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Tomás Meabe, santo súbito

2010 noviembre 29
por Julio Arrieta

Lo contaba hace un par de días Txema Oleaga en su blog . En una página del Ayuntamiento de Bilbao la plaza dedicada a Tomás Meabe figuraba como ‘Plaza de Santo Tomás Meabe’. Por alguna misteriosa razón aún sin descubrir, alguien había elevado a los altares al histórico dirigente socialista , por otra parte fiero anticlerical. La anécdota fue llevada al último pleno por la concejal del PSE Begoña Gil y fue toreada con su habitual giro de cintura por el alcalde, Iñaki Azkuna. “Hay santos con menos méritos”, afirmó el jeltzale , no sin razón.

Oleaga comenta en su bitácora que la errata ya ha sido corregida, pero una búsqueda en Google demuestra que la cosa no tiene remedio . De hecho, ya hay varias referencias con el nuevo santo y la que están leyendo ustedes ahora no hará más que engrosar el embrollo. Para internet, que es decir para el mundo, Santo Tomás Meabe existe.

En ‘La fabricación de los santos ‘ Kenneth L. Woodward explica que en los primeros tiempos del Cristianismo la canonización se efectuaba por la vía rápida y por aclamación de los fieles. Esa es la razón de que nuestro santoral esté tan poblado por gentes con nombres tan asombrosos como Sinforosa o Cojoncio y de que el censo de Huerta de Rey sea tan divertido. Esa forma rápida de hacer santos era el proceso que les hubiera gustado seguir a todos aquellos devotos que al morir Juan Pablo II reclamaban su santificación al grito de ‘Santo súbito’. Ahora las cosas son más complicadas y se requiere un largo proceso que incluye la demostración de milagros y la intervención de una estupenda figura conocida como el abogado del diablo, que siempre he imaginado como un personaje muy de folletín, como ideado por Maurice Leblanc o Algernon Blackwood, una especie de John Silence con alzacuellos.

El extraño proceso de canonización 2.0 de Tomás Meabe es la puesta al día del ‘Santo súbito’. Ni siquiera ha hecho falta una aclamación popular. ¿Fue un lapsus? ¿Alguien confundió a Tomás Meabe con Tomás Moro? Desde luego, dudo que se haya tratado de la maniobra de un hacker socialista especialmente místico que a los bautizos y comuniones civiles ha querido sumar las canonizaciones civiles. En todo caso, y ya que existe, los socialistas vascos podrían nombrar a Santo Tomás Meabe como su santo patrón.

Al recluso Alberto

2010 noviembre 25
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por Julio Arrieta

Bernardo de Claraval escribió una cantidad asombrosa de cartas, de las que se conservan unas 550. Hay una estupenda edición bilingüe (latín-español), a cargo de la BAC , que las recopila todas y que forma el muy grueso volumen VII de las obras completas del santo .

Bernardo tenía la costumbre de responder a todos los que le escribían, que iban desde reyes, papas y obispos hasta condesas, pasando por abundantes abades de todas las órdenes, caballeros, señoras, amigos anónimos y algún iluminado suelto. Las circunstancias en las que se escribieron estas epístolas son más o menos conocidas, según los casos. En cuanto al contenido, también es muy diverso: hay auténticos tratados teológicos, consejos políticos, presiones, incluencias, peticiones, tirones de orejas bastante severos y raramente cariñosos, algún tejemaneje monástico, temas administrativos entre abadías, varios ‘enchufes’ en toda regla -uno ‘arreglado’ ante la reina de Jerusalén-, acuses de recibo, temas de familia, saludos más o menos cordiales y hasta algún cotilleo repartido por aquí y por allí.

Algunos de estos textos dejan ver que Bernardo a veces se veía abrumado por su abundante correspondencia y que no tenía mucho tiempo ni humor para consultar las cartas anteriores y seguir el ‘hilo de discusión’ que su corresponsal pretendía mantener. Hay una que me encanta, la carta 404. El destinatario es un tal Alberto, “recluso”. Por lo visto este hombre se dirigió al abad de Claraval para pedirle consejo a la hora de emprender algún tipo de ayuno o penitencia. No está del todo claro, porque el propio santo no parece recordar de qué se trataba exactamente y su texto transmite cierto fastidio, como de estar respondiendo a un pesado. Cosas de ser una ‘celebrity’. En la Edad Media también pasaba. En fin, lean, lean:

CARTA 404
Al recluso Alberto

Le aconseja que se alimente una vez al día y que no admita mujercillas

El hermano Bernardo de Claraval al hermano Alberto, recluso: luchar un buen combate.

