Llorad, llorad, merengues

“Misión imposible IV” “Nos han robado” “Para esto es mejor no venir” “El año que viene que le den la copa directamente”. Los discípulos han emulado al maestro y han salido en tromba dándole la razón en su discurso paranoico (la UEFA nos castiga), victimista (el árbitro nos perjudica) y fatalista (era imposible que el Madrid puediese pasar). Por no hablar, del gran capitán del equipo merengue que se pasó todo el partido golpeándose la cara con su manopla en una clara y manifiesta señal de sentirse estafado.

Y se olvidan de que quien perdió la eliminatoria fue su ‘hamletriano’ entrenador (¿por qué, por qué?) que se enfrentó en el Bernabeu a su bestia negra con una táctica cobarde y de equipo mediocre, sin tener en cuenta que tiene en su plantilla algunos de los mejores jugadores del planeta.

La coartada de Mourinho vale, además, para la prensa deportiva madrileña que también ve conspiraciones y maniobras orquestales de los nacionalistas periféricos para evitar que el Real Madrid siga siendo el líder indiscutible del fútbol mundial. Los errores arbitrales (que los hay, por qué negarlos) se utilizan como ariete para negar el magnífico juego de un grupo de jugadores pequeños, pero corajudos, que atesoran en sus botas un preciosismo solo alcanzable en las consolas televisivas. Todo vale con tal de negar la máxima que impera (normalmente) en el fútbol: el mejor equipo de la eliminatoria ha sido el Barça. Y punto.

En unos cuantos años, todo el mundo se habrá olvidado (es una exageración porque habrá irredentos que lo recuerden) de si hubo o no penalti, si el árbitro se equivocó, si la zancadilla o el golpe a la mandíbula fue teatro y quedará la estadística. Olvidando la ‘manita’ del Nou Camp en el primer partido de liga (el verdadero punto de inflexión para Mou), el balance es de una victoria para cada equipo y dos empates; cuatro goles a tres, a favor del Barça. Igualdad, pero menos.

La cuestión es que el Real Madrid había confiado en el resultadista de su técnico para acabar con la hegemonía y el ciclo del Barça. Tres años sin títulos eran demasiados para un equipo que aspiraba a todo. Y Florentino Pérez no podía seguir por más tiempo sin llevarse uno de los trofeos de la temporada. Jugadores y técnico, al servicio de la causa merengue, a costa de sacrificar el buen juego y la leyenda del señorío merengue. Pero todo se ha ido al traste, salvo que han conseguido uno de esos ansiados galardones, aunque sea la devaluada Copa del Rey. El resto, nada de nada. Salvo llorar, como críos engreídos.

Y como mal perdedores se dedican a despotricar contra sus otrora compañeros de selección, a los que acusan de teatreros (sin reconocer la ‘estopa’ que dan en cada partido), ladrones (porque el árbitro pita a su favor) y usurpadores (porque solo el Real Madrid está llamado al olimpo). Eso me recuerda a los partidos de chavales, cuando el dueño del balón decidía acabar por la tremenda el partido, llevándoselo a casa, porque no podía admitir que el equipo contrario le ganara. Y, además, se iba llorando.

Se les va la olla

Eso de buenos y malos era antes solo cuestión de las películas. Pero se empieza a extender al mundo real. Los encuentros entre el Barça y el Madrid (cinco partidos del siglo en una tempoprada reconozco que son demasiados) pertenecen cada vez más al mundo virtual. Se comienza ocultando los entrenamientos, se escenifican hasta el paroxismo las ruedas de prensa, pero también la aparición en el campo del entrenador local, para imponerse ya de principio y marcarle los límites del terrenos al contrario. Y de paso se carga de tensión a los aficionados y el equipo arbitral. Y luego pasa lo que pasa.

