“Soldado que se vuelve vale para otra batalla”

Juanito Oiarzabal, Carlos Pauner y Juanjo Garra retornaron ayer al campo base del Shisha Pangma (8.027 m.) tras un intento a cumbre que se ha saldado sin lograrla pese a que inicialmente creyeron que habían llegado hasta su punto culminante. Este es el relato que hace el alpinista vitoriano de la ascensión:

 

“En total ha sido más de cinco días durísimos.

Siempre pasa igual. No vamos a recurrir a la ley de Murphy, pero es que somos unos optimistas empedernidos, en fin. Mejor ser así, de eso no hay que arrepentirse y es mejor siempre ver la botella medio llena.

El tiempo que esperábamos iba a ser mejor, pero bueno, tampoco ha sido malo, porque si se llega a poner mal, desde luego que no bajamos.

Salimos el martes día 8, subíamos poco a poco. Un día para llegar al Campo I, otro hasta el Campo II… reservando fuerzas para el ataque final. Llegamos al Campo III, algo cansados, pero es normal si estamos a casi 7.500 metros que es donde instalamos el campamento

Y llegó el viernes 11. Habíamos dormido poco, pero con eso ya habíamos contado, y nos preparamos para salir a las 4 de la mañana, pero teníamos un poco de neblina, y sin la ayuda de la luna, y sin conocer el camino, era una locura salir, tuvimos que esperar a que amaneciera. Lógicamente éramos los únicos que atacábamos la cima por esta ruta, (ínicamente había dos finlandeses que subían con nosotros), teníamos que abrir la huella entre nosotros solos.

Fue muy duro. La subida es preciosa, es un recorrido de lo mejor que se puede hacer en el Himalaya, nos sorprendió por su belleza, no es demasiado difícil, ni peligroso, pero es largo, pesado, nos hundíamos 30 ó 40 cms y había que ganarse cada paso y claro el cansancio se acumula y el tiempo pasa a la vez que las fuerzas se gastan y cada vez vas más despacio.
Yo por mi parte no estaba muy convencido de seguir adelante cuando vimos que se nos iba a hacer de noche. Teníamos que acceder a una arista a la que confluye también la ruta británica del Suroeste, (la que hicimos el año 1998). Llegamos a la arista y ya advertí que por los recuerdos que tenía aún nos quedaba bastante. Pero como todos teníamos ganas de hacer cima y no nos veíamos en peligro, seguimos para arriba.

Pero la noche, el cansancio, y la luz limitada de nuestras frontales hizo, seguramente, que tuviéramos un error de cálculo. En un momento determinado creímos estar en la cima y la dimos por buena. (La cima del Shisha no es precisamente de esas que tienen alguna característica que la identifican como tal).
Aún en el descenso, en algún tramo que por haber placas de hielo no se notaba la huella, dudamos y nos costó encontrar el camino, pero superado estos pequeños tramos y con un cansancio tremendo por el tiempo que llevábamos sin parar, por fin a las 4 y pico de la madrugada llegábamos al Campo III.
En total fueron alrededor de 22 horas sin parar…
Descansamos algo y al amanecer, volvimos nuestras miradas a la cumbre y al itinerario que habíamos seguido… No tardamos nada en darnos cuenta de que posiblemente donde estuvimos no era el punto más elevado, aunque hubiéramos estado muy cerca. Lo miramos y remiramos y no había duda. La primera noticia que dimos fue por la noche, para tranquilizar a los nuestros y comunicarles que habíamos hecho cumbre y que ya bajábamos, pero cuando comprobamos nuestro error, lo dimos a conocer a todo el mundo, esperando hacer declaraciones “oficiales” a nuestra llegada al Campo Base, ya relajados y con las ideas más claras, sobre las razones de nuestra equivocación.

Y esta es la triste realidad. Estas cosas pasan muy a menudo en la montaña. Toda la ilusión de tanto tiempo, el apoyo de tan buena gente que confía en ti, que colabora para que consigas tu objetivo y el esfuerzo, el sacrificio y tantas penalidades no han dado el fruto deseado.

Nos queda el consuelo, que no es poco, de que lo hemos dado todo, hasta la extenuación, estamos satisfechos y podéis estar seguros de que hemos puesto todo lo que estaba de nuestra parte, pero en la “lucha” contra estas montañas no siempre se unen todas las circunstancias necesarias para que puedas ganar. A pesar de todo hemos vuelo sanos y salvos y seguiremos luchando por alcanzar nuestros sueños… y que lo podamos celebrar, porque “soldado que se vuelve vale para otra batalla”.

No se cómo podría agradecer vuestro apoyo incondicional, MUCHAS GRACIAS y hasta que nos veamos “cara a cara”, un fuerte abrazo.”

JUANITO OIARZABAL

Campo Base del Shisha Pangma, 14 de mayo de 2012

 

 

Entrevistas realizadas en Radio Vitoria a Juanjo Garra y a Juanito Oiarzabal ayer, domingo, días 13, a su vuelta al campo base. Juanito aclara que “me pillaron in fraganti, recién llegado, sin reflejos, igual estaba algo pesimista por el cansancio, pero bueno, ahora ya se que eso me suele pasar…”

http://www.eitb.com/es/audios/detalle/885565/juanjo-garra-el-trabajo-altura-ha-sido-desastre/

http://www.eitb.com/es/audios/detalle/885585/oiarzabal-no-entiendo-estamos-vivos/

Alex Txikon visita a la familia de Nissar nada más llegar a Skardu

Han sido dos semanas muy duras para Alex Txikon, desde su descenso con congelaciones del Gasherbrum 1 (8.080 m.) y la desaparición de tres de sus compañeros de expedición, pero hoy por fin se ha hechola luz para el alpinista vizcaíno. Llevaba ya una semana solo en el campo base, con la única compañía del cocinero y su ayudante, Isaac y Abbas. La espera a una mejoría del tiempo que permitiese al helicóptero de rescate volar se estaba haciendo tan larga que incluso había empezado a barruntar la posibilidad de descender a pie pese a las congelaciones.