Me pides que te apruebe no se qué observancia de ayuno que me propusiste al recluirte en tu celda y que te permita, además, platicar con mujercillas -cosa que recuerdas que te la prohibí-, ya que por tu pobreza dices que te resulta inevitable. Yo carezco de toda jurisdicción sobre ti. Te di el consejo -no el mandato- de que hagas siempre una comida al día, que rechaces por completo las visitas y charlas con las mujeres, que vivas de tu propio trabajo y otros avisos que sería prolijo recordar ahora. Si preveías que con estos medios no ibas a poder realizar esa gran obra, no debiste comenzar lo que ahora eres incapaz de terminar. Este es el consejo más importante que te di; no estás obligado a seguirlo como un precepto, pero tampoco, pero tampoco cambiarás mi parecer. Adiós.

¡Es magnífico! No se pueden decir más cosas con menos palabras. Sólo le falta el emoticon ¬¬ detrás del Adiós. ¿Quién sería este Alberto? Es genial su argumento para justificar su necesitad de ‘platicar’ con ‘mujercillas’ -’muliercularum’ en el original- en su celda: lo necesita porque es pobre.

Halloween católico

2010 octubre 14
por Julio Arrieta

Sin preámbulos. Dice el teletipo de Europa Press : “La Conferencia Episcopal Española ha animado a los niños a disfrazarse de santos en lugar de vestirse de brujas o calaveras la noche de Halloween –víspera del Día de Todos los Santos– para que les sirva como “estímulo” para seguir con su vida cristiana”.
La idea no ha sido de los obispos españoles. La han ‘compartido’ -que se diría en Facebook- de sus colegas británicos, cuya conferencia episcopal ha sugerido a sus fieles que realicen “actividades divertidas para los niños y disfrazarse de santos como San Jorge, San Francisco, Santa Lucía o Santa María”, en vez de hacerlo de Freddy Krueger, el gañán con machete de Viernes 13 o de zombi paleto.

“Esa nota de Inglaterra me parece perfecta, en vez de vestirse de calavera o de otras cosas, pues vestirse de lo que es la fiesta de Todos los Santos”, ha puntualizado a Europa Press el padre Juan María Canals, secretario técnico de la Comisión Episcopal de Liturgia, tras señalar que todo lo demás -Freddie, gañán, etc.- es “pagano”. El sacerdote ha añadido que hay que “cristianizar totalmente” el Día de Todos los Santos y que la iniciativa británica ayudará a recuperar esta festividad “como estaba al principio”.

Nada que objetar, faltaría más. Y menos desde este Gabinete, blog conservador donde los haya. En todo caso, convendría reconsiderar los santos disfraces sugeridos, porque alguno da más miedo que Freddy. El de Santa Lucía, por ejemplo. Me parece un poco fuerte para una niña lo de ir disfrazada de señora con sus propios ojos arrancados en una bandeja. El de la Virgen… pues según, depende. De Dolorosa, por ejemplo, tampoco lo veo muy apropiado para las pequeñas. Fíjense en esas Vírgenes de los Dolores con el corazón atravesado por siete espadas.

Con San Francisco se reducen los problemas. Y el disfraz es más barato. ¡La de padres que habrán hecho la primera comunión vestidos de franciscanitos! En alguna parte estarán esos hábitos y si los encuentran se ahorrarán el disfraz para el nene. Con San Jorge hay que reconocer que el disfraz ‘mola mazo’ para la chavalería, porque es algo sacado como de World of Warcraft o El Señor de los Anillos -armadura, lanza, un dragón…-, aunque algo costoso.

Desde aquí aplaudimos esta iniciativa episcopal. En serio. Que no va con ironía, ni con segundas. De verdad. Mola mazo.