Todo esto viene a cuento de la intervención de Mourinho ayer en rueda de prensa, aunque casi todas las comparecencias del entrenador madridista han venido cargadas de duras palabras contra sus compañeros de profesión, jugadores, estamentos arbitrales, aficionados y periodistas. Todo el mundo es culpable menos él. Pero prefiero dejar el asunto para otra entrada, porque esto no ha hecho más que empezar y el papelón de malo se lo tiene más que ganado.

Como bien se puede deducir de la foto que encabeza el post, voy a hablar de Pepe. Al margen de que la sanción haya sido desproporcionada (el jugador mete un ‘planchazo’ tremendo a 70 metros del área a un contrario culé), lo que está claro es que hay jugadores que siempre juegan al filo del reglamento. Y el portugués es uno de ellos. Visto lo visto, uno puede pensar que se le fue la olla, como unos días antes le pasó al ‘puto amo’ Messi que, desquiciado por el marcaje del jugador luso, lanzó un balonazo sobre la parroquia madridista, merecedora de una tarjeta amarilla.

Pero cuando a uno se le va tantas veces la olla…. la cosa tiene otro nombre. Los madridistas consideran desproporcionada la expulsión de Pepe; y puede que así sea. Pero ha jugado tan marrullero y se ha ido tantas veces sin sanción, que alguna vez tenía que sufrir el rigor arbitral. Y que el Madrid se quedara, como siempre, con diez cuando juega contra el Barça; lo que tiene más que ver más con el comportamiento de los blancos en el terrenos de juego, que con la conspiración a la que tantas veces alude Mou. Lo ha dicho Xavi “Les incula jugar sucio”.

Pepe reprochaba el otro día a Messi su balonazo a la grada (y con razón, repito), pidiéndole cordura. Cosa que a él le ha faltado en numerosas ocasiones; y no vamos a recordar que a punto estuvo de volarle la cabeza a Casquero, cuando jugaba en el Getafe. Pero no olvidemos, como evidencian las imágenes de este post, los cortes de mangas al respetable cuando Ronaldo logró marcar el gol a Pinto que le daría la copa a su equipo. Sin olvidar las constantes faltas que comete en un encuentro normal, y no digamos ya en esos partidos del siglo que se juegan cada semana. Y siempre se ha ido de rositas.

Rubalcaba y yo no estamos de acuerdo

Incomprensible. Ya me pueden perdonar, pero hay cosas que se escapan a mi inteligencia. Ya sé, ya sé. Habrá quien piense que tampoco me dan para mucho las neuronas. Pero incluso estos, estarán conmigo (y también con Rubalcaba) en que el plan de recortes que pretende llevar a cabo Telefónica es, cuando menos, inexplicable.

Repito sucintamente lo que ya se ha contado hasta la saciedad en todos los medios.Telefónica planea reducir su plantilla en España en un 20% durante los próximos tres años. Eso supondrá la supresión de 5.600 de un total de 28.000 empleos, que es el tamaño actual de la plantilla de telefonía fija, según fuentes de la compañía. Le medida irá acompañada de otras que consigan aumentar la “flexibilidad y la productividad”. La compañía quiere que los sueldos y las prestaciones a la plantilla estén más ligados a la productividad que a la inflación.

Al mismo tiempo, o casi en paralelo, propone que se aprueben incentivos millonarios para premiar a sus directivos en los próximos años. Y quiere también el pago de un dividendo de 0,75 euros por acción para el 6 de mayo y de 0,77 euros en el segundo semestre, lo que equivale a algo más de 6.900 millones en total.

Como comprenderán ustedes lo más suave que se ha oído fuera de la compañía, resulta demasiado fuerte incluso para reproducirlo aquí. Digamos que de todos esos epítetos y calificativos dirigidos a los actuales responsables de la compañía dejan un sonsonete en la calle que puede resumirse en un descafeinado malestar. Porque el personal se siente frustrado, mosqueado y hasta asqueado.

