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Ningún fin de semana sin música: Sonata L 33 de D. Scarlatti

2017 octubre 12
por César Coca

Alguna vez he comentado en este mismo blog que me gustan especialmente los libros en los que aparece la música clásica. Bien como eje argumental o simplemente porque uno de los personajes escucha o toca una pieza. Esto último es exactamente lo que sucede en la última novelas de Víctor del Árbol, Por encima de la lluvia, cuya reseña aparecerá en los próximos días en Divergencias. En las primeras páginas del libro, cuando el narrador presenta al protagonista masculino, un director de oficina bancaria, un tipo riguroso, de costumbres invariables, poco dado a las aventuras, explica que lleva muchos años despertándose cada mañana con la Sonata L 33 de Scarlatti.

Como ustedes saben, Scarlatti nació en Nápoles, que en aquella época formaba parte de la Corona española, y murió en Madrid. Su segunda esposa fue española y en la capital escribió su impresionante colección de sonatas, que son las obras que más veces se interpretan. Son piezas breves -nada que ver en eso con las sonatas de Mozart, Haydn ni por supuesto las de Beethoven y Schubert, de dimensiones mayúsculas- pero de una notable intensidad. Les dejo la L 33 en la interpretación de Vladimir Horowitz dentro del concierto que dio en Moscú en 1986, tras su regreso a la URSS 61 años después de su partida hacia Occidente. Esto es Historia, literalmente.

Un libro cada semana: ‘4 3 2 1’ de Paul Auster

2017 octubre 9
por César Coca

auster-libroEn la presentación de su libro en Madrid, en una rueda de prensa a la que habíamos acudido más periodistas que si se tratara de una comparecencia de un jefe de Estado extranjero, Paul Auster dijo que no sabía muy bien qué es eso de la gran novela americana. En cualquier caso, añadió que él no había pretendido escribirla con 4 3 2 1.

Como en todo intento de catalogación literaria, los criterios no están del todo claros. Y la última novela de Auster no los cumple todos aunque sí unos cuantos, de manera que el debate sobre si lo es o no está abierto. De entrada, el retrato que hace de la sociedad estadounidense entre los años cuarenta y sesenta es rico, variado y coherente con el relato. Aquí, en vez de una saga familiar –como sucede tantas veces en este modelo– es un solo personaje, aunque sea acompañado por un puñado de parientes y unos cuantos amigos, quien carga con el peso del relato. Ahora bien, es un personaje que se multiplica por cuatro porque el autor narra cómo habrían sido sus vidas a partir de un cierto punto y a consecuencia de algunas decisiones tomadas por ese protagonista –o quienes lo rodean, como sus padres– y de los azares que en toda vida se dan.

Siempre están presentes una muchacha de la que está enamorado –con desigual suerte en unas vidas y en otras–, una madre a la que se siente muy unido y un padre ausente de formas muy diferentes, una afición por el deporte, una inclinación hacia la escritura, los mismos rasgos físicos y una similar ideología política. Todo lo demás varía y el resultado es un abanico de vidas muy distintas. Parece demasiada ficción pero en el fondo es lo más real. Ese es el gran misterio, la magia de la existencia. Y Auster, que siempre se ha interesado por ello, lo plasma aquí en su novela más compleja, un texto de dimensión descomunal: casi 1.000 páginas sin apenas diálogos. No es un texto de lectura fácil –por su volumen y densidad– pero compensa el esfuerzo.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Concierto para violonchelo y orquesta de Lalo

2017 octubre 5
por César Coca

Edouard Lalo está situado cronológicamente entre Berlioz y Saint-Saëns, es decir, en la mitad de la gran corriente de la música francesa previa al impresionismo. No se sabe con certeza si tenía origen español, aunque es seguro que nunca visitó España, lo que no obsta para que manifestara un gran interés por el folclore hispano, que entonces era visto en Europa tan exótico como el oriental. También mantuvo una entrañable amistad con Pablo Sarasate, para quien escribió su obra más célebre: la Sinfonía española, un verdadero concierto para violín pese a su título.