Torcido en el pensar

2010 octubre 4
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por Julio Arrieta

Hace unos días dedicaba un post en este Gabinete al ‘Diccionario Infernal’ de Collin de Plancy. Hoy llega el segundo. Que no será el último, porque este libro me tiene sorbido el seso. ¡La cantidad de cosas que se aprenden leyéndolo! Todas inútiles a menos que el lector forme parte de un grupo noruego de Black Metal, de estos que graban videoclips en paños menores, en la nieve y a 30º bajo cero. Porque no creo que sea de mucho provecho saber que los ‘Condes del Infierno’ son “demonios de orden superior en la jerarquía infernal, y que mandan numerosas legiones“. Estos demonios son evocados “a todas horas del día, con tal que sea en un lugar salvaje, que los hombres no acostumbren frecuentar“. Y cuidado, que ya advierte nuestro autor que jugar con estas cosas no es bueno. Tomen nota: “Condenación eterna: Sentencia que condena a los pecadoresa pasar la eternidad en los infiernos con los demonios. Los brujos tiemblan al oír estas palabras”.

Una de las entradas que más me ha llamado la atención, y que puede resultar muy interesante para los cada vez más numerosos aficionados al vampirismo, es la de “Chupador de sangre: Especie de mochuelos que Torquemada dijo ser una ave nocturna muy ruidosa, que procura introducirse donde hay algún niño, le chupa la sangre y se la bebe. Los demonógrafos han dado el mismo nombre a los brujos, porque semejantes a aquel pájaro, chupan la sangre a cuantos pueden, principalmente a los niños. Esta es sin duda la misma idea que se ha formado de los vampiros. Los brujos que chupan la sangre tienen también alguna analogía con los golos de los árabes“. Es una referencia a los vampiros en España anterior a Feijoo.

Este Torquemada no es el inquisidor. Se trata de Antonio de Torquemada, un escritor leonés del Renacimiento al que Cervantes cita y critica por su credulidad en el capítulo VI de la primera parte del Quijote. Como no podría ser menos, Collin de Plancy dedica un par de líneas muy sugerentes al personaje. “Torquemada (Antonio de): Autor español del ‘Hexameron’, obra llena de cosas prodigiosas y aventuras de espectros y fantasmas“. No es gran cosa, así que si quieren enterarse un poco, en este caso pueden acudir a la Wikipedia para descubrir que don Antonio fue algo más que un chiflado. Eso sí, debió de acabar bastante tocado. En ‘De un autor censurado en el Quijote’, Alfredo Reyes escribió: “Discreto, mesurado y apacible en su juventud, según puede verse por los ‘Coloquios’, se fue torciendo y amanerando con los años; si no en el decir, al menos en el pensar. A través de los ‘disparates’ y ‘arrogancias’ del ‘Olivante’, llegó a la extravagancia, rayana en la locura, del ‘Jardín de flores’“.

Esto de ser torcido y amanerado en el pensar, que para Cervantes es algo malo, para Collin de Plancy es estupendo. Y ese ‘Jardín de flores’ debe de ser la obra cumbre de la literatura forteana antes de Charles Fort, pero desafortunadamente Collin de Placy descuidó reseñarlo en su compendio diabólico. Qué pena.

Merlín en su tumba

2010 septiembre 16
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por Julio Arrieta

A veces los personajes imposibles dan lugar a arqueologías fantásticas. Hablábamos de Merlín. Esta es su tumba. O su prisión. Porque, si hacemos caso de la leyenda, el mago pervive de algún modo en estas piedras. No debajo de ellas, sino ‘en’ ellas, en una especie de letargo adimensional.

El fin de Merlín es de una tristeza sobrecogedora. El mago, muy anciano, se enamora de Viviana, una joven a la que tiene por amiga. Ella sólo quiere sus poderes, logra convertirse en su aprendiz y le va arrebatando porciones de su saber oculto a cambio de unas pocas caricias y un afecto que promete algo más que nunca llega. Hasta que obtiene el hechizo final, el que retiene a las almas entre dos mundos, encadenadas a un árbol, a una roca, a una fuente. Él sabe que va a caer, pero no se resiste. Y ahí está, en estas piedras. O en las otras que forman el resto de la media docena de tumbas de Merlín que hay repartidas entre le Bretaña francesa y las Islas Británicas. Aunque se presta a interpretaciones rijosas y ha dado lugar a alguna que otra parodia cruel, es una leyenda muy triste pero efectiva, porque ha contribuido a salvaguardar unos cuantos monumentos megalíticos. ¿Qué habrá sido del túmulo de Viviana?


