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Nada nuevo bajo el sol

2010 diciembre 17
por Julio Arrieta

1 1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

2 ¡Vanidad de vanidades!, dice Cohélet.
¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!

3 ¿Qué provecho saca el hombre
de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?

4 Una generación se va y la otra viene,
y la tierra siempre permanece.

5 El sol sale y se pone,
y se dirige afanosamente hacia el lugar
de donde saldrá otra vez.

6 El viento va hacia el sur
y gira hacia el norte;
va dando vueltas y vueltas,
y retorna sobre su curso.

7 Todos los ríos van al mar
y el mar nunca se llena;
al mismo lugar donde van los ríos,
allí vuelven a ir.

8 Todas las cosas están gastadas,
más de lo que se puede expresar.
¿No se sacia el ojo de ver
y el oído no se cansa de escuchar?

9 Lo que fue, eso mismo será;
lo que se hizo, eso mismo se hará:
¡no hay nada nuevo bajo el sol!

10 Si hay algo de lo que dicen:
“Mira, esto sí que es algo nuevo”,
en realidad, eso mismo ya existió
muchísimo antes que nosotros.

11 No queda el recuerdo de las cosas pasadas,
ni quedará el recuerdo de las futuras
en aquellos que vendrán después.

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Eclesiastés 1-11
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memento mori!

Fórmula para transformarse en lo que uno desee

2010 diciembre 16
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por Julio Arrieta

En días como hoy me encantaría que sortilegios como este surtieran efecto:

CAPÍTULO 76(1)
Fórmula para transformarse en lo que uno desee.

Palabras dichas por N.:
“He pasado por la morada del rey. El insecto ibayt es quien me ha conducido (a ella). ¡Honor a ti que levantas el vuelo hacia el cielo, (tú) que iluminas la corona blanca, que proteges la corona blanca! ¡Seré lo que tú eres y llegaré a ser uno con el Gran dios! ¡Ábreme un camino para que pase por él!”.

Venga, a ver quién es guapo que dice eso de “pues a mí me funciona”.

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(1).- Del ‘Libro de los Muertos’. Ed. Tecnos (2009), serie Clásicos del pensamiento. Estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado.

Se vende

2010 noviembre 30
por Julio Arrieta

Me entero a través de Luis Alfonso Gámez de que el próximo 7 de diciembre la casa Sotheby’s sacará a subasta el manuscrito MS1 de la Bibliotheca Philosophica Hermetica también conocido como ‘The Rochefoucauld Grail’ o ‘Grial de Rochefoucauld’. Elaborado en el siglo XIV, se trata de tres volúmenes -el cuarto está repartido entre dos bibliotecas británicas- en los que se recoge el ‘Lanzarote en Prosa ‘, el ciclo de relatos escritos en el siglo XIII y de autoría discutida en los que se narra el origen del Grial, la historia de Merlín, la de Lanzarote y sus idilios con la reina, la búsqueda del Grial y el fin de Arturo. El relato, no el libro objeto, fue una de las fuentes principales de Thomas Malory a la hora de escribir ‘La muerte de Arturo’. El libro objeto, no el relato, es uno de los manuscritos más apreciados del mundo y se espera que algún bibliófilo extraordinariamente adinerado pague por él entre 1,7 y 2,3 millones de euros. A mí no me llegan los ahorros, así que seguiré tirando de las fantásticas ediciones de textos medievales de Siruela para seguir las aventuras de Lanzarote y compañía.

El libro, el objeto, debe de ser precioso. Está ilustrado con 107 miniaturas sobre fondo dorado. En cuanto al libro como relato, también lo es. Pero se ve que todos sus propietarios le dieron más importancia al primer aspecto: los especialistas dicen que fue abierto muy pocas veces y puede que nunca leído en su día. Ahora también les pasa a muchos libros, que son comprados, jamás leídos y adornan estanterías incluso cuando son muy feos.

El propietario del Grial de Rochefoucauld es el empresario holandés Joost R. Ritman, que no se desprende de él por gusto, sino que lo hace para obtener fondos para la Bibliotheca Philosophica Hermetica , institución privada fundada por él y en la que se custodian más de 22.000 libros sobre hermetismo, alquimia, rosicrucismo y esoterismo. Es una biblioteca única en su género y, aunque es privada, está abierta a los investigadores . Ritman posee el 60%. Sus problemas económicos estuvieron a punto de acabar con la colección, por lo que el gobierno holandés determinó a finales de los años 90 que sus fondos bibliográficos no podían ser vendidos sin autorización del ministerio correspondiente y adquirió el 40% de la coleción. Aún así, parece que la entidad atraviesa serios problemas, con algún banco enredando de por medio. Así que ahora Ritman sacrifica uno de sus libros para poder seguir manteniendo unidos a todos los otros. Suena doloroso.

