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La Euskal Herria Mendi Erronka decide el campeón vasco de Ultra Trail 2016

2016 junio 3

El primer título vasco de carreras por montaña de 2016 tendrá nombre propio mañana por la tarde en Leitza. La Euskal Herria Mendi Erronka, con salida y llegada en la localidad navarra, una distancia de 67 kilómetros y un desnivel positivo de 3.600 metros, será el escenario de la Euskal Herriko Txapelketa que decidirá los campeones vascos de ultra trail de este año.

Perfil de la carrera.

En esta ocasión, los títulos se presentan especialmente abiertos, con varios candidatos tantos en hombres como en mujeres, lo que aventura una carrera rápida y disputada. En chicos, el vitoriano Jabi Dominguez se perfila como máximo favorito, sino al triunfo sí al título vasco. El año pasado ya fue segundo, por detrás del navarro afincado en cataluña Daniel Aguirre, que de nuevo estará en la línea de salida para intentar repetir victoria, mientras que tercero quedó el navarro Xabier Zarranz. Sin olvidar a Iokin Garai, cuarto en Leitza en 2015 y que defiende el título ganado el año pasado en la G2h, o Gaizka Barañano, campeón hce dos años. Sin olvidar a ‘outsiders’ que han mostrado un buen estado de forma en lo que va de temporada, como Unai Santamaría o Carlos García.

Pero la gran incógnita será Iker Karrera, en plena recuperación de la lesión que le impidió competir al 100% durante 2015 y le mantiene alejado de la competición desde hace casi ocho meses (su última actuación fue en la Diagonale Des Fous, donde logró el quinto puesto). Solo lleva dos meses entrenando y su rendimiento es una incógnita, aunque su calidad le sitúa inevitablemente como aspirante. El de Amezketa, sin embargo, prefiere quitarse de encima toda responsabilidad, incluso cuando se le recuerda que hace dos años corrió en similares circunstancias y ganó la prueba, récord incluido (6h.34’39”). «Esta vez es distinto, llevo solo dos meses entrenando en serio. Simplemente quiero ver qué sensaciones tengo, no tanto en carrera como después; a ver como reacciona y se recupera mi cuerpo y mis piernas».

En chicas, el título debería decidirse entre Elena Calvillo, Izaskun Zubizarreta, Leire Martínez –podio del año pasado–, Nerea Amilibia y Aitziber Ibarbia si no fuese por la presencia de Oihana Kortazar. La campeona de Elgeta ha decidido correr este año el mundial IAAF de ultra trail que se disputará en octubre en Peneda Geres (Portugal) y competirá mañana en Leitza como preparación. Es una distancia que hasta ahora no ha corrido nunca por lo que su rendimiento será una incógnita, aunque no renuncia a nada. «Mis rivales tendrán la ventaja de que conocen sus reacciones en esa distancia, los ritmos, cómo alimentarse… Es algo nuevo para mí que me motiva mucho. Sé que estarán pendientes de mí pero estoy tranquila, más con ganas que nerviosa».

Podio del año pasado de la Euskal Herria Mendi Erronka (Fuente: Festak.com).

“De las 13 horas del ataque a cumbre solo disfruté unos segundos”

2016 marzo 2

 

Alí Sadpara y Alex Txikon en la cima del Nanga Parbat.

 

Alex Txikon relata desde el campo base del Nanga Parbat la ascensión «más dura» de su vida para lograr su primera  cumbre en invierno

 

La voz de Alex Txikon (Lemoa, 1981) suena firme y satisfecha al otro lado del teléfono satélite. Pero nada de euforias. Al contrario, a lo largo de la conversación transmite un halo de paz interior, de tranquilidad, poco habitual en este hombre hiperactivo y de vida acelerada. Hasta reconocer que «la ascensión más dura» de su vida ha cambiado su sentimiento sobre las montañas para pasar a verlas como «entes vivos, que te tratan como tú les tratas». Hasta el punto que hoy mismo volverá a ella para retirar todas las cuerdas y recoger los campos de altura. La conciencia del hito histórico que han conseguido llegará más adelante.

– Antes de nada, felicidades.
– Eskerrik asko. Ya era hora después de cinco años. Desde 2011. Ya nos ha costado, , eh??. Y dos años aquí. Y este lo hemos trabajado duro. 15 días durmiendo por ahí arriba en unas condiciones durísimas. Lo hemos conseguido pero solo nosotros sabemos lo que nos ha costado. Hay que estar aquí para saber lo que hemos sufrido.

– Físicamente como está?
– Bien, bien. Los pies duelen, pero es normal después de tantos días de cramponear y de no quitarme las botas en una semana. Y el cuerpo un poco dolorido después de la paliza que le hemos dado. Pero de congelaciones ni rastro. Solo tengo un poco tocada la nariz. Me duele un poco y la tengo un poquito negra… No es grave pero duele.

– Desde la distancia, el día les salió perfecto, aunque tomaron decisiones arriesgadas, como la de salir de día.
– Después de la experiencia del año pasado, en la que salimos a las 3 de la madrugada y pasamos un frío atroz que creo que luego nos pasó factura, el viernes decidimos esperar a que amaneciese para empezar a andar, no cometer otra vez ese error y evitar congelaciones. Sabíamos que el día bueno era el sábado, sin nada de viento, pero no nos quisimos arriesgar esperando 24 horas en el C4 y decidimos salir. Ya habíamos estado un día entero en el C2 aguantando un viento de la hostia y era suficiente.

Imagen nocturna de la tienda del campo 4, con la cumbre al fondo.

– Desde el campo base comentaron que ellos no tuvieron viento.
– Sería allí abajo… En todo momento, en las 12 o 13 horas de ataque a cumbre que tuvimos, entre subida y bajada, no dejo de soplar ni un segundo. De 30 o 40 km/h y rachas incluso más fuertes. Ufff.

– El frío lo daban por descontado.
– Sí, pero fue demasiado. El plan era comenzar a subir a las seis, así que a las cuatro de la mañana salimos de los sacos y empezamos a prepararnos. El parte que teníamos hablaba de 35 bajo cero, pero se quedó corto. Seguro. Más la sensación térmica del viento. Creo que ha sido el año que más frío he tenido. Fijate, yo llevaba cuatro capas. Unas mallas termicas, un peto de polartec, el mono de plumas y un goretex por encima. Y aún así iba tieso del frío. Llevaba la cantimplora y tres cámaras dentro del mono de plumas y no pude quitarmelas ni un momento para beber o sacar una foto.

– ¿Cómo fue la ascensión?
– Ali y yo salimos primero y diez minutos después Tamara y Simone. Atravesamos la cuenca Bafhin bien pero con mucho ojito, buscando el camino acertado y muy atentos porque había algunas grietas. Nos acercamos al trapecio cimero más abajo que el año pasado, porque entrando por arriba es mucho más técnico. Y llegamos a la roca que lleva a una especie de colladito, que es donde el año pasado tuvimos el problema y nos equivocamos. A 7.650 metros. Fue un momento clave, porque el sol aún no nos pegaba y desde el CB nos veían hacer zetas. Ellos se pensaron que era porque estábamos dudando, pero es que había mucha pendiente y era la forma más cómoda de subir. Y además teníamos que ir en todo momento moviendo las manos y los pies para calentarlas porque el frío era una pasada. En ese momento me di cuenta que el día iba a ser verdaderamente largo y duro porque no iba a poderme quitarme las manoplas para comer ni beber. Pero era mejor eso que congelarme una mano.

