El aborto es malo

Los partidos con representación parlamentaria trabajan en las últimas semanas en ultimar una ley de plazos sobre el aborto: Como es natural (?) las posiciones de PP y PSOE están en las antípodas; lo contrario, sería más sorprendente.

Según lo que se ha avanzado hasta el momento por el partido del Gobierno, las conclusiones giran sobre tres ejes: el aborto sí es un derecho; es un derecho que las mujeres puedan ejercitar según su libre voluntad (de momento el plazo no ha sido detallado en el texto pero oscilará entre las 14 y las 16 semanas) y, con posterioridad si se cumplen algunas condiciones; es un derecho que deberá garantizar el sistema público de salud.

El PP lo tiene mucho más claro. “El aborto es malo. Es malo para las mujeres y es malo para la sociedad. No puede ser un derecho de la mujer algo que es malo para ella. Frente al aborto, más vida”. Estas palabras, pronunciadas por Sandra Moneo, portavoz del PP en la subcomisión del aborto en el Congreso, resumen la posición de su partido.

Cien mil mujeres de este país han sufrido la interrupción de su embarazo en el último año (esta cifra cifra no solo la manejan las asociaciones antiabortistas, sino algunos partidarios de la ley de plazos). Sin entrar en la guerra de cifras, el dato en sí ya es escalofriante. Algo grave tiene que pasar cuando hay tantas mujeres que han decidido interrumpir su embarazo. El sistema está fallando en algún punto.

La derecha se opone también, con contumaz contundencia, a las campañas de prevención del embarazo, reparto gratuito o semigratuito de condones e incluso la formación sexual en los centros escolares. No es de extrañar, por tanto, que salgan a la luz casos como el de la pareja de ingleses (él de 13 años y ella de 15) que acaban de tener un hijo y reconocen ante las cámaras que no saben qué van a hacer ahora. ¿Hubiera sido mejor que la chiquilla abortara? ¿Los padres deberían de haberse opuesto a que naciera esa criatura que no tiene la culpa de la inconsciencia de sus progenitores?

No sé que hubiera pasado en España si saliera a la luz uno de estos casos que, por desgracia, también aquí se producen, según admiten los médicos y sociólogos que tratan como pacientes a esos preadolescentes ya padres con su tierna edad. Esos mismos que ahora se oponen a las leyes del aborto, son herederos de quienes viajaban a Londres en los años sesenta, setenta y ochenta a abortar en las clínicas especializadas. Algo a lo que solo podían aspirar quienes tenían medios económicos y una posición social más que evidente. Será por eso

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