Cierto es que una empresa privada está en su derecho de premiar a sus altos directivos cuando consiguen excelentes resultados. Y Telefónica es de las mejores. Pero no es menos cierto que con esos pingües beneficios resulta sorprendente (les invito a sustituirlo por el calificativo que se les ocurra para este caso) ese brutal recorte del personal. Aunque al final incluso suponga un anticipo de la jubilación para esos empleados que quedan sin trabajo.¿No habíamos quedado en que ya no se podía jugar con los plazos legales?

Pues eso que en la calle, aunque no en los parkés, no se habla de otra cosa que de esta locura que le ha entrado a la operadora de telefonía más conocida de nuestro país. Así que no les sorprenda que el portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y un servidor hayamos coincidido en decir que “no estamos de acuerdo”.

¿Qué pasa en el metro de Bilbao?


Las cosas se estropean. Y más con el uso. Pero lo que está sucediendo con el metro de Bilbao comienza a ser desesperante. No hay un solo día en que los viajeros no se vean sobresaltados y deban abandonar la unidad en la que tratan de llegar hacia sus destinos. La cuestión es que los usuarios nos vemos hartos de tantas averías y, más aún, de las escasas explicaciones que dan los responsables del suburbano.

La avería de hoy, que ha provocado prolongar un viaje de diciesiete minutos a cincuenta, se ha debido al fallo de una unidad en la estación del Casco Viejo de Bilbao. Los retrasos han afectadoo, principalmente al trayecto entre Etxebarri y San Inazio, aunque se han visto afectados la mayor parte de los recorridos. El percance se ha producido a nueve y veinte de la mañana de este lunes en la estación Casco Viejo del metropolitano, lo que ha obstaculizado el tránsito de los trenes.

Metro Bilbao se ha visto obligada a retirar a los talleres la unidad estropeada, pero durante más de una hora y media la circulación en esta zona de la capital vizcaína se `producía por una sola vía entre el Casco Viejo y la estación de Abando.

Quince años de servicio no parece causa aparente para el deterioro del servicio. Sin embargo, no hay un día sin incidente, lo que comienza a causar el malestar entre los viajeros habituales. Pero lo que más mosquea es las escasas explicaciones que se da en las estaciones sobre estos incidentes. Tan solo se habla de anomalías técnicas y casi nunca se da la causa exacta de la interrupción del servicio. ¿Tanto les cuesta?

Actualización 18.30 horas. A media tarde de ayer, Metro Bilbao transmitía la preocupación existente por los incidentes de las últimas semanas, lo que va a originar en los próximos días una investigación sobre el material, parque móvil, instalaciones y procedimientos defuncionamiento para evitar nuevos fallos.

“Aunque el número de incidencias detectado durante los últimos cinco años presenta una tendencia a la baja, es cierto que se ha producido una coincidencia de averías, no relacionadas entre sí, en estas últimas cuatro semanas que ha requerido la actualización de los planes de revisión de acuerdo al diagnóstico resultante”,confirman los responsables de Metro Bilbao.

Metro y sentido común

El sentido común parece que se ha impuesto en este absurdo conflicto. Un acuerdo de última hora alcanzado entre los sindicatos y la dirección ha permitido desconvocar los paros parciales previstos en Metro Bilbao que debían comenzar mañana, festividad de Santo Tomás, según ha informado la empresa. ELA ha decidido aceptar la propuesta de la dirección y desmarcarse de la postura común con LAB, CIM y ESK, que cuentan ahora con sólo seis de los diecisiete delegados. UGT y CCOO ya habían anunciado la semana pasada que no apoyarían detener el suburbano durante cinco días consecutivos.

La propuesta final de la empresa ha retrasado de las 00.30 horas a la 1 de la mañana la apertura del servicio para Nochebuena, lo que supone dejar intactos los turnos de la mañana, una de las principales reivindicaciones sindicales. La retribución será, como había propuesto la dirección, de 350 euros.

Bienvenido sea el acuerdo. Y todo porque se ha acabado imponiendo el sentido común. El del sindicato mayoritario y el de la empresa que se ha avenido a negociar, como no podía ser de otra forma, hasta el último momento. Y del acuerdo quienes más salen ganando son los miembros del sindicato, la empresa y, por supuesto, los ciudadanos. Y estos sin comerlo ni beberlo iban a ser los grandes perjudicados de un conflicto que nunca se debería de haber producido.