“Vivimos igual que soñamos: solos” (Joseph Conrad)

Merlín el mago

2010 septiembre 13
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por Julio Arrieta

Merlín es un enigma“. Así empieza ‘Merlín: historia y leyenda de la Inglaterra del rey Arturo’, una biografía imposible de un personaje improbable escrita por Geoffrey Ashe y editada en España por Crítica en su serie Tiempo de Historia. Merlín es un enigma porque todo el mundo le conoce pero en realidad nadie sabe quién fue. Si es que fue, claro. Cualquier occidental con una cultura básica sabe que Merlín era el mago del rey Arturo y tiene una imagen muy concreta del personaje. Sí, esa que están ustedes imaginando ahora mismo, mientras leen este post: el anciano sabio de barba blanca vestido con una túnica de aire druidesco. Para todos nosotros, Merlín es el personaje de este grabado de aquí al lado, en el que aparece mientras es seducido por Viviana, al borde de la perdición.

Pero en su primera aparición literaria el mago era un hombre joven. Como tal es descrito en la mentirosa pero entretenidísima ‘Historia de los Reyes de Bretaña’,de Geoffrey de Monmouth, un estupendo cronista medieval aficionado a llenar los vacíos abiertos por las carencias documentales con ocurrencias asombrosas. Como fuente Geoffrey fue la pesadilla de los historiadores que en tiempos más inocentes intentaron tomárselo en serio, pero como creador le debemos el nacimiento de la mitología artúrica básica, o por lo menos su popularización. Él inventó a Merlín como mago de Arturo y lo sacó a escena desde un cúmulo de vagas tradiciones de druidas y guerreros. El Merlín de Geoffrey es el de esta miniatura de aquí abajo, en la que aparece levantando Stonehenge en su emplazamiento actual, después de haberlo traído desmontado desde Irlanda como si fuese una estantería de Ikea. Nótese el pasmo de los testigos.

Ashe reconstruye en su libro la historia que va desde este Merlín primigenio al mago que tenemos en nuestras cabezas, el de las películas, dibujos animados, novelas y tebeos. Por su libro desfilan cronistas embusteros, druidas heroicos, caballeros misteriosos, alguna bruja, más cronistas embusteros, poetas fabulosos, alguno bastante ñoño, novelistas románticos, bardos victorianos y cuentistas célebres. No falta un capítulo dedicado a las encarnaciones literarias más recientes del personaje. Llama la atención el Merlín de C. S. Lewis, el autor de ‘Las crónicas de Narnia’, que incluye al mago como viajero en el tiempo hasta el presente en la trama de ‘Esa horrible fortaleza’. “El aspecto más interesante de la reconstitución de Merlín obrada por Lewis -escribe Ashe- es su intento de imaginar cómo hubiera sido este como persona, cómo lo vería la gente del mundo moderno y cómo respondería él a un entorno semejante“. Lejos de la caricatura ridícula del Merlín de Mark Twain en ‘Un yanki en la corte del Rey Arturo’, el de Lewis es medieval pero no una parodia de lo medieval. Es inteligente, culto y educado, pero de su tiempo: “Merlín come sin usar tenedores, pese a lo cual parece elegante; no es que no tenga maneras, sino que las suyas son diferentes“.