– ¿Ahí es donde se separó Alí?
– Sí. Él había subido dos veces ya al Nanga y conocía bien ese tramo. No dudó en decirnos que le siguiesemos por las rocas. Pero yo lo tenía claro. Desde el CB nos estaban guiando con los prismáticos y íbamos a seguir sus indicaciones. Y lo que nos decían era que giráremos a la izquierda para meternos en el corredor que lleva a la cima. Así que le dije a Simone que yo abría huella mientras el me seguía a unos metros cogiendo algo de distancia para tener perspectiva y recibir las indicaciones del campo base. Fueron un tramo muy duro porque el viento formaba unos ventisqueros de medio metro de altura sobre los que teníamos que pasar. Era como una carrera de obstáculos. Y algunos se rompían y nos caían encima. Eran bloques de hielo algunos de cerca de cien kilos. Andar pegando salto a 7.700 metros… tú me dirás…

Simone, Alex y Tamara en la ascensión final.

– ¿Fue un momento de tensión que Alí decidiese y por otro sitio?
– ¡Noooo! Para nada. Lo hablamos, el estaba convencido y al final dijimos, bueno, así tenemos dos opciones. Si uno se equivoca que por lo menos el otro haga cima.

– ¿Esa parte final también fue más difícil de lo esperado, no?
– Cuando nos metimos en el coulour, alucinamos de como estaba. Tenía 55 o 60 grados de pendiente mínimo y totalmente helado… Tuvimos que pasarlo con muchísimo cuidado. La alegría es que al poco de meternos en él vimos una barrita energética tirada y un viejo piolet y me dije «bueno, al menos vamos por el camino bueno». Mientras subíamos no me podía quitar de la cabeza que luego íbamos a tener que bajar por ahí…

– Luego Tamara se dio la vuelta.
– Seguimos progresando. Yo por delante y Simone un poco por detrás, haciendo la goma en algunos momentos para no perder contacto con Tamara, que iba algo más retrasada. Hasta que al llegar a ochomil metros se dio la vuelta. Una pena. Fue un momento triste, porque es una chica muy fuerte y hubiera sido un hito. La primera mujer en lograr una primera ascensión a un ochomil. Y se quedó a nada, a las puertas.

– ¿Qué le pasó?
– Había vomitado durante la noche y el frío le paso factura. Pero bueno… Su decisión fue la correcta. Fue muy emocionante cuando al bajar, en el campo 4, Alí le pregunto por qué se había dado la vuelta y ella le respondió “Si hubiera subido no habría vuelto al campo base”. Creo que ese tiempo de decisiones honran a cualquier alpinista y hablan de su grandeza y madurez. Es una alpinista de la que oiremos hablar mucho a partir de ahora.  Es muy fuerte y tiene madera para hacer grandes cosas.

– Y llegaron por fin a la cima.
– Sí. El primero fue Alí, luego yo como a veinte minutos y Simone a otros veinte de mí.

– ¿Fue emocionante?
– Pues si quieres que te sea sincero no mucho. No hubo tiempo para emocionarse. Yo solo pensaba en la bajada, en que tenía que estar al 100% de concentración con lo que nos esperaba. Y no tuve tiempo ni de

emocinarme ni de disfrutarlo. ¿Entiendes? ¿Tú sabes lo que es subir por ahí sin arnés y con un piolet?, que si pegas un traspiés acabas en el glaciar cuatro mil metros más abajo? El tema no estaba como para celebraciones. Si acaso unos segundos, en los que fijé en los demás ochomiles, el K2, los Gasherbrum, en el Masherbrum… y pensé “joder que pasada, que bonito”, pero fueron nada, unos segundos. En 13 horas de ataque a cumbre, solo disfruté unos segundos. Esos. Ha sido muy duro. De verdad. El frío ha sido tan intenso, el viento, las dificultadas del terreno…

Alex, afrontando los últimos metros de la ascensión.

– ¿El viento fue lo peor?
– Es que no dejo de soplar ni un momento. Constante, constante… Nos machacó. Nos iba comiendo la energía. En las cuatro conversaciones que tuvimos entre nosotros en la ascensión fue lo único que comentamos. Este puto viento no nos va a dar tregua ni un segundo. Nos fue desgastando. Machacando. Ha sido el primer ochomil en el que no he sacado ni una foto. Pero no quería quitarme las manoplas. Menos mal que Simone sí sacó en la cima.

– Simone y usted se conocen desde hace años, pero nunca habían escalado juntos. ¿La experiencia ha sido buena?
– Sí. Creo que hemos hecho muy bien equipo. Hemos trabajado muy bien juntos, muy coordinados. Como si llevasemos muchas expediciones juntos. Casí no teníamos ni que decirnos las cosas. Mientras unos hacían agua otros se masajeaban los pies, mientras dos desmontaban la tienda los otros dos recogían las cosas. En ese sentido hemos funcionado muy bien. Hemos tenido mucha complicidad.

– ¿Las circunstancias han alumbrado una cordada de futuro?
– Pues no hay que descartarla, la verdad. Mira por donde, antes de venir hablamos de la posibilidad de hacer algo juntos pero al final no concretamos nada. Y el otro día, en el CB lo volvimos a comentar. Y mira, el tiempo da la razón a las cosas. Y además me siento muy orgulloso de haberle ayudado a hacer historia con su cuarta apertura invernal. Creo que nos podemos aportar cosas importantes mutuamente.

– La frase más repetida desde el viernes es que han hecho historia ¿Lo ve así?
– No lo tengo asumido porque estamos aquí todavía en plena vorágine de recogida. Me imagino que tendrán que pasar unos días para darme cuenta. Lo que sí me hace ilusión, y lo pensé en la cima, es ir personalmente a un museo que hay en Polonia sobre los ochomiles que conocí este verano. Hay una sala dedicada a las ascensiones invernales donde las vitrinas del Nanga y el K2 estaban vacías y su director me dijo que ahí quería verme en los próximos años. Y mira, acertó. Pero no tengo más sensaciones. Aquí estamos como en una burbuja, aislados, y no somos conscientes de nada.

Alex descansa cubierto de escarcha en el C4 tras bajar de la cima.

– Ahora le saldrán mucho amigos.
– Bueno… yo reconozco que durante estos años igual mi manera de comunicar no ha sido la más acertada, pero también creo que muchas veces se ha hablado muy poquito de mí o incluso se me ha ninguneado. Llevo 5 expediciones en invierno en el Karakorum, incluida la del 2012, donde fuimos 7 y regresamos 4… No sé. Se me ha dicho de todo pero creo que es justo que se reconozcan cosas como que este invierno hemos equipado entre solo dos personas toda la montaña. Hemos sido dos pelados los que hemos hecho todo el curro como para recordar algunas críticas injustas que hemos tenido en el pasado.

– ¿Su sentimiento hacia la montaña ha cambiado?
– No sé si ha cambiado, pero la verdad es que antes pensaba que las montañas como una piedra grande y ya está. Las veía como un objetivo deportivo, sin darles más trascendencia. Y ahora, después de lo que he vivido y sufrido allí arriba ahora tengo una sensacion un poquito diferente, como de más respeto hacia la montaña. Como de que es algo vivo que te corresponde según cómo tú le trates. De verdad, como mañana (por hoy) no suba para arriba a quitar las cuerdas no me marcho de aquí. Tengo la necesidad de dejarla lo más limpia posible… no sé… una responsabilidad para con las montañas y la naturaleza, un respeto que quizás antes no tenía.