Admirador de Wagner, Lalo tenía un gran dominio de la orquesta e imprime a su música una fuerza y un dramatismo notables. De su catálogo es muy poco lo que se interpreta de manera habitual, al menos fuera de Francia. De sus óperas no hay noticia en nuestros escenarios, y de sus conciertos instrumentales es más que probable que muchos buenos aficionados no conozcan más que uno, justamente el que hoy les propongo. El Concierto para violín -estrenado por Sarasate- se interpreta muy poco, el denominado ruso prácticamente nada y el escrito para piano es un absoluto desconocido del que apenas si hay grabaciones. Solo este concierto para violonchelo figura en el repertorio, aunque tampoco sea el favorito entre los solistas. No obstante, verán que es una pieza que tiene su valor. Se lo dejo en la versión del violonchelista venezolano William Molina Cestari, que lo interpreta bajo la dirección de un jovencísimo Gustavo Dudamel, en una mítica sala de Caracas: la Teresa Carreño. Disfruten.

La quiniela del Nobel

2017 octubre 3
por César Coca

Sara Danius, secretaria permanente de la Academia Sueca, anunciará este jueves, a la una del mediodía, el nombre de quien figurará para siempre en el palmarés de los galardonados con el Nobel de Literatura. Como recordarán, el año pasado hubo polémica: la elección de Bob Dylan –primer estadounidense en 23 años, desde Toni Morrison– entusiasmó y disgustó en proporciones no muy diferentes. Desde luego, a nadie resultó indiferente, pero no gozó ni de lejos de la aceptación de otras ocasiones.
¿Y este año? Aunque ha habido excepciones a esta norma, la lógica dice que no debería ganarlo nadie que escriba en inglés. Eso parece eliminar a Margaret Atwood (además, el todavía cercano galardón a Alice Munroe, otra canadiense con la misma lengua, parece restarle posibilidades, por más que esté muy bien situada en las apuestas), Philip Roth, Don DeLillo y otros clásicos que llevan muchos años sonando fuerte pero que, muy probablemente, morirán sin haberlo recibido.
Si hacemos caso a las apuestas, los favoritos son Ngugi Wa Thiong’o y el muy reincidente en este capítulo Haruki Murakami. Tras ellos, la citada Atwood, el coreano Ko Un y luego, empatados, Javier Marías, Claudio Magris y Amos Oz. Para los apostantes, los autores en español que merecen ser considerados son, además de Marías, César Aira, Juan Marsé, Eduardo Mendoza y Enrique Vila-Matas, por este orden. Los tres últimos son catalanes y escriben en castellano. Además, Marsé y Mendoza, sobre todo, se han mostrado críticos con el proceso soberanista. ¿Tiene en cuenta la Academia consideraciones políticas a la hora de premiar? Lo ha hecho en más de una ocasión, sin duda.
En cuanto a mi apuesta, creo que este puede ser el año de Murakami, aunque Thiong’o es un candidato que cumple bien con las pautas marcadas en las últimas ocasiones. Y Claudio Magris podría saldar una deuda con la literatura italiana, que hace veinte años que no es distinguida con el Nobel y lo fue con un nombre que tampoco convenció a todo el mundo: Darío Fo. En cuanto a Javier Marías, el hecho de figurar ya en lugares muy altos en las apuestas revela que es un candidato muy solvente. Y tampoco me extrañaría nada que lo ganara este año… o el próximo.

Un libro cada semana: ‘Berta Isla’ de Javier Marías

2017 octubre 2
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por César Coca

isla Dicen los especialistas en estas cosas que si un escritor español tiene posibilidades hoy por hoy de ganar el Nobel ese es Javier Marías. De momento, lleva años en las quinielas y ahora mismo, apenas unos días antes de que se conozca el nombre del ganador de la edición 2017, está situado en los lugares preferentes a juicio de quienes se juegas unas libras esterlinas en ello.

 

En Berta Isla, Marías cuenta la historia de una mujer, la que da título a la obra, que conoce en la adolescencia a un joven con quien pronto concibe planes matrimoniales. Antes de que llegue la boda, ella estudia su carrera en Madrid y él, en Oxford. Y será allí donde, por una circunstancia que no puede contarse sin desvelar las tripas de la acción, lo reclutarán para un trabajo relacionado con el espionaje.

 

El escritor bucea a partir de ahí en sus temas favoritos: la frontera siempre borrosa entre la verdad y la mentira, entre el sueño y la realidad, la vida posible y la realmente vivida, la impostura, la traición… Todo ello contado con el estilo moroso e hipnótico de Marías, con esas frases largas que exploran los límites para adentrarse a veces en lo onírico.