En un párrafo memorable Merlín se dirige a su anfitrión en el siglo XX, el doctor Ransom: “En verdad, no puedo entender el modo en que vive y su casa me es extraña. Me ha ofrecido un baño que envidiaría un emperador, pero nadie me asiste en él, una cama más blanda que el propio sueño, pero cuando me levanto encuentro que debo ponerme las prendas con mis propias manos como si fuera un campesino. Descanso en un cuarto con ventanas de cristal tan puro que el cielo puede verse con la misma claridad estén cerradas o abiertas y el viento del cuarto no alcanzaría a apagar una vela sin protección, pero descanso en él a solas, sin más honores que los que tendría un prisionero en una mazmorra. Su gente come pescados resecos y sin gusto, pero sobre platos suaves como el mármol y redondos como el sol. En toda la casa hay un calor, una comodidad y un silencio que le traen a un hombre a la mente el paraíso terrenal, pero no hay colgaduras, ni suelos adornados, ni músicos, ni perfumes, ni altos sitiales, ni un destello de oro, ni un halcón, ni un lebrel. Para mí es como si usted viviese ni como rico ni como pobre“.

El alquimista escéptico

2010 septiembre 12
por Julio Arrieta

Alguien no encaja en la galería de personajes que pueblan la ‘Historia del ocultismo’ de L. de Gérin Ricard: Paolo Sarpi , Pedro Sarpi antes de abandonar el mundo para entrar en religión como Siervo de María. Además de su faceta religiosa, Sarpi (Venecia 1552-1623) figura en la historia de la Ciencia como matemático, anatomista, físico y astrónomo notable. Amigo de Galileo, le ayudó a mejorar su telescopio y trazó su propio mapa de la Luna. Por su parte, el sabio pisano dijo de él que “sin ninguna exageración podía decirse que nadie en Europa supera a este maestro en el conocimiento de las matemáticas”. Copernicano él mismo, Sarpi avanzó que Galileo iba a tener dificultades con la Iglesia, pero no lo predijo por medios mágicos porque algo del asunto sabía: todas sus obras acabaron en el Índice de libros prohibidos. ¿Qué hace entonces este hombre en el libro de Gérin Ricard, rodeado de nigromantes, muchos de ellos de los de cucurucho en la cabeza?

La respuesta es que Paolo Sarpi fue alquimista. Pero lo que le convierte en un personaje estupendo es que fue un alquimista escéptico. Quizá el único alquimista escéptico de la historia. No creía en la existencia de la piedra filosofal ni en la posibilidad de fabricar oro. “Es una cosa que debe señalarse, pues tal vez es única en la historia del ocultismo esta negativa de un alquimista a conceder el menor crédito a la Gran Obra”, dice Gérin Ricard. A diferencia de todos sus colegas de retorta y como buen cofundador de la ciencia experimental, Sarpi concluyó después de años de trabajo en el laboratorio que toda la jerigonza hermética de los mamotretos alquímicos no era más que charlatanería y que los alquimistas que pretendían realizar trasmutaciones o eran unos ilusos o unos rufianes engañabobos. A veces las dos cosas a la vez.

Precisamente los galimatías simbólicos de los tratados de alquimia que tanto disgustaban a Carpi llevaron a muchos alquimistas a experimentar con las materias más asombrosas para obtener sus mercurios filosofales, a partir de los cuales se suponía que se obtenía la piedra filosofal. Christopher McIntosh no se resiste a citar dos ejemplos bastante cochinos en ‘Los rosacruces: Historia y mitología de una Orden Oculta’: “La utilización por los alquimistas del semen y otras sustancias orgánicas queda confirmada en otro pasaje del libro de Gustav Brabbée, en el que describe con horror a cierto grupo que trabajaba sobre el principio de que el cuerpo humano es la mejor retorta existente para producir el elixir. Una de las formas que empleaba dicho grupo para tratar de conseguir el elixir era contratar a unos hombres y mujeres a quienes, a cambio de una suma de dinero, se les pedía que comieran y bebieran los mejores manjares y el mejor vino hasta hartarse, y a continuación se procesaban sus excrementos y su orina para extraer el elixir. Para la obtención del semen destinado a esos mismos fines contaban con la colaboración de uno de ellos, que era oficial del ejército. Pagando una cierta cantidad de dinero, este hombre conseguía la sustancia deseada de los soldados bajo su mando. Este sistema se utilizó hasta que aquellos voluntarios empezaron a debilitarse tanto que el médico del regimiento hizo una investigación y uno de los ‘productores’ reveló el por qué de la flojera”.