– La estrategia ha sido perfecta. Me imagino que las lecciones aprendidas el año pasado han sido fundamentales.
– No tengo ninguna duda. Si el año pasado no hubiesemos estado aquí, este año no habríamos hecho cumbre. Porque claro, el año pasado pensamos que el poner el campo base tan abajo era un error, pero en absoluto. Lo que hay que hacer es moverse. Hemos hido 20 veces hasta el campo 1, que se dice rápido. Esa ha sido una de las claves del éxito. La experiencia me ha demostrado que lo importante es hacer más desnivel y no tantas noche en altura. Pero a la vez esa estrategia también es muy dura psicológicamente. Subir desde el CB hasta el campo 2, muro Kinshofer incluido… equipado hasta arriba para el frío… lo hemos hecho 4 veces… Había días que además de las cuatro capas de ropa que llevaba se me formaba una quinta de hielo.

Alex, Tamara, Simone y Ali, nada más llegar al CB tras hacer cima.

– ¿Esta ascensión le va a cambiar?
– Yo creo que no. En todo caso me puede abrir alguna puerta, como por ejemplo aparecer en las listas que corren por ahí para el intento invernal del año que viene. Pero también te digo que estoy un poco cansado de las montañas de ochomil metros. En invierno quizás no tanto, pero es que en esta época es demasiado duro… Dos meses llevamos ya en este congelador, tres meses desde que salimos de casa… es duro, muy duro. Y económicamente ni te cuento. Es una ruina.

– ¿Y el K2? Está ahí, el viernes lo vio bien cerca desde la cumbre y es el único que queda por subir en invierno…

Alex, visiblemente agotado nada más llegar al campo base.


– Bueno… si quieres que te diga la verdad. El único momento en el que me calenté el viernes fue cuando lo vi desde la cima… ufff, fue un subidón. Sentí un cosquilleo y pensé “¡Hostia!, igual este no es el último invierno aquí”… jajaja. Lo que sí me gustaría es intentar una invernal en un ochomil de Pakistán. Aquí llevo ya 5 años seguidos y me apetece probar allí.

– ¿Pero en invierno?
– Si, si. Para mi lo de ir en temporada normal creo que se ha acabado. Si algo me ha enseñadp estps años es lo agusto que estás solo, en el campo base, abriendo tu propio camino en la montaña, trabajando. Que lo mucho o poco que hagas lo hagas tú y tu equipo. Eso es bestial y cuando lo pruebas no tiene vuelta atrás.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alí Sadpara y Alex Txikon celebran la cumbre con una tarta.

 

Fotos: Expedición Nanga Parbat'2016.

Nanga Parbat, un ochomil con guardaespaldas

2016 febrero 16
por Fernando J. Pérez

Un cuerpo especial de policías protege a los alpinistas que van a escalar el Nanga
Parbat desde que en 2013 un comando talibán asesinó a once en el campo base

 

El 22 de junio de 2013 oscureció un día tranquilo en el Nanga Parbat. Los últimos rayos de sol se reflejaron en la pirámide superior del noveno ochomil del planeta antes de sumir en la oscuridad un campo base semivacío aquel día. Apenas dormían una decena de alpinistas de los casi cincuenta que estaban intentando escalar la montaña. Menos mal. Los demás habían aprovechado el buen tiempo y se encontraban en los campos de altura equipando la ruta y realizando una de las últimas rotaciones del proceso de aclimatación. Para muchos, la siguiente sería el ataque a cima.

Sobre las diez y media de la noche, los habitantes del campamento –junto con los alpinistas había casi una veintena de paquistaníes empleados en tareas de cocina y servicio a las expediciones– se despertaron sobresaltados por los gritos de una docena de policías locales, que reclamaban su presencia. En realidad, se trataba de talibanes que habían robado los uniformes y habían obligado a punta de fusil a dos guías locales a llevarles hasta el campo base. Hicieron salir a todos de las tiendas y, tras separar a los locales, vaciaron sus Kalashnikov sobre los escaladores –tres alpinistas ucranios, tres chinos (uno de ellos con doble nacionalidad estadounidense), dos eslovacos, un lituano y un sherpa nepalí– y un cocinero paquistaní que había salido en su defensa.

Alex y tres de los policías con el Nanga Parbat al fondo.

La tragedia conmocionó al mundo, especialmente al alpinístico. Y puso en alerta a las autoridades de Pakistán, para las que el turismo de montaña en el Karakorum y el macizo del Nanga Parbat se ha convertido en una creciente y jugosa fuente de ingresos. La decisión llegó a las pocas semanas: Hasta nuevo aviso, todas las expediciones al Nanga Parbat, un ochomil aislado de los otros cuatro que hay en Pakistán y situado en una zona de fuerte implantación talibán, tendrían que llevar escolta.

Se lo tomaron tan en serio que las autoridades nacionales crearon un cuerpo de élite de cien policías que instruyeron en alpinismo y supervivencia en alta montaña en la Army High Altitude School de Rattu, en la zona de Astore. Cuatro de ellos acompañan este invierno a la expedición de Alex Txikon en el Nanga, que intenta lograr la primera ascensión invernal a la conocida como Montaña Asesina, un siniestro sobrenombre que se remonta a los años treinta del siglo pasado, cuando la Alemania nazi fijó su orgullo ario en este ochomil y las dos expediciones que intentaron escalarlo a sangre y fuego se saldaron con el balance de 26 muertos.

A estas alturas del invierno, en el campo base solo quedan ya dos expediciones de las cinco que iniciaron la temporada. Y con ellas, los cuatro policías que velan por su seguridad. Ikramatjan Naqepa, con 37 años, es el más veterano y el que ejerce de jefe. También el más locuaz, y menos reticente a salir en las fotos, «quizás porque es el único que sabe ingles» explica Alex Txikon a través del teléfono satélite.

En realidad, Ikramatjan reivindica unos galones no concedidos oficialmente en su condición de número uno de la promoción instruida en la Army High Altitude School. Chachu, como se hace llamar para los amigos, fue galardonado por ese motivo con una medalla y 5.000 rupias (unos 50 euros) a parte del correspondiente certificado que entregaron a todos.

Los policías han acabado convirtiéndosee en unos miembros más de la expedición.

Chachu, al que le gusta posar orgulloso con su kalashnikov, «nos muestra sus fotos y nos asegura excitado que con ellos aquí estamos ‘en buenas manos’, porque se trata de un curso muy completo de 80 días en los que combinan horas de teoría con prácticas de tiro, prácticas también en río, escalada en hielo, rápeles, orientación, running…», explica Alex.

Sin embargo, la mente de Chachu vuela lejos del Nanga Parbat. «En el cuartel de Goharabad gano 32.000 rupias al mes (unos 320 euros), no está mal si lo comparamos con otros salarios, pero prácticamente vivo en el cuartel, lejos de mi pueblo y mi familia», explica. Solo tiene tres o cuatro días de permiso al mes y siempre y cuando los pida.

Así que Chachu ya tiene entre manos una alternativa. China ha puesto sus ojos en Pakistán y está invirtiendo ingentes cantidades de dinero en sus infraestructuras a cambio de electricidad y la libre explotación de algunas de sus materias primas como las piedras preciosas. Una de esas infraestructuras es una gran presa que anegará unas tierras de Chachu en Chilas, la ciudad más cercana al Nanga. Así que le ha tocado la lotería. El Gobierno paquistaní ha valorado en 25.000 dólares esos terrenos, aunque de momento sólo ha cobrado 6.000. En todo caso, toda una fortuna allí en Pakistán. Y ya tiene planes para invertirlos: La construcción de un pequeño hotel en su pueblo (Fairymedow), en la vertiente Rupal del Nanga Parbat, a tan sólo tres horas del campo base. «Los cimientos ya están, a ver si ingreso más dinero y puedo empezar con los tabiques. En cuanto el hotel esté en marcha y empiece a generar lo suficiente, dejaré el servicio militar y me dedicaré a viajar junto a mi mujer y mis cuatro hijos».

