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Iker Karrera: «Nadie conoce sus límites; lo que sí sé es que quiero buscarlos»

2013 enero 10
por Fernando J. Pérez

Iker Karrera (1974) es de esos casos en los que el nombre parece marcar el destino de la persona. Correr es su estado natural. Y hacerlo en la montaña, su pasión. No podía ser de otra forma para este ingeniero agrónomo nacido a los pies del Txindoki. Luego llegó el descubrimiento de que lo suyo son las largas distancias. Tanto que es a partir de 100 kilómetros cuando se siente a gusto. Pruebas que llegan a las veinte horas de carrera ininterrumpida con desniveles de hasta quince mil metros. El resto de su historia se escribe con las palabras entrenamiento y disciplina. Hasta convertirse en unos de los mejores corredores de ultrafondo en montaña del mundo. Y el mejor no profesional. Su palmarés no ha dejado de crecer hasta completar en 2012 su mejor temporada con cinco victorias en siete carreras disputadas. O lo que es lo mismo, mil kilómetros de competición con 40.000 metros de desnivel acumulados.
Mención aparte merecen sus retos personales. Su indómito espíritu de montañero le lleva a marcarse objetivos más allá de las carreras con un indudable componente de aventura. El último ha sido la Alta Ruta Chamonix-Zermatt, también conocida como la Ruta de los Glaciares puesto que en sus 115 kilómetros se cruzan 12 glaciares, con un desnivel acumulado de 15.400 metros. Tardó 21 horas y 20 minutos en solitario y ‘non-stop’. La única referencia que existía hasta entonces eran 18h.50’ con esquís.

– ¿Cuántos kilómetros hace al año?
– Nunca he llegado a contabilizarlos. En 2011 empecé a apuntarlo pero entre que una semana estás fuera y otra se te olvida, al final lo dejé. Desde luego son muchos, y también de desnivel. Pero hace dos o tres años hacía más. Esta temporada he metido menos en cantidad pero más en calidad. Por ejemplo, diez horas sólo he hecho en carrera. Quizás la clave esté más en mantener un volumen de trabajo regular. Una vez que tienes esa base y alcanzas un nivel, meter demasiados kilómetros no aporta nada y sólo supone un desgaste que pasa factura en las carreras y aumenta el riesgo de lesiones.

– ¿Cómo es un día de Iker Karrera?
– Me levanto a las seis, desayuno y para las siete ya estoy trabajando. Al mediodía como, vuelvo a trabajar y a media tarde voy a entrenar. Dependiendo de lo que toque, corro un par de horas, si es un entreno corto, de chispa, o tres o cuatro si toca de más volumen. Y después de entrenar, a casa a cenar y ya está. Luego, los fines de semana, siempre que puedo salgo fuera, Pirineos o así, y dependiendo del momento de la temporada entreno entre cuatro/cinco y siete/ocho horas cada día.

– ¿Se siente más montañero o más corredor?
– Sobre todo montañero, pero bueno, por circunstancias ahora estoy en las carreras. Siempre me ha gustado correr. Desde pequeño. Y en casa entre los hermanos competíamos. Disfruto corriendo, pero de lo que realmente disfruto es de la montaña, en todos sus aspectos.

– Comenzó a correr en asfalto.
– Porque la modalidad de montaña no existía. Y en el momento en el que empezaron me pasé a ellas porque vi que no sólo me gustaban y disfrutaba más, sino que funcionaba mejor.

– Sin embargo, entre 2007 y 2009 hizo un paréntesis para volver a sentirse montañero.
– Es que como no vivo de esto, tampoco quería estancarme y limitarme a hacer una carrera tras otra, que al final puede hacerse repetitivo y pierdes motivación.

– Hasta que encontró un nuevo aliciente: la Ehun Milak.
– Realmente suponía un salto en las carreras de montaña. Significaba superar una barrera que no conocía. La probé en 2010 y fue un desastre. Me tuve que retirar. Fue una lección porque tenía tantas ganas y la preparé tanto que me pasé de rosca en los entrenamientos. Fue una gran cura de humildad. Iba primero con casi dos horas de ventaja, pero si hubiera terminado no habría aprendido tanto.