En fin. ¿Qué se puede añadir? McIntosh remata: “Pero por risibles que nos puedan parecer estas actividades, eran una consecuencia perfectamente lógica de las premisas sobre las que operaban los alquimistas”. Caca y semen ajenos. ¡Como para no generar escepticismo en alguien que sólo creía en el fruto de la experiencia!

Diccionario infernal

2010 septiembre 9
por Julio Arrieta

Esto que ven aquí al lado es el contrato de cesión de alma supuestamente firmado por el cura francés Urbano Grandier y Satán en algún momento del primer tercio del siglo XVII. A primera vista no es muy impresionante. Tal y como está la cosa últimamente, seguro que ustedes han firmado acuerdos laborales que dan mucho más miedo que este. El texto está en latín y escrito en una caligrafía endiablada -jaja-, pero disponemos de la traducción. Dice lo siguiente:

“Nos, el muy poderoso Lucifer, secundado de Satanás, Belzebut, Leviathan, Elimi, Astarot y otros, hemos aceptado en el día de hoy el pacto de alianza de Urbano Grandier, que se nos entrega; y le prometemos el amor de las mujeres, la flor de las doncellas, el honor de las monjas, las dignidades, los placeres y riquezas: fornicará cada tres días; la embriaguez le será gustosa; cada año nos ofrecerá un homenaje firmado con su sangre; hollará con sus pies los sacramentos de la iglesia y nos dirigirá oraciones. En virtud de este pacto vivirá veinte años feliz en la tierra de los hombres y vendrá luego entre nosotros a maldecir a Dios” “Hecho en los infiernos en el consejo de los Demonios” “Han firmado Lucifer, Belcebub, Satanás, Elimi, Leviathan, Astharot” “Visado con la signatura y sello del maestro diablo y de los Ss. príncipes de los demonios”.

Este documento es uno de los que salieron a relucir en el zurriburri satánico de las posesas de Loudun, un follón de monjas energúmenas y curas rijosos que acabó con el citado Grandier, que parece que sólo pasaba por allí el pobre, churruscado en la hoguera. Jacques A. Simon Collin de Plancy (1793-1887) dedicó varias páginas a este episodio en su ‘Diccionario infernal’, libro estupendo y delirante dado a la imprenta por primera vez en 1818, editado varias veces a lo largo del siglo XIX y cuya edición española de 1842 está ahora disponible en una versión facsímil publicada por Maxtor . La edición más famosa es la de 1863 y es conocida porque contaba con ilustraciones de demonios famosos, Astarot, Belial y todos esos, que han sido saqueadas sin piedad por las discográficas consagradas al Black Metal. Collin de Plancy figura en las enciclopedias normales como ocultista pero, por lo que yo sé, no se dedicó al ocultismo propiamente dicho. Fue un librepensador, racionalista e incrédulo que acabó convertido en católico ferviente dedicado a la demonología, para consternación de los que le seguían en su primera época escéptica. De no creer en nada Collin de Placy pasó a creérselo todo y en su diccionario recogió toda la información que pudo encontrar sobre los demonios y su mundo. Aunque en las reseñas suele destacarse lo sistemático de su trabajo y el detalle en la descripción de las características de los diablos, sus dominios y jerarquías, la verdad es que el ‘Diccionario infernal’ es un compendio desbordado de chascarrillos asombrosos y no necesariamente satánicos. Abrirlo es perderse. La diversión está garantizada.

Leyendo al azar descubro que Gial es el “río de los infiernos escandinavos en que se pasa sobre un puente llamado Gialor” y que Gila fue una “insigne bruja del siglo XVI” que “se comía todos los niños que podía encontrar”, la muy cabrona. Los lectores de Harry Potter se asombrarán al leer que Hemione es un “demonio disfrazado de mujer que acompañaba siempre a un sacerdote brujo llamado Benito Berna, con el cual tuvo cópula por más de 40 años“, nada menos. Por otra parte Mab, “según Shakespeare, es la reina de las hadas” y Macario fue un panadero del siglo IV que “renunció al mundo y se retiró en 335 a una soledad de Nitria” en la que, cómo no, fue tentado por el Maligno, que le ofreció placeres similares a los detallados en el contrato adjunto.