Tomás Meabe, santo súbito

2010 noviembre 29
por Julio Arrieta

Lo contaba hace un par de días Txema Oleaga en su blog . En una página del Ayuntamiento de Bilbao la plaza dedicada a Tomás Meabe figuraba como ‘Plaza de Santo Tomás Meabe’. Por alguna misteriosa razón aún sin descubrir, alguien había elevado a los altares al histórico dirigente socialista , por otra parte fiero anticlerical. La anécdota fue llevada al último pleno por la concejal del PSE Begoña Gil y fue toreada con su habitual giro de cintura por el alcalde, Iñaki Azkuna. “Hay santos con menos méritos”, afirmó el jeltzale , no sin razón.

Oleaga comenta en su bitácora que la errata ya ha sido corregida, pero una búsqueda en Google demuestra que la cosa no tiene remedio . De hecho, ya hay varias referencias con el nuevo santo y la que están leyendo ustedes ahora no hará más que engrosar el embrollo. Para internet, que es decir para el mundo, Santo Tomás Meabe existe.

En ‘La fabricación de los santos ‘ Kenneth L. Woodward explica que en los primeros tiempos del Cristianismo la canonización se efectuaba por la vía rápida y por aclamación de los fieles. Esa es la razón de que nuestro santoral esté tan poblado por gentes con nombres tan asombrosos como Sinforosa o Cojoncio y de que el censo de Huerta de Rey sea tan divertido. Esa forma rápida de hacer santos era el proceso que les hubiera gustado seguir a todos aquellos devotos que al morir Juan Pablo II reclamaban su santificación al grito de ‘Santo súbito’. Ahora las cosas son más complicadas y se requiere un largo proceso que incluye la demostración de milagros y la intervención de una estupenda figura conocida como el abogado del diablo, que siempre he imaginado como un personaje muy de folletín, como ideado por Maurice Leblanc o Algernon Blackwood, una especie de John Silence con alzacuellos.

El extraño proceso de canonización 2.0 de Tomás Meabe es la puesta al día del ‘Santo súbito’. Ni siquiera ha hecho falta una aclamación popular. ¿Fue un lapsus? ¿Alguien confundió a Tomás Meabe con Tomás Moro? Desde luego, dudo que se haya tratado de la maniobra de un hacker socialista especialmente místico que a los bautizos y comuniones civiles ha querido sumar las canonizaciones civiles. En todo caso, y ya que existe, los socialistas vascos podrían nombrar a Santo Tomás Meabe como su santo patrón.

Al recluso Alberto

2010 noviembre 25
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por Julio Arrieta

Bernardo de Claraval escribió una cantidad asombrosa de cartas, de las que se conservan unas 550. Hay una estupenda edición bilingüe (latín-español), a cargo de la BAC , que las recopila todas y que forma el muy grueso volumen VII de las obras completas del santo .

Bernardo tenía la costumbre de responder a todos los que le escribían, que iban desde reyes, papas y obispos hasta condesas, pasando por abundantes abades de todas las órdenes, caballeros, señoras, amigos anónimos y algún iluminado suelto. Las circunstancias en las que se escribieron estas epístolas son más o menos conocidas, según los casos. En cuanto al contenido, también es muy diverso: hay auténticos tratados teológicos, consejos políticos, presiones, incluencias, peticiones, tirones de orejas bastante severos y raramente cariñosos, algún tejemaneje monástico, temas administrativos entre abadías, varios ‘enchufes’ en toda regla -uno ‘arreglado’ ante la reina de Jerusalén-, acuses de recibo, temas de familia, saludos más o menos cordiales y hasta algún cotilleo repartido por aquí y por allí.

Algunos de estos textos dejan ver que Bernardo a veces se veía abrumado por su abundante correspondencia y que no tenía mucho tiempo ni humor para consultar las cartas anteriores y seguir el ‘hilo de discusión’ que su corresponsal pretendía mantener. Hay una que me encanta, la carta 404. El destinatario es un tal Alberto, “recluso”. Por lo visto este hombre se dirigió al abad de Claraval para pedirle consejo a la hora de emprender algún tipo de ayuno o penitencia. No está del todo claro, porque el propio santo no parece recordar de qué se trataba exactamente y su texto transmite cierto fastidio, como de estar respondiendo a un pesado. Cosas de ser una ‘celebrity’. En la Edad Media también pasaba. En fin, lean, lean:

CARTA 404
Al recluso Alberto

Le aconseja que se alimente una vez al día y que no admita mujercillas

El hermano Bernardo de Claraval al hermano Alberto, recluso: luchar un buen combate.