Chachu enseya a Alex el funcionamiento de su kalashnikov.

Tres de los policías, en la cocina junto a los dos jóvenes ayudantes del cocinero.

Pero cuando la vida parecía comenzar a sonreír a Chachu, un trágico suceso sacudió hace unos días la vida de su familia. «Hace tres días se enteró que han matado a uno de sus primos», cuenta Alex. «Lo pillaron acostándose con una mujer casada y el hermano de ella mató a los dos. Ella tenía tres hijos y él deja once hijos y una viuda que seguramente será repudiada por su familia y condenada así a la pobreza extrema», continúa el alpinista vizcaíno. «Aquí los crímenes familiares de honor están a la orden del día. Todo el mundo tiene un kalashnikov en casa y no hace falta ningún permiso para hacerse con uno. Y normalmente estos crímenes quedan impunes», concluye.

Ese mismo honor que ha traído la desgracia a su familia impide a Chachu moverse del campo base, que solo abandonará cuando Alex y sus compañeros vuelvan a casa. Así que su rutina diaria que comienza con el proceso de descongelar el fusil en el fuego de la cocina continúa invariable. «El Gobierno no nos cobra por ellos, pero a cambio nosotros les tenemos que proporcionar alimento y techo durante toda la expedición, así que comparten con nosotros cocina y mesa», explica Alex.

«Son gente maja, sencilla. Al principio te impone un poco verlos siempre con el kalashnikov colgado al hombro, pero te acabas acostumbrando». Y pese a lo que pueda parecer, se toman su trabajo en serio. «El otro día, escuchamos unos pasos cerca del campamento por la noche y no dudaron en salir con las linternas a ver que podía ser. Hasta que no se cercioraron que se trataba de un zorro no volvieron».

Alex Txikon hace equipo con Simone Moro

La conquista en invierno de un ochomil como en Nanga Parbat es lo más parecido a un asedio que puede haber. Y la paciencia y la resistencia son tan importantes (o más) que las aptitudes técnicas de los escaladores. La meteorología lo condiciona todo y pueden pasar semanas (y casi meses) sin una una ventana de buen tiempo que permita el ataque a cumbre. Y eso es algo que desgasta, y mucho, a los alpinistas. Txikon y su equipo llegaron al campo base del Nanga poco antes de Nochevieja. Otras cuatro expediciones estaban ya allí en pos del mismo objetivo. Mes y medio después, de aquellos cinco grupos solo quedan Alex y su compañero Ali Sadpara, porque el tercer integrante de la cordada, el italiano Daniele Nardi, también ha tirado la toalla y hace una semana se volvió a casa.

Alex, Ali, Tamara y Simone comprueban la 'meteo' en el ordenador.

Pero el vizcaíno ha encontrado un inesperado aliado, Simone Moro. El alpinista con mayor número de ochomiles invernales en activo llegó a finales de enero al Nanga con su compatriota Tamara Lunger. Tenían previsto intentar otra ruta, pero tras comprobar su estado, acabaron por pedir permiso a Alex para subir por la suya. El de Lemoa no solo se lo concedió, sino que finalmente han acordado unir fuerzas para realizar el ataque a cumbre todos juntos.

Y en ello están. El mal tiempo les tiene bloqueados en el CB desde hace dos semanas, pero estos días les ha dado una pequeña tregua. Justo la que necesitan para ascender hasta el campo 3 y completar la última rotación del proceso de aclimatación, en el que Simone y Tamara están algo más justos que Alex y Ali. Hoy (lunes) han escalado hasta el C2 (6.100 m.) tras una dura jornada en la que han tenido que abrir huella y recuperar las cuerdas fijas tapadas por la nieve. Allí están pasando la noche y mañana tienen previsto subir hasta el C3 (6-700 m.). Con ello darán por concluida la aclimatación y retornarán al campo base. La próxima vez que vuelvan a la montaña será para subir hasta su cima por primera vez en invierno.

 

Fotos: Colección Alex Txikon.

La Hiru Haundiak se traslada a octubre y adjudicará sus 1.700 dorsales por sorteo

2015 noviembre 5

Jabi Domínguez cruza la meta de Araia como ganador de la última edición.

La Hiru Haundiak, la popular y multitudinaria carrera de montaña bienal que recorre los tres colosos vascos –Gorbeia, Anboto y Aizkorri–, llegará en 2016 cargada de novedades. La principal afecta a la fecha de celebración. A partir de ahora pasará a correrse a mediados de octubre. Concretamente, la próxima edición será el 15 de octubre. Hasta ahora, se disputaba en la primera quincena de junio, buscando tanto la bonanza meteorológica como el mayor número de horas de luz posibles ya que la prueba, de 100 kilómetros, tiene un tiempo límite de 24 horas para completarse.

El motivo de este cambio son las prohibiciones medioambientales que imponen los parques naturales de Gorbeia y Urkiola y que prohiben toda actividad deportiva organizada entre marzo y septiembre. «Las explicaciones concretas que nos han dado es que en Urkiola hay que proteger al alimotxe y a alguna planta endémica», explica Javier López, uno de los responsables de la organización, que corre a cargo del club Manuel Iradier de Vitoria. «Tras descartar junio, nuestra primera intención fue hacerla en septiembre, pero ahí nos encontramos con la prohibición del Parque de Gorbeia ya que ese mes es el de la berrea, así que nos hemos tenido que ir a octubre», explica.

Jabi Domínguez ascendiendo el Aizkorri.

La otra gran novedad se refiere a las inscripciones, que a partir de ahora serán por sorteo. En las últimas ediciones, Sus 1.700 dorsales se agotaban en minutos el 2 de enero, fecha de apertura del plazo para apuntarse, y se generaba una lista de espera de más de mil personas. «Para evitar problemas, a partir de ahora, los que quieran participar tendrán 15 días para apuntarse. Después, si los preinscritos superan las 1.700 plazas que tenemos, las sortearemos entre todos ellos», concluye Javier López.

La Apuko, también a octubre

La Iru Haundiak no es la única prueba que ha tenido que cambiar de fechas por la exigencias medioambientales. La Apuko Extrem, que se celebraba en mayo en los montes de Las Encartaciones, también ha pasado a octubre, exactamente a su último fin de semana (29/30). Este nuevo calendario traerá como novedad su ‘crecimiento’ hasta los 110 kilómetros (D+ 7.000 m.) y su incorporación al circuito Spain Ultra Cup como una de sus 9 pruebas puntuables, la única, por cierto, de la cornisa cantábrica.

La llamada de los ochomiles

2015 julio 1

Juanito Oiarzabal retoma su proyecto de ascender de nuevo los 14 grandes e intentará en julio el Broad Peak con Alberto Zerain

Albertos Zerain y Juanito Oiarzabal, durante la presentación del proyecto.

La sangre que corre por las venas de Juanito Oiarzabal (Vitoria, 59 años) está inoculada desde hace mucho tiempo por el virus de los ochomiles. Así que era cuestión de tiempo que su mirada se girase de nuevo hacia ellos. Y ese momento ha llegado ahora. Dos años y medio han pasado desde su última expedición, al Shisha Pangma. Entonces lo dejó por prescripción médica tras sufrir un edema pulmonar que se sumó a las embolias que había tenido en el Lhotse y el Manaslu por un problema en la aorta. Y ahora vuelve a ‘su’ mundo también con el aval médico.