La clave

2010 agosto 20
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por Julio Arrieta

Esta señora que mira a la cámara con un cierto aire de picardía es la escritora e ilustradora Pamela Colman Smith, recordada por ser la diseñadora de las cartas del Tarot Rider-Waite que, como habrán observado sagazmente, se llama Rider-Waite y no Colman Smith. Rider fue la casa editora y Waite era el escritor Arthur Edward Waite, cuya carrera esotérica reflejó la esencia del ocultismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX. En ‘La tradición oculta’, Gérard Galtier explica, entre un montón inabarcable de cosas interesantes, que la clave de todo el ir y venir de sociedades herméticas de la época era la legitimidad de la iniciación. Todos corrían de un lado a otro iniciándose en los ritos más asombrosos, cuyos oficiantes no hacían otra cosa que discutir y pelearse entre ellos por la legitimidad de su potestad iniciadora.

De hecho, Galtier cuenta, no sin cierta dosis de mala baba, que Papus estuvo dos horas y media en la cámara de reflexión de no recuerdo qué logia de vaya usted a saber qué rito, hasta que le dijeron que “lo sentimos mucho, señor, desolé, pero no podemos admitirle entre nosotros”. Galtier deja caer hasta los nombres de los dos individuos que votaron en contra. Qué indiscreción. Pero dio igual, Papus se largó dando un portazo -¡blam!- y se las ingenió para ser iniciado por vías digamos nebulosas y poder abrir así su propio conventículo. Y de este modo actuaban todos. A portazos.“¿¡Cómo?! ¿Que no me admiten ustedes en su orden iniciática del Tres? ¡Pues ahora corro a cofundar la Hermandad Polarista con Jeanne Canudo!”

Y así lo normal era militar en varias órdenes herméticas bien sucesivamente o en todas a la vez, que alguna será la buena, como casi hizo Victor Emile Michelet, que escribió cierto librito sobre la caballería que ahora es saqueado sin pudor por todos los esoteristas de kiosco que pergeñan libros sobre los templarios. En la segunda mitad del siglo XIX había que dar portazos a la hora de abandonar una orden esotérica para saltar a la otra. “¿Cómo que mi neomesmerismo es ilegítimo? ¡Ahí os quedáis con vuestro cochino rito, me voy con los de Menfis Misraim!” -¡Blam!-

A. E. Waite dio varios de estos portazos. El más memorable tras tener una enganchada esotérica con el zascandil de MacGregor Mathers en The Hermetic Order of The Golden Dawn, asociación reivindicable sobre todo por su dandismo y su colorido vestuario ritual. En 1900 la orden se dividió en dos grupos. Los fieles a MacGregor Mathers se reunieron en un grupo llamado Alpha et Omega. Los hermeticocríticos montaron la Hermetic Society of the Morgenrothe, a la que pronto cambiaron el nombre porque a ver quién pronuncia eso de Morgenrothe. Waite estaba con los segundos, entre los que también se encontraba el poeta W. B. Yeats. Dio igual, porque enseguida el grupo se dividió en otros dos -¡Blam!¡Blam!- a causa de las habituales disputas fraternales. Waite lideró el Independant and Rectified Rite of the Golden Dawn, de marcado toque cristiano, mientras que Yeats encabezó a los más exaltados en Stella Matutina, cuyas reuniones debían de ser extraordinariamente memorables. Se deduce porque por lo menos dos de sus miembros acabaron en el psiquiátrico. Y no de celadores, precisamente.

Por supuesto, Waite también fue francmasón -¡blam!- y formó parte de la Societas Rosicruciana in Anglia, de donde salió -¡blam!- para cofundar la Fellowship of the Rosy Cross. Tanto ajetreo hermético no le impidió escribir sobre todo ello y pasa por ser el primer estudioso sistemático del ocultismo contemporáneo. Entre las obras que redactó se encuentra ‘The key to the tarot’, el libro que acompañaba a la baraja de aire modernista de Pamela Colman Smith, iniciada ella misma en el Golden Dawn y una de esas mujeres listísimas que, al contrario que sus compañeros, pasaban por todo esto como de puntillas y con un cierto aire de picardía.

