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El Everest de los siete mil

2013 junio 3

El Techo del Mundo celebra los 60 años de la ascensión de Hillary y Tenzing convertido en un «trekking a la ‘Zona de la muerte’»
El jueves se cumplieron sesenta años desde que Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieran en los primeros seres humanos en pisar el punto más alto de la tierra, la cima del Everest. La gesta fue todo un hito no ya para el alpinismo, sino para la exploración humana. La culminación de un anhelo perseguido desde principios del siglo XX por unos hombres que buscaban los límites de lo desconocido, tanto en lo geográfico como en lo personal.

Sesenta años después de aquel 29 de mayo de 1953, la cima del Everest, un montículo de apenas diez metros cuadrados cubierto de nieve y repleto de banderas budistas y recuerdos de toda índole, ha recibido en poco más de 20 días la visita de 644 personas, la mayor cifra en una sola temporada. El Techo del Mundo tenía un nuevo récord. Uno más. Porque en eso se ha convertido el Chomolungma –su hombre en tibetano– en la última década: en el escenario de todo tipo de plusmarcas. Unas tan ridículas como ser el primer hombre en realizar una videoconferencia desde su cima; otras de superación personal, como la primera mujer con un pie amputado o el primer hombre sin manos; y algunas más –las menos– con un cierto valor alpinístico, como el primer encadenamiento, sin pasar por el campo base y en tres días, de las tres grandes cumbres que rodean el Valle del Silencio: Nuptse, Lhotse y Everest. Eso sí, conseguidas con la ayuda del oxígeno artificial.

Y es que ahí está la clave de que el Everest acumule ya casi siete mil ascensiones (6.842), casi la misma cifra que suman el resto de los ochomiles. El uso de aire artificial convierte los 8.848 metros del Techo del Mundo en el equivalente a una montaña de poco más de 6.500 metros. Si a ello le añadimos que la colocación de cuerdas fijas por parte de los sherpas permite a los ‘ascensionistas’ ir agarrados a un pasamanos desde el campo base hasta la misma cumbre, se comprende que Reynhold Messer, considerado el mejor himalayista de todos los tiempos, haya rebautizado la escalada al Everest con un «trekking a la ‘Zona de la muerte’».

A estas alturas, lo que menos cuenta es el precio de esta masificación, un goteo de muertes que esta temporada ha llegado a nueve. La de unos de ellos, el ruso Alexei Bolotov, puso fin a una de las dos únicas expediciones que este año tenían verdadero interés alpinístico: el intento de abrir una nueva vía en alpino. La otra, protagonizada por Simone Moro y Ueli Steck, también tuvo un final precipitado tras el intento de linchamiento a casi siete mil metros por parte de un grupo de sherpas celosos de su trabajo de fijar cuerdas.
«El turismo global finalmente también ha alcanzado la cima del Everest», proclama el siempre lenguaraz y provocador Messner. «El turismo de masas no sólo ha alcanzado el pico más alto del mundo, sino que se lo ha apropiado. La montaña más alta del mundo se ha convertido en un bien comercial».

Elizabeth Hawley, la anciana periodista que lleva cuarenta años dando validez a las ascensiones a ochomiles, reconoce esa comercialización, aunque no lo ve como algo negativo. «Efectivamente, ahora la gente sube el Everest en lugar de ir de crucero. Si ayuda a sus comunidades y a su ego… ¿Por qué no?», afirma la octogenaria registradora.

El propio Messner ha abogado en alguna ocasión por limitar el número de expediciones. Otros han reclamado la prohibición del oxígeno artificial. El Gobierno de Nepal no quiere ni oír hablar de eso. El turismo del Himalaya es su principal fuente re riqueza. Sólo las expediciones al Everest aportaron en 2012 diez millones de euros a las arcas de uno de los Estados más pobres del mundo. Y cada montañero que escala el Everest proporciona empleo directa o indirectamente a entre diez y quince personas.

Y los sherpas, tampoco. Son conscientes de que se han convertido en una especie de ‘conseguidores’ de sueños para alpinistas novatos y se sienten dueños del Everest. «Muéstrame a alguien que quiera ascender y veremos qué hacer», dijo hace unos días Pemba Doryi tras atar al nepalí Sudarshan Gautam a su cuerpo y ayudarle a convertirse en el primer hombre con los dos brazos amputados que hollaba la pista principal de un circo llamado Everest.

El alto tributo de la masificación

La popularización del Everest se ha extendido a buena parte del resto de ochomiles. Pero con una diferencia. En ellos no hay un regimiento de sherpas que cose la montaña de arriba a abajo con cuerdas fijas ni centenares de bombonas de oxígeno por toda la ruta a las que poder recurrir en caso de emergencia. El resultado de todo ello es que este año, por primera vez, ha habido fallecidos en todos los ochomiles nepalíes, salvo el Annapurna. En el Kangchenjunga, por ejemplo, de los once alpinistas que hicieron cima, cinco fallecieron en el descenso.

Pero quizá el caso más sangrante sea el de la japonesa Chijuko Kono en el Dhaulagiri, tristemente famoso esta semana por el rescate fallido de Juanjo Garra. Durante el descenso, su compañero de expedición, Manuel González ‘Lolo’, vio de lejos a una persona cuando estaba a unos 7.500 metros de altitud «y empecé a pedirle ayuda ‘help me, help me’; llegué hasta su altura y vi que era la japonesa, moribunda». No podía hacer ya nada por ella. «Tuve que hacer de tripas corazón y seguir bajando, porque mi situación tampoco era como para echar flores. Después, ya cuando pasaron los del rescate, la vieron fallecida».

La alpinista japonesa tenía 67 años y había hecho la ascensión con dos sherpas, uno por delante tirando de la cuerda y otro por detrás empujándola. «Toda su aclimatación había sido subir al French Pass (un paso a 5.355 metros cerca del Dhaulagiri) y darse cuatro vueltas por el glaciar y salió enchufada con oxígeno desde el campo base. Cuando se le acabaron las bombonas, se le acabó la vida».

Los récords de 2013:

-Primera ascensión a Nuptse, Everest y Lhotse sin pasar por el campo base, por Kenton Cool (GBR) y Dorje Gylgen (NEP). Con oxígeno artificial.
-Primera doble ascensión por la vertiente sur y la vertiente norte en la misma temporada, por David Liaño.
-Ascensión de más edad. Yuichiro Miura (JAP), de 80 años.
-Primera videollamada desde la cima. Dan Hughes (GBR).
-Mayor número de cumbres por una sola persona (21): Phurba Tashi (NEP).
-Mayor número de cumbres por un alpinista no nepalí (15): Dave Hahn (EE UU).
-Primer coreano en ascender sin oxígeno artificial, Kim Chang-Ho. Al hacerlo logró también el récord de ascender los 14 ochomiles en menos tiempo: 7 años, 10 meses y 6 días.
-Primer doble amputado (dos brazos), Sudarshan Gautam (NEP).
-Primera mujer amputada (una pierna), Arunima Sinha (IND).
-Menor edad en grupo: 6 hindúes de 16 años.
Primeras nacionales:
-Mujeres: Samina Baig (Pakistán), Raha Moharrak (Arabia Saudí), Edita Nichols (Lituania).
-Hombres: Mohammed al Thani (Catar), Raed Zidan (Palestina), Leifur Orn Svavarsson (primer islandés por la cara norte).

La india Arunima Sinha, primera mujer en hollar el Everest con una pierna amputada, en la cima, repleta de montañeros, el pasado día 28. (AFP)

Varios alpinistas progrensa por la ruta del Collado Sur cerca ya de la cima. (AFP)

 

elcorreo.com

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