“Me he hecho todo tipo de revisiones y pruebas médicas y estoy bien”, explica el alpinista alavés. “A ver” -aclara de inmediato-, “no estoy exento de que me pase algo allí arriba, pero como a cualquier otro alpinista. Ni más ni menos”. Así que ha decidido retomar el proyecto de ascender por segunda vez los 14 ochomiles del planeta, algo que, por supuesto, nadie ha realizado. El primero que va a intentar de los cuatro que le faltan es el Broad Peak (8.051 m.), situado en Pakistán. Si en este las cosas salen bien, en los próximos dos años intentaría los otros tres: Nanga Parbat, Dhaulagiri y Shisha Pangma.

Y como Oiarzabal no quiere sorpresas ni disgustos, ha planificado con cuidado la expedición. En primer lugar, va a contar como compañero de cordada con un viejo conocido suyo, el también vitoriano Alberto Zerain (53 años). ‘Zeras’, como le conocen los amigos, tiene una contrastada experiencia ochomilista -suma ya siete en su haber- y es conocido por su fortaleza física y sus rápidas ascensiones, que le han evitado más de un problema. En el K2, por ejemplo, esa velocidad le permitió salir indemne el 1 de agosto de 2008 de la mayor tragedia vivida en esa montaña, que costó la vida a once alpinistas. “Alberto es uno de los tíos más fuertes que conozco. Puede subir corriendo al Broad si quiere. Y nos conocemos muy bien. Y como los cuatro ochomiles que me faltan a mí también le faltan a él hemos decidido hacer equipo. Me da mucha confianza ir con él”, explica Juanito.

Juanito explica el recorrido.

La segunda decisión de Oiarzabal es contar con un porteador de altura personal durante la ascensión. “Tener alguien a mi lado y no morirme si tengo problemas”, porque, pese al beneplácito médico para reactivar el ambicioso proyecto, reconoce que “es una incógnita cómo me voy a encontrar y no quiero sorpresas”. Y es que el alavés reflexiona que, “sin menospreciar a nadie, las últimas expediciones las he hecho sin gente de confianza,. Quizá no estaba con las personas más adecuadas para mi perfil, y no quiero que eso vuelva a pasar”.

Y llegado a este punto, es inevitable conocer la opinión de Oiarzabal sobre las críticas que remarcan el nulo interés alpinístico de su proyecto. El vitoriano, que acumula 26 ochomiles en su currículo, no quiere “entrar en polémicas” e insiste en que su proyecto 2x14x8.000 es “algo absolutamente personal que soy perfectamente consciente que no aporta nada al alpinismo. Lo único que hago es repetir ochomiles”, reconoce. “Pero, personalmente, para mí tiene su aliciente y me hace mucha ilusión. Nunca lo he vendido como un reto alpinístico de mérito y desde luego no lo voy a hacer ahora”, explica. “Es un reto personal que tengo al alcance y me hace ilusión completar, porque si lo hago seré el único en haberlo logrado, y creo que por mucho tiempo. Y si no lo consigo, no pasa nada”.

Su compañero Alberto Zerain se muestra también muy ilusionado con la expedición. “Los dos conocemos bien esta montaña (en alusión al Broad Peak). Yo me he tenido que dar dos veces la vuelta sin hacer cumbre, pero espero que si la climatología nos lo permite a la tercera lo consiga”, apunta. Y rechaza presionarse con sus propios catorce ochomiles, que asoman en su horizonte. “Ya iremos viendo cómo me veo para próximas expediciones. Por ahora lo primero es que Juanito termine su objetivo en los próximos dos o tres años”, subraya.

Los dos alpinistas, en un descanso de su travesía por la Karakorum Highway.

Los dos escaladores parten hace dos semanas de Vitoria y desde ayer se encuentran ya el el campo base del Broad Peak, tras una semana de marcha de aproximación sin contratiempos. “Han cambiado bastante la forma de hacer las cosas en ese país desde que los talibanes asesinaran a trece alpinistas hace dos años en el campo base del Nanga Parbat”, explica Juanito. “Ahora el viaje desde Islamabad y la marcha de aproximación la organiza una agencia especializada que reúne varias expediciones y nos lleva en un convoy escoltado durante 1.000 kilómetros”, añade el alpinista vitoriano. Instalados ya a los pies del Broad Peak,  iniciarán inmediatamente el proceso de aclimatación para, en la segunda o tercera semana de julio, intentar el ataque a la cumbre.

En Skardu , con el koreano Mister Kim , ocho ochomiles y con los diez dedos de las manos amputados. "Entre los dos podemos hacer uno entero", bromea.

Silvia Trigueros encabeza una selección vasca con aspiraciones de podio en el Gran Trail del Peñalara, Campeonato de España de Ultra Trail

2015 junio 26

 

La vigente campeona de España defenderá el título en los 115 kilómetros de un GTP lleno de figuras

El Gran Trail de Peñalara, carrera de 115 kilómetros y 5.000 metros de desnivel positivo que recorre las cimas más emblemáticas de la sierra de Guadarrama, será este año el escenario que decidirá el Campeonato de España de Ultra Trail. Y entre los favoritos estarán los representantes de la selección vasca, que acude por primera vez como tal con cuatro representantes: Gaizka Barañano (vigente campeón de Euskadi) e Imanol Aleson en chicos y Silvia Trigeros y Jone Urkizu (campeona de Euskadi) en chicas. En especial Silvia, que defiende el título logrado el año pasado en Penyagolosa y lidera el grupo de favoritas, pese a llevar un 2015 un tanto irregular.

Silvia Trigueros, cruzando la meta de Penyagolosa el año pasado como campeona de España. (Foto: Mayayo)

La de Abadiño empezó la temporada en la Ultra de Hong Kong, puntuable para el Mundial ITRA, pero tuvo que retirarse por lesión nadam ás empezar. En la Transgrancanaria (marzo) acabó octava, aunque casi dos horas por encima del tiempo que se había marcado. El pasado mes corrió el Mundial de Annecy (Francia), donde acabó 25ª en una carrera que hizo de atrás a delante, y la semana pasada ganó el maratón nocturno Caballucos del Diablo (Cantabria), como último test importante antes de este Campeonato. Así que tomará la salida esta próxima madrugada en Navacerra (00h.30h) «con buenas sensaciones y con muchas ganas». Y avisa a sus rivales: «Como siempre, yo iré a hacer mi carrera, aunque si me dan guerra la tendrán».

Como principales oponentes tendrá a las catalanas Judith Lamas, bronce el año pasado, Laia Díez, que acaba de ganar la Volta a Cerdanya (125 km) y la andaluza Gemma Arenas, que viene también de ganar en Villabierna. Sin olvidar a la alemana Julia Bottger, vencedora de los 170 km de Andorra y habitual de las carreras españolas, que aunque no opta al título nacional es favorita para ganar.

El amurriotarra Gaizka Barañano, que ejerce de capitán del equipo vasco, detalla sus opciones. ««Silvia va a defender el título del año pasado y saldrá a ganar y Jone seguro que también estará arriba». En

Jone Urkizu y Silvia Trigueros. (Foto: Mendilasterketa.com)

categoría masculina la cosa cambia: «Siendo realistas, conseguir un podio en chicos va a ser muy difícil viendo la calidad de los rivales. Entrar en el ‘top ten’ sería ya un gran resultado».

Esos rivales están encabezados por Miguel Heras (vigente campeón),  que aunque llega sin apenas haber competido este año, su gran calidad le sitúa en lo alto del escalafón. Tras él aparecen Miguel Caballero (bronce en 2014) y Gerard Morales (4º), un David López Castán que corre en casa y lleva una temporada muy buena, y los últimos campeones de la carrera: Xari Adrián (2012) y Pedro Bianco (2013-2014).  El escocés Casey Morgan, que acaba de ganar los 100 kilómetros de Mallorca y figuraba también en la nómina de favoritos, anunció ayer mismo su renuncia a la carrera por un problema en una rodilla que le obligará a pasar por el quirófano.

