadro de carga de un escenario playero. Había accedido por fin al Second Life de la PS3.
Lo primero que salió fue mi alter-ego. O mejor dicho, mi proyecto de marioneta virtual, ya que el programa me invitaba a elegir su sexo, apariencia física e incluso vestimenta. Podía optar entre varios modelos predefinidos para los más vagos o partir de cero con un completo editor de personajes. Realmente, el modelado de los avatares con los que cuenta Home no tiene nada que envidiar a los de cualquier juego mínimamente decente. Me quedé impresionado, la verdad. Así que me puse a trabajar para tratar de reflejar mi aspecto físico en ese ser inanimado. Y cuando ya iba por mi cuerpo serrano, supongo que alguien de Sony desenchufó un cable y regresé a la pantalla de inicio. Se había perdido la conexión. Lo demás fue un cúmulo de intentos que no dieron ningún resultado. Harto de la situación, apagué la consola y me fui a dormir. Mi primer contacto con Home había sido más que decepcionante.
A estas alturas de la película, más de uno me estará criticando por ser tan exigente. Ya sé que lo que hice fue descargar una beta, que este servicio está en fase de pruebas y que seguramente los servidores de Sony no pudieron aguantar la avalancha de usuarios deseosos de probar esta revolucionaria herramienta. Lo sé, pero yo me esperaba algún que otro fallo de programación y no un auténtico tapón en su acceso. Así que optaré por dar tiempo al tiempo e intentar el “regreso a casa” este fin de semana. A ver si para entonces ya se han solucionado estos “problemillas técnicos”, aunque no dejo de tener la sensación de que la compañía japonesa ha empezado la “Home” por el tejado, sobre todo si lo comparamos con el NEX de Microsoft. Naturalmente, si alguno de vosotros ha tenido más suerte que yo, no dudéis en dejar vuestros comentarios sobre vuestra experiencia virtual. O, directamente, vuestras quejas.