 

Hay en este texto una novedad para quienes siguen a Javier Marías: se trata del uso de la tercera persona por parte del narrador en los capítulos iniciales y luego otra vez en la parte final. El resto, lo que cuenta Berta Isla respecto a lo por ella vivido, utiliza la primera persona habitual en la literatura del escritor madrileño. Aparecen aquí también personajes ya conocidos: un profesor de Oxford que ya estaba en Todas las almas y un miembro del MI6 que tenía un papel de un cierto relieve en Tu nombre mañana. Guiños a unos lectores fieles en una novela que está en el eje central de la producción del autor.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: ‘Claro de luna’ de Debussy

2017 septiembre 28

Para muchos, con esta pieza comienza el siglo XX en lo que a música se refiere pese a que fue compuesta en 1890. El Claro de luna es la parte de la Suite Bergamasque de Claude Debussy, compuesta originalmente para piano pero que luego ha sido objeto de multitud de arreglos para todas las combinaciones instrumentales. Por supuesto, también para orquesta. Y en un cuento de García Márquez no publicado en su forma definitiva, que lleva por título En agosto nos vemos, el escritor colombiano se inventa una versión cantada a ritmo de bolero.

Claro de luna es una de las obras mayores de la Historia de la Música y por supuesto de la del piano. Una partitura de una sutileza extraordinaria, con una melodía principal inolvidable. No extraña que haya sido utilizada en numerosos anuncios publicitarios e incluso en películas, en algunas de ellas sin demasiado sentido. Se la dejo en la versión de una de las chicas de oro de las que hablaba en un reportaje reciente: Khatia Buniastishvili.

Un libro cada semana: ‘El refugio de los canallas’ de Juan Bas

2017 septiembre 25
por César Coca

refugioDice Juan Bas que El refugio de los canallas es su obra más arriesgada. Seguramente es así. En primer lugar, porque apenas recurre en ella al humor, esa marca de agua presente de una o de otra manera en sus libros anteriores. Un humor negro, enloquecido, brutal, desbordante, que provoca asombro y carcajadas. Sé de más de uno que no pueden evitar reírse al recordar algún episodio de Alacranes en su tinta, y han pasado quince años desde su publicación. Pues bien, en esta novela el humor no comparece, si se hace la excepción, ya en las páginas finales, de una escena en la que se narra el reencuentro de un pistolero de los GAL con quien fuera uno de sus jefes, en una terraza de la plaza Santa Ana, en Madrid.

 

El segundo factor de riesgo es el tema tratado. Nada menos que la actuación de un comando de ETA que es perseguido por una cuadrilla de pistoleros de los GAL. A su alrededor, un enjambre de personajes (padres de los etarras, gobernadores civiles, delegados del Gobierno, ministros y hasta un presidente del Ejecutivo) con nombres que se parecen sospechosamente a seres reales de los que salían –algunos continúan saliendo– todos los días en los periódicos. En este caso, y aunque parece que ya ha pasado tiempo suficiente para que se puedan escribir novelas sobre ese episodio negro de la Historia del País Vasco –no hay más que ver las que se están publicando en los últimos tiempos–, quizá aún no haya transcurrido el necesario como para que se pueda eludir el factor político en el momento de la crítica literaria. Porque las escenas en las que dos mujeres vinculadas a ETA de una o de otra manera tienen sexo duro con algunos guardias civiles van a suscitar en algunos ámbitos una lectura política. Y no son las únicas.

 

Juan Bas organiza una novela que es un puzle de personajes y fechas, da saltos en el tiempo y hace que de una página a otra nos encontremos con el mismo protagonista con cuarenta años de diferencia. Todo es de una enorme crudeza –pese a que apenas hay adjetivos en el texto–, un carnaval de sangre y muerte, desesperación y tortura, que retrotrae al lector a un tiempo que quizá hayamos olvidado demasiado pronto.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: Sarabande de la Sonata para violín op. 5 Nº 7 de Corelli

2017 septiembre 21
por César Coca

Hasta finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la Iglesia tuvo un papel esencial en el desarrollo de la música, no en vano era el primer patrón de los compositores. En efecto, hasta el clasicismo quienes pedían obras a los autores eran básicamente los miembros de la aristocracia y el clero. Por eso es raro el músico que durante una larga etapa no escribió algunas piezas para una catedral, un convento o una diócesis. No solo sucedió con la música, claro. La Iglesia fue también el primer comprador de cuadros, esculturas y planos arquitectónicos. Y, en honor a la verdad, hay que reconocer que muchos de los obispos, cardenales y papas a los largo de los siglos tuvieron un gusto exquisito, contratando a los mejores. Tenían recursos económicos para ello, y además tenían sensibilidad artística.