Totalmente recuperado del desfallecimiento que sufrió en la Apuko Extrem (estuvo tres días

Imanol Aleson, en la Ehun Milak. (Foto:mendikasterketa.com)

hospitalizado), Barañano acude al GTP «con buena sensaciones y muchas ganas. Aleson, por su parte, reconoce que Peñalara no estaba entre sus objetivos este año, centrado en preparar el Tor des Geants del próximo septiembre. Aunque en 2014 hizo 5º, el recorrido “tampoco me beneficia mucho, porque a mí me van más las carreras más técnicas, pero cuando me invitaron a ir con la selección vasca no pude decir que no. Para mí es un orgullo correr con la camiseta de Euskadi e intentaré

Gaizka Barañano 'Txapel' y Silvia Trigueros. (Foto: Mayayo)

hacerlo lo mejor que pueda».

Tres Caminos para un sueño

2015 junio 22
por Fernando J. Pérez

El ultrafondista vizcaíno Samuel Arroyo realiza el Camino de Santiago desde Güeñes (ida y vuelta) en 28 días

Los pasajeros que cada día montan en el Bilbobus de la línea 77 (Peñascal-Mina del Morro) reciben el saludo de su menudo conductor. Lo que probablemente no saben es que ese hombre sentado ante el volante del vehículo que les acoge con una sonrisa es uno de los ultrafondistas más conocidos de Euskadi, uno de los pioneros de las carreras de larga distancia en montaña y un referente para los nuevos ‘corremontes’ vascos. Samuel Arroyo (Bilbao, 1968), más conocido como ‘Samu’, lleva casi quince años corriendo por las montañas de medio mundo y lo ha corrido todo, aquí y fuera. Desde la Hiru Haundiak hasta el Tor de Geants (330 kilómetros y 24.000 metros de desnivel positivo en los Alpes).

Así que después de tres lustros pateando buena parte del planeta (solo le falta correr en Asia y Oceania “y voy a ir seguro”, apostilla) ha decidido volver a los orígenes, que no son otros que el Camino de Santiago. “Lo hice hace diez años. Hasta entonces había sido el típico corredor de carreras populares, pero tras hacerlo me vi tan bien que fue el detonante para dar el salto y comenzar a aventurarme en las ultras de montaña”. Aunque el reto ahora es bien distinto. “Entonces hice a pie el recorrido típico del Camino Francés, hasta Santiago. Lo que quiero hacer ahora no tiene nada que ver con aquello”.

Samu Arroyo, arropado por varios amigos, en su salida de Güeñes.

Y tanto. Su plan es tan sencillo como demoledor. Samu partió el pasado domingo, día 12, de su casa de Güeñes  y recorrerá el Camino del Norte hasta Santiago en doce días (670 kilómetros). Luego, sin ni siquiera hacer noche en la capital gallega, retornará por el Camino Francés. Aunque por eso de no dejar las cosas a medias, en Santo Domingo de la Calzada, en vez de dirigirse hacia casa (llevará para entonces 1.271 kilómetros en 21 días), seguirá por el Camino Vasco hasta Irún (otros 207 kilómetros en cuatro días). Y entonces sí, será el momento de enfilar -por fin- hacia Güeñes, de nuevo por el Camino del Norte para recorrer los últimos 171 kilómetros en tres días. Y encima pretende contarlo todo a diario en su facebook y en la web del reto (www.samultrail.com).

Si cumple el plan, el 11 de julio dormirá de nuevo en su cama con su sueño cumplido a través de tres de los Caminos que llevan a Santiago. Las cifras globales cansan solo de leerlas. En 28 días hará 1.650 kilómetros con un desnivel positivo de 26.000 metros. O lo que es lo mismo, recorrerá a pie en menos de un mes la distancia que hay entre Bilbao y Berlín ascendiendo el equivalente a subir cinco veces y media el Mont Blanc desde el nivel del mar.

¿Qué lleva a una persona a afrontar un reto de estas características? Samu no duda en la respuesta. “Es un reto muy especial, algo distinto a la competición”, apunta. “Después de tantos años participando en carreras, el cuerpo te pide hacer algo distinto, un desafío personal, no luchar contra tus rivales, sino contra ti mismo. Yo soy un poco heavy, de la vieja guardia, y no me gusta el postureo que empieza a verse en las carreras de montaña, así que prefiero ir a mi bola y buscar mis propios retos. O buscar sitios distintos para correr. Eso me motiva mucho”.

Por eso se siente especialmente orgulloso de haber corrido el año pasado las 200 millas de Tahoe en la que supuso la primera participación de un europeo en esta mítica carrera estadounidense. Acabó séptimo con un tiempo de setenta horas y media.

Pero volvamos a su inminente desafío, en el que la logística y la fortaleza mental de Samu van a jugar un papel tan importante como su resistencia física. Aunque el bilbaíno se ha preparado a conciencia ?sus piernas acumulan casi 6.000 kilómetros de entrenamiento? reconoce que en este reto “voy a entrar en lo desconocido” y que uno de los aspectos que más le atraen es ver cómo reaccionarán su mente y su cuerpo. “Recupero bastante bien y no creo que tenga problemas, pero…”

La media de kilómetros diarios es de unos sesenta, que le costará entre ocho y diez horas, según los desniveles. “Técnicamente, el recorrido no ofrece secretos. La verdadera dificultad está en la acumulación de kilómetros. He corrido carreras de varios días, e incluso pruebas de hasta 350 kilómetros ‘non stop’, pero nunca tantos días seguidos. No sé cómo reaccionará mi cuerpo, cómo recuperará después de diez, quince o veinte días corriendo… Ahí va a estar la clave”.

- ¿Y a los que le tachan de loco qué les dice?
- Bueno… si lo piensas bien, hasta es lógico que la gente que no conoce este mundo te mire como un bicho raro cuando les cuentas que haces carreras de cientos de kilómetros sin parar que duran varios días. Pero yo lo hago porque disfruto y el cuerpo me lo gratifica. ¡Ah! y no te olvides de poner mi agradecimiento especial a mi empresa y a mis compañeros por todo el apoyo que recibo de ellos y las facilidades que me dan siempre para entrenar e ir a competir.

Tres pares de ‘ruedas’, una mochila de 3 kilos y alcohol de romero

La experiencia de miles de kilómetros y cientos de carreras sirve a Samu Arroyo para saber que el éxito o fracaso de un desafío como este depende de los pequeños detalles. De la elección correcta de zapatillas, de una ampolla o una inoportuna rozadura. Así que el “corremontes” bilbaíno ha cuidado especialmente este aspecto logístico.

Tres pares de zapatillas Hoka serán sus “ruedas” para este mes, una marca maximalista (con mucha amortiguación) cuya eficacia ha comprobado en los últimos años. Para los días sin asistencia (vehículo de apoyo) ha elegido una mochila con “camelback” y una riñonera Oxitis que cargará con tres kilos de ropa y comida. El equipamiento serán dos mudas de camiseta y malla Land, también contrastadas durante miles de kilómetros en los últimos meses.

Y aunque no suele tener problemas de ampollas ni llagas, los pies los cuidará con friegas de alcohol de romero antes y después de cada etapa.

Varios amigos acudieron a despedir a Samu en el inicio de su Camino.