Me pides que te apruebe no se qué observancia de ayuno que me propusiste al recluirte en tu celda y que te permita, además, platicar con mujercillas -cosa que recuerdas que te la prohibí-, ya que por tu pobreza dices que te resulta inevitable. Yo carezco de toda jurisdicción sobre ti. Te di el consejo -no el mandato- de que hagas siempre una comida al día, que rechaces por completo las visitas y charlas con las mujeres, que vivas de tu propio trabajo y otros avisos que sería prolijo recordar ahora. Si preveías que con estos medios no ibas a poder realizar esa gran obra, no debiste comenzar lo que ahora eres incapaz de terminar. Este es el consejo más importante que te di; no estás obligado a seguirlo como un precepto, pero tampoco, pero tampoco cambiarás mi parecer. Adiós.

¡Es magnífico! No se pueden decir más cosas con menos palabras. Sólo le falta el emoticon ¬¬ detrás del Adiós. ¿Quién sería este Alberto? Es genial su argumento para justificar su necesitad de ‘platicar’ con ‘mujercillas’ -’muliercularum’ en el original- en su celda: lo necesita porque es pobre.

Lean a Íñigo Domínguez…

2010 octubre 19
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por Julio Arrieta

… y déjense de tonterías. Si hoy están curioseando en este Gabinete es que se han equivocado de blog. Lean este post sobre la historia de Settimio Calò y sobre las cosas que realmente importan.

Halloween católico

2010 octubre 14
por Julio Arrieta

Sin preámbulos. Dice el teletipo de Europa Press : “La Conferencia Episcopal Española ha animado a los niños a disfrazarse de santos en lugar de vestirse de brujas o calaveras la noche de Halloween –víspera del Día de Todos los Santos– para que les sirva como “estímulo” para seguir con su vida cristiana”.
La idea no ha sido de los obispos españoles. La han ‘compartido’ -que se diría en Facebook- de sus colegas británicos, cuya conferencia episcopal ha sugerido a sus fieles que realicen “actividades divertidas para los niños y disfrazarse de santos como San Jorge, San Francisco, Santa Lucía o Santa María”, en vez de hacerlo de Freddy Krueger, el gañán con machete de Viernes 13 o de zombi paleto.

“Esa nota de Inglaterra me parece perfecta, en vez de vestirse de calavera o de otras cosas, pues vestirse de lo que es la fiesta de Todos los Santos”, ha puntualizado a Europa Press el padre Juan María Canals, secretario técnico de la Comisión Episcopal de Liturgia, tras señalar que todo lo demás -Freddie, gañán, etc.- es “pagano”. El sacerdote ha añadido que hay que “cristianizar totalmente” el Día de Todos los Santos y que la iniciativa británica ayudará a recuperar esta festividad “como estaba al principio”.

Nada que objetar, faltaría más. Y menos desde este Gabinete, blog conservador donde los haya. En todo caso, convendría reconsiderar los santos disfraces sugeridos, porque alguno da más miedo que Freddy. El de Santa Lucía, por ejemplo. Me parece un poco fuerte para una niña lo de ir disfrazada de señora con sus propios ojos arrancados en una bandeja. El de la Virgen… pues según, depende. De Dolorosa, por ejemplo, tampoco lo veo muy apropiado para las pequeñas. Fíjense en esas Vírgenes de los Dolores con el corazón atravesado por siete espadas.

Con San Francisco se reducen los problemas. Y el disfraz es más barato. ¡La de padres que habrán hecho la primera comunión vestidos de franciscanitos! En alguna parte estarán esos hábitos y si los encuentran se ahorrarán el disfraz para el nene. Con San Jorge hay que reconocer que el disfraz ‘mola mazo’ para la chavalería, porque es algo sacado como de World of Warcraft o El Señor de los Anillos -armadura, lanza, un dragón…-, aunque algo costoso.

Desde aquí aplaudimos esta iniciativa episcopal. En serio. Que no va con ironía, ni con segundas. De verdad. Mola mazo.