Entre los altos cargos de la Iglesia que destacaron en esta tarea figura en lugar preferente Pietro Ottoboni. Para él trabajaron compositores como Scarlatti y Haendel. Y como Corelli, que fue probablemente con quien tuvo una relación mayor. Tanto es así que fue quien logró que, tras el fallecimiento del compositor, sus restos fueran enterrados en el Panteón de Roma. Pues bien, Corelli es la propuesta de este fin de semana. Ese compositor que tuvo un gran éxito en vida (llegó a ser protegido de la reina Cristina de Suecia) hasta el punto de que su obra influyó no poco en la de Bach y Haendel.

La obra elegida es la Sarabande de su Sonata para violín op. 5 Nº 7.  Disfruten.

Un libro cada semana: ‘Los pacientes del doctor García’ de Almudena Grandes

2017 septiembre 18
por César Coca

_los-pacientes-del-doctor-garcia_almudena-grandes_La dimensión del proyecto literario de Almudena Grandes titulado Episodios de una guerra interminable lo convierte en un caso absolutamente singular en la literatura española contemporánea. Solo Tu rostro mañana de Javier Marías tenía una dosis de ambición similar, aunque su planteamiento era muy distinto. Llega la escritora madrileña a la cuarta entrega y suma ya alrededor de 2.700 páginas. Aún le quedan dos, con lo que va a sumar seguramente más de 3.500. No hay muchos retos novelísticos de ese tipo.

Lo que cuenta en Los pacientes del doctor García es la historia de cómo dos republicanos se infiltraron en la red que a partir de mayo de 1945 proporcionó pasaportes e identidades falsos a nazis que salieron huyendo de Alemania de forma que pudieran instalarse a salvo en España o, en los casos más complicados, encaminarse hacia Argentina para iniciar allí una vida con un menor riesgo de detención.

Los protagonistas son un diplomático y un médico que al acabar la Guerra Civil deben cambiar sus propias identidades para evitar una muerte más o menos segura. Años después, entran a formar parte de un plan para infiltrarse en esa red que busca acomodo para los nazis. De esa forma, el primero pasará a ser un antiguo boxeador que combatió en la División Azul y el segundo un oscuro trabajador de una agencia de transportes. Mientras facilitan la movilidad de personajes de terrible pasado, en realidad lo que hacen es enviar detallados informes que pretenden impulsar una actuación internacional contra el Gobierno de Franco.

Grandes mezcla personajes y hechos reales –con escenarios y fechas precisos– con otros imaginarios para montar lo que se lee como una novela de espías, porque esa estructura tiene. Por supuesto, hay mucho más: el debate sobre la responsabilidad y la culpa, la posibilidad del amor entre rivales ideológicos, las razones que movieron a gente con buen corazón a hacer cosas terribles, la justificación de un crimen… y otras muchas. Casi 800 páginas por las que circulan más de 200 personajes dan mucho de sí.

(Publicado en elcorreo.com)

Ningún fin de semana sin música: ‘Elegía’ de Fauré

2017 septiembre 14
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por César Coca

La música francesa, como la producción artística de ese país en general, tiene un toque especial. Una sutileza, un juego de colores que la hace distinta. Y ahí radica su encanto. De entre los compositores que mejor la representan en el último siglo y medio, quizá Fauré sea menos interpretado por aquí que otros como Ravel y Debussy, pero su música no es inferior. Su larga vida para la época (murió a los 79 años) le permitió empezar a componer mientras el Romanticismo aún estaba en pleno auge, coincidir después con el modernismo y el impresionismo, para desarrollar la última parte de su carrera de forma paralela al triunfo del jazz al otro lado del Atlantico y los inicios del dodecafonismo a este.

Seguramente la obra más célebre de Fauré es su Réquiem. También la Pavana y Après un rêve gozan de bastante popularidad. La obra que les propongo para este fin de semana es esta pieza para violonchelo y orquesta un poco menos conocida: Elegía. Creo que permite identificar perfectamente ese aire francés del que hablaba al principio. La ligereza y el matiz antes que el drama, el color por encima de la fuerza. Se la dejo en la versión de Mischa Maisky. Disfruten.

elcorreo.com

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