Alex Txikon: “Las opciones eran hacer cumbre o no volver todos”

2015 marzo 31

Alex Txikon (Lemoa, 1981) ya está de vuelta en casa. Regresa de su tercer intento a un ochomil en invierno. Y una vez más lo hace de vacío. Aunque esa no es la sensación que él tiene. Esta vez ha estado más cerca que nunca. «Hemos acariciado la cumbre», asegura. Pero al final ha sido una decisión entre el éxito y la muerte cuando uno de sus compañeros de cordada, el paquistanó Ali Sadpara, sufrió un edema cerebral durante el ataque a cumbre. «Y me alegro de haber tomado la correcta. «Todos estamos vivos y eso es lo importante de verdad».

– Es la vez ha estado más cerca que nunca.
– Sííí!!! Sin duda. Hemos acariciado la cumbre. He encontrado la montaña y la ruta y hemos estado más cerca que nunca de hacer cima.

Alex, en plena ascensión.

– ¿Cómo fue el día de cumbre?
– Salimos a las tres de la madrugada. Recuerdo que hacía mucho frío. Pero mucho. La temperatura era entre 35 y 45 grados. Y hablo de temperatura, no de sensación térmica. Avanzamos rápido, muy rápido. Recorrimos la cuenca Vacin en menos de una hora, cuando en verano tardan casi tres. Daba 25 pasos y paraba a respirar. Descongelaba el buff de un par de golpes y me lo ponía en la cara para dar bocanadas con la boca abierta. Tres o cuatro veces. Movía dedos de pies y manos para ver que estaban bien y hacia los ejercicios mentales de recordar matrículas y teléfonos para comprobar que la cabeza también estaba bien. Y vuelta a andar. Otros 25 pasos. Así nos plantamos aún sin amanecer en la base de la trapecio cimero. Teníamos todo el día por delante para llegar a la cima. Hablé con el campo base por walkie y se lo dije. ¡Esta vez no se nos puede escapar la cumbre!

– Pero en ese momento empezaron los problemas.
– Eso es. Yo me había empollado la fotos de la pirámide que me habían pasado otras expediciones. Sus corredores de nieve, sus pasos entre rocas. Los que llevan a la falsa cima y los que llevan a la cumbre. Pero confié en Alí, que ha estado dos en la cumbre. ¡Se conoce el Nanga como el pasillo de su casa! Cómo iba a pensar que se podía perder. Pero eso es lo que pasó. Nos llevaba por un corredor pero luego daba media vuelta, lo intentaba por otro y lo mismo. Alguna vez yo le avisaba ¡Alí, que por aquí no puede ser! Y volvía a rectificar. Una de las veces nos metió por en una travesía por una pala de 75 grados de hielo vivo y resulta que unos pocos metros más abajo se podía hacer andando sin problemas. Y cuando por fin pareció dar con el camino bueno, de repente, se sentó y dijo medio llorando «por aquí no podemos llegar a la cumbre. El camino está al otro lado. Tenemos que volver al campo IV».

Abriendo huella.

– No era muy tarde. ¿No había opciones de seguir?
– En ese momento nos quedamos en estado de shock. Reconozco que no supe como reaccionar. Podía haber llamado al CB, desde nos veían con el telescopio, y haberles pedido que no indicasen el camino. O habernos sentado un momento para reflexionar sobre lo que hacer, aunque a 40 bajo cero y a casi ochomil metros tampoco estábamos para muchos debates… Pero, sinceramente, en ese momento no reaccione y para cuando me di cuenta Ali y Danielle estaban ya descendiendo.

– No se planteó en ese momento ir solo para la cumbre?
– Claro que sí. Eran todavía las ocho de la mañana y teníamos todo el día por delante. Pero también tengo que reconocer que me dio un poco de miedo tirar para arriba yo solo.

– ¿Y al día siguiente?
– Me pase toda la noche dándole vueltas porque sentía que habíamos dejado escapar una oportunidad única, con la idea de volver a intentarlo a la mañana siguiente. Pero viendo todo lo que pasó está claro que tirar para arriba hubiese sido una locura. Las opciones eran o hacer cumbre o no volver todos. Y ante eso, me alegro de la decisión tomada. Hemos vuelto todos a casa y sanos. Y al final eso es lo verdaderamente importante.

– ¿Cuándo se dieron cuenta de que Alí estába sufriendo un edema cerebral?
– De vuelta al C-4 empezó a sentarse cada poco tiempo, algo extraño conociendo su fortaleza. Luego, ya en la tienda, le notamos algo torpe. Pero ya fue evidente a la mañana siguiente, cuando de repente se echó a llorar diciendo que necesitaba electricidad y confundió los calcetines con las manoplas. Ahí nos dimos cuenta de la gravedad de la situación. Recogimos todo con urgencia y empezamos perder altura todo lo rápido que pudimos.

Camino del muro Kinshoffer.

– ¿Cómo se explica que un alpinista aclimatado y con la experiencia de Alí sufriera un edema?
– Lo tengo muy claro. Fue por las tres semanas que estuvimos parados en el CB por el mal tiempo. Eso y que es un campo base muy bajo, a apenas 4.000 metros, nos hizo perder aclimatación, y Alí se resintió. Incluso a Danielle se le notó algo ido en algunos momentos a la vuelta del ataque a cumbre. Y a ello hay que añadir el palizón que nos dimos hasta el campo 4. Hasta el CI tardamos casi 11 horas con nieve hasta el pecho. Llegar al C-2 nos llevó dos días, escalando a pelo porque las cuerdas estaba enterradas en hielo. Ya la noche sin poder dormir por el viento. Lo mismo que en C-3. Y al C-4, el día antes del ataque acima, llegamos a las 6 cargados con 25 kilos a la espalda. Y a la una de la madrugada arriba para ir a la cumbre… fue muy duro. De una exigencia física brutal.

– Nunca nadie había estado tan cerca de la cima en el Nanga en invierno. La Kinshoffer parece la mejor vía.
– Había habido ya algún intento por esta misma vía, pero creo que hemos dejado claro que la mejor vertiente para hacer cima en invierno es la Diamir y la mejor ruta, la Kinshoffer. Lo que pasa es que hay que tener dos cojones y trabajarla. Equiparla y meter 2.000 metros de cuerda. Y eso es un trabajo muy duro, más de lo que la gente se piensa. Porque muchos dicen «es que montáis un teleférico…». Y yo les digo, «ponte a trabajar, hazlo y luego me dices». Y encima en las condiciones que íbamos. Sin partes metereológicos, practicamente con lo puesto…

– Pero la sensación que han trasmitido es que parecía sencillo.
– ¿Sencillo? Pues me gustaría ver allí al que piensa eso. ¿Tu sabes lo que es escalar el muro Kinshoffer totalmente congelado con una mochila de 25 kilos a la espalda? Las hemos pasado muy putas. Pero mucho. Y nos hemos currado la montaña desde el campo base. Y en unas condiciones jodidísimas. Y eso es algo que no me lo quita nadie. Y el que crea que ha sido fácil que coja el invierno que viene y se vaya para allí.

La ruta.

– ¿Volverá a remata la faena?
– Sí. El año que viene voy a volver, con Ali de nuevo. Quizá también danielle, aunque lleva tres invierno seguidos en el Nanga y eso pesa mucho. En todo caso con un equipo pequeño otra vez, aunque cambiaremos la estrategia. Iremos bastante antes. Para estar en el CB a mediados de diciembre como muy tarde, porque en la primera parte del invierno el tiempo es mucho más estable. Solo hace falta que el Nanga acompañe…

– A qué se refiere?
– A que el tiempo y las condiciones sean mejores.