Pero hoyel cielo del Karakorum por fin se ha abierto y ha permitido la evacuación del alpinista a primera hora de la mañana. Al mediodía, descansaba ya en Skardú, la localidad de entrada al Karakorum y desde la que parten todas las expediciones que se adentran en la cordillera.

El plan inicial era que ese mismo helicóptero de rescate sobrevolara la montaña en busca de algún indicio de la presencia de los tres compañeros de Alex desaparecidos –el austriaco Gerfried Göschl, el suizo Cedric Hählen y el paquistaní Nisar Hussein-, pero el fuerte viento en altura ha impedido hacerlo.

«El día ha salido espléndido, ha sido un vuelo perfecto y hasta han podido venir Isaac y Abbas, que eran los únicos que quedaban conmigo en el campo base y me han hecho compañía durante todo este tiempo. No sé qué hubiese hecho sin ellos. Esta semana se me ha hecho muy larga, demasiado después de todo lo que ha pasado y de quedarme solo aquí», explicaba Alex Txikon ya en Skardú.

Lo primero que hizo nada más aterrizar ha sido visitar a la familia de Nissar Hussein, que vive en el cercano pueblo de Sadpara. «Le conocía desde expediciónes anteriores y nos unía una gran amistad. Era un gran hombre y un excelente alpinista, el mejor de Pakistán. Ha sido un momento duro, estar con su mujer, ver a sus tres pequeños (dos niños y una niña), la familia… pero creo que debía hacerlo. Hablar con su mujer y explicarle cara a cara lo que pasó. », ha explicado.

Alex también se reunió con el hermano del líder de la expedición, Gerfried Göschl, Wolfang, que hace días viajó hasta Skardú para coordinar las labores de búsqueda de los tres desaparecidos y que inicialmente iba a subir en el helicóptero en el que ha bajado a Txikon. A él también le ha dado toda la información de que dispone.

Alex duerme esta noche en Skardú y mañanaserá trasladado por vía aérea a Islamabad, desde donde el sábado volará hasta Barcelona. Una vez en la ciudad condal, se desplazará directamente a Zaragoza para ser tratado de las congelaciones en sus pies en el Hospital MAZ por parte del doctor Kiko Arregui, uno de los mayores especialistas en ese tipo de lesiones.

Txikon se plantea descender a pie por el retraso en la evacuación

El alpinista vizcaíno Alex Txikon cumple mañana una semana en el campo base del Gasherbrum 1 a la espera del helicóptero de rescate que le devuelva a la civilización para poder ser tratado de las congelaciones que se produjo durante el ataque a cumbre, en el que desaparecieron tres de sus compañeros de equipo, el austriaco Gerfried Göschl, el suizo Cedric Hählen y el paquistaní Nisar Hussein. En este tiempo, Txikon se ha quedado solo en el campo base, con la única compañía del cocinero paquistaní de la expedición y su ayudante, despues de que hace una semana fueran evacuados otros tres alpinistas que descendieron con congelaciones, Tamara Stys, también de su equipo y eventual compañera de cordada en su abortado intento a cima, y los dos alpinistas que hicieron cumbre de la expedición polaca que subió por la ruta normal, Adam Bielecki y Janusz Golab.

El motivo de este retraso esta siendo la inestabilidad meteorológica existente en el Karakorum, que impide el vuelo de los helicópteros. Al menos oficialmente, ya que el servicio de rescate en Pakistán esta en manos de una empresa vinculada a los militares cuya ineficacia ha dejado demasiados ejemplos en los últimos años. Así, “ayer y hoy han dejado escapar dos jornada de buen tiempo para volar”, según explica Alex desde el campo base. Para mañana, las previsiones vuelven a ser buenas “y puede ser la última oportunidad, ya que a partir del viernes vuelve a entrar otro frente”, añade. Esta tardanza empieza a preocupar tanto al alpinista como a los médicos que están realizando el seguimiento de las lesiones de Txikon desde España. Por ello, el escalador de Lemoa se está planteando muy seriamente bajar a pie si mañana no es evacuado por aire, pese a lo perjudicial que ello puede suponer para las congelaciones que sufre en los pies, cuyo estado nada más descender de la montaña, hace casi dos semana, podéis ver en la siguiente imagen.

El ibuprofeno reduce el riesgo del mal de altura

“Una resaca muy desagradable“, así es como el doctor Grant Lipman describe la sensación del mal de altura, o mal agudo de montaña: los síntomas pueden incluir dolor de cabeza, fatiga, mareos, náuseas, vómitos y falta de apetito. Además, el mal agudo de montaña, si no es reconocido o tratado, puede dar lugar a un edema cerebral -una inflamación, a menudo fatal, del cerebro. Más del 25 por ciento de los millones de estadounidenses que viajan a zonas altas cada año, sufren de esta condición. Ahora, un nuevo estudio, dirigido por Lipman, médico en el Stanford Hospital & Clinics, y profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, ha descubierto que el ibuprofeno puede ayudar.
El ibuprofeno, un medicamento anti-inflamatorio, de uso frecuente como analgésico, redujo significativamente la incidencia del mal de altura en un estudio doble ciego, controlado con placebo, de 86 hombres y mujeres, que ha sido publicado en ‘Annals of Emergency Medicine’.

