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“El día que murió Iratxe tenía programada una excursión en Gredos y la suspendí por mal tiempo”

2013 abril 8

El fallecimiento de la montañera vizcaína Itxaso Urrutia el pasado Viernes Santo en la sierra de Gredos por agotamiento e hipotermia durante una excursión del Club Alpino Bilbao ha causado un profundo impacto en el mundo de la montaña. El desgraciado incidente ha puesto sobre la mesa la labor de los organizadores y responsables de esas excursiones  de club, que se cuentan por cientos cada fin de semana en toda España. Solo en el País Vasco, los más de 250 clubes adscritos a la Federación Vasca organizan más de medio centenar de actividades y salidas de montaña cada semana.
La legislación vigente no exige que esas excursiones, ya sean de un día o de varios, cuenten con responsables profesionales. Para ellas existe la figura de los llamados guías ‘benévolos’, personas con una preparación técnica básica, sin cualificación profesional y que no cobran por esa labor. En un nivel claramente superior se encuentran los guía profesionales de montaña, con una preparación y titulación de reconocimiento internacional y reunidos en la Asociación Española de Guías de Montaña (AEGM).
Raúl Lora (35 años), guía profesional desde hace casi una década, es miembro de su junta directiva y responsable de su Comisión Técnica de Alta Montaña. Aunque nacido en Toledo, ha desarrollado toda su labor profesional en la sierra de Gredos. Vive en Hoyos del Espino, en el mismo corazón del macizo, y trabaja en la Escuela Alpina de Gredos. Conoce a la perfección la ruta donde falleció Iratxe, que cataloga de “senderismo invernal”, y vivió muy de cerca lo sucedido. Tanto que ese mismo día tenía previsto realizar una salida con clientes por la zona y la suspendió debido las malas condiciones meteorológicas.
– ¿Se cometieron errores en la planificación y desarrollo de la excursión del Bilbao Alpino?