– En la última Hiru Haundiak rebajó en dos horas el récord de la prueba, la más emblemática en Euskadi. ¿Se puede mejorar más?
– Sin duda. Si no llego a cometer el error de llevar una frontal nueva sin testar lo hubiera logrado. Empezó a fallar de madrugada y al inicio de la subida al Anboto me caí y me hice una brecha en la ceja. Desde allí hasta el siguiente avituallamiento fui sin apenas luz. Calculo que perdí una media hora.

-No le gusta repetir carreras y en cambio todos los años realiza retos en solitario al margen de ellas. ¿Le aburre la competición?
-A ver. Yo no soy profesional. Yo no vivo de esto. Y desde esa perspectiva no busco exclusivamente resultados. Busco otras cosas. Y cuando he hecho una carrera, salvo que no haya quedado satisfecho con mi rendimiento en ella, prefiero no volver. Lo que intento en el momento en el que estoy ahora, y no sé si la ola durara mucho o poco, es sacarle el máximo partido e intentar vivir lo máximo posible. Así que entiendo que los profesionales, los que viven de esto y tiene que ir a resultados y a premios, tengan que repetir, pero no es mi caso. Yo busco otras cosas. Que incluyen que el concepto ‘todo controlado’ de una carrera implica pérdida de aliciente para mi.

-Y es cuando aparecen sus retos personales.
-Es que esa mentalidad montañera que tengo dentro me lleva a buscar también un punto de aventura que consigo en los retos,. De no saber lo que puedes encontrar o de tener que hacer un trabajo previo de organización, preparación y logística. Me gusta hacer ese ejercicio mental y por eso intento hacer otras cosas.

-Entonces el año que viene habrá otro reto como la Chamonix-Zermmat del verano pasado.
-Me gustaría desde luego, pero aún no tengo nada pensado. Ideas tengo un montón, pero luego se tienen que dar las circunstancias y no siempre es fácil.

-Qué le aporta las carreras y qué los retos?
-Lo que quiero dejar bien claro es que yo en ningún momento pretendo ser ejemplo para nadie ni dar consejos a nadie. Yo lo que digo y experimento me sirve a mí y solo a mí. Y puede que a otros no les sirva o no les guste. Dejando claro eso, creo que también en esto de las carreras por montaña hay un mundo de posibilidades en el que la imaginación y la creatividad te puede llevar hasta donde tú quieras, sin depender o necesitar que nadie haga por ti ese trabajo de organización o preparación. Uno puede correr por el monte, hacer cosas bonitas, descubrir montañas, recorridos, caminos, lo que sea, fuera de las carreras. De hecho, hay un montón de caminos que merecen correrse y están ahí, abandonados, a los que nadie va. ¿Por qué hay que esperar a que alguien organice una carrera, a que te pongan una salida y una meta? No todo se resume a una clasificación, una repercusión mediática o un reconocimiento público. A veces, una actividad que has hecho tu solo te ha satisfecho mucho más que una carrera que has ganado y ha tenido mucha repercusión.

-¿En una actividad como esta se compite más contra uno mismo que contra lo demás?
-Me niego a sumir los tópicos de competir contra uno mismo o contra la montaña. Al revés. Hay que pretender estar con ellos, no contra ellos. Tú no compites contra tu cuerpo. Todo lo contrario. De lo que se trata es de que te ayude para lograr esa meta que te has marcado. Y con la montaña pasa lo mismo. En el momento en el que comiences a competir contra la montaña has perdido. Porque siempre te va a ganar.

– ¿Qué le diría a esa gente que rechaza las carreras en la montaña?
– Poco les puedo decir. Yo disfruto con esto y no voy a decirle a nadie que lo que hago es mejor o peor que lo que hacen ellos. Lo que no acepto es que alguien diga que los que corren por el monte no disfrutamos. El monte es libre, siempre y cuando le respetes a él y al resto de los que andan por él. A partir de ahí, que cada uno vaya al monte a disfrutarlo como quiera.

