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Marianne, Anita y el camello

2013 marzo 27

He tenido que leer para el trabajo de verdad el libro Yo fui el camello de Keith Richards, de Tony Sánchez. Leer quizá sea demasiado decir, porque las urgencias de la profesión obligan a progresar por los libros en diagonal y con saltos ocasionales, pero el caso es que he hecho algo parecido a leerlo y ayer escribí una cosita. Tony Sánchez era un hijo de españoles que, como deja bien claro el título, suministró drogas a los Rolling Stones durante los años 60 y 70, pero en realidad su función excedía la de un simple camello: era más bien uno de esos ayudantes que sacan las castañas del fuego a las estrellas, bastante inútiles y desvalidas cuando se ven obligadas a descender a la vida cotidiana. El recuento que Spanish Tony hace de la época es bastante sensacionalista, pero al fin y al cabo él estaba allí, y quizá ocurra simplemente que el modo de vida de aquella gente era bastante sensacional.

A mí me ha gustado especialmente la primera parte del volumen, que se centra en el progresivo desmantelamiento de la persona de Brian Jones. El libro contiene anécdotas pintorescas, como una en la que están involucrados un dóberman al que han dado somníferos y un foso infestado de ratas, y me ha llamado la atención el riesgo que suponía un stone al volante: a lo largo de la historia suceden varios accidentes de tráfico con coches imponentes (el Rolls-Royce Silver Cloud plateado de Jones, el antiguo Mercedes nazi de Richards) en los que los músicos muestran una preocupante tendencia a darse el piro. Otra cosa que me ha interesado mucho es la figura de las mujeres, fundamentalmente las hermosas Marianne Faithfull y Anita Pallenberg, a las que tienen juntas en la imagen. Sabía o suponía que su consumo de drogas y su práctica de sexo en aquel periodo no fueron precisamente frugales, pero ambas han superado mis expectativas. Marianne, que probó a tres stones antes de elegir a Jagger, aparece pintada de manera muy amigable, porque Tony era coleguita y amante ocasional, pero ahí la tienen durante buena parte del relato, nadando en mares de heroína y autocompasión. A Anita, pareja del amigo Richards, se la ve con una luz más siniestra, introduciendo en la heroína a adolescentes y vendiéndoles coca a sus niñeras.

Algunos pasajes sobre la vida de yonqui que llevaba Anita hacen que uno mire las glamurosas fotos de la época con otros ojos: «Cada vez que las camareras del hotel acudían a limpiar las habitaciones, les gruñía desde el otro lado de las puertas cerradas con llave, ordenándoles que se fueran. Después de tres semanas, el lugar apestaba a calcetines sucios y a humo de cigarro estancado. Había botellas vacías por todas partes, quemaduras de cigarro en la mayoría de muebles estilo Luis XIV y las sábanas habían adquirido un tono grisáceo muy poco atractivo», escribe Tony sobre una estancia en Montreux. Anita, por cierto, acababa de dar a luz a la segunda hija de Keith..

 

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