El diputado general de Vizcaya había responsabilizado por la mañana a la dirección de suburbano por no negociar con los sindicatos. José Luis Bilbao utilizó palabras gruesas en su explicación sobre el conflicto, cargando contra los responsables políticos. “La ciudadanía no tiene por qué pagar la ineptitud” de la dirección de los gestores de esta sociedad pública, que “ha ido a amenazar” a los trabajadores, aseguraba Bilbao a primeras horas de la mañana. A su juicio, la actual dirección “ha ido a imponer, amenazar con llevarles a los tribunales”, cuando los trabajadores “tienen derecho a la huelga” porque es “un derecho constitucional”. Ha admitido que los paros en los servicios públicos, en especial en el transporte público, “hacen mucho daño”, por lo que “hay que pensárselo dos veces”.

Tras la firma del acuerdo que desconvoca la huelga en Metro Bilbao, el presidente de la entidad y viceconsejero de Transportes, Ernesto Gasco, ha reclamado al diputado general de Vizcaya que “rectifique” sus declaraciones. “Espero que mañana nos felicite y reconozca su error”, ha comentado el responsable del suburbano.

“Nos han fastidiado Santo Tomás”. “Es una barbaridad, algo absolutamente extemporáneo”. El alcalde de Bilbao criticaba abiertamente y con claridad los paros convocados en Metro Bilbao antes de que se desconvocaran.

Todas las palabras carecen a estas horas de importancia. Y solo prevalece la reacción de los sindicatos desconvocantes de la propuesta que han sabido rectificar a tiempo y han evitado que la ciudadnaía cargue sobre ellos el paro en el suburbano. Porque nadie habría entendido la supresión del servicio en un día tan especial como el de Santo Tomás.

¿Los trabajadores del metro como los controladores?

Dicen los entendidos que si en este momento se preguntara a todos los habitantes de este país por el gremio menos apreciado, la unanimidad sería la nota a destacar. Hasta hace bien poco, el papel de ‘villano’ lo ocupaba la SGAE. Pero desde la ‘semana del puente’ de diciembre todos a una claman contra los controladores. Tan es así que los componentes de este sector parecen haber aprendido la lección y han firmado un escrito en el que aseguran que no lo volverán a hacer (Bueno Blanco no se lo cree, pero este es otro asunto).

Al paso que vamos, Bilbao y sus municipios próximos van a tener su propia lista de ‘villanos’: los empleados del metro que se han propuesto tocar las narices al personal con los paros de Navidad, en especial con los que afectan a Santo Tomás. Y eso no va ser perdonado por los usuarios de este transporte.

Hasta hace bien poco el metro conseguía una de las valoraciones más altas de los vizcaínos cada vez que debíamos participar en una encuesta de calidad de los servicios. Pero en los últimos meses la cosa comienza a cambiar, e incluso la tendencia ha dado un giro contrario. Y de no resolverse el conflicto con el que se nos amenaza estos días, me temo que la nota va a ir a peor.

Los trabajadores del metro han convocado paros el martes de Santo Tomás, el miércoles, el jueves y durante el día de Nochebuena, tal y como publica hoy este periódico. El impacto de la huelga se dejará sentir especialmente en Santo Tomás. El transporte más utilizado de Euskadi vivirá ese día una situación caótica, ya que la capital vizcaína bulle de actividad con motivo del tradicional mercado navideño. Los gestores de Metro Bilbao no ocultaron ayer su preocupación por este motivo. «No podremos dar un servicio adecuado», advirtieron. El año pasado, el ferrocarril subterráneo marcó un récord histórico, con un total de 380.118 pasajeros, en su mayoría viajeros que regresaban a casa o que se dirigían a la feria instalada en el Casco Viejo. En aquel entonces se reforzaron las unidades en funcionamiento en un 12%.