– El problema quizás esté en el concepto de competición.
-Estoy totalmente en desacuerdo con esa idea de que las carreras de montaña han traído la competición al monte. La competitividad en la montaña ha existido siempre desde que el hombre acude a ellas. Porque va implícito en el ser humano. Y quizás la competitividad más agresiva que ha existido en las montañas fue en la época que paradójicamente más se utiliza como ejemplo de romanticismo. Aquellos años en los que comenzaba la conquista del Himalaya, e incluso más atrás cuando comenzaron a abrirse las grandes vías en los Alpes. En esas épocas, a pie de vía y a pie de montaña, se vieron realmente competiciones. Y más que competiciones. Esa época se nos trasmite con una visión muy romántica, en la que todos los valores eran puros y buenos. Pero no fue así. No están contando toda la verdad. Porque allí hubo hasta hostias. Literalmente se dieron de hostias. Hubo carreras por una cumbre o una pared en las que entraron hasta estados y ejércitos. Así que la competición se ha dado siempre. Siempre. Ni siquiera las carreras en montaña es algo novedoso. A primeros del siglo XX ya había gente que corría y competía en el monte. Se ha dado siempre. Así que lo que no acepto es que se diga que hemos traído la competición al monte. Ha existido siempre.

-De qué logro personal está más orgulloso.
-Yo creo que por todo lo que supuso, el Ultra Trail de Mont Blanc de 2011 [2º clasificado por detrás de Kilian Jornet y récord como mejor debutante] fue un punto de inflexión importante en la considerada como carrera de montaña más importante del mundo. Hasta ese momento iba un poco de tapado, se puede decir que era un segundón, y esa carrera supuso darme cuenta de que podía competir al mismo nivel con los mejores del mundo. Así que en cuanto a autoestima y autoconfianza, supuso un punto importante y desde esa carrera las cosas cambiaron. De hecho, esta temporada ya he ido a las carreras como jefe de filas del equipo. Con la responsabilidad que eso supone.

-¿Y en Euskadi le veremos correr? ¿No le tienta las Ehun Milak?
-No sé. No lo sé. Por qué no. Fue la carrera en la que me inicie en el ultrafondo y como te he contado me tuve que retirar en el kilómetro 132. Desde luego está ahí. Quizás en un futuro. No voy a decir que no. Pero a día de hoy, y no quiero que nadie lo malinterprete, quiero aprovechar las posibilidades que me da el equipo Salomon para hacer carreras que yo solo y por mis medios me sería imposible. Y con esto no estoy diciendo que las carreras locales no tengan el nivel de otras. Pero es que en cuanto a logística, a necesidad de medios, las carreras de casa las puedo hacer en cualquier momento. Sin embargo, plantearme ir por mis propios medios a correr a Filipinas o a Islas Reunión, como he hecho en 2012, es inviable.

-¿En carreras de quince o veinte horas y 200 kilómetros la preparación mental es tan importante como la física?
-Eso depende de cada uno. De la pedrada que lleve cada uno. ¿Preparación mental? Yo creo que como todo. Y desde luego la cabeza también se puede preparar. Se puede y se tiene que preparar. Aunque luego cada carrera es un mundo y en cada una descubres algo que te sorprende. Reacciones o cosas que te pasan que no esperabas. Siempre aprendes algo. Pero una base mental tienes que tener. Por eso alguien que no ha pasado un límite de horas de carrera por lo menos tiene que exponerse a esa situación en un entrenamiento e intentar asimilar sus reacciones.

-¿Y esa parte mental de la preparación se puede entrenar como la física?
- Por supuesto. Para mí, la principal preparación mental es la disciplina diaria de entrenar todos los días, haga bueno o malo, me apetezca o no. Ese salir a entrenar aunque este lloviendo a cántaros es la misma prueba mental que afrontas en una carrera cuando llevas doce o trece horas corriendo. O quince o dieciséis. Para la preparación mental lo mejor es el día a día. Es lo que te pone a prueba. Luego está también la motivación, que para mí es la base de la preparación mental. Porque la gran mayoría de corredores que no somos profesionales y no tenemos una recompensa económica difícilmente podemos llevar una carga de entrenamientos y sacrificios como los que exige este deporte si no estás muy motivado y no te aporta algo. Aunque también hay motivaciones y motivaciones. Las hay destructivas y las hay positivas.