Los hallazgos podrían resultar especialmente útiles en las actividades recreativas, llevadas a cabo en altas altitudes, de una semana de duración. Según Lipman, “el ibuprofeno podría ser una manera de prevenir el mal de altura en una parte significativa de las decenas de millones de personas que viajan a lugares de gran altura cada año”.

Para el estudio, 58 hombres y 28 mujeres viajaron a un área de las White Mountains, al noreste de Bishop, en California. Los participantes pasaron la noche a 1.250 metros de altura, y se les dio 600 miligramos de ibuprofeno, o un placebo, a las 8 am, antes de dirigirse a un área de ensayo a 3.560 metros de altura. Allí, se les dio una segunda dosis a las 2 pm, antes de subir hasta los 3.831 metros, donde recibieron una tercera dosis a las 8 pm antes de pasar la noche en la montaña.

De los 44 participantes que recibieron ibuprofeno, 19 (un 43%) sufrieron los síntomas del mal de altura, mientras que 29 de los 42 participantes (un 69%) que recibieron placebo, padecieron los síntomas, según el estudio. En otras palabras, el ibuprofeno reduce la incidencia de la enfermedad en un 26%.

Los investigadores también observaron síntomas menos severos, en general, en aquellos que tomaron el fármaco, en comparación con los del grupo placebo, aunque la reducción de la gravedad no fue estadísticamente significativa -según el cuestionario de auto-informe que se utilizó.

A grandes altitudes, la disminución de la presión atmosférica ocasiona una disminución de las moléculas de oxígeno; sin embargo, los mecanismos fisiológicos exactos que conducen al mal de altura no se entienden claramente. Algunos investigadores piensan que la condición se produce debido a la falta de oxígeno en el cerebro, que hace que éste se llene de líquido, y el ibuprofeno puede ayudar a reducir esta inflamación.

Existen otros medicamentos disponibles para prevenir el mal de altura – en concreto, la acetazolamida y la dexametasona – aunque tienen inconvenientes. “El perfil de seguridad del ibuprofeno lo hace más atractivo que la dexametasona, que ha sido asociada con hiperglucemia, supresión adrenal, delirio, depresión, insomnio y manía“, señalan los autores, quienes añaden que, por otro lado, “los efectos adversos de la acetazolamida incluyen náuseas, mareos y fatiga, que son, generalmente, bien tolerados, pero puede ser tan debilitantes como el mismo mal de altura”.

Los autores concluyen que consumir más de 600 mg de ibuprofeno podría servir como prevención, pero añaden que los beneficios teóricos de tal medida tendrían que sopesarse, teniendo en cuenta un posible aumento en el riesgo de problemas gastrointestinales y renales, en personas que puedan estar deshidratadas.

 

Fuente: Agencia Europa Press.

“Buscábamos un sueño y hemos dejado la vida de tres amigos”

Alex Txikon lleva sumido cuadro días en una pasadilla desde que renunció a escalar el Gasherbrum 1 el pasado viernes y mientras descendía vio a tres de sus compañeros -Gerfried Göschl, jefe de la expedición, Cedric Hählen y Nisar Hussein- ascender hacia la cumbre. Desde entonces no se ha sabido más de ellos. Quizás, probablemente, nunca se vuelva a saber más. El alpinista vizcaíno responde al teléfono vía satélite desde un campamento militar paquistaní a 5.000 metros de altura, próximo al campo base de la expedición y donde le están tratando de las congelaciones leves con las que bajó. Su voz, a veces distorsionada por la tormenta solar que estos días ha complicado todo un poco más, ha perdido la alegría que le caracteriza.

-¿Cómo se encuentra?

-Físicamente bien. Después de dos días en los que no he podido ni caminar por las congelaciones, hoy por fin he podido empezar a andar y me encuentro mucho mejor. Tengo las ampollas, que son bastante molestas, pero al menos ya me puedo calzar las botas. A mi regreso tendré que pasar por Zaragoza para les echen una ojeada, pero desde luego de cortar nada de nada.

-¿Y anímicamente?

-Bueno. Tengo altibajos. Estos días he estado en el campo militar, donde un médico y un enfermero me han estado tratando las congelaciones. Está a un cuarto de hora de nuestro campo base y eso me ha permitido estar un poco fuera de lo que se está viviendo allí. Pero hoy por ejemplo, que ya estaba mejor, he ido al CB y recaes un poquito y te echas a llorar. Ves a los paquistaníes, gente dura como nadie, todos llorando y… son momentos duros. Y lo peor es que seguramente lo más duro está por llegar, cuando vayamos asimilando lo que ha pasado y empecemos con todos los papeleos y los trámites legales, haya que dar explicaciones de dónde pueden estar… y luego tendré que ir a Austria a hablar con Heike, la mujer de Gerfried…

-Por lo que dice, tienen bastante interiorizado que están muertos.

-Yo creo que hoy (por ayer) ya sí. Hoy es día 13 y salieron el día 6. Una semana ya… Es muy muy complicado, sería un milagro. Se puede dar de margen hasta mañana (por hoy), pero no más.

-¿Qué cree que les ha ocurrido?