«Ésta no es una lucha entre una presidencia y los trabajadores porque no hay discusión económica, ni ningún convenio alterado, ni ampliación de horarios laborales, por lo tanto no estamos ante un conflicto laboral», advirtió el presidente de Metro Bilbao, Ernesto Gasco. «Eso me lleva también a haber encargado a los abogados de la compañía que planteen ante los tribunales la posibilidad de la ilegalidad de la huelga convocada, ya que queda claro que, una vez conocido el contenido del acto de mediación y su rechazo por parte de las centrales, los paros son manifiestamente ilegales».

No se puede decretar el estado de alarma en Euskadi. Pero sí apelar al sentido común de loas centrales sindicales y de los trabajadores. ¿De verdad que no hay solución posible en este conflicto? ¿De verdad que da igual que el servicio empeore y crean que no les va a acabar afectando? Estén seguros y convencidos de una cosa. Si el Metro sigue por este derrotero, los que más acabarán sufriendo serán los propios trabajadores. No hay transporte del mundo que aguante un pulso frente a los ciudadanos. Y si no que se lo pregunten a los controladores.

(Y a los seguidores de cascarrabias… que me perdonen por tantos días sin publicar, pero me ha sido imposible. Prometo enmendarme.)

La tele de Belén Esteban


Decididamente nos hemos vueltos todos locos. Que medio país esté pendiente de una señora que no sabe hacer la O con un canuto, dice mucho del nivel medio de inteligencia que tenemos. Y que además presuma a diario de su incultura y preparación, sin que se le caiga la cara de vergüenza, causa sonrojo, cuando menos. Belén Esteban, estrella de la televisión, y cotizada musa popular, amaga ahora con pasarse a la política. El juego es más bien de los guionistas de ese magnífico programa ‘Sálvame’, que alcanza cotas de audiencia que para sí quisieran otros con verdulerías del estilo más casposo. Es lo que tiene esta democracia televisiva, donde mandan los espectadores.

La ‘princesa del pueblo’ (¿qué pensará doña Letizia?), como así la han bautizado los avispados gestores del marketing del programa de Tele5 (¡que vuelvan las mamachichos, por favor!) ha protagonizado un reportaje sobre su vida (y obras), al que pretenden dar cierto aire político, más que del corazón. ¿Qué sucedería si la Princesa del pueblo se presentara a las elecciones generales en nuestro país?, lanzan al aire la pregunta, a partir de la presentación de un estudio realizado por Sigma Dos. Y lo curioso es que según la cadena televisiva, en el caso de que esta hipótesis se produjera, no sólo sería la tercera fuerza política del país sino que en Cataluña quedaría muy por encima de los nacionalistas. Según aseguran, una candidatura oficial de Belen Esteban a la presidencia del Gobierno acapararía el 7,9% de los votos con un margen de error de más o menos el 3% y conseguiría más de cinco escaños. Su irrupción en el panorama político cambiaría así el arco parlamentario, de forma que Izquierda Unida sería el partido político más castigado, pasando a convertirse en cuarta fuerza política.

Menos mal que la copresentadora de ese aleccionador programa de televisión deja bien claro que eso de la política no va con ella. “Yo sólo opino sobre lo que sé y me afecta, pero la política me quedaría grande y estoy segura de que me daría un coma diabético con todas las preocupaciones” afirma la susodicha. Y digo aquello de menos mal, porque estoy convencido de que pese a todo, si esta señora (…) decidiera dar el salto, habría espectáculo para rato, porque conseguiría su escaño de diputada. Sin importar, ni un ápice, que produjera escenas sonrojantes a tenor de su cultura, como bien se hace evidente en el vídeo que ahí les dejo. ¡Qué nivel, Maribel!

Salvar a Zapatero y condenar a López

Uno de los máximos exponentes de la Democracia Cristiana italiana, Giulio Andreotti, realizó una magnífica clasificación de los políticos de su país que con el tiempo ha pasado a ser una máxima de la Política: “En la vida hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido”. Y precisamente de lo último es de lo que más se debe estar acordando en estas últimas horas el lehendakari Patxi López.

