Un día histórico

Hoy se hace historia. Después de treinta años ininterrumpidos de gobierno nacionalista, un socialista será elegido lehendakari. Los votos de la mayoría del Parlamento van a permitir a Patxi López gobernar, porque la democracia se sustenta en las mayorías. Y por mucho que le duela al PNV, que ganó al PSE en las urnas y nadie lo puede negar, no tiene los votos necesarios para sentar a su candidato en la silla de Ajuria Enea. Al final, eso es lo que cuenta.

Quizá la tragedia que vive este país (no me digan que la amenaza permanente y directa de ETA sobre miles de ciudadanos no es una desgracia para Euskadi) nos ciega a la hora de poner racionalidad a lo que hoy está ocurriendo en Vitoria. Disguste a quien disguste, tres fuerzas políticas han alcanzado la mayoría absoluta y han dado legitimidad al Gobierno que, en los últimos años ha estado dirigido por Ibarretxe, pero que se ha sostenido en la fragilidad. Precisamente porque no tenía la mayoría absoluta, ha estado bajo el dependiente el capricho de la izquierda radical (hoy me conviene apoyar y mañana no me interesa). No voy a recordar votaciones trascendentales que han salido adelante por alguno de los votos (no todos) prestados por fuerzas políticas radicales.

Pues bien. Patxi López es lehendakari (lo será en cuanto prometa el cargo en Gernika) y el país no se va a derrumbar como algunos agoreros anunciaban hace unos años cuando se cernía sobre ellos ‘la amenaza’ de un gobierno no nacionalista. Al día siguiente de la toma de posesión del sillón de Ajuria Enea, el cielo va a seguir en su sitio, seguiremos con problemas económicos, la venta de coches y de pisos caerá aún más, la natalidad no se recuperará y, en definitiva, la gente mantendrá su ritmo cotidiano. Pero para muchos ciudadanos de este país, algo si habrá cambiado: su Gobierno será extremadamente combativo contra ETA y las víctimas tendrán el consuelo y la paz que reclaman. Quizá en estos últimos años no se haya demostrado la misma sensibilidad en este tema, que para el Ejecutivo de López será una prioridad.

El nuevo lehendakari no va a acabar con el euskera, no va a cerrar ETB y no se va a negar a que la lengua vasca siga su desarrollo en la comunidad escolar . Hay miedo en el mundo euskaldun; pero es un miedo innecesario porque Patxi López defenderá el euskera (que utilizó por cierto en bastantes pasajes de su discurso) con el mismo énfasis que apoyará el castellano.

Ibarretxe ha perdido una oportunidad para ser generoso. Su discurso ha sido un constante lamento de la entente entre PP y PSE, ha recordado el pacto en Mayor Oreja y Nicolás Redondo y la acción judicial que ha impedido “artificial e interesadamente”’ la presencia de la izquierda radical en el Parlamento vasco. “Los gobiernos que nacen contra las urnas mueren en las urnas”, aseguró durante su intervención que fue constantemente desligitimadora para el nuevo Ejecutivo. El discurso fue duro y su mensaje aceradamente crítico y descalificador: el gobierno de López es frentista, débil e inesteable y de giro españolista, “donde no está representada la mayoría de la sociedad y que se constituye de espalda a la mayoría social de este país”. “Señores socialistas, no son ustedes de fiar”. Nada conciliador.

Sea lo que sea, este país necesita un gobierno sólido, fuerte e inspirado para afrontar una grave crisis económica (que vamos a notar con más virulencia en unos meses) y conciliador, que evite el frentismo y la separación en dos mitades irreconciliables. Y, sobre todo, un ejecutivo que haga notar de forma constante y evidente que la sociedad vasca repudia a ETA y a quienes aún la sostienen. Demos una oportunidad (los cien días de rigor en estos casos) y si no lo hacen bien, que lluevan las críticas y los palos sobre López.

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