-El viernes, el día que les vi por última vez a unos 7.700 metros, iban hacia la cumbre y eran más de las doce del mediodía. Eso supone que les quedaban todavía cuatro o cinco horas hasta la cima, más luego otras cinco o seis para descender al campo 3 de la ruta normal, que era su plan. Estamos hablando de casi diez horas, o sea, las diez de la noche. Ese día, por la tarde y los siguientes hubo vientos de 70 k/h, y temperaturas de 50º bajo cero, que a ocho mil metros de altura podían dar una sensación térmica de 80º bajo cero. Tamara y yo estábamos en esas mismas circunstancias pero casi mil metros más abajo y pudimos aguantar justo justo. Así que creo que ese día pudo ser perfectamente el detonante, en el que morirían de hipotermia. Porque por lo demás son tres escaladores muy fuertes y técnicos y no hay indicios por ninguna vertiente de la montaña de avalanchas, y evidentemente los tres no se van a caer a una grieta. La única posibilidad que barajamos aquí en el campo base es esa, la de la hipotermia.

-Por lo que está contando, las condiciones eran dantescas.

-Para que te hagas a la idea, para subir del plateau a la arista había que hacer un rápel desplomado que a mi me llevó como tres cuartos de hora y a Tamara algo más de una hora. Cuando lo hicimos ya había entrado el temporal y el rato que estuve esperándola, apenas media hora, casi me quedo pajarito. Imagínate cómo lo podían estar pasando mil metros más arriba.

-¿Por qué no estaba usted con ellos?

-Ufff… buena pregunta… Por qué no estaba yo con ellos… Eso mismo llevo pensando desde que he bajado… Desde principios de mes manejábamos un parte meteorológico que indicaba una mejoría de tiempo para el día 8, pero no era muy claro y las previsiones estaban siendo muy inestables. Recibíamos hasta seis partes al día de distintos sitios, pero variaban mucho, de la mañana a la tarde se pasa de viento de 40km/h. a 100km/h. Además, mis compañeros querían salir un día antes que los polacos, que iban a intentarlo por la ruta normal, con lo cual yo veía el plan un poco forzado. Les decía “joder, pero por que no salimos un día mas tarde y coincidimos en el día de cumbre con ellos, si al final hemos estado conviviendo en la misma montaña durante casi dos meses y no creo que tenga mucha relevancia. Al final nosotros subimos por una nueva ruta y ellos por la normal”. El caso es que todas esas circunstancias no me acaban de convencer. Lo comenté con  Gerfried pero el lo veía muy claro y me decía, “que no, que no, alex, que tranquilo que todo va a salir bien”. Incluso con gente de casa con la que hablé me comentaban que cómo no iba a subir con ellos, como iba a perder esa oportunidad, pero mi intuición me seguía diciendo que ese no era el día ni el plan.

-Y por eso decidió salir un día después.

-Sí. La idea era salir de madrugada para unirme con ellos el campo 1 y seguir todos juntos para arriba. Pero cuando me desperté a la una seguía con malas sensaciones y ni salí del saco. Y a las ocho de la mañana me levanté, vi el parte y que el día estaba bastante despejado y decidí subir. Y a partir de ahí todos sabéis lo que pasó. Me encontré con Tamara a 6.800 y ya me quedé con ella mientras el resto seguía para arriba. Al día siguiente nosotros dormimos a 7.200 y ellos a 7.600. El teórico día de cumbre yo me desperté a las diez y media de la noche, comencé a vestirme y preparar agua y Tamara se levantó sobre las doce. Salimos a eso de la una y pico pero Tamara no pudo aguantar el frío y decidimos dar la vuelta. Ella me animó a que siguiera solo pero ni me lo planteé. Les había prometido tanto a ella como a Darek, su novio, que no la iba a dejar sola y no tenía duda de mi decisión. Dos días antes la había encontrado tiritando junto a la tienda sin poderla montar y hubiese sido una locura dejarla otra vez sola. Ni se me pasó por la cabeza dejarla allí y seguir solo hacia la cumbre, aunque me insistió dos o tres veces. Pero ni para la leche. Luego, por la mañana volvió a salir bueno y aprovechamos durante el descenso para subir al Gasherbrum Sur. Fue la última vez que mismos a mis compañeros…

-¿Es consciente de que ese cúmulo de decisiones o casualidades que está relatando le han podido salvar la vida?

-Sí.. sí, sí Claro que sí. Yo se que si el día que salí lo hubiese hecho a las dos de la mañana les hubiese alcanzado y habríamos seguidos todos para arriba. O quizás les hubiese convencido para bajar porque la cosas no estaban claras… Hay tantas variables que se podrían haber producido… No se si ha sido la suerte, el azar o haber sabido aguantar la presión y haber mantenido la cabeza fría, pero no he estado… de la pasión a la obsesión a veces hay solo una línea de milímetros… Yo estaba contento e ilusionado con este proyecto, con la presencia de Carlos Suárez, pero no estaba metido en el hasta el punto de que si hacían más de seis día malos había que subir como fuera para seguir trabajando en la ruta. Yo creo que el invierno en el Karakorum y el Himalaya hay que saber estar en el campo base, tener paciencia y saber cuándo se puede y cuándo no se puede trabajar en la montaña. Yo creo que en invierno hasta los siete mil metros se puede trabajar en condiciones duras, pero hasta los siete mil metros. Siempre y cuando tengas un descenso rápido a un lugar seguro. Pero a partir de esa altura es otro mundo diferente en el que hay que trabajar con la cabeza fría, con rapidez y ligereza. Y en este caso, por las circunstancias de la ruta, nosotros, aunque hemos querido hacerlo así, no ha sido posible porque es una ruta larga de mucha dificultad técnica.

-¿Cree que si hubiera estado con ellos habría conseguido convencerles para darse la vuelta?