Los peneuvistas se han apuntado un gran tanto al cerrar el acuerdo con el PSOE sobre el traspaso de las políticas activas de empleo. Los negociadores han mantenido en las últimas horas un incesante cruce de palabras (hasta por facebook) para pulir los últimos flecos, «de carácter técnico pero muy importantes». Como dice hoy Olatz Barriuso en una magnífica crónica sobre las negociaciones, el tanto completo pasa por “impedir que el lehendakari pueda escenificar cierto margen de maniobra para decidir sobre un acuerdo que el PNV exige que vaya directamente de la mesa de negociación a la comisión mixta. En ese supuesto, López se limitaría a estampar su rúbrica en un traspaso cocinado exclusivamente entre los jeltzales y el PSOE. Y los peneuvistas podrían insistir en dibujar al presidente vasco como un convidado de piedra”. Y es que no hay más.

Los compañeros de partido son en ocasiones incómodos compañeros de viaje. Y así debe sentirlo Patxi López, aun consciente de que Rodríguez Zapatero no tiene otra salida si quiere sacar adelante los presupuestos y salvar su segunda legislatura. Los peneuvistas han sacado un gran rédito de sus seis escaños. No sólo van a presentarse como salvadores del Gobierno socialista, sino además como impulsores y desbloqueadores de un nuevo traspaso de competencias en Euskadi. Igualmente van a utilizar este escenario como un arma casi mortal contra el Ejecutivo vasco, al que han dejado tocado.

Habrá que esperar hasta media mañana del jueves para comprobar el estado de Patxi López. Pero no hay que ser clarividente para pensar que tiene que estar dolido con su secretario general, que le ha sacrificado para mantener el sillón de La Moncloa. Y es que Rodríguez Zapatero se ha salvado por un escaso margen de maniobra.

Urkullu y sus compañeros de Sabin Etxea han sabido sacar partido de la debilidad del Gobierno (de ambos) y han jugado bien sus cartas dejándose querer. La jugada está clara. Dicen que la política hace extraños compañeros de cama. Y no es la primera vez que el PNV realiza maniobras cuando menos extrañas. Lo hizo en la época de Aznar (aún resuenan las palabras elogiosas de Arzalluz, glorificando al hoy dirigente de la FAES) y también apoyó a González en su última etapa. Y ahora rescata a Rodríguez Zapatero.

El PNV cotiza al alza y vende caro su apoyo en Madrid. Y una de sus condiciones es dejar en evidencia a Patxi López, que debe aguantar el tipo y ver la forma en que sale de ésta con el mínimo daño posible. Habrá que estar atentos a su discurso y, sobre todo, comprobar su estado anímico. Pero hoy más que nunca se acordará de la máxima acuñada por Andreotti.

La limpieza, según Ana Botella

Tarde o temprano tenía que pasar. Cuando uno (o una) se creen el rey del mambo, ocurre lo que ocurre. Y, además, la realidad siempre tiende a poner las cosas en su sitio. ¿A qué viene tanto rodeo, se preguntarán aquellos que aún me leen? Ni más ni menos que a unas declaraciones de Ana Botella, estrella rutilante de la polìtica municipal madrileña, que se ha metido en un bonito jardín.

Botella ha aportado una serie de fotografías con calles del centro, las más interiores y no tan turísticas, especialmente sucias y con malos olores. Sesenta puntos (entre otros Navas de Tolosa, Pez, Luna, Leganitos o Isabel la Católica) donde pernoctan más de doscientas personas en la calle que suponen “una dificultad añadida” a la limpieza del distrito. Condiciones que, además, se agravan con las acciones de grafiteros.

La concejala popular (de partido, que no de simpatía) ha insistido, sin embargo, en que el número de quejas ciudadanas recibidas a través de internet y del 010 en el mes de agosto no conlleva una “opinión especialmente negativa”. Pero por si acaso, ella lo suelta como que no quiere la cosa. Eso sí, la concejala asegura que el Ayuntamiento acomete un “esfuerzo especial” para ser “más eficientes en el uso de los recursos y en la atención de las necesidades”.