Raúl Lora

– Es muy delicado y complicado entrar a juzgar si hubo errores o no. Sobre todo cuando no contamos con el 100% de la información, que solo la tendrá el juez cuando reúna las versiones de todos los implicados. Mi valoración con la información que tengo es que yo, el día del incidente, el Viernes Santo, tenía una actividad programada en Gredos y la suspendí por mal tiempo, porque consideré que las condiciones no eran suficientemente buenas para realizarla. Así que en una actividad de características similares creo que se tenía que haber tomado la misma decisión. Yo entiendo que los grupos de montaña vienen con un programa organizado y quieren cumplirlo todo lo posible, y a veces surgen presiones para lograrlo. O porque el organizador se las autoimpone o de los participantes. Al final toda esa presión hacen que se tomen decisiones que no son lo más correctas. En este caso, esas presiones, más otras circunstancias que se fueron dando, tuvieron el lamentable resultado que conocemos.
– O sea que las condiciones de ese día no eran para realizar una actividad como la que hizo el grupo del Alpino Bilbao.
– Al menos para un grupo de diecinueve personas, que no se mueven con la misma fluidez, y por lo tanto con la misma seguridad, que un grupo de dos, tres o cuatro personas. Y encima un grupo en el que algunas personas solo se conocían desde dos días antes y no se sabía cómo iban a reaccionar en circunstancias como las que vivieron.
– En casos así el grupo debe esperar al más lento o eso puede aumentar el riesgo de más personas?
– Como primera premisa hay que tratar de mantener el grupo unido en todo momento. Aunque después, si surgen problemas como los que esta gente se encontró, hay que ir tomando decisiones en función de las circunstancias. Por ejemplo, nosotros, en nuestra empresa, al igual que otros compañeros que trabajan en la zona de Gredos, para un grupo de 20 personas vamos dos guías, de forma que si una persona se pone enferma, este muy cansada o tiene un accidente o una lesión, un guía puede seguir con el grupo y el otros se se queda con la persona que ha sufrido el problema a la espera de la ayuda.
– El grupo de Bilbao solo llevaba a un responsable para 30 montañeros.
– Cuando para empezar no partimos de esa distribución, de esa ratio, entre participantes y guías, ya tenemos la primera circunstancia negativa. ¿Qué hacer en esa situación? Hombre, las cosas se complican bastante, pero al menos hay que intentar no perder el control del grupo. Quiero decir, que sepas en todo momento donde esta todo el mundo. Y si en una situación extrema decides que tienes que dejar a alguien con una persona accidentada, que sea de tu absoluta confianza o tenga más experiencia que los demás. Y que al menos sepas exactamente donde están y lo que puedes tardar en ir a buscar ayuda y volver mientras llevas al resto del grupo a un lugar seguro. En definitiva, que todo el grupo esté bajo tu control, aunque sea imposible que todos estén al lado tuyo.
– O sea que la ratio de dos guías como mínimo para un grupo de veinte personas lo tenéis claramente establecido.
– Eso es. La verdad es que los decretos de turismo activo que existen en varias comunidades autónomas no dicen nada con absoluta claridad al respecto. No marcan concretamente cuál debe ser la ratio recomendada de participantes por día en función del nivel técnico de la actividad. Pero en este tipo de excursiones, la ratio que solemos utilizar es un guía por cada diez o doce participantes. Es lo habitual entre guías titulados. Lo que pasa es que como hay tal abanico de oferta de actividades por parte clubes, asociaciones, federaciones, etc, te puedes encontrar casi cualquier cosa.
– ¿La AEGM es partidaria de obligar a que los clubes lleven guías titulados en sus actividades?
– Yo creo que no hay por qué obligar a que un club contrate siempre a un guía titulado. Hay actividades que entran dentro de la capacitación del técnico más básico para deportes de montaña. Pero desde luego si yo fuese el responsable de un club y fuera a hacer una actividad en la que hay un mínimo de riesgo y de compromiso por su dificultad técnica, longitud o desnivel del recorrido, contrataría un profesional. Primero porque me aseguro un servicio profesional. Y segundo porque además delego la responsabilidad en esa persona, ya que está obligado a tener unos seguros de responsabilidad civil y de accidente.
– ¿Es normal una imputación tan rápida como en este caso?
– Aunque no es lo más frecuente, en estas condiciones y con estas circunstancias es lógico entender que la Guardia Civil haya imputado con tanta rapidez a ese monitor ‘benévolo’, que es el concepto exacto que define a la persona que iba de responsable en ese grupo. Me parece razonable.
– Los alpinistas más experimentados suelen afirmar que en la montaña no hay accidentes, sino malas decisiones o imprudencias. ¿Está de acuerdo?
– No me parece que sea excesivamente radical esa afirmación. Hombre, meter el cien por cien de los casos dentro de esos dos tipos de calificaciones quizás es mucho decir, pero sí es verdad que un porcentaje muy alto de los accidentes se generan por errores, malas decisiones o similares.
– La mujer fallecida llegó a rechazar inicialmente la ayuda ofrecida por el grupo que la encontró. ¿Dentro de la responsabilidad del guía está conocer el estado de las personas a las que acompaña?
– Sí. Un guía debe ser consciente del estado físico y anímico de las personas que forman parte de ese grupo. Y tiene que ser capaz de valorar en cada momento cómo se encuentran. Porque de ello va a depender después su respuesta en determinadas situaciones, cuando por ejemplo sea necesario que vayan más rápido o realicen una maniobra técnica.