-Uffff… es especular demasiado. Es demasiado complicado de saber. Sí es verdad que si hubiéramos ido cuatro habríamos ido con más material y más cargados y entonces habríamos a cuatro campos en vez de a tres, más lentos pero a la vez asegurando más. Aunque Gerfried y Cedric tenían bastante claro lo de subir en tres… es todo muy complicado, demasiado, como para hablar de lo que podría o no podría haber pasado. Y lo he pensado mucho estos días. Mucho. Lo que podría haber pasado si llego a estar con ellos…

-El caso es que al final el G1 ha pasado de ser un sueño a una pesadilla.

-Sí. Veníamos buscando un sueño y lo hemos perdido todo. Hemos dejado la vida de tres amigos aquí. Esta expedición nos marcará. Es muy duro lo que estamos viviendo, pero también creo que esta experiencia nos servirá de mucho. Estos días, Darek, Tamara y yo pasamos horas hablando de lo que pudo pasar, buscando razonamientos, preguntándonos el porqué de todo, y si hubieramos hecho esto o lo otro… Pero no se puede hacer nada ya. Cambiar nada de lo sucedido. Solo aprender de los sucedido.

-¿Esto cambia su concepción que se tiene de la alta montaña, de los ochomiles?

-No lo sé, es que todavía es muy pronto, está todo muy fresco. Estamos todavía que no nos lo creemos. Hacen falta días para asimilar e interiorizar lo que ha pasado aquí. Saber el porqué. Hay todavía muchas preguntas sin respuesta. Quizá según vayan pasando los días vayamos encontrando respuesta a tantas incógnitas y dudas. A todos los sentimientos contrapuestos que tenemos dentro.

-¿A partir de ahora cuáles son los pasos a seguir? ¿Le veremos pronto en casa?

-Cuando puedan venir los helicópteros a reconocer la montaña me gustaría subir en uno de ellos y guiarles por las zonas en las que más posibilidades hay de que puedan estar Gerfried, Cedric y Nisar. Luego aprovecharíamos esos mismos helicópteros para descender tanto a Tamara como a Adam y Janus, que son los dos que hicieron cumbre de la expedición polaca y también bajaron con alguna congelación. Y Darek y yo nos quedaremos aquí en el campo base para acabar de organizar todo. Creo que tengo el deber moral de hacerlo ya que junto con Gerfried soy el otro miembro del equipo que hemos estado los dos últimos inviernos y el pasado verano. Y si no surge el milagro de que mañana (por hoy) aparezcan nuestros compañeros, deberemos empezar a pensar en recoger todas las cosas, especialmente las pertenencias de nuestros compañeros para entregarlas a las familias, porque una vez abajo nos espera una dura labor de trámites burocráticos y embajadas… Pero bueno, ni pienso en eso, no quiero ponerme una fecha porque luego las cosas se retrasan y todo se hace más duro de lo que ya es.

-¿Esto supone el fin de los ‘ochomiles’ para Alex Txikon?

- Bueno, es pronto para pensar en ello, pero  yo creo que no. Puede parecer muy duro decirlo en estos momentos, pero esto es lo que me gusta y las expediciones invernales es una faceta que me atrae especialmente, así que yo creo que volveré. Al menos me gustaría volver.

-¿Al Gasherbrum 1?

-Joder Fernando!… No me preguntes eso ahora.

 

Tamara, Darek, Alex y Gerfried en Askole, durante la aproximación.

 

Alex, Nisar y Carlos.

 

Nisar, en el campo 1. Está considerado el mejor alpinista paquistaní de la actualidad.

 

Cedrid Hählen.

Gerfried en familia.

El Gasherbrum 1, al fondo a la derecha, con la pared sur en primer término.

Desaparecidos en el Gasherbrum 1

Alex Txikon fue el último en verles. “Fue sobre la doce de la mañana de ayer (por el viernes). Tamara y yo había empezado ya a descender y una de las veces que miré hacia la cumbre les vi a los tres. Subían por la arista.  Calculo que estarían a unos 7.700 metros de altitud”. El alpinista vizcaíno se refiere a tres de sus compañeros de expedición en el Gasherbrum 1 (8.080 m.), donde por segundo año consecutivo han intentado la primera ascensión invernal a este ochomil y además por una nueva ruta. Son el austriaco Gerfried Goschl, el suizo Cedric Hähleny el paquistaní Nisar Hussein.

Desde entonces, el silencio más absoluto. Ni por teléfono satélite ni por walkie han vuelto a contactar ni con sus familias ni con el campo base. Así que las alarmas se han disparado a todos los niveles. El problema es que el margen de maniobra es muy escaso. Prácticamente nulo. La única opción es que desde el campo base saliesen en su búsqueda, pero debido al empeoramiento del tiempo sería poco menos que un suicidio teniendo en cuenta que Alex ya padeció el jueves y viernes temperaturas de casi -50º con una meteorología mucho más benigna.

Pese a todo, el alpinista lemoatarra llegó a plantearse salir ayer en su busca, pero las congelaciones con las que ha bajado en los dedos de pies y la nariz le han persuadido de intentarlo. “Creo que no son graves pero cuando me he intentado volver a poner las botas casi no he podido. El dolor ha sido insoportable.”, explicaba ayer por teléfono vía satélite. En parecidas circunstancias se encuentran los miembros de la expedición polaca que comparte campo base y que el viernes hicieron cima por la ruta normal de la montaña. Ayer llegaron al CB pero lo hicieron agotados y también con ligeras congelaciones en las extremidades.