¡Esa puerta! ¡que se cuelan los elementales!

2010 junio 16
por Julio Arrieta

Desde hace unos meses he leído bastantes cosas sobre las pseudoprofecías del 2012, el fin del mundo y otros apocalipsis de oferta con intención de sacar algo en claro de todo ello. Mi primera conclusión es que hay una cantidad asombrosa de ilusos en el mundo. La segunda es que el todo vale reina en la industria editorial. La tercera espero que me la aporte algún antropólogo cualquier día de estos, gracias.

Bien, he leído de todo. De hecho, creía haber alcanzado el límite de la insensatez agorera. Pero acabo de comprobar en el país de las hadas que siempre hay un más allá del despropósito y la desubicación. Lean este post . Es asombroso. ¿De verdad alguien puede escribir en serio frases como “espero que este libro te proporcione información (…) sobre más cosas que los cambios espirituales que se producirán cuando los portales se abran y entren en masa las nuevas energías”? Parece un chiste de Woody Allen a medio hacer. O algo de Gila. Porque tal como está el tiempo últimamente cuando los portales se abran lo que va a entrar en vez de las nuevas energías (¿?) serán un viento y una humedad nada saludables.

El libro que comenta Gámez se titula ’2012 ¿y después qué?’. Es obra de Diana Cooper. No la Diana Cooper vizcondesa de Norwich, sino Diana Cooper, de profesión sus unicornios. Diana Cooper acostumbra a tratar con hadas, ángeles, arcángeles y Maestros Ascendidos (estos van siempre con mayúsculas. Es porque son Ascendidos con A). Después da cuenta de todo ello en sus libros y en conferencias que imparte ‘worldwide‘. Como fuentes de información para su aporte a la literatura del 2012 ha contado con dos gargantas profundas inestimables: un arcángel y un extraterrestre. Gámez explica todos los detalles. Pero fíjense, me ha llamado la atención la extraña diferencia entre la naturaleza de estos dos seres. ¿No se han fijado en que el arcángel forma parte del subconjunto de ángeles (A) que a su vez es abarcado por el conjunto de los extraterrestres (E)? Son por tanto, dos extraterrestres. Sólo que uno de ellos es, además, un arcángel.

Es también notable que ambas entidades vengan desde sus lugares de residencia presumiblemente remotos para decirle a uno que la información que busca está en el jardín de su casa. Claro que no todo el mundo tiene un jardín como el de Diana Cooper: me dijeron también que hablara con los seres elementales en el jardín y que les dejase descargar información para mí. Tengo varios elementales pentadimensionales viviendo en los árboles que hay al final de mi huerto, así como cientos de hadas, de modo que traté de equilibrar mis días pasando unas pocas horas con mis hortalizas y el resto del tiempo escribiendo“, explica. ¡Eso es un jardín, amigos! ¡Con hadas! ¡Cientos de ellas! Y con seres elementales de los que se puede descargar información como si se tratara de FTPs espirituales. Porque son elementales, sí, pero pentadimensionales, lo que de algún modo reduce su ‘elementalidad’. La teosofía no es lo mío, la Blavatsky me cae gorda, pero creo que Roso de Luna explicaba por alguna parte que los elementales son eso, elementales, espíritus de los elementos de la naturaleza y que de algún modo ejecutan -o mejor, ‘animan’- los fenómenos naturales. ¿Cómo pueden ser elementales y pentadimensionales al mismo tiempo? Se lo preguntaría a Kardec, pero suele haber cola en su tumba para hablar con él. El ‘Libro de los espíritus’ dice que “Las palabras poco importan. Os compete a vosotros formular vuestro lenguaje de manera que os entendáis”. Sin embargo, Cooper y sus colegas no hacen caso de los consejos de los desencarnados, porque formulan el lenguaje de modo que se convierte en una jerigonza dorada e ininteligible que no significa nada. Así lo asegura mi unicornio. De hecho, mi unicornio me ha dicho que en 2012 no se va a acabar el mundo. Me ha dicho que Cooper y compañía no hacen más que vender una papilla espiritual barata, decadente, hortera y fea.