– ¿No lo han sido este invierno?
– No. No han estado bien para nada. Lo que pasa es que lo hemos peleado y ha parecido que lo hemos hecho fácil, pero en absoluto. El otro día hablando con un amigo me lo decía «Si habéis ido fenomenal, como si hubies sido en verano». Pero es que hemos apretado mucho. Cuando en verano se tardan dos horas del base al C1 y nosotros hemos tardado diez horas es por algo. Lo que pasa es que no nos hemos achantado. Hemos estado ahí, dándole duro continuamente. Y si en el CB la temperatura llega a 25 bajo cero es porque hace frío de verdad. Las condiciones no han sido nada buenas. El invierno ha sido bueno hasta que llegamos al CB.

 

El equipo: Alex Txikon, Alí Sadpara, Muhammad Khan y Danielle Nardi.

 

Fotos: Colección Alex Txikon

Txikon llega al campo 1 tras abrir huella hasta la cintura

2015 febrero 27
por Fernando J. Pérez

Primera etapa cumplida. Alex Txikon y sus compañeros ascendieron ayer al campo 1 (5.050 m.) dentro de su intento de lograr la primera invernal al Nanga Parbat (8.125 metros). Pese a ser terreno de sobra conocido, la jornada distó mucho de ser un paseo. Salieron del campo base a las seis de la mañana y tardaron casi ocho horas en alcanzar las tiendas en un recorrido que lo han llegado a hacer en la mitad. La culpa, la nieve caída estos días atrás: «Ha habido tramos en los que nos cubría hasta la cintura», explicaba el alpinista.

También fueron testigos de alguna que otra avalancha en los alrededores del camino recorrido. Pero una vez alcanzado el C-1 les tocó la segunda parte del trabajo: dar con las palas allí depositadas y desenterrar las dos tiendas que habían montado hace diez días, cuando equiparon la ruta hasta el campo 3. En total, una ‘propina’ de tres horas de paleo para destapar las tiendas.

Txikon, con diez “ocho miles” en su haber, busca ser el primer montañero en hollar en invierno el Nanga (Pakistán). Para ello, forma cordada con el alpinista local  Ali Sadpara y el italiano Daiele Nardi. También ascieden con ellos, aunque formando otra cordada, el también alpinista paquistaní   Muhammad Kan y los tres iraníes  Mahmood Hashemi, Iraj Maani y Reza Bahadorani.

Mañana seguirán hasta el campo 2 (6.000 m.) en una jornada en la que deberán superar el muro Kinshoffer, una pared vertical de 200 metros de roca y hielo y el tramo más técnico de toda la ruta, a la que da nombre. Txikon, ‘Sadpara’ y Nardi cuentan allí con una tienda que instalaron durante el periodo de aclimatación. La incógnita es el estado en el que se encontrará tras una semana fuertes vientos e intensas nevadas.

Día a día pretenden ir avanzando de un campo a otro. Para el domingo esperan alcanzar el C3, a 6.700 metros, altura máxima a la que ha llegado el grupo y donde Txikon, Ali y Nardi cuentan con un depósito de material. Al día siguiente llegarían al C4 (tramo éste todavía sin equipar) y, si todo va bien y se cumplen los partes meteorológicos, el martes, con el miércoles de reserva, sería el día de cumbre.  Estos días están realizando la ascensión con nevadas, nubes y viento medianamente fuerte, pero para esas dos jornadas se esperan vientos débiles, de 20km/h o menos, y temperaturas que rondarán los -35/-40ºC, aunque pueda parecer lo contrario, unas condiciones perfectas para atacar la cumbre en pleno invierno de la conocida como la ‘Montaña Asesina’.

 

El grupo de Alex, en plena ascensión hacia el campo 1.


Tres imágenes de Alex abriendo huella.

 

Restos de una avalancha en la ruta de los alpinistas. A la derecha, las cuerdas fijas.

Fotos: Alex Txikon

 

 

 

 

El grupo de Alex Txikon, en plena ascensión hacia el campo 1.

Alex Txikon ya está en el campo base del Nanga Parbat y ha decidido ruta: Kinshofer

2015 enero 27
por Fernando J. Pérez

Alex, Ali y Khan, con el Nanga detrás.

Alex Txikon ya duerme a los pies de su objetivo durante los dos próximos meses. El alpinista vizcaíno llegó el domingo al campo base del Nanga Parbat (8.125 m.), situado a 4.1200 metros de altitud, y ha comenzado ya a perfilar la estrategia que le lleve a convertirse en el primer alpinista en hollar en invierno este ochomil, uno de los dos únicos aún virgen, junto al K2, en esta estación del año. De momento, su primera decisión ha sido decidir la ruta a seguir. La elegida es la vía Kinshofer, la ruta ‘clásica’ de esta montaña, que discurre por la derecha de la pared Diamir. «Aunque se ve muy helada y seguro que dura de pelar, parece menos expuesta a los aludes que la Messner», justifica Txikon.

Pero antes, el alpinista vasco deberá recuperarse de la fuerte gastroenteritis que padece desde su llegada a Pakistán. Deberá ser rápido, porque los partes meteorológicos anuncian una ventana de buen tiempo desde hoy y hasta el fin de semana que Alex y sus dos compañeros de cordada, los paquistaníes Ali Sadpara y Muhammad Khan, quieren aprovechar. Su primer objetivo es abrir huella hasta el campo 1, lo que les servirá para iniciar la aclimatación y establecer allí un primer depósito de cuerdas y material.

Mientras tanto, las nubes, la nieve, el frío y las vomitonas han acaparado el protagonismo durante estos primeros días en el campo base del Nanga Parbat.

Tras partir de Islamabad el día 20 y atravesar la Karakorum Highway con escolta policial incluída, Alex Txikon y su equipo de apoyo llegó el mediodía del miércoles 21 a Chilás, principal ciudad de la comarca donde se encuentra el Nanga Parbat y desde donde parten las expediciones hacia la montaña. Allí le esperaban los compañeros de expedición, los paquistanís Ali Sadpara y Muhammad Khan. Dos días de estancia allí sirvieron para cumplir con los compromisos burocráticos ineludibles (visita al delegado de turismo y visita al oficial de policía), gestionar todo lo referente a las cargas y los porteadores, pero también para enfermar: Alex Txikon arrastra desde entonces una severa gastroenteritis que le ha complicado la marcha de aproximación pero de la que espera recuperarse en breve. No en vano, no es la primera vez que le ocurre en Pakistán, y sabe que se trata de cuidar la alimentación, hidratarse bien y ser paciente durante algunos días.

El 23 de enero reanudaron la marcha, esta vez en todoterreno, hasta Diamarow, punto de partida de la marcha de aproximación a pie. Unas 4-5 horas diarias de caminata durante tres días, pasando por las aldeas de Zaweri y Cutgali, hasta alcanzar los 4.100 metros de altura y establecer el que será el campamento base para los próximos dos meses. Estas primeras jornadas han servido, precisamente, para poner todo a punto en este CB (siempre batallando contra las frías temperaturas que por la noche caen hasta los –15ºC), y planificar una primera jornada de trabajo.

Mientras la esperada mejoría del tiempo llega,  Alex, Ali y Khan han recibido hoy la visita de Danielle Nardi. El italiano ha proporcionado al de Lemoa algunos medicamentos para el estómago y le ha transmitido su voluntad de intentarlo una vez más por la Mummery Ridge a pesar de que, tras la marcha del polaco Tomek y la francesa Elisabeth Revol, se encuentra solo para escalar. Afirma que lleva tres inviernos intentándolo aquí y dice que las condiciones que se ha encontrado este año son bastante mejores que en anteriores ocasiones.

Por último, para mañana se espera la llegada de otra expedición a este campo base. Se trata de tres escaladores iraníes que, a priori, comparten las mismas intenciones respecto a la ruta y las fechas que el trío formado por Alex, Ali y Khan.

elcorreo.com

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