Torcido en el pensar

2010 octubre 4
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por Julio Arrieta

Hace unos días dedicaba un post en este Gabinete al ‘Diccionario Infernal’ de Collin de Plancy. Hoy llega el segundo. Que no será el último, porque este libro me tiene sorbido el seso. ¡La cantidad de cosas que se aprenden leyéndolo! Todas inútiles a menos que el lector forme parte de un grupo noruego de Black Metal, de estos que graban videoclips en paños menores, en la nieve y a 30º bajo cero. Porque no creo que sea de mucho provecho saber que los ‘Condes del Infierno’ son “demonios de orden superior en la jerarquía infernal, y que mandan numerosas legiones“. Estos demonios son evocados “a todas horas del día, con tal que sea en un lugar salvaje, que los hombres no acostumbren frecuentar“. Y cuidado, que ya advierte nuestro autor que jugar con estas cosas no es bueno. Tomen nota: “Condenación eterna: Sentencia que condena a los pecadoresa pasar la eternidad en los infiernos con los demonios. Los brujos tiemblan al oír estas palabras”.

Una de las entradas que más me ha llamado la atención, y que puede resultar muy interesante para los cada vez más numerosos aficionados al vampirismo, es la de “Chupador de sangre: Especie de mochuelos que Torquemada dijo ser una ave nocturna muy ruidosa, que procura introducirse donde hay algún niño, le chupa la sangre y se la bebe. Los demonógrafos han dado el mismo nombre a los brujos, porque semejantes a aquel pájaro, chupan la sangre a cuantos pueden, principalmente a los niños. Esta es sin duda la misma idea que se ha formado de los vampiros. Los brujos que chupan la sangre tienen también alguna analogía con los golos de los árabes“. Es una referencia a los vampiros en España anterior a Feijoo.

Este Torquemada no es el inquisidor. Se trata de Antonio de Torquemada, un escritor leonés del Renacimiento al que Cervantes cita y critica por su credulidad en el capítulo VI de la primera parte del Quijote. Como no podría ser menos, Collin de Plancy dedica un par de líneas muy sugerentes al personaje. “Torquemada (Antonio de): Autor español del ‘Hexameron’, obra llena de cosas prodigiosas y aventuras de espectros y fantasmas“. No es gran cosa, así que si quieren enterarse un poco, en este caso pueden acudir a la Wikipedia para descubrir que don Antonio fue algo más que un chiflado. Eso sí, debió de acabar bastante tocado. En ‘De un autor censurado en el Quijote’, Alfredo Reyes escribió: “Discreto, mesurado y apacible en su juventud, según puede verse por los ‘Coloquios’, se fue torciendo y amanerando con los años; si no en el decir, al menos en el pensar. A través de los ‘disparates’ y ‘arrogancias’ del ‘Olivante’, llegó a la extravagancia, rayana en la locura, del ‘Jardín de flores’“.

Esto de ser torcido y amanerado en el pensar, que para Cervantes es algo malo, para Collin de Plancy es estupendo. Y ese ‘Jardín de flores’ debe de ser la obra cumbre de la literatura forteana antes de Charles Fort, pero desafortunadamente Collin de Placy descuidó reseñarlo en su compendio diabólico. Qué pena.

Merlín en su tumba

2010 septiembre 16
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por Julio Arrieta

A veces los personajes imposibles dan lugar a arqueologías fantásticas. Hablábamos de Merlín. Esta es su tumba. O su prisión. Porque, si hacemos caso de la leyenda, el mago pervive de algún modo en estas piedras. No debajo de ellas, sino ‘en’ ellas, en una especie de letargo adimensional.

El fin de Merlín es de una tristeza sobrecogedora. El mago, muy anciano, se enamora de Viviana, una joven a la que tiene por amiga. Ella sólo quiere sus poderes, logra convertirse en su aprendiz y le va arrebatando porciones de su saber oculto a cambio de unas pocas caricias y un afecto que promete algo más que nunca llega. Hasta que obtiene el hechizo final, el que retiene a las almas entre dos mundos, encadenadas a un árbol, a una roca, a una fuente. Él sabe que va a caer, pero no se resiste. Y ahí está, en estas piedras. O en las otras que forman el resto de la media docena de tumbas de Merlín que hay repartidas entre le Bretaña francesa y las Islas Británicas. Aunque se presta a interpretaciones rijosas y ha dado lugar a alguna que otra parodia cruel, es una leyenda muy triste pero efectiva, porque ha contribuido a salvaguardar unos cuantos monumentos megalíticos. ¿Qué habrá sido del túmulo de Viviana?