Por si no fuera suficiente, desde el viernes, día en el que Alex retornó al campo base tras su intento de cumbre, el tiempo ha empeorado de forma notable en el Gasherbrum y las nubes no dejan ver desde el campo base la parte alta de la montaña, además de impedir un eventual vuelo de helicópteros. Así que lo único que les queda es esperar. “Es muy duro pero ahora mismo no podemos hacer otra cosa. Cruzar los dedos y esperar”, se lamentaba Alex Txikon.

Los tres alpinistas iniciaron la ascensión final al G1 el pasado martes, un día antes que Alex, que retrasó la salida por las dudas que le suscitaban los partes meteorológicos. Ese día subieron hasta el campo 1 (6.200 m.), mientras que el miércoles escalaron hasta los 7.000 metros. Esa tarde, Gerfried habló con su mujer, Heike, y le explicó que los tres estaban en su pequeña tienda vivac derritiendo nieve para hidratarse. “’Hace frío y no hay mucha visibilidad, pero afortunadamente hay poco viento’, jadeo Gerfied por el teléfono satélite” según detalló su esposa en su página web. “Mañana saldremos temprano, alrededor de las tres de la madrugada, esperamos haber llegado a la cumbre por la tarde”, añadía.

Al día siguiente –jueves-, Heike volvía a recibir una breve llamada de su marido a las diez y media de la mañana. “”Estamos a 450 metros de la cumbre. Creo que lo vamos a conseguir, aunque aun tardaremos un poco”. La llamada, que Heike calificó de “tranquilizadora”, apenas duró dos minutos. “Estamos subiendo muy despacio, porque llevamos con nosotros todo el material ya que nuestra intención es cruzar la montaña y descender por la ruta normal de la vertiente norte”.

Fue el último contacto directo que se ha tenido con los tres alpinistas. A partir de ese momento, el silencio. Aunque sí ha habido más noticias de su paradero. El viernes, la expedición polaca lograba la primera ascensión que perseguían Gerfried, Alex y su equipo al hollar la cumbre por la ruta normal. Al informar de su logro, avisaban de que habían visto a los tres alpinistas ascendiendo por la arista sureste. Circunstancia que confirmaba Alex al llegar al CB ubicándolos a algo más de 300 metros de desnivel de la cima.

Pero en estas circunstancias el tiempo es fundamental, así que el entorno de Gerfried Goschl ha puesto ya en marcha un operativo de rescate con un helicópero que partirá a la mayor brevedad posible desde Islamabad con escaladores de Sappara, el pueblo del Nisar, el paquistaní desaparecido. Podría estar en el campo base a lo largo del día de hoy o mañana, siempre y cuando la meteorología lo permita por supuesto. En este momento, el principal hándicap de cara a un operativo de rescate tras ser difinido desde el campo base como “muy malo, sin prácticamente visibilidad, viento fuerte y frío extremo”.

Excursión de la semana: Tres Dedos desde el valle de Mena

Gerlinde Kaltenbrunner: “Lo de crear listas y competiciones en los ‘ochomiles’ es típicamente masculino”

Gerlinde Kaltenbrunner (1970, Austria) es una mujer menuda, casi delicada,
con una sonrisa siempre dispuesta a iluminar su rostro. Su imagen no hace pensar en
una alpinista de raza que hace apenas tres meses conquistó el K2 -la segunda montaña
del mundo y la más difícil- por su casi inescalada cara norte para convertirse en la
primera mujer en ascender los catorce ochomiles sin la ayuda de oxígeno artificial. Allí
fue la líder de un equipo de escaladores de élite que consumó una ascensión histórica.
De un grupo del que tiró hasta la cumbre de una montaña que le ha hecho sufrir como
ninguna, intentada más veces que ninguna y en la que el año pasado vio morir a uno
de sus mejores amigos, el sueco Fredrick Ericsson. Por eso, cuando recuerda aquel
atardecer del 23 de agosto en la cima, la emoción aún recorre su cuerpo y los ojos se le
inundan de lágrimas.
-¿Parafraseando a Armstrong cuando conquistó la luna, lo que ha hecho usted al
completar los 14 ochomiles sin oxígeno es un pequeño paso personal pero una gran
salto para la mujer?
-Hasta ahora nunca había pensado que lo que hice podía ser un gran paso para el
género femenino. Era un sueño mío, personal. Pero he recibido tantos mails, llamadas
y mensajes de mujeres de todo el mundo que he acabado por ser consciente de lo que
supone para la mujer. De haber hecho algo grande. Y eso me llena de alegría. Por
ejemplo, ayer mismo recibí un correo electrónico de un grupo de montañeras de Irán
en el que me daban las gracias y me explicaban lo que para ellas significaba por poder
mostrar al mundo lo que las mujeres podemos hacer.
-Entre el primer hombre (Reinhold Messner) y la primera mujer en acabar los
14 ‘ochomiles’ han pasado 25 años. ¿Ese tiempo, prácticamente una generación, es
también la diferencia que existe entre el alpinismo masculino y el femenino?
-No lo creo. A finales de los ochenta, la polaca Wanda Rutkiewicz ya demostró que las
mujeres estaban muy fuertes y si no hubiese fallecido seguramente habría terminado los
Catorce en los años noventa. El problema es que hasta hace muy pocos años las mujeres
no han mostrado interés por los ‘ochomiles’ como reto global. Pero la diferencia entre
el alpinismo o la escalada masculina y la femenina no es tanta. Y hay ejemplos que lo
demuestran, como la estadounidense Lynn Hill y otras mujeres que realizan escaladas al
nivel de los hombres.
-¿Por qué entonces han tenido que pasar tantos años? Factores económicos, sociales…
-La primera razón creo que es la maternidad. Un reto como el de los 14 ochomiles
supone estar durante prácticamente diez años centrada en él y renunciando, entre otras
cosas, a la posibilidad de tener hijos. Unos años, además, que normalmente coinciden
con la edad habitual para tenerlos. Es una renuncia muy importante. Otra razón,
por mi experiencia, es que la mayoría de las mujeres no quieren renunciar a ciertas
comodidades, a vivir durante semanas en los entornos hostiles y duros de un campo
base. Después de las proyecciones vienen muchas mujeres a felicitarme y a decir que
me admiran, pero también me dicen que ellas nunca se verían haciendo eso, aunque les
da mucha fuerza para su vida cotidiana, para el día a día.