– ¿Qué consejos básicos daría a los grupos que van al monte?
– En cuanto a los organizadores, yo les recomendaría que contratasen guías profesionales, que contrasten su titulación en la web de la asociación y si están capacitados para la actividad para la que se le está contratando. De esa manera, delegan prácticamente toda la responsabilidad en ellos. Que se aseguren también que ese guía tiene seguro de responsabilidad civil y que contraten un seguro de accidente para los participantes. Después, que traten de organizar las actividades con una ratio entre participantes y monitores o guías adecuado. Es decir, en torno a 1×10 o 1×12 en actividades de senderismo, mientras que en actividades técnicas de alpinismo invernal la ratio tiene que ser de 1X2 o 1×3. Y de 1×4 si nos referimos a cursos de alpinismo. En definitiva, que esa ratio se adapte a la dificultad técnica de la actividad. Y por último, que traten de que el grupo sea lo más homogéneo posible, aunque esto siempre es difícil.
– ¿Y en cuanto a los participantes?
– Que se informen bien del tipo de actividad en la que van a participar, los servicios que están contratando, quién va a dirigir esa actividad y qué seguros la cubren. Porque aunque normalmente nunca pasa nada, cuando pasa es necesario que existan ese tipo de coberturas.
– ¿Por qué en España no existe una tradición de guías como por ejemplo en Francia?
– Hay varios motivos. Por una parte hay un aspecto cultural notable, y es que el carácter predominante en España es el latino, que tiene diferencias respecto a la forma de actuar de la gente en el centro y el norte de Europa. Creo que se entiende lo que quiero decir. Además, la contratación o no de guías de montaña va unido al desarrollo social y cultural de una zona o un país. El alpinismo como actividad deportiva nació en los Alpes a mediados del siglo XIX, y el desarrollo social y cultural de España en esa época era mucho menor que en Francia. La gente cuando todavía no tiene asegurada las necesidades primarias no se ocupa de su ocio. Así que la contratación de guías queda relegado a un plano totalmente secundario,. En España, por suerte, en las últimas décadas ha habido un desarrollo que ha permitido a la gente dedicar más tiempo al ocio, así que en este tiempo el desarrollo tanto de la profesión de guía de montaña como de otras similares ha sido notable. ¿Que aún no llega a ser la misma como en otros países de Europa? Es evidente, como en tantas otras cosas, si comparamos nuestro país con los que están más al norte de Europa. Pero de lo que se trata es que estemos en la buena línea. Y de que poco a poco las cosas apunten a la mejor opción, la más sensata y coherente.
– ¿Cuales son las reivindicaciones principales de los guías de montaña españoles para reivindicar esta actividad en su aspecto más profesional?
– Ya he dicho antes que no soy partidario de obligar a nadie a casi nada, y en este caso creo que no hay que obligar a nadie a contratar un guía. Pienso que como en cualquier otro servicio, es el cliente el que decide contratarlo cuando el lo estime oportuno. Cuando considera que necesita un guía para aprender unas técnicas o para hacer una ascensión o una escalada. Así que pienso que no tiene que ser obligatorio. En cuanto a  relación con instituciones públicas o federaciones, la AEGM tiene muy buenas relaciones con todas ellas. Ya existen en España algunos decretos de regulación de turismo activo que obligan a las personas que ejercen ciertas profesiones dentro de este campo, como guías de montaña, monitores de rafting o parapente, a cumplir una serie de requisitos. Esto se da en comunidades como Castilla y León, Aragón, Cataluña o Castilla-La Mancha. En ese sentido, lo que podemos pedir es que esas regulaciones sean lo más homogéneas posibles en todas las comunidades, que las hubiese en todas las comunidades, como Madrid, por ejemplo, que es una de las que mayor población tiene y no cuenta con regulación de ese tipo. Y luego hacer que se cumplan esas regulaciones. Porque de nada sirve que las instituciones redacten decretos de regulación del turismo activo si luego no se hacen cumplir. De todas formas, creo que las cosas van avanzando mucho más rápido  de lo que a nosotros nos parece, aunque también menos de los que nos gustaría, y en una línea cada vez más positiva.
– ¿A dónde se tiene que dirigir alguien que quiera contratar a un guía?
– Hoy en día, en Internet pueden encontrar un montón de guías profesionales, o  empresas que tiene contratados esos guías profesionales con su titulación correspondiente. Y si quieren tener más garantías, pueden ver su perfil profesional y titulación en la web de la asociación.
– ¿Todo los guías de montaña españoles están asociados a la AEGM? ¿Funciona esta como un colegio profesional?
– No están obligados a ser socios, pero la realidad es que la gran mayoría de los guías son miembros de la asociación porque el estar en ella te ofrece una serie de ventajas y garantías por las que resultar rentable ser socio por la cuota anual que pagas. Por ejemplo, A los guías con el título de alta montaña se les da una acreditación internacional, la UIAGM, y a los guías de media montaña, se les da la acreditación internacional de la UIMLA, que se dan a través de la Asociación Española. Es decir, para tener esos títulos acreditativos a nivel internacional hay que ser socios de la AEGM.

Raúl Lora en la cima del Island Peak.

elcorreo.com

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