 -Explíquese.
-Correr por ejemplo por otras personas creo que es bastante destructivo. Hacer algo para demostrar algo a los demás y no por tí mismo puede ser una  motivación bastante peligrosa, porque en el momento en el que te viene una lesión, o estas bajo, si esa motivación externa no está, te puedes hundir. Y esta es sobre todo una actividad en solitario. Si la motivación sale de tí, te puede llevar a donde quieras, pero si viene de fuera, cuidado. Se puede volver en tu contra. Porque cuando estás solo, perdido, los demás no te va a ayudar a salir de ese agujero. Para mí la motivación es vital pero sin engañarnos. La clave está en ser sincero con uno mismo.

-Su línea ascendente en los últimos años es evidente. ¿No se lo plantea hacerse profesional?
-Yo nunca se lo he planteado a mis patrocinadores ni ellos me lo han planteado a mi. Tengo por suerte un trabajo y a día de hoy es bastante. Y a parte de mi trabajo tengo una afición que me pagan por hacerla. Quizás soy más afortunado que un profesional de las carreras de montaña. Porque yo tengo un colchón que me quita presión, una red que si caigo sé que no llego al suelo. Y además me da una libertad para hacer lo que me gusta y correr donde quiero que quizás otros no tienen. Y con ello no digo que los profesionales no disfruten. Ni mucho menos. Pero puede que tengan un punto más de presión a la hora de elegir las carreras que yo no tengo.

– ¿Sabe cuáles son sus límites?
– Nadie conoce sus límites. Lo que sí sé es que quiero buscarlos. En eso estamos y poco a poco van apareciendo algunos.

– Kilian Jornet dice que el límite es la muerte.
– Desde luego que es el límite. Aunque se puede entender de muchas maneras. Yo la muerte física la entiendo como que ya no hay una evolución. Cuando estás exprimiendo de tal forma la naranja que le estás quitando al cuerpo su capacidad de progresar. Entonces has llegado al límite. Aunque en nuestra actividad, aun existiendo esos límites fisiológicos, hay un componente psicológico que multiplica o divide esos límites físicos. Entonces, si psicológicamente estás muy motivado, logras cosas que ni te imaginas.

-¿Qué reflexiones le producen noticias como la muerte de una participante en la última Cavalls del Vent?
-En primer lugar tengo que decir que he leído poco sobre ese hecho y hacer un juicio de valor sin tener todos los datos es arriesgado. Y creo que en ese caso se hicieron demasiados. La gente tenemos la tendencia a hablar demasiado rápido y demasiado fácil sin tener todos los elementos de juicio. Lo que sí sé es que la mujer que murió no era una inexperta. Sabía lo que estaba haciendo y no estaba sola en ello. Tenía el apoyo de la familia. Quizás la reflexión es que demasiadas veces descargamos la responsabilidad que tenemos cada uno de los participantes en estas pruebas en la organización. Los organizadores establecen unas normas, unos mínimos, e intenta organizar los mejor posible la prueba. Te dan unos consejos y obligaciones, pero luego cada uno tiene que preguntarse si realmente está preparado para hacer no solo la prueba, sino para hacerla en las condiciones que se dan ese día. Porque una de las particularidades de la montaña esa esa. Que hoy estás preparado para hacer un recorrido pero mañana puede que no porque han cambiado las condiciones, meteorológicas o de otro tipo.