-Edurne Pasaban dijo un día que su decimoquinto ‘ochomil’ sería ser madre ¿El suyo
también?
-No, no, jajajaja. Este es un tema que lo tengo solucionado. He decidido no tener hijos.
Vivo con Ralf (Dujmovits, alpinista que también ha escalado los 14 ochomiles. Se
encuentra a su lado durante la entrevista y le agarra de la mano al pronunciar la frase), él
ya tiene dos hijos de una relación anterior y formamos una familia con la que me siento
muy identificada y realizada. Nunca he pensado que se podía compatibilizar el riesgo
de una expedición con la vida familiar, todavía tengo muchos sueños por realizar en las
montañas y por eso el de la maternidad es un tema que tengo zanjado (“lo tenemos los
dos”, apostilla Ralf, y ríen juntos con ganas).
-Casi siempre has escalado con Ralf, hasta que él acabó los Catorce. Entonces buscó
otros compañeros, pero siempre han sido hombres. ¿Le hubiese gustado formar una
cordada femenina? ¿Ha echado en falta una compañía femenina en esas montañas?
-Una sola vez he hecho una expedición con una mujer, la checoslovaca Lucia Orsuloba,
en el Dhaulagiri en 2007, pero tuvimos que abandonar a 7.400 metros porque tuvo un
edema cerebral. Por eso cuando he buscado compañeros no he mirado su sexo, sino su
nivel alpinístico. Y de momento, por desgracia, no he tenido la suerte de encontrar una
compañera de cordada que funcione, tanto físicamente como mentalmente, como yo.
Durante varios años ha sido Ralf y luego otros, pero si encontrase una mujer muy fuerte
me encantaría ir con ella.
-Ralf ha comentado alguna vez que es partidario de crear dos listas de ‘ochomilistas’,
los que los han subido sin oxígeno artificial y los que los han subido con él. ¿Usted está
de acuerdo en hacer esa diferenciación?
-Crear esas diferenciaciones, esas listas es un comportamiento típicamente masculino.
Yo no necesito listas de ningún tipo. Para mí lo más importante es que, después de
una ascensión realizada con honestidad, cada uno encuentre la satisfacción de haberla
realizado, de acuerdo a sus posibilidades y a sus capacidades. Por eso las listas ni me
interesan ni sirven para nada.
- ¿Nunca se ha sentido presionada por la llamada carrera femenina de los ochomiles?
-Esta ‘competición’ nunca ha existido realmente, aunque mucha gente lo haya creído.
Ha sido más una invención de los medios de comunicación, a los que les encanta buscar
titulares y competitividad. Pero yo nunca he sentido la más mínima presión por ello. Lo
más importante para mí ha sido siempre subir en mi estilo, sin porteadores, sin oxígeno,
si es posible sin usar cuerdas fijas y en un estilo honrado con mis principios y con la
montaña. Durante un época intenté explicárselo a la gente, pero siempre he sentido que
no me entendían, así que lo dejé. Pero nunca he sentido esa especie de competición que
a la gente le parecía gustar.
-Acabó los Catorce con la cara norte del K2, una ascensión sobresaliente, histórica. ¿Es
de la que más orgullosa se siente en los Catorce?
-No me siento orgullosa de esa ascensión, me siento feliz por haberla conseguido. Pero
no es orgullo. Es algo más íntimo, más personal. Una alegría muy muy profunda.
-¿Tres meses después ha interiorizado lo conseguido?
-Cada día por la mañana, cuando me levanto… jajajaja. Especialmente en el K2, en el
que había perdido tanto… Y el 23 de agosto fue un momento tan fuerte allí arriba, en la
cima, con la última luz del día… (Gerlinde no puede evitar emocionarse y las lágrimas
afloran en sus ojos). Son emociones que perdurarán en mi interior hasta el día que me
muera.
-Cuando Iñurrategi concluyó en el Annapurna los 14 ochomiles se refirió a ello como
una liberación. Como el final de una etapa y el inicio de otras ¿Usted ha sentido lo
mismo?