Ya lo dice un viejo refrán castellano “caga más un buey que cien golondrinas”, así que no es de extrañar que las calles donde pernotan los sin techo sean de las más sucias, aunque no sean ellos quienes contribuyan directamente a agravar el problema. Porque puestos a elegir, estoy convencido de que ellos preferían dormir en la Gran Vía o en los soportales de Las Cortes y la calle Serrano, protegidas por los leones del Congreso (Benavides y Malospelos , según la nomenclatura popular madrileña). Y la concejala preferiría que le dejaran expeditas las calles para que las brigadas de limpieza pudieran efectuar su trabajo en condiciones. Vamos, algo que me solía decir mi madre harta de todas las baldas de la biblioteca estuvieran llenas de libros, porque así no hay forma de quitar el polvo.

Si al fin y al cabo, la señora Botella hubiera ofrecido alguna alternativa para esos ‘sin techo’, a lo mejor se entendería su discurso. Pero en su estado de preocupación, el primer lugar lo ocupa el mobiliario urbano y no quienes se atreven a ocuparlo a todas horas porque no tienen otro pito que tocar. Ya ven que no ha estado muy afortunada la señora de Aznar. Pero tampoco nadie se puede escandalizar por sus prioridades.

Por cierto. La concejala popular ha descubierto que “no son iguales todos los pavimentos” y que “unos“son más fáciles de limpiar que otros”, para pasar a recordar que Madrid es la única capital europea con servicio de recogida de basuras diaria. Y reclama, como solución, “cambiar los hábitos” de la ciudadanía. Ahí es nada la osadía.

Objetivo: parar el transporte

Todo está inventado. Y quizá resulte una obviedad. Parece lógico que la intención de los sindicatos sea poner todo tipo de trabas al funcionamiento del transporte durante la huelga del día 29. Es una de las formas de garantizarse el éxito de esta jornada. Y, al contrario, permitir la libre circulación de trenes y autobuses es casi el suicidio, porque eso supondría garantizar la normalidad.

En realidad, nada nuevo bajo el sol. Los ejércitos de medio mundo (el otro medio lo componía el bando contrario) trataban de controlar fundamentalmente dos cosas: la intendencia y el transporte. Estrangular ambos, suponía casi ganar la batalla. Y la estrategia funciona también en la vida civil; e incluso se superan las garantías de éxito.

UGT y CC OO tratan de pactar los servicios mínimos con el Gobierno de cara a la huelga general. Y quieren que durante esa jornada se limite al mínimo el traslado de un lugar a otro de personas y mercancías. Su objetivo es que los servicios mínimos “garanticen el derecho fundamental al transporte de los ciudadanos pero, a la vez, permitiendo también el derecho de huelga de los trabajadores del sector”. Vamos que apenas funcionen unos cuantos trenes y autobuses de cercanías. Parar el país por tierra, mar y aire. Eso es un seguro de cara a paralizar España.

En su planteamiento, los sindicatos no contemplan la salida de ningún vuelo internacional desde los aeropuertos españoles y ningún tren que no sea cercanías, que solo circularán en las hora punta. En cuanto a las conexiones por carretera entre ciudades, solo garantizan la circulación de autobuses en aquellas rutas que no coincidan con otros medios de transporte a razón de un servicio de ida y vuelta para las menos frecuentadas hasta tres servicios para las más demandadas.

El Gobierno cree que aún es posible llegar a un acuerdo de mínimos. El Ejecutivo se esfuerza en destacar que respeta el derecho a la protesta y confía en no encontrarse con una respuesta masiva por parte de los trabajadores a su política. Hay muchos trabajadores que van a encontrar precisamente ese día opción para trabajar. Pero si no pueden acceder al transporte, lo van a tener muy difícil.

elcorreo.com

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