-¿Falta responsabilidad?
-Hace falta un mínimo de ejercicio de responsabilidad. No somos borregos y correr por el monte no es solo ir encima de dos pies y moverlos. Hay que utilizar también la cabeza. Muchas veces descargamos nuestra responsabilidad en las organizaciones de las carreras y al final no es más que el reflejo de lo que pasa en la sociedad actual. Un mal general por el que tendemos siempre a descargar responsabilidades en las instituciones, en los demás. Y no es así. Cada uno tenemos parte, si no la mayor parte, de la responsabilidad de las cosas que nos pasan. Al final, las decisiones están en nuestras manos, y por lo tanto la responsabilidad también, por mucho que queramos echar el balón fuera. Lo que si creo también es que es necesario que las organizaciones exijan más a los participantes. Unos mínimos más altos. Porque creo que se esta perdiendo el respeto. A un maratón se le considera ya una carrera corta y no lo es. En absoluto.

-¿La creciente popularidad de esta actividad está implicando la pérdida del respeto hacia ella?
-No sé si es tanto perder el respeto como perder la dimensión de las cosas. Una maratón ya es una actividad bastante exigente. Y a más kilómetros, mucho más. La gente está perdiendo la dimensión a las cosas. Y lo que no puede pasar es que en una carrera nos juguemos la vida. No es un tema de heroísmos sino de correr por el monte y tratar de disfrutar al máximo. Hay que conservar un mínimo de dignidad y un mínimo de estética en lo que se hace. Siempre.

-Quizás en las carreras de montaña una retirada a tiempo es más una victoria que en ninguna otra actividad.
-Por eso la Ehun Milak en la que me retiré fue una gran lección para mí en la que aprendí mucho. Porque además la primera retirada es la más difícil. La gente confunde retirada con fracaso. Y no tiene por qué ser así. Igual el fracaso es continuar y terminar la prueba medio muerto, con una rotura muscular o yo que sé. No siempre conseguir el objetivo es el éxito. La gente se obsesiona con terminar las carreras, pero igual lo mejor es dejarlo.

-¿Kilian Jornet es tan bueno como parece o solo es el primero en destacar en una actividad relativamente nueva y habrá que esperar unos años para comprobar la exacta dimensión de lo que está haciendo?
-Creo que muy pocas veces que se han metido tantas cosas en una caja tan pequeña. Objetivamente se ha medido su capacidad y objetivamente a día de hoy hay muy pocos deportistas con la capacidad de Kilian Jornet. Y hablamos de deportistas en general. Poquísimos en el mundo tienen su capacidad de oxigenación, de desarrollo, de potencia. Así que objetivamente se puede decir que es un superdotado. Si Kilian hubiera nacido en otro ambiente y le hubiera dado por hacer, por ejemplo, ciclismo, no tengo ninguna duda de que estaría a día de hoy peleando con los mejores del mundo. Y de hecho a más de un profesional le ha llevado con la lengua fuera en entrenamientos cuando han coincidido en la carretera. Y si al motor que tiene le añades una buena puesta a punto, con unos entrenamientos cañeros y de calidad como él hace, esas capacidad se afina aún más.

-Y luego está su juventud…
-Si. Por si fuera poco, su juventud le da una capacidad de recuperación que otra gente más mayor no tenemos. Es joven, pero a la vez es veterano porque desde que era un niño está corriendo y esquiando en el monte, así que la técnica la tiene más desarrollada que muchos veteranos. Y su ambición… Lo juntas todo y sale el cóctel perfecto, Kilian Jornet.

-Ha entrenado con él?
-A alguien igual le suene raro, pero para mí el dedicarme a esto como aficionado y poder estar con él en el mismo equipo y poder disfrutar en carrera con, creo que se puede decir tranquilamente, el mejor del mundo es más que suficiente. Siempre que he corrido con él he disfrutado como nunca y junto a él siempre aprendes cosas. Siempre te sorprende con un montón de detalles. Es una pena que estemos demasiado lejos para no poder entrenar más juntos. Porque si quieres desarrollar tus capacidades, seas corredor de montaña o matemático, intenta entrenar y ejercitarte con los mejores, que es con los que vas a poder mejorar. Las veces que he podido correr con el aprendes detalles que luego en el día a día en los entrenamientos los utilizas como recursos.

Fotos: Jose Ignacio Unanue

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