“Vivimos igual que soñamos: solos” (Joseph Conrad)

Merlín el mago

2010 septiembre 13
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por Julio Arrieta

Merlín es un enigma“. Así empieza ‘Merlín: historia y leyenda de la Inglaterra del rey Arturo’, una biografía imposible de un personaje improbable escrita por Geoffrey Ashe y editada en España por Crítica en su serie Tiempo de Historia. Merlín es un enigma porque todo el mundo le conoce pero en realidad nadie sabe quién fue. Si es que fue, claro. Cualquier occidental con una cultura básica sabe que Merlín era el mago del rey Arturo y tiene una imagen muy concreta del personaje. Sí, esa que están ustedes imaginando ahora mismo, mientras leen este post: el anciano sabio de barba blanca vestido con una túnica de aire druidesco. Para todos nosotros, Merlín es el personaje de este grabado de aquí al lado, en el que aparece mientras es seducido por Viviana, al borde de la perdición.

Pero en su primera aparición literaria el mago era un hombre joven. Como tal es descrito en la mentirosa pero entretenidísima ‘Historia de los Reyes de Bretaña’,de Geoffrey de Monmouth, un estupendo cronista medieval aficionado a llenar los vacíos abiertos por las carencias documentales con ocurrencias asombrosas. Como fuente Geoffrey fue la pesadilla de los historiadores que en tiempos más inocentes intentaron tomárselo en serio, pero como creador le debemos el nacimiento de la mitología artúrica básica, o por lo menos su popularización. Él inventó a Merlín como mago de Arturo y lo sacó a escena desde un cúmulo de vagas tradiciones de druidas y guerreros. El Merlín de Geoffrey es el de esta miniatura de aquí abajo, en la que aparece levantando Stonehenge en su emplazamiento actual, después de haberlo traído desmontado desde Irlanda como si fuese una estantería de Ikea. Nótese el pasmo de los testigos.

Ashe reconstruye en su libro la historia que va desde este Merlín primigenio al mago que tenemos en nuestras cabezas, el de las películas, dibujos animados, novelas y tebeos. Por su libro desfilan cronistas embusteros, druidas heroicos, caballeros misteriosos, alguna bruja, más cronistas embusteros, poetas fabulosos, alguno bastante ñoño, novelistas románticos, bardos victorianos y cuentistas célebres. No falta un capítulo dedicado a las encarnaciones literarias más recientes del personaje. Llama la atención el Merlín de C. S. Lewis, el autor de ‘Las crónicas de Narnia’, que incluye al mago como viajero en el tiempo hasta el presente en la trama de ‘Esa horrible fortaleza’. “El aspecto más interesante de la reconstitución de Merlín obrada por Lewis -escribe Ashe- es su intento de imaginar cómo hubiera sido este como persona, cómo lo vería la gente del mundo moderno y cómo respondería él a un entorno semejante“. Lejos de la caricatura ridícula del Merlín de Mark Twain en ‘Un yanki en la corte del Rey Arturo’, el de Lewis es medieval pero no una parodia de lo medieval. Es inteligente, culto y educado, pero de su tiempo: “Merlín come sin usar tenedores, pese a lo cual parece elegante; no es que no tenga maneras, sino que las suyas son diferentes“.

En un párrafo memorable Merlín se dirige a su anfitrión en el siglo XX, el doctor Ransom: “En verdad, no puedo entender el modo en que vive y su casa me es extraña. Me ha ofrecido un baño que envidiaría un emperador, pero nadie me asiste en él, una cama más blanda que el propio sueño, pero cuando me levanto encuentro que debo ponerme las prendas con mis propias manos como si fuera un campesino. Descanso en un cuarto con ventanas de cristal tan puro que el cielo puede verse con la misma claridad estén cerradas o abiertas y el viento del cuarto no alcanzaría a apagar una vela sin protección, pero descanso en él a solas, sin más honores que los que tendría un prisionero en una mazmorra. Su gente come pescados resecos y sin gusto, pero sobre platos suaves como el mármol y redondos como el sol. En toda la casa hay un calor, una comodidad y un silencio que le traen a un hombre a la mente el paraíso terrenal, pero no hay colgaduras, ni suelos adornados, ni músicos, ni perfumes, ni altos sitiales, ni un destello de oro, ni un halcón, ni un lebrel. Para mí es como si usted viviese ni como rico ni como pobre“.