-Efectivamente, ha sido un poco así. Después del K2 me he sentido muy libre, muy

satisfecha, pero no tanto por acabar los 14 ochomiles como por haber escalado el K2,
el ‘ochomil’ más peligroso y en el que he vivido más emociones al cabo de los años.
-¿Es el ‘ochomil’ que más ha significado para usted?
-Sí, sin duda. Ha sido el más importante para mí, por toda la energía que ha supuesto, de
preparación, de tiempo en el campo base, emocionalmente tras la muerte de Fredric el
año pasado. Durante mucho tiempo he sentido que la montaña me rechazaba, me tiraba
hacia abajo y ahora que ya he estado en su cumbre me siento muy satisfecha.
-¿Y por qué por la cara norte?
-Para mí era muy importante no regresar a la vertiente sur, en la que había fallecido
Fredric. No quería saber nada de esa ruta.
-¿Cuáles son sus próximos proyectos?
-Desde luego, mi pasión por las montañas va a seguir toda la vida. A partir de ahí,
durante nuestras expediciones hemos visto tantos ‘seismiles’ y ‘sietemiles’ con rutas
bellísimas que tenemos muchos planes. El primero, la próxima primavera, va a ser la
arista Este del Nuptse, aun sin escalar y que termina en una cumbre secundaria de la
montaña también virgen.
-¿Los ‘ochomiles’ quedan al margen de sus planes?
-Después del Nuptse quiero acompañar a Ralf al Everest, que aunque lo ha subido
varias veces nunca lo ha hecho sin oxígeno. ¡Aunque yo sólo subiré hasta el Collado
Sur! No quiero ir más arriba.

El BAT Basque Team llega al Polo Sur

«¡Estoy tomándome un café con leche sentado en una silla!». Mikel Zabalza (Pamplona, 1970) suelta la frase a través del teléfono satélite entre emocionado y complacido. Y es que un gesto tan cotidiano como ese adquiere tintes extraordinarios cuando se lleva a cabo en el Polo Sur, después de haber caminado o esquiado durante 2.200 kilómetros y 44 días totalmente en solitario a través de la Antártida soportando temperaturas de hasta -45º.
Con el alpinista navarro realizan la travesía Alberto Iñurrategi (Aretxabaleta, 1968) y Juan Vallejo (Vitoria, 1970), que integran la Expedición BBK/Naturgas Trasantartika’2011. Su objetivo es cruzar el continente helado de punta a punta en una travesía de 3.500 kilómetros sin apoyo externo y con la única ayuda de unas cometas impulsadas por el viento que les ayudan a desplazar el trineo de 170 kilos de peso que arrastra cada uno.
Ayer, ese viento que tantos problemas les ha dado en días anteriores les llevó en volandas hasta la base Amundsen-Scott, un pequeño pueblo de 250 habitantes ubicado exactamente en el Polo Sur geográfico, los 90º Sur, el punto más meridional del planeta, y la única de la Antártida habitada durante todo el año.
Los nervios casi no dejaron dormir a Mikel, al que ayer le tocaba el turno del desayuno. A las cuatro de la madrugada comenzó a preparar las viandas matutinas y a las seis ya estaban ‘cometeando’ con sus trineos tirados de los arneses que llevan a la cintura. En solo tres horas recorrieron los 80 kilómetros que les separaban del Polo.
Vallejo fue el encargado de marcar el rumbo con su GPS. Ni un grado de equivocación.«Juan iba por el paralelo 16º; estaba nublado y nevaba un poco y por fin hemos visto las banderolas que desde los 5 kilómetros de distancia indican la llegada al Polo Sur. Hemos llegado, hemos bajado las cometas y nos hemos abrazado». Eran las 9.15 en la Antártida, un ahora más en Euskadi. Y exactamente 100 años y 15 días después de que el explorador noruego Amudsen y sus hombres alcanzasen por primera vez al Polo Sur.
Lejos de encontrar una comitiva esperando, los tres aventureros vascos casi estaban solos cuando llegaron. El motivo es que los habitantes de la base estadounidense se rigen por el horario neozelandés y a esa hora les ‘tocaba’ dormir (en esta época la Antártida tiene 24 horas de luz). Poco les importó. El mejor premio fue ese café sentados en una silla.
Otro regalo adicional fue poder instalar su tienda de campaña a apenas 20 metros de la bola que señala el punto exacto del Polo. Aunque ha sido por poco tiempo. Ni se han planteado pasar allí la Nochevieja. Los tres aventureros tenían previsto reanudar la travesía hoy mismo, aprovechando las buenas previsiones de viento. «No estamos cansados y aquí no hacemos nada» explicaban. Les esperan otros 1.200 kilómetros hasta Bahía Hércules, punto final de su travesía. Y sólo les queda comida para otros 45 días.
Conocida la noticia, la consejera de Cultura del Gobierno Vasco, Blanca Urgell, se puso en contacto directo con los tres expedicionarios a través del teléfono, y les transmitió la enhorabuena en nombre del lehendakari.

 


Los montañeros de Villarcayo colocan un belén en La Tesla

Otro año más y van muchos.

Pese a las inclemencias del tiempo, nieve de salida y ventisca en los altos, 25 montañer@s de Villarcayo se animaron el pasado fin de semana a colocar un belén en lo más alto de Peña Corba 1332 m., techo de la sierra de la Tesla, la cadena montañosa que domina las Merindades.

Cuentan que fue una gozada pisar las primeras nieves de este invierno, que tenían un espesor de unos 10 cm de media, pero que en algunos puntos y debido a la ventisca alcanzaba espesores que cubrían la rodilla.

Superaron el ojo de La Horca sin problemas y se enfrentaron a los llanos cimeros, que tantos despistes han proporcionado hasta la aparición del GPS.

Una vez en el alto, un Villancico, un trago de champán y mucho turrón despidieron al belén, que pasará unas frías fiestas de Navidad y Nochevieja en las soledades.

De vuelta, los montañeros hicieron una parada en el pueblo de Bisjueces, que se encuentra a medio camino y es el punto desde donde habitualmente se sube a Peña Corba. Allí les agasajaron  con el caldo castellano -aseguran- más rico de toda Castilla.

El Belén permanecerá en la cumbre, pasando un pelín de frio, hasta el 15 de enero, fecha en la que repetirán expedición para recogerlos y guardarlo a buen recaudo.

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.