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Jabi Domínguez (ganador Hiru Haundiak 2014): “Dicen que esto es una bestialidad, pero lo hacemos dentro de unos límites placenteros”

2014 junio 23
por Fernando J. Pérez

Dado su interés, a continuación reproduzco la entrevista del compañero de EL CORREO de Álava Iñigo Miñón a Jabi Domínguez tras su victoria en la Hiru Haundiak 2014:

 

IÑIGO MIÑÓN
VITORIA. De lunes a viernes trabaja en un centro tecnológico; los fines de semana, corredor de ultratrails de montaña, una exigente disciplina deportiva en auge –carreras de larga distancia por la montaña–. «Lo compagino bien», dice Jabi Domínguez, un vitoriano de casi cuarenta años –los cumple el día 5 de agosto– que el pasado día 14 ganó la mítica Hiru Haundiak, un recorrido de 100 kilómetros a través del Gorbeia, el Anboto y el Aizkorri que terminó en 11 horas y 15 segundos. Su próximo reto está en Chamonix (Francia), el Campeonato del Mundo de la modalidad, otros 80 kilómetros con apenas dos semanas de recuperación. «No es lo más recomendable y no estaré al cien por cien, pero trataremos de hacerlo lo mejor posible y disfrutar», subraya el alavés.

– Récord personal y la Hiru Haundiak al bolsillo. Reto superado.
– Me hace mucha ilusión, es una prueba mítica. Hace dos años quedé segundo, pero con Iker Carrera en la prueba es como ganarla, porque él está a otro nivel. Aquello fue como un triunfo para mí, pero tener la txapela me hace una ilusión especial.

– Solo a partir de Otxandio, encadenó sin compañía el Anboto y el Aizkorri. Una carrera contra sí mismo.
– Yo las ultras las afronto así, a mi ritmo, si la gente me sigue bien y si no, también. Estoy acostumbrado a ir solo y no me supone ningún problema. Y al revés igual, si hay gente que lleva más ritmo y no puedo seguirle, no fuerzo. Yo en carrera pienso en mí, en mis cosas, y así puedo estar horas y horas.

– ¿Y qué piensa uno al correr por el monte de madrugada?
– De todo, hasta cosas del trabajo. Se te va la cabeza a muchos sitios, incluso hay veces que piensas qué haces pensando en eso. Generalmente son cosas positivas, te quedas con el paisaje, con imágenes bonitas, buscas la luna, sitios chulos… En algún tramo que no había mucho arbolado incluso apagué el frontal y corrí sólo con la luz de la luna, que me encanta.

– ¿Hay algún momento de dudas, miedos…?
– A veces flojeas un poco, en este tipo de carreras siempre hay altibajos. Intentas controlar el ritmo, buscar alguna referencia… Siempre hay alguna duda, pero bajas un poco el pistón, vuelves a recuperarte y cada vez tienes más seguridad. En ésta, cuando ves Araia ya lo tienes.

– ¿Cuál es el momento más complicado de esas once horas?
– El estómago nos suele dar problemas a casi todos. Comes algo y notas que te da vueltas, siempre tienes el miedo de que se te cierre, no puedas comer nada y te entre el pajarón. Entonces, apaga y vámonos. Unos ratos estás mejor y otros peor. Nunca sabes cuándo has tocado fondo y luego subes de nuevo. Se trata de que la diferencia entre los dos picos no sea muy grande.
«Sigue siendo un ‘hobby’»

– Lo que empezó siendo un ‘hobby’ ahora es una dedicación. ¿Se ajusta a su realidad?
– Sigue siendo un ‘hobby’, pero es un ‘hobby’ al que cada vez dedicas más tiempo. Si tienes resultados te motivas más. Cualquiera puede tener aficiones y mucha gente les dedica tiempo. En mi caso, me involucro bastante, me gusta, pero trato de que no trascienda más allá y reste en otras parcelas de mi vida. Sé dónde están mis límites.

– Alguien que hace un tercer puesto en la Ultra Trail del Mont Blanc ya no es un aficionado…
– Ya dije que entonces se alinearon todos los astros a mi favor, que no sabía ni si lo merecía. Sigo sin verme a la altura de los grandes, pero salió todo muy bien, hice buenos tiempos.

– ¿Cómo empieza su relación con las carreras de montaña?
– Yo empecé a correr casi por cabezonería, quería demostrarme que era capaz de hacer una maratón de asfalto. Yo de joven jugaba al fútbol, hice algo de escalada… Y estuve años sin hacer nada más que alguna pachanguilla con los colegas. Al llegar a los treinta, con la crisis de los treinta (ríe), me propuse hacer una maratón de asfalto. Después probé la montaña y ya no hubo marcha atrás. No hay color, es mucho más interesante y más gratificante. Hice una de 30 kilómetros, una de 40, los ultras…

– ¿Cuántas horas semanales le dedica a su preparación?
– Depende del punto de forma, del momento de la temporada. No llevo la cuenta, échale diez o quince horas. Me pongo un poco de acuerdo con el equipo (Team Vibram), me plantean las pruebas, les comento mis ideas y planifico.

– ¿Ha cambiado mucho el ambiente de la montaña, de este tipo de carreras, cada vez más profesionalizadas?
– La principal diferencia es que cada vez corre más gente. Y cada vez hay atletas más preparados, más competitividad por bajar tiempos, más carreras… Los montañeros más clásicos quizás sean reacios a todo esto, unos lo verán bien y otros mal. Es otra forma de vivir el monte, corriendo, sea en carrera o no. Cada uno hace lo que le gusta.
«Lo disfrutamos»

– ¿Cuántas veces le han dicho que está loco?
– Siempre, todo el mundo. Te dicen que hacer 100 kilómetros de noche es de locos. Tú sabes lo que es correr de noche, ellos no, hasta que no lo conoces no sabes la satisfacción que tienes. Como cualquier otra cosa que cuesta hacer, es muy gratificante, como quien hace un puzzle de 20.000 piezas.

– ¿Y cuál ha sido su ‘locura’ más grande?
– Por kilómetros serían las 100 millas de Gipuzkoa y la Ultra del Mont Blanc, que serán similares, unos 167. Por dificultad, quizás la travesía de los Picos de Europa, son 84, pero es la más técnica, de lo más duro que hay. Si tuviera el doble sería casi imposible. Pero esto lo hacemos porque nos gusta, hay límites que no sobrepasas, puedes estar más o menos cansado, pero si estás agonizando paras y ya está. Dicen que es una bestialidad, pero lo hacemos dentro de unos límites que consideramos, digamos, placenteros. Y lo disfrutamos.

Jabi Domíguez durante la ascensión al Aizkorri. (Foto: Hiru Haundiak)

 

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